Capítulo 17: En un claro estrellado
A veces me reñía a mí mismo por tanto pensar. Los últimos días no habían sido muy amables, y la única manera que tenía de evadirme, era huir al bosque.
Así que aquí me encontraba, solo, acompañado por la luna llena y su brillo. En silencio, a merced del cómodo viento nocturno y las estrellas.
Creía que estaba solo, pero oí a alguien entre la maleza. Rápidamente me agazapé entre las ramas, y llevé la mano derecha a la parte baja de la espalda, donde solía llevar un cuchillo de cazador. La maleza se removía, rápida y llamativa. Me agarraba a la rama superior, escondiéndome tras el tronco, agazapado. Contuve la respiración.
Podría haber sido cualquiera: un soldado, un civil, algún tributo superviviente o incluso algún refugiado. Pero de todas las personas que podían encontrarme, ha tenido que ser ella.
Ella, con sus cabellos castaños sobre el hombro, sus orbes oscuras como el chocolate, y su piel suave y cálida. Ella, con su voz cantarina y alegre. Ella, con sus manos suaves, traviesas, perfectas y llenas de talento.
Elena.
-¿Qué haces aquí? –dije, mostrándome a la luz de la luna, todavía en las ramas.
-No podía dormir… -respondió, con la sombra de la vergüenza en su rostro-… y te seguí.
Negué con la cabeza, pero a la vez sonreí. Ésta era mi chica. Me bajé de un salto, y la rodeé con los brazos. ¡Cuánto había echado de menos un abrazo así, en medio de la nada, sin nadie que nos vigilara, en mitad de la noche, sólo con la luna y la naturaleza como testigos! Sus brazos alrededor de mi cuello, sus labios rozando mi cara; mis brazos en su cintura, mis labios en su frente.
-¿Cuánto hace que estás ahí? –inquirí.
-Casi desde que te fuiste.
Me mantuve serio. Elena tenía compartimento propio, con una chica del Distrito 12, por su aspecto, también era de la Veta. Nunca había tenido problemas, pero desde el accidente con Eric, los disparos y el cuchillo, todas las noches se levantaba y acudía a mis brazos, porque se sentía más segura. Yo lo único que quería era que estuviese a salvo, y que nadie sospechase. Todavía no se fiaban de mí.
Pasé el brazo izquierdo sobre sus hombros, y volvimos a la madriguera de conejos. Con sumo cuidado, entramos al Distrito, a casi oscuras buscamos mi habitación. Era una de las más pequeñas, no obstante, estaba solo. Me desvestí, quedándome con un pantalón gris desgastado, y me tumbé en la cama. Elena se quedó también con una de mis camisetas, y se tumbó entre mis brazos y mi pecho.
Mis manos viajaban por su espalda, arriba y abajo. La mirada fija en su perfil, empezaba a perderme entre su olor. Madera y tierra mojada.
Eso me llevó a adentrarme en mí mismo. Imágenes fugaces, una fiesta: yo sonriendo; 72º Juegos del Hambre; alguien vendándome los ojos, tirando de mí hacia el bosque. Madera y tierra mojada. Elena con el cabello largo. Sus manos corriendo por mi cuerpo, sus labios, su voz. Susurrando, gimiendo, gritando. Un beso hambriento en pleno éxtasis.
Abrí los ojos, en mitad de un violento espasmo. Me sentía fuera de mí; como si hubiera cometido un horrendo crimen. Elena se incorporó, y en ese momento, sentí una mezcla de deseo, y asco hacia mí mismo. Quiso abrazarse a mí, pero no se lo permití. Me sentía demasiado perturbado.
Pero, ¿por qué me pasaba esto?
Daba vueltas por la pequeña habitación, las manos en la cabeza, aspirando en busca de un aire que no llegaba a llenar mis pulmones.
-¿Quieres que me vaya? –inquirió Elena nerviosa.
No, no quería que se fuera. Pero no me fiaba de mí mismo si se quedaba. Aún no llegaba a entender qué era lo que nos unía… sí, ella me quiso y yo la quise… y yo… yo la quiero, pero no quería hacerle daño. Ella no se lo merecía.
Me quedé mirándola, de lado, con una mirada indescriptible. Quizá fuera odio… desaprobación… miedo. ¿Qué era esto? ¿Esto era por lo que también estaba pasando Peeta, quizás?
-No lo sé –dije, al borde del llanto. Me dejé caer al suelo, las rodillas estiradas, los brazos sobre ellas, las manos en la cabeza-. ¡No lo sé! –lloraba-. No lo sé.
-Shh, ya está, ya está… -Elena se arrodilló a mi lado, sus manos en mis mejillas, rojas, calientes y mojadas.
-Elena, yo… yo te quería, más que a nada en el mundo, ¿verdad? –con los ojos brillando, Elena asintió-. Pero ahora… es raro, ¿sabes? Tengo… tengo algo aquí –señalándome al pecho- pero no llego a descifrarlo. Mi corazón late rápido cuando te tengo cerca, cuando te beso, cuando te acaricio, cuando te pienso. Pero está lleno de agujeros… y no sé cómo llenarlos. Es frustrante, ¿sabes? Sé que te quiero, pero tengo miedo… de no merecerte.
Durante un buen rato, el silencio nos acompañó, un silencio únicamente roto por nuestros sollozos y palabras al oído, suspiros ahogados y un par de sonrisas mal disimuladas.
¿Podría ser esto el comienzo de algo más, de algo real? ¿De una vuelta al pasado, de empezar algo que jamás terminó?
-¿Cómo estás? –me preguntó Elena, cuando todo rastro de llanto y tristeza se hubo acabado.
-Mareado –respondí, susurrando. Todavía no me fiaba de mi voz, porque recuerdo que se me volvía estúpida cuando lloraba-. Y feliz. Y enamorado. Tenía miedo de no ser el que era, Elena, y por eso no podía estar contigo. Tenía miedo de que siguieras esperando, que esperases al Davo de antes, al que no le habían borrado la memoria –sus manos recorrían mi pecho y costado, dejando una estela de calor, ganas y deseo-. Y yo tenía miedo de estar enamorándome de un recuerdo, no de ti, de la Elena de aquí y ahora.
Elena se removió sobre la cama, hasta quedar a horcajadas sobre mí. Sentí mi cuerpo arder, estallar cada una de mis venas. Sus manos en mi pecho, arriba y abajo. Su cadera removiéndose contra la mía, logrando hacerme gemir. Me mordí el labio, se sentía tan bien…
No pude soportarlo más. Me alcé sobre la cama, y atrapé sus labios en un beso salvaje, húmedo y caliente. Millones de pequeñas imágenes se sucedían en mi cabeza, recuerdos y realidad, todas de ellas de Elena y yo. Sentía un hambre descontrolada, unas ganas de ella, de recorrerla entera, de hacerla llorar de gusto y gemir hasta que su garganta no pudiese más. Mis manos, temblorosas de anticipación, encontraron el dobladillo de su camiseta, y con la colaboración de ella, pronto acabó en el suelo, junto a nuestros pantalones y demás.
Sin más que nuestros cuerpos desnudos, mis labios recorrían su perfecto cuerpo. Sus labios, su cuello, sus pechos, su cadera, sus piernas. Sentía nuestros cuerpos arder, sudorosos y llenos de placer. Sus labios buscaban los míos, sus manos se aferraron a mi espalda, y tras dejar atrás toda clase de miedo, dimos comienzo a la danza más antigua que existe, la más íntima, la más personal y la más anhelada.
Me sentía tan afortunado… de tenerla conmigo.
Sus labios buscaban los míos, mi barbilla, mi cuello, mi pecho. Mis manos se aferraban a ella, como si temiera caerme. Sus manos, sus uñas se clavaban en mis hombros, provocándome un extraño y afrodisíaco placer.
Y sentí la necesidad de ir más rápido, después de oír cómo su garganta dejaba escapar un gravísimo y descontrolado gemido, y su cuerpo se desvaneció durante unos segundos, presa del placer más deseado. Mis embestidas se volvieron más rápidas, profundas y violentas.
-Abre los ojos –le susurré, de manera casi ininteligible.
Me agarré a ella, soportándola sobre mi regazo, mientras una inmensa ola de placer me recorría por completo, y poco después, a ella también.
Envueltos en sudor, agotados y tumbados sobre el colchón, ella levemente sobre mi espalda, me sentí completo por primera vez en mucho tiempo. No estaba solo, tenía alguien con quien compartir el resto de mi vida. Porque sí, tenía amigos, conocidos y tenía a Elizabeth. Pero aún así, me sentía solo, envuelto en una capa de tinieblas. Y ella… ella era la única que me aportaba luz y serenidad en medio de este tumultuoso mar.
Ella, siempre había sido ella. Hasta ahora no me había dado cuenta.
A/N: Kiko, de verdad ¡me sonrojas! Sí, creo que es la primera, y creo que la única. Verás, hace mucho que no leo 'Sinsajo', y por eso hice esta historia, porque quería que Davo fuese parte de la Rebelión, pero está bastante lejos del resto de Vencedores, o al menos, de Katniss. Gracias por tu nota, y bueno, a ver cómo es la universidad :))
