Wow 0_0!
No me esperaba que el capitulo ocho les hubiera gustado tanto. Me siento satisfecha :'-)
Gracias por sus comentarios ñ_ñ
¡Feliz 2015!
Cap.9
"Canción, Practica Y Enfrentamiento"
Cuando desperté lo primero que visualice fue el horizonte, su color ahora era de una tonalidad blanca, además de aquellos dos colores sobresalientes del naranja y rosa; era una hermosa puesta del sol. Parpadee más de una vez, pues me sentía adolorido mas soñoliento. Luego descubrí que mi cabeza estaba sobre el regazó de mi madre, ella acariciaba mi frente mientras murmuraba una delicada y dulce canción.
- Esa canción… – hable soñoliento – Es la que papá y tú cantaron aquel día en la montaña.
Ella sorpresiva me miro, luego sonrió.
- Así es. Nuestra canción. – comento en un tono melancólico, ella en esos momentos pensaba en mi padre. – Ahora que lo pienso, nunca te dije como tu padre me propuso matrimonio. – volteo a mirarme con una sonrisa de buenos recuerdos.
Dicho eso, la curiosidad me llevo a levantarme. Estábamos en una alta colina; me era familiar el lugar, así que tenía que estar en mi libro de mapas. Extraños ruidos me hicieron notar a Chimuelo, quien estaba molestando a Brinca Nubes con querer morderle la cola. Pero que dragón travieso.
Me senté al lado de mi madre, dispuesto a escuchar su versión. Una sonrisa nerviosa se escapo de ella, sus mejillas más que todo se llenaron de rubor, entonces suspiro y miro al horizonte.
- Ese hipo que te invade cuando estas nervioso… lo heredaste de tu padre – me contemplo asintiendo la verdad. Yo no sabía que decir. – La palabra matrimonio lo ponía nervioso, especialmente porque temía que yo le diera un no como respuesta. – hablo en tono divertido, los recuerdos la estaban envolviendo. – Resultaba gracioso ver lo mucho que lo intentaba. Pero como culparlo… yo lo amaba y no importaba lo mucho que lo intentara… yo estaba dispuesta a darle un sí.
Tras ella decir eso… recordé lo que había hecho, no había forma de que Astrid me perdonara. Derive la mirada y pronto mi madre noto la inquietud. Ella alcanzó mi mejilla y me dio una expresión seria.
- Y por eso… tú tampoco debes dejar de intentarlo. – me alentó – Comprendo que ambos dijeron cosas horribles… pero los dos cometieron sus errores. Eso no quiere decir que el amor que ambos sienten por el uno al otro, se haya roto por completo.
Escuchando dichas palabras, no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas; lagrimas de una hermosa emoción. Habrase a mi madre agradecido por su consuelo.
- Lo siento – dije entonces con el rostro escondido en su hombro. – Lamento haberte dicho que no te necesitaba…
- Lo que mencionaste no fue mentira, Hipo. Yo fui quien se fue…pero ahora estoy aquí para enmendar mis errores.
Intercambiamos miradas, dando una sonrisa aun más mayor, mi madre seco las grimas de mis mejillas, mientras por largos segundos me contemplaba en silencio. Después rompió el boto…
- Eres un hombre muy apuesto, ¿lo sabes? – dicho esto me sonroje, se veía orgullosa de mi apariencia, pero podía notar un cierto dolor en su voz; debía ser porque no pudo ver me crecer.
Ella recostó su cabeza sobre la mía en perfecta armonía; el vínculo entre nosotros, con cada palabra crecía.
- Entonces… ¿cómo papá se declaro?. – me aleje con una gran sonrisa. Emocionado por querer saber.
De nuevo una burlona sonrisa se escapo de ella, llevo su mano al bolsillo y de allí saco un papel doblado. La mire en duda, pero ella acerco el papel a mis manos, insistiendo en que lo tomara. Lo sostuve y pronto le eche una ojeada. No podía creer lo que leía, por eso voltee a verla en busca de respuestas.
- ¿Es… la canción? - ella asintió.- ¿Papá escribió la canción?
¡Eso era imposible!, mi padre es un hombre serio. ¿Por qué haría algo tan cursi?
- Te dije que tú padre no siempre fue un hombre rudo. – comento, sabía lo que yo estaba pensando en el momento. – Estoico pensó en cada frase y en las aventuras que vivimos de jóvenes. Para ser honesta… esa fue la propuesta más romántica que haya existido en Berk. – miro al cielo, perdida en el romance. – Por eso… quiero que tú seas el segundo. – cerro el papel en mis manos.
- ¡YO! – ella asintió – ¡Pero ni siquiera se cantar!
- Tu padre tampoco era un experto, yo no puedo decir lo mismo de mí – admitió – Pero cuando algo se hace de corazón, lo demás no importa.
- Hay, mamá, eso… eso… es demasiado cursi. La verdad jamás creí llegar a tal extremo. – dije nervioso.
Ella endureció la expresión más me sostuvo de los hombros.
- ¿Quieres recuperarla?
La pregunta me impacto, pero no dude en responderla.
- Si, más que nada en este mundo.
- ¡Entonces hay que hacerlo! – hablo emocionada, tomando mis manos y levantarme del suelo. – Lo principal no es solo el canto, si no también… el baile. – boxito entusiasmada, casi saltando de emoción.
- Wow, wow, ¿!Que!? – retrocedí - ¡No mencionaste nada de un baile!
- ¡No seas chillón! – me golpeo el hombro con gracia. – Esta era la parte favorita de tu padre, además es muy divertido. No solo cantas, también liberas el estrés moviendo las piernas.
- Solo tengo una pierna – aburrí la expresión recordando ese hecho.
- Bocón no se negaría a esto teniendo una sola pierna. ¡Vamos inténtalo!
Sin poder negarme, mi madre sostuvo mis manos haciéndome pararme firme. Ella tenía una gran sonrisa en sus labios, que me contagiaba la risa. Intente escapar de ella, pero cada intento fue una mirada atravesada de mi madre. Suspire en derrota y ella prosiguió.
- Empieza así. Un pie delante, el otro atrás, un pie delante y el otro atrás.
Confuso mire sus pisadas, haciendo todo lo posible por mantener el paso. Pronto nuestras cabezas golpearon una contra la otra, debido a que ambos miramos hacia abajo; reaccionamos a carcajadas acariciándonos los golpes. Proseguimos, los primeros pasos no fueron tan difíciles, luego la segunda estrofa se convirtió en vueltas, saltos y cambios de manos y más giros. Se convirtió en algo divertido, no podíamos dejar de reír, mientras dejábamos que el baile se apropietara de nuestros cuerpos. Luego me di cuenta de algo mediante el baile… esta era la primera vez… que realmente me detenía a ver detalladamente cómo era mi madre. Todo se volvió lento; su cabello rojizo, trenzado y las resientes canas blancas flotaban con los pasos, su sonrisa la deslumbraba y su mirada… me hechizaba; en definitiva… es hermosa. Papá fue muy afortunado.
Chimuelo y Brinca Nubes se detuvieron a mirarnos; graciosamente la cabeza de mi amigo brincaba motivado por el movimiento que conllevaba el baile, pronto mostro la lengua mientras sonreía y movía la cola de lado a lado. Tenía la sensación de que nada bueno saldría de su repentina actitud. En el momento, Chimuelo muy imperativo termino abalanzándose sobre mi madre y yo.
- ¡Chimuelos… pesas mucho! - proteste, pero mi madre solo se reía. – ¡Vamos, compórtate bien, reptil inservible! – burle empujando una de sus patas fuera de mi cara.
El solo se burlaba a carcajadas antes de empezar a lamerme el cabello y dejármelo todo parado.
- Aaaaahhh! ¡ODIO QUE HAGAS ESO!
Una vez gritando, Chimuelo retrocedió saltando en puntillas tras una burlona alegría; le encantaba molestarme.
- Jajaja, hoy está muy travieso – comento mi madre rascando la barbilla de Chimuelo, quien se escurría en la tierra mimoso como un gato.
- ¡Insoportable queras decir! – proteste peinándome el cabello con los dedos. De lo imprevisto, Chimuelo se acercó; corrió hacia mí y de un golpe lamio nuevamente mi cabello… entonces salió corriendo al final - ¡CHIMUELO!
Él solo saltaba juguetonamente, sacando la lengua y agitando las caderas en busca de juego. Yo lo mire fulminante y me lancé contra su cuello, pronto él me derribo contra el piso, en donde comenzó a golpearme en forma de juego con sus patas. Mamá no podía parar de reír, le parecíamos tiernos. Yo en parte termine exhausto de intentar derribarlo. Me lance de espaldas al suele y pretendí hacerme el muerto de lo cansado que estaba. Chimuelo curioso empezó a olfatearme el rostro, se acercó tanto que termine por soplarle la nariz, el aire entro por sus fosas nasales, él retrocedió aturdido mas comenzó a estornudar. Me dio tanta gracia su expresión que rompe en risas; a él no le gusto mi reacción por lo que me golpeo con su cola.
- Vamos, ustedes dos. No es momento para seguir jugando. – protesto mi madre levantándome del suelo. – Debemos enfocarnos en la propuesta. – afirmo sacudiendo la tierra fuera de mi ropa. – Tendremos que practicar en donde nadie sede cuenta. ¡Podríamos ir a la academia!
Dicho eso, pude sentir el rubor de mis mejillas, ¿Allí… donde Astrid y yo nos convertimos en uno? ¡No gracias!
- Creo que tengo un lugar mejor – interrumpí guiándome rápido a la silla de montar de mi amigo.
Ella arqueo una ceja en duda, pero subió a Brinca Nubes sin protestar y nos siguió por todo el camino al bosque. "La cala", ese sería el lugar perfecto para practicar. Descendimos y al momento contemple como los ojos de mi madre brillaban con asombro. Se apresuro a llegar a la orilla del lago, en donde se arrodilló; entonces llevo las manos a las aguas, recogiendo en sus palmas gran cantidad del líquido y finalmente beber de ella.
- ¡Qué frescura! – exclamo – ¡Este lugar es hermoso! ¿Cómo lo encontraste? – volteo a mirarme.
- Aquí, es donde encontré a Chimuelo. – señale el entorno con orgullo - Este lugar dio a nacer nuestro vínculo, ¿No amigo? – Chimuelo asintió y salto motivado hasta llegar a mi lado.
- Debe ser una bonita historia – dijo, mirándonos con ternura.
La verdad si lo era; una historia que al momento sentí con ganas de contar. Me senté con ella en la orilla y hable de todo el proseguimiento; ella escuchaba con gran interés y asombro más que todo. Cada palabra era algo que elevaba la imaginación de mi madre. No dejaba de hacer preguntas las cuales yo no dude en responder y reír en algunos momentos vergonzosos.
- Luego Astrid nos descubrió, lo que hizo que las cosas se complicaran. – rasque mi cabeza en la explicación. – No tuvimos de otra que obligarla a comprender nuestra situación. Creí que luego de eso ella me golpearía, pero… fue todo lo contrario. – me sonroje pensando en aquel beso que recibí en la mejilla por Astrid. Mi madre parecía captar el mensaje. – Lo complicado fue cuando papá lo descubrió. – entristecí la mirada. – Temía mas por la vida de Chimuelo que por la mía. – dicho esto, acaricie la cabeza de mi dormido dragón. – Pero todo cambio luego de que derrotamos a la Muerte Roja. Perdí un pie en el proceso. – levante la prótesis en un tono sarcástico - Pero valió la pena. Berk cambio… al lugar que es ahora.
Mi madre alcanzo mi mano y la sostuvo con fuerza.
- Eres asombroso, Hipo – me sonrió – Todo… por el amor que llevas por tu dragón.
- No… no por un dragón, si no por el amor a un hermano – me sonroje, pues sabía que sonaba estúpido. – Chimuelo me demostró que el mundo es mucho mas grande. Gracias a él, me obsesioné con encontrar otras especies de dragones. Brinca Nubes no deja de impresionarme.
El dragón que estaba tras mi madre, alzo la cabeza escuchando su nombre. Sus ojos grandes y redondos demostraban orgullo a su especie.
- Yo podría decir lo mismo de Chimuelo. – respondió ella. – Es un dragón único sin dudas.
- Y no lo cambiaría por nada en el mundo. – sonreí, de nuevo acariciando su cabeza.
- Pero bueno, podríamos hablar de dragones todo el día sin cansarnos, pero – me agarro del brazo para levantarme. – Tenemos una canción y un baile que practicar.
Intente sonreír respecto a eso… pero la idea no persistía. Bailar y cantar, no creo que sea lo mío, pero como puedo ir en contra de mi madre. La verdad es que me sentía avergonzado, en parte seria un buen castigo por ser un idiota, además, quiero pensar que todo esto lo hago por el amor que siento por Astrid. Mi madre se me acerco y extendió los brazos. Sostuvimos manos y de paso en paso comenzamos a movernos, haciendo del baile pasos rápidos, continuos y cambios de rutina. Con esto los días pasaron. Por las tardes, mi madre y yo nos rencontrábamos en la cala, practicábamos por largas horas, incluso permanecíamos hasta que el sol cayera.
Mis labores de líder jamás cambiaron. Tenía que mantener al pueblo más demostrar que nada de lo pasado me intimidaría; eso es algo que mi padre siempre me dijo, "no sedas hante los caprichos de otros". Los aldeanos dejaron el asunto de la pelea a un lado, aun me respetaban y sonreían; por parte comprendía que solo eran sonrisas forzadas, no podía ignorar el hecho de cuándo me apartaba ellos murmuraban en seriedad. Eso no era algo que yo pudiera resolver con una mirada amenazante.
No obstante, Astrid… ella… siempre me derivaba la mirada cuando nos cruzábamos, sus ojos llenos de dolor no eran capases de alcanzarme. Muchas veces movía un pie para llegar a ella… pero yo mismo me detenía, diciéndome a regañadientes que me lo merecía; me merezco su odio y nada de perdón. Aunque… una parte de mí en verdad quería su perdón; arrodillarme y decir que fui un imbécil, un idiota… humillarme ante ella. ¿Pero qué tonterías pienso?, Astrid no soporta a los tipos débiles, aunque puede que yo fuera descartado de esa lista.
Siempre fui débil, no tengo el cuerpo más grande ni fornido de Berk, ni siquiera soy la sombra de mi padre, más bien soy una réplica de mi madre… solo que el sexo opuesto. Pero… si bien lo pienso, mi cuerpo no fue la razón de porque Astrid se enamoro de mí, según ella decía "no había un vikingo como yo" Todavía pienso, ¿A qué se refiere con eso?, tal vez sea por mi personalidad o mi forma de pensar… la verdad no lo sé, eso es otra cosas que no llego a comprender de Astrid… ¿Qué es lo que vio en mi exactamente?
- Tierra a Hipo. ¿Hipo, estas escuchándome? – me interrumpió los pensamientos mi madre, quien agitaba la mano cerca de mi rostro para ver si reaccionaba.
- Lo siento. Me perdí por un momento. – forcé una sonrisa.
Ella elevo una ceja mas curvo una sonrisa.
- No lo dudo. – contesto entonces. – Te vez cansado a decir verdad. Sera mejor que dejemos para mañana la segunda estrofa, ¿te parece bien?
- La verdad no. Le prometí a Chimuelo que lo llevaría a pasear mañana en la tarde. – dicho esto mi dragón salto emocionado. – Y no puedo hacerte quedar mal, ¿no amigo? – se me acerco y yo comencé hacerle caricias juguetonamente.
- Bueno, es verdad. Yo tampoco he tenido tiempo de ir a volar con Brinca Nubes. Ya comienza a estar celoso – Brinca Nubes al escuchar eso derivo la mirada para no demostrar su enojo. Se notaba un aire de ansiedad por querer ir a volar con mi madre.
- Esta hecho, vayamos todos juntos mañana. - Ella asintió a la petición.
Ese día se cumplió. Al terminar las labores en la aldea, me encontré con mi madre. En nuestros dragones dimos rumbo al mar, el aire del océano era fresco y me servía bien. Todo era tranquilo. Nada de peleas entre vikingos y protestas por resolver, esta vez solo éramos mi amigo yo y la vista del mar, Oh, y sin dejar de lado a mi madre y su compañero. Nos alejamos a una buena distancia de Berk; tras eso no podía ocultar una expresión de alivio mientras la isla se hacía pequeña en el proceso. Si… eso es un pensamiento muy arrogante de mi parte. Por eso mismo, no me sentía listo para ser un líder.
- Oye… lo harás bien – comento mi madre en tono materno.
Yo sorprendido voltee a verla. ¿Leyó mi mente?
- Es una gran responsabilidad, lo sé. Pero tu padre sabía que podía contar contigo.
- ¿Cómo sabes que estoy pensando en eso? – intente sonar despreocupado. La verdad, estaba muy sorprendido.
- No dejas de mirar sobre tu hombro, además despides un aire estresante.
Al momento se me escapo una sonrisa.
- Me estudias como aun dragón.
- Eso es, porque eres casi como uno.
- Si… eso no tiene sentido. – comenzamos a reírnos por dicho comentario.
- ¿Jefe? – suspire – La verdad no se en que estaba pensando papá cuando quiso nombrarme jefe.
- En cosas grandes, seguro. – exclamo mi madre entonces.
La mire, ella de nuevo me regala su larga sonrisa. Entonces comprendí, ella, no sedaría por vencida conmigo.
- Gracias – sonreí – Por no perder tu fe en mí.
- Ni de tu fe ni de tu futuro yo perderé confianza, ten en cuenta eso. – yo asentí al comentario.
El aire tuvo un gran disturbio cuando grandes ráfagas de aire caliente pasaron por encima de mi cabeza. Aquel viento atracador me impulso contra la silla de Chimuelo, haciéndome perder casi el balance del vuelo. Me enderecé y entonces vi la razón de aquel viento.
- ¡Cómo puedes estar tan relajado!
- ¿A qué te refieres con eso, Patán Mocoso? – indague, inspeccionando desde mi lugar el rostro lleno de ira de mi primo y su dragón, que apenas comenzaba a desvanecer el fuego de su cuerpo.
- ¡Romperle el corazón así, y pretender que no la vez durante estos días! ¡NO ERES NADA MAS QUE UN COBARDER! – me señaló con su dedo mientras se reclinaba en su silla.
- A juzgar por tu tono, diría que estás hablando de Astrid. – estreche la mirada, él era el cobarde que no podía mencionarla.
El me miro fulminante, capto mi mensaje.
- Claro, usa tú ignorante sarcasmo. No hay dudas de porque Astrid te dejo.
Sus palabras golpearon contra mi pecho, no pude evitar rasgar con las uñas la silla de montar tras esas palabras.
- Pero claro, como ya no tienes una novia por la cual preocuparte, solo te la pasas mandando y saliendo con tú mami. De segura hablas con ella de lo mucho que te gusto decirle todo aquello a Astrid. – continuo con el insulto.
- No, claro que no, lo estas mal interpretando – protesto mi madre usando un tono moderado. – Hipo solo quería…
Yo la interrumpí levantado un brazo. Mis ojos estaban puestos muy seriamente sobre Patán.
- ¿En serio piensas todo eso? – le pregunte.
- Eso y más. – respondió, apretando los dientes.
- ¿Qué te parece si lo arreglamos? – sugerí.
- Tú y yo, Ja, no me hagas reír. – burlo, pero luego vio mis ojos serios. – No durarías ni un segundo conmigo.
- Tú boca es grande, pero tú inteligencia es mínima.
Sus ojos se agrandaron, le di en su orgullo.
- ¡AGAMOSLO! ¡Tú y yo cuerpo a cuerpo! – me grito. Dicho esto, él señaló una pequeña isla en la izquierda. – ¡No llegues tarde!
Así mismo se lanzo con Dientepua a la isla señalada.
- Hipo… la violencia no es necesaria. – me hablo mi madre preocupada.
- Tampoco la ignorancia – respondí, hale las riendas haciendo que Chimuelo me llevase a aquella isla.
Descendimos y ya Patán se estaba estirando los brazos. Yo calmado acomode mi prótesis en su segundo cambio y estire las piernas como los brazos. Mis ojos nunca apartados de mi primo y él tampoco dejo los míos.
- Quédate atrás Chimuelo – ordene antes de comenzar a moverme al frente.
Chimuelo bajo las orejas, pero obediente se sentó a esperar. Mi madre permaneció cerca de su dragón, los dos con rostros preocupados. Dientepua era uno de ellos, se que él me apreciaba y que no quería que Patán se metiera conmigo, pero era su jinete por lo que tenía que estar presente.
- Eso es, acércate. Te hare escupir tus lindos dientes. – me amenazo con los puños preparados.
Yo permanecí con las manos bajas, ya estando cerca de él fue entonces cuando me posicione en defensiva. Pronto Patán se incomodo, él no podía ocultar esa expresión de mi; estaba sorprendido de que yo lo estuviera enfrentando de verdad. Mi mirada se volvió más propensa. Pronto me eche para el frente dispuesto a lanzar el primer golpe; Patán no lo podía creer, eso era seguro, la impresión era masiva que tropezó con su propio pies, así retumbando el suelo bajo él. Sus ojos estaban llenos de sorpresa.
- ¡Levántate! – proteste.
Él sacudió la cabeza y se levanto. Alzo los puños de nuevo y comenzó a basilar con los pies. Como me lo esperaba, lanzo el primer golpe. Lo esquive retrocediendo hacia tras. Otra expresión de sorpresa se incrustó en sus ojos; le había esquivado el golpe, lo que era curioso, ya que en otros tiempos no lo hubiera hecho. Su expresión me hizo esbozar una sonrisa, entonces se dio cuenta que me estaba burlando de él. Eso lo hizo enojar aun más. Lanzo más golpes sin analizar, yo en cambio los esquive uno por uno. El ritmó de Patán se hizo continuo, predecible, sobre todo aburrido para mi gusto.
- ¡DEJA DE RETROSEDER Y PELEA! – me grito.
Y así mismo, Patán cayó de espaldas contra la pared de una roca, tapándose el ojo derecho mientras gemía en dolor. Él levanto el rostro horrorizado para mirarme. No podía creer lo que yo le había hecho; lo golpee directo al ojo.
- Ten cuidado con lo que deseas – respondí entonces, acariciándome el puño, no porque me haya dolido, más bien para advertirle de que lo haría de nuevo.
El derribó la mirada, escupiendo a mis palabras. De nuevo, le golpee en su orgullo. Patán se levantaría cuando yo desenfunde mi espada. La apunte directamente en su barbilla.
- Entiendo que estés molesto. Astrid significa mucho para ti. ¡Pero también lo es para mí! – dicho esto Patán me miro estupefacto. – Crees que no me duele lo que le dije. Pero en vez de ser el bully de alguien, deberías estudiar mejor a tu adversario. – de nuevo derivo la mirada. - ¡PATÁN MOCOSO! ¡Yo soy tu líder, no tu adversario!
Él quedo perplejo, esta era la primera vez que le alzaba la voz, sobre todo para recordarle que yo era el jefe en cuestión.
- Eres mi amigo, Patán y mi familia. Y lastimarlos a ti y a los demás, es lo que menos quiero. – ablande la voz y la expresión. – Patán – retrocedí la espada y me incline a su nivel – Te pido esto con el respeto que te tengo… ayúdame a recuperar a Astrid. – extendí una mano hacia él en señal de un trato.
Sus ojos se ancharon como plato en mi argumento. Esta era la primera vez… que Patán realmente se detenía a mirarme. Aparto la mirada de mí, parecía analizarlo. Contempló mi mano, después mis ojos.
- ¿Realmente… deseas recuperarla? – ahogo la voz dudoso.
- Ese es mi nuevo objetivo – le sonreí.
Él hizo una mueca disgustada pero sostuvo mi mano.
- Dalo por hecho… Jefe – entonces sonrió. Más que contento devolví la sonrisa y lo ayude a pararse. – Ya no golpeas como niña, por cierto. – prosiguió a masajearse el adolorido ojo.
- Ja,ja, lo siento. Me deje llevar – rasque mi cabeza avergonzado.
Mi madre soltó un suspiro de alivio, nada llego a complicarse entre nosotros dos.
- Estoy orgullosa de ti – me abrazo una vez que me le acerque – Aunque lo golpeaste muy fuerte, ¿No crees que deberías disculparte debidamente?
- ¡Bromeas! he esperado hacer eso toda mi niñez. No me arrepiento de nada. – le murmure con ansiedad, mi cuerpo estaba temblando en emoción.
Una mueca casi burlona se reflejo en ella, pero no dijo nada al respecto. Le explicamos el plan a Patán. Él escucho cada detalle. Llego a emocionarse.
- ¿Y qué te parece? – pregunte al final.
- Es bastante cursi… pero es de Astrid de quien hablamos. – comento
- Muy bien, pero recuerda, es nuestro secreto – posiciono mi madre una mano en el hombro de cada uno.
NAAAHHH XD
Me doy cuenta de que no soy nada buena con las promesas. He estado tan ocupada haciendo otras cosas que la "Irónica Propuesta" apenas me pasa por la cabeza. Me encuentro atrapada en mis propias palabras, yo por supuesto que se como terminara esta historia… pero… es extraño saber lo que quieres implantar… pero no es divertido el no poder escribir lo que tienes en mente -_- sobre todo es muy largo lo que tengo en mente, escribir esto me tomo 10 páginas ^..^
En fin, como se habrán dado cuenta este otro capítulo, pueeees no es el último…
¿Porque?
NO LO SEEEEEEEEEEEE!
La verdad muchas tonterías pasan por mi cabeza. Además yo soy como ustedes, tampoco me gustaría que me dejaran con las ganas de seguir leyendo lo que me gusta. Eso es desesperante XD
Gracias por seguirme y no olviden dejar sus comentarios. Hasta entonces nos leeremos en el próximo capítulo que podría ser titulado "Plan Y Una Respuesta"
