DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Kishi.

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"Cuando llevas mucho tiempo sin ver a alguien, al principio intentas guardar todas las cosas que quieres explicarle. Tratas de almacernarlo todo en tu mente. Pero es como sujetar un puñado de arena: los granos se deslizan de entre tus dedos, y al final sólo estás aferrando aire y gravilla. Por eso no puedes guardarlo todo.

Porque para cuando os volvéis a ver, sólo puedes ponerte al día de las cosas importantes, ya que es un incordio contar los pequeños detalles. Pero los pequeños detalles son los que conforman la existencia."

Jenny Han. A todos los chicos de los que enamoré. Cap.59.

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RAMMEN

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"Kakashi el escritor y Naruto el Hokage

El Consejo Hyūga

y el resultado de las muestras"

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Kakashi se levantó del suelo. Entrecerró los ojos, el sol le deslumbraba. Y sonrió bajo la máscara al desviar su mirada hacia Sakura.

Después de quince años sin tener noticias de ella ―excepto por lo que Naruto le había contado―; se sintió feliz por haber compartido esos instantes con ella. Había cambiado, no lo dudaba. Su carácter no era el mismo que el de antaño. Él la había visto derrumbarse y romper su coraza delante de la tumba de Sasuke.

Contemplaron el amanecer e intercambiaron algunas palabras. Y en aquellas frases no pronunciadas, llenas de dolor por parte de ambos, se miraron sin ambages, comprendiendo el calvario en su punto más álgido.

El alba significó un antes y un después. Una línea imaginaria que separaba la amargura del pasado, con los grandes momentos y un nuevo deseo de avanzar.

Sakura sabía que el cambio era inminente. No podía seguir así. Dejaría atrás todos esos años dolorosos, cargados de recuerdos punzantes, y comenzaría un camino distinto. Haría honor a la promesa de Naruto y también a la suya; ambos le habían prometido a Sasuke que ella sería feliz. Y cuando eso sucediera, volvería. Lo había decidido.

En cambio, para Kakashi, el antes estaba marcado por la perdida de sus seres queridos. Temía arraigarse a las personas para después perderlas. Desde su años como gennin había comprendido el significado de perder, de ver a las personas que te importan desaparecer de tu vida, sin poder evitarlo. Pero al ver la determinación de Sakura, entendió que debía buscar también su felicidad. Su encierro como escritor de novelas eróticas fue su salvoconducto para no preocupar a Naruto, pero él sabía que cada día era más difícil levantarse. Él se sentía responsable por todo lo que había acaecido al ―ya disuelto― equipo siete, como adulto debió haber actuado a tiempo y no depender solo de Naruto.

Kakashi sacudió la cabeza, alejando sus últimos pensamientos.

Le tocó el hombro a Sakura. Ella le miró con sus ojos enrojecidos de haber llorado en los brazos de Kakashi. Por fin pudo soltar todos los sentimientos reprimidos. Ahora se sentía más ligera, ya no soportaba tanto dolor en su interior.

—Adelántate tú, Kakashi-sensei—murmuró—. Quiero despedirme.

Kakashi asintió y se fue, alejándose de la tumba de Sasuke. Cuando ya estaba a varios metros de distancia, miró hacia atrás. Vio a Sakura inclinarse hacia la lápida, gesticulando y hablando durante varios segundos más, y finalmente besó la fría piedra. Se puso de pie y alzó la mirada hacia Kakashi.

—Estoy bien. No es necesario que te preocupes por mí―dijo cuando se acercó a él.

Kakashi la observó detenidamente. Se fijó que los ojos jades luchaban por contener las lágrimas.

—Siempre me voy a preocupar por ti, Sakura—y la atrajo hacia él. Notó como ella gemía en su pecho desconsoladamente y su cuerpo convulsionaba frenéticamente. Kakashi la atesoró en un cálido abrazo.

Sakura se habría caído al suelo si los brazos de Kakashi no la hubiesen sostenido a tiempo. Se encontraba tan débil y cansada que hasta las piernas le fallaban.

No supo cuánto tiempo estuvieron abrazados. Sakura cerró los párpados, y sin darse cuenta, Morfeo la atrapó en sus sueños. Kakashi la apretó contra su cuerpo y la acomodó entre sus brazos para llevarla a la mansión Hyūga.

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Neji estaba de mal humor. Pasó toda la noche mirando desde su ventana para ver si aparecía Sakura, pero ya era mediodía y aún no regresaba.

¿Dónde se habrá metido?¿Habrá huido?

¿Por qué había permitido que Sakura saliera de la mansión sola? Nunca había abandonado su laboratorio; por lo tanto, nunca se preocupó de tener que seguirla. Neji temía que Sakura hubiese roto su promesa y los hubiese abandonado. Quizás erró al pensar que tras el juicio, el carácter de la chica se había ablandado.

Me equivoqué al confiar en ella

Odiaba fallar en cualquier cosa. Él era considerado un genio y nunca cometía errores. A pesar de no haber cruzado ninguna palabra con ella, él estaba al tanto de sus avances. Sabía que aún no había conseguido reparar la médula, pero confiaba en que pronto lo haría.

Volvió a mirar a través de la ventana. Nada, no se distiguía ni rastro de ella. Fue ahí en donde llamaron a su puerta.

―Adelante―dijo desganado, acomodando los papeles que tenía en el escritorio. Se estaba preparando para la reunión con el Consejo porque ahí se decidiría si el clan Hyūga pasaría a ser la nueva policía de Konoha. Había elaborado un dossier con todos los beneficios que tendrían si el clan aceptaba la propuesta del Hokage.

Un hombre de larga cabellera negra y ojos blancos apareció en el umbral. Neji solo le miró fijamente, alzando la ceja cuando le reconoció.

―¿Sorprendido? ―preguntó riéndose.

Neji avanzó hacia donde estaba Hume.

―¿A qué has regresado? ¿Acaso no desertaste del clan?

Hume rió más fuerte. Neji se mantenía relajado. Sabía que quería provocarle.

―¿Crees que te iba a dejar liderar el clan del modo que lo estás haciendo?

Neji simplemente le miró y le dio la espalda. No pensaba perder el tiempo con Hume. Ya estaba cansado de sus intentos de sabotear todos los cambios que intentaba hacer dentro del clan. Siempre ocasionando problemas e incluso poniendo a muchos miembros en contra suya.

―Si no tienes nada más que decir, deberías de marcharte. Tengo asuntos más importantes que quedarme aquí a escucharte―su voz fue alta y clara, sin dudar. Giró su rostro hacia donde se encontraba Hume, el cual estaba enfadado por lo que le acababa de decir, y le retó con la mirada.

Hume apretó el puño. ¿Le estaba vacilando? ¿Le estaba echando? Haría que Neji se arrepintiera de esas palabras. Nadie le había hablado así en su vida, ni siquiera su querido padre Hinta. Destruiría todo lo que Neji atesoraba. Ya se había encargado de arrebatarle a su mujer y la muerte de su hija sería inminente.

Hume rió, desconcertando a Neji.

Si, eso haría. Cambiaría sus planes. Aunque había fallado en Rammen, se encargaría él personalmente. Primero eliminaría a su querida Tenten del mapa, no dejaría que una impura fuese la heredera del clan. Una mestiza. ¿Cómo habían permitido que el líder del clan se casara con una simple kunoichi?

Hume soltó varias carcajadas. Estaba deseando ver la cara de desesperación de Neji, su enemigo. Desde siempre le odió. ¿Cómo era posible que un miembro de la rama secundaria hubiese asumido el papel de patriarca? Él siempre aspiró a liderar, a llevar a los Hyūga a lo más alto, a tener más poder que el Hokage o los señores feudales; e incluso pensó que si era necesario se casaría con una de las hijas de Hiashi. Pero no fue posible, todo por culpa de Neji otra vez.

Por todos esos motivos, él destrozaría todo lo que Neji amaba. Ya empezó con su mujer, todo había salido como esperó, y nadie sospechó de que hubiese sido un asesinato. Pudo burlar a todos. No iba a permitir que Neji siguiera teniendo más hijos.

Hume se dio la vuelta, dispuesto a irse.

―Te veré en la reunión. No creas que te ibas a librar tan fácilmente de mi―dijo saliendo de la habitación.

Neji apretó el puño cuando Hume desapareció de su vista. Buscaría a Hiashi para pedirle explicaciones.

¿Quién había autorizado a Hume para que estuviese presente en la reunión? ¿Por qué había decidido regresar?

Estaba cabreado. Hume le sacaba de quicio. Iba a salir cuando un sirviente irrumpió en la habitación.

―Neji-sama―saludó con una reverencia.

―¿Qué sucede?―le preguntó al ver que estaba agitado.

―Kakashi-sama ha traído a Sakura-sama. Está inconsciente. Creí que le gustaría saberlo. No sabemos qué ha ocurrido, sólo nos pidió que le condujeramos hasta la habitación de la chica.

Neji no terminó de escucharle y salió disparado hacia el dormitorio de la chica. Avanzó presuroso por los pasillos. Al llegar y abrir la puerta, no pudo ver a Kakashi. Solo vio a Sakura, descansando en un futón. Sus cabellos estaban desparramados. Una sábana le cubría el cuerpo.

Neji se acercó a observarla. No vio ninguna herida. No le habían atacado, que era lo que temió cuando le comunicaron que Kakashi la había traído. El pulso de la chica era estable.

¿A dónde fuiste? ¿Por qué Kakashi te ha traído?

Sin darse cuenta, le tocó la mejilla. Fue una caricia lenta, deteniéndose en la suavidad de su piel. Cerró los ojos fuertemente y aspiró el aroma de la habitación. Cuando volvió a abrir los ojos, se dio la media vuelta dispuesto a buscar a Hiashi.

Cuando despierte, hablaré con ella, pensó antes de irse.

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Kakashi acababa de llegar a su apartamento. Estaba ordenado, impecable. Y miró a su escritorio donde dos portarretratos sobresalían de la montaña de papeles que tenía en la mesa. Los observó desde lejos. Tenía memorizadas esas fotos. La de la derecha era la que se había hecho con el equipo siete. La de la izquiera era él con sus compañeros y su sensei.

Se quitó la máscara. Le gustaba mantener su rostro oculto, pero a veces le daba calor y le resultaba incómodo. Desde niño su padre le había dicho que no podía enseñar su rostro a nadie. Como shinobi que era, debía mantener su identidad enmascarada. Así podría proteger a sus seres queridos. Si nadie sabía quién era él, nadie podría dañar a las personas que eran importantes para él.

Todo era mentira. A pesar de llevar máscara, no había podido evitar que sus seres queridos murieran. Y no renunció a quitarse la máscara porque hacía honor a su difunto padre. Era su forma de recordarle, de rendirle homenaje.

Se sentó dispuesto a escribir un par de capítulos de su nueva novela. No era erótica. Había decidido cambiar de género. Estaba empezando a escribir la historia de Naruto: desde que él nació hasta la última batalla que tuvo lugar. Recrearía todas las vivencias del héroe de Konoha, inmortalizándolo.

Seguro que tu también lo habrías hecho, Jiraiya, pensó sonriendo.

Una vez que terminara ese ejemplar, volvería a enseñar a los gennin de aquella nueva generación. Eso lo había decidido frente a la tumba de Sasuke. Dejaría sus errores atrás y encaminaría a una nueva generación. Sería una forma de redimirse.

―Kakashi, ¡ábreme! Te vi llegar―gritaron desde el otro lado de la puerta.

Tan distraído estaba que abrió la puerta sin colocarse la máscara. Al ver el rostro sorprendido y sonrojado de Kurenai, se dio cuenta y se giró rápimente para volver a colocársela.

―¿Qué necesitas?―preguntó sin que su voz sonara alterada. Le había desconcertado ver a Kurerai con las mejillas enrojecidas. Le pareció tierna y su corazón latió más deprisa de lo habitual.

Kurenai entró al interior.

―Vine a traerte un poco de comida. Últimamente te veo más delgado de lo habitual―dijo entregándole un paquete.

Kakashi lo cogió y le sonrió.

—No deberías de preocuparte. Ya tienes bastantes preocupaciones con Asuma. ¿Acaba de marchar a una misión?

Kurenai le miró fijamente. Asintió.

Su amistad se intensificó a raíz de haber coincidido tantas noches en el cementerio. Siempre que su hijo no estaba en casa, ella visitaba la lápida de Asuma. Lo echaba de menos.

Kakashi se había convertido en su apoyo emocional. Ella sabía que él iba a ver a sus antiguos camaradas, para hablarles y contarles cómo le iban las cosas.

Kakashi y Kurenai compartían una cosa en común: el cementerio.

Cuando ambos terminaban de visitar a sus seres queridos, se iban juntos a casa y tomaban una copa. Siempre era la misma rutina. La mayoría de las veces, acababan en el apartamento de Kakashi y las palabras fluían hasta que la luz del alba despuntaba por la ventana.

—Necesito una copa—confesó dirigiéndose a la encimera y cogiendo la botella de sake. Agarró dos vasos y lo sirvió. Se acercó a Kakashi, ofreciéndole un vaso mientras se llevaba el otro a la boca.

Kakashi no dudó en aceptar la invitación. La contempló detenidamente, fijándose en el cuerpo de Kurenai, y elevó su vaso.

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Desde que despertó todo había sido tan caótico que no le quedaban más fuerzas para discutir con nadie. Los papeles se le amontonaban, atrasándole así su trabajo.

Naruto resopló. Ser Hokage no era tan fácil como alguna vez había pensado.

Sus pensamientos divagaban y siempre terminaba con una mueca de tristeza al recordar que su primogénito estaba en el hospital. Pero enseguida sacudía su cabeza, alejando esa idea, ya que Sakura encontraría la manera de que su hijo volviera a caminar. Tenía mucha fe en su antigua compañera de equipo. Sabía que ella lo conseguiría.

Unos golpes le hicieron levantar la cabeza.

―Adelante―dijo con la voz ronca.

La puerta se abrió y apareció Hinata. Se acercó hasta donde estaba Naruto.

―Naruto-kun, vengo a traerte tu equipaje. Lo dejaste en casa―dijo Hinata entregándole una pequeña mochila.

Naruto lo cogió con suavidad. Miró a Hinata a los ojos y la atrajo hacia él, provocando que ambos se sonrojaran. La estrechó más fuerte. Siempre que la tocaba sentía que era la primera vez que lo hacía, a pesar de estar casados y tener dos hijos. La pasión no había desaparecido con el paso de los años y hasta podría decirse que aumentaba cada día.

Naruto aspiró el aroma que desprendía su esposa. Se separó de ella sin apartar su mirada de los labios de ella y la besó apasionadamente. Hinata cerró los ojos, dejándose llevar, e intensificó el beso.

Hinata comenzó a besarle desesperadamente. No quería separarse de Naruto. Quería transmitirle todo su amor a través de su cuerpo.

―Naruto-kun―gimió mientas agarraba su cabeza para poder besarle mejor. Rompió el beso con su esposo para coger aire. ―Te echaré de menos―pronunció moviendo sus labios contra los de él.

Naruto se sintió más excitado. No pudo evitar recostar a Hinata sobre la mesa del escritorio, tirando todos los papeles que había encima. Su esposa se avergonzó de pensar que la tomaría ahí mismo, en el despacho. Intentó resistirse, apartarse de él… Pero no pudo.

Sucumbió al deseo. Ya no pensaba si era correcto o no hacer el amor en un sitio público, sólo quería complacer a su marido. La prominencia de la entrepierna de su marido le hizo perder la razón y se abandonó a un torbellino de emociones que la hacían enloquecer.

La noción del tiempo desapareció para ellos. Naruto no podía esperar más. Deseaba fundirse con Hinata en ese momento. No hizo falta desnudarla. Le bajó desesperadamente los pantalones y apretó su erección contra ella. Su miembro palpitó más fuerte cuando notó la humedad en la vagina de su mujer. Contrajeron el aliento al sentir la penetración. Lento y despacio al principio, después con más fuerza y rapidez. Ambos jadearon cuando el orgamo les sobrevino y se derrumbaron en un cálido abrazo.

―Te quiero, Hinata-chan.

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Neji miró detenidamente a todos los miembros del Consejo. No entendía quién había autorizado a Hume participar en la reunión, teniendo en cuenta que desapareció hace un mes. Estaba furioso, pero no reflejaría sus emociones. Hacerlo, sería un tonto error.

Hiashi se encontraba a su lado y su semblante tampoco mostraba alguna expresión. Tanto sobrino como tío imponían respeto.

Neji se levantó, atrayendo todas las miradas de la sala.

―La razón por la que he convocado esta reunión es porque he decidido aceptar la propuesta del Hokage―hizo una pausa mientras el murmullo se extendía entre los presentes. Esperó pacientemente a que todos volvieran a prestarle atención.

El hombre sentado al lado de Hume, quiso protestar de inmediato; pero la mirada desafiante de Neji bastó para que no dijera nada al respecto.

―Cuando acabe de hablar, me podréis hacer todas las preguntas que sean necesarias. Ahora, escuchen lo que tengo que decir. Nosotros le debemos a Konoha y, por lo tanto, deberíamos velar por la seguridad de los aldeanos. ¿Acaso no es lo que nos corresponde? Cuidar a las personas de esta villa. Siempre lo hemos hecho. En todas las guerras que ha habido, el clan siempre ha participado protegiendo a la aldea.

Neji hizo una breve pausa, analizando las expresiones. Se sorprendió. Todos menos Hume estaban asintiendo, conforme a las palabras que Neji había pronunciado.

―Además, al protegerlos, ganaremos unos honorarios que nos permitirán generar ingresos. Podremos levantar el clan. No tenemos muchas misiones últimamente, y eso ha hecho que nuestro poder adquisitivo descendiera. Esa es otra de las razones por las que voy a aceptar ese trato. Creo que es una manera de ayudar conjuntamente tanto al clan como a Konoha―afirmó completamente seguro.

Hashi miró orgulloso a su sobrino. Realmente se había convertido en un buen líder. Sus deciciones eran sabias, como él esperaba.

―¿Acaso quieres que seamos el reemplazo de los Uchiha?―inquirió Hume.

Las voces se alzaron. Se levantaron indignados. La única palabra que se distinguía de las demás era el apellido Uchiha. Formaron coros, debatiendo. Los Hyūga y los Uchiha siempre habían mantenido tensiones entre ellos, la rivalidad siempre fue palpable.

Neji permaneció inmutable. Había esperado que Hume tratara de atacar por ese franco. Esperó pacientemente.

―¿No tienes nada que responder a lo que te acabo de decir? ¿Acaso perdiste el juicio? ¿Cómo te atreves a barajar la posibilidad de aceptar un trabajo que perteneció a ese clan extinto? ¿Intentas que nos comparen con ellos?

El murmullo se volvió a extender, cada vez más alto; y Hume sonrió, satisfecho al ver que estaba consiguiendo su objetivo.

―Deberíamos someterlo a votación―vociferó el hombre que estaba a la derecha de Hume―. Siempre haces todo lo que el Hokage te propone.

―No miras por el bienestar del clan. Últimamente evades todas tus responsabilidades―declaró Kazuma, el Consejero de mayor antigüedad, apoyando lo dicho por el hombre.

―¿Qué está diciendo Kazuma-sama? ¿Olvida que su hija estuvo a punto de morir y aún no sabemos si podrá caminar?―saltó enfadado Hiashi. Su paciencia estaba a punto de colapsar. Miró de reojo a Neji. Se tranquilizó al ver que su semblante seguía pétreo, inalterable.

―Sabemos lo de Tenten y nos preocupamos por ella. Tranquilízate, Hiashi. Sólo digo que ha malgastado el dinero al instalarle un laboratorio a esa kunoichi―dijo de forma déspota otro hombre mayor, llamado Renji.

Todos asintieron a lo que acababa de decir y Neji no pudo evitar fruncir el ceño levemente. Le ofendió la forma en la que se había referido a Sakura. Hume se dio cuenta de ese detalle y lo aprovechó para romper la impasibilidad de Neji. Si conseguía alterarle, la baza se pondría más a su favor. Ningún líder debía mostrar sus emociones, debía ser tan frío como el hielo.

―Sakura se llama, ¿no?―preguntó sonriendo, dirigiendo su mirada a Neji―. ¿No huyó de Konoha tras haber incumplido el código ninja? ¿Ahora alojamos a prófugos? ―Hume no se dio cuenta de la mirada de advertencia de Shinaro.

Hume desconocía que hacía poco se había llevado a cabo el juicio a Sakura. Hiashi aprovechó lo que acababa de decir Hume para beneficiarse.

―Nosotros no alojamos prófugos. Neji entregó a Sakura, de forma voluntaria, ante la justicia de la aldea. Se celebró aquí. Hubo muchos testigos, entre ellos Shinaro—dijo con la voz alta y clara.

Neji agradeció interiormente la intervención de su tío. Se había dado cuenta que escuchar el nombre de Sakura en la boca de Hume o de otro, le intranquilizaba. No sabía el motivo. Quizá le había cogido simpatía con el paso del tiempo.

―Si te interesa saberlo, fue absuelta. Por lo tanto, te reitero que no acogemos a prófugos―sentenció Hiashi.

Hume apretó su puño.

―¿Entonces se ha despilfarrado ese dinero por capricho de ella?―volvió a contratacar Hume―. ¿No son suficientemente buenos los medios que dispone el hospital?¿Y por qué debe permanecer aquí? Ella no es Hyūga y nunca lo será ―alzó la voz, desafiante.

Neji entrelazó sus manos. Elevó su cabeza al frente y miró a todos los miembros del Consejo. Su paciencia estaba llegando a su límite, Hume tenía la facultad de hacerle perder los estribos con facilidad.

―¿Tienes algo más que decir al respecto? Si no es así, ¿por qué no te callas? Esta asamblea no se ha convocado para discutir este asunto. Si estáis tan ansiosos de perder nuestro tiempo en cosas secundarias como ésta, lo haremos―su voz sonó neutra, quitándole importancia al asunto.

El Consejo se miró entre sí. El silencio pendía de un hilo fino, tan fino que era imperceptible. No se atrevían a emitir ningún sonido. Se miraban, deseosos de que Hume rompiera la quietud del momento.

Pasaron varios minutos. Cada uno de ellos pensando en las últimas palabras que Neji había dicho.

Él se volvió a sentar, inmutable.

—Neji-sama, discúlpanos. No ha sido muy justo atacarte sabiendo que su hija…—Neji hizo un gesto con la mano, interrumpiendo las palabras de Kazuma.

—No deseo vuestras disculpas. Si tenéis algo que reprocharme, quiero que lo digáis claramente.

Hume y Shinaro sonrieron, dispuesto a atacar de nuevo; pero la voz de Kazuma les sorprendió y no se atrevieron a decir nada.

—Como bien has dicho, ahora no estamos aquí para debatir esos asuntos. Tenemos que decidir si aceptaremos esa propuesta.

—No lo voy a someter a votación—discrepó Neji, entregando unos papeles a todos los miembros—. Aquí veréis reflejado los motivos por los cuales he decidido que los Hyūga debemos aprovechar esta oportunidad. Será beneficiosa para el clan. Estoy seguro, que Houo-sama, hubiera actuado de la misma manera que yo.

El Consejo leyó en silencio los documentos que le había repartido Neji. Los rostros mostraban sorpresa y afirmaban a la vez que iban leyendo.

Hume se puso en pie. Estaba colérico.

—¿Piensas marcharte de nuevo y sin despedirte?—preguntó Neji, mirándole fijamente.

—No cantes victoria tan fácilmente. Recurrir a los antiguos documentos del clan, realmente te subestimé—declaró Hume, dispuesto a salir.

—Hume, ya es suficiente—ordenó Kazuma—. ¿Qué diría tu padre si viviera?

Hume sostuvo la mirada de Kazuma. ¿Cómo se atrevía a mencionar aquello delante de tanta gente?

—No te atrevas a mencionar a mi padre—su voz sonó amenazante. Rápidamente se posicionó delante de él y le agarró del yukata.

—¿Has perdido el juicio, Hume?—inquirió Kazuma con tranquilidad, pero intentándose librar del agarre de Hume.

—Suéltalo—le ordenó Neji.

Al ver que no le hacía caso, Neji dirigió su palma hacia él, provocando que lo soltara. Todos contemplaban la escena asombrados.

Hume se tocó su mano. No podía sentir su chakra. Le había lanzado un ataque a distancia, cerrándole uno de sus puntos de chakra. Sin lugar a dudas, Neji era un genio. Un genio que debía morir pronto, pero antes debería de sufrir.

—Atacar a un miembro del Consejo se considera traición—expresó Hiashi, poniéndose de pie, dispuesto a detener a Hume.

—Cógeme si puedes—rió Hume desapareciendo delante de todos.

Hiashi iba a salir en su búsqueda, empero Neji le detuvo.

—Cuando aparezca, le detendremos. No es necesario que vayamos detrás de él. ¿Seguís pensando que es necesario someterlo a votación?—Al ver la negación en los rostros, continuó:—Veo que estamos de acuerdo. Y ahora, una cosa más antes de que marchéis, ¿quién le contó a Hume acerca de esta reunión?

Todos se miraban entre sí. Nadie decía nada. Él único que actuaba de forma sospechosa era Shinaro.

—¿Fuiste tú?

Shinaro bajó la mirada.

—¡Apresadlo!—ordenó Kazuma, bajo la atenta mirada de Neji—. Ahora mismo eres considerado cómplice de Hume, un traidor del clan.

—¡Yo no quería!—gritó mientras se lo llevaban.

Neji examinó todos los rostros presentes y se extrañó al reparar en la expresión de Renji. Cerró brevemente los ojos, intentado detectar su chakra, pero le fue en vano. Había algo diferente en Renji. Él le miró, al percatarse de que Neji le estaba escrutando. Sonrió, intentando desconcertarle.

—Renji-sama, ¿desde cuándo oculta su chakra?—quiso saber Neji, atrayendo la atención de todos los del Consejo.

Renji se encogió de hombros y su chakra le envolvió de nuevo.

—No me había dado cuenta. Estoy enseñándole a mi nieto como ocultar el chakra y como antes de venir a la reunión estaba con él, se me olvidó que aún lo estaba escondiendo. No creí que eso le molestaría, Neji-sama—se excusó tranquilamente, aún sonriendo.

Neji no dijo nada, sólo le observó detenidamente. Su chakra era igual que el de Renji, pero algo en su interior le decía que esa persona no era Renji. ¿Se estaría volviendo paranoico?

Desde su conversación con Sakura acerca del complot de las otras aldeas por romper la paz, alguien les había estado espiando en más de una ocasión. Sentía que muy pronto todo colisionaría y provocaría un estado de emergencia.

Si eso sucedía, debían de estar preparados. Que Naruto le ofreciera retomar el antiguo cargo de los Uchiha no tuvo que ver con él, fue Neji quien lo había sugerido. Eso le daría ventaja, pudiendo sacar más información acerca de esa alianza entre aldeas.

Ya había movido algunos contactos. Hanabi había hecho un buen trabajo. Le mandó un informe acerca de todo lo que había podido averiguar y todo concordaba con lo que Sakura le había dicho. Tener una prima viajera siempre había sido de buena ayuda.

Hanabi había decidido vivir sin reglas, sin adaptarse al rígido y estricto protocolo del clan. Aún así, antes de marchar, le hizo un juramento de lealtad a Neji.

Lo que aún no habían podido averiguar era el paradero actual de Homura Mitokado, pero sabían que Koharu Utatane había fallecido hacía varios años. Estaba esperando respuestas de Hanabi, seguramente estaría dirigiéndose a la Aldea de la Hierba en busca de más respuestas en esos momentos.

—De acuerdo—respondió receloso—. Doy por concluida la asamblea, podéis retiraros.

Terminó por decir Neji, mientras avanzaba hasta la puerta. Antes de salir, le lanzó una última mirada a Renji. Hiashi también miró a Renji, con gesto preocupado.

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Acababa de entrar al laboratorio y se sorprendió del desastre que había dentro. Alguien había entrado y se había encargado de destruir todo su trabajo. Maldijo. Estaba en shock.

Cuando encuentre a esa persona, la mataré, murmuró enfadada.¿Quién ha sido capaz de entrar y destrozar todo? ¿Acaso alguien que odia a Neji? ¿Habrán sido esas personas que escuché hace tanto tiempo en el jardín? Debí haber avisado a Neji acerca de esto. Ahora tendré que empezar de cero. Todo está destruido. Se decía mientras caminaba de un lado a otro del laboratorio, viendo como todo era un caos.

No les perdonaré. Han destruido todas las muestras… Pero eso no importa. Si creen que con esto no conseguiré curar a esos niños, están muy equivocados. Toda la información la tengo aquíy se tocó la frente, riéndose.

No importa qué hagáis. Seas quién seas, no podrás evitar que esos niños vuelvan a andar. Yo hice una promesa a Naruto y a Neji. Nadie ni nada me evitara cumplirla. .

Apretó fuertemente su puño.

¿Habrán matado a los ratones? se preguntó mientras se dirigía hacia donde se encontraban los ratones. Sus párpados se abrieron de par en par al ver al ratón de la muestra B21. Y gritó fuertemente. Sus ojos se humedecieron.

Neji se apresuró por los pasillo cuando escuchó el grito de Sakura. Sabía que procedía de ella, esa voz era inconfundible.

¿Le estarán atacando? ¿Qué está pasando?

Su mente estaba a punto de colapsar con todas las preguntas que se estaba haciendo. Tenía miedo de que alguien estuviera atacando a la joven. Corrió más deprisa y al llegar al laboratorio, se detuvo. Su miedo aumentó al ver todo desordenado y destruido. Buscó con la mirada a Sakura.

—Sakura, ¿estás ahí?—llamó preocupado.

Escuchó un llanto y enseguida vio a Sakura correr hacia él y estrecharle fuertemente. No entendía que decía ni que le había pasado.

—¿Qué ocurre?—quiso saber hablándole lo más suave que podía en esos momentos.

Sakura le apretó más fuerte. Neji no se atrevía a devolverle el abrazo, se sentía confundido. Y lo más importante, quería conocer qué había ocurrido.

Cuando Sakura consiguió calmarse, se separó de él. Con una sonrisa en sus labios, haciéndole pensar a Neji que era la más bonita que había visto nunca, dijo:

—Lo conseguí. En breve, esos niños volverán a caminar. Podrán convertirse en shinobi, si así lo desean. Iré a hacer los preparativos para la operación—dijo feliz.

Neji aún estaba aturdido por la sonrisa de Sakura y no procesaba bien las palabras. Al entenderlo, la agarró y la abrazó. Sakura no pudo escuchar todo lo que dijo, pero si entendió una palabra: "Gracias".

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NOTAS DE LA AUTORA: Espero que hayáis disfrutado de este capítulo. Me encantó la escena de Kakashi, la de Naruto... Creo que este capítulo es uno de los más completo en cuanto a la interacción de los personajes. ¿Qué pensáis? ¿Os gustó la escena de Kakashi-Kurenai? ¿O la parte más fraternal de Kakashi cargando a Sakura? ¿Y qué os pareció Naruto con su esposa?

No quise alargar el lemmon, prefiero dejarlo a vuestra imaginación... jejeje.

¿Qué tal la reunión de Neji con el Consejo? ¿Quién será Renji? ¿Qué tramará Hume? Sinceramente, odio el personaje de Hume, es super rencoroso y sólo quiere hacer daño a Neji. Es una persona que vive para sus intereses y tiene aspiraciones de liderazgo a costa de los demás. Ni siquiera piensa en el bien del clan, pero aún así, tiene su propio encanto.

Poco a poco vais viendo como hay más acercamiento entre Sakura y Neji... Ya se abrazan casi con naturalidad...

Quisiera dar las gracias a todas aquellas personas que os habéis molestado en dejarme un REVIEW, me hacéis muy felices cuando eo lo que pensáis acerca del fic. Los review ayudan a motivarte y haces que escribas más rápido.

Un especial agradeciemiento a mi beta, JUST-HATSUMI.