All the Lost Souls

-Red Lights-

Victoire Weasley se quedo mirando a la puerta, la campanita que indicaba que alguien había salido aun sonando en sus oídos.

¿Quién demonios era esa chica? ¿Quién se creía moviéndose con el apellido Black? Y su hermana, ¿Qué acaso no presintió el peligro?

Dominique la observaba mientras se arreglaba el cabello rubio despeinado, tenía mucha curiosidad a esa joven, ¿Por qué le parecía tan familiar? Se encogió de hombros, ella no había más que amable con ella no tenia de que preocuparse.

La rubia más grande saco un teléfono muggle, nunca tan agradecida de tener uno como en ese momento.

-Dame un segundo, voy a llamar a Teddy.

Oh-oh, capaz y si había algo de qué preocuparse.

Rose Weasley se sentía capaz de matar a alguien en cualquier momento. No solo había usado su facade frente a una persona potencialmente peligrosa y astuta como su prima Vic, sino que también había visto como su pequeña prima Dom seguía sin ser corrupta por su hermana.

Pero Rose tenía que ser Anabelle, y Anabelle era inexpresiva sobre sus sentimientos.

Aun así, con paso apurado camino a la entrada de la escuela, su bolsa de la tienda girando peligrosamente en su muñeca. Madres la miraban con envidia por ser tan joven y los padres con lujuria por la misma razón, pero ella los ignoro a todos. Por donde caminara las masas de padres ansiosos por llevarse a sus hijos se abrían, dándole espacio por donde caminar. Aun faltaban unos minutos para que tocara el timbre de la salida, pero ella ya estaba enfrente de la puerta.

Cuando finalmente se abrieron las puerta, niños salieron corriendo y gritando, Aiden entre ellos. Con su pequeña mochila rebotando en su espalda y una sonrisa de felicidad fue como recibió a su madre.

Rose suspiro con alegría, tenerlo separado de ella siempre le causaba pavor.

-¿Cómo te fue hoy?

Aiden se lanzo a contarle su día detalladamente mientras ella lo miraba divertida. Cuando el pequeño termino de explicarle todo, Rose decidió llevarlo por un muffin de chocolate, el día lo merecía.

Caminaron de mano en mano por la calle hasta que llegaron a "Peter's Bakery, the Best in Town!", Aiden comenzó a gritar de emoción cuando vio que comería postre antes del lunch.

Cuando entraron, Rose no pudo evitar sentir que era observada y se comenzó a sentir inestable, su buen humor bajando considerablemente para ser remplazado por preocupación. Bajo la mirada para ver a Aiden correr por todo el local poniendo sus pequeñas manitas en los vidrios para ver los pasteles, y decidió olvidar todas sus preocupaciones por un momento.

-¿Qué te parece si compartimos un pastel de chocolate? Hoy me siento capaz de comer todo el chocolate del mundo.- Rose exclamo, sobándose su estomago sobre la fina tela de su vestido.

En ese momento sin preocupaciones, no le importo que vieran a Anabelle Black haciendo el ridículo junto con su hijo, no es como si muchos la conocieran de todas maneras.

Aiden rio y asintió, haciendo un baile de felicidad. Rose lo siguió y juntos movieron las caderas mientras esperaban por su pastel y chocolate caliente. Las personas detrás de ellos se contagiaron de su felicidad y sonreían al ver a una madre y a su hijo bailando por algo tan sencillo como un pastel de chocolate.

Cuando recibieron el plato y las tazas de chocolate, y un guiño del joven que los atendió, se sentaron en una mesa cercana y platicaron cosas sencillas y divertidas. Aiden le pedía a su mama que le contara de su infancia y ella, en voz baja le contaba sobre escobas voladoras y fuegos artificiales en forma de dragones.

El resto de la tarde se la pasó comiendo y riendo, sin darse cuenta del peligro que los acechaba.

¿o habrá sido que Rose ignoraba la picazón que la marca tenebrosa le ocasionaba?

Cuando llegamos a casa, no pude evitar un suspiro. Había sido una tarde muy entretenida, algo que nos había hecho falta a los dos. Sin contar el encuentro con Carson que me había traído tanto buenos como malos recuerdos, y el encuentro con Vic y Dom, que había intentado esconder en la parte más lejana de mi mente.

Nos quitamos los zapatos en el tapete y pusimos los abrigos en el gancho de la entrada, felices de estar en el calor de la casa. Aiden subió corriendo a su habitación mientras yo buscaba a Bethany que debería estar aquí.

-¡Beth! ¡Trae tu trasero rubio a la sala!- me tire sobre el sillón con felicidad, al fin podía decir cosas estúpidas e informales sin tener que ser Anabelle.

-¡Ya voy, ya voy!- se escucharon las pisadas de Beth, que saco la cabeza detrás de un florero, su melena rubia un poco despeinada, pues la muy maldita había tenido día libre hoy.

-¿Cómo te fue?- pregunto Beth, cruzando las piernas debajo de ella mientras inclinaba la cabeza en mi dirección. Se notaba la curiosidad en sus ojos.

-Podría mentirte y decirte que lo normal, pero eso sería una mentira.- De ahí proseguí a contarle sobre el encuentro con mi prima y Carson, sin especificar demasiado en Carson. Beth siguió mi narración atenta a todas mis palabras asintiendo.

-No podemos negar que fue un día muy entretenido. Aparte en mi camino me encontré con Aiden y me dijo que bailaron en una cafetería, eh. Vas a darle buena fama a Anabelle.- sonrió guiñándome un ojo, pues estaba al tanto de todo.

Así como yo de ella.

Bethany era unos cuantos años más grande que yo y había huido de su familia conservadora que la trataba como si fuera más débil que los demás. A sus 22 años, Bethany Oslav era una de las mujeres más conocidas y perseguidas en el mundo mágico por su presencia en cientos de asesinatos en los últimos 3 años. A los 19 había sido reclutada por Marcus, haciéndose una imagen de sí misma muy poderosa.

Ella juro que nunca volvería a ser catalogada como una persona débil.

Pero sentadas juntas, en esa cabaña a la que ahora llamaban casa, podían ser libres, y nos es que fuéramos quien en realidad éramos, pues Anabelle Black era tan real como Rose Weasley y Bethany Oslov era tan real como Bethany Di Martis. Sentadas en ese sillón éramos unas niñas que simplemente habían crecido muy rápido y que eran perseguidas por un pasado que no les quitaba el sueño.

Esa noche ambas se fueron a dormir sin saber que sus vidas darían giros inesperados.

Scorpius Malfoy camino por las calles con las manos en los bolsillos y la mirada perdida. Después de un largo día en la oficina de Aurores salió a caminar y despejar su mente. Cuando vio una cafetería no muy llena se dirigió a ella a paso apresurado.

Cuando estuvo frente a la puerta se pasó la mano por la cabeza y respiro profundo, cerrando los ojos.

Cuando los volvió a abrir tenía una meta que cumplir, no podía seguir sumergido en miseria tras la pérdida de Rose. Ella no había sido su primer amor y tampoco sería el último.

Ah, pero si la amaste más que a cualquiera de todas las otras, ¿no? Si no fuera así estarías ya con otra chica después de tres años.

Sabía que su mente estaba en lo correcto, pero ya era tiempo de superar esa herida en su corazón. Cuando entro, el ambiente era fresco y olía a galletas recién hechas, haciéndole sonreír.

Huele como la Madriguera.

Cuando se dirigió a la fila pudo observar como una joven hacia un baile de felicidad al recibir un pastel de chocolate y se lo daba a un niño a su lado. El pequeño al ver el chocolate soltó un grito de felicidad, ganándose risas por parte de las personas que estaban haciendo fila detrás de ellos.

La joven estaba terminando de pagar cuando un "¡Apúrate mamá!" retumbo por la cafetería. Scorpius Malfoy no pudo evitar mirar a la chica con los ojos abiertos de par en par.

La joven vestía un vestido negro hasta los pies, abrazando todas sus curvas con delicadeza, su cabello negro le llegaba hasta la mitad de la espalda en risos ondulados y cuando se volteo a mirar al pequeño con una sonrisa y las manos llenas con tazas de chocolate caliente, no pudo evitar ver que tenía unos ojos azules que lograrían hipnotizar a quien fuera.

Cuando finalmente le toco ordenar, aun no podía despegar los ojos de aquella bella mujer que sonreía ante lo que el niño le platicaba.

Tenía curiosidad sobre aquella joven, y no sabía porque eso le resultaba tan inquietante.

Ese día Rose Weasley no había amanecido con el mejor de los humores, después de llevar a Aiden a la escuela había regresado a tirarse sobre la cama y revisar algunos papeles que tenía pendientes. Con unos leggings negros ajustados y un sweater dos tallas más grandes, había salido de su casa en busca de algo de desayunar pues todos los demás ya se habían ido.

Tomo su varita de su escritorio y bajo las escaleras con su bolso en mano. Había estado preocupada por su marca tenebrosa, pues últimamente le ocasionaba picazón. Cuando estuvo fuera de la cabaña y su campo de protección se apareció en las afueras de Londres en un barrio muggle e intento mezclarse con entre las personas sin llamar demasiado la atención. El viento resoplaba suavemente moviendo sus largos cabellos negros que le tapaban la cara dándole una apariencia desapercibida.

Era ella entre otras cientos de personas.

La cafetería a la que iba no era muy recurrida, las personas la evitaban porque estaba en las afueras de la ciudad y por las leyendas de misteriosas de rayos de colores.

Y los cuerpos que aparecían por allí también, pero eso ya era otra cosa.

El local no era demasiado grande, las paredes eran de ladrillo y un cartel viejo y sucio colgaba del techo con el nombre "Vicky's". Rose frecuentaba esa cafetería en momentos como este buscando tranquilidad y una buena taza de té Earl Grey, su apariencia desarreglada le proporcionaba tranquilidad a sí misma pues podía recordar los momentos en la cafetería de Hogwarts, cuando se levantaba temprano los domingos por la mañana a leer un buen libro y cuando su única preocupación era pasar los exámenes.

Pero cuando dio un paso adentro supo que había algo extraño en ese lugar.

El lugar estaba vacío.

Fruncio el ceño y se dijo que era una casualidad, se acerco a la mesa en la que siempre se sentaba y espero unos minutos. A pesar de que el lugar era poco frecuentado siempre había personas adentro. Miro hacia los ventanales que estaban a su derecha y daban una vista espectacular al bosque, se asomo un poco más y pudo ver que a pesar de que no eran más de las 10 de la mañana estaba más oscuro de lo normal. Y a Rose eso no le parecía una buena señal.

Se levanto de la mesa y el sonido de la silla contra el suelo ocasiono un sonoro ruido, atrayendo a unos pasos que venían de la cocina. Despacio saco su varita y la oculto detrás de su espalda. Una mujer de mediana edad salió con una mirada triste y sorprendida al verla.

-Cariño, la cafetería está cerrada de ahora en adelante. Lo lamento pero tienes que retirarte.-la mujer le dijo amablemente, ocasionándole aun más curiosidad a Rose. La mujer viendo la mirada curiosa de ella, suspiro lentamente y mirándole con sus grandes ojos cafés le dijo.-Ayer por la noche vinieron y se llevaron a Alan.

Y a Rose eso le resulto una muy mala señal.

Alan era el dueño de Vicky's un hombre mayor que era hijo de muggles y su magia era muy débil, pero esa no era lo que le perturbaba, si no el hecho de que supieran sobre Alan, pues ella se había encargado de protegerlo todos estos años, desde que lo conoció cuando se mudaron al bosque.

Alan no estaba en la lista de sangre sucias del ministerio.

Junto con otros 82 magos y brujas.

Rose no le dirigió otra mirada a la mujer y salió corriendo, apareciéndose en una avenida principal.

Siguió corriendo esquivando a las personas que la veían con molestia y curiosidad, su pelo se azotaba aun con más fuerza en su cara y el sweater se le resbalaba de los hombros. Siguió corriendo hasta que diviso un portón negro y una casa gris de dos pisos, con la pintura de la puerta ya cayéndose y las ventanas sucias. Toco con fuerza tres veces y espero.

Y espero.

Nadie abrió la puerta.

Y así fue como Rose Weasley se dejo caer en el suelo de rodillas apretando los puños.

No era casualidad que estuvieran casando a sangre sucias, pero que casaran a sus sangre sucias era una cosa muy diferente, pues esa lista de personas ella se había dedicado, cuando no tenía que andar asesinando a sus enemigos, a protegerlos, pues estas personas no eran malas y en alguna ocasión en su pasado la habían ayudado.

Se levanto sin dificultad y miro la casa una última vez. Estaba vacía. Y sus 6 propietantes seguramente estaban muertos.

Dominique Weasley estaba feliz. No solo aquel encuentro con la chica misteriosa había hecho que su hermana no se presentara a la casa por hablar con Teddy, quitándole esa pesada presencia de Victoire, sino que también hoy se iban a juntar en la madriguera todos y ella iba a poder ver a sus primos que ya se habían graduado antes de tener que regresar a la escuela.

-¡Nana Weasley ya llegue!- la dulce voz de la chica resonó en la casa y siguiendo el sonido de las risas de sus familiares llego a la cocina donde todos estaban reunidos. Bill y Fleur estaban sentados en la mesa junto con Angelina y George, hablando secretamente, mientras que Harry, Ginny, Ron y Hermione sostenían unas copas de vino en sus manos mientras hablaban con los abuelos Weasley.

Dominique camino mientras los saludaba hasta la sala, donde los encontró a algunos tirados sobre el sofá y a otros en el suelo y a Lucy, que era la menor con 12 años, que estaba dormida en brazos de su hermana. Dominique no pudo evitar sonreír.

Una sonrisa que se esfumo al ver la presencia de su primo Albus y su mejor amigo Scorpius, quienes portaban una mueca de preocupación y coraje. Esa mueca no era muy extraña, pues desde la desaparición de su prima ellos dos habían quedado muy dañados. Scorpius había estado en Slytherin con Rose, y habían creado una amistad muy fuerte que les llevo hasta el amor, teniendo una relación que duro 6 meses hasta que ella desapareció.

Aun miraba el cuarto que compartía con ella cuando se quedaban a dormir ahí y le entraba nostalgia y fuertes ganas de llorar. Cuanto daría por ver a su prima una vez más.

Unos gritos provenientes de la cocina los alerto a todos, seguido con el conocido Crack de cuando alguien se aparecía. Todos corrieron hasta la puerta para ver que sucedía y al ver a sus padres corriendo hacia la colina los siguieron. Lo que no esperaban ver era lo siguiente.

Unas casas no muy lejos de la de los Lovegood, ardía una pequeña choza que pertenecía a unos hijos de muggles cercanos a sus abuelos, y entre ese incendio una delgada figura se apareció entre las llamas con la ropa chamuscada y el negro cabello pegado por el sudor.

Todos contuvieron su aliento mientras veían como se aparecía sin dejar rastro alguno.

Soy un verdadero fracaso con las actualizaciones, pero tengo que decir que estuve ocupadísima con mis exámenes y la familia, después vinieron las fechas festivo que por cierto ¡Feliz Navidad y Año Nuevo! Les traje un capitulo un poco más largo en la espera de que pueda recompensar el tiempo perdido.

Martes, 13 de enero de 2015.

9:32 pm.