DISCLAIMER: Los personajes son de Kishi.
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"La posada Roca Guía era suya, y también era suyo el tercer silencio. Así debía ser, pues ese era el mayor de los tres silencios, y envolvía a los otros dos. Era profundo y ancho como el final del otoño. Era grande y pesado como una roca alisada por la erosión de las aguas de un río. Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte."
P. Rothfuss. El temblor de un hombre sabio.
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RAMMEN
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La emboscada
los amigos del pasado
y Konoha
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No había dormido nada durante más de 24 horas, pero no podía darse el lujo de cerrar los ojos. Sus pies caían con gran agilidad sobre las ramas de los árboles, desplazándose a gran velocidad en dirección noroeste. No tenía tiempo que perder, debía encontrar pistas refutables.
Si conseguía averiguar de qué trataba el jutsu con el cual destruirían la ciudad de Rammen, sería más fácil detenerlos. Tenía que dirigirse a todas esas aldeas, reunir toda la información posible, determinar los motivos que les inducían a la guerra y, si fuera posible, detenerlos por las buenas o por las malas.
Un nuevo conflicto supondría el fin de la paz. No deseaba volver a ver sangre ni perder a más seres queridos. Sus heridas no habían sanado desde aquella batalla; quizá nunca volvería a ser la misma persona que fue en antaño. Su carácter alegre, positivo y sensible se permutó por la tristeza, la negatividad y la insensibilidad. Huía de los lazos como lo hizo Sasuke, ahora le entendía: ver muerto a alguien amado delante de tus ojos es lo más macabro que el destino te puede deparar.
Por más que escapaba de esos lazos, no dejaba de sentirse mal consigo misma al rechazar el contacto con sus amigos. Muchas veces se preguntaba si todos estarían bien, aunque descartaba la fugacidad de sus pensamientos con un trago de sake. Lo mejor era mantenerse en la distancia, alejada. Estaba segura que Naruto habría impartido justicia a los viejos del consejo por la matanza Uchiha, aunque no se quedó a mirar. Tras enterarse del complot, montó en cólera.
Intentaba dibujar en su cabeza la colina de los Hokages. Los trazos se emborronaban a medida que hacía hincapié por rememorar. En antaño podía cerrar sus párpados y la imagen no desentonaría con la realidad. ¿Habrían tallado la cara risueña de Naruto al lado del rostro impasible de Tsunade? Lo único que perduraba a través del tiempo y las guerras era esa enigmática roca alzada y esculpida que sobresalía en toda la villa, parecía contener algún tipo de protección. Por más bombas y destrucción que había presenciado, jamás vio desprenderse un grano de arena de la montaña.
Y las líneas del boceto cobraron viveza cuando visualizó su pequeña casa adosada, derribada e impelida a varios metros del suelo por algunas ramas del Dios Árbol. No esperó a sus compañeros, sólo huyó del campo de batalla cuando todo finalizó. El eco de su voz resonaba por las callejuelas destruidas, buscaba desesperada a sus padres. Todo se asemejaba a aquella vez en que Pain hizo añicos lo que conocía, dejándolo reducido a polvo y piedras.
Y su corazón palpitó consolado al abrazar a sus progenitores fuertemente. Ellos la miraban con ambages, temían que se desmoronara y entrara en schock. Recorrieron la herida de ácido en su brazo derecho, sus ropajes harapientos y sus enrojecidos ojos. Los temblores de su cuerpo hacían que convulsionara espamódicamente. Un grito sordo fue seguido de unas fuertes arcadas, lo que conllevó a expulsar la bilis que tenía en su estómago. Todas las emociones a flor de piel. Perdió el conocimiento. Lo que aconteció fue el testimonio de su madre.
Las noticias del fin de la guerra habían llegado con los primeros rayos del sol y los ciudadanos aguardaron ansiosos el regreso de los shinobis para festejar la nueva buena. Agrupados en lo que quedaba de la puerta principal, otearon en la letanía un séquito de ninjas alegres, cansados y jubilosos por llegar a su hogar, y que escoltaban los cuerpos sin vida de Obito y Sasuke. Kakashi y Naruto, rezagados y cabizbajos, no compartían la misma alegría, la desazón que se reflejaban en sus caras era lo más parecido a lo que se podía sentir al estar en el mismo infierno.
Ni las ovaciones fueron suficiente para que el niño zorro alzara el rostro. Sólo atinó a esbozar una tímida y triste curva en sus labios, fue lo más parecido a una sonrisa que pudieron contemplar. De hito en hito comentaron sobre los cadáveres de ambos Uchiha; algunos apostillaban perplejos sobre los delitos que había cometido el menor de ellos, parafraseando sobre el asesinato de Danzō. Otros, desconcertados dilucidaban sobre el otro Uchiha, preguntas y más preguntas, esperando las respuestas por parte de la Hokage.
Tsunade al ver los puños apretados de Naruto y cómo Kakashi hacia grandes esfuerzos por detener la furia que se iba apoderando de él. Naruto emanaba una gran cantidad de chakra que pasaba desapercibida por el resto de aldeanos que seguían jactándose sobre los cuerpos inertes. Tsunade mandó a callar a todos, atrayendo toda la atención.
La mujer imponía autoridad a pesar de la suciedad y las magulladuras que adornaban su voluptuosa figura. Los murmullos cesaron tan rápido cuando las primeras palabras resonaron entre la muchedumbre.
―Soy la descediente del Primer Hokage Hashirama y actual Hokage de Konoha, y no pude derrotar ni a Madara ni a la madre de Hagoromo. Gracias a la ayuda del traidor, como ustedes le llamáis, todos estáis vivos. La intervención de Sasuke Uchiha, ―enfatizó duramente― fue fundamental para ganar. Sin él, todos estaríamos sumidos en un sueño eterno. Él, a pesar de todo lo que Konoha le hizo sufrir, decidió dar su vida por nosotros. El destino de los Uchiha lo marcamos nosotros con nuestros actos y decisiones.―sentenció ante la atónita mirada de los presentes. Los susurros inundaban el tenso silencio marcado por la Hokage, esperando a que continuara― La masacre de los Uchiha fue premeditada por Danzō, aquél que pensáis que es un mártir y se apoderó de los todos los sharingan del clan, y consentida por el Tercero y por los consejeros.
Las exclamaciones se extendieron entre todos los aldeanos y shinobis que boquearon al descubrir toda la trama que rodeaba a uno de los clanes más prestigiosos y fundadores de la aldea. Y unos y otros se silenciaban para seguir escuchando el discurso de la Quinta.
―¿Saben qué significa matar a toda tu familia para que perdure la paz en una aldea y que te tachen de asesino? ¿Sabéis qué sintió Sasuke al enterarse de la verdad, creyendo durante tanto tiempo que la venganza saciaría la soledad que albergaba en su interior? ¿Cómo creéis que pudo reaccionar al comprobar todos los hechos que marcaron su camino en la niñez y adolescencia? ¿Y cómo viviría a sabiendas que mató a su hermano cuando supo que él sólo seguía órdenes y seguía fiel a la aldea que le tachó de asesino? Sí, Itachi Uchiha os ahorró el sufrimiento de una guerra interna exterminando a su propio clan, con la única condición de proteger a su pequeño hermano.
Todos los shinobis, desconocedores del pasado de Itachi, se contemplaban unos a otros mientras las palabras de la Hokage brotaban en el aire. Ninguno imaginaba que la aldea hubiese permitido aquella brutalidad. Incluso por más fieles que fuesen a al villa, jamás hubiesen actuado como lo hizo Itachi. Había que tener algo más que valor para asesinar a sangre fría a todo tu clan y dejar que tu hermano te odie, a sabiendas de que sólo cumplias órdenes para evitar una guerra.
Y el discurso fue el más largo que había dado Tsunade en toda su vida. Tan largo que muchas frases se repetían de forma invonluntaria. Tan largo que algunos dieron varias cabezadas, logrando conciliar el sueño acumulado de tantos días. Tan largo que la noche precedió al día y, con el intenso resplandor de la luna llena, terminó sus últimas palabras agradeciendo a todos los shinobis que habían dado lo mejor de sí.
La celebración por la victoria encabezó los funerales. Esa misma noche, cuando el alegato de Tsunade finalizó, salieron a festejar la victoria a pesar del cansancio. Los aldeanos aún sorprendidos, clamaron a los cuatro vientos la indignación que sentían, empatizaron con Sasuke y elogiaron a Itachi. Sus ánimos se elevaban al empinar el vaso de sake, aunque para algunos su cabreo con los dos ancianos incrementaba con la cantidad de alcohol ingerida.
El alboroto que había en las calles de la aldea fue lo suficiente alto para interrumpir el sueño de Sakura. No entendía los motivos por los cuales bramaban contra los ancianos. Los ruidos se mezclaban con el ajetreo típico del hospital. Su madre dormitaba en una silla con la cabeza apoyada en su hombro izquierdo, cuando despertara tendría dolor de cuello. Abrió los ojos encontrándose con la mirada perdida de su hija.
―¿Estás mejor, Sakura? Estamos preocupados por ti. ―se masajeó suavemente el cuello, sin apartar la vista de la cama. Las lágrimas descendían rápidamente por las pálidas mejillas de Sakura.
―Sasuke está... ―la saliva se le atragantó― muerto.
―Lo sabemos. Tsunade ha contado todo lo que ocurrió con el clan Uchiha― al ver el entrecejo fruncido esperando a que continuara, Mebuki se aventuró a relatarle todo lo que había acontecido desde que perdió el conocimiento. Y fue lo más duro que había hecho en su vida. El pequeño corazón de su pequeña se rompía en añicos, a medida que la verdad se abría paso, evidenciando todo lo que había tenido que soportar su único amado a causa de la armonía que había disfrutado su amada aldea.
Y más lloró al descubrir que el amor que sentía en su niñez maduró a uno más puro y sincero de lo que jamás pensó que existiría. Y si se hubiesen recogido todas las gotas saladas que emanó de sus ojos, un nuevo mar se habría creado como resultado de la tristeza que albergaba su corazón. Y cuando la sequedad en sus dos luceros jades le produjo escozor, la ira se apoderó de ella.
Apartó sus recuerdos a un lado cuando su cuerpo le demandó reposar. Sus músculos adormecidos tras la larga distancia recorrida le fallaron a la hora de saltar, cayendo sonoramente al suelo. Hacía bastante tiempo que no ejercitaba su cuerpo y los últimos acontecimientos le habían forzado a hacerlo. Decidió recostarse en la hierba seca y admirar el paisaje.
La extensa vegetación era densa. Los hongos gigantes fluctuaban armoniosamente al escuchar la suave brisa, mientras los brotes de bambú entonaban un apacible y dulce compás. El rítmico murmullo del río acompañaban el ulular de los búhos. El conjunto de los sonidos de la naturaleza formaba una hermosa melodía.
Sin darse cuenta sus pies se mecían de un lado a otro, bailando la bella canción que el bosque entonaba para ella. Sus caderas se propulsaban frenéticamente al son de la música. No podía controlar su cuerpo, se sentía hechizada. Incluso sus manos realizaban movimientos peripatéticos. Sus labios se abrieron entonando el cántico del Bosque Shikkōtsu. Los animales se unieron, cada uno emitiendo un sonido, creando una cautivadora balada.
Su esqueleto se sacudía compulsivamente, entregándose al deseo de danzar, andar periqueando. La libertad la palpaba como un subidón de adrenalina, hacía tanto tiempo que reprimía sus impulsos más primitivos. Su boca enarcó una sonrisa acompañada de una débil carcajada, que pronto, se convirtió en una fuerte carcajada al verse rodeada de diferentes especies de mamíferos, insectos y aves que giraban en torno a ella.
Se sentía como una adoradora de demonios. Su contoneo incrementaba a medida que el eco del sonido aumentaba en sus tímpanos. Giraba en círculos, alzando los brazos. Había perdido el control de sus actos. El todo de la naturaleza se fundía en uno. Sus sentidos vibraban intensamente. Sus ojos recorrían inquietos la escena y un destello le puso en alerta. Desde sus entrañas, una pequeña voz zumbaba en su cabeza, abriéndose paso a la consciencia. Todo la escena era ridículo pensó cuando dominó su mente. Tendría que encontrarse en una ilusión o un veneno, concluyó.
Vislumbró una sombra agazapada bajo el manto de un arbusto. El débil haz de luna reflejó el filo de una katana. No sabía cuánto tiempo estuvo expuesta, pero reaccionó justo a tiempo cuando el acero se aproximó a su corazón. Con la yema de los dedos interceptó la estocada a unos milímetros de distancia. La sangre se deslizaba lentamente por la palma de su mano, mientras aguantaba el arma. Intentó identificar al atacante, más no pudo enfocarle bien. Sólo veía diminutos puntitos de luz delante de sus ojos, todo era borroso y con manchas en su visión. Cegada igual que un murciélago tenía que valerse de los sonidos para orientarse.
En sus entrenamientos con Tsunade tuvo que luchar con los ojos vendados. Recibió golpes, golpes y más golpes. Los moratones eran tan cotidianos como el beber agua y ni se molestaba en curarlos con chakra. Al principio daba palos de ciego, creía que sería imposible valerse de sus otros sentidos. Descubrió que en la oscuridad su audición mejoró, percibía la reverberación de los movimientos y con gran asombro paró un puño de su maestra. La alegría no le duró mucho, recibió un fuerte impacto que la dejó inconsciente.
Al cabo del primer mes, ya conseguía detener todos los derechazos de la Hokage. Incluso había descubierto como visualizar a su oponente. El tener venda o no, ya no era un impedimento para luchar de igual a igual. A pesar de que el estilo de Tsunade era envidioso, Sakura se puso a su altura. Demostró grandes habilidades en taijutsu, admiradas y elogiadas por Tsunade.
Y ahora volvía a bastarse de sus otros sentidos para pelear, solo que en otras circunstancias. Hacía bastante que no peleaba de aquella manera… Y tendría que darse prisa, notaba como un picor le recorría la piel. La ponzoña se iba apoderando de su ser, incluso su chakra se debilitaba. Un intenso calor le recorría desde la punta de sus pies hasta su cabeza, abrasándola. Su fuerza menguaba debido al veneno, no debía alargar el ataque más tiempo del preciso.
Taconeó violentamente el suelo, partiéndolo. La tierra se resquebrajó y los trozos de piedras saltaban al aire impulsados por el golpe. El atacante desapareció, alejándose varios metros atrás, esperando que la toxina hiciera efecto. Sakura tiró el arma al suelo, mareada y exhausta se desplomó tocándose el cuello.
Cerró los párpados, esperando el momento.
Un chasquido a su izquierda, otro a su espalda y en el aire. Se trazó un mapa mental. No aguantaría, lo sabía. Estaba en desventaja, eran tres. Huir era la única solución. Realizo diestros sellos con ambas manos, dispuesta a darlo todo en ese golpe. Una explosión distrajo la atención de sus enemigos y escapó sin detenerse a analizar quién la habría provocado.
Aprovechó el momento para ocultarse debajo de la tierra. En un pequeño hueco, diez metros más abajo de la superficie. Rebuscó en su mochila un antídoto. Los típicos venenos que utilizaban en la aldea oculta de la Hierba eran alucinógenos y paralizantes. Era fácil contrarrestar los efectos, sólo necesitaba calcular bien la dosis. Su visión no ayudaba. A tientas, se llevó a la nariz una planta robusta y áspera, pero su olfato no logró identificarla.
Los pasos retumbaban encima de su cabeza. La buscaban. Debía darse prisa, improvisar algo, lo suficiente para derribarles sin dificultad. Cuando pensó que ya la tenían acorralada, escuchó voces y el fragor de una batalla. Reconoció dos chakras de los cinco que luchaban entre sí. Y una voz en su cabeza le confirmó lo que ya sospechaba.
―Frentuda, tu rastro es inconfundible...
―Ino-cerda. ―le interrumpió con un gruñido― No tengo tiempo de discutir contigo, ¿podrías contrarrestar el veneno?
―Al menos podrías dar las gracias primero por salvarte el pellejo.―dijo apareciendo ante ella. Ino miró el rostro empapado en sudor de Sakura, se llevó una mano al macuto que cargaba y extrajo una pequeña pastilla.
―No te pediría tu ayuda sino fuese necesario―añadió enfada al ver la mueca burlesca en los azules ojos de su amiga. Tragó la pastilla que le tendió con un poco de agua. Los efectos desaparecerían en breves minutos.
Ino se giró, dándole la espalda a Sakura y se llevó una mano a su oído.
―Sí Sai, la fea está aquí descansando. ―no pudo ver la vena que palpitaba en la frente de Sakura al pronunciar fea― Ahora iremos, estoy esperando a que se recupere. ―apretó con suavidad el botón de apagado que tenía en su auricular, en su oreja derecha. Encaró a Sakura, esperando algun tipo de reacción ante el silencio.
Los músculos entumecidos recobraron su agilidad, su visión era tan clara y nitida como siempre, y su sistema circulatorio de chakra volvía a la normalidad. Se puso en pie, dispuesta a irse, pero una mano le agarró fuertemente en el brazo.
―No pensarás en irte sin siquiera pararte a escucharnos, frente de marquesina. ―la mano de Ino se aferró fehacientemente. Los ojos insondables de Sakura se desviaron tras el escrutinio al que le estaba sometiendo.
―No quiero hacerte daño, cerda. Apártate de mi camino, no tengo intención ni interés en oír lo que tengáis que decirme.
―Podrás vencerme con tu fuerza, pero jamás sacarás mi voz de tu mente. Puedo obligarte a escucharme por las buenas o por las malas. Sabes que mi técnica está más perfeccionada, puedo introducirme en tu interior.
―Quizá lo mejor sea dejarte inconsciente, así me dejarás tranquila.
―No te reconozco, Sakura.―confesó mientras conseguía detener a duras penas el golpe de la chica. Se puso en posición de defensa, esperando la siguiente embestida.
―Todos cambiamos. ¿Pensabas que seguiría todo igual después de todo? ―siseó con odio al rememorar las figuras impasibles de los ancianos.
―No. ―respondió cabizbaja y volvió a alzar la cabeza― No deseo hablar de lo que ocurrió la última vez que nos vimos. Creí que el tiempo... ―su voz se interrumpió al escuchar la voz de Sai a través de transmisor.― Ok, nos daremos prisa. ―le contestó a Sai.― Sakura, tienes que venir con nosotros. Naruto te necesita más que nunca.
―No.
―Sabemos que te envío una nota, pidiéndote ayuda. Él sabía que no le contestaráis e incluso pensó que no acudirías a su llamado. Por esa misma razón, nos encomendó la misión de traerte de vuelta.
―Podéis volver por dónde vinisteis.
―No desistiré en mi cometido. Tienes que venir, es tu deber acudir, como ninja de Konoha. Se te podría acusar de traición y…
―¿Cómo también se acusó a Sasuke? ¿O a Itachi? ― inquirió golpeando la pared de la cueva, donde se había refugiado minutos atrás, que tenía más cerca provocando que se derrumbara y que Ino la soltara. Ambas tosieron involuntariamente al tragar el polvo que había en el aire.
―Fea, sigues siendo tan ruidosa como siempre. ―dijo Sai, montado en un halcón de tinta.―Subid, esto no durará mucho más antes de que se venga todo abajo.
Se acercó a donde estaban las dos y les tendió una mano. Ino no la cogió hasta que se aseguró que la peli rosada se subiese al cuerpo del ave; entonces, la rubia montó, quedando Sakura aprisionada entre los dos.
―Ni lo intentes, fea. No podrás bajarte desde tanta altura y menos si estás atada y drogada― le informó Sai.
Notó como su cintura y sus piernas eran atadas con fuertes e invisibles cuerdas de chakra en el lomo del halcón. Y su cuello notaba la ligera presión de un pinchazo. Al querer llevarse las manos al cuello, descubrió que no era capaz de moverlas, ni siquiera las podia alzar. Cualquier movimiento que ordenaba a su mente, no conseguía ejecutarlo. Su cerebro no era capaz de ejecutar la acción, metafóricamente era como si su cabeza estuviese separada de su cuerpo.
―Buena jugada, cerda. Me provocaste para que rompiera la pared de mi escondite, así se destruiría y no tendría más opciones que subirme al maldito pájaro con ustedes dos. Me conoceis bien. No lo puedo culpar.
―Buena deducción, pero aún te falta algo más, ¿verdad?
―Estoy segura que ustedes contratastéis a esos tres para que me atacaran. Sin dudarlo me diste la pastilla adecuada, sabiendo los síntomas que padecía. Tú creaste el veneno; por lo tanto, sabías como contrarrestarlo. Además, es extraño que tres atacantes aparezcan de la nada, siguiéndome como expertos rastreadores cuando yo no dejo huellas.
―Sí, nosotros le guíamos hacia ti. No fue fácil encontrarte, lo reconozco.
―Seguro que distes con mi paradero por culpa del tabernero ese.
―Sí, pero le tuvimos que sonsacar la información por las malas. Le dimos un gran susto al secuestrar a su hija enferma. ―calló al acordarse de la niña con manchas en la piel― Me sorprendió que te arriesgaras a ser descubierta por diagnósticarla, es más, pensé que era una señal de que habías vuelto a ser la de siempre. Me equivoqué al enterarme de los motivos que te habían inducido a ayudarle.
―Los humanos sois muy extraños. ―añadió Sai.
Por más libros que hubiese leído sobre el comportamiento del ser humano, no conseguía captar en su totalidad los hechos que llevaban a actuar a las personas. Sabía que Sakura había actuado así por su propio beneficio, necesitaba un lugar donde descansar y relajarse sin llamar la atención y, a cambio, averiguaría qué enfermedad tenía esa niña. Pero lo que no tenía ningún sentido, ni salía en ningún libro, era como había roto sus lazos con todos sus amigos y había abandonado la aldea. Si tan dolida estaba, debería buscar consuelo en sus amigos; al menos era lo que varios libros coincidían. Ella actuaba así—según Ino—, rompiendo los vínculo que la retenían por miedo a sufrir y porque la aldea le recordaría a Sasuke
―Sabía que no tendría que haber confiado en él. ―susurró.
―Quien nos condujo al tabernero fue el hijo de Damyō, a quien diste una paliza.
―Se la tenía merecida. Ese engreído...
―Pues él o uno de sus esbirros te vio hablando con el dueño de la taberna. Dedujeron que te había alojado allí. Querían vengarse, quizá hubiesen ido a destruir la casa del tabernero. ―al ver un ligero deje de preocupación en Sakura al mover involuntariamente sus hombros, sonrió y prosiguió― Descuida, nosotros le insinuamos que más le valía no tocarle ni un pelo a ese señor o lo lamentaría por el resto de su vida. Al principio, nos vaciló. ―rió al recordar la imagen del chico asustado cuando la katana de Sai le atravesó el abdomen― Luego, no le quedó más remedio que inclinarse como pudo ante nosotros y jurarnos que jamás se acercaría a esa casa ni a los "Hierbajos". Tuvimos que torturarle un poco e incluso tuve que introducirme en su mente.
―Debería haberle roto las piernas, así se le quitarían las ganas de molestar.
―Mui y su mujer cooperaron mejor al tener a su pequeña entre sus brazos. Cuando descubrieron que eramos ninjas de Konoha, fueron más receptivos y nos contaron todo con lujo de detalles. ―esbozó una sonrisa.― Hacía una hora que te habías marchado, aún pensaban que seguías durmiendo en la habitación de arriba. Hicieron mucho ruido, hablando en voz alta; quizá fue una forma de alertarte en caso de que estuvieses allí. Cuando descubrieron que ya no estabas ahí tras abrir la puerta y que les habías escrito la información que necesitaban acerca de la enfermedad de su hija, creyeron que huiste gracias a ellos
―¡Qué ingenuos! ―exclamó sarcástica.
―No les dije que hacía una hora te habías largado. Decidí que era mejor que pensaran que te evaporaste cuando oístes nuestras voces, antes de que descubrieran la manera tan rastrera en la que te fuiste sin siquiera despedirte.
―Ahora es cuando dices gracias ―comentó Sai.
El horizonte estaba salpicado por las primeras luces del alba que se abrían paso por los escapardos bosques que delimitaban el País del Fuego. Desde el aire era más fácil distinguir los límites de ambos países. Estaban sobrevolando la frontera del País de la Hierba.
―Veo que has aprendido un poco de la vida. ―añadió Sakura, distraída por el paisaje verdoso que se extendía.
―Y lo que él aprendió al parecer tú lo olvidaste, frentona.― defendió Ino.
―No dejas pasar ni una oportunidad para insultarme, cerda. ¿Desde cuándo defiendes tanto a Sai?
―Ella y yo...
―Sai, no digas nada aún. ―interrumpió abruptamente.― Ya habrá tiempo.
―¿Decirme qué?―preguntó centrando su atención en la nuca palida del chico.
―Lo sabrás en su debido momento.
―¿Al menos podrías adelantarme qué quiere Naruto de mí? Debe ser algo importante para que os haya mandado a buscarme.
―Así es. Se trata de su hijo y de la hija de Neji, están heridos de gravedad. Cree que sólo tú podrás salvarlos a ambos.
―Él sabe que no me dedico a operar, no soporto la sangre.
―Debes hacer un esfuerzo, es su hijo.
―¿Qué les pasó? ―frunció el entrecejo.
―Hubo una gran explosión en Rammen.
―Ya ha empezado. Debo hablar con Naruto.
―Claro que tienes que hablar con él. Está ansioso y desesperado por saber si ambos niños sobreviviran y si lo hacen, si podrán caminar. Es una operación tan complicada. Sólo sabemos que Tsunade fue la única persona que la logró con éxito y al ser tu su alumna más sobresaliente, pensamos que serás capaz de realizarla. ¿Te acuerdas de los síntomas que presentaba Rock Lee cuando Gaara le atacó?
―Lee. ―pronunció al imaginarse al muchacho con el corte de pelo como una taza y su traje verde ajustado.
―Sí, pues es casi igual. Tú eres su única opción. La vida de los dos niños dependen de ti.
―¿Cómo ocurrió la explosión?
―No lo sabemos aún, se están investigando las causas.
―¿Y ahora están estables?
―Cuando nos fuimos estaban en cuidados intensivos, esperemos que no sea demasiado tarde.
―No prometo nada. ¿Podéis soltarme ahora?
―¿Cómo sabemos que no intentarás huir? ―giró la cabeza para mirarle a los ojos y comprobó que no torció sus labios para fingir ninguna sonrisa cuando dijo que no lo haría, que tenía su palabra. ―De acuerdo. ―y realizó unos ágiles sellos con sus manos y la invisible cuerda de chakra desapareció, dejando total libertad a Sakura.
―Otra cosa, ¿cómo viste a la enferma del púrpura?
―Frentuda, sabía que aún te sigues preocupando por la gente...
―Calla y contesta, cerda.
―Cuando nos fuimos la llevaban para el hospital con tu informe. Se veían esperanzados e ilusionados sabiendo que se podría curar.
El halcón descendió en picado hacia una torre alta y circular. Debajo de ellos se encontraba la torre del Hokage.Después de tanto tiempo por fin piso mi aldea— pensó cuando se bajó del dibujo de Sai. El pergamino que antes estaba blanco, ahora tenía el hermoso retrato de un halcón gigante.
Ante ellos la espalda ancha de un hombre con un sombrero y una túnica blanquecina, con unos kanjis dibujos, eran ondeadas por el viento de levante.
―¡Cuánto tiempo sin verte, Sakura-chan!― su voz vibró al pronunciar su nombre, trayéndole un dulce cosquilleo en las entrañas. Y se giró para ver el rostro inmutable de la chica pelirrosa, que enfocaba sus ojos tras deslumbrase por los rayos solares.
―Naruto― su garganta se atragantó por unos segundos y se sintió extraña cuando fue envuelta en los brazos del joven Hokage.
―Siento haberte llamado de esta forma, pero necesito tu ayuda desesperadamente. Eres la única a quien le confiaría la vida de esos niños.
―Lo haré, Naruto, pero cuando acabe tendremos que hablar y luego me iré. Es el trato, ¿vale? No pienso quedarme más de lo necesario.
―Sí, si. Hablaremos. Tenemos mucho de qué hablar.― y la imagen de Sakura con las manos ensangretadas se vino a su mente.
―Vamos, supongo que no hay tiempo que perder.
Ambos recorrieron los tejados de Konoha con la velocidad de la luz. El hospital de madera se hallaba en lo alto de la aldea, era nuevo y más grande de lo que recordaba Sakura. Entraron y recorrieron los pasillos presurosos, empujando a más de una enfermera en el trayecto. Se pararon delante de una habitación y abrieron la puerta sin llamar.
Los ojos de Neji la escrutaron fríamente de arriba abajo y su rostro se relajó al reconocerla. Ambos se miraron fijamente, sin apartar la vista. El duelo de miradas llegó a su fin cuando Hinata se arrojó a los brazos de Sakura, dándole una cálida bienvenida.
―Sakura-san, me alegro tanto que hayas decidido venir. ―Ingenua, pensó; pues más bien casi le habían obligado. ―Estoy segura que tu podrás…
―No garantizo nada. ―le interrumpió bruscamente.
―Pero tú eres la mejor, incluso mejor que la vieja Tsunade. ―exclamó Naruto al ver el rostro desencajado de su esposa.― Estoy seguro que lo conseguirás, Sakura-chan.
―Dejarme a solas con los pacientes.
Todos salieron del cuarto, cerrando las puerta tras de sí. Se acercó a las camas de ambos jóvenes, los examinó meticulosamente y meneó la cabeza. Tendría que repasar y estudiar la técnica que realizó su maestra con Rock Lee, mejorarla y llevarla a la práctica. Era arriesgado, pero era la única opción.
La ventana de la habitación estaba abierta, podría aprovechar para escaparse. Todos los sentimientos volvieron de vuelta al verse sumida en el silencio de aquella habitación con el ruido incensante de las máquinas que controlaban los latidos del corazón. Se acercó, dispuesta a saltar, pero una mano la agarró antes de que tuviese la oportunidad.
Al girarse, chocó con el rostro iracundo de Neji. Sus perlados luceros ahora lucían enfadados. Lo poco que se dejaba ver de su frente, tapada con el Hita-aie, estaba arrugada con varias líneas. Su mano áspera le quemaba la piel, sujetándola violentamente y haciéndole daño. Su boca se contraía en cólera.
―Sabía que intentarías escapar. A mí no me la juegas, Sakura. ―siseó con enojo.― A partir de ahora, te escoltaré y no te perderé de vista hasta que la salud de ambos niños mejore. ―declaró.― No podrás escapar de mi.
Y ante el mutismo de la chica, le soltó y se sentó tranquilamente en un sillón, vigilándola. Se puso de pie cuando salió, sin dirigirle la palabra, hacia la biblioteca del hospital. Y ahí se quedaron, ambos callados, Neji mirando como Sakura leía atentamente cada libro de medicina y hacia anotaciones en una pequeña libreta.
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NOTAS DE LA AUTORA: Muchas gracias a todos aquellos que os habéis molestado en dejarme un review. También quiero agradeceros a aquellos que habéis puesto esta historia como favorita o simplemente la seguís.
Un saludo a todos.
Prometo contestar a los review.
Gracias a Just-Hatsumi, mi beta.
