Capítulo 8: Chispas

Volvimos a hacer un corrillo en la playa. Beetee, Katniss y Johanna estaban sentados en la arena; Peeta y Finnick de pie; y yo me había encaramado en una rama baja de los árboles que suponían el límite de la jungla.

-Aparte de Brutus y Enobaria… ¿quién queda? –inquirió Katniss.

-Quizá Chaff –respondió Peeta, tras un corto silencio-. Sólo esos tres.

-Saben que son menos, dudo que vuelvan a atacar –apuntó Finnick, mirándome. Yo fui el único herido del ataque de los profesionales.

-¿Y qué hacemos? –intervino Johanna, con voz altiva. Estaba cabreada, como siempre-. ¿Les damos caza?

Me incorporé en el árbol; y me mareé. Me había dado un golpe en la cabeza, y seguía teniendo la visión un poco borrosa. Me aclaré la garganta.

-¿A esos dos salvajes? Ni de coña. Aun siendo nosotros mayoría, os aseguro que son capaces de ganarnos –claro, no podía decir que trabajaron para mí, y que se conocían miles de técnicas y tácticas de guerra-. La jungla es un lugar peligroso, pero estupendo para una emboscada. Maté a un par de tributos en mis Juegos, con emboscadas.

-Para ellos esto no es un simple juego –me acompañó Finnick-. Se toman bastante en serio lo de ganar.

-Honrar al Distrito… -mascullé con cansancio.

De repente, Katniss empezó a gritar. Era un grito de desesperación y dolor, de aquellos que sientes cuando tienes una terrible pesadilla; o cuando le están haciendo daño a alguien. A ti o a alguien… que te importa.

Se levantó, gritando el nombre de su hermana, y salió disparada hacia la jungla. Finnick agarró su tridente y fue tras ella; lo mismo hizo Peeta tras coger el machete. Johanna los siguió sin muchas ganas, simplemente porque tenía que hacerlo; Beetee se quedó atrás y yo iba el último, entrecerrando los ojos para poder ver con un mínimo de nitidez.

Me choqué con una especie de pared transparente, idéntica a la que me había impedido acudir a Beth, tres años atrás, antes de la lucha contra Jeremiah. Daba golpes con el hacha, pero ni el golpe más fuerte era capaz de hacerle un maldito rasguño. Me tiré al suelo, cansado.

-Te habría avisado, pero le ponías tanta pasión que ha resultado interesante –apostilló Johanna, jugueteando con su hacha muy cerca de mi cuello. Se agachó a mi lado-. ¿Mejor?

¿Esta chica era bipolar? Me reí internamente, por fuera estaba derrotado. Me había dejado caer. Una multitud de pájaros se acercaban hacia nosotros, pero la gruesa pared invisible, que tampoco dejaba traspasar el sonido, los separaban de nosotros…

… al igual que Katniss y Finnick.

Vi que Peeta estaba nervioso y no dejaba de gritar "¡Katniss, para!", pero ella no podía oírle. De hecho, chocó con la pared. Estaba aterrada, y gritaba, aunque nosotros no podíamos oírla. Se dejó caer, con las manos en los oídos, posiblemente intentando bloquear el sonido de los pájaros. Peeta estaba con ella, pero al otro lado del muro.

Finnick no estaba mejor. Él se había dejado caer, se había rendido, y los pájaros le rondaban, él no hacía nada por alejarlos de sí. Tenía el ceño fruncido, y un gesto de dolor en su rostro. Y temblaba, como si se contuviese.

Estaban perdidos.

Cuando pasó la hora, Finnick seguía perdido, pero al menos respondía. Peeta seguía intentando reanimar a Katniss, pero ella seguía en su mundo perfecto. El chico del pan estaba posicionado casi sobre ella, de manera protectora, hablándole al oído. Al final, con un grito ahogado, despertó.

-Tranquila, ya ha pasado la hora. Tranquila ya ha pasado. ¡No, no! Prim está bien, Prim está bien –repetía una y otra vez-. No tocarán a Prim, ¿de acuerdo?

Miré a Beetee. Él lo observaba todo como de una forma analítica, mediante la ciencia y la tecnología. Al final acabó mirándome a mí, me encogí de hombros.

-Tu prometido tiene razón, el país entero adora a tu hermana –apuntó Johanna, removiendo nerviosa el hacha larga-. Si la torturaran o le hicieran algo… ya no sería sólo en los Distritos, habría disturbios en el maldito Capitolio -. Vale, a partir de aquí habría censura. Qué bien lo sabía yo. Nadie podía saber asuntos turbios nacidos de la mano de Snow, qué les pasaba a los Vencedores que no querían colaborar… o a sus familias. Johanna estaba resentida, y no desaprovecharía la oportunidad para sacar a relucir su carácter… otra vez. Caesar no la dejó explayarse, Snow tampoco lo permitiría. Pero al menos sacaría fuera lo que llevaba dentro-. ¡Eh, ¿qué te parece Snow?! ¿Qué tal si le prendemos fuego a tu parcela? ¡No puedes meter a todo el mundo aquí! –se calló, y con una mirada de dolor y un gesto a punto de llorar, se fijó en Katniss, y luego en el resto-. ¿Qué? No pueden hacerme daño. No queda nadie a quien quiera –otro silencio-. Te traeré agua –y se fue, abriendo camino con su hacha.

El resto volvimos a la playa. Quise adentrarme en la jungla, Johanna estaba sola y había dos profesionales por ahí sueltos. Me quedé quieto, Finnick lo vio y me sonrió.

-Ve atento a tu espalda –me aconsejó.

Salí corriendo hacia la jungla, era fácil saber por dónde había ido mi compañera de Distrito. Un rastro de maleza y matorrales cortados, además de oír a una voz de chica mascullar a grito pelado.

-¿Quién anda ahí? –preguntó, hacha en alto.

-Eh, tranquila, fiera –dije con las manos sobre la cabeza, y sonrisa triste. Johanna bajó el hacha, pero me regaló una mirada de odio. Tenía un pequeño estropicio a su alrededor, y la espita, aún en el cinturón.

-Otra vez has vuelto a arriesgar tu vida de forma completamente innecesaria –me dijo, de espaldas a mí. Seguía destrozando selva.

-Si tú estás implicada, merece la pena ponerse en peligro –solté, y ella se giró.

Abrió la boca para decir algo, posiblemente gritarme algo, pero se calló. Se calló y miró hacia todos lados, buscando algún fisgón. Como si no hubiera bastantes ojos fisgones a nuestro alrededor. Y me abrazó. No de forma efusiva, pero al menos era algo. Y luego me dio un golpe en la frente, como siempre.

Rellenamos unos cuantos cuencos de agua y volvimos a la playa. Johanna se desvió un poco del camino, y recogió una de las flechas de Katniss, seguramente alguna que habría lanzado a algún charlajo. Ella iba delante, y decidió hacerse notar metiendo la flecha en el carcaj de Katniss, lo que la sobresaltó y le hizo soltar un grito ahogado. Johanna le entregó el cuenco y se sentó a su lado.

El resto también bebió, y nos mantuvimos en silencio. Me había subido a un árbol bajo, medio dormido. Johanna y Katniss charlaban sobre algo que involucraba a Annie Cresta. Entonces, Beetee habló:

-Tengo un plan –susurró, y nos reunimos en torno a él-. ¿Dónde están más seguros los profesionales? ¿En la jungla?

-La jungla es una pesadilla –respondió de inmediato Johanna.

-Quizá aquí, en la playa –sugirió Peeta, entretenido con el machete.

-¿Y por qué no están aquí?

-Porque estamos nosotros, es nuestra –apostilló mi otrora mentora.

-Y si nos fuéramos… vendrían –declaró Beetee, entrecerrando los ojos y moviendo la cabeza hacia atrás.

-O se ocultarían en el borde de la jungla –intervino Finnick.

-No serían tan inocentes como para mostrarse –susurré, adormilado-. Estamos en mayoría. No os olvidéis de que podrían vencernos, aunque seamos mayoría.

-La arena quedará empapada con la ola de las diez –creo que empezaba a entender el plan de Beetee. Básicamente, hacer lo mismo que en sus Juegos… pero a una escala mucho mayor. Lo difícil sería cómo conseguir electricidad, porque el cable ya lo teníamos-. ¿Y qué pasa a medianoche?

-Un rayo cae sobre ese árbol –respondió Katniss.

-Propongo esto: dejamos la playa al anochecer, nos dirigimos al árbol del rayo, seguro que volverán a la playa. Antes de medianoche, pasamos el cable desde el árbol hasta el agua. Quién esté en el agua o en la arena húmeda, quedará electrocutado –cogió un puño de arena, y la estrujó entre sus dedos.

-¿Cómo sabemos que el cable no se va a quemar? –quiso saber Johanna.

-Porque es un invento mío. Te lo aseguro, no se quemará.

Hubo unos segundos de silencio. Todos nos miramos, había desconfianza. ¡No, ahora no! Justo en este momento no. Ahora que estábamos tan cerca… no. Me negaba a admitirlo.

-Bueno, es mejor que darles caza –apuntó mi compañera de Distrito.

-Sí, ¿por qué no? –dijo Katniss-. No perdemos nada, ¿verdad?

-¿Qué podemos hacer para ayudar? –susurró Finnick.

-Mantenerme con vida seis horas más –respondió Beetee.

Ése era el plazo. Seis horas. Seis horas y todo acabaría. Habría una gran explosión, los profesionales morirían y entonces los trágicos amantes serían nuestras presas… vivas. Porque nuestro cometido era quitarles el rastreador, y llevarlos a un lugar seguro, lejos de las cámaras. Algo prácticamente imposible.

Perdimos tiempo en la playa. Me entretuve jugando con la arena, haciendo castillitos y figuritas, como cuando era niño. Muy pocas veces había visto una playa, prácticamente las pocas veces que había ido a 4. Johanna se reía de mí, hasta que le tiré una bola de tierra y se enfadó. Me dio una bofetada suave y me dejó en paz. Me senté en el borde de la jungla, y esperé.

Al caer la noche nos adentramos de nuevo en la jungla. Como siempre, yo cerraba el grupo. 12 no confiaba en el resto. El inquietante y oportuno himno del Capitolio interrumpió nuestra caminata, mostrándonos todos los tributos caídos esa noche. Cashmere, Gloss, Wiress, Mags, Kranack, Sasha, Chaff. Eso sólo nos dejaba a nosotros siete, y los profesionales del 2.

Llegamos al árbol del rayo, Beetee estaba maravillado por la potencia conductora que poseía. Enrollamos gran parte del cable alrededor de la corteza; el resto, en la bobina, se llevaría a la playa. Y luego nos separaríamos.

Katniss y Peeta se opusieron a la división del grupo. Querían ir juntos, no se fiaban de nosotros. Pero a base de cabezonería, las divisiones se quedaron como en un principio.

-Venga, vámonos –apremió Johanna, haciendo un mohín de hastío con la despedida de los tortolitos.

Y así, quedamos los cuatro chicos protegiéndose entre sí.

Y como en todos los planes, si algo puede salir mal, saldrá mal. Nos dimos cuenta de que alguien había cortado el cable; entonces Peeta salió corriendo en dirección a la playa. Yo le seguí, era el más rápido de todos, pero pronto le perdí la pista. La noche era oscura, y albergaba horrores. Horrores como el peligro de las secciones, o dos profesionales ávidos de sangre libres por ahí. Gritaba el nombre de Peeta todo lo fuerte que me permitía la garganta, pero nadie respondía. Volví sobre mis pasos… ¿o dónde estaba ahora? Había vuelto a perderme. Estaba solo. Tenía que encontrar a alguien, el tiempo se agotaba. Pero Peeta y Katniss eran prioridad. Y también Johanna. Sin ella, este rescate no tendría sentido.

Atisbé una cabellera rubia delante de mí. Era corpulento y corría de forma torpe, debía de ser Peeta. Escapaba de alguien, alguien más corpulento que él, lo que dificultaba su movimiento entre la espesa maleza.

Brutus.

Aquí vi mi oportunidad. Peeta me divisó, y me despejó el camino. Brutus estaba luchando con él… más bien le estaba haciendo papilla. Recordé entonces que llevaba una honda conmigo. Cogí una piedra de tamaño considerable, cogí impulso y se la lancé. Le acerté en la cabeza. Cabreado, se volvió hacia mí.

-¡Tu enemigo soy yo, no él! ¡Acaba conmigo primero, grandullón!

Brutus se volvió hacia mí, hecho una furia. Era una bestia, un animal en el cuerpo de un hombre. Su primer golpe fue directo a mi estómago, que me dejó de rodillas y a su merced. Dolía. Mucho. Pero no me amedrenté. Con la espada le rasgué la pierna, y él aulló. Llevaba una lanza como arma. Me decidí por la espada. Él era más fuerte que yo, pero más lento y se dejaba llevar por la furia. Esquivaba sus golpes, pero de vez en cuando me herían, hasta que cometí un error y toda la lanza me atravesó la pierna derecha, rasgando la carne por la parte externa. El mismo fallo que en mis Juegos. Aullé. Brutus sonrió, pero me agaché y con el pomo de la espada le di en el cuello, cortándole la respiración y desorientándole. Soportando el dolor, agarré y le tiré al suelo. En el trayecto, le rebané el cuello. De inmediato, sonó un cañonazo.

Y todo se volvió negro.


A/N: Gracias, Kiko. Tuve un fallo a la hora de escribir el capítulo, puse dos "Capítulo 6" y de ahí el error. Ya está solucionado.

Para los que hayan ido leyendo la historia, releer el capítulo 7, que es el que se me escapó. Mis más sinceras disculpas.