Disclaimer: Los personajes son propiedad de Kishi.
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"Un amor tan poderoso como el de tu madre por tí deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible...haber sido amado tan profundamente aunque esa persona que murió no esté nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel. El lleno de odio, codicia y ambición no podía tocarte por esa razón. Era una agonía tocar a una persona marcada por algo tan bueno ..."
Harry Potter. Rowling
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RAMMEN
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"La hospitalidad de Neji
Los recuerdos de Hinata
Y las células madres."
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Despertó con un dolor de cuello insoportable y el rostro marcado con arrugas tras haber dormido encima de la pirámide de libros que había ido recopilando de la librería del hospital. La montaña de papeles que tenía delante de ella le tapaba la visión, pero sabía que no se encontraba sola, a pesar del silencio envolvente en la habitación.
Cuando abandonó el hospital cargada de compendios sobre medicina, se dio cuenta de que no tenía ningún lugar dónde alojarse. No deseaba golpear la puerta de casa de sus padres, preferiría evitarlos desde la última vez que los vio, quince años atrás. No. Quería alejarse de cualquier contacto humano, deseaba a su amada soledad. Pero tampoco podía deambular con todos aquellos ejemplares, y por primera vez en mucho tiempo, tuvo un difícil dilema: aceptar la hospitalidad del patriarca Hyūga o alojarse en cualquier hostal de Konoha. Si optaba por la última opción, husmearían sobre su vuelta y no le apetecía darle explicaciones a nadie.
Con Naruto llegó al trato de ocultar su presencia y que todo fuese lo más clandestino posible. No quería enfrentarse a rostros conocidos y les hizo prometer a todos los que sabían de su llegada que no mencionarían que estaba ahí. Por lo tanto, tendría que ocultarse y pasar desapercibida.
Al marcharse el Hokage, Neji le obligó a que ocupara una de las habitaciones de su mansión. Sus palabras no fueron cordiales ni tampoco mostró interés en lo que ella dijera. Más bien, lo exigió. Empero, él tenía sus propios motivos: vigilarla. Sabía que si la cobijaba en su propia casa, le ahorraría el engorro de tener que hospedarse con ella en cualquier pensión, provocando cotilleos entre los aldeanos. Ambos ganaban con el trato: ella pasaría inadvertida y él podría observar todos sus pasos desde su morada, sin dejar de atender a los asuntos del clan.
Y ahora se encontraba en ese habitáculo, rodeada de manuales de medicina y con la presencia sigilosa de Neji. No lo oía respirar, ni tampoco moverse. Cualquiera pensaría que se trataba de una bella estatua que rompía la armonía del hosco y tradicional cuarto. Su chakra era inconfundible para ella.
Estiró sus articulaciones doloridas por la mala postura en la que durmió. Se recogió el pelo en una diminuta coleta, por encima de la nuca. Y se masajeó ligeramente el cuello, aliviando la contractura. Sus tripas se quejaron resonando sonoramente y se sonrojó levemente cuando escuchó la masculina voz de Neji.
―Tienes una bandeja con comida en la mesa al lado de la puerta. Mandé que la trajeran cuando dormías. Si quieres comer otra cosa, dímelo y haré que la traigan.
Sakura se levantó, echando la silla hacia atrás. Se acercó a donde le había indicado Neji y cogió la bandeja, llevándosela a su mesa, sin siquiera dirigirle la mirada. Examinó cuidadosamente los alimentos y la boca se le hizo agua al ver sus platos favoritos.
Varios umeboshi, algunos rugosos y otros lisos, estaban colocados estratégicamente en el centro del bol de arroz; el rojo intenso de los albaricoques era gracias a la planta akajiso. En Konoha era común esa planta, siempre la utilizaban para dar color a ciertos alimentos y para preservarlos. Además, sus beneficios en el campo de la medicina ayudaban a disminuir las inflamaciones de forma sorprendente.
Se llevó un bocado a la boca, degustando el sabor ácido en su paladar y contrarrestándolo con el resabio del arroz blanco, que tenía un toque avinagrado. El contraste de sabores era un manjar en su estómago vacío. Engulló despacio, pero sin pausas.
Casi se atraganta al ver la figura erguida de Neji, que la contemplaba comer.
―Tengo que salir. No sé cuánto tardaré en volver. Espero que no cometas la estupidez de escaparte. ―inquirió desafiante. ―Si necesitas algo, pídeselo al criado que estará detrás de la puerta.
―Espera. ―dijo Sakura, deteniéndo a Neji que ya se disponía a abrir la puerta e irse. ―Voy a necesitar visitar el herbolario que tenéis. ―al ver como arqueaba la ceja, prosiguió: ―Sé que los Hyūga tenéis una gran variedad de plantas. Tendré que preparar unas cuantas medicinas para los niños, por lo tanto, necesitaré hurgar libremente.
Tras meditar durante unos instantes, mirando fijamente el semblante de Sakura, habló:
―Entiendo. Daré instrucciones al respecto. ―al ver que la chica torcía la boca, en señal molesta, añadió fríamente: ― Nadie te molestará, si es lo que te preocupa.
―Mmm... ―se mordió levemente el labio. Sus ojos esmeralda avizoraban con fiereza los ojos níveos de Neji. Ninguno era capaz de emitir ningún sonido, sólo se observaban, desafiándose. Durante un pequeño lapso, Sakura se perdió en la profundidad de sus pupilas blancas como la nieve. Se vio así misma atrapada en una ventisca intensa. Un sudor frío le recorrió la espalda y sintió como un alud se precipitaba hacia ella, quedando enterrada en el abismo de sus iris blanquecios.
―Si eso es todo, me marcho. ―rompió el hechizo en el que había caído presa e hizo una leve inclinación.
Sacudió levemente la cabeza, apartando los últimos pensamientos en el rincón más olvidado de su mente.
Neji ya había desaparecido de su vista. Y cuando la puerta se iba a cerrar, gritó:
―También quiero un pequeño equipo para preparar las medicinas.
―Hazme una lista. ―fue lo último que Sakura escuchó cuando la puerta hizo un suave crack.
Se llevó un dulce a la boca, era su preferido. Le gustaba la forma en la que la gelatina se deshacía en su boca junto con el sabor del anko. No se sorprendió que hubiesen puesto sus platos predilectos, seguramente habían puesto esa información en una tonta revista de farándula. Descartar a Naruto era lo más plausible, teniendo en cuenta que con lo despistado que era jamás se acordaría de los gustos de su antigua compañera de equipo. Fuese lo que fuese, no iba a cuestionarlo.
Se atiborró de postres. Su barriga le pesaba más, sobre todo al no estar acostumbrada a ciertos manjares, los cuales había descartado por falta de fondos o por no llamar la atención en el sitio en el que se encontrase. Su capa ayudaba a ocultar el llamativo color de su pelo, pero el comer con la capucha puesta, era demasiado sospechoso en los restaurantes. Por esa misma razón tuvo que ir a tabernas de mala muerte, donde el olor a humano, alcohol y tabaco predominaba en el ambiente. Y por supuesto, la higiene en los alimentos dejaba mucho que desear.
Los documentos que recopiló sobre la operación que tenía que llevar a cabo eran bastante escuetos en cuanto a la explicación del método. Tsunade había dejado detallada toda la cirugía que efectuó, pero había ciertos factores médicos a tener en cuenta. Rock Lee sólo tenía fracturados la pierna y el brazo, sus músculos se habían deformado y había que reparar el tejido cuidadosamente. Y aunque todo había salido a la perfección, hubieron ciertos riesgos que tuvo que correr. A partir de ahí, había realizado varios estudios sobre las células, para aumentar las posibilidades en un noventa y cinco por ciento a la hora de regenerar tejidos.
En uno de los ensayos médicos, en los cuales Sakura participó, se había dado cuenta que habían varios tipos de células encargadas de la regeneración de ciertas partes del cuerpo. Y desde ahí partieron como base; intentando descubrir una que fuese la primera de todas, en la cual toda la vida comenzaba. Desarrollaron varios experimentos con ratones, y por azares del destino, encontraron en la fase embrionaria una única célula que denominaron célula madre.
Ese descubrimiento fue revolucionario. Hubo grandes controversias entre los médicos. Algunos indicaron que era inmoral; que era jugar a ser dioses al intentar procrear una vida y extraerle células madres. Otros, pensaron que era un gran adelanto a la hora de reparar ciertos órganos del cuerpo e incluso tejidos. No se llegó a experimentar en humanos, se tuvo que abortar dichas investigaciones por la guerra que se avecinaba.
Sakura leía una y otra vez todo el trabajo que realizó junto a su maestra. Quizás tendría que recurrir a Shizune para avanzar en la investigación. Ella podría colaborar a encontrar la solución para crear una célula madre sin que el consejo se entrometiera y que fuese compatible con el paciente. Uno de los impedimentos era la compatibilidad de células. Lo más asombroso, es que Tsunade había conseguido las células de Hashirama y las había cultivado. Pero no había nada de información al respecto, sólo lo mencionaba como "Proyecto Abuelo" en los informes. Sí, tendría que hablar con Shizune; ella aportaría más datos revelantes.
Se encaminó hacia la puerta y enseguida se detuvo. ¿Cómo iba a hablar con Shizune sin llamar la atención? Seguro que ella ya habría examinado a los niños, y aunque era una gran profesional que llevaba el hospital con gran habilidad y dedicación, nunca fue capaz de superar a su maestra; cosa que Sakura sí.
Sonrió cuando realizó un par de sellos con las manos y su aspecto cambió radicalmente. Estaba segura de que pasaría por el hospital sin llamar la atención con ese aspecto. Con la cantidad de chakra que circulaba por la clínica no se percatarían que se trataba de un jutsu. Su melena corta y rosácea cambió a una negra y larga, sus orbes eran tan blancos como las perlas más lustrosas, su pecho aumentó voluptuosamente y su rostro se volvió cálido e infantil.
Ejecutó otro par de movimientos con sus dedos y desapareció de la habitación.
Sus pasos recorrieron los largos pasillos del hospital. Todo el personal se inclinaba respetuosamente ante ella, gesto que ella respondía humildemente, como lo haría Hinata. Llegó hasta una puerta que le resultaba bastante familiar, se concentró en percibir cualquier presencia en la habitación y entró a sabiendas que sólo hallaría dos camas con dos pequeños niños.
El monitor sonaba rítmicamente. Se acercó sigilosa hacia la cama del niño rubio, el hijo de Naruto. Era la viva imagen de su padre: rubio, con bigotes en sus mejillas y una dulce sonrisa adornaba su rostro. Sin lugar a dudas, Hinata y Naruto habían hecho un gran trabajo. Colocó su palma en el abdomen, analizando los daños del pequeño y empezó a anotar en una libreta. Le tocó su frente y le abrió los párpados, descubriendo unos inmensos ojos grisáceos como una tormenta en su punto más álgido, que se contrajeron con la luz blanquecina.
—Mama no llores más. —susurró débilmente. —Siento lo que ha ocurrido. —gimió en sueños. Era imposible que estuviera consciente, estaba sedado.
Se giró hacia la otra cama donde la niña de cabello castaño respiraba gracias al aparato al que estaba conectada. Ella era la más grave de ambos. Su visión estaba deteriorada y no respondía a ninguno de los estímulos. Sus manos inspeccionaron el diminuto cuerpo.
—Misma lesión en la médula. Curioso. —murmuró mientras lo escribía rápidamente.
Se retiró de la cama cuando escuchó la puerta cerrarse tras ella.
—Sakura-san. —la reconoció Hinata un poco desconcertada por verse a sí misma.
Asintió ligeramente, afirmando.
—¿Qué les ocurrió? —preguntó sin más rodeos. Desde que había llegado allí, todos habían evitado hablar del accidente; aunque ella tampoco se había molestado en preguntar. Necesitaba saciar esa curiosidad pues no era normal que la médula de ambos se hubiese dañado en el mismo sitio. Sospechaba que fue hecho a propósito; no buscaban la muerte de los niños, quizá era una estrategia para distraer la atención del Hokage. El Hokage se hallaría inmerso en los cuidados de su hijo mayor; y por ende, desatendería otros asuntos. Debía indagar más, todo era demasiado complejo.
—Yo... —las lágrimas le resbalaban por su inmaculado rostro. Su respiración se aceleró peligrosamente. Sus palabras se ahogaban con su llanto.
—Relájate, Hinata. —conocía esos síntomas a la perfección: estaba teniendo un ataque de ansiedad. Si seguía así, podría darle taquicardias. Necesitaba distraerla. —Cuéntame acerca de tu matrimonio con Naruto. ¿Cómo se declaró? Venga, respira lentamente.
Sakura se sumergió en sus pensamientos, intentando justificar su comportamiento. ¿En qué momento decidió ayudar a Hinata? A ella le daba igual si sufría un ataque, pero no quería llamar la atención de los médicos del hospital. Si alguien veía a la esposa del Hokage en ese estado, podría ser complicado. Por esta vez, decidió que sería amable con ella. ¿La transformación habría cambiado su carácter?
—Fue... —cogió aire, tal y como le indicó que lo hiciera— ... gracias a Shikamaru-san, Neji-san y Sai-san. Eso dice Naruto-kun—a pesar de su vida conyugal, no había perdido el hábito de añadirle el –kun a su nombre. Su pulso se volvía estable, aunque aún estaba un poco agitada.
—Sigue así, vas bien. —le animó cálidamente a que continuara. No podía mostrarse con frialdad ante Hinata, aún no conseguía mantener esa línea imaginaria que se autoimpuso con el resto de los mortales. Quizá Konoha le ablandaba el carácter cuando se trataba de interactuar con los antiguos "novatos".
— Estábamos en los baños termales. —se sonrojó al pensarlo. Ya se está tranquilizando, suspiró aliviada Sakura.— Fui con Temari-san, Hanabi-san e Ino-san. De repente, cuando nos sumergimos en el agua, apareció Naruto-kun y todas les gritaron llamándole pervertido. —sonrió al recordarlo—. Él se quedó, ahí, quieto y estático, esperando a que todas se callaran de una vez. Realizó varios clones que fueron desapareciendo a medida que todas le golpeaban duramente, las distrajo con más jutsus y consiguió separar al grupo de chicas de mi lado. —bajó la mirada avergonzada y jugueteó con sus dedos nerviosamente.— Me moría de vergüenza, Sakura-san, pero me sumergí tanto que casi me asfixio en el agua. Naruto-kun me ayudó a salir y mi toalla se perdió en el proceso. Cuando las chicas llegaron, lo único que vieron fue a Naruto-kun inclinado sobre mí, que estaba completamente desnuda, haciéndome el boca a boca. Había tragado tanta agua, que mis pulmones se encharcaron, y no respondía. Claro, ellas pensaron que me había dejado inconsciente y que se estaba aprovechando de mí. Todas le golpearon, según me contaron, y tras inmovilizarlo, acabó sacando el anillo de compromiso que tenía pensado entregarme.
Sakura fue testigo de cómo sus ojos brillaron intensamente.
— Y cuando recobré la consciencia, estaba cubierta con una toalla. No me enteré hasta tiempo después de que Naruto-kun me había visto desnuda, sino no hubiese sido capaz de mirarlo a los ojos. Todas me miraban expectantes mientras que Naruto-kun se arrodillaba ante mí. Creí que volvería a desmayarme, Sakura-san, créeme. Hacía bastante tiempo que no tenía a Naruto-kun tan cerca, intenté alejarme al ver como él se dedicaba de lleno a sus tareas como Hokage. No le guardaba rencor por no haber respondido a mi declaración cuando Pain atacó Konoha, ni siquiera cuando la cuarta guerra acabó y no fue capaz de dirigirme la palabra. No esperaba que Naruto-kun me propusiera matrimonio, ya había desistido de buscar su cariño. Y al verle ahí sonrojado, amoratado e hinchado, sostener mi mano temblando; me serené todo lo que pude. Mis temblores iban a la par que los de él, ambos esperábamos que las palabras envolvieran el ambiente. Sus ojos azules se clavaron en los míos con gran determinación. —suspiró— Oh, Sakura-san, ¿sabes lo que pronunció?
—Mmm. Quizás pueda imaginarlo.
—Me preguntó que si quería salir en una cita con él, que fuésemos al Ichiraku.
—¿En serio dijo Ichiraku?¿Y el anillo que sacó a las chicas? ¿Acaso…?
—Espera a que termine, Sakura-san. —replicó.— Todas le miraron felices, pero yo no entendía nada. Le respondí que sí, que estaría encantada de ir a cenar con él. Entonces, él me dijo que esa noche me recogería en casa a las siete, como un auténtico caballero. Y bueno, cuando llegó la noche, mi primo Neji-san insistió en que debería arreglarme un poco más de lo habitual. Me maquillé suavemente como Ino-san me recomendó. Naruto-kun vino a la hora indicada y marchamos, aunque mi padre le miró duramente antes de partir. Y mi sorpresa fue cuando nos desviamos del camino; ninguno habló, y acabamos en el bosque donde nos vimos por primera vez de pequeños. Entonces, agarró fuertemente mis manos entre las suyas, y comenzó a relatar todas las veces que nos habíamos encontrado. Su voz penetraba en mis oídos con fuerza, recordando cada detalle de nuestros primeros encuentros. Naruto-kun describía con gran belleza sus sentimientos hacia mí desde que nuestros ojos chocaron por primera vez. Cuando llegamos al lugar donde me declaré en la pelea con Pain, dijo muy serio: Hinata-chan, tu valor y tu manera de superarte es mayor que la mía. Tú has avanzado duramente. Ahora eres una kunoichi respetada por todos, incluido tu padre y tu primo. Tu esfuerzo ha sido meritorio.
—¿Meritorio? —preguntó extrañada Sakura, no creía que su amigo tuviese un gran vocabulario.
—Sí, a mí también me sorprendió. —admitió sonrojada— Y entonces, las palabras de Naruto-kun se volvieron más tímidas cuando siguió hablando: Me salvaste cuando más lo necesité. Me distes fuerzas cuando no las hallaba. Tu amor me acompañó desde el primer instante. Yo…quiero que compartas tu vida con la mía, Hinata –chan. Mi madre quería que buscase a una mujer como ella, pero no lo puedo cumplir porque me he dado cuenta de que te amo. Sé que a veces suelo ser un payaso, un poco despistado y torpe; pero te juro que si decides aceptar mi propuesta jamás te arrepentirás. Te amaré todos los días de mi vida, ese es mi camino del ninja. No te defraudaré.
—¿En serio dijo todo eso?
—Lo tengo todo memorizado. Sus palabras reverberaron en mi cabeza, una y otra vez. Estaba con la boca abierta, casi a punto de desmayarme. Pero no sé cómo, reuní el valor necesario y le contesté con un beso en los labios.
—¿Qué tu hiciste qué? —se escandalizó al escuchar que fue ella la quien tomó la iniciativa. No creía que Hinata hubiese actuado de aquella forma, pensando en que su timidez era su característica más resaltante.
—Sí. —asintió con la cabeza, apenada— Cuando lo hice, me di cuenta que toda la aldea, incluido mi padre, se habían acercado a la escena. Todos estaban expectantes de mi respuesta y vitorearon cuando le besé, aunque no recuerdo gran cosa porque al segundo me desmayé en los brazos de Naruto-kun. Me contaron las chicas que le quitaron la idea de declararse en los baños y entre todas urdieron un plan para que la declaración fuese perfecta. Y por eso, la voz se había corrido entre todos los habitantes y shinobi de Konoha; y por eso estaban todos allí, pendientes de mi respuesta.
—¿Y cuándo te dio …?—su pregunta murió cuando llamaron a la puerta débilmente antes de entrar.
Y la figura de Neji tapó la luz que venía del pasillo.
—Por fin te encuentro. —siseó mirando fijamente a la chica de pelo negro que se encontraba a su derecha.
—Neji-san debo ir a reunirme con Naruto-kun. —dijo nerviosa al ver a su primo enfadado.— Luego vuelvo, ¿te quedas tú con los niños?
—No te preocupes, Hinata.— le hizo un leve inclinación, respondiendo al gesto que le hizo su prima.
—Hasta luego, Sakura-san.— se despidió haciendo una ligera reverencia en señal de respeto, que no fue correspondida.
Neji se aproximó a la cama en donde se encontraba su hija. Su semblante se calmó al verla, relajándose. Posó sus labios en su frente, suavemente. Ese gesto le llamó la atención a Sakura, la cual pensaba que el patriarca del clan era una persona carente de sentimientos y fría. Sus ojos reflejaban el amor a su hija. Creía que él sería igual a su tío Hiashi, siguiendo las tradicionales formas de clan Hyūga. Recordaba que el carácter del genio era distante, pero había dado su propia vida por salvar la de su prima de manera honorable y como dictaba su condición de rama secundaria.
Vio como le acariciaba tiernamente la mejilla. Su rostro se volvió duro cuando miró a Sakura que lo observaba fijamente.
—Te dije que no abandonaras la casa.
—No, dijiste que no cometiera la estupidez de escaparme.—repitió sus palabras con retintín.
Se desafiaron en un duelo de miradas, esperando que uno de los dos desviara los ojos.
—Necesito hablar con Shizune. —reveló tras unos instantes en silencio, consiguiendo que Neji torciera su cara en dirección a su hija, rompiendo así el contacto visual.
—¿Para qué? ¿Qué has averiguado? —interrogó.
—Quiero conocer más acerca del "Proyecto Abuelo". Tengo una ligera idea de qué se trata, pero necesito confirmarlo. —al ver que Neji arqueaba su ceja, explicó:— Hashirama tenía células de su cuerpo que se regeneraban. Es como el jutsu que uso, en el cual mis heridas se regeneran automáticamente sin importar la gravedad de éstas. Pues, creo que llegó a experimentar con las células de su propio abuelo, analizándolas. Claro, no creo que hoy en día podamos conseguir esas células.
—Entiendo. ¿Y crees que Shizune puede ayudarte a replicarlas?
Sonrió al ver como el genio sacaba conclusiones tan rápidas y acertadas.
—Sigues siendo un genio, después de todo. —halagó— Sí, a tu pregunta. Es algo extraño la forma en que ambos niños fueron lesionados en el mismo punto de la médula. ¿Qué ocurrió?
El silencio envolvió la habitación. Tras unos minutos, habló pausadamente:
—Jiraiya, el niño pequeño de mi prima, vino corriendo a buscarnos cuando nos encontrábamos en el Gran Estadio de Rammen. Ya habían empezado los exámenes. Me extrañé que Tenten, mi hija, no hubiese llegado aún. A ella siempre le gustaba verlos para saber el nivel que se necesita para cuando ella se presente y siempre llegaba antes que yo. ―se llevo una mano a su cabellera, que la tenía recogida con una gomilla a la altura de su espalda, y siguió relatando: ―Cuando pronunció las palabras atropelladamente, no conseguí entenderle; sólo supe que algo malo había pasado. Mis pasos eran más veloces que los del pequeño Jiraiya, que iba dirigiendo nuestra marcha, y cuando vi el edificio derrumbado supe que entre los escombros se encontraban los niños. Un centenar de personas rodeaban los restos, intentando rescatar a los supervivientes. La unidad médica aún no llegaba, y entre los cadáveres que sacaban, mi angustia aumentaba a cada minuto que pasaba. ―hizo un breve pausa, respiró profundamente―. Me quedé estático mientras mi prima se avalanzaba sobre los cascotes que se hallaban amontonados unos encima de otros, fue en ese instante cuando pude reaccionar. ―confesó en un débil susurro.
―Es una suerte que hayan sobrevivido al accidente con las heridas que presentan. ―comentó Sakura, ladeando la cabeza.
―Sí, así es. Más de cincuenta personas murieron por el impacto.
―¿Y cómo se pudo desplomar un edificio entero?
―Eso es lo que aún nos preguntamos todos. Aún se están investigando las causas de dicho derrumbamiento. Es algo insólito y premeditado. ―apostilló con frialdad y meditativo.
―¿Premeditado?
El rostro de Neji se tornó sombrío y tenso.
―Sé que no has preguntado por curiosidad, Sakura. ―y la manera en que lo dijo fue tan superflua que denotó que él sospechaba lo mismo que ella. ―En el hospital, cuando los consiguieron estabilizar, nos indicaron que los daños eran irreversibles. Los trajimos a Konoha lo más rápido que pudimos, bajo el cuidado de Shizune. Pensábamos que ella evitaría que quedaran postrados en una cama y aumentaría las expectativas de que sobrevivieran.
―Y fue ella la que os insinuó que me buscarais. ―afirmó.
―Nos dijo que ella no era capaz de efectuar semejante operación, pero que tú sí podrías aumentar las posibilidades.
Caminó despacio por la habitación, preguntándose si revelarle la información que había reunido en el País de la Hierba sería una buena idea.
―¿Hubo alguna victima familiar de alguno de los Kage?
Neji no se sorprendió por su pregunta, sabía que la formularía.
—No.
—¿Pero? —inquirió masajeándose la sien.
—El hijo del Kazekage ha desaparecido sin dejar rastro. Varios shinobis lo están buscando desesperadamente. Eso ocurrió varios días después del accidente. —reveló Neji.
Puso cara de abatimiento. Miró al techo, dubitativa, visualizando mentalmente el posible conflicto que se avecinaba. Tomó una decisión.
—Hablaremos más tarde de este asunto. —sentenció Neji, dándole a entender que sabía que ella compartiría cierta información con él. Sakura asintió levemente, desviando su mirada hacia la ventana. No era el sitio ni el momento para hablar de complots. Estaban seguros que alguien había estado husmeando en su conversación.
—Voy a buscar a Shizune.
Hizo una ligera inclinación, despidiéndola. El protocolo lo tenía tan arraigado desde que era el patriarca de la familia que no era capaz de actuar con normalidad, como cuando era un simple shinobi. Cuando terminó la guerra, tuvo que abandonar todas las misiones para encargarse de las labores del clan Hyūga.
Sakura salió precipitadamente de la habitación. Necesitaba meditar sobre lo que había ocurrido en Rammen. ¿Habrían empezado a practicar ese jutsu? No, no creía. Si lo hubiesen ejecutado no quedarían ni los cimientos de la villa. Ese misterioso jutsu podría ocasionar otra guerra, incluso más sangrienta que la anterior. Ya no tendrían a Sasuke para que reviviera a los caídos, ahora todos los que muriesen, quedarían muertos. Además, ya no había otro usuario de Rinnegan en el mundo shinobi.
Sin darse cuenta sus pies se detuvieron delante de la puerta del director del hospital. No golpeó, sólo giró el pomo y entró. Sobre el escritorio se encontraba un centenar de papeles amontonados y ordenados unos encima de otro.
—¿Hinata-sama?—preguntó dudosa la mujer de cabellos negros y corto. Al ver la negación de cabeza de la joven, sus ojos negros se abrieron como platos y corrió a abrazarla. —¡Cuánto tiempo sin verte, Sakura! Sabía que vendrías, tarde o temprano.
—No vine porque quise. —confesó mordazmente.
—¿Aún no perdonas?
Negó con la cabeza.
—Entiendo. A Tsunade le costó asimilarlo y entrar en razón, pero al final, Naruto-sama lo consiguió. Estoy segura, que contigo será igual. Él tiene el poder de cambiar a las personas.
—No sigas por ahí. —le cortó tajante.—He venido a hablar sobre el "Proyecto Abuelo".
Shizune desvió la mirada hacia un cajón. Se aproximó hacia éste y cogió una llave que tenía colgada del cuello. Lo abrió cuidadosamente, extrayendo unos documentos del interior. Se los entregó.
—Sabía que vendrías a por esto. —señaló los papeles que ahora sostenía Sakura.— Son las últimas investigaciones que realizó Tsunade-sama con la ayuda de Orochimaru-sama y Kabuto-sama. Te sorprenderá todo lo que avanzaron genéticamente hablando.
—¿A qué te refieres?
—Hicieron varias pruebas con Orochimaru-sama. ¿Recuerdas que los brazos de él estaban atrofiados? No tenía movilidad. —vio que asentía y continuó: —Pues cultivaron células madres de Hashirama, le inyectaron varios genes y la dejaron cultivando varias semanas. Cuando estuvo lista, la probaron en Orochimaru-sama. Los resultados fueron asombrosos: sus brazos recobraron toda la agilidad de antaño. Fue increíble. —confesó ilusionada al recordarlo.
—¿Y tienes más?
—No. —confesó.—Al poco tiempo, Orochimaru-sama y Kabuto-sama, se apropiaron de toda la información del proyecto; desapareciendo y robando las últimas células que conservábamos de Hashirama. Desde aquél entonces, no hemos tenido noticias de ninguno de los dos. Es como si la tierra se los hubiese tragado.
—Entiendo.
—Aún hay más. —compuso una sonrisa.— Tsunade consiguió aislar una célula somática del cuerpo, y con la ayuda de un retrovirus se inducen cuatro genes en esa célula. Hay que cultivarla durante un periodo de tres semanas y no hay posibilidad de rechazo.
—¿Pero si se inducen cuatro genes con un retrovirus eso implicaría que el paciente podría enfermar, provocándole la muerte?
—Exacto.
Sus ojos enfocaron el retrato que había en la pared. Los ojos color miel de Tsunade iluminaban su rostro sereno. Se le veía feliz en aquella foto.
—¿Has intentado utilizar un plásmido de ADN?
—¿Plásmido?
—Sí, es la que se utiliza para manipular la expresión genética de una célula. No habría que usar el sistema viral. No habría virus.
—Mmm…podría funcionar. —dijo tras unos segundos pensativa— ¿Cómo?
—Cuando estuve en el Bosque de Shikkōtsu aprendí muchas cosas sobre la creación de la vida. Había tanta información reunida, que el tiempo lo pasé leyendo manuales y más manuales. La Reina Babosa me enseñó mucho sobre el ADN, incluso hablamos sobre los experimentos que hicimos y cómo descubrimos la célula madre. —susurró cabizbaja.
—Tuvo que ser increíble. Aprendiste más que la propia Tsunade.
—Yo me pasé más tiempo que ella con las Babosas. —replicó.
Ambas se miraron. Shizune intenta buscar a la niña de antaño, pero sólo encontró soledad. Sabía que su carácter había cambiado, aún recordaba la última vez que la vio. Entre todos la tuvieron que controlar para que no cometiera una locura y, poco tiempo después había desaparecido de la aldea. Evocó las manos ensangrentadas de la chunnin, los rostros atemorizados de los ancianos y la desesperación pintada en el rostro de Naruto, evitando que los matara.
—Debería hacer varios ensayos. —la voz de Sakura le devolvió a la realidad.
—Podrías empezar en el laboratorio. Allí tendrás todo lo que necesites.
Negó lentamente con la cabeza.
—No quiero que nadie sepa que estoy aquí. Utilizar las instalaciones del hospital sería complicado. Me encargaré de investigar por mi cuenta con la información que me adjuntas.
—Sakura, ¿puedo preguntarte algo?
Le puso mala cara, pero asintió fugazmente.
—¿Piensas hablar con tus padres? Ellos no son los mismos desde que te marchaste. —dijo sinceramente.
El recuerdo de su madre llorando, agarrada fuertemente entre los brazos de su padre, le produjo un ligero escalofrío. Meneó la cabeza.
—No.
—¿Por qué?
—No me gusta repetir lo que ya te dije al principio: no he venido por gusto y mucho menos a hacer visitas. No quiero que nadie se entere de que estoy aquí. Si una sola persona se dirigiese a mí, me largo y abandono a esos niños a su suerte; o más bien, a esa cama que tendrían de por vida.—amenazó.
Agarró los papeles y marchó de la habitación dejando a Shizune con la boca abierta al escuchar las últimas palabras de Sakura. Definitivamente, no era la misma chica que conoció.
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NOTAS DE LA AUTORA: Muchas gracias a todos por sus reviews. Espero que me sigan dejando más review para poder saber lo que opináis referente al fic.
Agradecer a Just-Hatsumi por ser mi beta.
