DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Kishi.
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"Y sólo ahora, cuando empezaba a encanecer, amaba de veras, con sentimiento genuino, por primera vez en su vida….
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Y parecía que, aguantando un poco más, se hallaría una solución, y entonces empezaría una vida nueva y hermosa. Y ambos comprendían bien que aún quedaba mucho camino hasta llegar al fin y que lo más difícil y embarazoso acababa justamente de empezar."
Antón Chéjov. La señora del perrito.
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RAMMEN
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"La operación
La reunión de los Kages
Y la preocupación de Neji"
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Hinata estaba nerviosa. Hacía varias horas que esperaba impaciente a que Sakura saliera del quirófano. Se sentó, agarrándose las manos. Sintió como alguien suavemente se la apretaba. Miró de reojo y vio a su padre sentado al lado de ella, apoyándola con ese gesto.
Ella sabía que él nunca fue muy expresivo, menos en público. Agradeció internamente ese visaje, ese ínfimo detalle —visto desde los ojos de otras personas—; pero que para ella conllevaba un significado más intrínseco. Desde su infancia siempre fue estricto y rígido con ella, jamás le mostró cariño. Ni un abrazo ni un beso, ni una palabra de consuelo. Todo era tan serio a su lado, que nunca tuvo suficiente confianza con él. Ni siquiera había llegado a desarrollar una verdadera relación de padre e hija, a diferencia de su primo o de su hermana. Ellos sí obtuvieron toda la atención de Hiashi; y eso le provocaba celos.
La relación con su padre había mejorado notoramiente a través de los últimos años, pero aún lo seguía sintiendo como un extraño al que le debía respeto. El haberse retirado como patriarca del clan ayudó a que se volcara un poco más en su familia. Siempre que podía, pasaba el tiempo con sus nietos.
El convertir en abuelo a Hiashi fue increíble. Nunca pensó que su padre actuaría tan blando, tan humano, tan cercano. Conservaba en su memoria las recientes facetas que había descubierto en su progenitor, sorprendiéndose con cada una de ellas, a medida que él disfrutaba de sus nietos.
Se reconfortó al saber que su padre estaba ahí, consolándola de la única manera que podía. Su presencia en cierto modo le tranquilizaba, ya que no tenía a Naruto a su lado. Cerró los ojos fuertemente cuando su nombre apareció con tanta fuerza en su mente.
Lo echaba de menos. Era insoportable la angustia ―no poder ayudar a que tu hijo se recuperara y estar sin Naruto― pero comprendía que él tenía un deber con todos. Así había sido desde siempre y por eso ella lo amaba con locura.
Él seguía en Rammen. Todos los Kages se habían reunido de nuevo. Era una situación de emergencia pues la paz pendía de un hilo. Las fiestas de octubre habían desencadenado una serie de eventos en las que el pánico se reflejaba en la actitud de los aldeanos. Estaban recelosos debido al incidente con el hijo de Naruto y la desapareción del hijo de Gaara. Alguien había dado más información de la debida y temían que la ansiada paz se desmoronara. Preocupados y sin saber que hacer, estaban intentado desenmarañar al responsable que había provocado todo esto.
Shikamaru, como amigo y consejero, le había aconsejado que no avisara a Naruto sobre la operación que iba a realizar Sakura. Si se enteraba de que su hijo pasaría por el quirófano, dejaría todos los asuntos porque sus hijos eran lo más importante para él. Ya había estado reticente de acudir a Rammen, teniendo a Minato en el hospital. Sus obligaciones como Hokage se habían visto afectadas: misiones sin realizar, informes sin leer, actos sin acudir. El Damyō del País del fuego estaba bastante furioso con Naruto y dejaba mostrar su descontento en cada ocasión que podía. Por eso, su asistencia era primordial; el no ir podría desencadenar una guerra política en la que se verían afectados tanto civiles como shinobi.
Incluso Gaara, teniendo a su hijo desaparecido, estaba en Rammen. Todos tenían complicaciones y más complicaciones. No se sabía nada del paradero de Kuro, pero él no perdía la fe en que pronto lo encontrarían. Estaban seguros de que lo habían secuestrado, no era normal desaparecer sin dejar rastro.
Hinata enumeró para sí misma todos los acontecimientos desde el diez de octubre: el intento de asesinato de Minato y Tenten, la desaparición de Kuro, las disputas en Rammen, los asaltos en los caminos, los ataques a otras aldeas secundarias, las tensiones entre los países y la hostilidad de algunas villas.
Sacudió la cabeza, temblando. No. La paz no se quebraría tan fácilmente, o al menos, eso pensaba. Naruto no dejaría que eso sucediera. Había querido distraerse con otros asuntos para no preocuparse en la complejidad de la operación y sólo le había venido a la mente su marido y los asuntos que le habían hecho abandonar Konoha temporalmente.
Alzó el rostro para mirar fijamente a Neji, quien paseaba de un lado a otro. Su semblante era sereno. No lo veía nervioso ni temeroso. A diferencia de ella, conservaba perfectamente la calma. Calma que ella estaba a punto de perder. Confiaba en Sakura, pero era su hijo el que estaba en el quirófano.
—Neji-san—le dolía la garganta. Tenía contenido el llanto. Era insoportable esa sensación. En cualquier momento, se quebraría.
Neji reparó en ella detenidamente. Sus cejas se fruncieron en señal de preocupación, al ver a su prima en ese estado.
—Hinata, no te preocupes. En breve saldrá Sakura y nos dirá que todo ha salido perfectamente. Recuerda que ella es la mejor. Naruto confía en ella ciegamente—confesó, intentando aliviarla.
Miró hacia la puerta del quirófano, deseando que se abriera de un momento a otro.
—Y yo también lo hago—susurró casi impercetiblmente, pero Hiashi lo escuchó perfectamente.
¿Cómo no iba a depositar su confianza en ella? Ella le había demostrado durante todo este tiempo su afán por curar a esos niños. Sabía que sus horas encerradas en ese laboratorio la habían llevado casi al borde de la locura. Estaba seguro de que ella había sufrido haciendo las interminables pruebas, intentando conseguir que los resultados fuesen positivos.
Él podía comprender todas las emociones que Sakura había sentido a lo largo de ese tiempo. Sabía, desde el primer momento en que la volvió a ver, que toda ese carácter despreocupado y prepotente con el que había vuelto a Konoha era una fachada. Un muro para alejarse de los sentimientos de las personas y del dolor, pues ella no quería volver a sufrir.
¿Y por qué? Por la sencilla razón de que él hizo exactamente lo mismo antes de conocer la verdad sobre la muerte de su padre. Él la podía entender mejor que nadie, sólo porque el pasó por un camino similar, aunque no igual. Empatizaba. Y él, quisiera o no, era un genio.
Sus ojos brillaron al pensar en Sakura. Casi no se reconocía a sí mismo, pensando en otra persona cuando su hija estaba siendo operada. Lo achacó a Hinata. Para reconfortarla, le había hecho pensar en ella.
Hiashi sonrió para sus adentros, sorprendiéndose por las palabras ocultas de su sobrino. Caviló unos segundos, antes de sacar sus propias conclusiones. Cuando una idea se le estaba formando en mente, fue descartada enseguida al escuchar la puerta del quirófano.
Sakura apareció con una sonrisa en su rostro y secándose el sudor de la frente, se quitó el gorro que le ocultaba su cabello. Estaba emocionada, pero también exhausta. Nunca pensó que acabaría así tras dos días de haber estado operando. Cerró los ojos por un momento. Respiró profundamente, intentando tranquilizarse y cogió fuerzas para darles las noticias. Se acercó a ellos, despacio.
Hinata la contemplaba expectante, con los ojos abiertos de par en par, esperando que hablara.
Neji sólo la miró fijamente y enseguida supo la respuesta cuando sus ojos se encontraron. No pudo evitar sonreír abiertamente.
Hiashi hizo una reverencia más respetuosa de lo normal, en forma de agradecimiento.
—Todo ha salido perfecto. Cuando despierten, ya sentirán sus piernas. Han respondido positivamente y la regeneración ha sido perfecta. De todas formas, tendrán que estar en observación y deberán acudir a rehabilitación—dijo tranquilamente.
Sintió los brazos de Hinata rodearla. Sakura se quedó paralizada, porque aún le costaba acostumbrarse al contacto humano. Aún así, hizo su mejor esfuerzo y la abrazó. Había conseguido mejorar bastantes aspectos de su carácter y poco a poco su antiguo yo iba resurgiendo. Era la promesa que había hecho, y no quería preocupar más a Naruto ni a Kakashi.
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Los Kages estaban sentados a lo largo de una ancha mesa rectangular. Los consejeros que habían acudido se encontraban de pie, cada uno detrás de su respectivo Kage. Todos tenían la mirada perdida.
Naruto se puso en pie. Su semblante estaba serio y se tocó la frente con su mano, golpeándose suavemente. Quería encontrar la forma en que las cosas volvieran a su cauce, pero no sabía cómo. Él siempre había luchado, y a través de los puños, conseguía entrar en razón a sus oponentes. Esa era su técnica. No era bueno con las palabras… Pero era persistente y al final todos entraban en razón, obtando por ir por el buen camino.
Gaara seguía con la mirada perdida en algún punto remoto de la pared. No sabía cuanto tiempo aguantaría estar en esa reunión, pues ya llevaban varios días y no habían llegado a ningún tipo de acuerdo. Tenía prisa, debía buscar a su único hijo y traerlo de vuelta. Todos los shinobi de la arena lo estaban buscando, pero no conseguían hallar ninguna pista. Era como si nunca hubiese existido. Si al menos tuviera una pista, algo por donde comenzar… Naruto le había ofrecido su ayuda, pero él la rechazó porque estaba consciente de que él tenía que estar pendiente de su hijo, que aún seguía ingresado.
Hacía mucho tiempo que no estaba tan seria. Mei había estado más alegre de lo habitual en esos los últimos años, a pesar de no haberse casado aún. Quizá esa alegría era por el consejero que tenía a sus espaldas: Ao. Él siempre había cuidado de ella. Desde que había aceptado el cargo como Mizukage, él se encargó de protegerla, aún a riesgo de perder su vida. Sintió la mano de Ao en su hombro derecho e imperceptiblemente sonrió. Esta situación le intranquilizaba bastante. Tal vez ya debía de retirarse del cargo y dejar que a otra persona más joven ocupara su lugar.
―Si los aldeanos están actuando de esta forma e incluso algunos se atreven a convocar revueltas, deberíamos enseñarles lo que realmente es tener pánico―dijo Kurotsuchi sonriendo, Kage de la Aldea Oculta de las Rocas.
―¿Cómo puedes decir eso?―se quejó Naruto enfadado.
―Perdona su compartamiento, Naruto. ¿No la conoces ya?―intentó suavisar las cosas Darui, el quinto Raikage.
―Ella sólo está preocupada, por eso utiliza el sarcasmo―explicó Mei tranquilamente.―Es igual que el cascarrabias de su abuelo.
―¡Eh! ¡No te quejes del abuelo! Él tenía sus dolores debido a la edad y aún así lo dio todo en la cuarta guerra―defendió Kurotsuchi.
Darui se sumergió en sus pensamientos. Demasiada paz durante tantos años era algo que nunca había ocurrido. A él le gustaba luchar, lo reconocía. Siempre que podía se iba a entrenar duramente e incluso se encargaba de la supervisión de un grupo de gennin. Claro, no podía dedicarle todo el tiempo que le gustaría. Como Kage ahora tenía que ocuparse en otros menesteres que no eran de su agrado y le eran sumamente aburridos: papeleo, quejas e informes.
―Debemos centrarnos y buscar una solución pronto. No podemos alargar más esta reunión. Llevamos días encerrados aquí y aún no tenemos nada. Siento que estamos perdiendo el tiempo porque no estamos actuando de la forma correcta―declaró Gaara alzando la voz y poniéndose en pie.
―Gaara―pronunció Naruto al ver que realmente su amigo había perdido la paciencia. Era inusual que él hablara tan fuerte.
Todos callaron. El silencio se interpuso a las quejas que hubiesen pugnado por salir en otras ocasiones. Nadie se atrevió a tomar la palabra inmediatamente. Sabían que tanto Gaara como Naruto tenían otras preocupaciones y, que aún así, seguían intentando mantener la calma para tratar de llegar a una solución.
―Tienes razón, Gaara. Es hora de que actuemos de una vez―se disculpó Mei recobrando su jocosidad y sonriendo maliciosamente al pensar en lo que haría una vez que descubrieran al que estaba conspirando y atentando contra la paz.
Gaara asintió.
―Todo se remonta al diez de octubre. ¿Qué sabemos acerca del accidente de tu hijo y de la hija de Neji? Absolutamente nada. Fue todo limpio. No es posible que un edificio se derrumbara por sí sólo. Kankuro, ¿tienes ahí el informe del arquitecto?―preguntó Gaara, recuperando la compostura que había perdido hacía unos minutos atrás.
Kankuro repartió unos documentos a todos los presentes, incluyendo a los consejeros-guardaespaldas. Todos leían detenidamente el documento, todos menos Naruto. Naruto intentaba descifrar unos kanjis pues realmente no entendía ese lenguaje tan técnico. Iba a preguntar, pero antes de abrir la boca, vio que Gaara le miraba fijamente. Sintió un escalofrío recorrerle la espalda, aún no se acostumbraba a ese tipo de miradas. Y entonces, Gaara le entregó otro papel, en el que se detallaba con un lenguaje simple y con dibujos todo lo que ponía el anterior documento.
―No cambiarás nunca, Naruto―dijo Gaara.
Naruto sólo se arrascó la cabeza, gesto que siempre solía hacer cuando se avergonzaba por que sus conocimientos no fueran tan amplios como el resto y le costará asimilar los conceptos.
―Ya entiendo lo que quiere decir. ¿Estás diciendo que alguién uso un jutsu para derribar el edificio?
Todos le miraron. Realmente era lento para captar las ideas.
―¿No lo entiendes aún? Se ha examinado el lugar y no se ha encontrado evidencias de que se usara alguna técnica. El cuerpo especial que se encarga de realizar el informe no ha podido determinar nada. No hay presencia de chakra. Al no poder obtener resultados, para poder seguir una pista fiable y determinar al culpable; se procedió a abrir un expediente para verificar las condiciones del edificio―empezó a explicar Yamato.―El arquitecto asegura que no se hizo ninguna negligencia a la hora de edificar y ese edificio cumplía todos los requisitos necesarios, y que además, lo dotó con una barrera de chakra.
―¿Barrera de chakra?―preguntó Naruto, extrañado.―¿Para que dotaría a un edificio con una barrera?
Mei soltó una pequeña carcajada, la cual provocó que todos la miraran. Disfrutaba con la ingenuidad de ese niño. Ahora que lo veía más detenidamente, se arrepentía de no haberle recompensado con un beso cuando se ganó la guerra. Había perdido su oportunidad de robarle un dulce beso a ese hombre apuesto, pero era mejor así. Giró su cabeza y se fijó en Ao; él sí que era capaz de dejarla complacida durante las noches. Gracias a él, no se sentía sola.
―¿Acaso no leíste la nueva normativa de los edificios que se aprobó hace un año? ¿En qué pensabas cuando te pasamos el documento y firmaste riendo y diciendo qué brillante idea? ¿Estabas en las nubes?―expresó su enfado Kurotsuchi.
―¿Te refieres a ese papel con tantos kanjis difíciles de entender?
Los presentes pusieron los ojos en blanco, aturdidos aún por la pregunta de Naruto. Nunca cambiará, pensaban Gaara y Yamato.
―¿Cómo alguien como tú pudo llegar a ser Hokage?―se preguntaron en voz alta.
―¡Ya basta, Kurotsuchi!―le riñó Akatsuchi. Era raro que se molestara con ella, pero no soportaba ese carácter tan irónico. Ella era buena, pero a veces sólo sabía ofender a las personas. Él era el encargado de su seguridad y también era su responsabilidad cuidar que no dijera cosas innecesarias. Eso le había prometido al abuelo de ella.
―Bueno, regresemos al tema principal. Naruto esa barrera de chakra era imposible que ese edificio se desplomara de la forma en que lo hizo. Incluso hubiese resistido un ciclón, una tormenta o la fuerza del viento. Tampoco hay evidencias del uso de chakra. Ni siquiera hay testigos, y los únicos supervivientes que pueden aclararnos un poco las cosas, están en coma inducido―Yamato se calló y desvió su mirada hacia Gaara.
―¿Entonces no tenemos nada?―quiso saber Naruto.
Gaara miró entonces a Ao, esperando que procediera a continuar la explicación de Yamato.
―No es que no tengamos nada. Todo lo contrario―habló por primera vez Ao. Su apariencia no había cambiado con el paso de los años. Seguía manteniendo su pelo azul corto y su parche en el ojo derecho, ocultando su Byakugan―. La única técnica que podría haberse usado sin que deje ningún tipo de evidencia, es esta―se llevó una mano al trozo de tela que le tapaba su ojo blanco.
Lo contemplaron atentamente. Por un lado, no estaban acostumbrados a que Ao mostrara su otro ojo. Por otro lado, los otros Kage estaban sorprendidos de que el causante de ese accidente hubiese sido un usuario de Byakugan.
―¿Dices que sólo las técnicas del Byakugan han podido provocar que ese edificio se viniera abajo sin dejar ningún tipo de prueba? Pero los únicos que poseen el Byakugan son los Hyūga, exceptúandote a ti. No hay nadie más, al menos que sepamos―dijo Naruto, preocupado.―Debería de preguntarle a Neji, él podría ayudarnos a descubrirlo.
―Si usamos la técnica de expulsar chakra a través de nuestro puño, golpeando los principales cimientos del edificio este se vendría abajo. Estuve en el lugar de los hechos, comprobando todo detenidamente. No hallé ninguna marca en los pilares, excepto que la rotura era la misma en todos lados. Por lo tanto, llegamos a esa conclusión: si alguien lo hubiese golpeado de forma brutal, habría una marca. Pero no la hay. Entonces, intenté usar una de las técnicas del Byakugan, y los resultados fueron similares.
Todos le escuchaban atentamente. Mei estaba embelesada con la forma de hablar de Ao, realmente le admiraba más de lo que aparentaba. Ao esperó a que todos asintieran y siguió hablando:
―Golpee otros trozos de la construcción, varias veces, y descubrí como las roturas eran iguales. Llamé a uno de los que llevan la investigación y le pedí que comprobara algo que ya me temía. Evidentemente no había rastro de chakra donde había golpeado.
―¿Y cómo es que la barrera permitió el uso de chakra? Se supone que es una barrera donde se absorbe el chakra y no se puede usar. Además, tú mismo lo has dicho: expulsas chakra, debe quedar evidencia―dijo Darui tranquilamente sin comprender.
Naruto aguardaba impaciente la respuesta. Se sintió aliviado al ver que no era el único que no compredía todo el asunto. Era algo extraño. Si lo que decían era cierto, tenía que tratarse alguien del clan Hyūga. Pero, ¿quién osaría a intentar matar a la hija de Neji? ¿Y si estaban enfocando mal el asunto y su hijo era un daño colateral en vez de Tenten?
―Esa barrera estaba modificada, ¿o es que acaso no te estás dando cuenta?―dijo Kurotsuchi.
―Exacto. Alguién consiguió modificar la barrera. Creó otro tipo de barrera, muy similar a la que tenía el edificio.
―¿Y no era más fácil eliminar la barrera?―quiso saber Naruto.
―Si lo hubiera hecho, habría llamado la atención. Todos los edificios de Rammen cuentan con una barrera de protección. No es que te supriman el chakra, simplemente no te dejan usarlo estando dentro de ese edificio. El equipo científico está probando barreras diferentes para poder eliminar la del Gran Estadio. Hay cada vez menos visitantes importantes para las pruebas debido a las restricciones de chakra; por eso, están intentado buscar una solución óptima. Ya sabéis que es desagradable que te sellen el chakra, es una sensación que te hace sentir débil.
Naruto enfocó su mirada hacia Gaara.
―Entiendo. Ahora tenemos que buscar al que modificó esa barrera. ¿Y cómo lo haremos? Si todo esto es así, significa que el verdadero objetivo del ataque era Tenten Hyūga. Debo avisar de inmediato a Neji―dijo Naruto preocupado.
―Espera, ¿estamos seguros de todo esto?―preguntó dudoso Darui.
―No tenemos la menor duda―respondió Mei, depositando toda su confianza en las palabras pronunciada por Ao.
―Entonces, comunícalo de inmediato antes de que vuelvan a atacar a esa niña. ¿No ha regresado Sakura a curarlos?―habló Gaara pensativo.
―Sakura-chan está ahí. Estoy segura que ella conseguirá que vuelvan a andar―confió Naruto.
Naruto caminó hacia la ventana y la abrió de par en par. Escribió en un pequeño pergamino una nota a Neji e invocó un pájaro mensajero. Le ajustó el mensaje y lo mandó a volar.
―Ya está. Cuando lo lea, él sabrá qué hacer.
―¿Quién creéis que está detrás de todo ésto? El secuestro de tu hijo, Gaara, no creo que haya sido una coincidencia. Alguien descubrió que estabas muy cerca de saber la verdad. Por esa razón, creo firmemente que a Kuro le han secuestrado―declaró Mei.
Gaara se llevó una mano a su frente, repasando su tatuaje con la palabra amor. Amor hacia su pueblo, amor hacia su familia, amor hacia otras aldeas. Eso era lo que sentía cuando estaba en presencia de otras personas. El odio lo había dejado atrás hacía mucho tiempo. Por eso, aunque Kuro no estuviera con él, guardaba la esperanza de que estaba bien donde lo tuviesen retenido y que no guardaba ningún sentimiento de venganza.
Realmente había cambiado mucho, todo gracias a Naruto.
―También hemos llegado a esa conclusión ―confesó cabizbajo.
―Haré todo lo posible por traer a tu hijo sano y salvo, Gaara. Esa es mi promesa. Es mi camino del ninja.
Gaara alzó su cabeza y se sintió más aliviado con las palabras de Naruto. Conocía la determinación de su amigo para llevar a cabo sus promesas. Por eso, tenía fe en que esta vez también la cumpliría.
―Gracias, Naruto―atinó a decir, conmocionado tras escuchar a su amigo.
Kankuro, quien se había mantenido al margen de todo, apretó su puño emocionado como un niño pequeño al igual que su hermano. Quería a su pequeño sobrino, lo adoraba. Y estaba deseoso de encontrar al miserable que se había atrevido a ponerle una mano encima. Él, asimismo, daría todo y ayudaría a que Kuro regresase.
―Entonces, ¿creéis que se trata de la misma persona la que modificó la barrera y la que está provocando estos ataques y creando tensiones entre nuestras villas?―preguntó Darui vagamente.
―Es lo que sospechamos. Además, aquí tenemos otros informes que se han ido recogiendo y es posible que se esté formando una alianza entre otras aldeas para destruir Rammen―dijo Gaara.
Todos se le quedaron mirando, sorprendidos de todas las investigaciones que había realizado.
―No lo pensaba decir hasta que estuviera seguro, pero creo que ya es hora de que pongamos las cartas encima de la mesa y actuemos antes de que todo se salga de control. Me encontré con Hanabi―volvió a hablar, mirando a Naruto esta vez:―Y veréis lo que me contó.
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Orochimaru contemplaba distraídamente a sus serpientes, sonriendo de forma maliciosa cuando Kabuto le interrumpió.
―No entiendo cómo, a pesar de todo, aún sigo a tu lado.
Orochimarú le miró, sonriendo.
―Ya sabes la respuesta. A ese mocoso le hice una promesa, y la cumpliré.
―Nunca pensé que cambiarías tanto―confesó.
Orochimaru jugueteó con sus brazos, disfrutando de poder moverlos perfectamente. Cuando Tsunade le había prestado su ayuda para recuperar la movilidad en ellos fue por la deuda que sentía hacia él por haberla curado en la guerra. Pensó en su antigua compañera y sonrió.
―Quería ver la dirección en que se movería su viento, pero no pude. En cambio, me siento un poco responsable de todo lo que dejó atrás―confesó.
―¿Y cuándo piensas qué será el mejor momento?―preguntó Kabuto, inclinándose hacia él.
Orochimaru elevó la vista.
―Primero te mataré―dijo Orochimaru abriendo la boca y atravesándole con su Kusanagi.
El cuerpo de Kabuto cayó sin vida a sus pies. Lo miró detenidamente y vio cómo se volvía a levantar.
―¿Creías que me ibas a vencer tan fácil?―dijo transformándose en el Modo Sabio de Serpiente.
―Al inyectarte mi ADN también sé como funciona tu cuerpo. No lograrás vencerme―declaró Orochimaru transformándose en una gran serpiente blanca con ocho colas.
―Entonces, no hablemos más y luchemos. Veremos quién gana.
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Sakura se cepilló cuidadosamente su cabello al salir de la ducha. Hoy sería la última noche que pasaría en la residencia Hyūga. Ya no tenía nada más que hacer allí. El laboratorio había sido destruido prácticamente por aquel intruso y ya había curado a los niños.
Se le olvidó preguntar a Neji si habían conseguido averiguar quién fue el que entró. Deberían de saberlo y apresarlo rápidamente. ¿Quién habría hecho aquello?
Sakura se detuvo en seco. Volvió a pensar en el laboratorio y en la destrucción de las muestras, e incluso en la desaparición de sus cuadernos de notas.
―¡Shannaro!―gritó y corrió a vestirse rápidamente.
Salió de la habitación lo más veloz que pudo y siguió corriendo a lo largo de la mansión, llamando la atención de alguno de sus miembros. Concentró chakra en sus pies y aceleró el recorrido hasta llegar al hospital.
Al llegar, se apresuró a entrar a la habitación donde estaban los niños. Suspiró al verlos dormir plácidamente, pero se quedó congelada cuando vio el rostro de Neji mirarla seriamente.
―Sakura, ¿qué ocurre?―preguntó al ver cómo su rostro se relajaba y su respiración volvía a la normalidad. Notó que aún tenía el cabello húmedo, por lo que deducía tenía que ser algo importante el asunto que le traía hasta allí.
Sakura se quedó parada. Sacudió su cabeza al darse cuenta que había llegado a conclusiones erróneas.
―Creí que sus vidas corrían peligro―señaló las dos camas.
Neji asintió. Se acercó a ella y le entregó un trozo de papel arrugado. Sakura lo leyó atentamente y puso sus ojos en blanco. No era capaz de articular ninguna palabra.
―No eres la única que lo piensa. Como podrás ver, Naruto opina que su hijo es un daño colateral.
―Neji, Naruto no lo asegura tampoco. Él sólo dice que se trata de alguna persona que posee el Byakugan el responsable de todo ésto. ¿Acaso no tienes enemigos dentro de tu clan?
Neji no se atrevió a contestar. Se sentía culpable.
―No es necesario que me respondas―habló Sakura al ver la preocupación en el rostro de Neji―. Ya sé que los tienes. ¿Hume Hyūga?
Abrió los ojos de par en par cuando Sakura pronunció ese nombre.
―¿Cómo sabes de él? ¿Acaso se ha atrevido a decirte algo?―su voz sonó colérica. No soportaba la idea de que ese indeseable se hubiera acercado a Sakura.
Negó con la cabeza. Sakura se agachó en el suelo, se mordió el pulgar y dibujó un sello con su sangre, invocando a Katsuyu. Al disiparse la pequeña nube de humo, se distinguió a una pequeña babosa.
―Sakura-sama―llamó respetuosamente―¿Qué necesita? ¿Cómo están esos dos pequeños? Acabamos agotadas tras la operación. Me alegró mucho volver a ver a Shizune―dijo coordialmente.
―Siguen estables y todo parece ir bien. Pero no es por lo que te he invocado. Quiero que le digas a Neji toda la información que has ido recolectado acerca de Hume Hyūga.
Katsuyu se deslizo a través del suelo, posicionándose frente a Neji, quien la miraba esperando impaciente qué es lo que ocurría.
―Sakura-sama estaba preocupada por usted―dijo con entusiasmo, sin percatarse del enojo de Sakura al decir eso, provocando que Neji se alegrara internamente―. Me mandó a espiar a varios miembros de su clan. Ella desconfiaba de unos cuantos porque pensaba que estaban tramando algo contra usted. Al principio, no encontré nada. Pero hace unos días escuché una conversación de un hombre llamado Hino con otro, cuyo nombre desconozco porque no se llegó a pronunciar.
―¿Hino?
Katsuyu asintió con sus antenitas.
―Sólo pude escuchar que Hume ya se había reunido con los miembros de la alianza secundaria y que todo iba según lo planeado. Y que en breve él tomaría todo lo que le había pertenecido desde el principio. No pude seguir escuchando más porque alguién notó mi presencia y tuve que desaparecer. Ni siquiera pude ver el rostro a ninguno de los dos. No sé que apariencia tienen―dijo apesadumbrada.
―No te preocupes. Hiciste un buen trabajo―intentó animarle Sakura.
Katsuyu contempló a Neji, quien seguía callado, pensando en todo lo que acababa de oír.
―Si, cierto. Gracias por la información―agradeció Neji con una sonrisa forzada.―No te preocupes, pronto descubriremos qué se trae entre manos. Ahora sé que realmente está planeando algo grande y debo descubrir de qué se trata.
Paseó lentamente por la habitación. Quería irse de ahí y encontrar a Hume para enfrentarlo de una vez por todas. Pero temía que algo le ocurriese a Tenten en su ausencia.
―Katsuyu, voy a deshacer la invocación―dijo Sakura. Vio como la pequeña babosa asentía y desapareció de la habitación.―Si quieres puedes irte. Yo protegeré a estos niños.
Neji la miró con determinación y sabía que podía marcharse sin preocuparse. Ella cuidaría muy bien a Tenten y Minato. Se acercó a la cama de Tenten y le dio un beso en la frente. Le susurró unas cuantas palabras y le acarició el cabello.
―Te agradezco todo lo que estás haciendo. Me alegro de que al fin hayas regresado, Sakura―y la forma en que lo pronunció, le recorrió la piel. Separó cuidadosamente las sílabas de su nombre, como lo hacía Sasuke. Y el corazón le latió a mil por hora, respiró aliviada al escuchar el sonido de las máquinas en la habitación.
Neji se acercó hasta ella. Sakura bajó la cabeza al notar como sus mejillas ardían. Neji estiró su mano. Iba a levantarle el rostro, pero cuando se dio cuenta de lo que iba a ser, la desvió para apoyarla en su hombro. Sintió como le ardía el omoplato.
―Te confío sus vidas―hizo una pausa. Se apartó de Sakura, cortando el contacto. Su mano palpitaba de forma alocada y la escondió―. Ten cuidado. No sabemos si alguien planea entrar aquí o no. No cometas ninguna insensatez.
Sakura se quedó sorprendida por las palabras de Neji. ¿Acaso era una niña pequeña que necesitaba cuidados? ¿No sabía que ella era capaz de defenderse sola?
―¿Te olvidas que soy considerada sannin y que mi fuerza es monstruosa?―replicó enseñando su puño.
―Lo sé. Lo sé―agachó la cabeza.
Iba a salir del cuarto cuando oyó la voz de Sakura:
―Y tú, cuídate las espaldas. No quiero tener que operar a otro Hyūga y pasar más tiempo encerrada en un laboratorio que ya no tengo. Ese seria en el menor de los casos, y en el peor, no habría nadie que te reviviera esta vez. Por lo tanto, más te vale regresar de una sola pieza y sin ningún rasguño. No sabes qué es lo que están tramando y por lo que he podido entender, ese tal Hime asegura que Hume asumirá el liderazgo del clan. Quizá esté planeando matarte―dijo abiertamente Sakura.
Neji salió sin echar la vista atrás. Sabía que Sakura tenía razón. Lo que Hume quería era eliminarlo. Así podría asumir él el control del clan.
Sakura se sentó en el sillón verdoso que había en la habitación. Pensó en lo que había hablado con Neji y tenía la certeza de que la vida de él corría peligro. Cerró los ojos fuertemente y suplicó temerosa:
―No mueras. No mueras.
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NOTAS DE LA AUTORA: Siento la tardanza, pero estas fiestas han ocupado la mayor parte de mi tiempo y apenas he podido escribir nada.
Como podéis ver, aquí vais viendo como se van desarrollando los acontecimientos. Ya tenemos a los niños curados, lo cual es un gran avance por parte de Sakura. Ahora nos queda ya el último tirón para acabar el fic.
Habéis podido ver en escena a Orochimaru peleando con Kabuto. ¿Os lo esperabais? Seguro que no.
Y bueno, aquí también he dejado ver que hay algo que se cuece entre nuestros dos protagonistas. Espero que os esté gustando como se va desarrollando su relación.
Quiero agradecer a JUST, mi beta, por seguir corrigiéndome y ayudándome a mejorar la calidad del fic. También una especial mención a Kata, que siempre está ahí dispuesta a darme sus mejores críticas. Y sobre todo, a todas aquellas personas que se toman unos minutos para escribirme sus opiniones, de verdad, muchas gracias.
