Espero les guste el nuevo capitulo, he leído un libro sobre asesinatos que me ayudo bastante a escribir este capitulo n.n el nombre es Penumbra de Ariel Corredera por si alguien justa leerlo (: gracias por sus reviews a mis tres lectores que siempre es un placer leerlos n.n saudos!
CAPITULO 5
EL CRIMEN DE MONICA HARUNA
Al sonar la campana de la escuela primaria número 5, los niños ingresaron de forma ordenada al edificio. Rini bajó del autobús escolar y corrió de inmediato hacia las escaleras del colegio en donde se encontraba su amiga esperándola para ingresar juntas al salón de clases.
- Buenas días, Momo –Saluda una sonriente Rini.
Su amiga responde al saludo con una sacudida de su mano derecha, y así ambas ingresan al edificio. Para su suerte, era una de las pocas niñas que vivían por la zona, por lo tanto no necesitaba viajar en autobús.
Rini y Momo eran compañeras y amigas desde el primer ciclo lectivo, cursando en la clase 3-E, cuya profesora titular hace su presencia en el mismo tan puntual como siempre a las 12 a.m.
- Buenos días chicos –Saluda cordialmente.
- Buenos días maestra –Responden en forma conjunta todos los alumnos, parados a un costado de su banca.
- Pueden tomar asiento –Dijo ordenando sus cosas sobre el escritorio –Bien, como les prometí, hoy tendremos clase de artes y manualidades, ¿trajeron sus materiales?
Mónica Haruna es una maestra de primaria desde hace ya cinco años, siempre vestía para enseñar a sus alumnos con un tapado y una falda hasta las rodillas rojiza. Pelirroja de cabello ondulado, largo hasta la cintura, respetada por los alumnos y por sus compañeros de trabajo. Su amabilidad le había permitido ganarse ese respeto, siempre fue una mujer atenta a su trabajo y a sus alumnos, no por dinero, sino por vocación, amaba a los chicos. Estudio en la Universidad de Kamii, recibida con honores. Admirada y amada por todos los alumnos que ha tenido en el transcurso de su profesión y con tan solo 29 años de edad, soltera sin hijos, pero en busca de una pareja estable.
Una vez comenzada la clase de artes y manualidades, la señorita Mónica les indico que crearan una escultura a gusto, ya sea de una persona, un objeto, o alguna que otra temática de su interés. El objetivo era crear algo con sus propias manos y regalárselo a la persona que más amaban, padres, hermanos, abuelos o incluso amigos.
Todos parecían no tener dificultades, si bien fueran figuras un tanto desfiguradas con respecto a lo que intentaban hacer, parecían no necesitar del apoyo de su maestra, a excepción de Rini, cuyo talento para las manualidades dejaba mucho que desear.
La señorita Mónica se acercó a la pequeña al notar que estaba luchando por mantener erguida la arcilla -¿Necesitas ayuda? –Pregunto con una sonrisa amable.
Rini, resignada, acepto la ayuda de su maestra, era un encanto para ella, su amabilidad la hacía sentir tranquila con tan solo estar a unos centímetros de distancia y contar con la ayuda de alguien con esas cualidades le quitaban esa vergüenza.
La clase termino a las 18 p.m. en punto, la maestra ordeno a sus preciados alumnos que guardaran sus útiles escolares y se prepararan para ser recogidos por sus padres o en la mayoría de los casos por el autobús, el cual ya estaba listo para partir en frente del colegio.
Rini fue la última en querer salir, se despidió de su amiga Momo la cual fue recogida por su madre, por lo que, al instante que el aula quedo vacía, se acercó hacia el escritorio de su maestra.
- Muchas gracias por ayudarme, maestra, no soy muy buena con eso de las manualidades –Dijo apenada llevando su mano por detrás de su cabeza.
- Eres una niña muy talentosa, solo necesitas practicar más tu pulso –Sonrió- ¿Puedo preguntar qué tipo de escultura intentabas hacer?
- A mi madre –Respondió con una sonrisa- Ella es la persona que más admiro aunque nunca se lo diga, así que quería demostrárselo haciéndole una escultura.
La señorita Mónica sonrió ante el gesto de la pequeña, a ella le hubiera encantado tener una hija como Rini, atenta y que ama tanto a su madre, aunque no se lo dijera.
- Es importante hacerle saber a los seres queridos cuánto los amas –Le explico complacida- No necesariamente con palabras, hay muchas formas de demostrarlo.
Rini entendió el mensaje que quiso transmitirle su maestra, decirle a los seres queridos cuan importantes son sin la necesidad de pronunciar una palabra. Ella era un ejemplo a seguir por la pequeña, le sentía un gran afecto desde la vez que la ayudo a curar su herida cuando se raspo la rodilla bajando por un tobogán. No importaba, la quería, como a una segunda madre, aunque es un sentimiento fuerte es el mejor ejemplo que se pueda dar.
Se despidió de su maestra con un beso agradable, las reiteradas bocinas del micro escolar hicieron que se apresurara para abordarlo, ya era tarde y los padres de los pequeños se preocuparían si demoraran en volver a sus casas.
Antes que pusiera un pie fuera del aula, Mónica la retiene por un momento.
- Intenta terminar esa escultura tu misma, si es que te resulta complicado, tráela el lunes y la terminamos juntas –Sonrió.
Era un hecho, una promesa que ilusiono a la pequeña, juntas terminarían un obsequio para Serena, aunque el destino pretendía que esa promesa nunca fuera cumplida.
Rini abordo el autobús y se marchó rápidamente, la señorita Mónica comenzó a ordenar sus cosas dentro de su maletín para retirarse hacia una confitería del barrio en donde vivía a comprar algunas facturas y dulces para la velada de un fin de semana largo, si, un viernes feriado el cual estaba esperando para tomarse un descanso aun si debiera pasarlo sola como de costumbre.
- Santo cielo, necesito un novio –Abatida, necesitaba un hombre a su lado, que la ayudara y fuera su compañero ¡Que difícil para una pobre maestra el encontrar pareja!
Marcho, pero por curioso que resultara, nadie la vio salir del edificio por lo que no pudo despedirse de sus compañeros.
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La confitería cerraba sus puertas a las 21 horas, no por temor a ser asaltados ni nada por el estilo, simplemente por el hecho de trabajar menos horas y descansar más, típico de un holgazán.
La escuela estaba lejos de aquella confitería, la favorita de Mónica que no cambiaría por ninguna, por lo que debió tomar un colectivo para llegar allí.
Para su desgracia, esa tarde el colectivo paso a las 19.30 horas y quedaría un recorrido de más de 30 minutos hasta llegar a la confitería, si tan solo no se hubiera entretenido haciendo el trabajo del portero de recoger los papeles del suelo arrojados por los niños, habría llegado a tomar el anterior y ya estaría en su casa disfrutando de sus dulces mientras vería una película de amor, justo lo que necesitaba para recordar su soltería.
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Eran las 20.13 horas cuando descendió del colectivo y camino las cuadras restantes hacia la confitería, que por cierto eran eternas.
- En momentos como este es cuando necesito comprar un auto –Protestaba ya cansada.
Facturas, postres, dulces en variedad, alguna que otra bebida energizante fueron algunas de las cosas que consiguió comprar. Pensaba, ¿Qué hombre querría casarse con una glotona como ella? No importaba, las golosinas eran sus fieles compañeras, antes que terminar como la solterona amiga de los gatos como su vecina, Kaolinete.
Su casa estaba a unas veinte cuadras de la confitería, todo lejos para una persona agotada, sin embargo no pretendía tomar un autobús para unas pocas cuadras ni tampoco se buscaría una confitería que estuviera más cerca, le gustaban las mercaderías de esa tienda.
Durante el camino hacia su vivienda, no pudo contener la tentación de probar alguno de los chocolates, no era hambre, era angurria.
Camino tranquilamente, el barrio era casi despoblado, poca gente habitaba allí y a cierta hora de la noche ya no encontrarían a nadie caminando por las calles, por lo que lo hacía un lugar tranquilo y seguro, o eso es lo que creían.
A los pocos metros que avanzo, por accidente dejo enganchar una de las bolsas que cargaba con un pequeño ligustro que sobresalía por las rejas de una vieja casa.
- Maldición, menos suerte no podría tener.
Se detuvo un instante a desatar la bolsa del ligustro, si llegara a romperse se caerían todas sus delicias y sería una gravísima perdida para ella.
Mientras intentaba rescatar la bolsa, comienza a oír pasos que se aproximaban a ella, los cuales por supuesto trato de ignorar, sería un verdadero desagrado que alguien conocido la viera luchando con una bolsa.
- Disculpe, señorita.
Los pasos se detuvieron al oír esa voz, por lo que dio media vuelta y confirmo que era a ella a quien le estaban hablando, una persona cubierta por una capa azul que no le permitía ver su rostro, le hablaba amablemente.
- ¿Necesitas algo? –Pregunto Mónica, aun sin poder desatar la bolsa.
- Me perdí, ¿podría ayudarme?
- Claro –Respondió riendo, de alguna forma se sentía torpe el que alguien desconocido la viera en tan absurda situación -¿Podrías ayudarme a desatar mi bolsa?
Esa persona, muy amablemente colaboro con ella, y en un solo intento logro liberarla, dejando a Mónica el sentirse aún más torpe.
- Te lo agradezco, aunque me siento un poco torpe –Sonrió apenada- ¿A dónde te dirigías?
- En realidad estoy buscando a alguien.
- ¿Es del barrio? Si es así, yo podría ayudarte a encontrar a esa persona, es un barrio pequeño por lo que todos los vecinos nos conocemos.
La misteriosa persona guardo unos segundos de silencio antes de responder, llevo su mano hacia su mentón y, aunque no alcanzara a ver su rostro, levanto la mirada suponiendo que la estaba mirando fijamente.
- Estoy buscando a Mónica Haruna.
Tras oír esas palabras, Mónica de alguna forma comenzó a sentirse inquieta, ¿Quién era esa persona? Ella sin duda jamás la había visto en su vida, o eso creía ya que esa capa no le permitía verle el rostro, pero ¿De dónde la conoce?
Sea quien sea, no lo descubrirá a menos que confesara ser ella la persona a quien buscaba, seguramente era alguien del barrio o algún vecino la recomendó como maestra, su estatura y cuerpo pequeño le hacía entender que se trataba de una estudiante o algo por el estilo que buscaba ayuda de una maestra.
- Yo soy Mónica Haruna –Respondió con algo de inseguridad, seguía pensando de quien podría tratarse, quizá era una reportera, o una conocida, alguien que conociera debía de ser, o alguien que la conocía a ella –Disculpa pero, ¿De dónde nos conocemos y que asuntos tienes conmigo? –Pregunto curiosa.
Ella no respondió al instante, se pudo oír una pequeña risa tras esa capa oscura que la escondía. Aunque no se le veía el rostro, Mónica se dio cuenta de que estaba sonriendo, lo que la hacía sentir aún más inseguridad
- Si tú eres Mónica –Balbuceo mientras intentaba sacar su brazo derecho –Entonces, ¿te importaría si corto tu vientre ahora mismo?
Esa persona, de inmediato saco un cuchillo afilado de adentro de su capa, lo que provoco que el corazón de la señorita Mónica comenzara a latir con fuerza y de la impresión dejo caer sus bolsas.
No le dio el tiempo ni la oportunidad de gritar o correr, fue veloz y atravesó con su cuchillo a un lado de su vientre, provocándole una herida fatal que no dejaba de sangrar.
La señorita Mónica, cayó al suelo de dolor y comenzó a gritar desesperadamente, sentía pánico, pánico como nunca antes lo había sentido ¿Quién era esa persona y por qué la buscaba para matarla? Por un momento sintió que su vida había llegado a su final al ver como se acercaba a ella con el arma blanca levantada apuntando hacia ella.
Antes que pudiera clavarle otra puñalada, comienza a buscar algo con lo que defenderse, hasta que observa que el maletín que llevaba consigo había caído a su lado y sin pensarlo lo toma para arrojarlo hacia el rostro de quien quiera que sea esa persona. La golpeo con una fuerza que el miedo le había hecho descubrir, haciendo que dejara caer el cuchillo al suelo, viendo una oportunidad para huir.
Mónica se levantó apresuradamente, pese al dolor que sentía del lado izquierdo de su vientre, comenzó a correr en dirección contraria en busca de ayuda.
Corrió sin detenerse y sin mirar atrás, con su respiración agitada y sujetando la herida con su mano creyendo que si la quitaba caerían sus órganos, gritaba por ayuda. Corrió hacia la confitería que estaba a pocos metros del lugar, pero para su mala suerte ya había cerrado sus puertas, sin darse cuenta el reloj ya marcaba pasadas las 21 horas.
En el medio de tanto miedo, comienza a llorar desconsoladamente, sin detener su corrida, debía dirigirse hacia otro lugar en donde buscar ayuda.
Pedía auxilio pero parecía que nadie la oía, ese hecho le hizo saber que algo andaba mal, ¿Dónde están las personas? Intentaba socorrerse en casas ajenas pero vecinas, nadie respondía a sus llamados de auxilio.
Para su sorpresa, las viviendas tenían las luces apagadas, como si nadie estuviera dentro, todas estaban en la misma situación, ¿Qué pasó con las personas? ¿A dónde se habían ido?
Algo extraño estaba sucediendo, las personas parecían haberse desvanecido en el aire, no había nadie, por más que corriera sin detenerse no había nadie.
De momento pensó en refugiarse en su casa, puesto que al parecer esa persona ya no estaba, no la estaba persiguiendo. Para llegar a su vivienda, debía atravesar un callejón oscuro, que para esa noche era aterrador. Sin más preámbulo se dirigió hacia ese callejón pensando en que estaría a salvo si llegaba a su casa y llamaba a la policía, pero se equivocó.
La sangre no cesaba y el dolor se hacía cada vez más insoportable, sentía su cuerpo debilitarse a causa del desangramiento pero continuo su rumbo, casi al borde de destruirse en el suelo.
Al llegar al callejón se aventuró en el mismo, intentó atravesarlo puesto que del otro lado estaba su preciada casa que de seguro la pondría a salvo, siguió avanzando, llorando, cuando finalmente estuvo a unos pocos metros de salir de allí, perdió toda esperanza al ver que al finalizar el callejón estaba esa persona que la ataco, parada sin siquiera moverse, como si estuviera paralizada pero observándola inquietantemente.
Mónica ya no aguantaba el dolor, ya no tenía la fuerza para seguir corriendo por lo que su cuerpo se desplomo sobre el suelo, solo quedaba una opción: arrastrarse con la absurda esperanza de encontrar a alguien que la ayudara.
Usando sus manos, comenzó a arrastrarse por la vereda, quería salir del callejón puesto que vio que le sería imposible regresar a su casa con esa persona allí, parada frente suyo a unos pocos metros.
Cuando estuvo a punto de salir a la calle, siente que la agarran de su tobillo y comienzan a arrastrarla hacia dentro del callejón nuevamente.
Ahora sus gritos eran de terror, rasguñaba la vereda intentando liberarse de quien sea que la estuviera sujetando del tobillo, pero era inútil. Una vez adentrada en el callejón, esa persona se lanza encima de su espalda, sujetándola con fuerza para que no intentara huir.
- Déjame ir por favor –Gritaba desesperada Mónica, aun sin poder ver el rostro de quien intentaba asesinarla.
- Grita cuanto quieras –Murmuro, mientras apoyaba su cuchillo sobre la espalda de Mónica –Nadie podrá oírte, ¿Sabes por qué? –Comienza a apretar con fuerza el cuchillo, enterrándoselo en su piel lentamente, provocando que Mónica lanzara un grito desgarrador- Porque no hay nadie en este barrio, todos se han ido.
Los gritos de dolor de Mónica podían oírse por todo el barrio, pero por alguna extraña razón no había nadie que pudiera oírlos para acudir a su ayuda.
Los espasmos sufridos por las heridas y la cantidad de sangre perdida le habían arrebatado la vida a la joven Mónica no sin haber sufrido, una mujer respetada y amada por todos que solamente quería tener a un hombre a quien amar y un hijo a quien proteger, su sueño se fue junto con su alma.
- Lo siento –Murmuro mientras se levantaba de la espalda de la mujer y limpiaba la sangre del cuchillo con su capa.
La observo por unos largos segundos, parada frente a ella, como si lamentara lo que acababa de hacer.
- Tenía que hacerlo, de lo contrario iban a matar a la persona que más amo.
Corrió hacia la oscuridad y desapareció en la misma, dejando el cuerpo sin vida de la joven maestra tirado en la vereda, solo para que alguien la encontrara la mañana del viernes.
