Cap.4:

"Hasta La Noche"

En definitiva me sentía mejor tanto que camine sosteniendo la mano de Astrid hasta llegar a la plaza, aunque allí Astrid tomo una actitud diferente.

- Bueno, aquí me retiro. – me soltó con una sonrisa motivada.

- ¿Ha donde iras? – pregunte.

- Tengo algo importante que hacer, pero luego me lo agradecerás. – dijo esto al salir corriendo.

Negué con una sonrisa. Ella era siempre tan energética aunque un poco distraída. Regrese a la fragua y termine las treinta ordenes que faltaban y, no había mejor alivió que terminar a tiempo y regresar a casa. Me alegraba el hecho de que al ser jefe no dañaba la felicidad de mi amigo pues se la pasaba jugando con Brinca Nubes aunque el mismo como alfa tenía sus propios problemas. Llegue a las escaleras de la casa y lentamente lleve la mano a la perilla. Suspire pesadamente pues sabía que recibiría otro de esos pesados olores de la comida experimentada de mi madre.

- Bueno… aquí voy. – moví la perilla, entre y me presente. – Estoy en casa.

Al entrar note una gran diferencia en el aire. El aroma era… delicioso.

- Ah, Hipo llegas justo a tiempo. ¿Quieres probar? – me ofreció mi madre sonriente.

- Amm… claro…

Sirvió el plato sobre la mesa mientras yo me sentaba.

- ¿Donde está Chimuelo? – hable mientras ella se servía un plato.

- Esta en tú habitación dormido. El y Brinca Nubes no dejaban de jugar, terminaron exhaustos. – explico sentándose en la silla.

Mire el plato y vi un rosado filete picado en trozos y una variedad de verduras, tenía un color favorable y su aroma era exquisito. Ella dio un sorbo al cardo y vi la expresión en su rostro; estaba fascinada con el sabor. No me quede atrás y probé las verduras. Una explosión de sabores recorrió mi boca, sabores increíblemente deliciosos.

- Wow, mamá… esto… esto esta exquisito ¿Cómo lo preparaste?.

- Eso se lo debó a mi maestra. – me sonrió - Tendrás una excelente esposa. Sus recetas son deliciosas.

- ¿Astrid? – ella me asintió y entonces comprendí las palabras de Astrid. Tomo lo que quedaba del día para mostrarle a mi madre el uso de la cocina. – Wow, es difícil creer lo. Cuando éramos niños invento una bebida que dejo a Patán en cama una semana.

- Pues créete lo. Esto esta exquisito.

A la mañana siguiente.

- ¡ASTRID! – corrí hacia ella, la abrase.

- Wow ¿a qué se debe tanta energía? – pregunto atónita.

- Lo que hiciste por mi madre fue un éxito. – la apreté muy contento.

- Bueno… al menos tu madre es una aprendiz rápida. – respondió asfixiada por el apretón.

- No sabía que fueras buena en la cocina.

- Hay cosas que reservo para la ocasión oportuna. – se ruborizo en un pensamiento propio.

Quede en silencio unos momentos y entonces pensé… ¿ella está esperando una propuesta?. Los dos nos ruborizamos y separamos un poco, de alguna forma el ambiente se hizo incomodo. Rasque mi cabeza y ella jugó con su flequillo sonrojada. Entonces nos miramos de reojos y viendo que nuestras expresiones eran unísonas nos echamos a reír. Dejamos de sonreír para tomarnos las manos. Me acerque a ella pues quería besarla de nuevo; de repente ella llevo su mano a mi boca para parar mi acto.

- Aquí no. – susurró mirando al entorno, pues algunos Berkianos nos estaban observando.

No mostramos tanto interés nos reímos y Astrid me jalo del brazo para que la siguiera. Ella me guio al bosque sin decirme a donde íbamos, pero con los pasos comencé a reconocer el camino y la idea a donde nos dirigíamos. Llegamos a la cala; el lugar en el que encontré a Chimuelo. Bajamos y nos paramos frente al estanque.

- Vaya, había pasado mucho desde que no venia aquí. – dije recordando todos aquellos momentos en el que fundí la amistad con Chimuelo.

- En este lugar vi de lo que eras capaz, Hipo. – añadió con los ojos perdidamente en el estanque. Yo la mire sin comprensión. – Tu expresión y el tono de voz que utilizaste ese día para que no delatara a Chimuelo… llegaron profundamente a mi corazón. Vi un lado de ti que jamás habías enseñado en la aldea. La verdad Hipo… tenía celos de ti…

- ¿Qué? ¿Tú Astrid Hofferson, celosa de mí?

- Solo cuando éramos niños. – me golpeo el hombro pues valga la aclaración. – Pero mi dignidad regreso cuando descubrí que eran trucos. – camino vacilante con un tono presumido.

- Disculpa, esos trucos pudieron costarme la vida. Dudo que tú fueras capaz de hacer lo que yo hacía en ese tiempo.

- Al menos tenía el valor de matar un dragón ¿Tú lo hubieras hecho?. – me hecho frente entono burlón.

- ¿Me estas provocando? – la sujete de la cadera.

- Puede que lo esté haciendo. – me sonrió con un tono cada vez mas seductor.

Sonreímos y la eche a mis labios. Fue un momento apasionado, sentia como mi cuerpo se acaloraba con cada rose de nuestros labios; eran tan rápido nuestros besos que nos a fatigábamos, solo nos deteníamos a mirarnos para recuperar el aliento.

- …Hipo… – jadeo excitada mientras besaba su desnudo cuello. – ¿Cuando… cuando decidirás… hacerme tu ya?

Yo me detuve pero en ningún momento la aparte de mi lado.

- Lo haría ahora mismo. – hable con mucho deseo, pues hacerla mía era lo que más quería. – Pero… no de esta forma; así no es como quiero que sea.

- ¿Tienes… algo planeado? – hablo en tono romántico abrazando mi cuello.

- Amm, no… exactamente. – encogí los hombros pues en verdad no había pensado algo como eso. Ella inflo las mejillas desilusionada. Yo levante una ceja. – Sabes, te tomas muy enserio esto de lo intimo. - ella solo derivo la expresión aun enchismada. – Cree me, yo deseo esto tanto como tú.

- Mm, está bien… puedo esperar. – forzó una sonrisa.

Se vio tan bonita haciendo eso que no pude evitar apretarla y decirle lo linda que era; ella en cambio se avergonzó tanto que golpeo mi cabeza, y ese es el momento en que agradezco a Odín el acostumbrarme poco a poco a sus golpes. Retornamos a Berk pues el día comenzaba y había muchas tareas en mi agenda de jefe. Ella caminaba pensativa y yo no podía dejar de pensar en la propuesta. Nos detuvimos y de repente comentamos al unisonó.

- Hipo…

- Astrid…

Nos reímos y proseguimos.

- Yo…

- Yo…

Más risas de nuestras partes.

- Tu primero

- Tu primero

Permanecimos en silenció; ella me señaló "tú empieza". Rasque mi cabeza pues las palabras que quería mencionar sonaban mejor en mi cabeza.

- En estos dos últimos días… he querido decirte algo – de inmediato ella dibujo una sonrisa en sus labios ansiosa de escuchar lo que diría. Su expresión me hizo sentir incomodo en vez de entusiasmado, pues en mi cabeza todo sonaba mejor. – Astrid… yo…

- Si, Hipo… - se me acercó y yo retrocedí.

Me sentía presionado y lo que más me molestaba era que si era capaz de besarla… pero… ¿Por qué no podía decir unas simples palabras? La verdad es que se me revolcaba el estomago con mariposas pero también sentía un ligero asco. Puede que esa sea la ansiedad de la que todos hablan.

- Yo *hicc* - cubrí mi boca y me puse rojo.

- Hay, Hipo. – me golpeo el hombro. – Otra vez estas con eso. – me sorprendí pues ella no lo decía en un tono molesto, de lo contrario siempre se divertía cuando surgía el hipo.

Yo quería que la tierra me tragara… esto sin dudad me avergonzaba.

- Yo *hicc* no puedo. Pero tú ¿que querías *hicc* decirme? – pregunte aborrecido del hipo.

Ella intento no reír.

- Invitarte a cenal. – yo me conmocione. – Ya que te gusto tanto la comida que le enseñe a tu madre, pensé impresionarte con otros platillos.

- Mm, suena prometedor. – respondí románticamente. – ¿Pero *hicc* segura que no quieres aprovecharte?

- Solo un hombre haría eso a una dama.

- Viniendo de ti *hicc* no lo creo. – le guiñe un ojo y de nuevo me golpeo.

- Entonces hoy en la noche. Nos veremos en la academia. Oh, y sin dragones.

- Muy bien.

La vi retirarse, caminando modeladamente con la movida de su coleta trenzada. Suspire enamorado mientras repetía en mi mente el nombre de Astrid; hasta que...*Hicc*… recordé el hipo.


Gracias por leer :-)