All the Lost Souls

-I'll take everything-

Las personas de la sala miraban con confusión a James Potter, que se pasaba una mano por el cabello y caminaba de un lado a otro. Sus lentes de marco grueso estaban torcidos y sus ojos reflejaban preocupación.

-No puedo comprender lo que me estás diciendo, James.- La voz de Albus Potter retumbo por todo el cuarto, el joven se encontraba parado en una esquina con los brazos cruzados en su pecho. Su pie izquierdo se movía irregularmente, como un tic nervioso.

-¡Demonios, Al! ¡Me dijo que era una Black, y tenía todas las características de una! Cabello castaño, casi negro y ojos azules y muy oscuros. Podría jurar que era Walburga reencarnada.

Walburga Black, antes de enloquecer por completo cuando su hijo mayor, Sirius, se negó a seguir a Voldemort, había sido una mujer con una clase y belleza extraordinaria envidiada por todas las mujeres de sangre pura. Pero eso no era lo más extraño, si no el hecho de que una joven dijera que era Black, cuando el ultimo había muerto muchos años atrás.

-Es imposible, debe de ser alguna impostora, James.- con voz decidida Albus camino lentamente hacia el centro de la habitación y tomo a su hermano por los hombros. Albus sabía que su hermano nunca mentiría sobre un tema tan importante y sensible como ese.

Todos los presentes asintieron.

James miro a su alrededor y encogió sus brazos con resignación. Miro a su hermano y asintió al mismo tiempo.

-La encontraremos.

Scorpius Malfoy fue el único que no asintió ante esas palabras.

Se le hacían tan parecidas a unas que había escuchado un tiempo atrás.

Afueras del Bosque Sherwood, Noviembre 29

-¡Aiden, mi amor ya no corras!

Aiden corrió por el Bosque sin detenerse, había sido una mala idea aceptar jugar con él. Mi respiración estaba acelerada y sentía como si mis piernas fueran a flanquearme en cualquier momento. Mas sin embargo, las carcajadas de Aiden se podían escuchar como ecos a mi alrededor. Teníamos algunas horas jugando ya, Bethany se nos había unido pero había sido llamada hacía ya tiempo y solo quedábamos nosotros.

Podía escuchar las hojas y ramas crujir bajo mis pies mientras caminaba buscando pistas de Aiden, no podía haber ido muy lejos. Al ser Noviembre corría el viento con fuerza, revoloteando todo mi cabello hacia los lados impidiéndome ver a mi alrededor, estábamos lejos de casa pero estos bosques eran seguros.

Hacia unas semanas Aiden había comenzado a ir a la escuela, junto con otros niños de su edad. Era una escuela muggle, teníamos que mantener nuestros perfiles bajos y Aiden lo sabía. Nos habíamos subido a un auto que Raleigh había conseguido y lo llevamos a un colegio muggle en el centro de Londres, la directora nos había recibido con una sonrisa amable y cálida, pero cuando escucho nuestros apellidos su sonrisa se fue desmoronando lentamente.

-¿Anabelle Black?- La voz de Ma'am Pomire se escucho dudosa y ligeramente asustada.

Yo asentí con la cabeza, mientras ponía mi mano en el hombro de Aiden, que jugaba con las lentejuelas de mi vestido negro.

Sabíamos que utilizar el apellido Black era peligroso, pero teníamos que mantener las apariencias. Los Blacks eran reconocidos tanto en el mundo muggle como en el mágico a pesar de todo el tiempo que había pasado. Habían sido contribuyentes a miles de asesinatos no tan anónimos, pero habían desaparecido por algún tiempo.

Hasta que llegamos nosotros.

-Espero que comprenda que somos una familia que no causa problemas, Ma'am, y le pido de favor que mantenga esto entre nosotras.- respondí sonriendo, mientras besaba los cabellos de mi hijo con suavidad, sin quitarle la mirada de encima a Ma'am Pomire.

-Comprendo la situación, Señora Black. Somos una escuela privada y mantenemos los secretos de nuestros clientes.- su voz se volvió estrictamente profesional y estiro la mano para estrechármela.

-No hay de qué preocuparse por los secretos, no hay ninguno, y por favor llámeme Anabelle.

-¡Mamá!

Su suave voz se escuchaba restringida, como si le estuvieran tapando la boca. Mi cuerpo se tenso y los peores escenarios pasaron por mi mente. Aiden está en peligro.

Corrí entre los árboles con mi varita en mano, los primeros copos de nieve cayendo sobre mi cuerpo. Mire a ambos lados con desesperación, ¿Dónde podría estar?

Escuche crujidos y a lo lejos divise a Bethany con él.

Mi corazón aun palpitaba con rapidez cuando pude ver la razón por la cual Bethany le tapaba la boca.

Un hombre caminaba encorvado, con una larga cicatriz en la cara que le llegaba hasta el cuello y una túnica negra que hacia resaltar su palidez.

-Ah, aun veo que conservas al pequeño lobo, ¿eh? Lo bueno es que aún le queda tiempo para convertirse, Rose. No haces ningún bien mezclándolo con otros tipos de personas, pero ¿Quién soy yo para decirte que hacer? Mientras tú hagas lo que es acordado eres libre-. Soltó una carcajada nasal.- A mi hermosa Bethany, veo que sigues ciento tan bella como siempre, supongo que Raleigh hace un buen cargo de ti.

Marcus Bansour era por decirlo en pocas palabras, nuestro "creador".

-Se que no ha habido mucho movimiento desde Octubre, pero necesito que me ayuden con algo. Slavick me ha estado dando problemas y necesito que todos hagan algo al respecto, no puedo andar tras él cubriendo todos sus errores.

Sin decir una palabra más, Marcus sonrió y despareció con un Crack.

Con mi varita aun estirada, regresamos a nuestra cabaña en silencio.

Cuando entramos, el leve olor a comida quemada entro por nuestras narices y fuimos recibidos por un Robert en delantal, su cabello rubio mojado moviéndose mientras cantaba con una cuchara. Raleigh estaba inclinado en la mesa con un periódico, sus rizos negros tapando ligeramente sus ojos que se movían frenéticos sobre el papel, soltando suspiros de vez en cuando.

Dándose cuenta de nuestra llegada, ambos sonrieron en forma de saludo, pero al darse cuenta de nuestras caras supieron que había algo mal.

-Marcus.- fueron las únicas palabras de Bethany.

Aiden corrió hacia su cuarto a jugar, mientras nosotras explicábamos lo ocurrido. Robert y Raleigh asintieron mientras miraban el calendario y acordaban fechas. Era su turno de completar una misión. Dando la noche por terminada, subimos al cuarto, no sin antes darle un vistazo al periódico.

Scorpius Malfoy inicia la Tercera búsqueda por Rose Weasley, desaparecida el 1ro de Febrero cerca de Hogwarts.

Mi corazón esquivo un latido.

En algún lugar cerca de Londres.

-Scorpius, hermano, deja de tomar.- dijo la voz de Albus Potter, que entendía los sentimientos de su mejor amigos, que miraba la botella de cerveza como si fuera la culpable de todos sus problemas.

La mirada del rubio choco con la del pelinegro, llena de dolor. Scorpius sabía que Albus también sufría, pues era su prima y la amaba. Pero era un amor diferente al de Scorpius, que cada vez que pensaba en ella perdía la razón. Albus y Rose siempre habían sido cercanos, pero cuando ella fue seleccionada a Slytherin el y ella se volvieron amigos inseparables, resultando a un amor que les tomo mucho tiempo aceptar y que los demás aceptaran. Además Albus tenía a Alice para mantenerlo en línea y el no tenía a nadie.

Tenías a Rose.

La mirada de todos las personas del bar se fijaron en Scorpius, que azoto el bote de cerveza contra la barra, derramando un poco. Se levanto tambaleándose y camino hasta la puerta, dejando entrar la fresca brisa al local.

Albus Potter lo siguió después de arrojar unas cuantas monedas al mesero.

La noche aun era joven, y se escuchaba la vida de Londres. Las calles estaban llenas de personas caminando o hablando por teléfono en las paradas. Niños, jóvenes y adultos iban y venían de un lado a otro.

Caminaron juntos hasta llegar a una banca cercana a un parque y se sentaron en silencio, absorbiendo los ruidos de sus alrededores.

Una carcajada femenina les llamo la atención a ambos.

Una mujer pelirroja con cabello chino se reía mientras caminaba con un hombre alto, sujetándolo del brazo mientras sonreía. Scorpius se levanto con rapidez, corriendo en dirección de la pareja.

-¡ROSE! ¡Espera, Rose!

La pareja se detuvo y giraron hacia él.

La joven era pelirroja como Rose, pero no era Rose. Su nariz era mas larga y menos puntiaguda y tenia los labios demasiado finos. Ambos lo vieron con curiosidad y molestia antes de girar y continuar caminando murmurando en voz baja.

Scorpius se dejo caer de rodilla el pavimento.

Anabelle Black, que por azares del destino había salido a dar un paseo para despejar su mente, se paró en seco. Su corazón palpitaba con violencia, le escocían los ojos y sentía sus labios temblar. Un sollozo se escapo de sus labios, seguido por muchos otros.

Cerró los ojos y desapareció de ese lugar.

Pero en el lugar que antes había estado ahora posaban los ojos del rubio, que no había podido evitar verla.

Podría decirse que Scorpius Malfoy estaba más que desconcertado.

*Me escondo debajo de una piedra con vergüenza* Se que no merezco vivir después de mi gran ausencia (Un año dos meses) pero tuve muchos problemas personales y no me logre dar el tiempo necesario para mis Hobbies, en especial escribir. Pero ahora estoy a mi 100% y Juro solemnemente actualizar con frecuencia sin largos periodos de ausencia! Les agradezco mucho a mis lectores y espero que este capítulo sea de su agrado.

Domingo, 31 de agosto de 2014

12:50 a.m.