DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Kishi.
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"Milena tardó unos segundos en percatarse de que los ruidos emitía el hombre no eran de placer. No pudo hacer mayor cosa. Su amante la sujetaba por la cintura, envolviéndola con los brazos mientras estrellaba sus estertores agónicos contra su espalda enrojecida, como olas menguantes sobre una playa extensa."
Jorge Zepeda Patterson. Milena o el fémur más bello del mundo. Cap. 1 (Ganador Premio Planeta 2014)
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RAMMEN
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"El arrepentimiento de Mebuki
El amor de Fugaku y Mikoto
Y los planes de Hiashi".
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Tras varias horas sumida en la inconsciencia, finalmente abrió los ojos. Se sintió desubicada, al no reconocer la habitación. Examinó el lugar, buscando alguna pista que le indicara dónde estaba. Nada. Se levantó de la cama, despacio, con miedo a marearse por incorporarse tan repentinamente.
Se acercó hasta la ventana más próxima para ubicarse. Lo único que sabía era que estaba en Konoha.
—Hija, por fin despiertas—escuchó la voz de Mebuki, quien acababa de entrar.
Sakura la contempló, perpleja.
—¿No piensas hablarme?—preguntó temerosa de que la respuesta fuese negativa.
Sakura no fue capaz de emitir algún sonido, estaba muda de la sorpresa. Después de tantos años sin tener contacto con sus padres de repente y sin esperarlo, se enfrentaba a uno de ellos.
—Por favor, dime algo—suplicó temblando.
Los ojos de Sakura se detuvieron en los de Mebuki. Ambos eran idénticos, de la misma tonalidad. La miró detenidamente y descubrió que las arrugas en el rostro de su madre se habían acentuado con el pasar de los años y su cabello rubio terminó adquiriendo un tono más ceniza. ¿Tendría ella el mismo aspecto cuando envejeciese? Su padre siempre había dicho que Sakura se parecía mucho a su progenitora.
Mebuki acortó la poca distancia que la separaba de su hija y la abrazó con fuerzas mientras sollozaba.
—Sakura, hija mía. No debí…—El llanto no la dejó continuar. Sus lágrimas mojaban la ropa de la chica.
Sakura se quedó estática. No estaba acostumbrada a recibir muestras de afecto. Hacía tanto tiempo que no las recibía, que se sintió como un pez fuera del agua. No quería corresponder al abrazo, el rencor le impedía hacerlo.
Aún recordaba vívidamente lo que ocurrió aquél día en que Mebuki le contó toda la verdad. Al conocerla, una parte de ella murió ese fatídico día. Lo que no estaba segura era si realmente su alma no la había abandonado cuando vio el cuerpo inerte de Sasuke.
Desde aquel entonces, huía del contacto humano. Todos terminaban traicionándola de una forma u otra.
—Hicimos lo que era mejor para ti—aseguró dolorida.
Tras un largo silencio, en el que sólo se escuchaban los sollozos de Mebuki, Sakura decidió hablarle.
—Mebuki—su voz sonó distante y la separó de su cuerpo para que la mirara a los ojos—Comprendo vuestros motivos, aunque no los comparta—confesó.—No obstante, aún no estoy preparada...―hizo una breve pausa― para perdonar.
Mebuki se quedó con la boca ligeramente abierta.
—Entiendo—dijo dubitativa.
Al ver como Sakura se disponía a irse; la agarró del brazo, deteniéndola.
—Esperaremos, tu padre y yo. Esta siempre será tu casa, Sakura. Cuando estés lista, hablaremos.
La soltó haciendo acopio de todas sus fuerzas, pero entendía que no podía retenerla en contra de su voluntad. El sentimiento de culpabilidad la mataba desde que se había procedido a masacrar a todos los Uchiha. Y cuando por fin había reunido todo el valor necesario para revelarle la horrible verdad a su hija, supo que la perdería; aunque en lo más recóndito de su corazón albergaba la esperanza de que ella los pudiera perdonar.
Su madre la miró una última vez. Vio como la silueta de Sakura se detenía, unos segundos en el picaporte, dudando. Lo giró con violencia. Marchó de la habitación dando un portazo y dejando a su madre desolada. Bajó las estrechas escaleras y salió al exterior, reconociendo la calle como la de su antigua vivienda.
Recorrió las calles de Konoha con cierta nostalgia. Todo se había reconstruido, pues una vez más, la aldea se había venido abajo en la pasada guerra. Lugares que antes no existían, ahora rebosaban de vida. Los aldeanos trabajaban en sus puestos, sin apartar la vista de la labor que desempeñaban.
No pudo apartar la vista de un pequeño escaparate. Un colgante brillaba y resaltaba de todos los que se exponían en el cristal. Acercó su rostro al vidrio, casi rozándolo, y enfocó sus ojos en el trozo de cuerda negra en el que pendía un pequeño abanico.
¿Será el emblema Uchiha?.
Parpadeó varias veces y volvió a enfocar el objeto de su curiosidad.
―Si quieres puedo enseñártelo―dijo una voz masculina que hizo sobresaltar a Sakura. Al ver que la joven no respondía, continuó:―Ven, entra. Lo verás mejor.
El hombre le hizo un gesto, invitándole a pasar. Sakura dudó en un comienzo, pero al final accedió y se adentró. El olor a clavo se mezclaba con el dulzor de la vainilla y la poca iluminación configuraba un aspecto acogedor al interior del establecimiento.
Los bartulos se amontonaban estratégicamente, dejando todos expuestos y sin ocupar mucho espacio. Había pequeñas armas que sólo servían para decorar, hasta tatamis tan antiguos que no estaba segura de conocer la historia que había tejido en ellos. Y los pequeños objetos eran tan variopintos que no era capaz de imaginar el uso de ellos.
Los anillos, pulseras, colgantes y pendientes eran los únicos que decoraban el escaparate. El hombre deslizó cuidadosamente el vidrio de la vitrina y cogió con sus dedos deformes el colgante. Observó pacientemente a que Sakura terminar de estudiar el interior de la tienda para volverle a dirigir la palabra
―Seguro que nunca has visto otra tienda igual―afirmó y le entregó el colgante. Sakura lo sostuvo en la palma de su mano y lo acercó a su rostro para examinarlo.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente al comprobar que ese objeto lo conocía demasiado bien. Quizá sólo lo había visto en su niñez varias veces y de casualidad, en algún que otro entrenamiento o en alguna misión que realizó con el originario grupo siete.
Tiene que ser de él, aseguró cada vez más convencida.
Rozó el relieve del colgante, recorriendo cada unión del metal. Sus yemas trazaban el abanico Uchiha. El color estaba desgastado, pero si se miraba con atención podía distinguirse el desgastado esmalte de colores rojo y blanco. Aferró con fuerzas el diminuto abanico.
―Veo que te ha gustado―su voz era cantarina y alegre.
―¿De dónde lo sacaste?―el sonido que emitió fue como el susurro de una katana cuando se desenfunda.
El hombre esbozó una sonrisa, a pesar del tono arisco de la chica. Contempló por un momento su semblante tan serio y tan desafiante.
―Lo encontré―respondió sin más, encogiéndose de hombros.
Sakura apretó su puño hasta tal grado que empezó a sangrar. El hombre bajó su mirada, fijándose en las pequeñas gotas de sangre.
―Señorita, cálmese. Si sigue así, se hará daño―intentó tranquilizarla.
La chica negó con la cabeza. Y sus ojos se volvieron tan feroces como los de un tigre ante su presa. Iba a atacarle, pero el sonido de la puerta la distrajo.
―Abuelo―gritó una niña de cabellera oscura corriendo a abrazarle. Él la recibió con los brazos abiertos y la estrechó contra su cuerpo.
―Ahora no es el momento―dijo al notar la mirada asesina de la joven―. Ve a tu habitación, tengo que terminar de atender a esta hermosa joven―y le dio unas palmaditas en la espalda a su nieta, insistiéndole a que se marchara.
El hombre volvió a centrar su atención en Sakura y le señaló una silla, para que tomara asiento. Ella se sentó desconfiada, esperando a que el anciano comenzara a hablar.
―Me preguntabas por el colgante de los Uchiha―refiriéndose al objeto que aún sostenía Sakura―Lo tengo desde...― contó mentalmente, ayudándose de sus dedos.―Sí, dieciocho años. No estaba seguro, el tiempo no pasa igual para un hombre de mi edad―sonrió.
Sakura movió la pierna de arriba abajo, inquieta.
―Continua―exigió.
―Sasuke Uchiha me lo entregó pocos días antes de abandonar la villa.―Sakura no pudo creer que Sasuke hubiese confiado ese colgante a ese hombre antes que a ella. No pudo evitar sentir mucha rabia.— Su padre, Fugaku, me debía un favor.
―¿Qué clase de favor?
―Su madre era mi hermana menor―confesó con los ojos empañados, a punto de derramar las lágrimas que luchaba por retener―Yo le di el último empujón a mi hermana para que aceptara―reveló pensativo―. Nadie estaba a a favor de ese matrimonio. Ella era una simple jonnin que no pertenecía a ningún clan prestigioso. Él era el futuro líder de los Uchiha, tenía que desposarse con una mujer perteneciente a su clan; pero él se había enamorado de Mikoto.
―Creí que la madre de Sasuke era Uchiha de nacimiento―dijo sorprendida. Se llevó la mano a la cabeza, sin apartar la mirada del anciano.
―No, niña. Déjame llamarte niña. Aún lo eres, a pesar de que arrugues tanto el rostro.
―Continua. — Ordenó, ignorando su comentario. — Quiero escuchar toda la historia.
―Mikoto y Fugaku realizon varias misiones juntos y surgió el amor. Al principio, ella fue reticente. Lo rechazaba, pues sabía que ese compromiso no sería factible al no pertenecer a ningún clan prestigioso. Ella provenía de una familia civil y todos los miembros Uchiha se opondrían a su matrimonio. Luchó por deshacerse de esos sentimientos presentándose a las pruebas ANBU―pauso su relato y se levantó.
Sakura analizaba todos los movimientos del hombre. Estaba impaciente por conocer el pasado de los padres de Sasuke. Quizá así podría saber más de la infancia feliz que tuvo antes de que las pesadillas y la venganza ocuparan los sueños de esa persona tan especial para ella
El hombre se adentró en una sala. A los pocos minutos salió, trayendo una bandeja con unas tazas vacías y una tetera. Se arrodilló ante Sakura, depositando la bandeja en el suelo y se sentó de nuevo en la silla que antes ocupaba.
―He traído un poco de té. Con tanta conversación me ha dado una sed tremenda y es de mala educación no ofrecer un poco de este aromático té―olfateó el aire―Si no te importa, te rogaría que lo sirvieras, como ves mi pulso es un poco alocado―puso su mano en el aire y tembló espamódicamente.
Sakura asintió. Cogió la tetera y sirvió el humeante té. Su olfato percibió el aroma de la canela, jengibre y cerezo; no pudo identificar el otro ingrediente. El color era negruzco. Le tendió cuidadosamente la taza al viejo y tomó la suya, esperando a que el hombre bebiera primero. No se fiaba.
―¿Por dónde iba?―se preguntó a sí mismo mientras tomaba un sorbo de té―Ah, sí. Las pruebas de ANBU. Empezó a endurecer sus entrenamientos para entrar en el cuerpo especial, trabajaba de sol a sol. Ella era hábil y siempre daba lo mejor de sí. Cuando se proponía algo, lo conseguía, sin importa lo que costara. Mi hermana era fabulosa―añadió deleitándose con la última palabra.
—Faltaban pocos días para presentarse a la prueba. Mis padres se sentían orgullosos de tener a una hija capaz de pertenecer al cuerpo ANBU y pensaban que con el tiempo, quizá el humilde apellido de la familia cobraría cierto prestigio. Esos eran sus pensamientos y la alentaban a llegar a lo más alto.
Se rascó la cabeza y bebió otro sorbo más.
―A los pocos días, la encomendaron en una última misión como jonnin. Lo que no sabía es que el esposo de su mejor amiga, Minato Namikaze, le había asignado como compañero de esa misión a Fugaku Uchiha. Creo que todo fue obra del Cuarto Hokage. No me cabe la menor duda que él y su mujer se pusieron de acuerdo para darles una última oportunidad de estar juntos.
–En esa misión, Fugaku resultó gravemente herido. Estuvo a punto de perecer―se aclaró la garganta con una ligera tos y volvió a beber la infusión―Según Mikoto, fue muy afortunada cuando Fugaku sobrevivió a aquella horrorosa herida. Y según Fugaku, él confesó que vivió más porque ella le prometió que estaría con él hasta el último día de sus vidas, que morirían juntos, uno al lado del otro. Y que paradójico, ¿verdad? Al final cerrraron los ojos el mismo día y más juntos que nunca.
―No sabía que la madre de Naruto conocía a la madre de Sasuke―dijo y tomó un sorbo de la infusión.
El hombre arqueó las cejas y analizó los rasgos de la chica.
―Desconoces muchas cosas acerca de Konoha y sus lazos―reveló.―A mi edad, he aprendido que el odio sólo conduce a la destrucción de uno mismo. Debemos aprender a perdonar, a vivir la vida, a disfrutar de los pequeños detalles. He sobrevivido a varias guerras y a muchos ataques en la villa, pero jamás odié a aquellos que las provocaron. Hay que buscar y analizar qué es lo que lleva al ser humano a ser tan destructivo para intentar cambiar ese hecho. Nuestro Hokage entiende a las personas y esa es la razón por la que es capaz de modificar los sentimientos en las personas. Él tiene un don, por algo es el salvador.
―Quizás...―y cerró los ojos, pensando.
―Cuando te des cuenta, niña, habrás desperdiciado toda tu juventud y no habrás conseguido nada. ¿Cúal es tu propósito? ¿La venganza como Sasuke? ¿Qué vas a vengar?
―No lo sé―reveló en un débil susurro, agachando la cabeza.
El hombre se aproximó a ella, le levantó el rostro y enfocó su mirada negra en la verdosa de ella.
―El niño que golpeó desesperadamente mi puerta estaba perdido en el odio. Su cara estaba desencajada y sus ojos eran tan rojos como la sangre. No me dijo ninguna palabra, sólo me tendió el colgante. Yo sabía que él era Sasuke, mi sobrino. Sólo lo vi cuando mi hermana dio a luz... Me lo había mostrado a los pocos días de haber nacido.
―¿Por qué Sasuke nunca habló de ti?
―El trato para que mi hermana se uniera al clan Uchiha era desvincularse por completo de su familia. Los Uchiha habían aceptado a base de discusiones y peleas ese matrimonio, pero con la condición de que ella tendría que renunciar para siempre a los lazos que la unían con mis padres y conmigo.
—Ella no iba a ceder, pero Fugaku habló conmigo y me rogó. Aún recuerdo como ese Uchiha se rebajó poniéndose de rodillas a implorarme un favor; a mí, a un simple civil. Pero lo hizo por el amor que le profesaba a mi hermana. Yo no estaba ni en contra ni en favor de ese matrimonio, empero entendía que separar a mi hermana de él sería la muerte de su alma y quizá nunca volvería a ser la misma.
—Es por eso que me armé de valor, engatusé a mis padres para que la convencieran de que fuese feliz y yo mismo le dije que no sería bien recibida sino era como una Uchiha. Ella me replicó que al convertirse en Uchiha nunca la veríamos. Le sostuve su frágil mano, se la apreté con delicadeza y le dije que más le valía aceptar las condiciones de ese maldito clan para estar con el amor de su vida. Ella lloró, me abrazó con fuerzas y me contestó que lo haría. Esa fue la última vez hablé con ella―reconoció y terminó de beber su taza.
Sakura repasaba mentalmente la historia, completamente emocionada. No creía al cien por cien esa historia. ¿Tan trágica era la realidad de los Uchiha? No podía ser, ¿cómo era posible que ese clan hubiese impuesto tantas normas absurdas? ¿Acaso veían bien separar a la mujer del líder de su familia real? ¿Qué pretendían los Uchiha con todas esas normas tan estrictas y carentes de sentido común? Dudaba de que todo eso hubiese ocurrido en realidad.
―Y en cuanto a tu pregunta, niña, él si sabía de mi existencia y lo demostró al entregarme el colgante que perteneció a Mikoto. Pero al no haberme visto en su infancia, él realmente no me reconocía como familia. Sasuke consideraba "familia" a cualquier miembro de su clan y no a un tío por parte de madre. Cuando Mikoto se casó, rompió sus vínculos familiares y se dedicó en cuerpo y alma a las labores del hogar. Los Uchiha no querían que la mujer del líder desatendiera el cuidado de los hijos, así que le impusieron abandonar su trabajo como kunoichi.
―Entiendo. Tuvo que ser difícil, abandonar todo por amor a él―musitó.
Aunque ella lo hubiese hecho si Sasuke le hubiera permitido acompañarle en aquella ocasión en la que él decidió abandonar la villa. O cuando se volvieron a encontrar años después y él intentó matarla. Sabía a ciencia cierta, que los sentimientos son más fuertes que la razón. Y que la razón te abandona cuando amas a una persona con tanta intensidad. Por lo tanto, ella hubiese sido igual que Mikoto: habría renunciado a todo por amor.
―Supongo que sí porque nunca volví a hablar con ella. Como te dije, se había roto toda relación. Sólo pude ver a mi sobrino, porque ella se escapó para presentármelo y no intercambiamos palabras. Fue algo tan breve, que no estoy seguro si tuve una alucinación.
El hombre le quitó el colgante y pulsó un minúsculo botón. Un click indicó que el mecanismo se había abierto. El abanico se dividió en dos mitades unidas por unos engranajes imperceptibles para el ojo humano.
Sakura se asombró. Jamás pensó que en el interior descansaba dos diminutas fotografías. En la parte que en su día fue roja, se distinguía a un bebe en brazos de una madre con cabello azulado agarrada fuertemente por su esposo y su otro hijo más mayor. Sakura los reconoció, se trataba de la familia de Sasuke. Y en el extremo inferior del abanico, se veía una pequeñísima fotografía de Sasuke con el equipo siete.
Sakura se llevó una mano al pecho al comprobar que para Sasuke ellos habían significado su propia familia, sino no los hubiese puesto en ese medallón.
―Sí, esos sois ustedes: los legendarios sannin con el ninja copia―añadió el anciano al ver como Sakura retenía sus lágrimas.―Al ver tu reflejo en el cristal del escaparate, me di cuenta que eras Sakura Haruno, la ninja que desapareció hace quince años. Al enterarme de la muerte de Sasuke, pensaba buscarte para entregarte este colgante.
―No me pertenece. Si él lo hubiese querido, me lo habría entregado cuando abandonó la aldea. Es tuyo.
―Él me lo entregó para que mi familia y yo estuviésemos a salvo en caso de una guerra. Este colgante tiene otro pequeño secreto―añadió en voz baja.
―¿Qué secreto?―cuestionó frunciendo el ceño.
―Es una llave que abre la cueva de los Uchiha. Yo y mi familia nos refugiamos allí cuando la cuarta guerra estalló. Es un salvoconducto. Esa cueva es impenetrable, a no ser que dispongas de una llave como esta.
―Algo escuché, pero creí que era una leyenda.
―Todas las leyendas se refutan en verdades―añadió con sabiduría.
―Abuelo, abuelo, tengo hambre―gritó la niña desde la parte de arriba.
―Ahora voy―contestó dirigiéndose a su nieta.―Quédatelo―insistió, volviéndose a dirigir hacia Sakura.
―No puedo aceptarlo. Quiero que se lo quede. Si algo ocurriera, tendría la posibilidad de resguardarse en un lugar más seguro.
―No va a ver más guerras, niña. Naruto ha traído la paz.
Sakura le rechazó el colgante una vez más y se levantó, dispuesta a irse.
―No lo quiero. Quédeselo. Sólo tenía curiosidad por saber como llegó hasta aquí.
―Como desees―dijo. Se dirigió al escaparate para volverlo a colocar, pero la mano de Sakura le detuvo.
―No lo exponga más y guárdelo. Al fin y al cabo, perteneció a su hermana.
Al ver como el anciano cerraba el escaparate y se metía el colgante en el bolsillo, marchó de allí rumbo al hospital.
―Supongo que nos volveremos a ver―dijo cuando la puerta se cerró.
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Golpeó suavemente la puerta de madera y entró cuando escuchó la voz de Naruto e Hinata.
―Sakura-chan―llamó risueño su amigo.
―Sakura―sonrió Hinata al verla.
―Tú―señaló con ira al ver a su amigo. Se acercó a él y le golpéo con todas sus fuerzas. El rubio sólo se puso la mano a la cabeza, quejándose por el doloroso golpe que acababa de recibir.
―¿Qué?―preguntó extrañado, acariciándose aún la cabeza.
―Tú lo sabes bien, Naruto―siseó enfadada.
―No entiendo, Sakura-chan.
―¿Cuál es el motivo por el que he despertado en casa de ellos?―cuestionó furiosa.
―¡Oh!¡te refieres a eso!―exclamó. Si Sakura hubiese poseído el sharingan, ahora mismo Naruto estaría ardiendo hasta reducirse a polvo.
―Teníamos un trato―señaló las camas de los niños.
Hinata se sonrojó y su voz fue inaudible.
―¿Qué dijiste?
―Lo siento, Sakura-chan, pero fui yo―su cuerpo tembló levemente al notar la mirada de odio que le lanzó la pelirrosa.
―Respira, respira―se decía a sí misma.
Cerró los ojos y contó hasta diez mentalmente. Exhaló profundamente.
―Hinata-chan―pronunció Naruto, sorprendido de que su mujer hubiese actuado a sus espaldas.
―Yo-yo so-so-solo―tartamudeó nerviosa. Se serenó tras unos segundos y continuó hablando mientras ambos la observaban duramente―Vi a la señora Haruno en el hospital, estaba histérica. Cuando apareciste, no pudimos hacer nada para impedir que los rumores se extendieran... Ella vino a buscarte―reveló―Ella se acercó a mi, me interrogó.
―Si estuve todo el rato contigo, ¿cuándo?―preguntó Naruto.
―¿Te acuerdas que vino ese ANBU a hablarte de un asunto importante?―sus manos se movían frenéticamente―. Pues en ese momento me alejé unos segundos, tenía sed y quería beber algo. Fue entonces cuando me asaltó desesperadamente. Me rogó tanto... Se veía abatida, no pude mentirle―se sinceró―Nunca se me dio bien mentir―susurró débilmente.
―No te preocupes, Hinata-chan―la consoló dulcemente mientras la arropaba entre sus brazos.
Sakura escrutó la robusta figura de Naruto. Su cuerpo se había tornado más fornido, dejando atrás el cuerpo escuchimizado que le caracterizó en la niñez. Su tez bronceada había adquirido rasgos más masculinos que resaltaban sus ojos azules como el mar. Observaba como la aferraba tiernamente, meciéndola entre sus brazos. La escena se le antojaba tan romántica que sintió un fuerte pinchazo en su corazón.
Por un momento, deseó ser ella la que fuese acunada y besada con tanta pasión. Se preguntó si Sasuke se habría enamorado de ella y si hubiesen formado una familia tan feliz como la que tenían Naruto e Hinata.
―Perdoname, Sakura-chan―rogó.
Sakura asintió, restándole importancia al asunto.
Tarde o temprano, la iba a tener que ver.
Se acercó a la cama de la niña quien aún estaba conectada a la máquina, pero sus pulmones ya empezaban a funcionar de forma correcta. Se acercó al aparato de su derecha y la apagó. Seguidamente le retiró la mascarilla y vio como su pequeño pecho se hinchaba con normalidad.
―Ya no necesita esa máquina―dijo al terminar de examinarla.
―Queríamos darte las gracias por salvar su vida. No sé que habría sido de Neji si ella hubiese muerto. Es lo único que le queda―confesó humildemente.―Él ya soportó bastante con la perdida de su mujer, el cuidar sólo a su hija fue bastante duro.
―Hinata-chan―reprendió Naruto.―No creo que Neji quiera que hables de lo que sufrió al perder a Tenten. Y tampoco creo que a Sakura le interese saberlo.
Sakura se sorprendió de que Naruto dijera esas palabras. El chiquillo ingenuo e inocente se había transformado en una persona adulta y responsable. Las situaciones que tuvo que afrontar en su adolescencia y su trabajo como Hokage le habían hecho madurar a pasos agigantados.
―Sólo le agradecía a Sakura―se defendió.
Naruto temía hablar de muerte estando Sakura presente. Aún recordaba vívidamente la cara de Sakura al ver el cuerpo sin vida de Sasuke. Los gritos que ella emitió fueron tan desgarradores que por unos segundos colapsó la alegría de la victoría. Creía que no sobreviviría, que no se repondría. Pero había apartado sus lágrimas, abrazado a Naruto y desaparecido de su vista. Supo que se encontraba en Konoha cuando los padres de Sakura le suplicaron que la detuviesen, y él fue el que la detuvo de cometer un error del que se hubiera arrepentido el resto de su vida.
La risa de Hinata le trajo de vuelta a la realidad. Cada vez que veía a su mujer, más se enamoraba de ella. Era tan hermosa y frágil que temía que se rompiera. Gracias a ella había conseguido superar la muerte de Sasuke y la desaparición de Sakura. Aún le quedaba la compañía de Kakashi, pero él se refugió en su recién adquirida habilidad para la escritura y había comenzado a encerrarse para crear novelas. Se retiró como shinobi, alegando que no podía soportar más perdidas en su vida y Naruto firmó su dimisión con gran dolor.
Kakashi no sabía que Sakura estaba en la aldea, quizá podría avisarle. Miró a Sakura y se dio cuenta que esa opción no sería muy fáctible. Ella no era la misma persona que su sensei recordaba, lo mejor sería esperar a que Sakura estuviese lista para regresar a su antigua vida.
―¿Y cuándo harás las pruebas para la médula?―preguntó Hinata atrayendo la atención de Naruto.
―Hoy comenzaré con los ensayos. Supongo que será exactamente igual que la reparación del pulmón. No debería de haber inconvenientes...―dijo meditabunda.
―Confío en tí, Sakura-chan. Eres la mejor―aseguró Naruto.
―Debería irme a la mansión Hyūga. No debemos perder más tiempo―añadió.
―Cuando esto acabe te invitaré a comer ramen― le prometió con su rostro lleno de felicidad al imaginarse montones de platos de su comida favorita.
Sakura asintió rápidamente y desapareció, dejando restos de humo en la habitación. Se transportó al laboratorio de forma inmediata.
Comenzó a trabajar en las células madres, pero ahora le inducía nuevos genes con el plásmido de ADN. Esta vez tenía que regenerar la médula espinal. Dejando todo preparado, puso la alarma y deambuló por la sala, inquieta.
Escuchó voces que se dirigían hacia su laboratorio.
—Llama, vamos, no debes temerle—susurró un joven detrás de la puerta.
—Tú no viste lo que les hizo a esos ancianos—su voz sonó aterrorizada—Debería haber sido juzgada.
—Ella contaba con el favor del antiguo Hokage y del actual. Además, su ayuda a la hora de ganar la guerra la exculpó.
—No se puede absolver a una persona sin que se celebre un juicio.
—¿Acaso ellos sometieron a juicio a los Uchiha?
—Nos hicieron un favor eliminándolos. Ellos querían una revolución, hubiesen provocado una guerra. Conspiraron contra Konoha—alegó—. Ahora nosotros somos el clan más prestigioso.
—Cierto, lo somos. No obstante, el fin no justifica los medios.
Sakura pegó más la oreja a la puerta de madera. Estaba encolerizada. Su paciencia estaba llegando a su límite.
—De todas formas, no le da ningún derecho a…
—Lo siento, lo siento—gritaron y sus voces se perdieron en el largo pasillo.
Sakura abrió la puerta desconcertada. No sabía qué le pudo haber pasado a esos dos charlatanes para que salieran corriendo. Y sobre todo, se cuestionó qué es lo que querían de ella.
Ante ella se encontraba la silueta de Hiashi Hyūga. La miraba fijamente. Él sabía que ella había escuchado con todo detalle la conversación de esos dos miembros, al igual que hizo aquél día cuando él hablaba con sus sobrino.
—Últimamente te encuentro detrás de las puertas—declaró sombríamente.
—Serán que todos los miembros de éste clan habláis demasiado alto para mis oídos—contestó con retintín.
Ambos se examinaban duramente. La tensión era palpable.
Hiashi le entregó una pequeño pergamino a Sakura. La observó mientras lo leía.
—¿Y para qué tengo que ir?—preguntó indignada.
—Ellos quieren someterte a un juicio dentro del clan, eres nuestra invitada y muchos no están conforme con la decisión de Neji.
—¿Y a mí qué me cuentas? Quiero largarme de aquí cuanto antes.
Hiashi dio varios pasos de un lado a otro. Y tras meditar sus palabras, habló.
—Su liderazgo pende de un hilo. Puede haber una pequeña guerra interna por conseguir ser el líder. Hay muchos que se opusieron a la supresión de las dos ramas de la familia. Se ha mantenido firme en todas sus decisiones, a pesar de que muchos ancianos se negaban a aceptarlas. Desde el matrimonio de mi hija con Naruto hasta el suyo, incluso liberar a mi otra hija de sus obligaciones con el clan. Todo han sido reproches. No aceptan, que aunque es el mejor candidato para ser el líder del clan, él haya pertenecido a la rama secundaria del clan.—Enfocó sus perlados ojos en la estantería con las muestras de células—Neji lo ha hecho demasiado bien, ha afrontado las adversidades con determinación y con inteligencia. Se ha ganado el favor de muchos miembros que estaban en contra, pero hay otros que contaminan al resto.
—Quieren un cambio de mandato. ¿Por qué no renuncia simplemente?
—No es tan sencillo. Nadie puede desempeñar esa tarea. Si lo hiciera, todas nuestra historia desaparecería.
—¿Cómo desaparecería?
Sakura quería indagar más, pero la puerta se abrió de golpe. Dos miembros del clan Hyūga se aproximaron velozmente hasta Sakura y le pusieron una marca en el brazo derecho.
—¿Qué pretendéis?—preguntó furiosa al notar como su chakra reducía considerablemente de su cuerpo.
—Lo siento, Sakura. Como entenderás, no puedo correr riesgos, así que si irás aunque sea por la fuerza a ese juicio.
—No curaré a la hija de ese bastardo—gritó furiosa.
Enseguida se arrepintió de haber usado esa palabra. No creía que Neji fuese un bastardo, sólo que estaba demasiado irritada como para pensar con claridad. El que le sellaran el chakra era una muestra para desconfiar de ellos.
—Oh, sí lo harás—aseguró Hiashi.—Y más teniendo en cuenta que ese bastardo, como tú lo has llamado, ni siquiera sabe nada de esto—declaró.
—¿Cómo te atreves a tratar así a los invitados?—cuestionó forcejeando.
Los dos miembros del clan estaban asustados, a duras penas podían contener la fuerza de Sakura.
—Sin chakra no tienes tanta fuerza—dedujo el Hyuga cuando consiguieron atarle las manos en la espalda.
—Cuando todo esto acabe, os daré una paliza que nunca olvidaréis.
—No te conviene amenazarles, sólo cumplen órdenes—dijo Hiashi.
—No curaré a tu nieto tampoco—desafió.
Hiashi se acercó y le susurró algo a su oído que fue inaudible para los demás.
—Dormirla—mandó autoritariamente.
Los dos jóvenes le dieron un sonoro golpe en la nuca. La chica se desplomó en el suelo.
—Cogerla. Hay que preparar el juicio, a ver si todos se calman de una vez por todas.
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Neji observaba atentamente la respiración de su hija. Estaba contento y se sentía aliviado de que ya no tuviese que depender de una máquina para que ella pudiera respirar. Últimamente no conseguía dormir. Las preocupaciones se agolpaban con mayor intensidad en su cabeza, pero por fin podía ver las mejorías en la salud de su primogénita.
Para Neji, su hija era lo más importante. Incluso más que el Clan. Se lamentaba de no pasar más tiempo con ella y cambiaría ese detalle cuando ella se recuperara. Emplearía sus horas libres para compensar los años perdidos.
Frunció el ceño cuando vio a Naruto en el umbral.
Naruto le sonrió débilmente.
—Te van a salir arrugas con esa cara llena de preocupaciones—intentó bromear Naruto.
Neji alzó la ceja, pero no se molestó por el tono casual de su amigo.
—¿Acaso tú no las tienes?—preguntó.
Naruto asintió.
—Quieren someter a Sakura-chan a un juicio. He intentado hacer todo lo posible por evitarlo, pero el Consejo no me escucha. También el Damyō está metiendo presión en las decisiones del Consejo. Dicen que es mejor zanjar este asunto de una vez por todas. Ella no puede seguir ocultándose por el resto de su vida y la ley es para todos iguales. Temo que ella intente huir cuando le llegue la notificación.
Neji desvió la mirada hacia la ventana.
—Temía que llegaría este momento. Era inevitable. Regresaré a la mansión inmediatamente.
—No me atrevo a verla. Siento que le he fallado—murmuró débilmente, agachando la cabeza.
Neji se acercó hasta donde estaba Naruto y le puso la mano en el hombro. En el fondo, él también estaba receloso de acudir, sabía que ella lo acusaría a él de traidor e incluso era posible que se negara a seguir tratando a su hija.
Tenía demasiadas complicaciones últimamente. Desde que llegó Sakura, su vida había se había vuelto más problemática. Todos los miembros de su Clan estaban disconformes con la decisión de que ella se hospedara allí y eso le había causado que Hume e Hino contaminaran la lealtad de algunos Hyūga.
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NOTAS DE LA AUTORA: Espero que hayáis disfrutado de este capítulo. Cómo podéis ver aquí se ve puede apreciar el recelo que le tiene Sakura a sus padres. Pronto sabréis la razón de todo. Lo prometo. Todo motivo tiene su causa.
Siento que no haya habido escenas NEji/Saku, pero no puedo alargar tantos los capítulos y creo que cada parte que se describe en este capítulo es fundamental para el desarrollo de la historia.
¿Os ha gustado la historia de los padres de Sasuke? Sí, pensaréis que vaya tela meter semejante historia... pero creo que esa parte era importante para el desarrollo de las emociones de Sakura. Además, me encantó hacer esa parte. ¿No os parece adorable el ancianito? A mi sí. Habéis visto que a través de esa historia, se ha ablandado un poquito más.
¿Os disteis cuenta como pasó por alto el asunto de Hinata respecto a sus padreS? Ya va teniendo un poco más de corazón. jejeje.
También habéis descubierto que Neji y Naruto se preocupan por sus hijos, que a pesar de sus responsabilidades no pueden evitar pensar en ellos. Aunque es evidente que un padre siempre se va a preocupar por sus hijos, pero quise poner un poco de los sentimientos de Neji. Ya hemos visto que casi no ha nombrado a su hija, pero no es porque no la quiera... jejeje.
Muchas gracias a Kata, Crimela, Yomi, Gabhita, Jovino y a las personas anónimas que dejáis reviews y que no puedo responderos por privado. Me encanta recibir y leer vuestras opiniones, ya que me motiva a escribir más deprisa y así saber que os ha parecido cada capítulo. Cuando te tomas tanto tiempo escribiendo, tienes ganas de que lo que has escrito guste; por eso, os pido, que dejéis un comentario para saber qué tal estoy haciendo esto de escribir.
Y un especial abrazo a JUST-HATSUMi, mi beta, que es la persona que se toma su tiempo para leer cada capítulo y ayudarme a corregir posibles fallos a la hora de la redacción. Sin ella, este fic estaría peor escrito.
Me gustaría recomendaros los fics de Katarina Hyuga y de Crimela. Ellas siempre tratan a esta pareja tan especial NEJI/SAKU, por lo tanto, si tenéis algo de tiempo, podéis leer algo de ellas.
Y a quien le guste la pareja de SASU/SAKU podeís pasaros perfectamente por los fics de JUST, ella es una gran apasionada de esta pareja y sus fics son maravillosos. También os recomiendo a otra escritora muy especial, Mariaana07, cuyos fics son del pairing SASU/SAKU.
Bueno, con tantas notas, esto cada vez se va alargando más... Espero tener vuestras opiniones, así me haréis muy muy muy muy FELIZ.
Gracias a todos por leerme. Sois los mejores. ¡Saludos!
