Bueno los planes cambiaron puesto que es el año nuevo decidí darles de obsequios este capítulo. Mi intención era hacer solo 8 cap, pero me tomo mucho tiempo ordenar las piezas para este final, por lo que tendrán que esperar la segunda parte cual.
"Felicidades ;-)"
Cap.8
Part.1
"Furia Y Consuelo"
Una sortija, como pude olvidar lo que requiere el dedo de Astrid. Divague todo el tiempo en la propuesta… ¿pero no en la sortija?.
- Y te haces llamar genio, ¡más bien un idiota! – golpee mi cabeza en frustración. – ¿Como conseguiré un anillo?
Mediante el vuelo Chimuelo por encima de su hombro me inspecciono pensativo, si supiera hablar mi idioma de seguro me diría algo alentador; reconozco que yo tampoco se su lenguaje pero ambos intentamos dar de nuestra parte.
- Vamos a la fragua amigo. – di dos palmaditas en su cuello como guía, el asintió y dio un ligero giro hacia la derecha.
Puede que en la forja encontrara algo de ayuda. Una vez aterrizando frente a las puertas del lugar pude observar detenidamente como Bocón esforzaba todo su peso contra una carroza con el intento de empujar la construcción de madera llena de metales oxidados y usados.
- Amm, Bocón ¿Qué es todo eso? – le pregunte una vez cerca.
- Ah, esto, solo un montón de metales sobrantes y algunos experimentos fallidos. – respondió gruñonamente tras no tener resultados para mover la carroza.
- Se ve muy pesado. ¿Porque no le dices a Gruñón que te ayude? – señale a su dragón tumbado en una esquina de la forja dormido como de costumbre. – El podría tirar de la carroza.
- ¿¡Ese!? – señalo a Gruñón con molestia. – ¡Se la pasa todo el día tirado! ¡Es un milagro que apenas mantenga el ornó encendido!- se volteo de nuevo a la carroza a tirar de ella sin resultado.
- Es su naturaleza dormir tanto, sabes. – me dirige dentro de la forja. – Los Hotburple, solo comen y duermen si no los entretienes demasiado. – explique antes de acariciar la rocosa cabeza de Gruñón quien ni siquiera parecía notar mi presencia.
- Ja, si hubiera sabido eso desde el principio hubiera elegido otro dragón. – se encamino dentro de la forja cojeando aun más arrogante con su pierna de palo.
Yo negué sonrientemente con la cabeza pues sabía que Bocón no hablaba en serio. Gruñón significa mucho para él.
- ¿Y qué harás con todo ese metal? – indague sacando un trozo de metal de la carroza y inspeccionarlo.
- Se los daré a comer a aun Gronckle para ver que resulta. La ultima vez obtuve un metal tan brilloso que podría hacer hermosos aretes o sortijas de él.
Mis ojos se agrandaron en la conversación. Mire el metal y comprendí que en mis manos estaba la solución a mi problema.
- Bocón ¿Lo que dices es cierto?
- Cada palabra. – boxito cambiado de garfio por unas tenazas.
- ¡Quiero ese metal! – golpee la mesa tan fuerte que Bocón casi se pincha con las tenazas.
En las próximas horas Bocón cumplió mi recado y me ayudo a crear aquel metal brilloso de la lava del Gronckle. No le di una explicación clara delo que haría pero en cuanto vio algunos dibujos trazados a lo ligero comprendió el invento. Me sonrió y me dijo que a ella le encantaría.
El trabajo duro es una de las cosas que a nosotros los Hofferson nos fascina hacer, especialmente si es como un reto. La verdad no me sorprende que Hipo pidiera mi ayuda, de pequeños siempre podía contar conmigo… aunque últimamente ha estado actuando muy extraño… como si me estuviera ocultando algo importante. Pero que pienso, él siempre ha sido igual de distraído y con una personalidad sospechosa… más de lo normal creo yo.
- ¡Oh, allí hay otro amiga! – sacudí la cabeza de los pensamientos al contemplar un Yack. – ¡Ve por el Tormentula!.
Ella rujió y en salpicada hacia abajo estiro las patas y garras marcando con la vista al objetivó. El Yack miro hacia riba sospechando que algo venia por él. Viendo a mi dragón sus ojos se agrandaron en miedo y corrió como le indicaba su instinto.
- ¡O no. No escaparas! – esboce una sonrisa en excitación. - ¡ATRAPALO AMIGA!
Con un rujado por delante Tormentula finalmente cerró sus garras sobre el lomo del animal, así levantándolo del suelo tras la fuerza de sus alas. Levante un puño por encima de mi cabeza en señal de victoria.
- ¡Bien hecho Tormentula!. Ahora solo nos faltan unas treinta más.
Las horas volaron y Yacks por Yacks fuimos recolectando, aunque mientras más atrapábamos extrañamente… mas reaparecían.
- ¡Detente! – proteste al final y Tormentula aterrizó sobre una colina acatando mi orden. – Algo extraña está pasando aquí. ¿De dónde surgen tantos Yacks? Estoy segura que solo eran unos treinta?
Dicho esto una oleada de explosiones resonó por lo largo de las montañas. Tanto yo como Tormentula buscamos con la vista inicios de algún ataque o explosiones vecinas.
- ¡Por allí! – señale al norte en donde barias siluetas de luz naranjas parpadeaban al ritmo de las explosiones.
Mi dragón emprendió el vuelo, hasta el origen no solo de aquellos punzantes zumbidos de las explosiones si no de par des carcajadas que perturbaban el alma. Un grupo de Yaks se dispersaron por las llanuras luego de que una bola de fuego se difuminara desde las fauces unidas de un "Cremallerus Espantisus". Dos choques de manos resonaron contra mis oídos cuando los gemelos compartieron palmadas en el suceso de asustar al aterrado ganado.
- ¿¡Se puede saber que están haciendo!? – aterrizo mi dragón por las espaldas de ellos.
Mi voz hizo que los hombros de los gemelos se pegaran a sus cuellos en sorpresa. Ninguno se atrevió a voltear la cabeza a pesar de que ambos se discutieron palabras en busca de cómo responder a mi pregunta.
- Solo… pasábamos por aquí. – hablo entonces Brutacio.
- Sip, no estamos haciendo nada malo. – siguió Brutilda.
- No es como si Hipo nos hubiera dicho que hiciéramos algo. – prosiguió Brutacio aun más nervioso.
- Si, el nos regañaría si nos descubre.
- ¡Cierren la boca! – proteste - ¿Hipo tiene que ver con algo de esto, verdad? – enfurecí en sospecha.
- Si.
- ¡NO! – negó Brutilda la respuesta de su hermano.
Entonces estreche los ojos dispuesta a sacarles la verdad a ambos.
Ya en el último retoque, seque el sudor de mi frente y retrocedí para contemplar mi trabajo. De seguro mis ojos brillaron pues me sentía muy orgulloso. Me regrese a la mesa y tome los dos anillos gruesos en forma de curvar a lo redondo. Me asegure de darle un toque único, por eso los personalice. Mi anillo tenia tallado en el centro como un logo aun Furia Nocturna, mientras que el de Astrid, un Nader Mortífero. Ya los había brillado por lo que aquel toque metálico y brilloso hacia ver las piezas como únicas. De repente, Bocón sirvo en asombro al revisar mi trabajo.
- Eso sí que es arte. – alago quitando de sus ojos su metálica máscara de trabajo.
Yo sonreí al alago.
- Sí, me sorprende lo poco que me tomo hacerlos. – admití acariciando los anillos.
- Wow, eso es hermoso. – se presento mi madre. - ¿Tu los hiciste?
- Sip. – respondí entregándole los anillos.
- Oh, Hipo. Son preciosos. Estoy segura que Astrid quedara fascinada. – acaricio me mejillas en orgullo.
- Gracias, mamá.
- ¡Hipo, estas aquí! – escuche la voz de Asrtis, una voz que sonaba molesta.
Coloque una mano en el hombre de mi madre mientras alzaba una ceja en pregunta; dejando los anillos con mi madre me guie fuera de la fragua. Allí, me encontré con Astrid, quien bajo de su Nader Mortifero agresivamente.
- ¡Hipo, eres un maldito gusano come ratas! – ella intento alcanzarme para golpearme, pero Bocón lo sostuve.
- Wow, wow, ¿qué sucede?, Astrid, recuerda a quien te diriges – puso un tono serio Bocón.
- ¡Sé muy bien a quien me dirijo! – me señaló con la mirada molesta.
- ¿Qué sucede? – se presento mi madre.
- ¿¡El ganado de Yack que huyo a las montañas, todo eso fue una mentira!? – reclamo Astrid en los brazos de Bocón.
Me resalte, ¿Cómo sabia eso?. Entonces del cielo rugió un Cremallerus, dicho dragón aterrizó lado a la fragua trayendo consigo a los gemelos; ambos estaban adoloridos.
- Los sentimos, Hipo. Ella nos obligo a hablar. – se acaricio los golpes en señal de que Astrid los golpeo muy fuerte.
- ¡Y ahora are que tú hables Haddock! – intento llegar a mí de nuevo, pero el agarre de Bocón se lo impidió.
Yo me acerqué a mi mentor y coloque una mano sobre su hombro.
- Está bien Bocón. Suéltala.
Dicho esto él me miro con inseguridad, yo asentir de nuevo y entonces él la libero. Disgustada Astrid retrocedió.
- Es cierto – dije entonces – Te mentí. Pero mis motivos no eran para hacerte daño.
- ¡Hacerme daño es lo de menos. Pero tomarme por tonta, sabes lo mucho que odio eso! – grito.
- Lo sé, y fue estúpido, lo admito… incluso Patán me lo advirtió y yo…
- ¡Patán! – interrumpió - ¡Incluso El Lo Sabía! ¡YO ERA LA ÚNICA TONTA MERODEANDO EN BUSCA DE UN GANADO QUE NUNCA ESCAPO! ¡ESO ES LO QUE QUIERES QUE CREA!
- ¡No! Claro que no. – proteste.
- ¡ACASO NUESTRA NOCHE TE DIO LA CONFIANZA NECESARIA PARA QUE ME HAGAS BROMAS!
- ¡No, eso nunca! – proteste de nuevo.
- ¡Entonces que es!
- Podemos hablar esto en otra parte – la sostuve del brazo insistiendo ir a otro lugar.
El bullicio de la aldea pronto se hico presente entre nosotros.
- ¡NO! – jalo su brazo que se libero de mi agarre. – ¡Lo que tangas que decirme dímelo aquí!
Me impresione pero a la vez enfurecí.
- No causes un drama, Astrid – proteste.
- ¿Drama? ¿¡Ahora yo estoy haciendo un drama!? ¡Estoy furiosa Hipo! – se me acercó - ¡Furiosa porque no puedes ser honesto conmigo!
- ¡Quisiera ser honestó contigo, pero mi plan es no serlo ahora! – la confronte.
- ¿¡Es la manera como cambiaras todo!? ¿Dejándome a un lado?
- Vamos chicos… dejen de pelear – se interpuso Patapez temerario.
- ¡NO TE METAS! – gritamos los dos al mirarlo.
Todos presentes estaban atónitos, no más que Patapez, quien luego arrugó la frente molesto por nuestra actitud. De nuevo voltee a mirar a Astrid.
- Sé que lo hice mal, ¡Y LO LAMENTO!. Pero mis decisiones tienen una razón valorada y no son para excluirte, Astrid.
- ¿Entonces continuaras guardando secretos? – entristeció la mirada. – Sabes… estoy tan confundida… que no se si lo nuestro funcionara…
- … ¿Cómo llegaste a esa conclusión?... – me erguí decepcionado al escuchar eso.
- Has estado actuando muy extraño – empezó a explicar – Tratas de decirme algo… pero… pero no dices nada. Lo único que sale de ti es ese… ese maldito hipo que ya no tiene gracia.
- Créeme, e intentado hacer lo posible por explicarte lo que siento. – sostuve sus manos en desesperación.
- Exacto… tu… solo necesitas tiempo… necesitamos tiempo. – argumento, alejando de la forma más deprimente sus manso de las mías. Ella quería que el mensaje fuera muy claro.
Reaccione retrocediendo inconscientemente, ni siquiera me dio cuenta de la sonrisa incrédula que cruzo por mis labios. No quería ni creer lo que Astrdi pretendía decirme.
- ¿Estas… terminando conmigo?
- Por el momento… creo que es lo mejor. – respondió en un tono ahogado.
La multitud pronto comenzó a murmurar cosas que yo no entendía o que por medio del impacto de la notica no era capaz de consentirme en ello. Mis piernas temblaron, las manos me sudaron y mi corazón latió tan fuerte que hasta mi garganta palpitaba con un nudo desgarrador. Fueron muchas las emociones que me invadieron de un golpe; desesperación, dolor, tristeza, angustia… ira. Todo esto, solo porque quería darle una sorpresa, pero la sorpresa la recibí yo. De pronto me sentí extraño, algo… algo apretaba contra mi pecho, incluso el dolor de mi pies faltante regreso con un dolor punzante. Pensamientos negativos y llenos de ira pronto entraron en mi cabeza, diciéndome… que había perdido el amor de mi vida.
Pero ella no me dejo explicar, ni siquiera me dio la oportunidad. Como siempre, fue directa al grano. Vi como Astrid dio un paso con la intención de retirarse, pero yo no la dejaría.
- ¡ESPERA! – se detuvo resaltada al escucharme.
Fruncí el ceño de tal forma que el miedo se sembró en todos. Me di la vuelta y camina hasta donde esta mi madre, ella llevo las manos el pecho guardando los anillos en sus puños antes de decirme.
- No hagas esto, hijo.
Yo no dije nada, solo le induje una mirada fría mientras extendía una mano en busca de que me entregara los anillos. Ella miro mi palma, dejo escapar un pesado suspiro deprimente cuando me entrego los anillos. Sin nada más que decir regrese hacia Astrid, la tome rudamente de la mano y la hale hasta dentro de la forja, donde nos detuvimos cerca de la chimenea.
- ¡Ya suéltame, me lastimas! – protesto justo antes de que yo la soltara.
- ¡Esto! – me voltee y puse frente a sus ojos los anillos. Ella retrocedió en asombro y horror – ¡De esto se trataba!... ¡Todas las mentiras y momentos difíciles se trataban de ESTO! – las acerca más para que viera que no era una ilusión, dicho y hecho pronto sus ojos se llenaron de lagrimas y sollozos. - ¡Se que fui un imbécil, un idiota, pero lo hice porque te amo!... y quería que fuera perfecto… - ahogue la voz. – Te amo Astrisd, te amo – cerca de mis labios cayo una lágrima. – Pero tú tampoco eres capaz de confiar en mí…
- Hipo… - sollozo mi nombre
- Tal vez tengas razón… puede que yo haya ido muy rápido – llegue a sonreír aun mas incrédulo de lo que pensaba. – Me hice una idea equivocada… tal vez solo fue un sueño. – las lagrimas corrieron por mis mejillas.
Pronto mire los anillos en mi palma… y sentí que todo había acabado… que el amor que una vez sentía… se rompió como una espada vieja. Cerré el puño con mucha fuerza y de golpe... lancé los anillos al fuego.
- NOOO! – grito Astrid quien cayó de rodillas mirando al fuego.
Pronto Astrid lloro en lamento, pero no la escuche; estaba molesto, tanto que me di la vuelta y salí por la puerta. Mi pueblo me miraba con asombro y muchas negaba a mi crueldad, pero que sabían ellos de cómo yo me sentía; son como ella… juzgan y cizañan sin saber lo que pasa. Entre ellos estaba Chimuelo, con orejas bajas e una mirada que refleja mi alma. Había dolor en aquellos ojos grandes, pero aquel sufrimiento no era de mi dragón… si no míos. Me atemorice cayendo en la realidad.
- … ¿Que hice?...
No me atreví a voltear, Astrid lloraba y llenaba mis oídos en agonía. Corrí hacia la izquierda y pronto Chimuelo se interpuso en mi camino, yo protestaría pero vi como él se agacho en señal de que me permitiría subir a su espalda para llevarme lejos. A pesar de lo que había hecho… Chimuelo no me abandonaría. Aguante las lagrimas y subí a la cilla, prontos nos distanciamos de la aldea.
Valka apretó los puños y labios; esto no estaba bien. Decidida a tomar cartas en el asunto se acercó al ala de Brinca Nubes, quería alcanzar a su hijo, pero Bocón sostuvo su brazo y protesto…
- Necesita estar solo – dijo en pena.
- No, el necesita a su madre – arrugó la frente en determinación. Esta vez no dejaría que Hipo sufriera a solas.
Aparto la mano del herrero y pronto su dragón de cuatro alas emprendió el vuelo sacudiendo la tierra bajo ellos. Bocón suspiro en pesar y miro a todos los habitantes.
- ¿¡Que están mirando!? ¿¡Jamás vieron una pelea!? ¡Váyanse antes de que yo les dé una! – ajito sus tenazas amenazante.
Disgustados por la rudeza del anciano los aldeanos se dispersaron, Bocón era como Estoico, podía llegar hacer tan agresivo o peor, ya que siempre hablaba enserió. Sacudiendo la cabeza en negación, Bocón entro a la fragua donde los amigos de Hipo intentaban aconsejar a la dolorida de Astrid. Un sonido crujiente provino de la chimenea y pronto Bocón brinco recordando lo que se quemaba. Con sus tenazas rescato a los anillos y los lanzo en agua, el vapor desapareció, retomo las dos piezas y las limpio en una tela sucia, luego camino a donde Astrid estaba tirada y se inclino a su nivel.
- Están algo negras por el fuego, pero se puede arreglar. – comento poniendo en las temblorosas manos de la chica las sortijas.
Astrid contemplo los anillos, miro al herrero con un brillo intenso en sus ojos para entonces responder…
- Gracias… - mas lagrimas cayeron, con las sortijas apretadas sobre su pecho. – Son hermosos…
Tumbe la cabeza sobre la silla de montar. No era capaz de mirar el panorama, solo permanecí de esa forma por largos minutos mientras las lagrimas manchaban el frágil cuero de la cilla. No podía omitir ningún sollozos, simplemente las lagrimas seguían cayendo porque sabían que una parte de mi estaba roto. Ni siquiera estaba pensando, mi mente estaba en un profundo fondo blanco. ¿Dónde estaba yo, cuando la ira me domino? ¿Acaso… eso es a lo que llaman, enojo que ciega?. No puedo sentir el frio del viento, tampoco el calor del sol ¿Qué es esto que me mata por dentro?... Duele…y mucho…
- ¡HIPO! – grito una voz familiar que a mis oídos sonaba como a un profundo eco.
Como un muerto, voltee la cabeza lentamente hacia la derecha sin despegarme de la cilla, allí estaba mi madre, en las espaldas de su majestuoso dragón, Brinca Nubes. Se veía preocupada y extrañamente extendía una mano hacia mí… ¿Qué es… lo que quiere?
- Hipo – nombro, entonces con un tono suave. – Hablemos Hipo, hablemos.
No sé porque… pero sentí que mucho dolor invadió mas mi pecho que pronto comencé a llorar de verdad. Entonces negué con la cabeza rechazando su petición.
- No tienes que lastimarte, yo puedo ayudarte…
- ¡MIENTES! – grite con la cabeza sumergida en la cilla, no quería mirarla. - ¡Por vente años no estuviste ¿¡Qué te hace pensar que te necesito ahora!?
Entonces paso lo siguiente… ella salto desde su dragona así cayendo detrás de mí. Fuertemente sus brazos se enroscaron contra mi cintura mientras su barbilla descanso sobre mi hombro.
- Porque soy tu madre – hablo con ternura pero a la vez teñida de dolor. – Y no pienso dejarte ir otra vez – apretó fuerte mi cintura haciendo referencia de que cumpliría su palabra.
Yo sostuve sus manos, quería zafarme de ellas, pero sentía algo nuevo; algo que me libero por segundos de aquel gran dolor que ataba mi garganta. Puedo que eso era lo que siempre había esperado… el afecto de una madre, el amor… de mi madre. Pronto rompí en llanto, cubriendo el cielo de mis gritos. Chimuelo bajo las orejas deprimido pero no se negó a continuar el vuelo, Brinca Nubes tenía una mirada igual, llena de pena. Mi madre acaricio mi cabello, mientras me susurraba que debía liberar todo el estrés, que no era débil llorar.
Podrían ser estas mis verdaderas lágrimas; las lagrimas que ni en el funeral de mi padre pude derramar. Todo este dolor disminuía con cada grito y llanto que no paraban de mis ojos. En minutos quede en silencio. Mi pecho ya no apretaba como antes, el nudo de mi garganta se redujo y el ritmo de mi corazón se estabilizó. De seguro mis ojos estaban rojos e hinchados más las mejillas húmedas y pegajosas por mis lágrimas de un salado sabor. Pronto me recline, dejándome apoyar en un gran suspiro contra el pecho de mi madre. Ella aun acariciaba mi cabello más diversas beses llego a besar mi cabeza. Sus manos suaves y huesudas masajeaban mi frente en un intento de relajarme, lo cual funcionaba a perfección, pues pronto el sueño me domino.
