Segunda parte
Se alegró de haber inmortalizado las diferentes situaciones una por una. Hacer otra foto de grupo o introducir todo lo que estaba sucediendo en una perspectiva general habría sido un error. Se tomó su tiempo para analizar las posiciones de los personajes en cada fotografía, consultando antes el reloj para comprobar que aún faltaba un buen rato para que finalizase su turno.
Toda la explicación de ese desenfreno constaba de tres palabras, un sujeto ideal y su complemento radiactivo: zumo de Inui. Todo un clásico. A Fuji le constaba que el ahora estudiante de químicas había causado aquello para obtener un beneficio propio. Todo se vería en las evidencias que casi palpaba con las yemas de los dedos.
Era fácil distinguir al cachorrito Echizen. Y ese era sin duda el pelo de Momoshiro. Ese pie estaba desnudo. Ahí faltaba un zapato, pero eso no parecía importarle a su dueño, ni al otro tampoco. A decir verdad, ambos tenían cara de tontos. Pero parecían felices. Fuji pensó que algún día sería divertido probar ese método para pasar un buen rato con alguien. Al menos Echizen se moría de la risa mientras su Momo-senpai le pellizcaba la planta del pie, a la vez que sujetaba su pierna con fuerza para que no escapase.
La foto que venía después daría fácilmente la vuelta a Internet, y ningún experto en fenómenos paranormales sería capaz de explicar lo que sucedía. Porque la imagen no estaba modificada, la había tomado con su cámara analógica y no la estaba sometiendo a ningún proceso irregular.
Así, nadie podía dar la razón exacta de por qué el chico de pelo cereza había escalado la pared y casi llegaba al techo, todo ello sin utilizar las manos. Fuji conocía sus habilidades acrobáticas, pero ignoraba totalmente que tuviera sangre felina. O tal vez el zumo de Inui otorgaba superpoderes. De cualquier forma, la expresión aterrorizada de Oshitari viendo cómo Gakuto caía sobre él era todo un poema.
Cuando proyectó sobre el fondo blanco de la ampliadora una foto más tierna, Fuji rectificó enseguida su idea acerca de la poción azul y transparente. Era algún tipo de droga o, en su defecto, llevaba algo de alcohol, seguramente. Sin embargo, no había afectado de igual manera a todo el mundo.
Yukimura, astuto como siempre, supo aprovecharse de ello.
Fuji descartó casi de inmediato la idea de darle un susto a Sanada a esas alturas. El pobre no tenía culpa de nada, era otra víctima. Además, probablemente Yukimura ya se habría encargado de torturarlo con menciones ocasionales de "como estuviste aquella noche".
¿Y qué más daba? Aquello era, en el sentido más cursi de la palabra, amor. La típica escenita de "abre la boca y cierra los ojos". Si Sanada no estuviera tan despeinado después de haber estado bailando por ahí y la nata no cubriera la mitad de su cara, incluso sería dulce, más bien empalagoso. Lo mejor de todo era, sin lugar a dudas, el brillo sádico de los ojos de Yukimura.
No le gustaba auto-alabarse por sus logros, pero comenzaba a sentirse orgulloso de su trabajo.
Las siguientes fotos no tenían más sustancia que su propia hilaridad. Akaya buscando a Santa Claus dentro de la chimenea, Hiyoshi practicando el Gekokujou sin soltar el micrófono del karaoke y Jiroh durmiendo entre los abrigos eran estampas dignas de aparecer en un calendario. Un calendario de veinticuatro meses.
Luego comenzaban las secuencias. Y ahí estaba reflejado el plan de Inui. Fuji no le dio demasiada importancia en su momento, pero ahora, viendo esas imágenes, no dejaba de preguntarse por qué tenía que hacerlo todo tan complicado. Aunque no fuera el estilo de Inui en esos asuntos, Fuji pensaba que lo mejor era ser directo.
Ahí estaba Kaidoh. Se había pasado toda la noche sentado en un sofá, con una inusual sombra muy oscura debajo de los ojos. Quizá Inui había potenciado la dosis de su bebida y lo había dejado en estado vegetativo. Era muy extraño verlo así. Y más inquietante aún era la figura de Inui cruzando la habitación en dirección a él.
Después, Inui se había apoyado el en respaldo del sofá. Kaidoh continuaba en la misma posición. Parecía que el experto en datos estaba analizando los efectos de la poción. Por su sonrisa complacida podía deducirse que había tenido éxito al 100. También estaba muy contento.
Fuji debía reflexionar acerca de si hacer más copias o no. Eran unas fotos bastante jugosas.
Sobre todo, destacaba la última. Y cuando vio que era la última, sabía que era la última. Porque nadie volvió a verles hasta el día siguiente. No era muy evidente, pero servía de prueba para corroborar su tesis.
¡Muchas gracias por leer! ;D
Lo siento, viene con retraso. ¡Pero la fiesta ya está en marcha! Quién sabe qué más facetas de los jugadores puede sacar a la luz el zumo de Inui…
