Vaya en el primer cap recibí muchos comentarios. No saben cómo me hicieron reír. Por un momento pensé que la historia no sería graciosa, pero resulta que a mis ojos no tiene tanta gracia pero para ustedes si lo fue; eso me ha hecho muy feliz.
Gracias, me gustaría que hicieran lo mismo y siguieran comentando.
Cap.2
"Apasionado, Segundo Intento"
Genial quería un momento de paz y pensamiento para mí mismo y esto es lo que me llevo; una madre soplona y amigos que se burlan. Me guie molesto por la plaza y de momento el ambiente cambio, los aldeanos me saludaban; daban su respeto y caminaban en espacio para que yo continuará sin tropiezo, y todo por ser el líder. Un ambiente como este resultaba extraño. Al principio era una vergüenza, luego el orgullo de Berk y ahora líder de la tribu Oligan. Puede que esta fuera la razón de porque mi padre vivía con orgullo; nadie lo miraba con indiferencia, sino respeto.
- Veo que si captaron tu personalidad, papá. – sonreí, pues al llegar a las grandes escaleras del Salón Comedor pude admirar la casi terminada estatua de mi padre. Aun y tallado en piedra se notaba su personalidad seria y fuerte. - Como te extraño papá.
De un momento sobre una pequeña colina de las escaleras pude observar a mi madre murmurando o puede que cantando algo lento y conmovedor. Allí estaba ella perdidamente concentrada en aquella estatua de mi padre. Sin dudas había algo de melancolía en su mirar. Chimuelo estaba con ella escuchando con ojos cerrados lo que cantaba, pero cuando mi compañero me observo contento salió corriendo a mi lado, así interrumpiendo la melodía.
- Hola amigo. – le acaricié la cabeza.
Mi madre volteo a mirarme y para entonces me sonrió, yo de momento no podía dejar de pensar ¿Qué es lo que le molestaba, porque se ve tan triste ahora?, de todos modos no me quede atrás y compartí unos dientes blancos con ella. Tal vez debería hablarle y hacerla sentir cómoda, la verdad es que no le es fácil socializar con los demás luego de estos vente años sin la presencia humana.
- Jefe…jefe… - hablo alguien a mis espaldas, pero no hice caso. – jefe. – repitió la voz un poco disgustada. - ¡HIPO!. – ya siendo mi nombre de un resalto mira hacia tras. Entonces vi a Buket y Mulch. – Ah, hola muchachos. – respondí.
- Oye, deberías empezar a acostumbrarte al llamado Jefe. – dijo dándome una simpática palmada en el hombro.
Yo reí nervioso.
- Es cierto, lo siento. En verdad lo olvide.
- Necesitamos tu consentimiento para remodelar la granja. Tengo que dividir a los anímales ya que Buket sigue confundiendo al Cabro por la Cabra. Y no creas que es fácil explicarle porque no puede ordeñar al cabro. – hablo abrumado por las tonterías de su compañero.
Encogí los hombros para no reír. Siempre había algo nuevo y repetitivo con Buket que no hiciera reír a cualquiera; lamentablemente Mulch no era el que podía reír debido a que era él quien tenía que lidiar con los errores de su viejo amigo.
- Denme un segundo, primero hay algo que quiero… - voltee con la intensión de hablar con mi madre, pero cuando mire a la colina… ya no estaba. Chimuelo me lanzó una mirada confusa, él tampoco la vio marcharse.
- Deprisa muchacho, hay mucho por hacer. – me jalo del brazo sin interés de saber que miraba.
Recorrí el establo y escuche las ideas de Mulch, sin dudas tome lista de todo lo que pedía y si que era una larga lista; muchas veces rasque mi cabeza preocupado de no poder tener todo el material que pedía, solo espero que Bocón me tenga buenas noticias para cuando le pregunte. Después de ellos dos, tenía pensado ir hablar con Astrid, la vi pasar varias veces por la plaza y siempre que me acercaba unos metros a ella mas Berkianos pedían mi consentimiento para sus propias necesidades, todo parecía ir de mal en peor, no lo negare… me duele la cabeza. Finalmente la vi pasar muy cerca de mí, cargando en sus brazos una canasta de patatas que al parecer le pidieron que llevara al mercado de la esquina. En cuanto Chimuelo y Tormenta se vieron corrieron a jugar.
- Astrid. – me guie a su lado.
- Ah, hola feje – me hablo con burla. – Veo que se te fue el hipo. – siguió caminando mientras yo la seguía.
- Ja,ja no causa gracia.
- Claro que si, eres un Hipo con hipo. – puso la canasta alado de los demás verduras mientras me daba conversación. – Pero en fin, ¿qué era lo que me querías decir?
- Ahh, y tenias que ir al punto tan rápido. – me puse nervioso.
- Pues la curiosidad me mata. – se reclino a mirarme fijamente.
Eso si no me lo esperaba. Pensé invitarla a salir y caminar un rato para tomar valentía, pero… pero ella me golpeo en el planco. Ahora siento nauseas en el estomago y un nudo en la garganta. MALDICION HIPO HABLA DE UNA VEZ, grite a mis adentros.
- Estoy esperando. – me hablo en un tono serio e intrigante.
- Yo… - la mire y luego me di cuenta que habían mas aldeanos mirándonos muy de cerca. Todos sabían lo que yo diría menos Astrid y eso sí que era incomodo. – Sabes, porque mejor no nos vamos a otra parte.
- Uh, que tiene de malo este lugar.
- Solo vámonos. – la empuje lejos de la plaza.
Tomamos a nuestros dragones y subimos a ellos para tomar un tranquilo vuelo en el cielo.
- Ahh, hace mucho que no hacíamos esto. – aspiro Astrid estirando los brazos con alegría.
- Eso es verdad, ¿no amigo? – el resoplo contento a mi pregunta.
Astrid me sonreía de oreja a oreja asiéndome sentir tan contento como nunca; lo que daría por amanecer todos los días con ella y su sonrisa. ¿Saben qué?, eso es exactamente lo que quiero. Fruncí el ceño e hice que Chimuelo se acercara a ella. La amo, voy a decírselo.
- Astrid…
- Hagamos una carrera Hipo. – me interrumpió con un tono competitivo.
- ¿Qué?
- En sus marcas, listos, fuera. – pronuncio rápidamente y, así nada mas ella y Tormenta se lanzaron en carrera.
- Lo vez, las mujeres exigen a un hombre romántico y ella huye. – le hable a Chimuelo con gracia. – Pero esa es mi Astrid.
Sin decir más le seguimos el juego. La carrera duro aproximadamente unos veinticinco minutos, y sí, yo fui el ganador lo que luego me dolió ya que Astrid me golpeo el hombro decidida a que no era justo. Llego el atardecer y ella estaba recostada de mi hombro mientras sentados en la horilla de la playa veíamos el sol desaparecer.
Luego la escuche suspirar.
- Como desearía que fuera así todos los días. - dijo
- ¿En serio?. – ella asintió. – Tan bien yo.
Diciendo esto nuestras miradas se cruzaron perdidamente, yo guie mi mano a su muslo a la vez que inclinaba mi cabeza a sus labios. Ella me dejo tocarla de forma que también se reclino hacia mí con ojos cerrados. Nuestros labios tocaron y nos perdimos con las extrañas vibraciones de nuestros cuerpos. Cada rincón de mi temblaba como ella. Me separe solo un momento solo para esperar a que el estremecimiento se detuviera. Pero Astrid… lucia placida, tanto que agarro mi cabeza y de nuevo me llevo a sus labios; yo me entregue completamente. Nos tumbamos sobre la arena y rodamos encima de uno al otro, de forma que parecía una guerra para saber quien se quedaría encima de quien; al final Astrid me gano, sostuvo mis manos por encima de mi cabeza sin la intención de dejarme ir mientras jadeaba excitada al igual que yo. Ella mordió mis labios lentamente, de forma que ocasiono que mi cuerpo comenzara a quemarme desde dentro con la ligeras sensaciones de querer acariciarla, pero ella no soltaba mis manos, estaba completamente cautivo en su seducción.
- Astrid… - hable apasionado. Ella se detuvo a mirarme. – Yo… yo quiero…
- Pero Hipo, ya tan rápido quieres. – me hablo como si quisiera algo sexual.
Yo abrí los ojos ruborizado.
- No, no quise decir eso. AHH, NO METAS PALABRAS EN MI BOCA.
Ella comenzó a reírse mientras me liberaba en el proceso.
- Así que eso te avergüenza. Que malo eres. – fingió estar molesta.
- Claro que me gustaría, pero… es solo que no es el momento.
- ¿Y cuándo será? – entre cruzo los brazos.
- ¿Tan desesperada estas? – caí sentado de impresión. Ella me guiño un ojo. – Comienzas a darme miedo.
- Solo bromeo. – me golpeo el hombro. – Para ser un hombre eres muy asustadizo con estos temas.
Yo asustadizo… es que eres una pervertida. Jamás creí ver este lado de Astrid. No es como si no me gustara la idea, pero me da miedo pensar que me haría si se llegase apasionar más de lo normal.
- Oh, ahora que lo pienso, no me has dicho lo que me querías decir esta mañana. – dio de nuevo en el blanco.
Yo baje la cabeza suspirando pensativamente en cómo se lo diría. ¿Porque besarla no es difícil?, sin embargo decirle lo que verdaderamente quiero es más difícil que cuando tenía que hablar con papá.
- Oye, ¿me estás haciendo caso? – me apretó la mejilla.
- ¡Eso duele!
- Pues contesta de una vez.
- Está bien. – me enfurecí con migo mismo. Ya que estábamos sentado nos arrodillamos mirándonos uno al otro. Ella tenía una sonrisa dibujada en el labio mientras sosteníamos manos. – Astrid Hofferson…
- Si, Hipo.
- Yo… estaría agradecido si tú …
- Si…
- Si tú… quisieras… ser… mi hicc – en seguida cubrí mi boca.
- ¿Tú qué? – se reclino incrédula.
- No, otra vez hicc, tengo hicc, hipo hicc.
Ella al principio no sabía como corresponder, pero llevo sus manos sobre su boca asiendo lo posible por no reírse.
- No hicc, vayas a reírte hicc.
Diciendo esto le cause más gracia que su boca se abrió a carcajadas.
- ¡Qué lindo eres, jajaja, estas todo rojo, jajaja!
- ¡ASTRID, HICC!
Oh, por dios, no sabía que mi mente era tan perversa hasta que comencé a escribir la escena de la playa XD, estoy ruborizada. POR DIOOOOOOOOOOOS, LO QUE USTEDES ME HACEN HACER ..
Espero que les haya gustado. Gracias por leer :-)
