Perdida de antemano, pero luchada igualmente
¿Cómo va a poder lograrlo? ¿Cómo va a salvarla? Era imposible, inimaginable, irrealizable. Frente a su madre, siempre había sido débil, siempre había perdido sus medios. Y a pesar de que su corazón había sido devorado por el odio y la venganza durante años, nunca había alcanzado la crueldad de su madre. Incapaz de matar a la que es el origen de todo, de todo su sufrimiento, todo porque es carne de su carne, porque es su madre. Y eso es lo que durante años le hizo pensar que su madre tenía razón, el amor es debilidad.
Pero al lado de Emma, al lado de la Salvadora, ella ha comprendido que el amor no nos hace débiles, al contrario, nos vuelve más fuertes, nos da una razón para levantarnos, cueste lo que cueste, una razón de continuar luchando aunque se esté herido, aunque se tenga la rodilla en el suelo.
El amor no es una debilidad, es una fuerza y una tabla de salvación, es eso lo que la ha salvado en esos incontables años de odio y de sufrimiento. El amor que le profesaba Emma la ha salvado, le ha dado ese soplo de aire fresco del que tanta necesidad tenía. Ese amor incondicional que se profesaban le ha permitido borrar las tinieblas de su vida y calmar su cólera y su sufrimiento.
Y es por ese amor que en ese momento estaba dispuesta a todo, dispuesta a dar su vida.
En ese día iba a luchar, poco importaba el precio, poco importaba las consecuencias, iba a luchar hasta la última gota de fuerza de su cuerpo, hasta su último aliento si hacía falta.
Qué importaba si su madre era más poderosa, que siempre hubiera sabido manipularla y herirla, aunque estuviera perdido de antemano, ella lucharía.
Lucharía una y otra vez, no abandonaría, no abandonaría nunca cuando se tratara de la mujer que amaba.
Por primera vez después de tanto tiempo no sacaba fuerzas del odio, sino del amor.
La determinación se leía en su mirada fija sobre esa isla de infelicidad, esa isla donde estaba retenida la mujer que amaba.
Esta vez estaba lista, en ese día su madre iba a pagar.
Ese día Cora moriría.
Ese día Emma volvería a su lado.
¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar? No comprendo nada, todo parece tan irreal.
«Oh, pero eso es porque lo es, querida»
La joven se sobresaltó sorprendida por la cercanía de la voz, cuando no había nada a su alrededor más que el vacío, la nada, una inmensidad gris que se perdía en el horizonte. Estaba sentada en una cama, pero esa no parecía reposar sobre ningún suelo, mirara hacia arriba o hacia abajo, siempre ese gris triste, sombrío.
«¿Quién eres?»
«Oh, pero piensa un poco, ¿quién quería secuestraros a ti y a Regina?»
¡Cora!
«Es usted su madre»
«Bravo, querida» dijo ella en un tono sarcástico «Me pregunto qué ha podido encontrar mi hija en una idiota como tú»
«¡Hey!» en su rostro la consternación, había sido herida en su amor propio y Cora iba a pagar por eso «¿Dónde está usted?»
«Aquí, allí. De hecho en todos lados. Este es mi mundo, lo he creado especialmente para ti, querida. En el mundo real, estás en un profundo sueño y no podrás abandonarlo hagas los esfuerzos que hagas. No lo podrás lograr sola. Para dejar este mundo solo hay una solución»
«El amor verdadero»
«Sí, y desgraciadamente el tuyo no vendrá en tu ayuda»
«Regina va a venir, ¡yo lo sé!»
«Oh sí, de eso puedes estar segura, siempre le gustó desafiarme, pero, ¿qué te asegura que ella es tu Amor Verdadero?»
La duda se instaló en la bella rubia. Cora tenía razón, ella no tenía ninguna prueba de que Regina fuera su amor verdadero, no había pasado nada mágico cuando se habían besado.
Entonces, ¿cómo estar segura de que la morena iba a poder sacarla de esta delicada situación? Ni idea, solo confiar en Regina y creer en su amor.
Pero, ¿eso la salvará?
«Puedo escuchar tus dudas, sentir tu miedo. Estás aterrorizada y es comprensible, pero puedo prometerte una larga y hermosa estadía en este mundo. Deberías haber sabido que el amor es debilidad»
Emma tenía la impresión de que la última frase había sido murmurada en su oído y tembló de disgusto.
Era necesario que escapara de las garras de esta bruja.
A pesar de todo lo que tenía Regina, su madre parecía mucho peor, lo que hacía un tiempo le parecía imposible.
Regina se convirtió en la Reina Malvada, en cambio se podría pensar que Cora había nacido con esa oscuridad, esa cólera hacia el mundo entero.
Y es por eso que ella era mucho más destructora de lo que lo había sido la morena en el pasado.
La rubia se moría de rabia bloqueada en ese mundo vacío y gris, sin ningún modo de volver a la realidad y con la madre de la mujer que amaba pudiendo escuchar todos sus pensamientos, realmente genial.
Todo lo que esperaba era que Regina actuara rápido, la necesitaba más que nunca en ese momento.
Creía en ella, creía en la fuerza de su amor.
La Salvadora estaba segura, la antigua Reina Malvada era su Amor Verdadero.
Los guardias no prestaron atención a una niña de seis años, de cabellos largos, negros y ojos de un marrón profundo que traspasó las puertas del campamento entre otras personas, con sus cabellos al viento y una gran sonrisa en su cara angelical. Atravesó los senderos, esquivando a los transeúntes sin detenerse nunca. Finalmente pronto se encontró en una gran plaza en el centro de la aldea donde la gente estaba reunida, parecían esperar algo.
Nadie desconfiaba de esa niña de expresión inocente e infantil, y sin embargo si hubieran mirado más de cerca, si hubiesen hundido sus miradas en la suya, habrían podido ver un miedo sin nombre y una cólera que traspasaba el entendimiento. Habrían podido ver una mirada que una niña no podría tener y habrían quizás comprendido que ella no era lo que las apariencias dejaban ver.
Habrían quizás comprendido que frente a ellos no estaba una niña, sino la Reina Malvada.
Pero evidentemente nadie se habría dado cuenta, y es por eso que eligió tomar esa forma, la que tuvo cuando niña, así estaba segura de que su madre la reconocería. Y además si había utilizado ese hechizo de metamorfosis era para poder entrar en la aldea con toda seguridad, pues estaba segura de que a pesar de haber transcurrido 28 años, esas personas a las que ella les había arrebatado su vida, se acordarían de su rostro.
Avanzó hasta el medio de la plaza para poder observar mejor lo que pasaba.
Una pequeña tarima había sido montada, y una mujer joven, asiática, de cabellos largos y negros recogidos en una cola de caballo, llevando una armadura, subió a ella.
Escuchó a algunas personas en la muchedumbre murmurar su nombre, Mulan.
«Nuestro jefe Lancelot tiene un anuncio importante que haceros, guardad silencio y prestad atención»
Vio detrás de la mujer a un hombre subiendo a la tarima, alto, la piel oscura.
No sabía por qué, pero un escalofrío de miedo atravesó su columna cuando sus ojos se posaron en él, ese tipo no le inspiraba confianza.
«Según algunos de nuestros informadores, una bruja anda libremente es esta tierra y podría ser posible que viniera hasta aquí. Debéis estar atentos y desconfiad de aquellas personas que nunca hayas visto antes. Ella puede tomar la forma que quiera, un anciano o incluso un niño. Sed muy prudentes y sobre todo si la encontráis, no intentéis detenerla solos, pondréis en peligro vuestra vida»
Veía a la gente a su alrededor asentir con la cabeza y cuando finalmente volvió a posar su mirada sobre él, se cruzó con la suya.
El impacto y el miedo la dejaron paralizada en el sitio, su mente dejó de funcionar, no sabía qué hacer.
¡Esos ojos! Eran sus ojos.
Esos ojos que durante años le habían lanzado miradas de asco y desprecio.
Reconocería esa mirada entre cientos.
Allí, ante ella, bajo un hechizo de metamorfosis, estaba su madre, Cora.
Tuvo que pasar un tiempo para que aceptara lo que sentía. La primera vez que vio a la morena sintió esa irresistible atracción, ese deseo de llevársela en seguida a la cama.
Era mucho más fuerte que todo lo que ya había sentido con anterioridad.
Pero ella se había prohibido sucumbir a ese deseo, a dejar que sus sentimientos la guiasen y conducir sus pasos hacia la alcaldesa.
Esta era, después de todo, la madre adoptiva de su hijo y, ese tono frío y condescendiente que empleaba siempre al dirigirse a ella la hacía hervir de rabia.
Pero a pesar de todos sus esfuerzos, a pesar de todas las puyas y burlas de la mujer, nunca logró desterrar lo que sentía. Al contrario, más se esforzaba en olvidar, más pensaba en ella. Más tiempo pasaba con ella y más iba descubriendo lo que había tras sus muros, más se ataba a ella.
Y cada día se preguntaba cuánto tiempo más iba a poder ignorar esos sentimientos y dejarlos ocultos en su interior.
Cuando vio que todos los habitantes de la ciudad querían ir contra Regina, su sangre se heló y el miedo a perderla se apoderó de ella. Solo quería una cosa en ese momento, encerrarla en sus brazos para esconderla del resto del mundo.
Después ese mismo miedo se había apoderado de ella cuando vio a la morena siendo atacada por el ladrón de almas.
Y finalmente tuvo que producirse eso para que aceptara sus sentimientos.
Amaba a Regina, no podía vivir sin ella y es por eso que la protegió del espectro.
Y ahora que estaba atrapada en este mundo, desprovisto de toda vida, no tenía miedo, porque creía en Regina y en su amor.
«Te amo…»
Las palabras fueron murmuradas, pero resonaron en ese océano gris, como si rebotaran en muros invisibles.
«Para siempre»
Una fría sonrisa apareció en los labios del guerrero que se enderezó delante de ella, Lancelot estaba exultante, o mejor dicho, Cora.
Había conseguido lo que quería, Regina había venido hacia ella.
Sabía que su hija venía a rescatar a la Salvadora, pero el único modo de romper el hechizo en el que estaba inmersa era el beso del Verdadero Amor.
Y ella estaba segura de que la rubia no era el verdadero amor de la ex alcaldesa, era ese palafrenero, Daniel. Ella se había asegurado de que el joven no estropeara sus planes arrancándole el corazón bajo la mirada de su hija. Y si por casualidad la sheriff fuera el verdadero amor de Regina, entonces ella le arrancaría también el corazón sin ninguna vacilación.
Lo quiera ella o no, su hija volverá a su lado y juntas irían a Storybrooke, con sus poderes trabajando juntos, aniquilarían de una vez por todas a todos los personajes de cuentos de hadas para que no se interpusieran en sus planes.
Una vez unidas, nadie podría detenerlas y ella tendía plenos poderes, su hija al igual que los demás obedecerían la menor de sus órdenes sin excepción.
Sería de nuevo la Reina y esta vez no sólo de ese pobre País de las Maravillas, primeramente reinaría de forma absoluta sobre el Bosque Encantado, después extendería la magia por todos sitios en ese otro mundo para acabar reinando también ahí.
Nada la detendría. Nunca.
«Detened a la niña morena de la primera fila y llevadla a mi cabaña. Prestad atención, es peligrosa» La voz de Cora sonaba grave y áspera, apenas hubo hablado, cinco hombres bien uniformados y con armaduras rodearon a Regina, aun bajo el hechizo de metamorfosis.
Decidió no oponer resistencia, utilizar la magia ahora sembraría el pánico en el campamento de refugiados y era lo último que necesitaba.
Solo su madre podría decirle dónde se encontraba Emma y atacarla sería contra producente, así que cuando un hombre la agarró con violencia no dijo nada, incluso cuando la arrastraban hacia una zona alejada del campamento.
Pronto se encontró en un refugio de madera, precario, pero a pesar de la visible pobreza de la gente de la aldea, el interior estaba ricamente decorado, reconocía allí los gustos de Cora.
«¡Salgan! ¡Dejadnos solos! Y no quiero a nadie a menos de cinco metros de esta cabaña»
Los hombres la soltaron y sus piernas cedieron, cayó de rodillas sobre la alfombra que se encontraba en medio de la estancia.
El silencio finalmente retumbó entre las dos mujeres, ambas aún bajo las apariencias prestadas. Escuchó a su madre moverse y colocarse delante de ella, recobró su aplomo y se levantó sin dirigirle una mirada a Cora.
Rápidamente esta decidió romper el silencio.
«Creo que ahora que estamos solas, podemos dejar caer nuestras máscaras, querida»
«Tienes razón, madre, no hay tiempo para seguir con el fingimiento, ya he perdido mucho con eso»
Una nube violeta rodeó los dos cuerpos que se encontraban en la estancia y finalmente cuando esta se disipó, dos mujeres se encontraban una frente a la otra.
La mujer de más edad enarbolaba una sonrisa victoriosa, mientras que la otra morena permanecía recta, sin esbozar un solo movimiento, su cuerpo tenso al extremo.
«Feliz de volver a verte, hija mía»
«Placer no compartido, madre» gruñó la morena.
«Hum, es tranquilizador ver que no has perdido tu mordacidad después de todos estos años lejos de mí. Se ha hecho largo, sabes, bloqueada en ese País de las Maravillas, lejos de mi magnífica hija»
«Debería haberte matado aquel día en vez de mandarte a través del espejo»
«Oh, querida, eso era imposible, tú eres incapaz. El espejo es la prueba de eso, pero también el hecho de que mandaras a Hook a arrancarme el corazón en lugar de hacerlo tú misma. No puedes hacerlo y las dos sabemos muy bien por qué. Porque a pesar de todo lo que te he hecho…» antes de que Regina pudiera reaccionar, Cora se había acercado a ella y acabó murmurándole sus próximas palabras en su oído «…aún me amas»
La morena se separó rápidamente de su madre y la empujó lo mejor que pudo.
«¡Yo no te amo! ¡Ya no te amo! ¡No has sabido sino hacerme daño! Volviste mi vida un infierno cuando era pequeña. Arrancaste el corazón del hombre que amaba y me obligaste a casarme con un hombre al que no amaba. Y ahora…ahora me quitas de nuevo a la persona que amo. Pero esta vez no te dejará hacerlo. Esta vez no me mostraré débil ante ti»
«Siempre serás débil Regina, creía que habías aprendido la lección con ese muchacho. El amor es debilidad»
«Ha sido verdad durante 28 años, pero ahora el amor se ha convertido en mi fuerza»
Antes de que Cora pudiera pronunciar otra palabra, fue empotrada contra la pared por ramas negras como la noche, presionando los puños sobre su cabeza y alrededor de su cuello.
«¿Crees de verdad que será tan sencillo? Y aunque me mates, no volverás a ver a la que amas»
«¿Qué le has hecho?»
«La he enviado a un mundo del que ni tú podrás sacarla. Un mundo frío, vacío y sombrío. Un mundo en el que estará pedida para siempre» De nuevo una sonrisa victoriosa estiró los labios de la mujer de más edad.
«El mundo de las almas perdidas…» el aliento escapó de sus pulmones y no conseguía respirar, su corazón se saltó uno, y después varios latidos.
«Condenada a errar para siempre sin destino, esperando que aparezcas para liberarla»
La risa sádica que se escapó de la Reina de Corazones llenó toda la estancia y heló la sangre de Regina.
Emma estaba bloqueada en ese mundo, sola, desamparada y sin duda desesperada.
Y ella no podía hacer nada para ayudarla, el único modo para que un alma perdida regrese a su mundo era que su alma gemela, su Amor Verdadero la encontrase para señalarle el camino.
Era necesario que su Amor Verdadero la besase y ella no estaba segura de que fuera el suyo.
Nada había pasado cuando se habían besado, ninguna luz verde que las envolviera.
Nada, el vacío.
Así que, ¿cómo saber si ella podría traer de vuelta a Emma? Simplemente no podía, era inútil. Una vez más no podía salvar a la persona que amaba. Una vez más su madre ganaba.
Pero si ella perdía a Emma, su madre lo iba a pagar, ella iba a pagar por todos esos años de sufrimiento, por haber matado a Daniel y haberle robado su final feliz al lado de la rubia.
«¡Dime dónde está su cuerpo, en seguida!»
Cora rio, pero Regina estaba al límite, ya no tenía más paciencia. Con un gesto de la mano, estrechó las ramas que rodeaban el cuello de su madre, a esta comenzaba a faltarle el aire.
«Vuestra historia acabará allí donde todo comenzó»
Y con una última sonrisa, Cora desapareció en una nube violeta, dejando a la morena en cólera y desesperada para encontrar una solución
Vuestra historia acabará allí donde todo comenzó
Pensó durante unos minutos, y la respuesta atravesó su mente.
Allí donde todo comenzó.
El día en que salvó a Blanca, ese día en que sus destinos, así como el de Emma, se unieron.
Debía volver a casa.
Cora estaba orgullosa de sí misma, su plan marchaba a las mil maravillas. Su hija iba a intentar por todos los medios posibles salvar a la sheriff, pero ella iba a fracasar estrepitosamente, estaba segura.
Y una vez que Regina se diera cuenta de que no podría hacer regresar a Emma a su lado, estaría destruida y totalmente rota.
Y ella estaría ahí para recoger los pedazos de su corazón y de su alma.
Haría que su hija olvidsase a la rubia como olvidó a Daniel.
Con magia negra.
Pronto su hija estaría de nuevo a su lado.
En una nube violeta representativa de su magia, Regina apareció a algunos metros de ese árbol que había sido testigo de sus encuentros secretos con Daniel, algo que le parecía haber ocurrido hacía siglos. Ese mismo árbol desde el que había visto pasar a Snow sobre su caballo encabritado, y desde el que solo escuchando su valor partió tras él sin imaginarse las consecuencias de su acto.
Se acercó al roble y allí la vio, reposando en un altar de piedra bajo un lecho de hojas, una expresión serena en su rostro como si estuviera durmiendo.
Dulcemente como si tuviera miedo de que todo fuera un espejismo se acercó a ella.
Con sus finos dedos apartó un mechón del rostro de la rubia, colocándolo detrás de su oreja. Deslizó sus dedos por su mandíbula y acarició con un gesto lento esos labios que la víspera habían encendido su cuerpo. No hacía ni un día que Emma había sido secuestrada y sin embargo, ya la echaba en falta terriblemente.
Se quedó algunos minutos así, contemplándola, con miedo de intentar despertarla y no lograrlo. Pero cuánto más pasaban los minutos la espera se hacía más insoportable, así que reunió valor y depositó delicadamente sus labios en los de la rubia.
Para su gran angustia, nada de produjo cuando se separó de Emma y sus ojos verdes que tanto quería ver no se abrieron. No pudo contener por más tiempo una lágrima deslizando por su mejilla, pronto acompañada por muchas más.
Una vez más había perdido a su amor. Emma no volvería a su lado, nunca volvería con ella. Y en ese momento deseó que su madre le hubiera arrancado el corazón. Una vez más Cora ha obtenido lo que quería.
Las piernas de Regina se doblaron bajo ella y cayó al suelo, una de sus manos reposando sobre las manos cruzadas de la sheriff. Apoyó su cabeza sobre el frío altar y se dejó embargar por su pena.
No sabía cuánto tiempo había pasado llorando así, pero sus sollozos se detuvieron cuando su cuerpo ya no tenía más lágrimas que versar.
Y además algo inesperado pasó, algo que llenó de calor su corazón.
Escuchó muy claramente en su mente la voz de Emma.
«Te amo…»
Regina elevó la cabeza y fijo su mirada en la rubia con los ojos aún cerrados.
«Para siempre…»
Ella estaba segura, no lo había soñado, era Emma. No sabía cómo, pero había logrado transmitirle esas palabras desde el mundo de las almas perdidas.
El valor corrió por sus venas, dándole de nuevo las fuerzas para levantarse e intentarlo una vez más.
Entonces, otra vez posó sus labios sobre los de la Salvadora, pero esta vez en un beso desesperado, transmitiéndole todo su amor. Sintió un inmenso calor invadir su cuerpo y un halo de luz las rodeó.
Cuando finalmente se separó de la rubia, sus ojos fueron acogidos por un océano esmeralda y una inmensa sonrisa apareció en sus labios. Emma había vuelto a ella, su salvadora estaba de nuevo a su lado.
«Yo también te amo. Para siempre»
Y sus labios se unieron de nuevo en un beso apasionado al que esta vez la rubia sí respondió.
