Cuarta parte
A veces, pensaba en hacer un álbum de fotos que reflejara toda la trayectoria de su relación. Pero a su novio aquello le ponía enfermo. De hecho, tenía razones para molestarse, aunque Fuji lo hacía con la mejor intención. Era un placer.
Tezuka no sabía que existían esas últimas fotos. Desconocía el plan que tenía Fuji aquella noche. Solía pecar de ingenuo. ¿Cómo Fuji, siendo como era, no iba a sacarle el máximo partido a las circunstancias en las que se encontraba? No solo le robó aquello, sino también sus distintas expresiones faciales.
Algún día convencería a Tezuka para que actuase en una de las películas que esperaba dirigir. Esas mismas imágenes eran toda la prueba que necesitaba para saber si encajaba para un papel o no. Lo que no sabía de fijo era si haría falta más de ese fantástico zumo.
Fuji había oído por ahí en alguna ocasión que crear belleza implica dolor. Si se paraba a pensarlo bien, era verdad. Tenía un buen taco de fotografías bochornosas y comprometidas. El sufrimiento había sido prácticamente equivalente.
Todavía recordaba cómo le temblaba el pulso cada vez que Tezuka se acercaba a susurrarle algo al oído. Eran palabras húmedas que cualquier ser humano era incapaz de soportar, y menos contando con que Fuji llevaba meses soñando con aquello. Sí, soñando. Así de cruel era Tezuka al principio. Pero más tarde lograría dominarlo.
Ninguno de los invitados pareció reparar en ello, pero era muy extraño celebrar una fiesta de equipos en un local con varias habitaciones separadas. Las habitaciones suelen ser peligrosas en este tipo de situaciones. En especial en esta fiesta.
Agradeció mucho el que Tezuka lo alejara de la terrorífica pareja de dolls, pero le sorprendió sobremanera que lo arrastrara de esa forma a aquella sala vacía, donde solo había un viejo sillón. Al instante, su mente se había ido por las nubes. Había una foto movida donde, sin embargo, se observaba el brillo de sus ojos encendidos.
Entonces, hubo un fallo. Fuji había optado por borrarlo de su memoria, pero no pudo evitar que al ver la foto le volviera a invadir ese viejo instinto asesino. Tercer efecto de la pócima estimulante: potenciación de los vicios personales.
Con tanta parejita, no era de extrañar que hubiera un mirón¿no? Inui, contrario a su costumbre, no se había aprovechado de la velada para recoger más datos. Parecía que estaban a salvo pero, con todo, aún quedaba un cotilla, que se había dedicado a irrumpir por sorpresa en todas las habitaciones ocupadas. Fue el único que les vio. Fuji estuvo a punto de hacerle una advertencia para que no le fuera con la historia a Sadaharu, pero cerró la puerta a los diez segundos. Lo justo para apretar un botón.
Siguiendo con lo suyo, Tezuka había espabilado. Intentó deshacerse de la cámara antes de hacer nada. Fuji, por supuesto, no se lo permitió. Sabía que un tiempo después esas imágenes serían un objeto de su devoción.
Fuji lo inmovilizó obligándole a sentarse en el sillón, para después colocarse encima de él y mirarle cara a cara. Esas fotos no eran maravillosas solo por mostrar la reacción desmedida de Tezuka, sino también porque, gracias a ese espejo oportunamente colocado en la pared, también se veía el rostro de Fuji. No solía utilizarse a sí mismo de modelo, pero con su novio siempre quedaba bien.
Consciente de que también iba a afectarse a sí mismo, Fuji comenzó en ese momento a moverse de delante hacia atrás. Tezuka casi aullaba. La cámara de Fuji lo retrató mordiéndose el labio y revolviéndose el pelo con una mano. Fuji sintió rabia al verlo así. Todavía no había vuelto a lograr ese efecto en él.
Lo que hizo a continuación fue casi una tortura. Tezuka estaba preparado, y él también, pero tenía que alargar el momento, saborearlo con toda su intensidad y, obviamente, conservarlo hasta el día de su muerte.
Las cuatro fotografías que seguían reflejaban a un Tezuka arrebatador. Momentáneamente frustrado, con el pelo enmarañado, la camisa desabrochada, y esa mirada tentadora, era digno de un marco en oro. Era el deseo. Fuji tragó saliva. Se le había quedado la boca seca.
Una última imagen visible revelaba a Fuji, al fondo, clavando la más profunda de sus miradas en el Tezuka desenfocado en el primer plano. Le gustaban los espejos. Ese le permitió verlo todo desde dentro y desde fuera a la vez.
Todo lo demás era de color negro. Tal vez pudiera adivinarse alguna silueta, pero era imposible verlas con nitidez. No obstante, Fuji ya tenía suficiente. A la vez que sonaba la campana que indicaba el cambio de turno, guardó los instrumentos y separó cuidadosamente las fotos y sus correspondientes negativos en diferentes sobres.
En el fondo, se sentía como un gran artista. Sobre todo, se sentía satisfecho con respecto a sus propios criterios. Era un recuerdo inmejorable. Y estaba seguro de que su novio coincidiría con él esa misma noche. La cámara sería de nuevo el testigo. Después de todo, Fuji era el único que conseguía mostrar sus sentimientos en estado salvaje.
¡Infinitas gracias por leer! xDDD
Esta parte es mi favorita. Casi se me va la parejita de las manos. Pero no, tengo que guardarme algunas escenitas para más adelante, en otros fics :P
¡Dejad reviews, onegai¡Hasta la próxima!
