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Gracias Cass por tu apoyo moral con esto.
Capítulo II
Gareth jugueteaba con el boli en su mano derecha mientras sus pies propiciaban el giro continuo de la silla tras su escritorio. Había perdido la cuenta de las vueltas que llevaba pero las suficientes para provocar una ligera pérdida de equilibrio cuando se detuvo de forma brusca clavando su zapato en el suelo.
La punta del tapón rozó su labio inferior mientras su estómago volvía a su sitio tras tanto giro.
Como un resorte se levantó de la silla y abrió los cajones medio vacíos todavía del escritorio. Un cuaderno, varios bolígrafos y un tarjetero repleto de ellas, aterrizó sobre la mesa. Uno a uno, metió todo en los bolsillos, repartiéndolos estratégicamente para cuando los fuera a necesitar.
Mary asomó la cabeza por la puerta viendo a su hijo palpándose el pecho y los pantalones antes de asentir para sí y mirarle.
- ¿Vas a salir?- Le preguntó la mujer con una sonrisa tranquila viendo la resolución más que evidente en los ojos de su hijo.
- Sí, tengo trabajo que hacer.- Contestó Gareth sorteando el escritorio hasta llegar a su lado.- No sé cuándo volveré así que, ¿te importa cerrar el despacho cuando salgas?- Le pidió con una sonrisa tranquila.
Mary asintió y recibió con una risa queda el beso de su hijo en la mejilla.
- Eres la mejor.- Le aseguró por encima de su hombro saliendo del despacho con su abrigo en la mano.
Tenía una misión que cumplir y lo iba a lograr. Pero tenía que estar seguro de su siguiente paso. No podía lanzarse a lo loco y dejar tarjetas por…
Gareth vio a una mujer salir de un portal cercano y esperó hasta que se alejó lo suficiente para colar el pie en el hueco y así entrar en el edificio. A paso rápido coló varias tarjetas en los buzones de las empresas y particulares que estaban allí.
El pitido del ascensor le hizo poner pies en polvorosa y continuar su periplo por la ciudad.
Aquellos buzones no le iban a ayudar demasiado a lograr su objetivo, necesitaba meterse en otros ambientes. Moverse por otras zonas… El amor no iba a estar en un simple buzón metálico, estaba en la gente… Y a esas horas las personas estaban en los bares.
Gareth se enfundó su abrigo negro y se aflojó el cuello de la corbata pasándose una mano por el pelo esquivando a una paloma que parecía devorar el cadáver de lo que una vez había sido una rata.
- ¡Hey, toda tuya!- Exclamó esquivando un picotazo del ave de puro milagro.
Se ajustó las solapas del abrigo soltando un resoplido entre sus labios sonrientes. El mundo se había vuelto completamente loco definitivamente.
Pero él estaba ahí para ayudar a que esa locura no fuera un sinsentido de paredes acolchadas y camisas de fuerza. No. Él quería un mundo lleno de dementes bebiendo los vientos por otras personas con las que quisieran compartir sus vidas, sus hobbies o su ropa interior. Amigos, amantes, esposos, mujeres, mascotas… Lo que fuera pero siempre con el Amor en el lugar que le correspondía: en lo alto de la cúspide y en el medio de todos ellos.
Porque… ¿Qué es una vida sin amor? ¿Qué es una vida despertándose solo sobre el colchón? ¿Qué hay comparable a esa sensación que recorre tu cuerpo entero cuando abres los ojos con las primeras luces del día y cruzas tu mirada con esa persona?
Gareth exhaló un suspiro contra el cuello del abrigo intentando no pensar demasiado, intentando no regresar a ese pasado doloroso. No. No era momento de entristecerse, eso ya había terminado.
Un charco a la izquierda, una cagada de perro a la derecha, un paquete de preservativos usados aplastado contra la acera…
Gareth caminaba con el piloto automático encendido, su sonrisa en el rostro y un guiño contenido preparado en cuanto sus pasos se cruzaban con alguien. La sonrisa se amplió por momentos cuando vio a un grupo de mujeres acercarse por la acera en sentido contrario.
No debían superar la cuarentena. Atractivas en diferente grado, dicharacheras… Cada una cumplía una labor a juzgar por los silencios y las palabras intercambiadas. ¿Sería la morena de la izquierda o la rubia del medio? Gareth sonrió cuando vio a la castaña de pelo rizado cruzar su mirada con la de él sin llegar a apartarla por completo.
Era su momento.
Rozó con la punta de sus dedos el interior del bolsillo del abrigo donde había colocado un pequeño puñado de tarjetas y mantuvo el contacto visual con la castaña. Un breve cruce de palabras con el resto de sus amigas y cinco pares de ojos se asentaron sobre su esbelta y abrigada figura caminando sobre los adoquines.
- Buenas tardes, señoritas.- Les dijo escuchando a una de ellas soltar una breve risa delatándola como mujer casada.- Quisiera hacerles entrega de mi tarjeta de visita.- Les ofreció las pequeñas cartulinas negras con el nombre de la empresa y el lema de la misma en nítidas letras blancas con relieve. – Pueden contar con mi compromiso absoluto si deciden acudir a mí.
La pelirroja de labios rojos, cuerpo voluptuoso enfundado en un vestido varias tallas más pequeñas, enarcó una ceja en su dirección.
- ¿Nos has visto caras de pagar por acostarnos con gente?- Le espetó lanzándole la tarjeta en plena cara, la esquina se le clavó sobre su mejilla izquierda.
- ¿Eh? ¡No! ¡No!- Se apresuró a negar con las manos en alto dando un paso en su dirección pero viendo a sus amigas formar un semicírculo a modo de defensa.
¿Por qué diablos pensaban que era una tarjeta de un club de alterne o algo así? No había nada que insinuara eso en la tarjeta, ni siluetas de la anatomía femenina o masculina. Nada de eso.
- No es eso, lo prometo.- Les aseguró él llevándose una mano al pecho.- Me dedico a emparejar a gente, que se acuesten o no después ya es su problema. Yo soy… Soy un trabajador del amor.- La pelirroja soltó una risotada cruzándose de brazos.- Vale que no suene demasiado… Pero yo vivo para lograr que personas como vosotras encuentren a su alma gemela en forma de amigo, amante, espeso… Lo que sea, pero el amor es lo primordial.
- ¿Una agencia de parejas?- Preguntó la castaña con las mejillas encendidas mirándole de soslayo, la tarjeta sujeta con delicadeza entre su dedo pulgar e índice.
Gareth le sonrió encogiéndose de hombros, negando levemente con la cabeza.
- Es mejor que cualquier agencia a la que podáis haber acudido si lo habéis hecho. Os lo garantizo.- Les aseguró apretando los labios.- No quiero importunaros más en vuestro día de chicas.- Le guiñó un ojo de nuevo a la castaña viéndole agachar la mirada hacia el suelo mientras se guardaba la tarjeta en el bolsillo. – Que tengáis una buena tarde.- Les saludó fingiendo descubrirse el sombrero imaginario de su cabeza escurriéndose entre ellas para continuar con su periplo en busca y captura de posibles clientes por las calles de la ciudad.
"El mono borracho" Rezaban las letras amarillas y azules de neón del bar frente al que se había detenido. Era uno de tantos en esa calle, uno de tantos de toda la ciudad, uno de tantos antros cuyos suelos pegajosos querían ayudar a la fuerza de la gravedad en su trabajo. La puerta se abrió dejando salir una bocanada de humo que no olía únicamente a tabaco.
Apartándose el flequillo de la cara, Gareth aprovechó el hueco dejado por un cliente que abandonaba el local para colarse en el interior. Parpadeó ajustando sus ojos a la escasa luz que iluminaba las mesas de billar, las mesas y sillas que decoraban un costado del bar en el lado opuesto a la barra.
Un rápido vistazo a la clientela y Gareth se dirigió a la barra con paso tranquilo ignorando cómo algunas cabezas se giraban para mirarle. Con una sonrisa serena tomó asiento en un taburete y esperó paciente a que el camarero se acercara a él. Gareth cogió una servilleta del montón y limpió las salpicaduras que había en la barra frente a él hasta que le vio yendo a su encuentro.
- ¿Sanidad?- Preguntó una voz hosca haciendo que Gareth desviara la mirada de la bola sucia de papel en su mano derecha. El moreno negó con la cabeza.- Entonces, ¿Qué vas a beber, pingüino?- El chico ahogó una carcajada y se encogió de hombros.
- Sorpréndeme, machote.- Le dijo con sorna ladeando el rostro.
Gareth escuchó a alguien reírse a su izquierda pero no le prestó atención y se puso a rebuscar en sus bolsillos mientras el camarero soltaba un vaso sin hielos delante de él y lo llenaba de lo que parecía…
- ¿No se supone que es ilegal servir esto en un bar?- Le preguntó Gareth llevándose el vaso a la nariz, arrugándola ante el fuerte olor del aguardiente.
- Paga y bebe. O lárgate.- Dijo el hombre dejando la botella sobre la barra y extendiendo su mano hacia él. Gareth le coló un billete en ella llevándose el vaso a los labios dándole un largo trago.
Los ojos no tardaron en lagrimearle por la quemazón que arrasó su garganta. Estaba seguro de que le había quemado las cuerdas vocales y ya no iba a poder decir una sola palabra.
- ¿Quieres más?- Le dijo el camarero con sorna dejando los cambios sobre la barra. Gareth le acercó el vaso para que se lo llenara de nuevo ante la ceja sorprendida del hombre.- Tú mismo…
Con el vaso lleno de nuevo y la llamada de atención de algún otro cliente, el camarero le dejó sólo con su vaso de aguardiente y un puñado de tarjetas que dejó sobre la barra para quien quisiera cogerlas.
Su pie derecho marcó el ritmo de la canción que sonaba por las altavoces contra el reposapiés del taburete. Un nuevo trago y por su izquierda un hombre se acercó hasta tomar asiento en el taburete contiguo al suyo.
Gareth se volvió hacia él secándose la comisura de los labios con el dorso de la lengua.
- ¿Te invito a una ronda?- Le preguntó indicándole con su mano libre el botellín de cerveza medio vacío que portaba.
- Nunca me negaré a algo así. ¡Eh, Darylina, ponme una cerveza! ¡El pingüino paga!- Le gritó al camarero palmeando el hombro de Gareth.
Gracias a que tenía el trasero bien plantado sobre su asiento, Gareth se libró de terminar en el suelo con semejante saludo.
- Dime, pingüino,- Gareth sonrió ante el sobrenombre- ¿cómo un tío como tú se ha dejado caer en un antro como este?- La sonrisa sardónica que intentaba ocultar bajo su expresión aparentemente seria era incuestionable.
Gareth se encogió de hombros y con el dedo índice y corazón empujó una de las tarjetas del montón hacia él.
El hombre cogió la tarjeta. Sus cejas se arrugaron unas décimas de segundo antes de ascender hacia el nacimiento de su rapada cabeza y soltar una carcajada que agitó su cuerpo.
- ¿Eres un chulo o qué?- Gareth soltó un gruñido exasperado y le arrebató la tarjeta, clavando su dedo índice en las letras grabadas en ella.
- ¿Pone aquí que la gente tenga que pagar por tener sexo con alguien? ¡No!- Dijo con énfasis viéndole al hombre no dejar de sonreír.
- ¿Has visto Darylina? Es un chulo con tarjetas de visita.- Dijo el hombre tendiéndole otra de las tarjetas del montón al camarero que le llevaba la cerveza.
- No quiero putas en este bar.- Le advirtió Darylina con mirada seria y postura que no daba pie a pensar que le estaba tomando el pelo.
Antes de que pudiera sacarle de su equivocación, volvió a alejarse dejándoles solos.
- No trafico con mujeres, ni me encargo de…
Gareth se masajeó la sien exhalando un suspiro. Necesitaba relajarse o esa noche iba a terminar siendo un fiasco y no podía permitirse eso. Una mano aterrizó en su nuca, agitándolo de lado a lado como si fuera un muñeco acompañado de una risa.
- No te estreses pingüino, eso no puede ser bueno para el negocio.- Gareth le lanzó una mirada furibunda viéndole apartar su mano de él a modo de rendición.- Venga, vale. Cuéntame que mierda es la que vendes.
Gareth se humedeció los labios y echó un vistazo al bar antes de apostar sus ojos de nuevo en el hombre frente a él.
- Mi trabajo es conseguir encontrar a la persona adecuada para cada uno. No es una agencia de citas,- se apresuró a decir antes de que pudiera decirle eso,- ni trabajo con prostitutas.- Añadió con tono serio.- Sólo quiero conseguir que la gente sea… feliz con quien le gustaría estar.
Guardó silencio tras explicar a grandes rasgos el que era el trabajo de su vida sin duda. Le vio masajearse el mentón con gesto pensativo, alternando su mirada entre él y alguna cosa a su espalda.
- ¿Vamos que haces de Cupido pero sin pañales ni flechas?- Dijo el hombre apoyando el codo sobre la barra y la cabeza sobre su mano.
- Es una manera de verlo…- Le concedió tras unos segundos pensando.
- ¿Y consigues pareja a cualquiera?- Gareth asintió.
- Ese es mi compromiso personal, sí.
- ¿Aunque no lo busquen?- Gareth arqueó una ceja ante esa nueva pieza de información.
- Hombre, eso podría complicar un poco las cosas pero…- Gareth ladeó su rostro mirándole con suspicacia.- ¿Tienes a alguien en mente, verdad?
El hombre chasqueó la lengua pasándose una mano por su cabeza rapada antes de asentir.
- Darylina.- Le dijo alzando las cejas hacia el camarero que les daba la espalda. Gareth miró por encima de su hombro al camarero enfundado en una camiseta sin mangas y unos vaqueros que habían visto tiempos mejores.- Es mi hermano.- Añadió atrayendo la atención del moreno de vuelta a él.
- ¿En serio? No lo diría.- Comentó de forma casual mirando de nuevo al hombre servir varias cervezas a un nutrido grupo de hombres.- ¿Es él el que no quiere a nadie?- El hombre frente a él asintió.- ¿Y tú quieres que… lo tenga?- Preguntó dubitativo.
- Me tiene harto de sus lloriqueos por estar solo y mariconadas del estilo. Parece una maldita plañidera, joder. - Dijo dándole un largo trago a su cerveza.- Necesita a alguien.
- ¿Hombre o mujer? ¿Ambos?- Le preguntó Gareth con la mirada fija en la nuca de aquel camarero. Una mano aterrizó en su nuca obligándole a agarrarse a la barra del bar para no caer.
- Mi hermano no batea para el otro equipo, capullo.- Le dijo el hombre con rostro serio.- Necesita una buena mujer que le quite tanta gilipollez y le aguante su sarnoso culo. Maricón dice… Ja!- Bebió otro trago de cerveza.
- Vale, lo siento. Hoy en día nunca se sabe con nadie.- Intentó excusarse Gareth sacando la libreta de su bolsillo junto a un bolígrafo.- Bueno, ¿qué puedes decirme de Darylina…?
- Me llamo Merle.- Le dijo sonriendo con la cerveza rozando sus labios.- Merle Dixon.
- Gareth West.- Se presentó el moreno.- Aunque supongo que ya lo habrás visto en la tarjeta. Si no te importa, antes de empezar, necesito otro trago, esto sabe a matarratas. ¡Darylina!- Le gritó Gareth al camarero viéndole girar sobre sus pies con la mirada encendida.- ¡Un Martini, por favor!
Merle rio a su lado vaciando su cerveza.
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