Disclaimer: Blah, nada mio.

N.A: Vivo en la negación, tendrán que arrancarme al "headcanon" Sebastián de mis muertos, duros y fríos dedos. Así que pretendo que el primer capitulo de la temporada nunca ocurrió (?).

Perdonad por la irregularidad de los capitulos, esta es mi historia más experimental y larga. En cualquier caso, disfrutad.


Al terminar las clases Jim estaba esperándole tras la verja de salida; llevaba un gorro de lluvia encajado en la cabeza que desplazaba el agua hacia sus hombros, regándolos en un chorro constante.

-Ese sombrero es horrendo, te hace parecer una seta-Dijo Sebastián a modo de saludo, siguiendo el camino que compartían para ir a casa sin dedicarle otra mirada.

-Al menos me lo puedo quitar. No es ese enorme grano que te ha salido a ti en la frente, porque no creerás que el flequillo lo disimula...-Contestó Jim a su lado.-Se ve asqueroso, purulento, hinchado, palpitante, lleno de…-

-¡Jim!-

-¿No estás de humor? Si se han acabado las clases y tenemos una tarde interesante por delante-

-Ayer no me explicaste nada, no se lo que quieres.-

-Yo creo que sí, mas te vale no se te halla olvidado. ¿Conseguiste lo que te pedí?-

Sebastián frenó súbitamente, para acabar diciendo firme.

-No.-Jim le miraba interrogante, frunciendo el ceño, acentuando su peor cara de mal humor-Ninguna de tus malditas piedras tenía un tamaño adecuado, se iba a notar mucho si las tomaba. En su lugar traje esta mierda que no se qué es, pero era más fácil.-Sacando todas las bolsitas de polvo rojo esperó la reacción. Seguro se enfadaba con él por no haber satisfecho su extraño capricho, esperaba que se pasase un par de días sin hablarle y luego se calmara.

Quedó sorprendido cuando escuchó a Jim reírse, una risa aguda que hacía temblar todo el cuerpo. Con las bolsitas entre los dedos retenía el aire hasta ponerse rojo y rompía en nuevas carcajadas. Cruzado de brazos bajo la lluvia, Sebastián esperaba una explicación, Jim se le acercó hasta tomarle del codo.

-¡Oh dios mío! ¡Tú; precioso y perfecto imbécil! ¡Era un farol! Se suponía que no debías conseguirlo, era imposible, ¡ni siquiera era carburo de calcio de verdad!-Palabras jadeantes, los ojos abiertos como pocas veces los había visto- Pero no quisiste enfrentarme con las manos vacías y te arriesgaste a traer algo, ¡lo que fuera! Ay, Seb, que bonito eres.

Ignoró el último apelativo, que le hizo morderse la mejilla -¿Qué? ¿Cómo que las piedras esas no eran lo que querías?-

-No, las piedras que hay en ese maletín ahora mismo no son lo que deben, son gravilla, gravilla del patio. ¿Sabes por qué son gravilla y no carburo de calcio? ¡Porque yo di el cambiazo esta mañana!-

-¡Joder! ¿Entonces por qué me has hecho pasar por todo eso? ¿Te apetecía humillarme frente a toda mi clase?-

-¿Humillarte?-Dijo serio, como si la idea le extrañase- ¿Para qué iba a querer hacer eso? No, eso no te ha hecho sentir humillado. Lo que quería era que todos viesen lo inútil que eres con la química.-

-Bien.-Había alcanzado ese punto donde no entendía nada, así que frustrado asentía. A Jim le enfadaba, pero no estaba seguro de si porque era incapaz de seguirle o por darle la razón sin más.

Serpenteando las calles en silencio llegaron al pasadizo del río Dodder, donde se separaban. Jim cruzaba el puente, Sebastián seguía hacia la derecha. Cuando una amplia cortina de agua les separaba y el sonido del río entorpecía las palabras aún pudo oír a Jim gritar.

-A veces eres uno de esos densos…Pero no pasa nada. ¡Te pasaré a buscar después de tu entrenamiento y prometo que lo entenderás todo! -


-Sabes que sigo sin pillar nada, ¿verdad?- Siseó furioso Sebastián contra la pared del cubículo, no cabía, encogido empezaba a tener calambres en un brazo.

-¡Shhh!-Jim estaba encaramado sobre el borde de la taza, e intentando hacer que la puerta entornada pareciese casual.-Súbete, como te vean los pies nos echan.

Apretándose aún más contra la esquina superior se agarró a la tubería que bajaba de la cisterna y puso los pies casi sobre los de Jim al menos dos tallas más pequeños.

Estaban escondidos en el baño de chicas de la segunda planta, alumbrados solo por las luces de emergencia. Esperaban que las mujeres de la limpieza recogiesen las fregonas y cubos dejados tras haber lavado los aseos.

-En serio, ¿no podías haber elegido otro sitio donde escondernos?-

-No, este es el último sitio que limpian y esta cerca de los fusibles generales de la luz. Crees que no hubiese encontr- Entraron las limpiadoras, hablaban mientras cargaban los bártulos en el carrito. A Sebastián se le resbalada la mochila y uno de sus pies seguía el ejemplo acercándose peligrosamente al borde interior de la taza. Jim esperaba que el pasillo quedase en silencio, parecía cronometrar con un bulboso reloj de plástico.

-¿Podemos salir ya? Me estoy cayendo, ya no pued -

-¡Shhh! Están bajando las escaleras, medio minuto mas y ya esta-Le dedicó una sonrisa torcida, la luz de emergencia reflejaba su tenue brillo naranja en Jim volviéndolo irreal. De pronto el zapato de Sebastián terminó por resbalarse del todo.

Se golpeó dolorosamente la espalda contra el dispensador de papel, soltó la mochila y tras aletear con los brazos en busca de equilibrio lo recuperó cuando su pie atravesó el agua del retrete anclándose en el fondo.

-Mierda, mierda, mierda- Tenía el calcetín empapado, el zapato chorreando, podía sentir el agua moviéndose en el interior-Joder, joder, ¡joder! al menos estaba limpio.-

Esperaba que Jim se riera de él, que se burlase de su torpeza. Pero solo le dirigió una mirada seria, de aquellas que parecían querer incinerar lo que con ella tocase.

-No tenemos toda la noche-Dijo saliendo del compartimento para abrir la mochila que llevaba. Dispuso en el suelo por orden, un vaso de precipitados, dos botellas de plástico con capacidad para dos litros y otros dos paños doblados.-Vamos a preparar una bomba de carburo. No va a volar nada por los aires pero dejara unas manchas difíciles de quitar, peores que la pintura.- Sebastián no preguntó nada, solo se arrodillo frente a Jim, que llenaba de agua con cuidado las botellas. Le temblaban las manos y cuando habló apenas hizo separación entre las palabras -He pasado la tarde calculando cual es el volumen ideal de agua por gramos de calcio para que la explosión cubra todo, es teórico pero, espero que funcione. No me gusta la química, la práctica suele tener divergencias demasiado grandes en cuanto a la hipótesis inicial, lo que hace necesaria la experimentación y no tenía material suficiente para probar los cálculos.-

Cuando ambas botellas estaban listas, Sebastián sentía el corazón latiendo con fuerza en el pecho y las palmas sudorosas.

-Iremos juntos hasta el despacho del director, yo te abriré la puerta. Tú solo tienes que colocar la botella sobre la mesa, echas las piedras y la cierras, luego saldremos.-Jim le tendió los paños donde estaba envuelto el calcio-La botella se hincha debido al gas acetileno hasta acabar estallando. Al oír el estruendo seguro que el conserje va a ver que ocurre, para cuando llegue al despacho nosotros habremos dejado la segunda en el pasillo de trofeos, van a volverse locos.-Explicó ahogando una risa-Escaparemos por casa del bedel en la parte sur, van a estar tan confundidos que no sabrán por donde les han golpeado.-

Sebastián sentía necesidad de moverse, todo su cuerpo lleno de anticipación, lleno de la adrenalina que le habían provocado las explicaciones.

El pasillo era una cueva, las tinieblas lo hacían más grande y el suelo destellaba, como una pista de hielo. Sentía un nudo en la garganta, las manos le cosquilleaban, y nunca se creyó capaz de estar tan alerta. Pero no caminaron hacia el despacho, si no que se desviaron hacia un lado, Jim le señalo una caja en la pared.

-Ábrela-Susurró-tan solo esta cerrada por un alambre.-

Arrodillado, Sebastián descubrió los cuadros eléctricos del instituto, Jim sacó la carcasa dejando visibles los tubos y cables. Tomó del bolsillo una horquilla de pelo, quería interrumpir el circuito en caso de que las luces se encendiesen, pero las manos le temblaban de emoción.

-Déjame a mi-Dijo Sebastián, a él no le falló el pulso y colocó la pieza a la primera.

-No te tiemblan las manos aunque estés nervioso-Un murmullo impresionado que le dieron ganas de reír.

-Si, hay gente capaz de prever el comportamiento humano o tener extensos conocimientos en química, aunque no le guste. Pero eh, a otros no nos tiembla el pulso, qué útil en la vida.-Sabía que Jim le estaba mirando mal incluso sin verle.

-Deja de ser un capullo sarcástico y vamos.- Sebastián sonrió mientras caminaban hacia el despacho. Empezaba a sentir comodidad en la tensión, cada paso deshacía la rigidez y aunque todavía vigilante empezaba a divertirse.

Al llegar a la puerta comprobó que estaba cerrada, esperaba que Jim sacase unas ganzúas y forzase la cerradura, más en su mano brillo la llave.

-¿Qué? ¿Cómo has conseguido esa llave?-Dijo más alto de lo que la situación les permitía, atónito.

-Me subestimas.-Aquella mueca perversa que le hipnotizaba, tan solo porque Sebastián creía ser la única persona en haberla visto.- Los maestros tienen una llave para la clase que manejan, en el centro todas las cerraduras son iguales. El año pasado me basto un "Profesor Lynch, en mi edificio hay un ruido infernal, temo que afecte a mi nota para su trabajo por no poder estudiar" y me dejó la llave para que pudiese hacer el trabajo por las tardes en su aula. Hice una copia, sabía que me serviría.-

Giró el pomo de la puerta revelando la oficina, con su innecesaria y descomunal mesa. Sebastián se acercó a ella, ahí era donde colocaría la botella. Si estallaba mancharía todo, desde la robusta silla, hasta los libros en los estantes, pasando por los papeles que no habían sido guardados. Paladeó la vista de lo que iban a arruinar, era bello.

Abrió el tapón, desdobló el pañuelo donde estaban las piedras grises de calcio, quiso acariciarlas. Las metió rápidamente, no miró el contenido solo dedicó unos instantes a cerrar con cuidado el tapón antes de salir a la carrera.

Le esperaba Jim, como único espectador, que cerró de un golpe la puerta y la pasó con llave. Avanzaron por el corredor apenas unos metros, con las respiraciones alteradas y el pasillo de trofeos en mente, cuando escucharon la explosión. Un poderoso ruido que resonó por las aulas vacías, el impacto que taladró la tarde.

Llegaron sin aire al segundo objetivo, esta vez no hubo tiempo para recrearse. Justo al dar la última vuelta al tapón para cerrar la botella todas las luces se encendieron. La claridad les quemó la retina reduciendo sus pupilas y Sebastián seguía sujetando la botella, que se calentaba e hinchaba por momentos.

-¡Déjala y corre hacia aquí, imbécil!-Gritó Jim tras la esquina, llegaba a él cuando la horquilla en los fusibles surtió efecto y redujo el mundo a la oscuridad segundos antes del estallido.

La segunda explosión se escuchó mucho más fuerte, las ventanas vibraron en sintonía con los tímpanos y las vitrinas se quebraron como lo hizo la calma de Jim que ahora se carcajeaba sin precaución. Sebastián sentía su pecho ensancharse y la cabeza perdió consistencia, lleno de orgullo.