Cuestión de Honor. Recuperando una vida. CAP. 5
Aquella batalla parecía interminable, Naruto lanzaba sus mejores técnicas contra el monstruo en que se había convertido Sora (que estaba fuera de control), mientras que Gaara luchaba contra Deidara, pero se mantenían en un cierto empate, ambos esquivaban y lanzaban sus técnicas sin lograr nada, tan solo consumir continuamente sus chakras, por lo que la pelea estaba bastante igualada. Seiya permanecía entre las sombras, dispuesto a luchar si fuese necesario. Sintió el impulso, agazapado entre los arbustos, de tocar una cadena que llevaba colgada del cuello, en cuyo final había un camafeo. No debería distraerse pero sintió el impulso de abrirlo una vez más para ver el rostro de la mujer que le dio la vida. Una chica joven, de pelo castaño, le devolvió una mirada dulce y a la vez triste... Entonces aferró el camafeo con su mano y siguió pendiente de la batalla, pero quizás estaba más pendiente de Gaara que de Naruto.
Después de una tremenda explosión, Gaara observó con estupor un muro de arena que él no había creado y que sin duda le había protegido. Entonces vio como Deidara yacía en el suelo, parecía que casi no le quedaba chakra y Gaara permanecía en pie jadeante por el cansancio, atónito ante aquel muro de arena. Justo cuando iba a desplomarse contra el suelo, Seiya le sujetó rápidamente, aún llevaba el camafeo colgando por fuera de su camiseta. Entonces Gaara lo vió y con una magullada mano lo cogió, intentó hablar pero estaba muy malherido.
- ¿Esto... es...?
- Por favor, no hables – dijo Seiya fijándose en una tremenda herida que el Kazekage tenía en el costado, la cual sangraba de una forma alarmante.
- Tú lo sabes... dímelo – suplicó Gaara que estaba excesivamente pálido, aunque no parecía querer rendirse.
- Está bien – dijo mientras abría el camafeo.
El gesto de Gaara cambió por completo y sintió una renovada fuerza en su interior al ver el rostro de aquella mujer. Luego miró a Seiya, este parecía avergonzado y triste.
- Yo, siento no habértelo dicho antes, no sabía como ibas a reaccionar y... al fin y al cabo me expulsaron de Sunagakure después de aquello.
- El cuarto Kazekage... – dijo Gaara casi sin aliento – Nuestro padre... murió asesinado, él dictaminó esa orden. Uno de nosotros se quedaría para servir como arma y otro sería desterrado, pues resultaba muy peligroso para la Aldea, y aún así... - Gaara tenía los ojos húmedos – Ya recuerdo quién eres, Seiya – le dijo mirando fijamente a los ojos, y en aquel momento recordó el llanto de un niño perdiéndose entre las sombras, separado de su familia.
- Cuando a nuestra madre la dijeron que tendría mellizos, el cuarto Kazekage dio esa orden, pero está claro que tú te llevaste la peor parte y me alegro que hayas podido salir sano y salvo, incluso veo que tienes amigos – dijo mientras miraba a Naruto.
- Sí... él me enseñó que... – pero Gaara no pudo hablar más, se desmayó debido a la pérdida de sangre que estaba sufriendo.
- ¡No! ¡Despierta! – gritó Seiya desesperado. Y en aquel momento vislumbró una figura a su lado, al principio creyó que era Deidara, pero él seguía tumbado a pocos metros de allí, luchando por su vida. Una chica con el pelo rosa se agachó rápidamente para evaluar el estado del Kazekage. Seiya se sorprendió. – ¿Quién eres?
- No te preocupes, me llamo Haruno Sakura, soy una ninja médico proveniente de Konoha, recibí un aviso del Kazekage, de Gaara... – dijo mientras ponía la mano en la herida y comenzaba a curársela – Debió presentir que esto ocurriría pues me dijo que es probable necesitasen ayuda médica – dijo mirando a Gaara en lugar de Seiya.
- Por favor, Haruno Sakura, salva a mi... hermano.
En ese momento Sakura, sin dejar lo que estaba haciendo abrió mucho los ojos.
- ¿Sois hermanos? Vaya, no sabía... En fin, parece que la herida se está cerrando – dijo al cabo de unos segundos, y efectivamente Gaara dejó de sangrar.
Al poco rato el Kazekage abrió los ojos y vio el rostro de Sakura que le sonreía. Seiya se alegró.
- ¿Cómo te encuentras? – preguntaron.
- Bien, gracias – indicó intentando incorporarse mientras se ponía la mano en el costado.
- ¡No deberías intentar moverte! Espera un poco – indicó Sakura.
- ¿Qué pasa con Naruto? ¿y Sora?
De inmediato Seiya se giró, comprobando que tal le iba a Naruto. Algo extraño comenzó a suceder, pues aquel monstruo parecía quejarse de un fuerte dolor. Pronto Naruto se reunió con sus amigos, jadeaba de cansancio.
- No se que ha pasado... pero creo que Sora está intentando luchar contra "eso".
Efectivamente, el monstruo, después de quejarse y dar terribles gritos, se dirigió dando tumbos hasta donde se encontraba Deidara, parecía dispuesto a acabar con él. Este había conseguido finalmente levantarse pero se apoyaba una mano en la rodilla. Enseguida se percató que se dirigía hacia él.
- Si tengo que morir... moriremos todos, mmph – dijo Deidara entre dientes mientras realizaba un sello con la mano.
- ¡¡¡NO!!! – gritaron a la vez Naruto, Sakura, Seiya y Gaara.
Pero fue demasiado tarde, una terrible explosión inundó toda la zona en la que se encontraban. Por suerte nuestros amigos reaccionaron deprisa y se alejaron inmediatamente, se encontraban en lo alto de un árbol, en una rama alta. Naruto sostenía a Gaara. Cuando el humo se disipó vieron tan solo un cuerpo que yacía en el suelo, Sora ya no tenía su aspecto de monstruo, sin embargo tenía toda la piel desgarrada y su cara desfigurada.
- Sakura, por favor... comprueba el estado de Sora y mira a ver si puedes hacer algo por ella.
- ¿Por eso me llamaste no? – y Gaara asintió con la cabeza.
Dicho esto todos fueron a donde se encontraba Sora y Sakura comenzó a examinarla. Al cabo de un rato dijo:
- Su pulso es muy débil, voy a realizarla unos primeros auxilios y luego tendremos que llevarla al hospital de Konoha.
Todos asintieron.
Fueron pasando los días y las semanas en Konoha, pero Gaara no se separó en ningún momento de Sora, la cual permanecía en el hospital. En varias ocasiones fue operada por la misma Hokage, Tsunade, la cual consiguió devolverla a su aspecto anterior. Fue realmente duro y difícil, el proceso de recuperación era muy lento pero Sora parecía contar con una fuerza inusual que la impulsaba a seguir adelante. Así, un día, cuando ya recobró la conciencia, todos se encontraban a su alrededor para ver como se encontraba, todos a excepción del Kazekage, que cuando vio abrir los ojos a Sora, decidió salir de la habitación en silencio.
- No merezco todo lo que habéis hecho por mi. Por cierto... ¿qué ocurrió con el Kazekage? Ese indeseable...
- ¡No hables así de Gaara! – exclamó Naruto – Deberías de saber que si estás aquí, fue gracias a él.
El gesto de Sora cambió por completo.
- ¿Qué estas diciendo? ¿No fueron ellas – señalando a Sakura y Tsunade – las que me han salvado?
Entonces Sakura dio un paso vacilante hacia Sora.
- Fue gracias a Gaara, él quiso salvarte, sino ahora mismo tu cadáver estaría en ese bosque, junto con los restos de tu maestro.
- Además, deberías saber – continuó Naruto – que ha estado junto a ti día tras día, sentado en esa silla que ves ahí – dijo mientras señalaba una silla al lado de la cama. Si ahora no le ves aquí es probable que sea porque sabía como ibas a reaccionar, pero ahora mismo está en el pasillo y...
- Quiero verle – le cortó Sora – por favor y dejadnos a solas.
Todos abandonaron la habitación y entonces Gaara entró, pero no se atrevía mirar a Sora directamente. Esta comprendió enseguida su actitud.
- ¿Por qué lo has hecho? ¿para saldar tu deuda?
- No, te equivocas – dijo Gaara mientras miraba por la ventana, y fue entonces cuando se giró y la miró directamente. – No puedo cambiar el pasado y nada de lo que haga podrá compensar la pérdida de tu familia, pero he visto como te han utilizado, igual que me utilizaron a mi. Sora, a mi me convirtieron en un monstruo antes de nacer, yo no pude elegir. Quise ayudarte por lo que vi, en qué te habían convertido... nadie merece que le hagan eso, nadie debería ser dueño de otra persona o servirle como arma en la batalla, y por culpa de esa actitud mi madre murió. Para poder seguir existiendo me eligió ese nombre y yo mismo me hice esto – dijo mientras se señalaba la cicatriz de la frente - para poder sobrevivir en un mundo que fue cruel conmigo.
- Pero es que yo, no merezco... – comenzó Sora con palabras ahogadas, sus lágrimas resbalaban por sus mejillas.
- Yo tampoco lo merecía, Sora, pero encontré gente que me ayudó, encontré amigos y no pienso hacer que nadie vuelva a pasar por lo mismo – dijo mientras la ofrecía un pañuelo.
- ¿Deidara está muerto, verdad? – preguntó de repente Sora después de limpiarse y enjugarse las lágrimas.
- Sí.
- Entonces... tu venganza se ha cumplido.
- Eso ya no tiene tanta importancia – Sora se sorprendió al oír estas palabras y Gaara prosiguió – Es verdad que salí de mi país con la idea de la venganza en mente, pero me encontré contigo, presentí que aquello era una señal, y luego con mi hermano al cual desterraron. Eso cambia un poco las cosas ¿no crees? Pero al encontrarme frente a frente con él, ya no tuve elección. Él mismo se destruyó. De todas formas Sora, no deberías mostrarte agradecida conmigo.
- Se que has estado aquí todos los días, y se que gracias a ti estoy sana y salva, aunque fueran tus amigas quienes me curaron tú tomaste la decisión. Tu amigo el rubio me lo dijo. Así que supongo que deberíamos estar en paz, Sabaku no Gaara – y dicho esto desde la cama Sora le tendió una mano. Gaara se la estrechó.
Pasaron dos semanas más y Sora fue dada de alta en el hospital. Finalmente llegó una tarde en la que todos se reunieron frente a la gran puerta de Konoha, había llegado la hora de despedirse.
- Seiya, ¿tú que vas a hacer? ¿seguirás tu camino? – preguntó Sakura con interés.
- No, creo que... es hora de volver a casa – dijo mientras miraba a su hermano.
- Ya entiendo, como Gaara es el Kazekage puede levantar esa orden que había contra ti. Me parece muy noble lo que estás haciendo, Gaara – indicó Sakura sonriente y Gaara hizo un gesto de asentimiento.
- ¿Y tú Sora? ¿qué haras? – preguntó Naruto dando unos pasos hacia la kunoichi.
- Aún no lo tengo muy claro, pero de una cosa estoy segura, lucharé contra Akatsuki – y al decir esto se acercó a Naruto y le dio un beso en la mejilla, éste se ruborizó al instante y Sakura contempló la escena entornando los ojos y con los labios muy apretados. Después de darle el beso le susurró – Gracias, Uzumaki Naruto.
- Vámonos – apremió Gaara. Y se alejaron dejando a Naruto y Sakura con los brazos en alto, despidiéndose hasta una próxima vez.
Fin.
