Cuestión de Honor. Recuperando una vida. CAP. 3

El grupo emprendió la marcha, con Gaara a la cabeza, en medio iba la kunoichi atada de manos y detrás Naruto vigilando a esta última.

- No intentes nada raro.

- No te preocupes rubito, no tengo ninguna intención de escaparme.

La kunoichi siempre hablaba en ese tono altanero, desprendiendo odio en cada una de sus palabras.

- ¿Cómo te llamas? – quiso saber de repente Naruto.

- Tsk, ¿qué te importa?

- Bueno, me gustaría saberlo...

La kunoichi miró al frente con el ceño fruncido pero posteriormente se giró levemente.

- Si tanto te interesa, me llamo Sora.

Enseguida vislumbraron a lo lejos la aldea a la cual se refería Tsunade y donde deberían establecer contacto. Pero al llegar, algo extraño sucedía, la aldea estaba como abandonada, no había ningún alma viviente por las calles y parecía que se había librado una batalla debido a los indicios que iban encontrando a su paso. El silencio era aterrador, y tan solo era interrumpido por el silbido del viento.

- ¿Qué demonios ha pasado aquí? ¿Dónde está la gente? – se preguntaba Naruto.

- Están todos muertos – dijo una voz que provenía de su izquierda.

Todos miraron hacía allí y vieron como encima de un tejado se encontraba tranquilamente sentado un muchacho que tenía más o menos la misma edad que Gaara. Nadie se había percatado antes de su presencia. Enseguida el Kazekage evaluó que podía ser bueno, pues ni él mismo se había percatado de que estaba ahí. El muchacho vestía de negro y su piel era pálida y brillante. Sus ojos eran de un azul casi transparente y su pelo de un color negro azabache. De sus orejas colgaban unos pendientes terminados en una esfera del color de sus ojos y a continuación una pequeña estrella. Su mirada era seria y penetrante. No llevaba la bandana característica de los ninjas, al menos visiblemente.

- ¿Qué quieres decir con eso? ¡¿Qué ha pasado aquí?!

- Cálmate, Naruto.

El Kazekage habló sin quitar la vista de encima a aquel muchacho. Veía algo familiar en aquella mirada. El muchacho debió de darse cuenta que le miraban fijamente y bajó de un salto hasta donde se encontraban.

- Vosotros debéis de ser los ninjas que envía Tsunade. Me llamo Seiya, y soy vuestro pasaporte para encontrar a ese miembro de Akatsuki que llaman Deidara. Por desgracia... – dijo mientras contemplaba a su alrededor – Ese tío se nos ha adelantado, él causó todo esto.

- ¿Dónde se encuentra ahora? – preguntó Gaara.

- Bueno, no os preocupéis por eso, conseguí seguirle la pista y se donde se encuentra, muy cerca de aquí, al oeste, al lado del río. Está bien vigilado por uno de mis clones.

- Luego eres un ninja – dijo Naruto suspicaz mientras con la mirada buscaba la bandana.

- No llevo bandana, si es lo que estás buscando. Aunque he aprendido las artes ninja, nunca me gradué... fui desterrado de mi aldea cuando tan sólo era un crío – y mientras miraba a Gaara prosiguió – fui desterrado, de Sunagakure.

La cabeza de Gaara comenzó a dar vueltas, aquel chico, algo le resultaba familiar en él y juraría haber oído antes su nombre. Estuvo tentado de preguntar pero se contuvo, ya que lo mejor era ponerse en marcha cuanto antes.

- ¿Y ella quién es? – preguntó Seiya señalando a Sora.

- Nos atacó en el bosque, al parecer Deidara es su maestro – explicó Naruto.

- Vámonos – ordenó Gaara.

Salieron de la aldea y se introdujeron de nuevo por un bosque en dirección hacia el río. Seiya iba con ellos a pesar de haber proporcionado ya la información.

- No hace falta que nos acompañes – indicó el Kazekage.

- Algo me dice que debo permanecer a tu lado.

El Kazekage no supo qué decir, pues él en cierto modo sentía lo mismo, percibía una extraña conexión, algo veía en aquella mirada que le resultaba bastante familiar. De pronto cayó en la cuenta y pensó, "la leyenda de Seiya...", "el desterrado", pero no conseguía recordar nada más. Enseguida se dio cuenta de que Seiya le miraba continuamente de reojo.

Continuaron en silencio a través del frondoso bosque, ya no debía faltar mucho para llegar al río. De repente Sora tropezó y se llevó las manos maniatadas al pecho, quejandose de un fuerte dolor, tosió escupiendo sangre. Enseguida Naruto se agachó para ver qué la sucedía, pero Sora le apartó con el brazo.

- Estoy bien... no es nada... se me pasará pronto – indicó aunque su cara dijera lo contrario.

Pero en ese momento Gaara la miró como sabiendo qué sucedía.

- Mírate, no eres más que un títere en manos de tu maestro – dijo.

Entonces Sora levantó la vista y miró al asesino de su familia, su odio se intensificó claramente en sus ojos.

- No te atrevas a hablar mal de mi maestro, no tienes ni idea de lo que significa para mi.

El Kazekage no la contestó, se dedicó a mirarla fijamente con gesto de lástima. Finalmente Sora se incorporó tosiendo un poco y prosiguieron su camino. Seiya se adelantó un poco para ponerse a la altura de Gaara.

- Está siendo manipulada por Deidara.

- Lo sé – respondió Gaara. Y al cabo de unos segundos prosiguió – Seiya, prometeme que no te inmiscuirás en el combate, ni tú ni Naruto. Esto es algo personal.

- Te comprendo. Pero si veo que tu vida corre peligro...

En ese momento Gaara se le quedó mirando sorprendido. Apenas se conocían, pero Seiya se mostraba demasiado amable, parecía preocuparse por el Kazekage.

- ¿Por qué fuiste desterrado de la aldea? - preguntó Gaara de repente.

- Yo solo era un crío y no me acuerdo muy bien. Se lo mismo que probablemente sabes tú.

- Entiendo.

Finalmente vieron a lo lejos el río, ya estaban muy cerca. El Kazekage sin decir nada cogió a Sora por el brazo y la obligó a andar más deprisa, sin tener en cuenta las dificultades a la que estaba sometida la kunoichi. Al parecer tenía un plan e indicó a Seiya y Naruto que permaneciesen ocultos. Al lado del río alguien aguardaba.

- Vaya, vaya, es cierto que sigues vivo... mmph!