Disclaimer: How to train your dragon no nos pertenece, es propiedad intelectual de Cressilda Cowell y animada por DreamWorks.

Advertencias: AU. Shounen-Ai/Yaoi. OoC leve.

Pareja: Eret/Hiccup.

Autoras: Abel L. Kiryû y monalisatormenta.

Lilith: ¿Qué tal? Aquí el segundo one-shot. Monalisatormenta escribió las bases y yo hice la edición . Por cierto, las personas aquí nombradas son autoras en fanfiction. Asmos es B.B. Asmodeus, Sam es ToothlessHaddock, y el libro mencionado es el fic de Minima llamado "Amo a un dragón" en Amor Yaoi .

Disfruten el capítulo.


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Capítulo Dos

Hacer un libro

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Eret Lee era un periodista reconocido. Algunos de sus artículos habían ganado premios, y se le conocía como Lengua de Plata en el mundo del espectáculo. Su vocabulario era espectacular y su forma sátira de ridiculizar a quien lo retaba, era temible. Trabajaba para Drago Bludvist, dueño de un periódico de renombre y ahora lo había llamado a su oficina para atender una enmienda.

Cuando entró su jefe estaba leyendo los últimos artículos que se incluirían en la publicación de la siguiente semana. Drago no le prestó atención enseguida y Eret, tan acostumbrado a las formas intimidantes de ser de su jefe, tomó fuerzas y habló.

—¿Me llamó, Drago? —sus atinados premios habían dado a Eret el privilegio de llamar a Drago por su nombre.

Drago no volteó a verlo, simplemente extendió una fotografía, dejando que Eret la tomara. En la imagen, se apreciaban cabellos cortos castaños o rojizos, ojos verdes (unos preciosos ojos verdes, si tenía que decirlo), pálida piel pecosa y una sonrisa de dientes enormes, que se apreciaba tierna; sostenía una libro cuya portada titulaba "Amo a un dragón".

—Ve a entrevistar a este chico —informó Drago distraídamente—. Hace poco publicó un libro, que ha ganado más premios que tu primer artículo en menos de un mes.

Eret estaba desconcertado, ya que no había oído hablar sobre él antes… ¿ÉL?

—Espere un momento… ¿él? —inquirió Eret mirando de nuevo la fotografía—. ¡Pensé que era ella!

—Nimiedades —desestimó Drago con un gesto de la mano—. Ve, haz la entrevista y consigue la exclusiva. La publicaremos antes que la revista de Hofferson lo haga, ¿entendido?

—Sí, señor —asintió.

Eret salió de la oficina y tomó el elevador hacia el estacionamiento. Montó su motocicleta (una clásica Harley Davidson) y condujo dos horas por la ciudad, hasta salir por la carretera estatal (según el GPS instalado en su moto) rumbo a la Mansión Haddock. Eret estaba impresionado con eso; no muchos escritores podían comprarse una mansión a menos de un mes de publicar un libro.

Cuando llego, Eret admiró la increíble mansión. Era cuatro veces más grande que su penthouse en la ciudad, con jardines amplios y una vista esplendorosa de campos agricultores. Bajó de su moto y se acercó al portón. Por la poca información que pudo recopilar antes de llegar, Haddock no tenía sirvientes, algo extraño teniendo en cuenta la excesiva cantidad de sirvientes que poseían los tíos ricos.

Tocó el timbre, esperando pacientemente a que le abrieran. No fue mucho tiempo hasta que escuchó un timbre diferente, que indicó que las verjas se abrieran ante, indicándole su entrada.

Eret caminó por el sendero pedrusco, bardeado de arbusto bien cortados y algunas fuentes de agua. El tal Haddock tenía estilo, algo afeminado para él, pero estilo sin duda alguna. Se encaminó a la puerta de roble rústico con ensortijados grabados de dragones y llamas, al parecer el entrevistado tenía gusto por lo fantástico.

«Seguramente ha de ser un tipo poco atractivo», pensó Eret.

Si había otra cosa por la que se le reconocía, era por su fama de casanovas y seductor irremediable. Eret tenía una lista de conquistas envidiable, tantos femenina como masculina, muchos nombres eran de artistas famosos a los que Eret había entrevistado (su lista iba desde Sam, dueña de una editorial multimillonaria, y Asmos, una increíble escritora).

No tuvo más tiempo para perderse en sus antiguas conquistas, la puerta fue abierta y por ella se asomó Haddock. Decir que la fotografía había captado su belleza implícita, sería una ofensa.

En cuanto Eret lo vio, pudo apreciar con más detalle los trazos finos de su cuerpo y los componentes finos, pero masculinos de su rostro. Desde el despeinado cabello cobrizo, delineó con cuidado cada parte, deleitándose ciertamente con la vista.

—Usted debe ser el señor Lee —dijo el muchacho. Su voz lo sorprendió, era suave, llena de matices y sin privarle de virilidad a su presencia. Eret supuso que tendría unos 18 años—. Drago me informó que vendría. Mi nombre es Hiccup Horrendous Haddock III, mucho gusto —extendió su mano con cortesía, dando un tímida sonrisa.

Eret correspondió la sonrisa, sintiendo inmediato agrado por el joven muchacho. Tomó la mano que le era ofrecida y la tibieza de Haddock fue una carga eléctrica para sus sentidos, algo que lo aturdió y por primera vez lo dejó sin nada atinado que decir. Hiccup no pareció notarlo, ya que soltó su mano y lo invitó a entrar.

El interior era vanguardista, los muebles combinaban y las paredes estaban llenas de cuadros y fotografías. Eret pudo apreciar a conocidos suyos, aquellas personas que había entrevistado en el pasado y que se contaban en su lista de amantes. Identificó a Asmos y a Sam y eso le sorprendió un poco. No sabía que ellas dos conocían a Hiccup, y lamentó no haber recolectado más información sobre ello, pero sus entrevistas siempre fueron por diálogo libre, nada planeado con anterioridad.

Eret alabó la increíble colección de fotografías, y apreció una que pensó sería imposible. Hiccup era abrazado por una escritora huraña y ermitaña, la conocía como Abel L. Kiryû, y ni siquiera él pudo obtener una exclusiva con ella (intentó ir a su residencia y utilizar su encanto natural, pero ella simplemente dijo: No me gustan los muggles, y le cerró la puerta en la nariz… Snotlout –un colega suyo- se rió por meses de él por como le quedó la nariz después de eso).

—No sabía que eras conocido de Abel —comentó Eret casualmente, justo cuando llegaban a la sala y tomaban asiento—. Supongo que llenas los requisitos necesarios para haberte ganado su afecto.

—Oh, nada de eso —replicó con cortesía—. Sí, la conozco, pero somos simples amigos. Ella es mi editora, y cuidó cada detalle de mi libro antes de publicarse. Siendo sincero, me da un poco de miedo. Cuando revisaba los capítulos que escribía, me arrojaba una enciclopedia si cometía una falta, ya sabe, ortográfica o gramática.

Eret sonrió. Sí, ella era la Abel que conocía.

—Antes de proseguir, me gustaría que me hablaras de tu —comentó—, cuando me hablan tan formalmente me hace sentir viejo.

Hiccup aceptó.

—Bien —prosiguió el periodista sacando su celular para iniciar la grabación—, antes que todo, me gustaría saber cómo la conociste. Debes conocer la fama que la rodea, y que también suele aventarle las enciclopedias a los que la incomodan.

Hiccup soltó una risa ligera que sencillamente cautivó a Eret.

—Es una historia graciosa. Me la presentó Asmos hace un año… —comenzó Hiccup.

La entrevista dio comienzo, y aunque era un profesional con años de experiencia, no pudo más que enfocarse en Hiccup. En el movimiento de los delgados labios al hablar, como con cada palabra se veía su lengua. Eret se preguntó si morderla levemente sería tan fantástico como lo imaginaba. Luego estaba su piel, blanca salpicada de pecas… podía perderse contándolas una a una después de hacerle el amor una noche. Diablos, pensó Eret, le costaba enfocarse en el hilo de la conversación; cuando oía sobre el largo camino que le tomó a Hiccup lograr que una editorial se dignara a leer su escrito, Eret estaba pensando en lo que se sentiría pasar sus manos por sus delgadas caderas. Si Hiccup decía algo sobre cómo lidiaba con su fama, Eret iba a remotos lugares de su mente donde su pelvis golpeaba con fuerza justo en medio de las abultadas nalgas.

Sí, Eret estaba en una mezcolanza de emociones, y Haddock las provocaba con el mero placer de su presencia.

—¿De dónde provino la inspiración? —preguntó Eret modulando el volumen de su voz, pero supo que de todos modos había sonado ronca, como cuando quería conquistar—. Me dijiste que Asmos, Sam y Abel fueron tus musas, pero la idea central de dónde provino.

—Fueron dos razones las que me sirvieron como base. Una, tengo ascendencia vikinga, y la otra, me gustan los dragones —la sonrisa que Hiccup esbozó logró que Eret quedara boquiabierto—. También pensé que las relaciones son difíciles, mucho más entre un dragón y un humano. Por eso me decanté por esa idea, por ahondar en los pros y contras de ese tipo de relación.

—Hiciste bien en recurrir a ellas, entonces —dijo Eret observando detalladamente como Hiccup cruzaba las piernas en un gesto tentador—. En escritos tabú, no hay mejor asesoría que la suya.

—¿Aunque haya quedado inconsciente por una enciclopedia? —preguntó mordaz.

—Aunque hayas quedado inconsciente por una enciclopedia —dijo Eret burlón.

Un momento de silencio, no incómodo, no vergonzoso. Sus miradas se cruzaron, se estudiaron, se analizaron. Eret no podía soportarlo más, la tensión había crecido hasta tal punto que la idea de seguir comportándose como un profesional le era anticuada, estúpida y ¡Oh, por amor al porno! Si no dejaba de verlo se arrojaría sobre él, para llevar a la práctica alguna de las escenas de su condenado libro.

—Eret, quisiera preguntarte algo —dijo Hiccup—. Quiero que sepas que estoy siendo sincero y que no pretendo aprovecharme de la oportunidad.

Eret parpadeó ligeramente.

—Claro, Hiccup, hazla.

Hiccup lo miró seriamente, pero podía apreciarse un tenue destello de algo que Eret identificó perfectamente.

—¿Tengo que enviarte más señales o por fin me besaras?

No hubo necesidad de más palabras, o de continuar pretendiendo recato o seguir procurando indirectas. No pasó ni un segundo para que Eret se lanzara contra el delgado adolescente y atrapara su boca en un beso demandante, casi rasgando los delicados labios en una caricia asfixiante. Hiccup rodeó el masculino cuello, librando a Eret de su pequeña coleta de caballo y enredando sus dedos en las ondas oscuras sueltas.

Las manos de Eret encontraron asilo en la estrecha cintura, y rápido encontraron camino debajo de la ropa. Tocar su piel fue probar el paraíso con los dedos, pellizcar las tetillas fue divino, pudo perderse en cada recoveco y se deshizo de la ropa que cubría su premio. Cuando estuvo desnudo, sonrió con aprobación.

—¿Te gusta lo que ves, verdad? —de nuevo, ese tono mordaz de Haddock. Él estaba sonriendo arrogante, sorprendiéndolo.

Eret no había pensado que alguien con la apariencia de niño bueno de Hiccup, pudiera hacer una pregunta y escucharse tan sensual. Quizás debió informarse mejor, obtener una vista preliminar, aunque eso le hubiera quitado diversión a su encuentro.

—Menos palabras, cariño, más acción —dijo Eret sosteniendo el mentón con una mano y con la otra trazando un sendero por la nalga izquierda rozando el aperitivo principal.

Inició de nuevo la guerra entre sus bocas. Eret estaba pletórico, Hiccup correspondía de una forma hermosa, atrevida e inocente a la vez, algo realmente apreciado. Notó el celular cuya grabación que seguía corriendo y se le ocurrió una genial idea. Levantó a Hiccup e hizo que enredara sus piernas en su cintura, luego lo llevó hacia la mesa. Mientras Hiccup se encargaba de deshacerse del pantalón de Eret, el periodista guardaba la grabación de la entrevista y activaba la función de videograbar.

—Ahora comienza lo divertido —musitó Eret.

Sorprendió a Haddock dándole la vuelta hasta dejarlo con el estómago recargado en la superficie de madera. Hiccup no lo esperaba y lo demostró con su cara de desconcierto absoluto, su asombro fue más cuando Eret le dio el celular y le indicó que lo sostuviera de cierto modo. Hiccup iba a preguntar qué pretendía, pero un dedo se deslizó dentro de él borrando cualquier interrogante y haciéndolo jadear.

Eret sonrió victorioso, sacando el apéndice y succionándolo entre sus labios. Haddock no tenía mal sabor, pero quería probar el propio néctar de la colmena

Se agachó hasta que su boca llegó a la rosada parte y lamió suavemente, tanteando al terreno y ganando un pequeño jadeo ansioso. Su sonrisa se ensanchó y puso todo su empeño en la laboriosa tarea, con cada calada aparecían más gemidos, se convertían en gritos y Eret sólo paraba cuando Hiccup dejaba de enfocar con la cámara.

—¡Oh, dios! ¡E-Es delicioso! —Hiccup se retorcía eufóricamente.

—Y todavía no empieza lo mejor —dijo Eret dando un último lengüetazo, acomodando se erección justo en el lugar que había lubricado con su saliva y lengua—. Aquí tienes la exclusiva.

Entró sin más preámbulos, disfrutando del aprisionamiento de las paredes de Hiccup. Era tan estrecho que fue un milagro llegar hasta el fondo. La presión era maravillosa, y casi se corre por ello. Eret pudo apreciar la sonrisa triunfante de Haddock, percibiendo cuan seguro estaba de ser el que le proporcionaba semejante placer.

—Veo que la modestia no es lo tuyo —Eret lo jaló de los cabellos, no para lastimarlo sino para compartir un beso.

—Nunca me preguntaste si lo era.

—No me interesó saberlo.

—Qué pésimo entrevistador eres.

Una embestida lo hizo gemir.

—¿Decías? —dijo juguetón.

—Mmm, si lo haces mejor que eso, lo pensaré.

Eret aceptó el reto. Lo tomó de las caderas y empujó de nuevo, tanteando el ritmo. Pronto se dio cuenta que Hiccup no requería delicadezas, ni cuidados, ni mimos. Hiccup podía ser sereno, inteligente y un hábil conversador, pero detrás de eso escondía lo insaciable, demente y anhelante que podía ser. Un manipulador nato, si tenía que decirlo de alguna forma.

Con renovado esfuerzo, Eret inició un ritmo insano, altamente inclinado a un paro cardiaco y sin oportunidad de descanso…

—¡MÁS! ¡OH, SÍ! —sus uñas rasgaron la fina madera cuando sus dedos ya no pudieron sostener el celular—. ¡SÍ, SÍ, SÍ! ¡AH, AH, AH! ¡POR DIOS, ERET, ME VUELVES LOCO!

Eret habría querido contestar de no haber estado ocupado con la faena, pero Hiccup estaba demasiado ocupado gritando para reclamarle algo. La mesa rechinó, víctima del poder empleado. Hiccup podía sentir los testículos de Eret golpeando sus nalgas, y la idea de probarlos surgió en su mente, claro, sería algo para más tarde, algo lento fuera del cuadro pasional del presente.

La batería del celular de agotó para cuando Eret estaba a punto de culminar, y sabiéndolo, alentó a Hiccup a unírsele. Masturbó al muchacho con demencial insistencia hasta que llegó al punto en que la represa cedió y un grito de loco placer inundó cada una de las habitaciones inundó el recinto de Haddock.

Eret trataba de regularizar su respiración, pero las consecuencias del orgasmo fueron mucho más avasalladoras de lo común, por lo cual se contentó con recaerse un poco en la espalda de Hiccup y depositar besos agradecidos en la nuca humedecida por el sudor.

—¿Y bien? —dijo Eret—. ¿Te sigo pareciendo un pésimo entrevistador?

Hiccup rodó los ojos.

—Tu ego debe ser increíblemente grande para que me preguntes eso después del sexo.

El periodista soltó una carcajada ahogada.

—Casi tanto como tu insaciabilidad.

Touché.

—Espero que el material que te di, sirva para escribir un artículo decente —comentó Hiccup dando un largo suspiro—. Mi editora quiere buena propaganda por "perder" su tiempo para ver porno ayudándome con la edición.

—Podría escribir un libro… lo haré, de hecho. Lo titularé: "Cómo joderse a Haddock: Manual Básico".

—Es el peor título que he oído en mi vida —Hiccup comentó con acidez—. Mereces que te avienten una enciclopedia.


Lilith: Bueno, eso es todo por el momento, agradecemos los review y pronto publicaremos más hard eretcup por aquí, ya saben, para que el fandom tenga variedad y los próximas generaciones pervertidas encuentren más cosas por ver x)