DISCLAIMER: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishi.
.
.
.
"Sobre su cabeza, con las rojas fauces dilatadas y llameando el único ojo, se posaba el odioso animal cuya astucia me llevó al asesinato y cuya reveladora voz me entregaba al verdugo. Yo había emparedado al monstruo en la tumba."
Poe. El gato negro.
.
.
.
RAMMEN
.
.
.
"La destrucción de Rammen
Y el rescate de Kuro"
.
.
..
El denso y gélido viento ocultaba cualquier rastro de sonido, escuchándose el silbido del aire. Ni bien pisó Rammen, vio que las luces de las casas estaban completamente apagadas y no se distinguía a nadie por las calles. Algo debía de haber ocurrido. Parecía una ciudad fantasmagórica.
Sakura miraba de un lado a otro, intentando averiguar qué era lo que ocurría. Con pasos lentos y decididos se encaminó por las estrechas callejuelas. Agudizó su oído y cerró los ojos para percibir si había alguien a los alrededores.
Se sorprendió al sentir una gran cantidad de chakra, provenía desde lo alto de la ciudad. Al alzar la vista, la piel se le erizó al distinguir a dos personas en el templo. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando vislumbró una gran luz blanca cegadora. No tuvo tiempo de reaccionar, pues la onda expansiva la alcanzó en pocos segundos.
.
.
.
¿Cuántas horas habían transcurrido desde que la explosión la alcanzó? No lo sabía. No podía moverse. Ni siquiera era capaz de abrir los ojos. Tendría que esperar a recuperar un poco de fuerzas.
.
.
Volvió a recuperar la consciencia. Esta vez pudo abrir los párpados, pero todo era confuso. Intentó incorporarse, pero su cuerpo no le respondía.
―Espero que estéis bien―. Pensó antes de perder la consciencia nuevamente.
.
.
El sol la despertó. Sabía que sus heridas eran graves, pero tendría que hacer un esfuerzo y curarse. Murmuró unas palabras y el sello de su frente brilló con intensidad. Unas suaves líneas de chakra adornaron su rostro. Notó como poco a poco se iba recuperando. Tardaría un par de horas en poder emprender la marcha, aunque no se curaría al cien por cien.
.
.
.
.
Hanabi estaba muy cerca de dar con el paradero de Kume. Había estado vigilando las reuniones que tenían lugar en la taberna los "Hierbajos" desde que Neji le dio la dirección. Todo había sido demasiado fácil, era como si alguien le hubiese facilitado la tarea. ¿Cómo era posible que nadie se hubiese percatado de su presencia?
Desvió su mirada hacia la derecha al ver cómo un hombre se intentaba ocultar entre la penumbra. !Qué raro!, pensó. Se dispuso a seguirle sigilosamente.
Se adentró en la espesura del bosque, guardando una considerable distancia. Tendría que ser cautelosa, no podía permitirse que la descubrieran.
Había descubierto que el jutsu que destruiría Rammen era una técnica secreta del Clan Tsuchiyumo. Antiguamente, los miembros de dicho clan eran utilizados para arrasar las aldeas. Eran herramientas de destrucción masiva, incluso más potentes que la utilización del Chibaku Tensei (propia del rinnegan).
Se puso en alerta al notar una sombra al lado de ella. Se preparó, dispuesta a defenderse.
―Tranquila, Hannabi. Gaara me mandó aquí―dijo tras ponerse delante suyo.
Hannabi respiró aliviada cuando vio a Kankuro. Las preguntas se amontonaban, pero no fue capaz de pronunciarlas cuando una luz blanca al fondo del bosque le llamó la atención.
Kankuro se llevó una mano a los labios, en señal de silencio y ambos se apresuraron cuando escucharon un grito que emergía de la bola anaranjada en la que se había convertido la luz blanquecina.
Al aproximarse, descubrieron con horror que el halo de luz era un gran fuego que se iba extendiendo. Las llamas procedían del interior de una de las cabañas que rodeaban un pequeño montículo con varios cuerpos mutilados.
―¿Qué se supone que es esto?―A Hanabi no le hacía falta obtener una respuesta a su pregunta retórica, porque imaginaba que debía de tratarse de un extraño ritual. Iba a examinar más detenidamente los cadáveres, pero otro grito le impidió hacerlo.
Kankuro no se lo pensó dos veces antes de entrar violentamente a la cabaña en la que el fuego era más intenso. Esa voz la reconocía perfectamente y nadie le iba a detener.
El calor era insoportable. La madera ardía vigorosa a la vez que se escuchaba el llanto sordo del crepitar del suelo. Kankuro retrocedió involuntariamente cuando una llamarada casi le quema la cara. Se tapó la cara, intentando no inhalar el humo. Invocó varias marionetas, a sabiendas que éstas posiblemente arderían, pero debía recorrer la cabaña antes de que fuera demasiado tarde.
Volvió a escuchar la voz de su sobrino y se percató de que procedía del sótano. Intentó bajar, pero la entrada estaba bloqueada por el fuego.
Hannabi activó su Byakugan, intentado descubrir donde se había metido Kankuro. Su sorpresa fue mayor al verlo en la cabaña donde el fuego poco a poco la estaba reduciendo a cenizas. Se acercó lo más que pudo, pero era imposible adentrarse. Tenía que buscar la forma de sacar a Kankuro de allí.
Realizó una serie de sellos y empezó a girar rápidamente, como un torbellino, tratando de apagar las llamas. Las llamas no se apagaban, sino todo lo contrario.
―Kankuro, sal ahora mismo de ahí. No puedo entrar―gritó, rogando que él la escuchara.
No escuchó ninguna respuesta. Analizó el interior de la choza que ardía y descubrió con espanto que en la parte más baja había otra persona atada a una silla. Debía actuar rápido.
Hanabi notó que las llamas se estaban adquiriendo un tono oscuro. Alzó una ceja, convencida de que ese fuego no era normal y que podría tratarse de una versión del Amaterasu. No sabía qué hacer. ¿Cómo podría apagarlo? De repente, tras mucho cavilar, se acordó de una técnica que su padre le había enseñado cuando era niña. Nunca la había practicado y temía que, por ese motivo, no fuese efectiva.
Sacó un pequeño pergamino de su mochila, lo desenrrolló y escribió con su sangre una serie de símbolos. Movía sus dedos a medida que iba pronunciado unas cuantas palabras. Una ola gigante de chakra emanó del pergamino y con sus manos enfocó su objetivo—la cabaña— y la envolvió en una gran esfera blanquecina.
Se tambaleó y el Byakugan desapareció. Se dejó caer, apoyando las rodillas en la tierra y esperó impaciente a que el fuego desapareciera junto con la esfera. El pergamino brilló intesamente, encerrando en su interior el fuego.
La cabaña crujió. Podría derrumbarse de un momento a otro.
Hanabi se levantó como pudo, aún estaba débil tras realizar esa técnica. Había consumido casi la totalidad de su energía; pero no le importaba porque debía salvar al hermano del Kazekage.
―Tú, mocosa. ¿Cómo te has atrevido a arruinar mi obra de arte?―. Le desafió un hombre de rostro iracundo y con un parche en el ojo.
El hombre desenfundó su chokutō, estaba dispuesto a matarla. Pero al mirarla a los ojos se dio cuenta que era un miembro del clan Hyūga y podría obtener una recompensa por ella.
―Esto es interesante de lo que había pensado―. La golpeó en la sien y perdió el conocimiento.
Kankuro salió de la cabaña cuando escuchó a Hanabi gritar. La había visto ejecutar a la perfección esa técnica y cuando iba a volver al interior de la cabaña, apareció aquel hombre y dejó a Hanabi inconsciente, dispuesto a llevársela. Lo atacó con sus marionetas. Estaba entre una encrucijada: su sobrino o Hanabi.
¿Qué intenciones tendría con ella? Era lo que le inquietaba a Kankuro. Había visto como él iba a atacarle. Al descubrir que se trataba de un miembro del clan Hyūga, desistió y sus ojos brillaron con más intesidad.
―¿Quién eres, que no te atreves a luchar cuerpo a cuerpo? ¿Acaso sólo sabes pelear a larga distancia? En este caso, sólo tendré que acercarme a ti y estarás muerto.
Kankuro repelía todos los ataques de la espada a través de sus marionetas. Reconocía que era un hábil espadachín, pero sus facciones le indicaban que era mayor.
―No te acercarás. Dime contra quién lucho, no me gustaría matarte sin conocer el nombre de mi contrincante―desafió Kankuro. Quería tener una pista, algún dato que le revelara su identidad.
El hombre se desternilló al chocar su espada contra un árbol próximo a Kankuro, lo que provocó que él tuviera que saltar atrás evitando el ataque.
Kankuro suspiró aliviado.
―Ha faltado poco―reconoció Kankuro―. Pero tendrás que esforzarte más si quieres rozarme.
―Tú eres el hermano del Kazekage, el marionetista.
Kankuro sonrió y asintió.
―Te diré quién soy, ya que tu cabeza será atravesada por mi chokutō. Soy Teio de la Aldea de los Artesanos.
Kankuro cerró los ojos, pensando dónde había escuchado con anterioridad ese nombre.
―Estás intentando hacer una guerra para acabar con la paz. ¿Por qué?―preguntó Kankuro para ganar algo de tiempo mientras acumulaba chakra. Ya sabía de qué le sonaba: el hombre que les alertó del ataque a Rammen y del lugar donde se encontraba su sobrino había mencionado ese nombre. Por lo tanto, Teio era uno de los culpables de que Kuro haya estado secuestrado.
Teio bajó la espada unos segundos, dándole vueltas a la pregunta de Kankuro. Sonrió como un loco y comenzó a destrozar todo lo que tenía a su alrededor.
―Por vuestra culpa perdí mi trabajo, mis ahorros y ahora me hallo en la más completa miseria. ¿Paz? ¿No sabes que la guerra generan más puestos de trabajo?―preguntó enfurecido mientras atravesaba con su espada el brazo izquierdo de Kankuro.
Kankuro retrocedió, pero era demasiado tarde. La herida le había dañado el músculo y no podía moverlo.
―Sabes cuál es tu destino, ¿verdad? ¡La muerte!―gritó dando otra estocada más, estocada que falló por unas milésimas.
Kankuro soltó todo el chakra que había estado reteniendo y ejecutó su técnica. Más de mil marionetas aparecieron y rodearon a Teio. Él las iba repeliendo a través de su chokutō, pero cada vez que reducía una marioneta, éstas se multiplicaban.
Hanabi recobró la conciencia y lo que vio la desconcertó. A lo lejos distinguió a Kankuro luchando contra el hombre que le había dejado inconsciente. Aliviada de ver a Kankuro con vida, se puso de pie y activó su byakugan para rescatar a la persona que estaba atada en el sótano. Debía aligerarse y rescatarla antes de que todo se viniera abajo.
Se adentró por la puerta principal. El olor a quemado era intenso. Tanteó con suavidad la trampilla que la conduciría al sótano. No cedía, estaba atascada la cerrradura. Concentró chakra en su palma y la golpeó ocasionando que se rompiera.
Bajó con sigilo las escaleras. A cada paso, la madera crujía bajo su peso. Al llegar, vio una sala de torturas y varios cuerpos desmembrados. LLevarían varios meses ahí, la descomposición y la hediondez era evidente del tiempo que había transcurrido.
La puerta del fondo estaba cerrada con cadenas y varios candados. ¿Por qué se habían tomado tantas molestias en reforzar la cerradura de la puerta si esa persona estaba atada? Decidida se acercó a la puerta y utilizó el puño suave para destrozarla. Empujó los restos de madera y entró al interior. Se apresuró a desatar a Kuro y comprobó que no tenía ningún rasguño.
―Kuro, despierta―llamó suavemente Hannabi mientras lo zarandeaba de un lado a otro.
El chico abrió los ojos, desconcertado.
―No tengas miedo. Soy Hanabi de Konoha y he venido a llevarte de vuelta a casa―. Se presentó, intentando tranquilizarle.
Al salir al exterior, descubrieron que Kankuro había derrotado a Teio. A penas era capaz de ponerse en pie, por culpa de las heridas, había perdido mucha sangre. Hanabi y Kuro corrieron a auxiliarle.
.
.
.
Neji abrió los ojos sin saber donde se encontraba. Lo último que recordaba es que había estado a punto de aniquilar a Hume cuando sintió un profundo dolor en su cabeza y empezó a retorcerse del dolor. Perdió el conocimiento a causa del intenso daño.
Sospechaba que debía tratarse de la ejecución del sello. Alguien debía de haber revelado esa información y habían conseguido doblegarle. ¿Quién había sido el traidor? No tardó mucho en averiguar que se trataba de Yui.
―Tú―su voz sonó autoritaria y enfadada.
Yui ejecutó varios sellos con la mano y Neji gritó. Su cabeza iba a explotar, no aguantaba más esa tortura. Sentía como si mil agujas se le clavaran en el cerebro. Su cuerpo se convulsionaba.
―Desearás estar muerto―aseguró Yui intensificando los sellos y a la vez el dolor que le producía a Neji.
Al cabo del rato, su cuerpo ya no temblaba, ni siquiera respondía. Se estaba dejando vencer, estaba deseando morir. Ni siquiera podía mantener sus ojos abiertos. Iba a rendirse, a sumirse en un letargo del que jamás despertaría cuando escuchó la voz de Hume.
―No quiero que lo mates aún, Yui. Quiero que siga vivo hasta que su pequeña muera. Quiero verle sufrir. Su hija será más fácil de matar que su mujer―aseguró Hume mientras reía con Yui.
Neji se enfureció al oír la declaración de Hume. ¿Ha dicho que mató a mi mujer? ¿Cómo se atreve? Aguanta, pensaba. Debía ser paciente, pronto se le presentaría la oportunidad de escapar. He estado en situaciones peores, pensó. Cerró los ojos y espero a que los dos abandonaran la habitación.
―No nos molestará por un rato. Es imposible que aguante esta tortura. Me aseguraré de que quede inconsciente.
Yui realizó un par de sellos y vio como el cuerpo de Neji no se movía, ni siquiera se agitó ni un ápice.
―¿No debería convulsionarse?―preguntó curioso Hume.
―Si está inconsciente, el sello no responde―dijo Yui.
Neji abrió los ojos cuando se fueron. No sabía cómo había conseguido evadir ese ataque, pero había luchado contra todas sus fuerzas contra el sello. Se había resistido como nunca lo había hecho concentrando una gran cantidad de chakra en su frente y ni siquiera se habían dado cuenta.
Sacudió levemente la cabeza y pensó como podría escapar y regresar a Konoha para asegurarse que su hija estaba bien. ¿Estaría Sakura cuidándola tal y como le prometió? ¿Se atreverían a atacarlas?
Notó sus manos encadenadas e intentó soltarse, pero todo intento que hacía era en vano. Si hacía mucho ruido, podrían volver a ver qué ocurría.
Cerró los ojos y se dejó caer cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse.
―Neji-sama, despierte. No puedes morir. Vengo a ayudarte―. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue el rostro de Ume―. Soy una espía de Hiashi-sama, puedes confiar en mí. Te sacaré lo más pronto que pueda, intentaré distraerles. Volveré cuando tenga un plan.
Ume abrió las cadenas.
―Gracias, Ume.
―No me las des hasta que no salgamos de aquí. Yui puede controlarte por el sello. Estás en desventaja, tienes que informar al Hokage sobre esto. Él podrá detener las intenciones de Hume. Él quiere deshacerse de ti, suplantarte como líder y para ello está dispuesto a crear una guerra. Debo irme.
Ume salió corriendo.
.
.
.
Naruto despertó con los primeros rayos del sol tras haber perdido la consciencia cuando el ataque de Goi Tsuchiyumo se había producido. No esperaba que fuera a producirse tan pronto, pero al menos, evitaron que hubiese habido victimas. Consiguieron evacuar la ciudad, pero desafortunadamente había quedado reducida a escombros.
Unas horas antes de que el ataque se produjera, un hombre apareció en el templo comunicándole que las Aldeas Secundarias ya se disponían a atacar y que en cuestión de horas Rammen desaparecería. Ese hombre le resultaba muy familiar a Naruto, pero no sabía en dónde lo había. También les informó la ubicación de Hume, el lugar donde estaba Kuro e incluso el sitio donde se encontraban los demás líderes que habían planeado la destrucción de Rammen. No tuvieron tiempo de preguntarle ni de sacarle más información porque desapareció sin dejar rastro.
¿Quién era ese hombre y por qué les había revelado esos datos? Eran hechos que desconocían, pero al menos habían ayudado a inclinar la balanza a su favor.
Los Kages se habían repartido las tareas para defender Rammen.
Naruto se había quedado para detener el ataque. Todos confiaban en que Naruto sería capaz de detener al clan Tsuchiyumo.
Gaara se había encargado de proteger a los ciudadanos con su barrera de arena mientras mandó a su hermano a ayudar a Hannabi. Según el informante, su hijo debía de estar en algún lugar del País de la Hierba. Kurotsuchi y Akatsuchi se quedaron con Gaara para proteger a los aldeanos. La técnica de Kurotuschi sería muy útil, ya que puede realizar una cúpula gigante de tierra.
Mei se había ido junto a Ao a detener al líder de la Aldea de la Cascada. El líder de allí era capaz de transformar la naturaleza a su antojo al igual que ella que podía combinar varios chakras de distintas naturalezas. Sería un digno oponente.
Darui había marchado a detener a los restantes líderes de las aldeas secundarias. Tendría que darse prisa en viajar a las aldeas, ya que eran tres a las que tenía que dirigirse. Se llevó un escuadrón de ANBU consigo.
Naruto se levantó como pudo, tras recordar todo lo que había ocurrido mientras estuvo inconsciente.
―Espero que todos estéis a salvo―dijo en voz alta.
Sus pensamientos se vieron inundados con el ataque que había lanzado Goi. Recordaba que lo había intentado detener con el Rasengan. No sabía cómo estaba vivo. Quizá Kurama lo había protegido, como siempre hacía.
Anduvo unos pasos hasta el cuerpo de Goi, quien parecía estar muerto. Se acercó a él y le gritó fuertemente, pero no se inmutó. Naruto lo zarandeó, de un lado a otro, y vio como el pecho de Goi subía y bajaba.
Suspiró aliviado. No era capaz de recuperarse fácilmente si perdía alguien en el camino, ya fuese amigo o enemigo. El concepto de morir no entraba en su diccionario.
Naruto lo alzó en brazos y comenzó a andar hasta donde se encontraban los aldeanos. Sus ojos se entristecieron al verificar el estado en el que había quedado Rammen. Pero eso no importaba. Lo importante es que ninguna vida hubiese llegado a su fin.
Se estaba alejando de lo que quedaba del templo, cuando vio a lo lejos la figura de una chica. Cojeaba y se tambaleaba. Naruto la enfocó mejor con la mirada y descubrió con cierta sorpresa que se trataba de Sakura.
―¡Sakura-chan!―gritó llamándola.
Sakura se soprendió al escuchar su nombre, pero se alegró al encontrar a Naruto. Parte de sus temores se disiparon al comprobar que su mejor amigo se encontraba bien y de una sola pieza.
―Naruto, ¿qué es lo que ha pasado?
Naruto la miró fijamente. Aún estaba resentido con ella por no haberle contado lo que estaban tramando las aldeas secundarias, pero ya se lo recriminaría más adelante.
―Tienes que curarlo, Sakura-chan. –le pidió, pero luego se fijó en su estado. –¿Por qué estás tan débil?
―La onda explosiva. Por suerte, he podido curarme. ¿Quién es él?―preguntó mientras emanaba chakra de su mano y comenzaba a cerrarle algunas heridas.
Naruto se mantuvo de pie, observándola. Podría haber muerto a causa del impacto, pero deshechó sus pensamientos al ver como Goi fruncía el rostro, durmiendo.
―Él pertenece al clan Tsuchiyumo, él fue el causante de todo esto. Debemos interrogarle cuando se despierte.
―¿Él fue capaz de realizar semejante jutsu?
Naruto asintió. Lamentablemente, aún quedaban miembros de ese clan capaces de destruir todas las aldeas. Seguramente, el primer ataque estaba dirigido a Rammen. ¿Qué les impedía ir y destruir Konoha?
―Así es. Debo encontrar a los demás miembros de su clan y llegar a un acuerdo con ellos. Temo que se vayan a dispersar y- ―Sakura le puso una mano en su hombro, interrumpiendo las palabras de Naruto.
―No pienses en eso, Naruto. Seguro que podemos llegar a un acuerdo. Ya verás. Tú eres capaz de conseguir todo. ¿Dónde están los ciudadanos?
Naruto señaló al noroeste.
―Están a salvo. Un hombre nos avisó antes de que se produjera el ataque. Gracias a él, hemos podido evitar la muerte de los ciudadanos.
Sakura meditó sobre las últimas palabras de Naruto.
―¿Un hombre? ¿Quién es y dónde está?
― Desapareció cuando nos informó. No pudimos descubrir nada, ni siquiera su identidad.
―Entiendo. Todo es muy extraño.
Naruto de repente se dio cuenta que era muy raro que Sakura estuviera ahí. ¿Qué hacía ella ahí? Sabía por Neji que los niños se estaban recuperando favorablemente y que dejó a Sakura a cargo de ellos. ¿Habría ocurrido alguna tragedia?
―¿Qué haces aquí, Sakura-chan?
Sakura terminó de cerrarle las heridas a Goi y miró a Naruto. Por unos intantes, tembló al recordar a Neji. ¿Habría conseguido llegar a Rammen? ¿Lo habría visto Naruto? Temía que algo grave le hubiese ocurrido y más teniendo en cuenta que podían doblegar su voluntad.
―He venido a buscar a Neji. ¿Lo has visto?―su voz vibró débilmente, pero Naruto no se dio cuenta.
Naruto la miró, extrañado de que ella preguntara por Neji.
―Estuvo aquí. Marchó después de que ese hombre le revelara el paradero de Hume Hyūga. Fue a detenerlo con algunos ANBU de aquí. Sabemos que Hume ha estado detrás del ataque de los niños e incluso que ha sido el instigador del malestar de las Aldeas Secundarias.
Sakura suspiró, quería ir y asegurarse de que Neji estaba bien.
―Debo encontrarle, Naruto. Le prometí a su hija que lo traería de vuelta, sano y salvo. Estoy preocupada por él―reconoció bajando la cabeza y con un leve rubor en las mejillas.
Naruto parpadeó varias veces. Reconocía esas expresiones en el rostro de su amiga: estaba enamorada.
―Está al noroeste de aquí, más allá del refugio. ¿Crees que algo malo le ha podido ocurrir?
―Naruto, Tenten piensa que el sello de su frente puede estar aún activo, aunque el tatuaje haya desaparecido―confesó mientras los dos se encaminaban al noroeste.
Naruto no sabía que decir. Hinata le dijo sus sospechas en antaño y él las descartó. No creía que eso fuese posible. ¿Por qué lo habría ocultado durante tanto tiempo?
―No te preocupes, Sakura-chan, prometo que no le pasará nada. Es una promesa.
Sakura le puso su mano en la boca. Negó con la cabeza.
―No quiero que sigas haciendome promesas, idiota. La última vez casi te cuesta la vida y siempre te he ocasionado problemas. Esta vez, lucharé por lo que yo quiero.
―Sakura-chan...
―No digas nada, Naruto. Es mi turno de demostrarte lo capaz que soy y esta vez seré yo quien cumpla mi promesa. Se lo prometí a su hija.
Naruto la abrazó, contento de ver la determinación de su amiga.
―Entonces apresurémonos. Vamos, Sakura-chan―animó Naruto cargando en su espalda el cuerpo de Goi.
Se detuvieron en seco al escuchar la voz de Goi.
―¿Por qué no me has matado después de lo que he hecho?
Sakura sonrió, sabía que esa pregunta siempre se la hacían a su amigo. No le extrañaba, cualquier otro lo hubiese matado tras lo que había hecho. Pero Naruto confiaba en el poder de cambiar a las personas y siempre lo conseguía. Quizá, esa era el arma más poderosa de su amigo.
―Tu muerte no reconstruirá Rammen y nadie ha muerto por tu causa. Es mejor que vivas y aprendas de tus errores, Goi. Confío en que podrás hacerlo―su voz era seria, hablaba alto y con propiedad.
Sakura cerró los ojos, satisfecha de la evolución que había hecho Naruto. Antes, hubiera hablado sin parar, intentado repacitar a su adversario; en cambio, ahora elegía las palabras de forma sabia. Su andadura como Hokage había logrado hacerle madurar.
―Aunque no sé si perdonarte que hayas destruido los puestos de Ramen, ¿dónde voy a comer hoy?―preguntó pensativo.
Sakura no pudo evitar golpear la cabeza de Naruto mientras reía.
Goi se quedó perplejo por la pregunta que le había hecho Naruto y se dio cuenta que era cierto lo que decían acerca del Hokage: no podía pensar en otra cosa que no fuese ramen. Sin darse cuenta, se unió a la risa de ambos y, los tres rieron a pesar de las protestas de Naruto por el golpe que había recibido. Empatizó con Naruto y se sintió agradecido de que le hubiesen dado una segunda oportunidad; en su clan no existían segundas oportunidades.
―Deberías aligerar el camino. Zima, el líder de mi clan, se dirigen a Konoha y piensa arrasar con toda la aldea―confesó Goi.
Naruto casi lo deja caer cuando escuchó las palabras de Goi. Sakura se sintió horrorizada de pensar que la aldea sería arrasada otra vez y que esta vez las vidas de los ciudadanos acabarían reducidas a cenizas si no se daban prisa. ¿Debía ir a Konoha a auxiliar lo que fuera capaz o ir a asegurarse de que Neji estaba bien?
―Sakura-chan, te encargo a Goi. Debo ir a detener ese ataque―dijo Naruto.
―Adelántate tú, Naruto. Yo lo dejaré bajo custodia. No te preocupes. Nada más dejarlo, iré tras de ti. Te ayudaré.
Naruto negó con la cabeza.
―Hiciste una promesa. ¿Lo recuerdas? Ve a buscar a Neji y, cuando lo encuentres, venid a Konoha los dos. Sé que no quieres que te prometa nada, pero juro que defenderé Konoha y no dejaré que nada le ocurra. Allí está mi familia, Sakura-chan.
Sakura asintió, convenciéndose de que debía buscar a Neji y regresar a la aldea.
―Suerte, Naruto―susurró cuando él había desaparecido entre una inmensa nube de humo.
―Goi, lo siento mucho por ti, pero esto te dolerá un poco―. Le golpeó en la sien y corrió lo más deprisa que pudo en dirección al refugio donde Gaara debía de estar con todos los aldeanos.
.
.
.
Caminaba cabizbajo, apoyándose en las paredes. No sabía cómo podía mantenerse en pie, las piernas le temblaban tanto que difícilmente podía dar más de dos pasos sin detenerse.
Varias horas antes, Ume había regresado a la celda para darle las instrucciones, asegurándole una vía de escape. Recordó las palabras de la chica mientras observaba detenidamente un trozo de papel.
―Muy pronto escucharás una explosión, aprovecha el desconcierto y escapa por estos pasadizos ―le dijo Ume, dándole un pequeño pergamino.
Y así había sido. Habían transcurrido cinco minutos desde que se originó la explosión y desde que él se adentró en los angostos e intrínsecos pasillos. Recostaba su cuerpo contra la fría pared de piedra, descansaba unos segundos y comprobaba ―a través del Byakugan―que no hubiese nadie. Había girado tantas veces a la derecha que casi pasa por alto la imperceptible bifurcación al lado izquierdo.
Vio una puerta diminuta, sabía que tras esa puerta saldría al bosque. Pero sus pies se detuvieron, no era capaz de avanzar. Un terrible dolor le recorrió la sien. Se echó al suelo, encogiéndose, y empezó a convulsionarse. Aquello era obra de Yui, habrían descubierto que se había escapado.
Neji sabía que muy pronto llegarían hasta él. No podía esconderse en ningún lugar. Cerró los ojos, esperando.
.
.
.
Hanabi revisó con suavidad el vendaje de Kankuro. No tenía grandes conocimientos de medicina, sólo lo indispensable que había aprendido en la academia.
―Estoy bien―. Sus palabras fueron acompañadas de su peculiar risa sardónica. Kankuro miró primero a su sobrino, quien se hallaba durmiendo tranquilamente, y luego a Hanabi. ―Quería agradecerte por haberle salvado la vida―. Sus ojos se desviaron hacia Kuro.
―Gracias a ti también, por salvarme de Teio―hizo una pausa, meditando bien lo que iba a decir:―Sé que quería secuestrarme, pero estoy segura que no sabía que soy hija de Hiashi.
Kankuro se incorporó y asintió, afirmando la frase de Hanabi.
―El que está detrás de todo esto debe de ser alguien interesado en el Byakugan―aseguró Kankuro.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Hannabi. Ya había vivido el secuestro de su hermana cuando un miembro de la aldea de la niebla quiso apropiarse de sus ojos. No quería pensar en que algo así le podría ocurrir a ella. El solo imaginarse maniatada y a merced de unos locos, le atemorizaba.
De repente, le vino a la mente las imágenes de los cuerpos mutilados que habían encontrado cuando llegaron a la cabaña. Aún no daba crédito a lo que había visto. ¿Qué clases de torturas habían practicado? ¿Los habrían desmembrados vivos o muertos?
―¿Qué crees que les ocurrió?
La pregunta de Kankuro le cogió por sorpresa. Parecía que le había leído el pensamiento.
―No lo sé. El único que podrá respondernos esas preguntas será él―señaló a Kuro y Kankuro lo afirmó moviendo la cabeza―. Puede que era el método que empleaban para sonsacar la información o que se tratara de una persona sádica que disfrutaba dañando a los demás. Hay tantas posibilidades que no sabría dilucidar cuál era la respuesta correcta.
―En todos estos años, jamás vi algo parecido. Si hubiésemos tardado más, Kuro habría ardido vivo. ¿Por qué lo dejaron con vida y quisieron matar de ese modo posteriormente? ¿Quién capturó al hijo del Kazekage y cuál fue su propósito?
―Tío, aún no estamos a salvo―susurró Kuro débilmente, cerrando los ojos.
Hanabi se puso en alerta. Activó su byakugan y comprobó el terreno, efectivamente, a un kilómetro, había varios ninjas que se dirigían hacia donde estaban ellos. Se llevó el dedo índice a los labios, indicándole a Kankuro que guardara silencio.
Alzó la mano con cuatro dedos y señaló al sureste. Kankuro lo entendió enseguida, agarró a su sobrino y lo puso a cubierto. Él se escondió en lo alto de un árbol al igual que Hannabi.
En treinta segundos aparecieron cuatro personas con las bandanas de la Aldea de los Artesanos. Se detuvieron justo debajo de Kuro, quien se hallaba camuflado en las ramas de un árbol.
―Sé que el niño no ha muerto. Debemos encontrarle rápido. Debe de estar por algún lado, cerca. Lo presiento.
―Informaremos cuando acabemos con el trabajo―dijo un hombre de mediana edad.
―No debimos confiar en Teio―bufó otro que llevaba una venda en la cabeza.
Kankuro no pudo contenerse, ellos estaban detrás de todo lo que le había ocurrido a Kuro. Sin pensarlo, atacó con sus marionetas al grupo.
―No están tendiendo una emboscada, Jin―gritó Daisuke, el hombre de mediana edad.
Jin intentaba repeler los ataques, pero era en vano. No era capaz de contraatacar ni de esquivar los golpes. Sus ropas se convirtieron en jirones.
―¿Quién eres? ―preguntó Jin, intentando mantenerse en pie.
Kankuro apareció delante de él.
―Es el hermano del Kazekage―susurró Daisuke que se encontraba rodeado de marionetas. Los dos miembros restantes también estaban rodeados.
Kankuro esbozó su característica risa. Le gustaba manejar la situación, sobre todo que le tuvieran respeto.
Hanabi se mantuvo escondida, quería asegurarse de que la situación estaba controlada. No debía arriesgarse a que todo fuese una trampa. Le extrañó que ninguno de ellos fuese capaz de esquivar ningún golpe. No tenían habilidades ninjas, se trataban de simples civiles.
―¿Por qué andáis buscando a Kuro?
Jin, Teichi y Dei miraron a Daisuke, esperando que él contestara la pregunta. Daisuke tras meditar unos segundos la pregunta que le había hecho Kankuro, optó que lo mejor era ser sinceros desde el principio e intentar arreglar las cosas.
―Todo empezó por culpa de mi hijo, Chou. Él fue el que lo secuestró y lo retuvo. Yo desconocía en qué andaba metido Chou. Mis preocupaciones radicaban en el hecho de que nuestra aldea cada vez se empobrecía más y más, debido a la paz.―Notó la severa mirada de Kankuro y aclaró:―No me malinterpretes, prefiero la paz antes que la guerra. Intentaba buscar alternativas para que la fabricación de armas no decayera como lo estaba haciendo e incluso elaboré una propuesta para cada aldea; tu hermano podrá corroborar esto que te estoy contando.
Kankuro esperaba impaciente, quería que llegara al asunto principal de todo.
―Mi propuesta era sencilla y es un coste barato que todas las aldeas pueden asumir y nos ayudaría a salir de esta pobreza. Exclusividad―al ver que Kankuro no reaccionaba, decidió explicarle en qué consistía la exclusividad―. Sólo el País de los Artesanos será el único fabricante de armas, inclusive las de juguete, y será la única aldea que exportará armas al resto. Con eso nos aseguramos de que nuestra aldea recauda los fondos necesarios. Ninguna otra aldea podrá fabricar un arma, sino sería penado con una sustanciosa suma que iría a parar a nosotros. Así evitaríamos el problema que nos llevaba a esa situación. Si esta propuesta es aprobada, conseguimos contentar a toda nuestra aldea y las rencillas contra el resto de aldeas sería olvidado.
Hanabi había estado en el País de los Artesanos y se había dado cuenta de la pobreza que asolaba aquel lugar. Jamás pensó que habría tantas diferencias, en cuanto a riquezas se refiere, de un sitio a otro. Era una buena propuesta que se podía llevar a cabo, si eso ayudaba a una aldea.
Hanabi meditó en que el malestar de algunas aldeas era debido a la actividad intensiva de Rammen. Rammen se había construido para homenajear a los caídos, pero lo que se había conseguido era despertar envidias y pobrezas en algunas aldeas. Quizá debían analizar cuáles eran los desencadenantes de cada aldea y ver de qué modo podían solventarlos. Nada más llegase a Konoha le plantearía estas cuestiones a Naruto.
La conversación había avanzado tanto que le costó entender lo que estaba diciendo.
―(...)Teio fue el que prendió fuego a aquella cabaña. Él no quería a Kuro con vida, sólo quería matarlo para desencadenar la furia del Kazegake. Mi hijo intentó impedirlo, pero fracasó y pagó un alto precio: sus brazos. Cuando lo encontré en el cobertizo la armería, creí que estaba muerto. Antes de que volviera a perder la conciencia, me explicó toda la situación. Enseguida reuní una asamblea y sólo ellos tres―señaló a sus compañeros―decidieron acompañarme. Sabemos que Teio es un hombre sádico, que le gusta desmebrar los miembros de su víctimas con los cuchillos que él mismo fabrica. Él es capaz de crear el arma perfecta. Cada forjadura que él hace es única. ¿Sabes cuál es su secreto? Utiliza los miembros de sus víctimas para avivar el "Gran Fuego". El "Gran Fuego" se alimenta de la sangre y de la carne, así llega a alcanzar la temperatura óptima para forjar el acero. Sólo unos pocos somos conocedores del ritual para invocar al "Gran Fuego", pero jamás hemos cometido ningún crimen.
Hanabi visualizó el "Gran Fuego", similar al Amaterasu. Le había costado bastante trabajo apagarlo, no dudaba de que tenía vida propia ese fuego.
―¿Y por qué seguís buscando a Kuro?
Daisuke carraspeó.
―Lo queremos entregar sano y salvo al Kazekage. Queremos darle muestras de nuestra lealtad. Nos horroriza que Teio y mi hijo hayan sido capaces de secuestrarlo.
Kankuro meditó las palabras de Daisuke y se dio cuenta que el hombre no mentía.
―¿Y a quién queríais informar?―preguntó Hanabi, saliendo de su escondite.
―Toda la aldea espera nuestras noticias―contestó sorprendiéndose de descubrir a una Hyūga. La sorpresa del hombre no fue desapercibida para Kankuro.
―La has mirado igual que Teio. ¿Qué ocurre con ella?―La voz de Kankuro sonó desafiante.
Daisuke permaneció en silencio. ¿Debería contarle lo que ocurrió cuando recibió la visita de otro Hyūga? Caviló unos segundos y decidió que sería mejor revelar toda la verdad, a riesgo de la vida todos los aldeanos.
―Veréis, hace un tiempo que vino un hombre de tu clan a visitarnos. Compró un arma muy peculiar, utilizada principalmente por asesinos. Es un anillo en el que pulsando un botón sale una daga diminuta capaz de penetrar el tejido de la piel, los músculos y cualquier órganos; sin ir más lejos, puede atravesar las piedras. Fue él el que empezó a sembrar el caos y el malestar en nuestra aldea. Se hospedó tres días y fue lo suficiente para poner a todos en contra de Rammen. No me extrañaría saber que fue él el que motivó a Teio y le implantó extrañas ideas.
―Entiendo. ¿Podrías describir a esa persona?―preguntó Hanabi.
La descripción que facilitó Daisuke coincidía con la imagen que ella tenía de Hume. Ese hombre era despiadado y era conocido, dentro del clan, que su afán era el liderazgo. No obstante, ¿qué sacaría de provecho en esta situación? se preguntaba Hanabi.
.
.
.
.
NOTAS DE LA AUTORA: Bien, ya sólo decir que queda un capítulo más.
Quiero agradecer a Just, por ser mi beta.
