5

Era bien sabido por todos de los pobres hábitos alimenticios de Sherlock y que era capaz de dormir ínfimas horas con tal de no ralentizar su mente, para él era gran pérdida de tiempo que bien los podía invertir en algo más productivo como en sus experimentos o en una investigación. Esos problemas los acarreaba desde su niñez: hacía un berrinche cuando tenía que irse a la cama temprano y se rehusaba a comer, argumentando que no tenía hambre.

Para Mycroft pasar largas horas vigilando a su hermano no era novedad. Llegó el momento en que su cuerpo no pudo aguantar la presión y terminó colapsando en el sofá de su departamento, después de haber ayudado de mala gana a llenar el interminable papeleo de Scotland Yard. Al parecer estuvo así por un tiempo, inerte sin hacer ruido, hasta que la señora Hudson subió a verlo. Tal vez extrañada por la situación, porque a estas horas su inquilino era especialmente activo o simplemente para saber cómo estaba. Viendo su estado deplorable y que no lograba despertarlo, inmediatamente llamó a emergencias y a Mycroft. John estaba en una conferencia médica lejos de Londres.

Eran sorprendentes los cambios drásticos que Sherlock era capaz de hacer con su cuerpo. Cuando regresó de entre los muertos tenía músculos mejor definidos y era visiblemente más fuerte aunque bastante mal herido. El estrés por la boda de John, su recaída a las drogas, el mortal disparo que recibió de Mary y la muerte trágica de ésta y de su hija. Añadiendo el caso Magnussen y el supuesto regreso de Moriarty, fueron suficientes para regresarlo a la constitución de antes o peor.

Le dolía ver sus costillas sobresaliendo de la caja torácica, el rostro pálido y demacrado y como los nutrientes le eran suministrados vía intravenosa.

Recuerdos tristes se trepaban a él cómo hiedra venenosa. Un Sherlock jovencísimo, tumbado en una cama de hospital, debido a una sobredosis. Aquella vez por poco lo pierde y probablemente toda esa buena suerte que lo acompañaba se acabaría más pronto de lo que esperaba.

Días después cuando Sherlock recobró la conciencia, le rogó débilmente que no les comunicara nada de esto a sus padres ni mucho menos a John. Una faceta que en contadas ocasiones le tocaba presenciar. Le pidió que cuando el doctor terminara su viaje, tomara su celular y le mandara un mensaje de texto comunicándole que estaba atendiendo un caso, en vez de estar internado en el hospital. Hace poco habían muerto Mary y su hija, lo ultimo que quería era agobiarlo con más problemas.

"Si no querías agobiarlo, te hubieras cuidado mejor", le reprendió mentalmente Mycroft, dedicándole una de sus miradas severas.

Sabía que Sherlock le restaba importancia al asunto, para él era una eventualidad que pronto se resolvería, había pasado por momentos mucho peores y le daba la razón. Sin embargo, John había regresado y su salud no mejoraba.

No podían seguir ocultando la verdad, el doctor no era ningún tonto. Cada día estaba más impaciente, descubriendo que no era del todo sinceros con él, seguramente lo había sentido desde un principio. Y no podía seguir compartiendo esa carga tan pesada con la señora Hudson, quien se sentía bastante mal por ocultárselo y acabaría diciéndole la verdad, bastante había hecho con ayudarlo cuando atendía sus asuntos. Asuntos que habían dejado de ser importantes y que no dudó ni un segundo en dejar a cargo Anthea y pasaría de largo de ser necesario aunque le costara su pequeño cargo en el gobierno.

Antes de que el ex militar irrumpiera en su casa, exigiendo saber dónde estaba su compañero de piso. El mismo fue a su departamento, siendo recibido por un ambiente tan gris y desolador como el de su habitante.

La tristeza que reflejaba su semblante cansado al ver al enfermo, fueron suficientes para resquebrajar su temple helado.

_Fue mi culpa_ murmuró John angustiado_ Estaba demasiado preocupado por mi problemas…Fui muy egoísta, si hubiera puesto mejor atención esto no hubiera pasado.

_No fue tu culpa, sabemos cómo es. Descuidando siempre su salud, tarde o temprano esto pasaría.

Mycroft sabía que de nada servían sus palabras para tranquilizarlo…