Por ti haría cualquier cosa
«Te amo»
La rubia se quedó sorprendida, sabía que la ex Reina Malvada no era del tipo de gente que confiesa sus sentimientos. Una inmensa sonrisa apareció en sus labios antes de depositar un dulce beso en los de la morena. Después ella le murmuró, en su suspiro, en su oído su respuesta.
«Yo también te amo, Gina»
Esas sencillas palabras enviaron intensos escalofríos a la columna vertebral de la morena que sonrió ampliamente. La rubia trazó un camino imaginario con sus labios desde la oreja de su compañera hasta la comisura de sus labios, depositando fugaces besos.
Se separó ligeramente de ella para poder contemplar su rostro, devolviéndole su sonrisa y acariciando con su pulgar la mejilla sonrosada de la morena.
A continuación, sin poder resistir más el deseo que estaba a punto de consumir todo su ser y dar vueltas a su corazón, presionó con avidez sus labios sobre los de Regina. Esta respondió al beso y lo intensificó volviéndolo más apasionado, transmitiendo a través de él sus emociones. Acabaron por separarse a causa de la falta de aire.
La morena se colocó en los reconfortantes brazos de Emma, acercando los dos cuerpos al máximo. Su cabeza reposada en el pecho de la rubia, podía escuchar los latidos de su corazón que la acunaban dulcemente. El mentón de la rubia apoyado en lo alto de su cabeza y sus fuertes brazos rodeando su cintura en un gesto posesivo que la hizo sonreír.
Las dos contemplaron en silencio el fuego aún encendido en su lugar de refugio temporal.
Se podía escuchar la lluvia que había empezado a caer hacía unos minutos, descargando con intensidad sobre ese magnífico paisaje. Solo se podía escuchar el ruido de la lluvia y nada más, como si la naturaleza entera hubiera dejado de vivir el tiempo necesario para admirar la lluvia cayendo torrencialmente sobre el bosque, y al sol que intentaba dispersar las nubes bañando el lugar con fría luz.
El calor del cuerpo de la ex alcaldesa contra el suyo y el ruido de la lluvia comenzaron a acunar a Emma que luchaba por no quedarse dormida, no quería que ese momento llegara a su final.
«Me gustaría poder fijar este momento y nunca más dejarte escapar de mis brazos. Todo parece tan tranquilo, tan apacible. Podríamos casi olvidar todos nuestros problemas. Como si aquí todo pudiera comenzar de nuevo desde cero y dejar el pasado detrás de nosotras»
La rubia suspiró ligeramente, sí, ella podría casi olvidar que estaban lejos de los suyos, que aún no sabían cómo regresar y que la madre de la mujer que amaba quería impedirles regresar a Storybrooke. Oh, y además, matarla a ella, la Salvadora.
«Lo sé, a mí también me gustaría quedarme aquí para siempre, pero debemos regresar a nuestro mundo, a nuestra casa donde nos espera nuestro hijo» la morena se acurrucó aún más, si eso era posible, al pronunciar esas palabras, queriendo reconfortar a la joven, pero también a ella misma. Era necesario que regresaran, Henry le faltaba, aunque tuviera a su madre biológica con ella y en ningún caso querría verla alejarse, quería volver a ver a su hijo. Y además una vez de regreso en su casa, quizás podrían formar una verdadera familia, si se olvida el hecho de que la madre de su compañera era Blancanieves.
«¿Y qué hacemos con tu madre? Quiero decir, si ella realmente está detrás de nosotras y quiere impedirnos regresar, no será fácil deshacernos de ella»
«Ya ha arruinado suficientemente mi vida, no dejaré que te haga daño o nos impida regresar junto a Henry. Estoy dispuesta a todo para conservar mi final feliz y ese final es contigo y con nuestro hijo en Storybrooke»
Emma sonrió ante la declaración de la morena, confiaba en Regina, haría de todo para hacerlas volver a casa, pero no podía dejar de tener miedo por ella. Estrechó más el agarre en la cintura de su compañera, queriendo asegurarla para ella para siempre.
«¿Sabes que te amo aún más cuando dices cosas como esas?»
«Bueno, Miss Swan, tendrás que acostumbrarte, porque al parecer al estar contigo me ablando»
Regina le respondió sin darse la vuelta, pero pudo sentir el estremecimiento de la rubia. Oh, acababa de encontrar el mejor modo de atizar el deseo de su querida rubita.
La antigua Reina finalmente se dio la vuelta hacia la sheriff para poder hundir sus ojos en el océano verde que tenía delante, descubriendo en él el enorme deseo que oscurecía sus ojos. Delicadamente posó su mano sobre la mejilla de Emma y esta apoyó la cabeza sobre la palma para profundizar el contacto. Una fina sonrisa en los labios de ambas.
Y esa vez fue la ex alcaldesa quien inició el beso, apoderándose de los carnosos labios de la joven que se dejó hace con placer. Sus ojos cerrados, apreciando el momento, sus cuerpos todavía más cerca.
Regina dejó que sus manos se perdieran entre los rubios rizos de su amante, acercando su rostro al suyo para hacer más profundo el beso. En cuanto a las manos de la Salvadora, se movieron desde la cintura de la morena a sus nalgas, masajeándolas algunos segundos, después subieron a lo largo de su espalda en una tierna caricia que hizo estremecerse a la mujer.
Solo se separaron cuando la falta de aire fue demasiado importante, pero volvieron a besarse una y otra vez.
Sin embargo, rápidamente la sheriff decidió tomar las riendas y se mostró más audaz, sembrando el cuello de la ex alcaldesa de numerosos besos, Regina no pudo contener un gemido que hizo sonreír a Emma contra su piel.
La Salvadora descendió cada vez más sus besos, alcanzado el nacimiento del pecho de la antigua Reina que rodeó el rostro de la bella rubia con sus manos y la alzó a la altura de sus ojos.
A continuación acaparó los labios de la joven en un fogoso beso. Pidiendo acceso a su boca, la rubia se lo concedió rápidamente, y comenzó a acariciar la lengua de su amante con la suya. Y fue el turno de Emma de no poder evitar que un fuerte gemido franquease sus labios aún presos por lo de la morena.
Una vez más la rubia decidió retomar las riendas e hizo caer a la morena al suelo, atrapada bajo su propio cuerpo, deslizando la manta bajo el cuerpo de la morena para que no sintiera el frío de la roca en su piel.
Atacó de nuevo el cuello de Regina, descendiendo hasta lo alto de su pecho, pero esta vez la morena no la detuvo.
Desabotonó lentamente la blusa de su amante, y besó cada zona de piel que iba descubriéndose, haciendo languidecer a la morena.
Pronto la blusa de Regina se encontró en el suelo, lejos de su propietaria que se estremeció ligeramente ante el contacto de aire fresco en su piel.
Emma, mientas tanto, se quedó algunos minutos encima del cuerpo de la morena contemplándola.
«Eres tan hermosa…»
Depositó un beso sobre el pecho medio descubierto y decidiendo que el sujetador estaba de sobra, mientras continuaba con sus besos, deslizó una mano por la espalda de la antigua Reina y abrió el broche. Algunos segundos más tarde, el sujetador de Regina fue a unirse a su blusa, y Emma pudo apreciar la vista que ahora le ofrecían los pechos, sin barrera alguna, de Regina. Una inmensa sonrisa iluminó su rostro, lo que hizo sonrojarse a la morena que nunca se había sentido tan expuesta, ni siquiera con Daniel o Graham.
Con delicadeza, la rubia besó uno de los pechos de Regina y acarició el otro con su mano, provocando estremecimientos y gemidos por parte de la morena.
La ex alcaldesa se arqueó bajo los asaltos repetidos de la rubia en sus pechos, acariciándolos, besándolos. Emma atrapó uno de sus pezones, lo mordisqueó y lo lamió sensualmente, mientras que en un suspiró de satisfacción Regina murmuraba su nombre.
Después de haberle dado la misma atención al otro pecho, la sheriff subió su cara a la altura de la de su amante y hundió sus ojos esmeralda en la inmensidad marrón de los ojos de la morena. Tomó su rostro en sus manos y la besó de nuevo sin nunca perder el contacto.
Regina pensó que la joven llevada demasiado ropa y rápidamente la camiseta de esta voló hasta unirse a las prendas de la morena. Pasando sus manos por su espalda, abrió el broche del sujetador e hizo deslizarse lentamente las asillas a lo largo de sus brazos, y sufrió la misma suerte que la camiseta.
Así que las dos se encontraron con el torso desnudo, contemplándose la una a la otra y admirando la belleza del cuerpo que tenían ante sus ojos.
Regina infringió el mismo tratamiento al pecho de Emma que esta le había hecho sufrir, provocando numerosos gemidos por su parte.
El deseo aumentó exponencialmente y ahora el fuego que aún crepitaba no era la mayor fuente de calor, sino sus dos cuerpos enlazados.
La Salvadora decidió pasar al nivel siguiente y descendió sus besos a lo largo del cuello de la morena hasta su vientre pasando por el torso dejando varios besos en cada pecho.
Después al llegar al vientre sin dejar sus besos, sus dedos finos se dirigieron al botón del pantalón de su bien amada y lo desabrochó. Lo más lentamente posible para desesperar a Regina, fue bajando la cremallera e hizo deslizar el pantalón por las suaves piernas de su compañera dejando a la vista la última barrera a su desnudez.
Una vez más atrapó sus labios rojos e hinchados a causa de los besos, después estableció contacto visual para pedir la autorización para ir más lejos, no había necesidad de intercambiar ninguna palabra, comprendiéndose con una simple mirada, la morena le dio su acuerdo.
Entonces, dulcemente agarró la punta del único tejido aún intacto y lo hizo descender hasta los tobillos antes de enviarlo junto con las otras prendas.
Esta vez Regina estaba totalmente desnuda, enteramente a su merced y Emma sonrió al verla ponerse más roja.
Delicadamente, puso sus manos en sus rodillas y lentamente separó las esbeltas piernas de su compañera, descubriendo así un poco más su intimidad.
Ella depositó dulces besos a lo largo de sus muslos acercándose cada vez más al fruto prohibido. Y su extrema lentitud desagradó a Regina que gruñó de frustración.
«Emma, te aviso de que si no te acercas más dispuesta en seguida, me las vas a pagar»
La bella rubia no pudo contener una risa que exasperó aún más a la ex alcaldesa, pero fue pronto olvidado cuando Emma depositó un tierno beso sobre su intimidad haciéndola gemir de placer.
La sheriff sembró de múltiples besos y caricias su parte sensible y el cuerpo de Regina se arqueó bajo el suyo a causa de sus repetidos asaltos.
Sintiendo la humedad y comprendiendo que estaba lista, deslizó dos dedos lentamente por sus delicados labios para evitar hacerle daño.
La morena gimió más alto, la sensación era embriagadora, tenía la impresión de que podía perder el control en cualquier momento.
La rubia comenzó con un suave vaivén, depositando sobre el vientre de la ex alcaldesa numerosos besos que fue subiendo hasta su pecho, donde se detuvo para mimarlos. Y finalmente, acabó por tomar por asalto sus labios en un fogoso beso.
Los gemidos llenaban la gruta, rebotando contra las paredes que los amplificaban.
Regina, con las manos sobre la espalda de Emma, bajo la fuerza del puro placer que la atravesaba, hundió sus uñas profundamente en la carne, dejando grandes arañazos, lo que provocó un gemido de dolor y de satisfacción a la rubia.
«Em…Emma…más rápido…»
Comprendiendo que el momento de su amante iba a venir, la Salvadora aceleró sus movimientos, volviéndolos más intensos y pronto sintió los músculos de su bajo vientre contraerse alrededor de sus dedos. Regina se dobló bajo la intensidad del orgasmo y no pudo contener un gemido a través del cual gritó el nombre de Emma. Y finalmente cayó, sudada, sobre la manta una vez que la ola de placer hubo pasado. Vio a la rubia ascender lentamente hacia ella antes de dejarle un tierno beso en sus labios. Emma se echó a su lado encerrándola entre sus brazos durante el tiempo que necesitó para que su respiración se calmara y se recuperase de su potente orgasmo.
Algunos minutos pasaron en silencio y la respiración de la morena se calmó.
«Ha sido maravilloso, Emma»
«Oh, lo sé, tengo un cierto talento para estas cosas»
Bromeó la rubia y ese comentario le valió una mirada reprobatoria y una ligera palmada en el brazo.
«¡Ay!»
«Se lo ha buscado, Miss Swan» La morena se colocó encima de ella, sus labios a pocos milímetros.
«¿Ah sí?»
«Sí, no ha sido muy buena»
«¿Va a castigarme?»
«Por lo que queda de noche»
Una sonrisa apareció en sus labios antes de que la morena se lanzase sobre su compañera, pronto esta se encontró tan desnuda como ella.
Muy deprisa nuevos gemidos llenaron la gruta.
La noche se iba a ser corta para las dos.
«Necesito vuestros servicios, mi amigo»
«¿Y qué puede hacer mi garfio por vos, Majestad?»
«En el bosque, al este de aquí, hay dos mujeres que duermen en una gruta, una de ellas es mi hija. Quiero que las traigas aquí, vivas»
«¿Y qué gano yo con eso?»
«Bueno, querido, si haces lo que deseo, pronto estaremos en Storybrooke y podrás vengarte de Rumpelstilskin»
«Muy bien, os las traeré»
«Oh, ¿y Hook?»
«¿Sí?»
«No confíes en mi hija, ella también tiene poderes. Solo tendrás que servirte de la chica que la acompaña, te he dicho que me las traigas vivas, pero si esta es herida en el camino, yo cerraré los ojos»
Una sonrisa estiró los labios del Capitán, Cora acababa de darle permiso para usar la tortura si fuera necesario, lo que él más amaba.
Regina se despertó con un ligero rayo de sol acariciando su rostro, abrió ligeramente los ojos y descubrió con placer el cuerpo desnudo de Emma tendido a su lado.
La rubia la sujetaba todavía de manera posesiva contra ella, sus brazos rodeando su cintura.
La morena no tenía otra elección que mantener su cabeza sobre el pecho de la joven, escuchando los latidos de su corazón y su respiración regular.
Decidiendo que era hora de que encontraran una solución para volver a casa, y que era necesario que dejasen esa gruta, tomó la iniciativa de despertar a la sheriff.
Depositó numerosos besos por su rostro comenzando por la frente, la nariz, las mejillas y finalmente los labios. Se sorprendió cuando sintió a Emma responder al beso.
«Buenos días, preciosa»
«Hola, ¡qué buena manera de despertarse!»
«¿Tienes hambre?»
La rubia no tuvo que responder, su estómago lo hizo por ella, haciendo que la morena se riera.
«Tomo eso por un sí»
Media hora más tarde, habían acabado de desayunar y se encontraban una frente a la otra.
«Hay que encontrar un modo de volver a casa»
«¿Tienes algo en mente?»
«Estaba pensando que quizás exista aún el armario en el que tus padres te enviaron a nuestro mundo, y que quizás podría llevarnos»
«¿Sabrías llegar al castillo porque para mí todos los sitios por los que pasamos ayer se me parecen?»
«Sí, y si calculo bien y partimos ahora, podríamos estar allí mañana en la sobremesa»
«Muy bien, entonces recojamos nuestras cosas y en marcha»
Recogieron la manta y sus escasas provisiones recogidas durante el camino y dejaron la gruta dadas de la mano, pero no pudieron avanzar un metro antes de que una voz fría las detuviese.
«¿Dónde creéis que vais?»
Las dos se dieron la vuelta y ante sus ojos, de pie, con expresión amenazadora, estaba el Capitán Hook.
Regina se quedó helada, si Hook estaba ahí, eso solo podía significar una cosa, que Cora lo había enviado a buscarla.
«¿Qué quieres?» Emma se colocó delante de la morena protegiéndola con su cuerpo, cada uno de sus músculos tensos a más no poder.
«Oh, oh, tranquila preciosa, y además creo que tu novia sabe muy bien lo que quiero»
«Es mi madre quien te ha enviado a buscarme» Sonó más como una afirmación que como una pregunta.
«Bueno, una pequeña rectificación, quiere que os lleve a las dos»
«Emma no tiene nada que ver en esta historia, déjala tranquila»
«Lo siento, pero las órdenes son las órdenes»
«¿Y de verdad crees que te lo voy a permitir?»
«Oh, pero es que no te voy a dejar elección»
Regina, en un acceso de cólera, empotró con ayuda de la magia al pirata contra un árbol, una mano invisible estrechándole el cuello.
«Escúchame bien, te vas a marchar de aquí antes de que arreglemos cuentas»
«No te tengo miedo»
«Eso lo veremos»
Ella estrechó aún más su agarre alrededor de su cuello haciéndolo sofocar.
«¡Regina, para, lo vas a matar!»
Esas palabras bastaron para desestabilizar a la morena que perdió su agarre sobre Hook, y este lo aprovechó para acercarse a ella. Ella hizo todo lo posible para empujarlo, pero la magia era aún caprichosa y no la había recuperado totalmente. Antes de que pudiera defenderse y de que la rubia fuera en su ayuda, él la golpeó fuertemente en la cabeza y lo último que escuchó antes de caer en la oscuridad fue la voz de Emma gritando su nombre.
Cuando finalmente abrió los ojos, un terrible dolor de cabeza la atenazaba, pero no se preocupó de ello una vez que los recuerdos afluyeron a su mente. Hook, ese bastardo la cogió bien, ¡mierda!
¡Oh dios mío, Emma!
Se incorporó rápidamente y le dio vértigo, dejó de moverse un minuto intentando recuperarse. Una vez hecho, contempló lo que la rodeaba, se encontraba aún en el claro delante de la gruta, pero estaba vacía. Estaba sola, lo que quería decir que Hook se había llevado a Emma.
Se levantó con dificultad sobre sus temblorosas piernas y en ese momento vio el mensaje clavado con un puñal en un árbol.
Si quieres volver a verla con vida, te aconsejo que vayas a ver a Cora, está en la isla de los refugiados.
Date prisa, el tiempo corre. Tic-tac, tic-tac
Hook
La cólera bullía en sus venas y sus ojos se oscurecieron, no de deseo, sino de odio.
Se había atrevido a robarle la mujer que amaba, lo iba a pagar muy caro y su madre también.
Con un movimiento de mano, cambió su ropa, vistiendo un pantalón de cuero negro y una blusa roja, prendas dignas de la Reina Malvada, el papel que iba a tener que interpretar.
Recogió el puñal, podía serle útil, y se puso en marcha.
Iba a hacer de todo para salvar a Emma, incluso dar su vida, poco importaba, de todas maneras no podría vivir sin ella. Y si fuera necesario, mataría a Hook y a su madre.
Por el amor profundo que le profesaba a Emma, haría cualquier cosa, incluso lo peor.
