Cap.7

"El Plan"

Aun y recostado sobre mi cama divagaba en lo sucedido de esta noche. Podía escuchar los gemidos de Astrid repetirse constantemente en mi cabeza. Su piel suave y lisa aun permanecía en el tacto de mis manos. No cavia duda de que estaba perdidamente enamorado de ella.

Mire hacia el techo de la alcoba mientras intentaba archivar ese recuerdo en los mejores momentos de mi vida. Una larga sonrisa escapo de mis labios, estaba tan ruborizado que metí la cabeza debajo de las sabanas avergonzado de mi misma reacción; pero era la mejor vergüenza que podía sentir, porque estaba feliz. Lleno de regocijo que mordía mi camisa para no estallar en risas ni despertar a Chimuelo. De seguro Astrid estaba igual, luchando por quedar dormida pero sin resultado por culpa de los pensamientos extasiados.

Sin poder conseguir el sueño me senté y me deje apoyar sobre el espaldar de la cama. Con la mirada fijamente sobre el techo haciendo una y otra vez memorias de la cena. Estaba prisionero… de la pación. Como daría por besarla de nuevo y permanecer todo un día con ella a mi lado. Incluso si tocaba mis mejillas era capaz de sentir sus manos rosar por mi piel.

¿Acoso es normal que me sienta así, tan lleno de vida y aun excitado? ¿Es esto… lo que se siente… cuando dos cuerpos se unen?

- ¡Vamos, despierta! – sacudí la cabeza más golpee mis mejillas para despejar los pensamientos. Aunque… una parte de mi no quería librarse de ellos.

Finalmente Chimuelo cayo despierto tras escuchar mis murmuros. Se levanto y estiro las patas antes de guiarse a mí.

- Lo siento amigo. Al parecer siempre termino despertándote. – le acaricie la barbilla; el no protesto solo ronroneo a mi caricia. – Pero… es que tuve la mejor noche de mi vida. – comente y el sesentón a escuchar. No era capaz de contestarme pero se quedaba sentado atento a lo que decía. – Sabes, lo haré. – hable en tono fuerte y determinado. – Es momento de que le diga a Astrid lo que en verdad siento. No más ataques de hipo.

Aprobando mi actitud Chimuelo paso su babosa lengua por todo mi rostro.

- ¡Ahh, Chimuelo, sabes que eso es asqueroso! – lo empuje pero el prosiguió motivado.

Esa noche apenas pude dormir cuatro horas como mínimo. Me levantes con una energía espléndida y gran humor que sentía que podía hacer de todo. Tome mi agenda del día en busca de algún trabajo sin terminar, pero lo que halle hizo que todo mi cuerpo se paralizara…

- Esto no puede ser. – me estremecí, las energías que sentía se fueron por completo.

- ¿Su sede algo malo? – pregunto mi madre tras entrar a la habitación.

- No hay nada… nada que arreglar en la aldea. – comente pasando las paginas y ver que todos los trabajos estaban tachado como terminados.

- ¿Qué eso no es bueno? – torció la expresión confundida.

- ¡NO! – me voltee a mirarla. – Ahora Astrid no va a creer mi mentira. Creí que tendría algo con que distraerla…pero… no hay nada. – cerré la libreta con frustración al caer sentado en la cilla.

- Wow, wow, tranquilo. De seguro habrá algo que arreglar. No es como si nosotros los vikingos no fuéramos tan Beserkers.

Enseguida levante la cabeza con una idea.

- ¡Beserker! Eres brillante mamá. – me levante, bese su mejilla antes de correr a las escaleras. Chimuelo se levanto y salto por la ventana para alcanzarme.

- Amm… de nada… creo. – sonrió mas confundida.

Con gran motivación me guía a largos pasos por la plaza esperanzado de encontrar a las dos personas que resolverían mi problema.

- A ver si entendí. ¿Quieres que asustemos a una manada de Yacks a las montañas para que Astrid vaya por ellos; solo para que crea tu mentira? – dijo detenidamente Brutacio.

- Sip. – entre crucé los brazos orgulloso de mi plan.

- ¡Te amo, Jefe! – me abrazo de la cintura en un tono lloroso. – Jamás creí que este día llegaría.

- No es para tanto. – intente despegarlo pero se aferro como un imán.

- ¿Y qué te hace pensar que lo haremos? – se reclino Brutilda en tono arrogante.

- Solo hay dos descendientes de Beserkers con la capacidad de divertirse al destruís las cosas o llamar la atención. – le guiñe un ojo a la vez que intentaba despegarme a Brutacio.

Ella parpadeo un momento tras realizar que era verdad.

- Eres hermoso. – me abraso con halagos así uniéndose a su hermano.

Chimuelo se rio de mi situación yo en cabio suspire y rodé los ojos incomodo con los abrazos. Tras desaserme de ellos espere cerca del muelle la llegada de Astrid.

- ¿Estoy tarde? – se presento llegando en Tormentula.

- Para nada.

Una vez que bajo de su dragón sus mejillas tantos la mías se ruborizaron. No nos percatamos que nuestros nos llevaron cerca del uno al otro, pero para nada me importó mi acto inconsciente, de lo contrario aproveche el momento y lleve la mano sobre su cadera así impulsándola a mi espacio. Ella se dejo llevar así envolviendo sus brazos al rededor de mi cuello. Allí, en los próximos segundos apasionadamente nos entregamos a un beso prolongado. La velada de anoche nos convirtió en una pareja más confiada.

- Había esperado todo el día para hacer eso. – murmure.

- Ya somos dos. – se entrego de nuevo a mis labios.

- Lamento la interrupción. – dijo Patán con la expresión de no lamentan nada. – Pero tienes trabajo que hacer Hipo, una manada de Yacks acaba de huir a las montanas del norte.

- Oh, está bien, iré…

- No, claro que no. – me interrumpió Astrid. – De eso me encargo yo, recuerda, pediste mi ayuda y eso are.

- ¿Estás segura?

- ¿Cuando no lo he estado? – subió a Tormentula motivada

- Buena respuesta. – seguí la jugada.

- Suertes con tus demás quehaceres. – se despidió al marchase.

Yo no respondí a esa, solo mantuve la mano agitada como despedida. Cuando se marcho suspire.

- Eso fue fácil.

- Solo espero que tu plan funcione Hipo, ha Astrid no le gustara saber que es una mentira. – hablo en un tono imprudente Patán.

- Lo de la manada es real. Pero, tranquilo, todo saldrá bien.

- Pareces muy confiado. – siguió a la protesta. – Si Astrid se hubiera figado en mi la hubiera complacido con todo.

- Vamos, ¿aun sigues con eso? – sonreí viendo su envidia.

- ¡SI! – dejo salir su frustración. – Yo no sería como tú. En el momento precisó le hubiera dado la mejor sortija que ninguna mujer vikinga haya usado.

Dichas palabras golpearon en mi cabeza especialmente una.

- La… sortija. – de inmediato tense los dedos como los hombros. – ¡DISCUTIREMOS LUEGO! – sin rodeos brinque a la silla de Chimuelo y volamos como un rayo, dejando atrás a Patán con sus gritos de frustración.


Bueno ya que fueron muchas las peticiones para que continuara la historia pues les diré que este no es el ultimo capitulo, pero ojo que el próximo si lo será. ^..^