Cap.5:

"¿Una Idea Errónea?"

Ese día trabaje con mejillas rojizas. No podía dejar de pensar en la cena de esta noche; la ocasión seria solo para mí e Astrid, bajo veladas más las estrellas. De tan solo pensarlo mi corazón palpitaba en millas.

- Vamos Hipo, concéntrate. No deberías estar pensando en esto. – golpee mi frente en busca de regresar a la realidad.

Contables veces sonreía en voz alta, los Berkianos me miraban de reojo atraídos en curiosidad por mi alegría; no hacían preguntas pero se susurraban unos a los otros sospechosos de mi secreto.

- No se queden hablando. Tenemos que terminar. – use tono de líder, así separándolos de habladurías secretas.

Poco después terminamos la construcción, felicite a todos por un buen trabajo para luego salir en corrida a mi hogar. Como jefe también tenía otra responsabilidad y era mi amigo. Nada más cruzar por la puerta y Chimuelo me tumbo al suelo, lamiendo toda mi cara hasta cubrirme entero con su saliva, obviamente lo regañe por eso, pero oigan, los dragones son dragones. Lo alimente, le hable de mi día, modifique su cola en planos y rasque su barbilla e orejas esta tumbarlo de sueño. Y finalmente llego la noche.

Ahora tenía que arreglarme para la ocasión. Me mire al espejo aliviado de no tener ojeras de cansancio como solía tener papá. Luego pase al cabello. No me sentía complacido pues peinar mi cabello era complicado, estaba todo desmarañado y un tanto disparejo, aunque por naturaleza tenía un corte cool. Esboce una sonrisa tras recordar que a Astrid le gustaba mi cabello, si no fuera así no pasaría el rato haciéndome trenzas por detrás de la oreja.

"Trenza"

Inconscientemente lleve mi mano a las tres partes recogidas del cabello. Las acaricié pensando en la mano de Astrid cuando recogía la hilera de tres para juntarlas en esa danza de curvas. Podía casi sentir su tacto rosar por mi oreja por accidente. Sacudí la cabeza de los pensamientos y me guíe a la silla de mi escritorio; allí había preparado una ropa para la noche. Solté los botones de mi armadura y cinturones. Mi vestimenta era compleja además de sus tantos equipamientos. Era largo quitar cada parte que comencé a considerar aligerar la carga un día de estos. Suspire luego de quitar la última prenda para finalmente alcanzar la camisa crema de mangas largas y cuellera corta que usaría. Pase a los pantalones marrón oscuros y luego a la bota que mayormente uso todos los días. Estire todo mi cuerpo, olvide lo bien que se sentía usar ropa casual y menos pesada.

A continuación camine hacia mi dormido dragón y me doble a su nivel para acariciarle la cabeza como despedida, él en el sueño ronroneo en el tacto como un gato mimoso. Baje las escaleras entusiasmado pero fui interrumpido antes de poder llegar a la puerta de salida.

- ¿A dónde vas con tanta prisa? – dijo mi madre.

Yo me encogí de hombros pero voltee para responder.

- Yo… tengo una cita. – me ruborice con un tono fuerte.

- ¿Entonces no cenaras hoy aquí?

- No, Astrid tiene algo preparado para mí.

Ella me sonrió y seguido hacia mí, luego recorrió con la vista mi ropa de arriba hacia abajo con una mano en su mentón repetía con labios cerrados la "mmm" en un pensamiento largo. Su pensativa expresión me hizo dudar que no estuviera vestido para la ocasión.

- ¿Hay algo que no convine? – le pregunte dudoso de mi vestir.

Ella negó y llevo su mano a mi mentón, así pasando su dedo purgar por encima de mi cicatriz mientras pronuncio lo siguiente en voz profunda y materna.

- Estas tan hermoso como la última vez que te vi.

Esas fueron las palabras de papá pero con el toque personal de mi madre.

Agrande los ojos viendo un brillo florecer de los ojos de ella; yo inconscientemente solté una sonrisa. Mi madre me abrazo respirando muy cerca de mi oído, parecía estar algo sentimental que no pude evitar recostar mi barbilla en su hombro mas abrasarla para reconfortarla. En los momentos siguientes beso mi frente para sonreírme una última vez y darme la suerte del mundo. Crucé por la puerta sintiéndome el hombre más afortunado de Berk. De esto una gran paz se sembró dentro de mí. Apreté los puños mientras miraba el escarchado cielo; ahora iré contigo amada mía.

Me sentía de nuevo como un adolecente enamorado pues corrí por todo el pueblo sonriendo por verla. Llegue al puente que guaba a la academia y si que era un largo camino, pero podía ver una cierta luz venir desde la mitad del puente. No me quede atrás y corrí hacia esa mitad.

"Velas"

Había cientos de ellas iluminando esta parte del camino; la verdad es que esperaba velas de parte de una cena, pero no un camino de ellas. Me guiaban hacia la academia como un sendero mágico. Las seguí y vi que seguían cruzando magníficamente por la entrada de la academia. Más que nunca me sentía emocionado, como si fuera a descubrir una nueva especia de dragones. Entre al interior de la arena, mis ojos se iluminaron tras ver las velas terminar en un circulo angosto que rodeaba en el suelo una sabana espaciosa, un par de cuencos con comida servida, una jarra con vino y dos vasos servidos. Era una cena a pleno cielo y a la vista de miles de estrellas. Pero algo faltaba pues mi compañera no estaba a la vista.

- Y bien ¿Te gusta? – escuche la voz de Astrid a mis espaldas.

Me quede rígido por el susto pero voltee a verla. Estaba hermosa, vestía igual de casual pero incluso más elegante que yo. Traía un vestido, con la tela del pecho blanco mientras las otras partes como las mangas largas y la parte larga del vestido de color crema oscuro, tenía su toque atrevido pues su cuello estaba desnudo. Su elegante trenza permanecía pero decoro su cabello con una corona de flores. Además puso cierto brillo en sus labios que me volvía loco.

- No te quedes mirándome así, me avergüenzas. – se ruborizo jugando con la

- falda de su vestido.

- Es que… estas hermosa – hable en tono estúpido, estaba perdidamente enamorado de su vestir.

- Tu tampoco te vez mal. – alago.

Yo desperté del trance y observe mis ropas. Para mí estos trapos no se veían mejor como lo que ella traía puesto.

- Esto no es nada. – rechacé la idea de que lucía elegante.

Ella sonrió y camino hacia mí.

- Claro que estas guapo. – me hizo un lazo en las cintas que sostenían la cuellera, entonces me miro y planto un beso en mis labios.

Tomo mi mano y me hizo correr con ella al círculo de velas para sentarnos frente a la cena. Ella fue la primera en acomodarse y señalar en lugar en el que me sentaría.

- Sabes, yo debería ser el romántico no tu. – burle debido a que todo lucia romántico.

- Ya llegara tu turno, además yo invite la cena. – me halo del brazo para sentarme a la fuerza.

Contemple los cinco platos en total servidos; dos contenían guisos diferentes, otro pescado mas los sobrantes queso y pan. Reflejaban dulzura e un aroma exquisito. De momento Astrid ansiosa mordió su labio inferior y dijo.

- ¿Quieres probar?

- Pues es una cena – respondí lo obvio.

Entonces ella se levanto y saco una venda de su bolsillo, corrió a mis espaldas sonriente para cubrir mis ojos con la tela.

- ¿Qué estás haciendo? - me reí sintiendo una ligera adrenalina.

- Quiero que esto sea interesante. – comento ahora tomando mis manos para que yo supiera en donde estaba ella.

Pude sentirla cuando se sentó frente de mí con pequeñas risillas que escapaban de su nerviosa boca. Soltó mis manos y regreso para ponerme un plato en las palmas.

- Sostenlo, no lo suertes. – me dijo. – Ahora, abre la boca.

Yo arrugue la expresión, no quería que ella me hiciera una maldad.

- Tranquilo, no te hare nada malo. Confía en mí.

Tenía mis dudas pero lentamente abrí la boca. Entonces una cuchara fue introducida y el caldo que contenía cayó en mi paladar. Un extraordinario sabor a carne recorrió mi boca junto a otras especias que no podía describir.

- Y bien ¿esta rico? – pregunto en tono nerviosos.

- Esta… delicioso.

La escuche reír contenta por la noticia.

- Genial, prueba la carne. – exclamo motivada.

De nuevo la cuchara se introdujo llevando un pedazo de carne. Estaba jugoso y fácil de masticar.

- Wow, exquisito. – hable rápidamente.

De nuevo sonrió más fuerte; mis reacciones la estaban emocionando mucho.

- Prueba esto.

Y a continuación, algo acido y completamente amargo fue llevado a mi boca. No pude masticarlo, la lengua rechazó el sabor qué tuve que escupirlo.

- ¿Pero que fue eso? – levante la venda de mis ojos para verla directamente.

- Pescado.- respondió ella encogida de hombros y una expresión perturbada.

- ¿Qué le echaste?. Tiene… tiene un sabor… no sé, agrio… muy acido. – pase la manga de mi camisa por encima de mi lengua para quitar el sabor.

- En verdad lo siento, Hipo. – me paso el vino y yo di un trago largo – El Tesorero Johan trajo desde Roma un condimento liquido llamado vinagre. Es para cocinar pero aun estoy experimentando como usarlo y, creo que le eché demasiado al pescado.

- Sí, me di cuenta. – la mire sombríamente aun limpiando mi lengua.

- Pero debiste ver tu cara, casi vomitas. – comenzó a reírse.

- ¿Te crees muy graciosa, no?

Con esto tome un pedazo del pescado y lo introduje en su boca. Ella reacciono escupiendo el trozo y bebiendo del vino de un trago.

- Por Dios, si que esta horrible. – arrugo la frente por el mal sabor.

Al momento yo fui quien se burlaba, lo malo era que Astrid era vengativa por lo que agarro un pedazo del pescado e intento obligármelo a comer. Forcejee a risas con ella; logrando quitármela de encima no me quede atrás y empezamos a pelearnos con los pedazos de pescado que arrancábamos a puñados del plato, así divertidamente cubriendo nuestras caras con ese famoso vinagre. Terminamos exhaustos de reír que nos tumbamos uno encima del otro. Recuperamos el aliento y a continuación con trozos de tela quitamos el vinagre de nuestros rostros además de escupir consecutivamente el agrio sabor del pescado. Poco después ella terminó recostada en mi pecho abrasándome amorosamente, yo la acerque a mí y miramos el cielo escarchado. No había mejor momento que este.

- Podría acostumbrarme hacer esto todas las noches. – dijo cerrando sus ojos mientras apretaba la tela de mi pecho en un deseo.

La mire de reojo y no pude dejar de pensar en lo mismo aunque por parte me reserve el comentario. Esta no era mi cena… pero… eso no impedía que yo pudiera proponerle aquí y ahora mismo.

- Astrid – ella se levanto de mi pecho curiosa por mi tono de voz.

- ¿Sucede algo?

- La verdad, si. – fue directo con ella.

Ojos curiosos llenaron el brillo de sus iris, también quedo erguida con los labios ligeramente alineados con el hecho de no decir nada; me estaba dando el momento. Suspire los nervios fuera y sujete las delicadas manos de mi amada. Severamente contemple sus ojos dispuesto a buscar valor en ellos.

- Astrid, hay algo que quiero pedirte… pero de alguna forma… no encuentro como decírtelo. – me apene. Yo de verdad quería que Astrid fuera mí *hicc*, cubri mi boca conmocionado. Pero qué demonios, yo solo lo pensé, no dije nada.

- ¿Otra vez tienes hipo?

- No… *hicc*… tal vez…

- Jajaja, Hipo si tanto te apena decírmelo pues entonces te respondo.

Quede boqui abierto, Astrid… ¿ya sabía lo de mi propuesta?. Tonto, tonto, como pudiste ser tan obvio. Me insulte desde adentro en cuestión de segundos. No podía dejar que mi propuesta se arruinara por mi estupidez.

- *hicc* ¿De qué me estás hablando? – pregunte.

- Sabes bien de que te estoy hablando.- respondió ella arqueando una ceja incrédula.

- No *hicc* no se dé que me estás hablando. – seguí mintiendo utilizando tonos más convincentes. – Ok, te lo diré de una vez. – sujete sus manos para improvisar.- Necesito tu ayuda. Veras… no sabía cómo pedirte esto pero *hicc* tengo mucho trabajo atrasado en la aldea y… quería que me dieras una ma*hicc*no.

El semblante de Astrid fue apagándose mientras más prolongaba la excusa. Dije cientos de mentiras para quitarle de su mente la propuesta, por lo visto estaba dando resultado pues su rostro perdió la emoción de hace un rato.

- Y que dices… ¿me echaras una mano?. Claro, no tiene que ser obligatorio. – termine la mentira.

Ella estaba conmocionada; en parte yo no sabía si realmente había caído en la mentira.

- Yo… claro… claro que te ayudare. ¿Digo, somos un equipo, no? – intento sonreír pero mi respuesta la tenia atontada.

- Genial, creí que me matarías si te lo pedía.- comente para que fuera más creíble la mentira. – Y que pensaste que te diría?- seguí la jugada.

- Ah, ¿Qué?…nada, no es nada. – se avergonzó.

Creerán que no me duele verla decepcionada pero la verdad es que por dentro brinco de alegría ya pudiendo engañarla más hacerla creer en otra historia. Comimos de la cena y casi no hablamos de nada, en especial Astrid quien permaneció mayormente en silencio. Bien hecho Hipo, arruinaste el ambiente, pensé para mi mismo mientras veía como Astrid masticaba el pan sin mínima gana; sus ojos ni siquiera volteaban a mirarme, era como si ella estuviera peleando consigo por pensar en algo que no surgió.

Bebí del vino a la vez que contemplaba de reojo a mi desconcertada pareja. Sus ojos miraban a la nada en un pensamiento profundo que de algún modo sentía que me maldecía por no haberle propuesto matrimonio.

- *Hicc* - de nuevo me dio hipo al pensar en matrimonio.

Mayormente Astrid se reiría al escuchar mi hipo, de lo contrario doblo las rodillas a su pecho, enrosco las manos sobre las rodillas para entonces esconder la cabeza entre las piernas; estaba deprimida. Pero hacerla creer en una idea errónea fue mi salvación para no dañar la sorpresa.