Disclaimer: Blablablablabla nada mio blablablablabla

Advertencias: Violencia; alguna falta, son las cinco de la mañana y no sé ni mi nombre (?)

Notas de autora: Bueno, este me ha dado mas problemillas de lo esperado en ciertas partes. Estoy más contenta con este capítulo que con el anterior, le veo más cuerpo, mejor. Se me hace difícil escribir a gente de adolescente, espero que lo disfrutéis. Aunque el próximo capitulo tardaré en subirlo por exámenes y tal...


Habían pasado varios días desde que Jim abandonase su casa ofuscado, no habían tocado el tema, así que Sebastián lo dio por olvidado. Cuando el último día de la semana estuvo esperándole en el portal para devolverle unos libros prestados, se centró más en lo extraño que era verle con la ropa de los domingos. Sabía que la madre de Jim era una mujer de fé y le obligaba a ir a misa con ella, en un principio se le hizo raro que el moreno no protestase.

-En verdad me da bastante igual, suelo quedarme de pié y centrarme en otros asuntos, hace feliz a mi madre que vaya y es motivo suficiente. Una madre feliz es mucho más manipulable, beneficioso-


Eran casi las nueve cuando entraron por la puerta del pub, les recibió una ola de aire sofocante. Jim avanzó tranquilamente entre grupos de hombres con espaldas encorvadas sobre sus jarras, Sebastián zigzagueaba esquivándolos. Buscaba un lugar donde poder sentarse, pero su amigo fue más rápido, y acabaron en el fondo de la barra, como si el sitio estuviese reservado para ellos. Palmeando el taburete de al lado indicando a Sebastián que se sentase.

-¿Qué estamos haciendo aquí?-

-Ahora lo verás.-Jim le había dicho que aquella tarde harían algo verdaderamente divertido, que era una sorpresa y confiase en él. Después caminaron hasta una estación de autobús, tomaron la línea 5 y travesaron más de medio Dublín para acabar en el local de un suburbio desangelado en el norte. Según el rubio no tenía nada en especial más allá de un montón de hombres tristes empinando el codo.

El camarero apareció de entre el humo que poblaba el pub, miraba oscamente a Sebastián; este pensó que los echarían de inmediato, porque se notaba que no tenían la edad para estar allí, sin embargo se giró y sonrió alegremente a Jim.

-¡Buenas noches Erin! Veo que hoy vienes acompañado, raro en ti; hazme saber que es lo que vas a tomar cuando lo hayáis pensado.-

-Para mí lo de siempre y a mi amigo ponle una pinta de Guinnes.-

Sebastián creía no poder estar más asombrado, pero cuando pusieron frente a ellos la cerveza ordenada y un vaso de lo que parecía whisky estaba oficialmente anonadado.

-¿Desde cuando visitas tu pubs? ¿Y uno frecuentemente? ¿Y bebes algo tan fuerte?-

-Frena, frena. Ahora te lo explicaré todo, a su tiempo, ¿sabes que es esto?-

-¿Whisky?-

-Ajá; un Buchanan's de doce años sin hielo, concretamente.-Agitaba el vaso haciendo que el líquido se tornase marrón claro.- Acabé en este pub un día casi por error, luce como un agujero (y verdaderamente lo es) pero esconde una historia muy interesante.-

Sebastián se llevó a los labios su jarra de cerveza, dándole un trago largo. No apartaba los ojos de la imagen distorsionada que tenía de Jim a través del cristal, le devolvía una sonrisa diabólica.

-Voy a contarte una historia, presta atención porque sino te perderás y yo no repito las cosas dos veces. Estamos en el Two dogs, cuyo camarero es Tom, un pub de dudosa categoría lleno de almas perdidas como puedes ver. Solo hay una excepción, un hombre llamado Seán, estúpido como el solo, violento y la alegría del tugurio. Hasta aquí todo bien, pero ambos hombres han tenido sus disputas, sobre todo cuando la pelirroja hija de Tom apareció en escena. Es la única chica del bar, allí jugando a los dardos; linda flor de veintiuna primaveras a quien no le molestan las babosasas atenciones que Sean le proporciona, es más, las incita. Seguro puedes imaginar a quién sí le enfada este comportamiento. Nuestro amigo Tom se dice a si mismo muchas veces que es un profesional, y que mientras el hombre venga, gaste su dinero en whisky y no toque a su hija ni cause problemas; no puede echarle por muchas ganas que le tenga.-

Se abrió la puerta y Sebastián giró para ver quien entraba; Jim en un susurro, y el gritó agudo de la única joven del bar lo señalaron como el caballero de la historia. El tipo, moreno y enorme, se acercó emergiendo de entre la multitud hacia la barra. Poniéndose al lado del rubio, pidió al camarero "lo de siempre" mientras arrojaba desinteresado unos billetes. Inmediatamente centraba su atención en la pelirroja, que tras un demasiado afectuoso abrazo lo conducía animada a enseñarle la diana donde había estado practicando.

Tom con ceño fruncido dejaba lo que Sebastián identifico como el mismo whisky que ellos había pedido en la barra. Luego tomó el dinero con enfado y fue a meterlo en la caja registradora, para observar colérico desde un punto más cercano a su hija y el tipo al que odiaba.

Sebastián tenía el cuello dolorido de girarse tanto para mirar, pero centró de nuevo su atención en Jim al oírle carraspear profundamente con la garganta. Era un sonido tan poco característico en él, sonaba extraño saliendo de su boca, más atónito aún cuando vio flotando en el líquido marrón rojizo un escupitajo; Jim parecía disgustado consigo mismo. Entonces Sebastián entendió todo; cuando el moreno fue a levantarse le frenó haciendo volver a ocupar el asiento, tomó en su mano el whisky y alargando el brazo dio el cambiazo con el de Sean. Compartieron el momento en silencio, disfrutando la travesura, mirándose complacidos. Hasta que el rubio pudo oír a su espalda como el hombre se acercaba a la bebida pedida.

-¡Tabernero de los cojones! ¡Me cago en tu puta madre! ¿Quién te crees para soltar un escupitajo en mi jodida bebida?-

-¡¿Pero qué dices anormal?! ¡Yo no he escupido en ningún jodido sitio, capullo!-

-¡¿Cómo que no, mamón?!¿Y esto qué es?!-

-¡Eso lo has puesto tu pedazo de mierda! ¡Estoy harto de ti! ¡Te voy a partir la puta boca!-

Sebastián no se volvió a verles discutir, prefería mirar el fascinado rostro de Jim, que se deleitaba con el espectáculo. Nunca le había visto tan feliz, tan absorto que casi podría estirar los dedos frente a sus ojos y con seguridad no parpadearía. A su vez él mismo se había quedado trabado en Jim.

-Seb, ¡que te lo pierdes!-

Todo el pub estaba ahora centrado en la disputa, el camarero gritaba colérico que quería a Seán fuera del local para siempre; amigos de ambos se apiñaban dispuestos a atacar. Llegado al punto de tensión máxima Tom saltó la barra tras haber tomado un cuchillo, amenazaba al indeseable blandiéndolo con seguridad, la hija intentaba poner calma entre ambos. Pero cuando Seán sacó del abrigo una pistola la chica lanzó un grito despavorido, el camarero pareció atragantarse y alguien hundió una gruesa jarra en la cabeza del hombre armado.

Jim se reía estrepitosamente feliz, quedaba sofocado por los ruidos de una muchedumbre peleándose. Sebastián se preguntaba cuando habían terminado dentro una película de vaqueros mientras finalizaba su pinta.

En mitad del maremágnum restalló un sonido diferente, y pareció poner en pausa el film donde se hallaban envueltos. Una enorme mancha bermeja adornaba el sucio suelo, nacía del pecho del camarero. Sean disparó una segunda vez casi acertándole a otro tipo y comenzó a disparar aleatoriamente.

Sebastián había tomado el arma por una simple pistola de fogueo, creía que el hombre solo la iba a usar para asustar al mesero. Pero se había equivocado y ante la amenaza su adrenalina fluyó por las venas, guiado por el instinto se lanzó al suelo. Miró hacia arriba, donde Jim estaba inmutable, erguido ante la tempestad que se originaba a su alrededor, como si fuese verdaderamente intocable. Una bala perdida atravesó la lámpara sobre la barra e hizo llover vidrios de colores sobre ambos. En aquel momento agarró la muñeca del moreno y tiró de él hacia el suelo, destronándolo.

-¿Qué haces? Estaba perfectamente.-Su voz dura cortaba tanto como los añicos de cristal enredados en el pelo.

-¿Pero qué dices? Vas a conseguir que nos maten.-Siseó agitándole con violencia.-Tenemos que salir de aquí.

-No.-

-¿Qué? Estarás de broma, nos vamos ahora mismo.

-Yo no bromeo, creo que te lo acabo de demostrar.-Habían acabado las balas, ahora solo se emprendían a golpes en grandes y caóticos cúmulos de sangre dientes y gritos. Jim seguía mirándole fijamente y no sabía si estaba retándole, probándole o lo que pasaba en esos momentos por su cabeza, pero Sebastián decidió que no iba a jugar más. Así que se levantó rápidamente y clavando aún más los dedos en el brazo del moreno los arrastró por el tugurio sorteando a los combatientes, regalando algún empujón. Al llegar a la puerta la abrió haciéndola rebotar contra la pared de atrás, salieron a la húmeda noche.

Les quemaba el aire frío en los pulmones cuando entre jadeos doblaron una esquina, no querían estar frente al bar cuando llegase la policía.

-Entonces es verdad…eres un maldito psicópata-

-Si, parecías no creértelo, así que pensé que algo un poco más visual ayudaría.-Portaba un gesto mas torvo de lo habitual, quedaban rastros de aquella sonrisa maníaca que desperdició en el pub.

-Ese…hombre, seguramente haya muerto, y todo por, por demostrarme…-Sentía la boca demasiado seca y el corazón aún no había dejado de sentirlo en las sienes.

-No te creas; también me pareció divertido. Llevaba un par de días más aburrido de lo tolerable y creí que esto me subiría algo el ánimo.

Las farolas los bañaban de luz naranja cuando Sebastián comenzó a reírse. Se rió con la garganta áspera, creando un sonido profundo, casi ronco. No hubiese sabido decir de qué se reía, si era por no llorar, si de lo surrealista de la situación o quizás era que en el fondo no le espantaba tanto como se suponía debía hacerlo.

-Jim, ni siquiera sé dónde estamos, creo que tengo una gran caminata hasta casa.-

-Si, como hora y media.-

-Está bien, tienes muchas cosas que explicarme por el camino.-

-Eso no es ninguna novedad-

-¿Sabes que eres lo peor que he conocido en mi vida?-Comenzaron a caminar uno al lado del otro, Sebastián colocó uno de sus brazos en los hombros del irlandés, estaba a la altura perfecta.

-Si Seb, y estarás diciéndolo por muchos años.-