Bueno, pues aquí os dejo el segundo capítulo que espero que os guste, pero antes aclarar un par de cosillas que me habéis dicho en las reviews del capítulo anterior:
a) No es un triángulo amoroso.
b) No es un graylu, es Nalu, a tope.
El abrazo
Aquella fría noche Natsu no regresó a casa. La pasó vagando por la ciudad que un año atrás había sido su hogar pero que en esos momentos le resultaba extraña. Pasó por el parque y allí recordó aquella vez que junto con Happy robó el árbol para que Lucy pudiese verlo florecer, cada calle de Magnolia llevaba su nombre escrito, su aroma impreso en el aire.
Entonces llegó a la orilla del río en la que tiempo atrás peleaba con Erza y Gray, y sintió que no podía más. Derrumbado, se dejó caer en el suelo nevado. No parecía sentir el frío. El Dragon Slayer alzó la vista hacia el cielo y suspiró.
-Dragneel, ¿qué he hecho mal? –Se preguntó. El cielo no respondió, pues Dragneel no estaba allí.
Natsu se quedó allí hasta que cesó de nevar y el sol comenzó a derretir los copos de nieve. En ese momento se levantó y volvió a su casa, en donde trató de dormir, pero apenas cerró los ojos, unos golpes en la puerta le hicieron levantarse. Se sentía cansado pero, aun así, fue a abrir. Allí estaba Gray.
El chico le invitó a entrar y los dos se sentaron, frente a frente, en la desvencijada mesa. Ambos tenían mucho de lo que hablar, ese año había sido largo y duro. Gray fue el comenzó la conversación mientras Natsu escuchaba, con la mirada perdida, lo que le había sucedido a él y a sus compañeros.
-Ahora lo entiendo todo. –Respondió cuando acabó el relato. –Todos nos fuimos y ella…ella se quedó sola. –Natsu enterró la cabeza entre sus manos. –Debería haberme dado cuenta antes. Pero Gray, te pedí que la cuidaras, que no la dejaras sola…
-Lo sé, pero tuve que hacerlo, Natsu. Teníamos un año, un año para ser mejores y, si nos quedábamos juntos ninguno de los dos iba a mejorar. Ella necesitaba ir al mundo celestial a recuperar su llave y yo necesitaba irme también.
-Y ahora ella no…-Natsu tragó saliva. –Ahora ella no quiere verme, ¿crees que me odia?
Gray sonrió.
-No. No te odia, nunca lo ha hecho y nunca lo hará, pero está dolida. ¿O acaso creías que ibas a poder volver, sonreír y ya iba a estar todo hecho? No. Tendrás que pedirle perdón.
-Pero ella…cuando Loki me atacó, no hizo nada.
-Loki juró darte una paliza cuando te fuiste y la dejaste sola, es para lo que se ha estado entrenando este año y, cómo pudiste ver ayer, ha mejorado mucho.
Natsu alzó los ojos y miró a Gray. El mago de hielo pudo ver el orgullo reflejado en los ojos negros de Natsu.
-Por eso lo hiciste, para ayudarla a ella también. –Natsu sonrió y asintió.
-Sí. Sabía que si me quedaba con ella no la ayudaría a progresar, pero no pensé en las consecuencias.
-Muy típico de ti, Natsu. –Sonrió Gray. –A ver cómo lo arreglas.
-Algo se me ocurrirá. –Dijo Natsu. –Pero primero necesito dormir y descansar…he pasado mucho tiempo fuera de casa, ya era hora de volver. –Natsu bostezó y Gray se levantó dispuesto a irse, aunque antes se despidió de su amigo, diciéndole que le ayudaría en todo lo que necesitase.
Lucy regresó a su casa y cerró la puerta de un portazo. ¿Qué se había creído el Dragon Slayer, que solo por volver iba a perdonarlo? Ya en casa Loki regresó a su lado, pero Lucy forzó el cierre de su puerta, no le apetecía oír las quejas del espíritu una vez más. Agotada y nerviosa se dejó caer sobre la cama y, a diferencia de lo que había pensado al principio, se quedó dormida enseguida.
Unos tímidos rayos de sol comenzaron a hacerla cosquillas en la nariz, despertándola. Había pasado una mala noche y sentía todo el cuerpo dolorido, por lo que se desperezó y fue a darse un baño.
Se metió en el agua caliente y trató de relajarse, pero no era capaz, no podía. Llevaba un año entrenándose para volver a verle y, ahora que le tenía delante, no era capaz de decir todo lo que tenía guardado en su interior, todo lo que había preparado. La rubia suspiró y se sumergió en el agua caliente.
Lucy salió de la bañera y se envolvió en el albornoz. En el baño flotaban los aromas del jabón que acababa de utilizar, hacía mucho que no se daba un buen baño en su casa, y echaba de menos aquel olor a flores, era un aroma tan cálido, que le traía tan buenos recuerdos…
Secándose el pelo con una toalla fue hacia la habitación. El pasillo estaba frío en comparación con el calor que hacía en el baño, por lo que fue corriendo de puntillas. Solo le apetecía ponerse un pijama calentito, prepararse un chocolate caliente y bebérselo junto con un buen libro.
Abrió la puerta de su habitación y la toalla se resbaló entre sus dedos. Sobre la cama había un enorme ramo de rosas rojas y una caja en forma de corazón llena de bombones de chocolate blanco, sus favoritos. Lucy, con manos temblorosas, se acercó y tomó la nota que había bajo el ramo y la leyó.
A mitad de la carta Lucy tuvo que dejar de leer, pues las letras bailaban ante sus ojos llorosos. La arrugó en su mano y la apretó contra su pecho. Cuando por fin logró calmarse, terminó de leer la carta. Cuando las últimas palabras se desvanecieron de sus labios, la chica se dejó caer sobre la cama apretando las rosas contra su cuerpo. Una espina se clavó en su dedo, pero ella no pareció sentirlo.
Pasó un largo rato allí hasta que tomó una decisión. Con energías renovadas se vistió y salió a la calle, en la que el sol había comenzado a derretir la nieve. Pasó frente al gremio y Wendy y Levy la invitaron a unirse a su guerra de bolas de nieve, pero ella declinó la invitación.
En el interior del gremio buscó a Gray con la mirada y lo descubrió charlando con Laxus y Mira en la barra. Juvia no andaría lejos, pero era mejor que hablase con él antes de la chica los viese.
-Gray, ven aquí. –Dijo Lucy mientras le cogía de una oreja y lo arrastraba lejos de las miradas y oídos indiscretos. -¿Se puede saber qué le has dicho a Natsu?
-¿Yo? Nada. –Gray trataba de parecer sorprendido, pero la verdad era que no sabía mentir.
-No me mientas. Me he encontrado una carta un tanto perturbadora en la que decía cosas de las que no tenía ni idea…como eso de mi relación con Loki, ¿tú estás tonto?
-Perdona, Lucy, pero es que Natsu necesitaba un empujoncito…y por eso le dije esas cosas. No te enfades conmigo, y ve a hablar con él, que seguro que te está esperando.
Lucy suspiró, lanzó una última mirada reprobatoria a Gray y salió en busca de Natsu. Cuando llegó a la casa del chico trató de respirar hondo antes de empujar la puerta, pero cuando entró vio que no había nadie. Con un gesto de fastidio, la chica se dio media vuelta y comenzó a buscarlo por los alrededores hasta que al final dio con él.
El Dragon Slayer estaba sentado en una roca lanzando piedrecitas al arroyuelo que pasaba por allí abstraído en sus propios pensamientos, pero en cuanto oyó a la maga acercarse se incorporó y bajó de un salto de la roca.
-Lu…
Lucy no le dio tiempo a decir nada, sino que alzó su mano y lo abofeteó con fuerza para, después, lanzarse a sus brazos. Natsu la recibió un poco confuso al principio, con fuerza y deseo después.
Tras esto la rubia habló con sinceridad, le contó que todo lo que Gray le había dicho era mentira y le habló de lo que había hecho en ese año, de cómo su fuerza había aumentado y le dijo que ya no iba a hacer falta que se volviese fuerte para defenderla, que a partir de aquel momento ella sería capaz de defenderse sola. Natsu escuchaba feliz por aquellas palabras, pero sin decir nada.
Cuando la chica terminó de hablar, fue él quien la abrazó.
-Gracias. –Susurró. –Gracias por haberte vuelto fuerte. Y gracias por haber venido.
