Tercera parte
Solo sobresalían los brazos de Kaidoh. El resto era un grueso edredón, que nadie sabía de dónde había salido. Inui había hallado la receta para comerse un rollito de víbora, y había cazado su presa, curiosamente, envenenándola. Seguro. Si no, esa cara de felicidad solo podía significar que había ganado a Tezuka. Y eso no había sucedido en ningún momento.
Oh, lo que venía después sí que no lo recordaba. Tal vez Atobe le contagió su vena artística shakesperiana y lo introdujo en un lapsus temporal. Eso sí, aquel paraguas no pasaba por una espada. Aunque Fuji tenía que admitir que se movía con gracia, tanta que casi daba la impresión de que la foto se movía levemente. Sin embargo, ese rubor en las mejillas no iba en absoluto con sus habituales aires de grandeza. Qué simpático.
En Rikkai, Yukimura no fue el único superviviente. El Caballero también supo mantener la compostura, al menos en apariencia. Bueno, era imposible perderse a Niou en pleno show, de pie sobre una mesa, a punto de empezar un striptease (¡Tengo calor¡Hace calor!), algo que la cámara de Fuji había capturado casi instantáneamente. Pero Yagyuu huía de él. Huía, porque si hubiera permitido que se acercara a él... quizás habría reventado. Lo mejor era que Niou no había tomado absolutamente NADA.
De todas formas, esa imagen era desagradable. Aunque Yagyuu no había conseguido huir del todo de Niou, había descubierto a Fuji tomando la foto. Y eso enfadaba al fotógrafo. Si posaba, nunca revelaría su verdadero yo.
La verdad es que ahí sí que pudo considerarse una pena el no haber hecho un plano general de la sala. Si ya de por sí Niou no era un foco de atención lo suficientemente potente, la Golden Pair se había ido de madre. Sí, habían mostrado lo evidente. Su foto casi incluía hasta un diálogo. Se podría resumir en una frase: el neko quería ver, pero su novio no le quitaba las manos de encima de los ojos. Sí, su novio. Fue lo que Kikumaru gritó antes de que Oishi pudiera hacer nada. Pero daba igual, ya lo sabían todos. Aunque no estaban en condiciones de hacerle caso a nada ni a nadie.
Ahora, la nueva portada de National Geographic. Kabaji Munehiro es una especie de showman capaz de contar chistes y reírse. De un modo un tanto inusual, pero a carcajada limpia. Y Fuji consiguió la exclusiva. Un tanto espeluznante, pero interesante.
Después de esta foto, Fuji decidió tomarse un descanso. Tenía que descansar los ojos para ver bien lo que venía a continuación. Si mal no recordaba, ya faltaba poco. Dos tiras de negativos. Media era de más escenitas y el resto de lo que interesaba.
Encontró otra secuencia fotográfica. Con esta surgió de nuevo la teoría del zumo de Inui, pero esta vez mejorada: no daba superpoderes, sino que potenciaba las propiedades de los jugadores. Podía ser útil antes de los partidos. Bueno, depende.
Marui Bunta casi daba miedo. Se había convertido en Hansel, suelto por la casa de chocolate de la bruja malvada. Lo único que fallaba era que no había bruja. Ni paredes de caramelo. Pero estaba Fuji con su cámara, y Marui lamiendo la pared. Se le estaba quedando la lengua blanca.
Jackal no se movía, ni intentaba detenerle. Simplemente se había quedado ahí parado, como una estatua. Una estatua de chocolate. Esa era la idea de su compañero de dobles cuando el objetivo de la cámara de Fuji guardó el momento en el que se acercó a él y, en fin, cualquiera es capaz de imaginarse lo que hizo.
Fuji arrojó el papel en el líquido revelador, deprisa. Solo tenía media hora. Creía que ya había terminado, pero no. Faltaban dos fotos. La primera no tenía demasiada historia, pero era entrañable. Kawamura era entrañable cuando regalaba abrazos. Y nadie se negaba a corresponderle cuando empuñaba la espada que le habría hecho falta a Atobe, aunque hubiera salido de la nada.
La segunda estuvo a punto de acabar con el buen humor de Fuji. ¿Quién narices les había dado permiso para que se intentaran colar en todas las fotos? La Silver Pair no era divertida. No posaban, pero aun así salían bien siempre. Su promiscuidad pública se debía más al ambiente de sanatorio mental que al brebaje milagroso. De todas formas, no hacía falta que se pusieran esos vestidos tan aparatosos. A Fuji se le atragantaban los lacitos.
Bien. Y a partir de ahí, las instantáneas formaban parte de su colección privada.
¡Muuuuchas gracias por leer!
¡Otra parte más! Y ya la próxima es Fuji/Tezuka…. ¡Seguid leyendo, please! Y dejad reviews ;D
