DISCLAIMER: Los personajes son de Kishi.

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"Quisiera que mis palabras volviesen a ti cuando yo me haya ido, como ese refulgir del son naciente en las orillas del estrellado silencio"

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RAMMEN

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"Un nuevo comienzo"

Sakura se detuvo cuando vio a dos ANBUS, cada uno apostado en un árbol. Ambos se pusieron en posición defensiva, desconfiando de ella.

―Traigo un mensaje para el Kazekage. Mi nombre es Sakura Haruno de Konoha.

El ANBU de la derecha hizo una señal a su compañero y éste desapareció de allí. Al cabo de unos segundos, regresó a su puesto.

―El Kazekage la espera, acompáñame.

Sakura se fijó que los aldeanos de Rammen —agitados y preocupados— no estaban heridos. El refugio improvisado no daba señales de que alguien hubiese atacado, más bien parecían estar de acampada. No se observaban signos de batalla.

No pudo evitar sonreír cuando vio a Gaara. Sus rasgos seguían siendo los mismos aun habiendo pasado bastante tiempo desde la última vez que coincidieron. Sus ojeras seguían tan acentuadas como en su niñez, su cabello rojizo conservaba la misma tonalidad y la única evidencia del paso de los años era su altura.

Gaara miro al ANBU que guiaba a Sakura, deteniéndose en el bulto que llevaba en la espalda. Se había sorprendido cuando el ANBU le informó de la visita de Sakura, sin saber qué asuntos podían traerla desde Konoha. El hecho de que ella conociera la ubicación del campamento significaba que Naruto seguía vivo tras la devastadora explosión.

Si el refugio no había sido alcanzado por la explosión era debido al trabajo en equipo que habían realizado Kurotsuchi y él. La gran cúpula de tierra que ella había formado y la barrera de arena de él, habían sido suficiente para repeler la onda expansiva.

―Gaara-sama, aquí le traigo a Goi del clan Tshuchiyumo―dijo dejando en el suelo al hombre.

Gaara permaneció callado, esperando que Sakura siguiera hablando.

―Naruto me pidió que lo trajera hasta aquí. Algunos miembros del clan Tchuchiyumo se dirigen a Konoha con el objetivo de destruirla. Naruto ya debe de estar llegando a Konoha.

―¿Vas a Konoha?―preguntó Gaara.

―Primero debo buscar a Neji, su vida está en peligro. Luego nos dirigiremos a Konoha. Debo irme.

―De acuerdo. Nos encargaremos de él―dijo señalando a Goi.

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Ume esperaba en el jardín trasero donde había quedado con Neji. La voz de Hume le hizo ponerse en guardia.

―¿Qué haces tú aquí?

Hume sabía exactamente qué hacía ella ahí y quería oírlo de sus labios. Al fin y al cabo, la lealtad de la joven era para Neji y tenía la certeza de que ella había sido la causante de la explosión y, por ende, de la fuga de Neji. Le extrañaba que áun no lo hubieran localizado. No podía haber desaparecido así sin más. Ni siquiera con el Byakugan habían podido encontrarle.

Ume controló el impulso de echar a correr. No llegaría muy lejos si lo hiciera, él la alcanzaría o simplemente la atacaría. Tendría que ingeniárselas e intentar escapar de él.

―Vine a investigar la causa de la explosión. No he encontrado nada―e hizo un aspamiento con los hombros.―Será mejor que vuelva al interior.

Hume la miró fijamente.

―¿No sabes quién ha provocado la explosión? ―su sonrisa espeluznante le puso la piel de gallina a Ume.

Ume retrocedió, atemorizada. Hume no la dejaría marchar tan fácilmente.

―¿Intentas ocultarme algo, Ume?

Ume negó con la cabeza, incapaz de hablar.

Hume ya se había cansado de la actitud de la chica. No iba a perder el tiempo con ella, debía ir a Konoha cuanto antes y detener a Zen antes de que ejecutara el jutsu que destruiría la aldea. Él había hecho un pacto con el clan Tchuchiyumo. Ellos deberían de cumplirlo, así como él cumpliría con su parte al entregarles el Byakugan.

Ume se puso en posición defensiva cuando vio que Hume se disponía a atacarle. Tenía que ser precavida, sus habilidades eran inferiores comparadas a la de él. Si él le cerraba el sistema de chakra, no tendría nada que hacer.

Hume comenzó a reír cuando vio el temor reflejado en el rostro de Ume. Alzó su palma al frente, adoptando la misma postura que ella y espero paciente a que ella tomara la iniciativa de atacarle. Ume se acercó lo máximo que pudo a su contrincante y le asestó un golpe en el costado derecho, ocasionando que Hume riera más fuerte aún.

—¿Esto es lo que eres capaz de hacer?—preguntó mientras se preparaba para contraatacar—. Palma de la Pared del Vacío de los Ocho Trigramas—gritó y de sus manos emanaron una gran ola de chakra que golpeó a Ume.

Se acercó a ella, que estaba debilitada, y comenzó a cerrarle el sistema circulatorio de chakra con el jutsu de los Ocho Trigramas: Setenta y Cuatro Palmas. Ume estaba malherida; no era capaz de mantenerse en pie y veía con horror que él no pensaba detenerse, sino que quería matarla. Al terminar de ejecutar el jutsu, Hume se concentró en el corazón que latía débilmente.

―Es una lástima que tengas que morir como tu padre—pronunció antes de paralizarle las pulsaciones del corazón.

Ume abrió los ojos de par en par al escuchar las últimas palabras que Hume le había dicho. Y ya no pudo oír nada más: acababa de morir.

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Neji sintió como alguien le zarandeaba.

―Neji-sama, despierte―dijo un anciano.

Neji enfocó su vista hacia el hombre. Estaba desconcertado, pues creía que a estas alturas lo habrían vuelto a encerrar en la celda. Enseguida se percató que seguía en el mismo lugar donde perdió la consciencia.

―¿Quién eres?—preguntó receloso.

―Mi nombre es Toyo Kashimira de Rammen. Llevo secuestrado bastante tiempo, ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado.―Se tocó la frente con la mano. ―Ume me ha ayudado a salir, me explicó lo que planeaba hacer y que necesitaría de mis habilidades para conseguir salir de este sitio.

Neji asintió. Se incorporó tan rápido como pudo.

―Debemos marcharnos, estamos en peligro. Ya deberían de saber- ―Neji se vio interrumpido por Toyo.

―No te preocupes. Mis barreras son efectivas antes cualquier miembro del clan Hyūga, no podrán vernos.

Neji tardo unos segundos en asimilar lo que Kao le acababa de decir.

—Entiendo. Puede que no nos puedan detectar gracias a la barrera que has creado, pero pueden encontrarnos en cualquier momento. La barrera no nos hace invisibles—dijo Neji.

Kao confirmó con un ligero movimiento de cabeza.

—Sí, tenemos que reunirnos con Ume. ¿Puedes avanzar?—preguntó Kao.

—Sólo necesitaba descansar un poco, pero ya me encuentro mejor. Continuemos, nos debe de estar esperando tras esa puerta.—El dedo de Neji señaló la diminuta puerta.

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Orochimaru estaba a punto de intervenir en la ejecución del jutsu de Zima Tshuchiyumo cuando vio llegar a Naruto. Sonrió satisfecho. Todo el plan que había puesto en marcha para detener a los Tchuchiyumo estaba dando resultado. Estaba tan seguro de que Rammen había quedado reducida a escombros como que sus habitantes no habían fallecido debido a la explosión.

Sus planes se vieron contrariados por culpa de Hume Hyūga. Si ese hombre no hubiese aparecido aquel día en la reunión, podría haber controlado mejor a los demás. En cambio, tuvo que ser más precavido para que nadie descubriera que él había sido el causante de que Sakura Haruno supiera acerca de la Alianza de las Aldeas Secundarias.

Como también había sido el responsable de que su clon hubiese ido a avisar a los Kages del ataque inminente que planeaban las Aldeas Secundarias. Él había facilitado toda la información que tenía disponible sobre donde podrían encontrar a cada miembro e incluso donde se hallaba el hijo del Kazekage.

Orochimaru conocía las intenciones de venganza de Homura contra Konoha: reuniría aliados y golpearía con odio a la aldea. El resentimiento que guardaba ese viejo era debido a la humillación pública del destierro cuando Tsunade lo ordenó. No soportaba la idea que él fuese condenado por la matanza de los Uchiha. Si bien es cierto que intervino, no fue él el único implicado. Los Haruno estuvieron implicados al igual que el Tercer Hokage o incluso algunos ANBU de Raíz.

Orochimaru se ocultó en lo alto de la cima para poder contemplar el poder de persuasión de Naruto. Se sorprendió ver como el joven rubio dialogaba con Zima mientras repelía los ataques que éste le lanzaba. Orochimaru sabía que Zima no podría ejecutar su técnica si Naruto estaba ahí, necesitaba tiempo para poder concentrar toda el chakra y liberarlo.

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Homura se arrastraba lentamente. La calma se reflejaba en su rostro envejecido, deseoso de acabar con su vida y descansar en paz de una vez por todas. Ansiaba ese momento desde hacía tantos años que estaba impaciente por que Kabuto le atravesara con el chokuto. Sus remordimientos sobre sus acciones del pasado no le dejaban dormir en paz e incluso había visto en más de una ocasión los ojos rojos de los Uchiha, que le perseguían en sueños.

Él se había aliado con Orochimaru porque sabía que la lealtad de esa serpiente estaba con Konoha. Si él había forjado la alianza de las Aldeas Secundarias era debido al descontento de esas aldeas, descontento creado por Hume Hyūga —como había podido averiguar recientemente—.

Confiaba en que Naruto hiciera bien su trabajo como Hokage y que la paz que se había gozado durante quince años no decayera por culpa de ellos. Se arrepentía, porque podía haber hecho mejor las cosas. Su único consuelo era soñar con que el mundo que idearon cuando él era joven no desapareciera debido a su mala cabeza.

Nunca quiso arremeter contra su aldea, a pesar de lo que podía parecer. Estaba orgulloso por la sabia decisión que tomó Tsunade en su momento, era el mejor de los castigos.

Kabuto estaba detrás de él dispuesto a matarle por orden de Orochimaru. Sus últimos pensamientos antes de encontrarse con la muerte fueron dirigidos a su hijo, esperando que se hubiera convertido en un buen hombre.

—Gracias por acabar con mi agonía—exhaló por última vez.

Kabuto contempló el cuerpo sin vida del anciano, extrañado por las últimas palabras que había pronunciado. Quizá no se había equivocado al interpretar la calma que había mostrado cuando le atravesó el corazón y quiso morir para hallar la paz.

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Darui acababa de arrestar al último de los miembros de las Aldeas Secundarias. El líder de la Aldea de la Hierba mascullaba improperios mientras unos ANBU le ataban. Estaba satisfecho con los resultados. No sufrieron ninguna baja ni tenían heridos, aunque ni siquiera el enemigo había puesto resistencia. Se extrañó de que ninguno de los tres miembros que había arrestado hubiese forcejado. Concluyó que no sabían luchar y que eran simples civiles dispuestos a asesinar a otros civiles por el bienestar propio.

Debía regresar al refugio de Rammen para reunirse con los demás Kage. Hizo un gesto al escuadrón de ANBU para que cogieran a los presos y le siguieran.

—Volvamos—dijo autoritario Darui.

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Mei estaba cansada de la batalla que había tenido con el anciano de la Aldea de la Cascada. Fue un digno rival y se había sorprendido cuando descubrió que él podía combinar más de dos chakras. Ni siquiera ella era capaz.

Ao le rozó la mano cuando se dirigió a apresar al anciano que se encontraba moribundo. Mei miraba embobada a Ao mientras él hablaba con un ANBU y le entregaba al preso.

—Es hora de regresar a Rammen—dijo Mei, hablando en voz alta.

Todos asintieron y desaparecieron del lugar.

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Los temores de Sakura se confirmaron cuando divisó varios cuerpos de ANBU. Estaban muertos y muy cerca del lugar donde se suponía que debía de estar Neji. Se dispuso a avanzar cuando una mujer salió de entre los arbustos. Tenía los ojos perlas y Sakura confirmó que se trataba de una Hyūga.

—¡No puedes pasar!—advirtió Kiara preparándose para atacar al reconocer a Sakura.

—¿Dónde está Neji?—preguntó Sakura ignorando la advertencia y observando a Kiara inconscientemente al desviar la mirada.

Kiara se negó a contestar y alzó su palma lanzando una gran cantidad de chakra que impactó contra el clon de Sakura, haciendo que desapareciera. Kiara había confiado en sus habilidades como miembro del clan Hyūga y la había subestimado. Cuando se dio cuenta que la verdadera Sakura se encontraba bajo tierra, ya era demasiado tarde.

El puño de Sakura impactó sobre el rostro de Kiara, desplazándola varios metros y dejándola inconsciente.

Debí haber controlado mi fuerza y haberla interrogado—pensó Sakura desapareciendo de ahí y dirigiéndose al sureste donde Kiara le había revelado sin darse cuenta.

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Hino había observado como su hermano mataba a Ume. No podía perdonarle por haber acabado con la vida de la joven. Se dirigió hacia Hume.

―Tú la has matado―. Su rostro se desencajó y su dedo lo señaló violentamente.

Las venas de su sien se hincharon y su expresión se tornó triste y llena de ira. Hino sólo veía la escena en que su hermano se reía y afirmaba que él había matado al padre de ambas jóvenes antes de asestarle el último golpe. Jamás pensó que Hume llegaría a asesinar a sus propios miembros para conseguir el poder.

—Ella nos traicionó—alegó en su defensa. Hume intentaba calmar a su hermano, engañarle una vez más hasta obtener la aprobación del clan.

—Te oí, hermano. Tú mataste a su padre y la has matado a ella—acusó Hino poniendo un pie hacia delante y alzando la mano, dispuesto a enfrentarse a él. —Te llevaré ante el Consejo del Clan y te denunciaré—declaró.

Hume contempló a Hino a sabiendas de que tendría que matarlo. Esta vez estaba cegado y no le escucharía. No podía permitirse que su hermano echara a perder todos los planes que él había ido elaborando a lo largo de todos estos años. Su trabajo de toda la vida se hundiría sino acababa con la vida de Hino. Si quería liderar, debía asesinar a su hermano.

Ambos hermanos habían compartido en su momento los mismos ideales de grandeza, los cuales se fueron diferenciando y acrecentándose con el tiempo. Hino quería regirse al antiguo protocolo donde hubiese dos ramas: principal y secundaria; sin necesidad de implantar el sello del pájaro enjaulado porque no quería doblegar la voluntad de su clan, sino que tuviesen la libertad de elegir si protegerles o no. En cambio, Hume, deseaba—un clan renovado y más poderoso—que todos estuviesen a su disposición y sellarles para que obedecieran sin dudar; e inclusive deseaba la pureza de su sangre y no iba a permitir que los Hyūga se reprodujeran con otras personas de otros clanes.

Hume había conseguido engañar a su hermano con vanas promesas y mentiras para que le fuera leal a él y no a Neji. Le había interesado tener a Hino de su lado para que más miembros del clan se unieran en su lucha, al verlos juntos conseguiría más apoyo. No obstante, se equivocó al ejecutar sus movimientos en contra de Neji y lo único que había logrado era que Neji contara con mayor aprobación.

—¿Por qué?¿Por qué tuviste que matarla?—preguntó Hino enfadado.

—Era una traidora y debía morir al igual que tú—dijo Hume colocándose en posición defensiva.

Hino arremetió contra él utilizando los Ocho Trigramas: Setenta y Cuatro Palmas que Hume esquivó con facilidad a través del jutsu de la Rotación Celestial. Hume giraba y emanaba chakra, repeliendo cualquier ataque que su hermano le lanzaba.

Hino cegado de ira quería golpearle y que sufriera tanto como Ume. La lucha sería larga y tediosa, probablemente no saldría vivo.

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Orochimaru contemplaba la batalla que estaba teniendo lugar. Naruto empleaba a sus clones para ejecutar el Rasengan y Zima los repelía a duras penas. Vio a Zima pararse y acumular una gran cantidad de chakra en su manos. Observó a Naruto caer en una trampa, apresado en una barrera de tierra.

Desde donde estaba percibía una gran energía fluir del cuerpo de Zima, preparándose para ejecutar el jutsu prohibido que arrasaría toda la aldea de Konoha. Debía darse prisa e interrumpirle, sino todo sería demasiado tarde. Se aproximó ocultándose, estaba al lado de Zima y se disponía a matarle cuando escuchó una explosión.

Desapareció segundos antes de que Naruto apareciera y golpeara a Zima. El golpe impactó en su rostro, haciendo que Zima ladeara la cabeza y su nariz emanara sangre. Orochimaru supo que Naruto le estaba hablando enfadado a Zima y él no era capaz de escuchar la conversación.

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—Detente ahora mismo, Hume—ordenó Neji antes de que Hume matara a su hermano.

Hino tenía todo sus sistema de chakra cerrado, no era capaz de mantenerse en pie y cada vez que tosía, esputaba sangre. Hino no había sido capaz de pararle los pies a su hermano, no era lo suficientemente fuerte para detenerle. Él no pensó que Hume llegaría tan lejos al asesinar a Ume, su hermano estaba realmente enfermo. Se arrepentía de haberle seguido el juego durante tanto tiempo e incluso le había ayudado y sacrificado tantas cosas por él.

Hino rememoró la conversación que había tenido con Yui para convencerle de que se uniera a la causa de Hume. Conseguir la cooperación de Yui no fue fácil y tuvo que ingeniárselas para demostrarle que todo lo que le decía era verdad en cuanto a Neji e incluso falsificó documentación. Su error había sido confiar en la única familia que le quedaba, él jamás había ansiado ser líder ni estaba descontento con Neji. Sólo se posicionó en función a su hermano sin preocuparse si actuaba bien o mal.

Se dejó caer al suelo inconsciente cuando la lucha acababa de empezar. Neji repelía los ataques con bastante soltura con un excelente dominio de taijutsu. Hume se impacientaba al no darle, siempre había soñado con derrotar a Neji. La lucha estaba muy igualada por ambas partes.

—Ahora Yui—ordenó Hume, deseoso de acabar con el combate.

Neji desvió su mirada y pudo observar como Yui ejecutaba el sello del pájaro enjaulado. Neji no pudo evitar estremecerse al sentir el dolor que el sello le provocaba en su cuerpo. Los espasmos eran violentos y no podía controlarse, si seguía así, perdería la consciencia de un momento a otro.

—Quiero dejarte moribundo, al borde de la muerte. Te llevaré conmigo para que observes atentamente como mato a tu hija. Sufrirás—anunció—. Maté a tu mujer y nadie se dio cuenta que fue asesinada. Todo salió como esperaba y ahora haré lo mismo con tu hija.

Neji no daba crédito a lo que oía. Se desconcertó por lo que acababa de decir Hume. Su mujer había muerto de causas naturales, eso le había dicho la matrona. No podía ser que él la hubiese matado. Y si así había sido, ¿cómo es que nadie se había dado cuenta?

—¿Por qué?—preguntó débilmente Neji, retorciéndose cada vez más debido al sello—.La matrona me confirmó que fue debido al parto. ¿Cómo pudiste acercarte a ella si yo estuve detrás de la puerta todo el tiempo y nadie entró ni salió de esa habitación?

Hume lo contempló unos minutos antes de responderle:

—Veneno. La matrona fue fácil de engañar y me ayudó gustosa. No debiste casarte con alguien ajeno al clan.

Neji intentó levantarse, estaba enfurecido con Hume. Él le había arrebatado a su mujer, dejando a su hija huérfana de madre. Había intentado matar a su hija en Rammen y su objetivo era asesinarla delante de él. No, no podía perdonar a Hume y no sería capaz de llevarlo al Consejo para someterlo a la ley. Lo mataré aquí mismo, decidió Neji.

—Te mataré—dijo poniéndose en pie, concentrando una gran cantidad de chakra en la frente, anulando el sello.

Hume lo miraba atónito, no creía que fuese capaz de repeler el poder del sello.

—Lo único que no entiendo es por qué has hecho todo esto. Tu padre…—Neji se vio interrumpido por Hume.

—Tú me lo quitaste todo. El líder debía ser yo, no tú. En cambio, fuiste elegido líder y comenzaste a transformar el clan a tu antojo. Eliminaste la distinción de ramas y aboliste el sello. Mi padre… Él también fue un traidor como tú. Nosotros somos descendiente de la Diosa, tenemos el poder y debemos ser el clan más respetado que existe.

—Tu padre fue una buena persona—susurró Neji, acordándose del hombre que siempre le había ayudado cada vez que lo había necesitado.

Neji vio como Hume iba a ejecutar los Ocho Trigramas: Setenta y Cuatro Palmas con la intención de cerrarle su sistema de chakra. Con gran destreza realizó el jutsu de la Gran Rotación Celestial, consiguiendo para el ataque de Hume.

Neji se dio cuenta que Sakura acababa de llegar y había dejado inconsciente a Yui, manteniéndose al margen al lado de Toyo y a la espera de intervenir si fuese necesario. No había sentido llegar a Sakura debido a que Toyo tenía activada una barrera alrededor de ellos.

Sakura se había encontrado con Toyo en el camino y él le había explicado la situación de Neji y que se había quedado luchando contra Hume. Le confirmó que el sello era efectivo y que Neji jugaba en desventaja en caso de que lo usaran en el combate, él estaría a su merced. Ella y Toyo se apresuraron a ir a buscar a Neji y lo encontraron justo cuando estaba ejecutando su defensa contra el ataque de Hume. Sakura vio que Yui iba a intervenir en la pelea y con un puñetazo le paró los pies.

Los golpes eran veloces que no se distinguía a simple vista. Los jutsus que realizaban no servían, todo estaba demasiado igualado en la lucha. Sólo podría ganar el que no cometiera ningún error.

Sakura observó como Neji cambiaba la forma del chakra que liberaba de ambas manos, convirtiéndose en una especie de leones azulados. Había visto a Hinata usar esa técnica en la cuarta guerra, desconocía el poder de ese jutsu.

Hume se echó atrás al ver que Neji dominaba el Jūho Sōshiken. Si le rozaba con ese chakra, estaría acabado en cuestión de segundos. Ese kinjutsu estaba prohibido porque al mínimo error en el control de chakra podría producir la muerte. Solo los más habilidosos aprendían ese jutsu.

—¡Mi padre te lo enseñó!—exclamó enfadado al saber que su padre había confiado esa técnica a Neji y no a él.

Neji asintió y le atacó sin darle tiempo a defenderse. Le golpeó repetidas veces, cerrándole el sistema de chakra e impidiéndole contraatacar. Neji paró al sentir los brazos de Sakura rodearle y susurrarle que se detuviera cuando iba a matar a Hume.

—Debo hacerlo, Sakura. Él mató a mi mujer y quiso matar a mi hija. Debo ponerle fin a su vida, sino jamás dejará de intentar matar a Tenten.

Sakura se paralizó al oír las palabras de Neji. Creía que la muerte de Tenten había sido causada por el parto.

—Aun así, no puedes mancharte las manos de sangre. Tú no eres como él, Neji. Debemos llevarlo a Konoha, allí se encargarán de él—dijo Sakura soltando a Neji al notar que relajaba los músculos de sus brazos.

Neji estuvo meditando y callado contemplando el cuerpo de Hume, que estaba inconsciente, decidiendo si acabar con su vida en ese instante o seguir el consejo de Sakura.

—Regresemos—dijo Neji, agachándose y atando a Hume con unas cuerdas que le acababa de dar Toyo.

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En Konoha, todo estaba volviendo a la normalidad tras los eventos que habían sucedido. Un mes antes, Naruto volvía a salvar la aldea de una destrucción y Neji regresaba con varios miembros de su clan detenidos, entre ellos Hume e Hino.

El Consejo Hyūga intentaba esclarecer públicamente todos los delitos de los que estaba acusado Hume, considerándolo culpable de cada uno de ellos y decidiendo encerrarle en las mazmorras de la aldea. Nadie en Konoha se opuso a la decisión y el Consejo de Konoha había decidido —tras varias reuniones y consultar con los Kage de las aldeas—no intervenir en el veredicto sobre los Hyūga, pues sabían que obrarían severos respecto al castigo por atentar contra la paz.

Rammen se reconstruía a un ritmo vertiginoso y las aldeas secundarias estaban ayudando desinteresadamente. Los Kage buscaban soluciones para mejorar economía de todas las aldeas, sobretodo de aquellas en las cuales los únicos medios de generar ingresos era a través del turismo, la fabricación de armas o el espionaje. Y cuando creían que no encontrarían nada para solventar esos problemas, había aparecido Hanabi con un plan tan elaborado que no dejaba dudas a la eficacia que tendría.

Los líderes que habían participado activamente para destruir Rammen fueron juzgados y condenados. Ninguno de ellos se arrepentía de los cargos que se les imputaba y tampoco alegaron en su defensa al igual que no se excusaron ni dieron vanas explicaciones. Simplemente admitieron cada una de las acciones que habían llevado a cabo, revelando que Homura Mitokado era un implicado más el cual sabían que había sido asesinado por Orochimaru.

Chou, el hombre que había secuestrado a Kuro, declaró que le ordenaron asesinarlo porque el Kazekage estaba cerca de averiguar sobre la alianza de las aldeas secundarias; pero que a pesar de las órdenes, no pudo hacerlo. Lo tuvo escondido durante mucho tiempo hasta que Teio se dio cuenta de que tenía a Kuro y quiso acabar con él. Todo lo que dijo Chou fue confirmado por Kuro, quien intentó rebajar la condena al acusado.

Tras escuchar que Homura y Orochimaru habían colaborado con la alianza de las aldea secundarias, varios ANBU partieron en su búsqueda. Llegaron a los lugares que les habían facilitado, encontrándose sólo el cadáver de Homura, confirmando así que la información que les dieron era correcta. En la cueva donde se suponía debía estar Orochimaru y Kabuto, la encontraron completamente deshabitada y sin rastro del paradero de ambos.

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Sakura terminó de examinar por última vez a los niños antes de asentir con la cabeza.

—¡Enhorabuena! Ya podéis salir de aquí, pero aún tengo que rellenar papeleo para daros el alta oficial—dijo Sakura mirando a los jóvenes.

Minato y Tenten sonrieron y abrazaron a sus respectivos padres. Estaban cansados de estar encerrados en el hospital y deseaban continuar con sus entrenamientos.

—¿Podrán entrenar?—preguntó Neji, deseoso de entrenar personalmente a su hija.

—Sí, pero no deben sobre esforzarse—advirtió Sakura.

Conocía a Neji lo suficiente para saber que exigiría a su hija mucho más de lo que él se había exigido en su juventud como medida de protección. Neji seguía intranquilo respecto a la seguridad de su hija y pretendía que Tenten alcanzara el nivel de jounin en dos años a lo sumo.

—No te preocupes, Sakura-chan. Me encargaré de que Neji no se pase en los entrenamientos. Le pediré a Hinata que esté presente—dijo Naruto.

Minato lo miró disgustado. Él quería que su padre estuviera con él y le enseñara el Rasengan. No deseaba practicar taijutsu, él prefería aprender jutsus.

—¿Vas a marcharte otra vez, papá?

—Debo ir a arreglar unos asuntos con el Damyō del País. Volveré pronto, lo prometo—dijo arrascando la cabeza a su hijo.

Una enfermera irrumpió en la habitación.

—Sakura-sama, ¿podría venir un momento por favor?—La voz de la enfermera era suave y le hablaba respetuosamente.

—Si. Me disculpáis—se despidió Sakura acompañando a la enfermera.

Neji no pudo apartar la mirada de Sakura hasta que abandonó la habitación. Cada vez estaba más convencido de que se sentía atraído hacia ella, pero no sabía cómo debía actuar. Era la primera vez que le ocurría algo parecido, ni siquiera con Tenten se había sentido así. Había querido a su mujer, ella siempre fue su compañera de equipo y formó una familia con ella porque le habían exigido casarse y tener descendencia. En ese momento, Tenten le pareció la persona indicada para desempeñar ese papel; y si aún viviese, seguiría con ella, queriéndola. Sin embargo, con Sakura, era un torbellino de emociones que no podía controlar y que le desquiciaban en la mayoría de las ocasiones.

Su hija, Tenten, se dio cuenta que su padre se había quedado embobado mirando a Sakura. Nunca le había visto observar a ninguna mujer, por muy guapa que pudiese resultar, y estaba gratamente sorprendida. Sakura le caía bien, además de encargarse de cumplir su promesa y traer a su padre con vida. A su parecer, Sakura era fuerte, guapa, lista y poseía las cualidades indicadas. No pondría objeciones, decidió.

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Shizune esperaba en su despacho a que llegase Sakura. Estaba un poco inquieta por la reacción que pudiera tener Sakura al enterarse de la noticia, pero no perdía nada intentándolo.

Llamaron a la puerta y entró Sakura, quien tomó asiento frente a ella.

—Quería disculparme por-

Sakura fue interrumpida por Shizune.

—No es necesario, entiendo por todo lo que has pasado. Nunca pude imaginar que tus padres estuviesen implicados con lo que ocurrió con los Uchiha—hizo una pausa y la miró fijamente a los ojos. Sakura mantuvo la mirada y le sonrió falsamente—. No tienes que engañarme, conozco esa sonrisa, Sakura.

—Todo está bien ahora, Shizune. No te preocupes, lo he superado—admitió Sakura.

Shizune cogió un pergamino y se lo entregó a Sakura.

—Tsunade quería que te diera esto cuando te volviera a ver. Ella se preocupó por ti hasta el final de sus días.

Sakura agarró fuertemente el pergamino, intentando controlar el temblor de su mano. Estaba nerviosa.

—Lo sé. ¿Puedo leerlo ahora?—preguntó Sakura.

Shizune asintió y la observó detenidamente mientras leía la carta que le había dejado Tsunade. El rostro de Sakura se contrajo en algunas ocasiones, releyendo una y otra vez las líneas, y sus ojos se llenaron de lágrimas furtivas. Shizune se acercó a ella y la abrazó fuertemente.

Estuvieron abrazadas un buen rato, perdiendo la noción del tiempo y no hablaron durante ese lapso.

—¿Aceptarás?—preguntó Shizune, separándose de Sakura.

—¿Crees que me merezco esa oportunidad después de todo? ¡Incluso me negué a atender pacientes!—exclamó Sakura.

—Tsunade también pasó por una etapa similar a la tuya. Ella fue hemofóbica y pudo retractarse—dijo Shizune.

—Tengo que pensarlo.

—¿Acaso piensas irte otra vez?—quiso saber Shizune—. Este hospital necesita de tus habilidades Sakura, serías una excelente directora. Yo nunca deseé este puesto, es a ti a quien le pertenece—intentó convencer desesperadamente.

—Dame tiempo, Shizune. No sé qué haré a partir de ahora.

—De acuerdo—aceptó Shizune.

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El puesto del Ichiruka estaba más concurrido que de costumbre. Los antiguos novatos estaban reunidos, bebiendo y brindando, festejando el embarazo de Ino y Sai. Sakura se sentía feliz por su amiga y por primera vez en mucho tiempo estaba disfrutando de verdad.

Neji hablaba entretenidamente con Lee, quien no paraba de hacer alusiones a la belleza de Sakura y de que iba a intentar conquistarla. Neji se puso celoso al escuchar hablar de ese modo a Lee sobre Sakura.

—¡Un brindis!—gritó Ino, atrayendo la atención de todos—. ¡Por Konoha! ¡Y por mi futuro hijo!

Todos bebieron un vaso de sake, excepto Ino que no tomó alcohol. Ese brindis fue el comienzo de muchos brindis más, consiguiendo que todos bebieran demasiado.

—Sakura-chan—habló Naruto con la voz gangosa—. Aún no te perdono que no confiaras en mí para decirme que planeaban un ataque contra Rammen… Por eso, te ordeno que te quedes y aceptes el puesto que la vieja te dio antes de morir.

—Yo…

—¡Tonterías!—exclamó exaltado Naruto, captando varias miradas. Una de ellas fue la de Hinata, quien se acercó hasta su marido.

Hinata agarró a su marido, que se tambaleaba de un lado a otro.

—Sakura, discúlpanos, pero creo que debería irme con Naruto. No está acostumbrado a beber tanto—se excusó Hinata, llevándose a rastras a Naruto.

Neji no le quitó la mirada a Sakura cuando vio que Lee se arrastraba hasta ella.

—¡Mi bella flor de cerezo!¡Salgamos juntos!—dijo lo más lúcido que pudo mientras se ponía en pie y le entregaba una flor a Sakura.

Sakura sonrió y le agradeció a Lee. Ambos se pusieron a hablar como si fuesen dos viejos amigos. Lee siempre amó a Sakura, poniendo su vida en peligro por salvarla, y Sakura siempre valoró los esfuerzos de Lee, pero no podía corresponder a sus sentimientos. Su corazón ya tenía un nombre. Sakura buscó a Neji a través de la multitud mientras conversaba con Lee y vio como una mujer que no conocía coqueteaba con Neji de forma descarada. Sakura apretó el puñó, enfurecida.

Neji se escapó de esa mujer cuando vio a Sakura marchar y sin pensarlo dos veces salió detrás de ella. Sabía que se dirigía a casa de Kakashi donde se había estado alojando tras abandonar la mansión Hyūga.

—Sakura, espera—dijo Neji.

Sakura se detuvo. No esperaba que Neji la llamara en ese momento y mucho menos que estuviese a escasos centímetros de ella.

—¿Sí? ¿Ocurre algo?—preguntó preocupada, apartando la imagen de la morena abrazando a Neji.

—Quería saber si vas a marcharte.

Sakura dudó sobre su respuesta. ¿Realmente deseaba irse de nuevo? Había visto que todos sus amigos habían formado familias y ella no sabía cómo volver a encajar en la aldea. Incluso se planteaba aceptar el cargo de organizar el hospital de Rammen una vez construido. Debía poner distancia con Neji, a pesar de admitir que lo amaba profundamente, pero él tenía unas obligaciones con el Clan y con su hija en las cuales ella no encajaba. Además, de desconocer los sentimientos de Neji.

—No lo he decidido aún. Quizá acepte la propuesta de dirigir el hospital de Rammen—confesó—. Sería una buena oportunidad de enseñar mis conocimientos a otros médicos.

—Entiendo—dijo alicaído.

—Además, pronto será el juicio de mis padres. No quiero presenciar de nuevo ese episodio en mi vida, les he perdonado y les he ido a ver—susurró Sakura—. No tengo nada que me retenga—admitió, esperanzada de que Neji le dijera que se quedara.

Neji la miró fijamente, debatiéndose entre confesarle sus sentimientos y arriesgarse o dejar las cosas tal y como estaban.

—Estoy cansada. Voy a irme a dormir—dijo Sakura, desapareciendo sin dejarle decir adiós.

Neji se quedó sólo con sus pensamientos. Analizando una y otra vez las sensaciones que Sakura despertaba en él. Con paso decidido se dirigió a la mansión Hyūga a hablar con su hija.

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Sakura estaba terminando de recoger sus últimas pertenencias. Había escrito una carta a Naruto, despidiéndose de él y prometiéndole que pronto volvería. Kakashi la contemplaba desde la puerta.

—¿Piensas irte sin despedirte de nadie? ¿De qué huyes esta vez?—preguntó.

Sakura se acercó a él y lo abrazó fuertemente.

—Del amor—confesó Sakura, dejando a Kakashi conmocionado. No se esperaba que Sakura se sincerase de ese modo. Sospechaba que Neji era el dueño del corazón de Sakura.

—¿De Neji? ¿Desde cuándo temes que te rechacen, Sakura?— Kakashi se separó de ella.

—No formo parte de nada, todos han formado una familia y son felices. Él tiene a su hija, no está interesado en nadie—su voz sonó más alto de lo que pretendía.

Kakashi negó con la cabeza. Sakura no llevaba razón y él lo sabía. Había visto como Neji se había revelado contra su clan por proteger a la joven y evitarle el juicio.

—Es viudo, Sakura. No pierdes nada confesándole tus sentimientos—dijo Kakashi, intentado que Sakura entrara en razón.

—¿Y tú cuando vas a seguir tu propio consejo? ¿Acaso crees que no sé lo de Kurenai?—preguntó Sakura para cambiar de tema. Kakashi sonrió.— Es tarde, debo irme. Me esperan en Rammen.

Kakashi la abrazó por última vez y pensó que ya era hora de hacer una visita y hablar claramente con Kurenai.

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Sakura se detuvo cuando vio a Neji en la puerta de Konoha, la estaba esperando.

—¿Qué haces aquí?—quiso saber Sakura.

—Detenerte—admitió Neji.

—¿Cómo dices?

—Dijiste que no tienes ninguna razón para quedarte aquí—dijo Neji recordando perfectamente las palabras de Sakura—. Si te doy una razón, ¿te quedarás?—al ver que Sakura asentía, continuó:— Te amo.

Sakura se quedó petrificada. No estaba segura de que sus oídos hubiese escuchado bien. ¿Acababa Neji de decirle que la amaba?

Neji estaba muy nervioso, a punto de perder la calma. Observaba a Sakura que lo miraba, pero no hablaba ante su confesión. Su hija le había dicho que debía de decirle que la amaba, que estaba segura que Sakura también correspondía sus sentimientos. Y él hacía caso a una niña sobre el amor, quizá se había precipitado.

—¿Puedes repetirlo?—preguntó Sakura, queriendo cerciorarse de que él realmente había dicho eso.

Neji estaba al límite y sin pensarlo dos veces la agarró fuertemente y la besó. El beso fue brusco y ardiente como un volcán en erupción. El calor se mezclaba con la pasión que acababan de encontrar por primera vez en sus vidas. Era un frenesí de ardor explorando la boca. Poco a poco se fue acrecentando el beso, volviéndose más tierno y las lenguas jugaban enredándose.

—¿Lo has entendido ahora, Sakura?—susurró Neji separando los labios un poco, al escuchar el gemido de Sakura volvió a introducir su lengua en la boca de ella.

Ese fue el primer beso de Sakura, quien nunca había besado a nadie, y no sería el último que tendría con Neji. La pasión de Neji era salvaje al igual que la de ella y ambos estaban llenos de deseo y lujuria. Ya nada podría detener el fuego de su interior.

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Fin