Yo estaré ahí para siempre

Cuando abrió los ojos la luz del sol agredió sus pupilas. Los volvió a cerrar inmediatamente para protegerse y para intentar traer a su mente los últimos acontecimientos de los que se acordaba.

Intentaban enviar al espectro más allá y cuando este había acabado finalmente en el portal, la había arrastrado con él a este otro mundo.

¿Dónde estaba ahora? ¿Estaba aún viva?

En todo caso ahora nadie en Storybrooke y sobre todo Regina tendrían que temer por el ladrón de almas.

Si alguna vez regresara a su mundo, se lo haría pagar muy caro a Gold. Ha puesto en peligro a toda la ciudad y por su culpa se encontraba no se sabe dónde, lejos de su familia.

Y además ha intentado matar a la mujer que ella amaba. Esperen, esperen, ¡STOP! ¿Acaba de pensar "la mujer que amaba"?

¡Dios mío, Emma Swan! ¿Qué te pasa?

En el fondo si reflexionaba sobre todos esos momentos agradables al lado de la morena, esa noche en la cocina donde se sintió más turbada que nunca y los escalofríos que la recorrían al tocar a la ex alcaldesa, debe confesarse que algo pasaba. Tantas señales y no supo verlas o no quiso verlas antes de que fuera demasiado tarde, pero ¡qué idiota! Ahora, ahora todo estaba claro en su cabeza y en su corazón.

Ella amaba a Regina Mills.

Y tiene la esperanza de pensar que esos sentimientos son recíprocos, después de todo, la morena le confesó que cuando el espectro estaba succionando su alma pensaba en ella.

Y además ha visto que también ella sentía escalofríos cuando se tocaban y cree incluso haber visto deseo en sus ojos.

En fin, de todas maneras, estaba bloqueada en este mundo, lejos de Regina, así que ya eso no tenía importancia, sin duda no la volvería a ver jamás. Deberá pasar el resto de su vida lejos de la mujer que amaba, eso, si conseguía sobrevivir en este mundo.

Bravo Emma, ¡qué pensamientos positivos! No es pensando así que voy a lograr salir de aquí.

Esos pensamientos fueron interrumpidos por un movimiento a su lado, su cuerpo entero se tensó sintiendo el peligro. Decidió mantener los ojos cerrados pensando que era lo más prudente y que el daño se alejaría.

Pero, al contrario, se estaba acercando y pronto sintió una mano apoyarse en su antebrazo. Sin saber por qué un escalofrío recorrió su columna vertebral y un calor familiar se apoderó de su bajo vientre.

Sin embargo mantuvo los ojos cerrados.

«Emma»

Debía estar soñando. No podía ser posible, esta voz suave y su perceptible inquietud. No podía ser ella, no era real. Solo era un sueño, tenía que despertarse.

«Emma, despiértate…Por favor…»

No debía abrir los ojos, si no ella desaparecería, estaba segura de que era una ilusión y ella no quería perder esa loca esperanza. Estaba segura, si abría los ojos se iba a dar cuenta de que no era más que una ilusión y su corazón se haría pedazos.

Y sin embargo, los suaves labios que dejaron un beso en su frente parecían tan reales, ese contacto con el que había soñado tantas veces cuando se encontraba cerca de la bella morena.

«Por favor, Emma…»

¡Qué le den! No podía permanecer mucho más tiempo con los ojos cerrados, qué importaba si no era más que un sueño, que una ilusion. Ella quería verla, quería que estuviera a su lado, que estuviera en sus brazos.

Ella quería estar cerca de ella y jamás dejarla.

Debía verla a toda costa aunque fuera una última vez antes de perder toda esperanza, antes de que su recuerdo desapareciese y se llevara con él un pedazo de su corazón.

Así que lentamente, el miedo y el deseo mezclándose, abrió los ojos.

Y esta vez lo primero que su mirada encontró fueron los ojos marrones de Regina en los que ya se había perdido tantas veces.

Pudo leer la preocupación en ellos, pero también algo más, algo fuerte y profundo. Lo mismo por lo que ella se había sacrificado interponiéndose entre el espectro y Regina.

Amor.

«¡Dios mío, al fin despiertas! Me has dado mucho miedo»

Ella no creía lo que veían sus ojos, Regina estaba en carne y hueso delante de ella. Tenía la impresión de que aún estaba durmiendo y que estaba soñando. Delicadamente llevó su mano a la mejilla de la morena, apreciando la suavidad de la piel bajos sus dedos, no era definitivamente un sueño. Sintió cómo Regina presionaba su rostro en su palma, buscando profundizar el contacto y asegurarse de que la rubia estaba bien.

Una fina sonrisa apareció en sus labios y un calor familiar en su bajo vientre hizo su aparición.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y la Salvadora, que lo notó, sonrió a su vez.

Podría quedarse así para la eternidad, echada en esa suave hierba, el sol en su cenit y la bella morena sobre ella, la cabeza reposada en su mano. Sí, podría acostumbrarse a eso aunque estuvieran a partir de ahora en otro mundo. Y de repente la realidad golpeó de lleno a la rubia.

Regina estaba ahí con ella en ese mundo, lo que quería decir que atravesó el portal y que todavía estaba en peligro.

«¡Regina! ¿Qué haces aquí? ¿Qué ha pasado?»

«Bueno, Miss Swan, creía que se alegraría más al verme»

«No estoy bromeando Regina, ¡si te empujé no fue para que me siguieras por ese portal! Debías estar segura en nuestro mundo y no aquí. ¡El espectro quizás esté aquí!»

«¡Y tú no tenías que sacrificarte por mí! ¿Puedo saber qué se te pasó por la cabeza para que te lanzaras delante de una de las criaturas mágicas más peligrosas?»

«¿Y qué se supone que debía hacer? ¿Ver cómo te arrastraba no sé dónde lejos de mí?»

«¿Y tú no te has preguntado lo que haría yo sin ti?»

La realidad de lo que acababan de soltar las golpeó y en ese momento se dieron cuenta de que durante su disputa se habían acercado hasta el punto de que sus labios casi se estaban tocando.

Las dos retrocedieron turbadas e incómodas por esa proximidad, ambas con las mejillas sonrosadas.

Pelear era el único medio que habían encontrado para protegerse y ocultar sus sentimientos.

Se lanzaban puyas, se reprochaban cosas sin importancia.

Se hacían mal para evitar apegarse la una a la otra, pero ¿no era ya demasiado tarde?

¿Cómo podían apreciar sus vidas rechazándose mutuamente, cuando a cada instante que pasaban separadas se echaban de menos terriblemente?

No hacían sino enfrentarse en una batalla contra sus corazones, un combate perdido de antemano.

No se pueden borrar los sentimientos, solo esconderlos en lo más profundo de nosotros, pero siempre nos atrapan.

«Será mejor que no nos quedemos aquí, tenemos que buscar un sitio seguro mientras averiguamos si el espectro es aún una amenaza?»

Evidentemente, fue la ex alcaldesa la primera en recobrarse y tomar la iniciativa.

Cuando Emma puso de nuevo sus ojos sobre ella, vio que se había vuelto a colocar su máscara de frialdad e indiferencia y sintió cómo su corazón se quebraba un poco.

A pesar de eso, se levantó y decidió seguir las órdenes de la morena sin rechistar, pero una vez que Regina se hubo alejado un poco, algunos metros, de Emma, esta no pudo evitar que un pensamiento atravesara su mente, estaba cansada de luchar.

«Tenemos que dejar de fingir, Regina, tenemos que bajar las armas. Yo ya no puedo luchar contra ti»

La frase había sido dicha con una voz débil y hacia el final se quebró ligeramente. La morena no se dio la vuelta, asustada por tener que ver el sufrimiento en los ojos de la sheriff. Detestaba cuando sufría sobre todo cuando era ella la causa.

«Ahora no Emma, por favor…»

Cuando no escuchó ninguna respuesta por parte de la rubia, se dio la vuelta y la vio avanzar hacia ella, sobrepasarla, no sin antes un último comentario.

«Un día será necesario plantar cara a nuestros sentimientos, no podemos huir eternamente»

Después, ninguna palabra fue pronunciada mientras las dos mujeres comenzaron una larga caminata para encontrar refugio.

¿Dónde está? Pero, ¿dónde está? Cabalgamos ya desde hace horas.

Sus pensamientos fueron interrumpidos brutalmente cuando el caballo se detuvo de repente. Ella miró sobre el hombro de su amiga y al fin lo divisó, estaba delante de ella. Saltó del caballo y se dirigió hacia el joven sin esperar a la otra mujer.

«¡Philip!»

«¡No! ¡No te acerques! ¡Vete!»

«Philip, ¿qué estás haciendo?»

«Sabes muy bien lo que estoy haciendo. Marchaos, él va a encontrarme. He sido marcado, es demasiado tarde para mí. ¡Marchaos! No hay otra manera»

Por primera vez desde que habían llegado, Mulan se dirigió a su amigo.

«Sí, hay una. Dame el medallón. Yo puedo marcarme. Tú podrás vivir»

«Es mi elección salvaros a las dos»

«No, Philip, no quiero vivir sin ti» le suplicó Aurora, las lágrimas amenazando con caer por su dulce rostro. La pena destrozando su corazón.

«Yo tampoco»

De repente, un grito sordo rasgó el cielo estrellado y él estaba ahí, a

algunos metros de ellos.

El aire se hizo más frío y la naturaleza pareció congelarse, como si toda vida hubiera abandonado el lugar.

«Cuidad la una de la otra»

«¡Philip!»

«¡Te amo!»

«¡No!»

Pero ya era demasiado tarde, el ladrón de almas comenzó su trabajo, aspirando uno a uno los recuerdos del príncipe, arrancándoselos, devorando su alma.

Pronto el cuerpo de Philip cayó pesadamente al suelo después de expirar su último aliento y el espectro llevarse el último trozo de su alma.

Ya no respiraba, la vida lo había dejado.

La ladrón de almas, una vez saciado, regresó al medallón del cual no saldría hasta que no fuera llamado de nuevo. Ya no se preocupó por otra alma marcada, ya no lo necesitaba.

Regina Mills ha sido liberada de su fúnebre final, libre del ladrón de almas.

Habían estado caminando durante horas, solo deteniéndose el tiempo de beber o cuando la fatiga amenazaba con derrotarlas. La noche empezaba a caer y era necesario que encontraran un abrigo lo más rápido posible. Ninguna palabra había sido pronunciada, caminaban en un silencio sepulcral, solo abriendo la boca para pedir un descanso.

A pesar del tiempo transcurrido, la tensión estaba aún presente entre las dos mujeres. Emma estaba aún enfadada con Regina, la había seguido y no quería hablarle después de todo lo que había pasado entre ellas.

En cuanto a la morena, estaba perdida más que nunca. Sus sentimientos por la rubia se reforzaban a cada minuto pasado con ella, pero no podía relajarse y dejarse llevar por sus emociones.

Y además ella no lo merecía, después de todo el mal que había hecho a sus padres, que le había hecho a ella.

La privó de una infancia feliz, de su verdadero mundo. De su final feliz.

Por su culpa sufrió durante toda su infancia, sacudida de casa de acogida en casa de acogida, obligada a vivir en unas condiciones de vida insoportables, maltratada por las personas que la acogían.

Su corazón se encogió, ella había hecho tanto daño a la persona que más amaba en el mundo.

Porque sí, ella amaba a Emma Swan, la mujer más testaruda y exasperante que conocía, podía finalmente confesarlo.

Se detuvo, su mirada perdida en el vacío, las lágrimas amenazando con caer, finalmente, a pesar de todos sus esfuerzos, sus emociones la invadían. No podía negar más su amor por la Salvadora.

Emma, inquieta por el comportamiento de la morena, se acercó y posó su mano sobre su hombro obligándola a girarse hacia ella.

«Hey…Regina, ¿qué sucede?»

Finalmente una lágrima pasó la barrera de sus ojos, descendiendo por su mejilla, pero fue detenida en su caída por el pulgar de la rubia. Hundiendo su mirada en el marrón de los ojos de la ex alcaldesa, intentó comprender lo que había podido pasar por su mente para que se pusiera a llorar.

Y comprendió, siempre ha sabido leer admirablemente en ella.

«No te culpo, ya no te culpo. Es verdad que me separaste de mis padres y me privaste de la vida que debería haber tenido. Pero por nada del mundo volvería atrás, porque gracias a ti he podido tener un hijo magnífico que has criado tan bien» Emma se acercó a la morena antes de tomarla en sus brazos y murmurarle en su oído «Y además si no hubieras lanzado esa maldición, sin duda alguna nunca te hubiera encontrado o en todo caso no te querría tanto como lo hago ahora»

Regina rodeó la cintura de la Salvadora con sus brazos, se acercó más a ella y apretó el agarre. Anidando su cabeza en el cuello de la rubia, respirando a pleno pulmón su dulce perfume.

«Gracias…»

«Estaré aquí por ti Regina, siempre…»

Se perdieron algunos minutos en el cuerpo de la otra, el entorno silencioso como a la escucha de sus palabras que ellas se transmitían por sus abrazo, incapaces de decirlas en voz alta, incapaces de hacer frente a la fuerza de sus sentimientos…

Después, de repente, la mano de la ex Reina Malvada en la que estaba marcada la señal del ladrón de almas ardió profundamente, y ella se separó bruscamente de la rubia que en seguida se inquietó.

«¿Regina?»

La morena levantó a la altura de sus ojos su mano y se quedó atónita ante lo que vio.

«La marca…es la marca…ella…»

«Por Dios, Regina, ¡dime claramente lo que pasa!»

«La marca ha desaparecido»

Era imposible, francamente imposible. La única razón para que la marca del ladrón de almas desaparezca de su víctima es que le robe el alma. Así que, ¿por qué la suya ha desaparecido?

«¿Cómo es posible? Quiero decir, estás aún aquí delante de mí, viva. Así que ¿por qué habría detenido su caza? No puede haber desaparecido así porque sí»

«¡No creerás que lo sé! El único modo para que no tenga la marca es que esté muerta»

La rubia se estremeció ante esa alusión, ella no podía perder a Regina ahora ni nunca.

Si la marca se ha borrado quiere decir que el espectro ha aspirado un alma y como yo estoy aquí, no puede ser la mía. Lo que quiere decir que entre el momento en que aterrizamos aquí y el momento en que la marca ha desaparecido algún otro ha sido marcado y…

La morena se dio cuenta en ese instante que alguien a quien ella no conocía había muerto en su lugar y la culpabilidad la hundió. Emma se dio cuenta y una vez más estrechó a Regina en sus brazos, acunándola como haría con un niño. Depositando besos en su nuca y murmurándole palabras de consuelo en su oído.

La noche había caído finalmente hundiéndolas en la oscuridad y dejando lugar al pesado silencio, pero ninguna de las dos mujeres había aún puesto fin a su abrazo.

Aún acurrucadas una en los brazos de la otra, como si se hubieran alejado del mundo, sin darse cuenta de nada. Al menos hasta que la rubia sintió a Regina estremecerse. La temperatura había bajado algunos grados.

«Será mejor que encontremos refugio antes de que te transformes en una estatua de hielo»

«Ja, ja. Muy divertida, Miss Swan»

Fue el turno de Emma de estremecerse, pero no de frío, sino de placer, cada vez que la ex alcaldesa la llamaba así, hacía que el deseo se apoderase de ella y si en aquel momento la necesidad de encontrar un abrigo no hubiese sido tan importante, habría podido saltarle encima.

Retomando su marcha, solo se detuvieron media hora más tarde ante la entrada de una gruta.

«¿Crees que es seguro?»

«Bueno, solo hay un modo de averiguarlo»

La morena entró en la gruta sin esperar la réplica de Emma que solo pudo seguirla gruñendo.

La gruta era poco profunda, pero bastante grande para acogerlas a las dos.

Emma salió a buscar madera para la noche y cuando finalmente regresó, vio a Regina sentada, agarrándose a una manda alrededor de sus hombros, sin duda la había hecho aparecer con la magia.

La sheriff dejó el montón de madera cerca de la morena y esta con un movimiento de la mano encendió un débil fuego, que felizmente y con la cantidad importante de madera, en seguida cobró intensidad.

«Lo siento, estoy tan cansada que no puedo hacer aparecer una gran cantidad de magia. Vamos a tener que compartir la manta»

«Oh, no me molesta» le respondió la rubia con una sonrisa ladeada.

Se colocó rápidamente al lado de Regina y se acostaron, cuidando mucho no tocarse, lo que era muy duro para ambas.

Felizmente la fatiga producida por ese día las atrapó llevándolas con Morfeo.

Está oscuro, no veo nada a un metro de mí y el suelo bajo mis pies es gris y se asemeja a la ceniza. No sé dónde me encuentro, pero sea donde sea no me inspira confianza. Los escalofríos me estremecen, pero son completamente diferentes a los que siento en presencia de Emma, estos son de miedo, de temor.

Doy algunos pasos, permaneciendo prudente y pronto el paisaje cambia, haciéndose nebuloso, cuanto más avanzaba, más se definía y de repente, me quedé parada.

Estoy de pie en medio de unas caballerizas, las mismas donde había muerto Daniel.

¿Qué estoy haciendo aquí?

De repente escucho pasos detrás de mí, pero antes de que pueda darme la vuelta, una fría voz rompe el silencio.

«Buenos días Regina, hace mucho tiempo»

El miedo me congela la sangre al escuchar esa voz, esa voz, no es posible.

Me doy la vuelta lentamente, temiendo el momento en el que me encuentre cara a cara con la propietaria de esa voz. Me recobré poniéndome mi máscara de frialdad, la de la Reina Malvada que ya no soy.

«Buenos días madre. Pensaba que Hook se había ocupado de ti»

«Bueno, cariño, deberías saber que para que un trabajo salga bien, siempre hay que hacerlo uno mismo. Es por eso por lo que estoy aquí, para prevenirte que pronto nuestros caminos se cruzarán y te impediré regresar a Storybrooke»

«¿Ah sí? ¿Cómo?»

Y ahí, delante de mis ojos, se desarrolla el espectáculo que más temía en el mundo. En un humo violeta apareció Emma, una mano de mi madre agarrándole el cuello. La falta de aire era cada vez más visible en su rostro y veo sus ojos, que normalmente brillan cuando me mira, ahora suplicándome que hiciera algo. Finalmente reaccionó y le pido a mi madre que la suelte, pero esta mantiene su agarre.

«Creía que habías aprendido la lección Regina, el amor es debilidad»

Y antes de que pudiera replicar, veo a mi madre hundir su otra mano en el pecho de la mujer que amo. Después, con un simple gesto, le arranca el corazón, sin que yo pueda hacer nada.

«¡No!»

«¡Regina! ¡Regina, despiértate!»

Emma había sido despertada por los gritos de terror de la mujer que dormía a su lado.

Esta se despertó de un sobresalto después de la que la joven la hubiera sacudido y llamado con fuerza.

Pasaron algunos segundos antes de que comprendiera dónde se encontraba y cuando el recuerdo de la pesadilla la golpeó, se lanzó a los brazos de Emma para estar segura de que estaba bien a su lado, aún viva.

Comenzó a llorar en el cuello de la rubia que estrechó su abrazo alrededor de Regina, acercándola un poco más a su cuerpo.

«Tú…tú estabas muerta…ella te había matado…»

«¿Quién Regina?»

«Cora…mi madre»

Estalló de nuevo en llanto, sin haber cambiado aún de posición.

La bella rubia la obligó a mirarla a los ojos y enjugó con su pulgar sus lágrimas.

Se quedaron así algunos minutos, contemplándose, antes de que la Salvadora tomara la palabra.

«Está bien, Gina, ha terminado, solo era una pesadilla. Estoy aquí contigo, viva, estoy bien»

«No, no entiendes, era una advertencia. Mi madre sabe que estamos en el Bosque Encantado, y no sé cómo, pero ella está al corriente de mis sentimientos hacia ti. Va a hacer todo lo posible para impedir que vuelva a Storybrooke y…ella va a matarte»

Las lágrimas comenzaron de nuevo a inundar los ojos de la morena que hacía todo lo posible para contenerlas.

«No te preocupes, no es tan fácil deshacerse de mí, deberías saberlo, tú no conseguiste expulsarme de Storybrooke» Logró sacarle una sonrisa a la ex alcaldesa «Y además no dejaré que se acerque a ti y te lleve lejos de mí. Lucharé si hace falta, pero me quedaré contigo, Regina, siempre»

«Gracias…»

Se quedaron ahí, abrazadas durante lo que les pareció una eternidad, sus ojos clavados unos en los otros. El pulgar de Emma acariciando aún la mejilla de la morena aunque esta ya había dejado de llorar.

Y después, de repente, el tiempo pareció detenerse, ambas avanzando lentamente, tomándose todo su tiempo.

A continuación sus labios se unieron en un tierno beso, cada una descubriendo el gusto y la suavidad de los labios de la otra.

Apreciaron cada segundo, pero pronto el beso se hizo menos casto y Emma pidió acceso a la boca de la Regina con su lengua. Esta entre abrió su boca y bien rápido sus lenguas se enlazaron en un baile, o mejor en una batalla por saber quién marcaba el ritmo.

Acabaron por separarse cuando se hizo necesario el oxígeno, ambas sin respiración. Al abrir los ojos, que ambas habían mantenido cerrados durante el beso, la conexión se reestableció.

Y no sin temor, Regina murmuró por primera vez desde hacía mucho tiempo dos pequeñas palabras, las dos pequeñas palabras

«Te amo»

La rubia se quedó sorprendida, sabía que la ex Reina Malvada no era del tipo de gente que confiesa sus sentimientos. Una inmensa sonrisa apareció en sus labios antes de depositar un dulce beso en los de la morena. Después ella le murmuró, en su suspiro, en su oído su respuesta.

«Yo también te amo, Gina»