DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de Kishi.
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"Tengo muchos defectos, pero no tienen que ver con la inteligencia. De mi carácter no me atrevo a responder; soy demasiado intransigente, en realidad, demasiado intransigente para lo que a la gente le conviene. No puedo olvidar tan pronto como debería las insensateces y los vicios ajenos, ni las ofensas que contra mí se hacen. Mis sentimientos no se borran por muchos esfuerzos que se hagan para cambiarlos. Quizá se me pueda acusar de rencoroso. Cuando pierdo la buena opinión que tengo sobre alguien, es para siempre.
Ése es realmente un defecto―replicó Elizabeth―. El rencor implacable es verdaderamente una sombra en un carácter. Pero ha elegido usted muy bien su defecto. No puedo reirme de él. Por mi parte, está usted a salvo.
Creo que en todo individuo hay cierta tendencia a un determinado mal, a un defecto innato, que ni siquiera la mejor educación puede vender.
Y ese defecto es la propensión a odiar a todo el mundo."
Orgullo y Prejuicio. Jane Austen. Cap. XI.
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RAMMEN
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"La aquiescencia de Sakura
el origen de los Hyūga
y los novatos"
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Las piernas las tenía entumecidas al estar en la misma postura y el zabutón ya formaba parte de su trasero. Giró el cuello, aliviando la tensión de los músculos. ¿Cuántas horas llevaba encerrada en esa insulsa habitación? No habrían pasado más de tres.
Agudizó el oído al escuchar pasos.
—Podéis retiraros—ordenó una voz masculina.
—Pero Hiashi-sama, el juicio…
—¡Cállense!—demandó.
No volvió a escuchar otra réplica. ¿Acaso se atrevían a contradecir al antiguo líder? Seguramente, los dos que custodiaban la puerta eran de la confianza de Hiashi.
La figura de Hiashi apareció en el umbral. Su vestimenta no era la habitual. El yukata negro tenía un pequeño bordado en blanco y negro, el símbolo del ying y el yang.
―Tú―dijo furiosa.―Me debes una explicación.
Y una muy buena. ¿Quién se creía él? No le bastó con suprimirle el chakra, también tuvo que noquearla y dejarla en esa sala con las paredes tan blancas como la nieve, recordándole constantemente a los ojos perla de los Hyūga.
—Calma, Sakura—su voz fue tan suave y baja, que por una milésima de segundo olvidó su enojo.
Hiashi se acercó a ella. Le desató las cuerdas de sus muñecas cuidadosamente, en señal de confianza. Sabía perfectamente que la joven no le haría daño, pues su chakra estaba anulado temporalmente.
Sakura luchó contra el impulso de salir de la habitación y huir de Konoha una vez más. Una de las muchas razones por las que huyó la primera vez fue por las miradas de temor que le dirigieron los aldeanos cuando la vieron con las ropas ensangrentadas. Faltó poco para haber matado a los dos ancianos del consejo, pero Naruto se lo había impedido. Como ninja había incumplido el código de no atacar a civiles.
A pesar de tener sus motivos, no fue un acto justificado y debía haberse sometido a la justicia. Ese juicio nunca sucedió al haber escapado la noche anterior, tras dejar inconsciente a los guardias que cuidaban su celda. Seguramente, le habría caído una condena de un año en prisión.
Nadie la buscó. Todos estaban tan ocupados arreglando los asuntos internos de cada aldea tras el fin de la guerra, que poco a poco había caído en el olvido de las personas. Un hecho influyente fue que tanto Naruto como Tsunade hicieron todo lo posible por honorar el nombre de Sakura; e incluso Kakashi, a través de sus libros.
—Todo esto es necesario—añadió Hiashi al ver como Sakura se masajeaba las muñecas.—Se ha aplazado lo máximo posible.
Sakura cerró con fuerza los ojos, con las palabras de Hiashi resonando en su cabeza. ¿Aplazado? Sí, claro. No llevaba ni una semana en Konoha y ya la querían someter a un juicio. ¿Es que acaso Naruto no había entendido sus palabras?
—Al alojarte en la mansión Hyūga, antiguos miembros de la rama principal se quejaron y tuvieron su oportunidad cuando te dejaste ver en el hospital—dijo Hiashi.— Nadie pudo hacer nada para acallar los comentarios sobre tu llegada. El hijo de Mitokado Homura pidió al nuevo consejo que te llevaran ante la justicia. Naruto se negó, pero no le han hecho caso.
—No estoy dispuesta a ir—declaró malhumorada, levantándose del zabutón.
Hiashi contuvo el aliento con gesto reverente y abrió los brazos.
—Sakura, nos han exigido que te entreguemos.
Sakura se puso rígida. La furia que sentía le oprimía la garganta.
—¿Y qué harás? ¿Sabes que si me encierran, esos niños no tendrán ninguna oportunidad?—inquirió con un leve temblor en la voz.
No deseaba permanecer en una oscura y lóbrega cárcel. Amaba la soledad, pero le gustaba sentirse libre y contemplar la naturaleza en todo su esplendor. Y por último, aunque no lo reconocería, la idea de que esos niños no tuviesen otra oportunidad para andar, le preocupaba. Se sorprendió al darse cuenta que ese armazón que había construido para no sufrir, se había debilitado en el momento en que puso un pie en la aldea y volvió a relacionarse con sus antiguos compañeros.
—No te vamos a entregar porque el juicio será aquí—sentenció tras una pausa—. El consejo está compuesto por antiguos compañeros tuyos, Sakura—confesó.
—¿Quiénes?
—Nara Shikamaru, Aburame Shino y Yamato.
Sakura tragó saliva. ¿Así que ellos eran los consejeros de Naruto? ¿Por qué habían desobedecido la orden del Kage? ¿Acaso era tan importante que ese juicio se celebrara? Seguramente, Mitokado lo habría exigido bajo algún tipo de amanaza. ¿Qué se traería entre manos?¿Qué as escondería para que cediera el actual consejo?
—¿Y quién compondrá el jurado?
Hiashi entrecerró los ojos y se dio la vuelta, ocultando el rostro.
—Son simples aldeanos, civiles. Han sido elegido aleatoriamente. No deberías de preocuparte, no te encerraran en la cárcel. Tienes mi palabra.
Sakura le contempló, analizando sus últimas palabras. ¿Podía confiar en él? Unas horas antes le susurró que confiara en él, pero lo único que hizo fue dejarla inconsciente y encerrarla en una habitación. Se posicionó delante de Hiashi, mirándole duramente.
—¿Cómo pretendes que me fie de ti?—inquirió apretando el puño.
—No permitiré que esos niños se queden empotrados en una cama—su voz vibró unos segundos de la emoción y sus ojos se humedecieron levemente al recordar a sus nietos.—El juicio es necesario. ¿No ves que Mitokado puede llevar este asunto más lejos? ¿Cómo crees que sería un veredicto en Rammen? Allí no tenemos poder suficiente para influenciar los resultados, seguramente te declararían culpable y te quedarías en una celda duramente mucho tiempo.
—¿Estás insinuando que no saldré culpable?
Sacudió la cabeza, negando. Se llevó un dedo a los labios, indicándole que guardara silencio. Unas pisadas se escucharon al lado de la puerta, pero enseguida se alejaron.
—No, sólo digo que el castigo que te impondrían aquí será más...―pensó la palabra antes de pronunciarla.―Suave.
Sakura frunció el ceño, meditando.
―Se lo debes a Naruto y Kakashi—añadió delicadamente.—Ellos han hecho todo lo posible para que no te buscaran, para que olvidaran lo que ocurrió con los viejos ancianos. ¿Crees que fue fácil? Sufrieron mucho por ti, incluso Tsunade-sama evitó que el asunto llegará a otros oídos.
—Se lo merecían—añadió temblando de ira.
Si hubiese sido por ella, los habría matado. No. En el fondo sabía que jamás se lo hubiera perdonado, nunca había matado a nadie. Ella salvaba vidas, no las quitaba.
—Tomaron decisiones erróneas, ¿acaso hay alguien que no las tome, Sakura?—cabeceó, afirmando la pregunta retórica—Incluso Sasuke Uchiha o Itachi Uchiha, ambos se equivocaron. ¿Crees que en caso de que Sasuke hubiese sobrevivido no hubiese sido juzgado? Habría acabado en prisión durante años. ¿Acaso piensas que se hubiese dejado doblegar? Ya sabes la respuesta. Él tenía su orgullo. No hubiese aceptado vivir entre rejas.
Lo sabía con todo su corazón. Las palabras reverberaban en su mente. Era un hecho: Sasuke no se habría sometido a la justicia. Dejó vagar su mirada, sumida en sus pensamientos. Sintió como los vellos de sus brazos se erizaban al pensar en la mirada asesina que le lanzó Sasuke cuando ella estaba realizando el jutsu de reencarnación sobre el cuerpo inerte de Naruto.
—Él nunca habría acatado el veredicto—afirmó cabizbaja.
—Ya es hora—dijo aproximándose a la puerta, esperando que Sakura lo siguiera.
Sakura se quedó quieta. No deseaba rememorar los sucesos, apenas recordaba nada de lo que sucedió. Sólo se veía así misma con la ropa manchada de bermellón y sus manos temblando.
—No puedo—susurró mientras se agarraba la cabeza.
—Tus amigos estarán ahí, apoyándote. Incluso tus padres. El tiempo nos apremia, Sakura.
—¿Mis padres?—preguntó al ver que Hiashi asentía, continuó:—No deseo verles. Haz que se vayan.
—No puedo hacer eso. No sé qué motivos tienes para no verles...
—Todos te traicionan. No deseo tener vínculos con nadie.
Sakura alzó el rostro, contemplando el techo de madera. Era cierto que ya estaba cansada de ir de un lado a otro, de no tener un lugar donde quedarse. Recordó la imagen de Naruto e Hinata, abrazados tan cariñosamente. Ellos se tenían el uno al otro. Ella estaba sola con el mundo desde hacía quince años.
Me gusta la soledad―se dijo para sí misma.
No, te equivocas. Dices que te gusta, pero realmente quieres estar rodeada de tus amigos. Quieres volver―rebatió su interior.
Se sorprendió. Esa voz tan chillona que la había abandonado por tanto tiempo volvía a estar ahí. Sacudió la cabeza.
Déjame
Y no escuchó más a su inner. Hiashi le volvió a hablar, al ver que Sakura estaba distraída.
—No lo puedes evitar, Sakura. Tus lazos no los puedes hacer desaparecer, aunque estén rotos—confesó al pensar en su sobrino Neji.
A pesar del odio que Neji le había profesado a la familia principal, él no pudo evitar sacrificar su vida por proteger la de Hinata. Supo que Naruto había influenciado en el carácter de Neji e Hinata. Ese chico tenía un poder especial para cambiar a las personas. A Naruto le debía mucho y quizá haciendo recapacitar a Sakura, podría empezar a pagarle así su deuda.
―Entonces, ¿aceptas?
―Primero quiero cierta información.
Hiashi la miró severamente, tras meditar unos segundos, asintió.
—Cuando me dijiste que toda tu historia desaparecería si Neji renunciaba, ¿a qué te referías?¿Acaso no hay otro sucesor para liderar el clan?
Hiashi pasó sus manos a la espalda. Anduvo varios pasos en círculos.
—Sígueme. Te lo explicaré mejor en otra habitación.
Salieron juntos de la habitación. Recorrieron varios pasillos angostos hasta llegar a uno que parecía no tener salida. Hiashi se acercó al lado izquierdo de la pared, tanteó hábilmente con sus dedos un símbolo inscrito y la pared se abrió, revelando una sombría sala.
Sakura se adentró tras Hiashi, observando las pinturas de las paredes. Se sintió tentada a tocarlas, pero una mano le agarró.
—No lo hagas. Son tan antiguas que podrían corroerse con el contacto humano—dijo soltándole la mano. —Cuando uno llega aquí, lo primero que quiere hacer es repasar las pinturas con los dedos, es algo misterioso.
Sakura asintió lentamente. Absorta ante las hermosas figuras que estaban dibujadas.
—Para responder a tu pregunta, primero debo enseñarte la historia de nuestro clan. Nosotros descendemos de Kaguya, al igual que el clan Uzumaki, Uchiha y Senju. Nuestro antepasado, Houou—señaló la pared en la que se veía a un hombre de larga cabellera negra, agarrándose el rostro al mirarse en el agua—al ver su reflejo por primera vez en el río se asustó. Las venas de su rostro se habían hinchado, dándole un aspecto de oni*. Había intentado arrancarse los ojos, pero le detuvo una mujer.
Sakura dirigió su mirada hacia la pintura que se encontraba al otro lado. Podía verse la silueta de una mujer, cogiendo fuertemente las manos de Houou. La mujer estaba pintada en tonos blanquecinos. Se acercó más para verla mejor. El rostro le era familiar, demasiado. ¿Sería Kaguya? Un escalofrío le recorrió la columna vertebral, su nombre le traía un mal sabor de boca. Si la tuviera en frente, la enfretaría, con temor, pero lo haría. Le tenía cierto respeto por lo poderosa que era.
Hiashi miró la misma pintura que Sakura contemplaba.
―Sí, Kaguya―añadió leyéndole el pesamiento. ―Cómo podrás ver, no se le apareció físicamente, sino como espectro. Aquí―señaló otro retrato donde el rostro de la Diosa Conejo se distinguía a la perfección―la puedes ver mejor. Ella evitó que se deshiciera del byakugan. Él fue el primer humano en obtenerlo. Nunca más la volvió a ver, después de ese día en el río. Descubrió como activar y desactivar el byakugan y disfrutó visualizando el sistema circulatorio de chakra. Entrenó taijutsu severamente, descubriendo que si golpeaba en un punto determinado en el cuerpo del enemigo, el chakra se cerraba.
Sakura estaba embobada analizando todos las pinturas. Las palabras que pronunciaba Hiashi hacían correlación con lo que estaba dibujado.
—Houo se casó con una rica heredera, obteniendo así riquezas y propiedades. Tuvo dos hijos: los cuales heredaron el byakugan. Poco a poco, la familia se fue ampliando, bajo el liderazgo de Houou. Al fallecer Houou, los dos hermanos lucharon por ser el patriarca del clan. El hermano mayor murió a manos del pequeño, y todos prometieron obedencia. Hine, el menor, también tuvo dos hijos y volvió a ocurrir lo mismo. La historia se repetía: dos hermanos luchando por liderar. Al final, el clan se separó en dos ramas: la principal y la secundaria, Souke y Bouke. Para evitar conflictos, crearon el sello del pájaron enjaulado.
Sakura escuchaba atónita la leyenda. Era como la historia de Indra y Ashura, dos hermanos enfrentados por celos. Uno quería el poder del otro.
―¿Y no podría liderar igual otro miembro del clan?―preguntó.
Hiashi señaló al techo y Sakura alzó el rostro. Lo que vio, la dejó sin palabras. Allí, dibujado estaba Hiashi sosteniendo a dos niñas y a su lado un varón.
―¿Qué significa ésto?―y su dedo índice apuntó hacia el techo.
―La profecía llegaría a su fin―al ver la confusión en la cara de Sakura, explicó:―Todo esto es la cadena de celos provocada por Harogomo, tal y como ocurrió con Indra y Ashura. Houo en su lecho de muerte, vaticinó lo que ocurriría a su descendecia y sus últimas palabras fueron: "Dos Lugares Soleados naceran en la primera, pero en la segunda un Sol que morirá y resucitará será el que ilumine el camino; terminando los enfrentamientos en la familia" No lo entendí hasta que acabó la cuarta guerra. Es Neji―dijo susurrando.
Sakura meditó sobre lo que acababa de oír. ¿Sería él el que libraría al clan Hyūga de esa profecía? Estaba claro que los Lugares Soleados se referían a las hijas de Hiashi y el Sol que morirá y resucitará no podía ser otro que Neji. Él ya había suprimido las dos ramas, unificando la familia. Se ganó enemigos en el trayecto, pero se mantuvo firme en sus decisiones. Realmente, era digno de admirar que tuviese tanta convición para llevar a cabo ese reto. ¿Cuántos se opusieron? Seguramente la mayoría de la rama principal, viéndole como un impostor.
Ya había escuchado esa convesación en el jardín. Querían vengarse de Neji. No estaban conforme con la nueva jerarquía del clan. ¿Acaso se equivocó Houou?
―¿Y no hay gente en contra de que Neji sea el líder? ¿Y si crean una lucha interna?
―Cierto, la hay. Sabemos de los conflictos internos, tengo espías―sus ojos divagaron de un lado a otro―. Ciertas personas quieren que Neji dimita. El siguiente que lo sucedería no sería apto: es un hombre codicioso con un hermano menor. Volverían a utilizar el sello del pájaro enjaulado y todo por lo que Neji luchó, desaparecería. Incluso tendrían que sellarle otra vez. ¿Sabes lo que significaría para él?
Sakura apretó el puño. Claro que sabía lo que Neji sentiría si le volvían a colocar ese maldito sello. Por culpa de eso, él odio a la rama principal. Le traería dolor, además de que a su hija también la tendrían que sellar.
―Un clan mal llevado desencadenaría una guerra en la aldea―añadió meditabundo―¿Sabes lo que podría hacer alguien ansioso de poder?
Sakura especuló sobre las posibles consecuencias que acarrearía un cambio de líder. Hiashi tenía razón. El ansia de poder repercutiría en la paz. Todos los que llegan al mandato por la fuerza, desean más y más.
―¿Permitirás que la paz se interrumpa? ¿No viste lo que hizo Danzō por conseguir más poder? Arrancó los ojos a todos los Uchiha y se los implantó en el brazo.
―Mmm―se llevó una mano a la boca―Tu última frase ha sonado bastante convincente.
—Ya conoces nuestra historia. Sabes que ese juicio es tan necesario para ti como para que el liderazgo de Neji se mantenga intancto. Si él te sigue ocultando, su posición peligraría más. Bastante riesgos ha asumido—convino Hiashi.
Sakura jugueteó con sus dedos. Hiashi tenía razón, Neji se había jugado algo más que su puesto como líder al hospedarla en la mansión. Incluso les ordenó a todos los miembros que no la delataran, a sabiendas que eso le ocasionaría más complicaciones.
A Naruto le debía lealtad, al fin y al cabo, él hizo todo lo posible por cumplir su promesa hasta el final y él siempre estuvo allí para ella. Por ellos, lo haría. Ya era hora de enfrentarse a sus propios demonios del pasado.
—Espero no pisar las cloacas que tienen por cárceles, sino cuando salga te daré una paliza que jamás olvidarás—amenazó y no pudo evitar sonreirle.
—Prometo que haré todo lo que esté en mis manos para evitarlo―Hiashi le tendió la mano―.Tienes mi palabra, Sakura.
Sakura estrechó la suya con fuerza. Era un trato, al fin y al cabo.
La puerta se abrió de golpe e interrumpió Neji en la habitación. Sakura soltó la mano de Hiashi como si quemara, mirando la cara estupefacta de Neji.
—¿Qué se supone que es esto?—preguntó a su tío―¿Por qué la has traído aquí?
―Sólo le estaba enseñando una vieja habitación―dijo abarcando con sus brazos la habitación. Neji le miró duramente, mientras Sakura se mantuvo al margen.
―¿Vieja habitación? ¿Acaso intentas restar importancia al hecho de que le hayas contado la historia de nuestra familia? ¿No dijiste tú que sólo los líderes tenían acceso a esta información?
Neji tragó saliva, intentando controlarse. ¿No fue él el que le prohibió enseñarle todas esas pinturas a Tenten, su mujer? ¿Cómo se había atrevido a relatarle a Sakura el origen de los Hyūga que con tanto celo habían mantenido en secreto?
―Las circunstancias lo ameritaban―y giró su cabeza a Sakura.―¿Verdad?
Movió la cabeza, afirmando.
—Acabemos con esto cuanto antes. No quiero perder más el tiempo—farfulló Sakura. Deseaba acabar con todo esto lo más rápido posible. Cuanto antes empezara el juicio, antes sabría el resultado.
Neji agarró con fuerza a su tío, quería saber qué es lo que había ocurrido, pero éste se soltó de un sólo movimiento.
—No es el momento. Vamos, no debemos hacerles esperar más.
—Sakura, espera—pidió Neji. Le hizo un gesto a su tío para que saliera de la habitación.—¿Qué ha sucedido?—exigió.
―Mandaré a alguien a que te traiga un yukata, no puedes presentarte así―dijo antes de salir.
—Nada. No insistas—agregó Sakura con firmeza.
―¿Nada? Al llegar me enteré de que te habían tenido atada en una habitación durante horas―gritó encolerizado.
Neji apretó su puño con fuerza. Alzó su mirada, viendo el retrato de Houou. Cuando un sirviente le buscó para decirle que su tío había retenido a Sakura, se cabreó. ¿Cómo era posible que su tío hubiese actuado a sus espaldas? Estaba el hecho de que el consejo estaba ejerciendo cierta presión para que entregaran a Sakura, pero él era el encargado de vigilarla. Incluso algunos miembros estaban disconformes con la decisión de albergar a la chica en la mansión, lo que había conllevado alguna que otra discusión más.
—Debo hacerlo. No soporto que se ejecuten ciertas órdenes sin mi consentimiento–declaró enfadado. Su paciencia estaba en el límite y Sakura sólo ayudaba a quebrantarla.
—En este caso, deberías atender más al clan—se burló.
Neji cerró los ojos, intentando serenarse. Pero su serenidad se esfumó cuando Sakura le dio la espalda dispuesta a irse, sin siquiera haber terminado la conversación. Dio dos grandes zancadas y la zarandeó con violencia. Le apretaba los hombros con brío, pero no le hacía daño. El contacto de la piel le volvía más loco. No sabía que le pasaba, estaba perdiendo la poca cordura que le quedaba. Nunca se había comportado así con nadie. Jamás perdió las formas y motivos tuvo; sin embargo, Sakura le enloquecía.
Neji atisbó una diminuta mueca de dolor en el rostro de Sakura y suavizó su agarre. Vio la confusión dibujada en sus ojos, como en sus iris verdes se reflejaba la mirada profunda de Neji. Él quería ahondar más en ella, deseaba descubrir todo el dolor que ocultaba.
—No hemos acabado de hablar—pronunció con dificultad cuando consiguió recobrar la cordura.
—Suéltame—siseó.
Las manos de Neji le producían un dulce hormigueo que le recorría todo el cuerpo, que le incitaban a abandonar la razón. Si seguía así, las barreras que tanto trabajo le había costado levantar, las cuales creía que eran inexpugnables, se desplomarían ante él. Una cosa era aceptar que se preocupaba por lo demás, y otra muy diferente, demostrarlo.
Debía cortar el contacto físico ya. Como pudo se apartó de él.
—¿Qué ha sucedido?
—¿De verdad lo quieres saber?—Neji asintió deseoso.
Sakura le relató toda la convesación que había mantenido con Hiashi, mientras Neji la observaba atentamente. Se sorprendió gratamente de que se sometiera al juicio, así le evitaría algunos problemas.
―Ahora, debemos ir a mi juicio…no quiero llegar tarde.
La puerta se abrió y aparecieron dos miembros del clan. Se inclinaron respetuosamente cuando vieron a su líder.
—Neji-sama, aquí traemos el yukata para Sakura Haruno—y le tendió el yukata a Sakura, que lo agarró violentamente.
El otro hombre traía con él un biombo, que colocó en el lado opuesto de la habitación, para darle privacidad a Sakura.
—Podéis retiraros—ordenó seriamente Neji.
Ambos hicieron una reverencia y desaparecieron.
Neji contempló la silueta de Sakura a través del biombo. La ropa de la joven caía al suelo. Visualizaba sus pies desnudos. Decidió darse la vuelta. Sería lo mejor pensó.
—Te quería dar las gracias por lo que hiciste por Tenten—agradeció—Sin tu ayuda, ella hubiese muerto. No sería…—tragó saliva, antes de continuar—capaz de superarlo.
Neji elevó su mirada hacia el techo. Siempre le fascinó la imagen que habían plasmado. ¿Realmente su tío creía en esa profecía? ¿Por qué sentía esa opresión en el pecho? ¿En qué momento había bajado la guardia y estaba dispuesto a confesarle todo el sufrimiento por el que paso? Estaba desesperado, lo reconocía. Su desesperación comenzó cuando vio a Tenten bajo esos escombros y se había ido acentuando más a medida que pasaba más tiempo con Sakura.
Quería estrechar lazos, forjar una confianza. Quizá empatizaba con ella. Compartían sufrimientos similares. Él perdió a sus padres, se sintió traicionado y vio morir a su mujer. Aún le acosaba la última imagen de Tenten: su rostro empapado en sudor con un tono cetrino; su cabello suelto se desparramaba sobre el futón, pegándose a su cara; y había sonreído con la mirada perdida antes de fallecer. ¿Qué habría pensado antes de sumirse en el sueño eterno?
―¿Neji-sama?―dijeron cuando golpearon la puerta.
―¿Si?
―Tenéis que presentaros. Todos se están alterando por la espera.
―Enseguida iremos―respondió.
Sakura se aligeró en vestirse. La verdad es que se habían rezagado bastante. ¿Cuánto tiempo llevarían esperando por ella? Si tomaba en cuenta que habían transcurrido quince años, los había hecho esperar demasiado. ¿Qué importancia tenía unos minutos más en comparación con todo esos años? Así se hacía a la idea, podía procesar a todo lo que se iba a someter. Volvería a revivir aquel infierno. Katsuya tenía razón: no era feliz huyendo y era hora de enfretarse al pasado por última vez, para cerrar ese capítulo sin terminar.
—Siento que te hayan atado―se disculpó Neji, trayéndola de vuelta a la realidad.
Sakura se puso su mano en su pecho, fuertemente. La voz de Neji sonó tan triste, que por un momento dudó de que fuera él. ¿Desde cuando Neji se disculpaba con ella?
―No es necesario―respondió sin pensar. Abrió sus ojos tanto como pudo. ¿Porqué bajó la guardia? Su muro se había derrumbado al escucharle.
Se pellizco las mejillas,calmándose.
―¿Estás lista?―preguntó situándose justo detrás suya.
Sakura se giró, viendo a través del biombo la figura de Neji. Sólo los separaba ese trozo de madera, pero lo sentía demasiado cerca.
Se volvió a pellizcar. Se ajustó el yukata con algo de dificultad. No estaba acostumbrada a vestir ese tipo de prendas, aunque no era un kimono, tenía que sujetarse bien el obi para que no se abriera ni enseñara nada de piel.
―Vamos―dijo Sakura al ponerse al lado de Neji.
Neji la miró fijamente. Observándola de arriba abajo y asintió.
Avanzaron por los pasillos desérticos. Ambos estaban en silencio. Se detuvieron delante de una puerta.
―¿Estás lista?―preguntó antes de girar el pomo.
―Sí―pero la voz le traicionó, ese sí estaba cargado de terror.
Neji soltó el pomo. Se dio la vuelta encontrándose con unos ojos verdes apagados, sin brillo.
―No tienes nada que temer―añadió suavemente e hizo un gesto.
Los novatos se estaban colocando todos alrededor de Sakura.
―Frente de marquesina estamos todos contigo―dijo Ino poniéndole una mano en la frente.
―Eres más fea si pones esa cara―se burló Sai, tocándole la cara.
―No llames fea a la mujer más bella de todos los países―defendió Lee―. Te protegeré con mi vida a mi bella flor de cerezo―y le dio una rosa roja.
―¡Qué problemática eres!―se quejó Shikamaru.
―¡Quiero comer!―pensó Chouji en voz alta.
―Sakura-chan yo...―Naruto hizo una pausa, no sabía como continuar―siento no haber podido cumplir otra vez mi promesa. Te he fallado tantas veces...―y sus ojos se humedecieron al recordar.
Hinata le puso la mano en el hombro a Naruto, intentando consolarlo.
Y entonces Sakura entendió todo el sufrimiento y toda la carga que había llevado Naruto sobre sus hombros. Ella le abandonó. ¿Acaso no era ella la que debía disculparse? Siempre había querido ayudar a Naruto, y en vez de ayudarle, le había entorpecido en numerosas ocasiones. Se fijó en que las orbes azules de Naruto no desprendían brillaban como antaño, ahora eran unos ojos más apagados, más fríos. Era los ojos de un hombre que había sufrido mucho y que luchaba constantemente por el bienestar de sus seres queridos.
Sakura abrazó fuertemente a Naruto, dejando a todos sorprendidos.
―Shh...Soy yo la que tiene que darte las gracias por estar apoyándome siempre.
―¡Akamaru y yo te apoyaremos!―dijo Kiba
―Nadie te ha escuchado, Kiba. Todos están pendientes de Naruto y Sakura.
―Yo si te escuché, Kiba-kun.
―Debes entrar ya, Sakura―interrumpió Kakashi, poniéndole una mano en la cabeza.
―Kakashi-sensei...
Kakashi meneó la cabeza. Le señaló la puerta donde Neji esperaba impaciente.
―Estamos juntos en esto, como un equipo, Sakura―dijo Kakashi.
―Chicos, antes de entrar...―no sabía como agradecer todo el apoyo que estaba recibiendo.
―No tienes que decir nada, Sakura―cortó Neji.
―Es el momento. No te dejaré esta vez―confesó Kakashi.
Sakura contempló la sala donde se celebraría su juicio y con paso decidido y firme se adentró en el interior. Sus ojos analizaron a todos los que estaban presentes, deteniéndose en la figura del fondo que la miraba con odio.
―Así que eres tú, después de todo―susurró devolviéndole la mirada.
Giró la cabeza y dijo en voz alta:
―Llegó la hora.
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NOTAS DEL AUTOR: Espero que hayáis disfrutado con el capítulo. Recordar dejar un review.
AGRADECIMIENTOS: Kata, Crime, Just... y a todos los que me dejáis vuestras opiniones, muchas gracias.
