All the Lost Souls

-I Hope-

Las pisadas arrastrándose por el suelo lo regresaron a la realidad. Scorpius Malfoy miro a su alrededor, quitando la mirada del punto donde aquella chica había desaparecido. Cuando la vio sintió una mezcla de sentimientos que pensaba ya haber olvidado un tiempo atrás.

-Supongo que tú también la viste.

La voz de su amigo tenía un deje de desagrado y repulsión, y Scorpius no pudo evitar pensar que le habría ocasionado a su amigo pensar así. Miro a Albus con una ceja alzada y Albus a él con atención.

Scorpius seguía de rodillas en el pavimento.

Giro su cabeza a la derecha y logro ver dos diminutos puntos que caminaban ya lejos. En verdad había creído que era Rose, podría haberlo jurado. Una suave lluvia comenzó a caer, mojando sus ropas y llevándose consigo el estado de ebriedad de Scorpius.

-No me veas así, esa chica simplemente te vio y se dio la media vuelta. Seguramente era una de tus seguidoras desquiciadas.

El desprecio de Albus no pudo haber sido más claro para él. Desde que Rose había sido secuestrada, el dulce y valiente Albus se había convertido en una piedra, la única que lograba sacarlo de ese estado de agriedad era Alice, que con sus cabellos rubios y cara redonda, lograba sacar lo mejor de él.

Scorpius asintió dándole la razón, aunque el sabia que aquella chica no había sido ninguna de sus seguidoras.

Caminaron juntos bajo la lluvia, ambos simplemente olvidando a aquella joven que se cruzo en sus caminos.

El clima no pudo haber descrito mejor sus sentimientos.

La lluvia caía sobre ella mientras corría por el bosque, sus extremidades rozando con las ramas de los arboles, creando líneas rojas alrededor de ellos.

Cuando llego a la cabaña, recargo su cabeza contra la puerta de madera y respiro tratando de controlar su respiración. Ella era fuerte. Había sobrevivido tanto tiempo sin ninguno de ellos.

Pero ver a dos personas de su pasado en tan poco tiempo era demasiado.

No era la primera vez que se topaba con alguno de ellos, 9 meses antes había visto a su madre caminando por el Ministerio de Magia mientras hablaba por un teléfono muggle. Su corazón se había hecho añicos al verla.

Hermione Weasley camino a su lado y sus hombros se rozaron, un rayo de electricidad pasando entre ellas.

Un rayo que Hermione interpreto como una mala señal. Miro a Rose con suspicacia por debajo de sus pestañas sin dejar de hablar y siguió caminando por la calle, el sonido de sus tacones mezclándose con el de las demás mujeres.

No hubo ni un momento de reconocimiento.

Cuando por fin tuvo el valor suficiente entro a la cabaña, quitándose las botas al lado del tapete y colgando su abrigo en un gancho de la entrada. La cabaña olía a pino, invierno y familia.

Olía a casa.

Normalmente solían viajar de ciudad a ciudad, de país a país, para completar las misiones que Ellos les encargaban. Pero ahora que Aiden iba a la escuela se turnaban para salir en parejas. Rose tenía un cajón lleno de identificaciones falsas, nombres y edades diferentes. La gente pensaría que era infeliz con su vida, pero en realidad estaba satisfecha.

Estaban satisfechos.

Robert, Bethany, Raleigh, Aiden y ella habían formado una familia. Las navidades, los años nuevos, cumpleaños, vacaciones, todo lo había hecho juntos. Con el tiempo Raleigh y Bethany se habían dado cuenta que entre ellos había más que amistad y se habían juntado, ella tenía a Aiden y Robert, cuando no tenía trabajo, se la pasaba de fiesta en fiesta, de bruja en bruja.

Sonriendo, camino a la cocina, sus pies descalzos creando casi ningún ruido. Se recargo en el marco de la entrada, inhalando el olor a galletas recién hechas. Bethany se movía de un lado a otro, su cabello rubio ondulado moviéndose mientras bailaba y su blusa blanca resbalándosele de un hombro. Su mejor amiga le hacía caras chistosas a Aiden, que con la boca llena de galletas se reía de ella.

Por un momento olvido a Scorpius, a James y a su madre.

Aquí tenía a su verdadera familia.

Kensignton St.

Anabelle Black y su hijo, Aaron Black, caminaban agarrados de la mano entre los edificios de la ciudad en dirección a la escuela. Aaron cargaba con una mochila pequeña de color negro mientras que Anabelle cargaba un paraguas en su mano libre.

Cuando llegaron, ella se despidió de un beso en la frente mientras que el niño corría a la entrada.

Anabelle suspiro y cerró el paraguas.

Camino hasta una banca seca, se sentó y cruzo las piernas, busco en su bolsa negra un sobre y lo abrió.

Rose, querida:

La dirección es Hamphire St. Busca a Carson Meyer. Se Anabelle.

Marcus.

Hamphire se encontraba cerca del Ministerio, haciendo todo esto mas peligroso. Volvió a suspirar y se paso una mano por el puente de su nariz, apretándosela.

Cerró los ojos y se apareció.

Cuando volvió a abrir los ojos estaba frente a un edificio antiguo de ladrillos y suciedad. Arrugo la nariz con desagrado pero entro, sorprendiéndose de que fuera completamente diferente. El suelo era de color blanco brillante, la recepción era de madera con cuadros de artistas reconocidos y olía a limpio.

Lentamente se acerco a la mujer que se encontraba en un escritorio, sus tacones creando un eco en el lugar. La recepcionista, una mujer unos años más grande que ella miro hacia arriba, topándose con los ojos azules de Anabelle, mientras tragaba con dificultad. La mujer comenzó a mover sus dedos con nerviosismo sobre su escrito y sus ojos miraban a todas partes menos a ella.

Anabelle no pudo más que suprimir una mirada arrogante.

-Tengo una cita con Carson Meyer.

La recepcionista miro por fin a Anabelle, encontrándose con una cara inexpresible, imposible de leer. Intentando pasar desapercibida, busco su varita en bolsillo pero una risa entre dientes la recepcionista detuvo. Anabelle se miraba divertida pero sus ojos azules demostraban todo lo contrario.

La joven Black estaba muy irritada con la persona que tenía enfrente.

Se acerco un poco más al escritorio, la tela de su vestido negro pegándose peligrosamente a sus caderas y piernas, dejando sin imaginación a quien la viera. Cuando estuvo a punto de apoyar sus manos en el escritorio de la inútil que no le supo decir sobre Meyer, una voz le hablo:

-Veo que nunca dejas de ser tan tormentosa, hermanita.

Carson Meyer había estado con ella en Slytherin, pero mientras que ella estaba en Quinto el se iba graduando. Y aunque ella siempre se la pasara con su familia, siempre dejaba tiempo para escaparse con Carson a Hogsmeade.

-Podría decir que tu igual, hermano.-la sonrisa fingida de la joven Black se volvió sincera y brillante, recordándole a Meyer de la chica torpe y pelirroja que Anabelle solía ser. Rose Weasley solía ser una chica alta, pelirroja, dramática, amable y muy inteligente. Esa inteligencia la había llevado hasta donde estaba ahora.

Con él.

Cualquier persona con sentido común hubiera decidido cortarse un brazo antes de encontrarse con él. Carson Meyer era conocido por sus negocios con la magia negra y el tráfico de muggles y sangre sucias. Cuando se conocieron en Hogwarts, Carson era un maestro en el arte de hacer pociones y hacer sus propios hechizos, los demás estudiantes lo repelían como si tuviera alguna plaga, y los de su casa lo miraban con respeto.

Excepto ella.

La primera vez que la vio fue en el Bosque Prohibido, estaba de rodillas al lado de un venado muerto, manchada de las rodillas con su sangre. Carter estaba sorprendido cuando vio que la chica traía el uniforme de Slytherin, así que se escondió a ver que sucedía, pues seguramente siendo de Slytherin usaría al animal muerto como experimento de hechizos o algo igual de maligno. Pero no. Rose Weasley acaricio la cara del animal y sollozo. Un "¿qué demonios?" se formo en su cabeza. Rose con un movimiento de su varita hizo un hoyo en la tierra y levito al animal, aun llorando. Murmuraba para si mi misma una y otra vez, logrando que Carson captara las palabras "magia" "mi culpa" "inocente". Cuando Carson se dio cuenta de que Rose había matado al animal por un ataque de magia irracional, suspiro con pena, a él también le había pasado antes.

El suspiro había llamado la atención de Rose, que lo había volteado a ver asustada y llena de residuos de sangre que había en el suelo del bosque. Él le había asegurado que no diría nada y la ayudo a enterrar al animal en silencio.

Podría decirse que después de eso se hicieron de los mejores amigos, él con 16 y ella con 13 años.

También podría decirse que su amistad no fue conocida por nadie más que ellos mismos.

Carson camino a paso decidido y la abrazo con fuerza, suspirando los recuerdos.

Rose lo abrazo de regreso y él no pudo evitar extrañar el rojo de su pelo mientras escondía su cabeza entre el cuello de la chica.

Se soltaron y caminaron a la oficina de Meyer, sus zapatos rechinando contra el reluciente suelo.

-Se que estas aquí por un acto no tan puro como el de simplemente quererme verme, Rose.

Rose abrió los ojos y lo fulmino con la mirada, divertida.- ¡Carson, es Anabelle!

-Misma cosa, no hay nadie que nos escuche, ahora dime.- El rubio la miro con sus ojos verdes llenos de seriedad, pero con una sonrisa de medio lado, explicando a su manera que se alegraba de ver a la chica. Carson la apuro con una mano mientras subía ambos pies al escritorio.

-Me mandaron Ellos, Carson. ¿Qué has hecho? ¿Qué quieren de ti?- la preocupación era evidente en su voz, algo andaba mal. Hacía años que no veía a Carson, pero su amistad era tan pura que no se necesitaba la cercanía.

Carson bajo los pies del escritorio con lentitud, asintiendo hacia sí mismo. La sonrisa se desvaneció y sus ojos verdes se vaciaron. Cuando miro a Rose a los ojos, ella no pudo más que abrir la boca y quedarse sin aire.

Algo malo estaba pasando.

-Renuncie al tráfico de muggles, tu mejor que nadie sabes que eso era enfermo, puedo matar gente a diestra y siniestra pero con razón alguna, y traficar muggles era para caprichos de magos.

Un nuevo respeto se formo hacia su mejor amigo de Hogwarts.

Rose asintió, porque mal que bien ella no tenía la sangre pura del todo. Hermione Granger había sido hija de muggles.

Se estuvieron unas cuantas horas más conversando, pues ahora ya sabía para que Marcus la había mandado allí.

-Carson, me tengo que ir. Aiden sale de la escuela pronto.- en el momento en que Rose Weasley, con cabello negro y ojos azules un tono más oscuro, se levanto de la silla donde antes había estado hablando con Carson Meyer, se convirtió en Anabelle Black, con una cara de mármol inexpresiva.

Carson asintió, estaba al tanto de Aiden "Aaron" Black.

-Supongo que nos veremos en algunos años, ¿no?- La joven de cabellos negros asintió.

Carson dio grandes zancadas hasta donde ella estaba y la envolvió en sus brazos por un largo tiempo.

Nunca habían estado más equivocados.

3 cuadras de Kensington St.

Dominique y Victoire Weasley habían decidido caminar por Kensignton High Street en busca de un vestido de fiesta de graduación para Dominique, las tiendas que esa calle tenía eran realmente caras pero la ropa era preciosa.

Cargando bolsas de colores de diferentes tiendas, brazo en brazo las hermanas caminaban charlando y sonriendo, Victoire tenía unos meses de casada y no podía estar más radiante. Cuando pasaron una tienda con el nombre de "Itus Laugh" que mostraba ropa de toodlers y niños decidieron entrar.

Ja, una buena sorpresa se llevarían.

Anabelle Black camino por la calle, atrayendo miradas indeseadas y envidias con buena razón. El episodio de la noche anterior no se volvería a repetir. ¿Quién se creía llorando a mitad de la calle como una cobarde? No,no,no, había sido por su propia cuenta que se había ido. Nadie la había obligado y si, tal vez le infiltraron ideas y si, tal vez al principio se había arrepentido.

Pero no, no se arrepentía ahora.

Miro el reloj de su muñeca, aun tenía tiempo de sobra y estaba cerca de la escuela. Las tiendas a su alrededor le llamaron la atención y mirando una vez más su reloj, se propuso a comprarle una nueva chamarra a Aiden y una bufanda para ella.

Camino unos cuantos minutos hasta que se topo con una tienda con ropa de niños atractiva, con grandes ventanales mostrando la ropa. Ocultando su varita en su bolso y recargando sus lentes de sol en el cabello, entro.

Hileras e hileras de ropa se abrieron entre ella, camino hacia una isla de chamarras y las toco con delicadeza, buscando la más suave que proporcionara calor en esos meses de invierno.

Cuando finalmente encontró una roja de cuadritos y piel de borrego dentro, camino hacia la caja donde un joven de su edad se encontraba acomodando unas bolsas. El joven la miro a través de sus lentes de marco grande y sonrió estirando la mano para recibir la chamarra y cobrarla.

-¿Para su hermano?

Ella simplemente agito la cabeza con tranquilidad.- Mi hijo.

Se podría decir que al joven se le salieron los ojos de orbita. No podía creer que aquella chica estuviera comprando ropa para su hijo cuando no aparentaba tener más de 19 años. Sacudiendo la cabeza le sonrió a la chica, que le regreso un asentimiento de cabeza, agradecida de no ser cuestionada.

Cuando se dio la vuelta para salir, algo choco contra ella haciéndola retroceder y tambalearse en sus finos tacones negros. Con una mueca de molestia se giro para ver al culpable pero lo que vio fue a una joven rubia con unos jeans desgastados y una blusa rosa mirando a cualquier lado menos a ella.

-¡Lo siento muchísimo! ¡No me fije por donde caminaba!

La rubia estaba abochornada, acababa de hacer el ridículo frente a una chica preciosa, el vestido negro que traía realmente resaltaba su cuerpo y se veía muy caro y formal, seguramente venia de una cita importante o del trabajo cansada y capaz y…

La joven con la que choco le toco el hombro ligeramente y agito la cabeza con delicadeza, como si supiera lo que ella estaba pensando.

-No hay cuidado.- su voz era dulce y familiar, muy familiar.

Dominique Weasley finalmente alzo la mirada y choco contra unos ojos azules del color de la noche incapaz de despegar su mirada.

-La verdad lo siento, mi nombre es…

-¡Dominique! ¿Caray porque me dejaste esperando?-otra rubia, un poco más refinada que la primera se acerco con un montón de bolsas en la mano sacudiendo los brazos, pero al ver a su hermana hablando con alguien se paró en seco y miro desafiante a la chica que tenía una mano en el hombro de su hermana esperando a que removiera la mano inmediatamente, pues no le daba buena espina.

Había algo extraño en ella.

La joven removió la mano lentamente mirando a Victoire Weasley con inexpresividad y asintiendo con una sonrisa de labios a Dominique antes de darse la vuelta. Cuando estuvo a punto de abrir la puerta, haciendo sonar la campana una pregunta se escapo de los labios de Dominique:

-¿Cuál es tu nombre?

Y esta vez la sonrisa de la joven no fue dulce o amable, si no todo lo contrario.

-Anabelle Black.

Por primera vez actualizo "rápido"! Espero que les haya gustado el capitulo, lo escribí un poco más largo de lo normal, añadiendo un poco de información que capaz no tenga sentido por el momento pero lo tendrá. Sé que algunas veces cambio de Anabelle a Rose, pero tómenlo como si estuvieran viendo una película y descubres que el personaje en realidad es otro pero solo cambia el nombre. Siempre es Rose pero con otro nombre. Aquí pueden ver que Rose en realidad no era tan buena como al principio, salía a escondidas y tenía otras amistades mientras todos pensaban que simplemente estaba con su familia. Carson siendo un ejemplo de esto.

Domingo, 14 de septiembre de 2014

5: 50 pm.