BATTLE ROYALE B.O.N.

Capítulo 44 – Inmolación

Mientras tanto, bajo la escuela de la isla, se encontraba un pequeño embarcadero dentro del gran canal de agua que pasaba por la isla, que enlazaba con el otro embarcadero de la parte norte de la isla. Este canal servía como medio de transporte, mediante lanchas, para traer las provisiones para los que estaban en la escuela : los 3 señores del gobierno y los militares. En aquel embarcadero subterráneo, dos soldados bajaban un gran paquete de una lancha. Un tercer soldado acompañado por otros dos salieron de una escalera que servía para salir de aquel embarcadero oculto y llegar a la escuela. Los dos soldados que llevaban el paquete lo dejaron cuidadosamente en el suelo e hicieron el saludo militar al ver al otro soldado. Este los saludo igualmente y abrió una carpeta que llevaba con él, mientras los otros dos que le acompañaban se quedaron a ambos lados de la escalera.

-Identifíquense – dijo el soldado de la carpeta.

-¡¡Soldado Kisuke Urahara, señor!! – dijo uno de los soldados que llevaban el paquete.

-¡¡Soldado Sarutobi Asuma, señor!! – dijo el otro soldado que iba con Urahara.

-Muy bien – dijo el otro soldado apuntando sus nombres en una hoja dentro de la carpeta - ¿qué es lo que llevan ahí?

-Es confidencial, señor – dijo el soldado Asuma – nos está prohibido saber su contenido, señor.

-Cierto, señor – dijo Urahara – nos llegó la orden de un alto mandatario del gobierno de hacer llegar este paquete a el ministro Aizen y a sus ayudantes, señor.

-Mmm...esta bien – dijo el soldado mirándolos a ambos de arriba abajo - pueden continuar con su camino. La sala de mandos se encuentra en el segundo piso de la escuela.

Asuma y Urahara se despidieron del otro soldado haciendo el saludo militar y volvieron a cargar el paquete entre los dos, cogiéndolo cada uno de un lado. Ambos, bajo la atenta mirada de los otros tres soldados, empezaron a subir las escaleras hacia el primer piso de la escuela.

-De momento no ha habido ningún problema – dijo Urahara.

-Espero que no haya más controles y podamos entregar rápido el recado – dijo Asuma – estoy deseando fumarme un cigarro después de la entrega.

Ambos soldados llegaron a la escuela. Allí vieron a soldados entrando y saliendo de las aulas para seguir por los pasillos de la escuela. Parecía que no había mas gente que soldados, a Asuma y Urahara se les hacía extraño ver una escuela donde solo hay soldados en lugar de niños. Algunos soldados estaban haciendo guardia, otros hablaban entre ellos alegremente mientras otros corrían de un lado para otro llevando montones de papeles entre sus brazos.

-Perdón¿sería tan amable de indicarme donde está la sala de mandos? – preguntó Urahara a un soldado – tenemos órdenes directas de llevar este paquete allí.

-Sigan este pasillo y al fondo, subiendo las escaleras, encontrarán la sala de mandos – dijo el soldado indicándoles el pasillo que debían tomar.

Urahara y Asuma continuaron portando el paquete por aquél pasillo mientras el resto de soldados los esquivaban como podían. Ambos se pararon justo antes de llegar a la escalera al ver el interior de una clase : alrededor de unos diez cuerpos, completamente cubiertos con unas sábanas, estaban tendidos en el suelo. Eran cadáveres, los alumnos que habían caído en el juego. Urahara se quedó impresionado con la escena.

-Vamos, muévete Urahara – dijo Asuma – este sitio apesta. Entreguemos de una vez el paquete.

.Urahara asintió y juntos subieron el paquete por las escaleras hasta el segundo piso de la escuela. Ambos siguieron un poco mas por un pasillo hasta que llegaron a una puerta azul, con un papel que indicaba que tras esa puerta se encontraba la sala de mandos. Asuma llamó a la puerta usando su pié , ya que ambos tenían las manos ocupadas con el paquete.

-¡Adelante! – dijo una voz al otro lado de la puerta.

Un soldado abrió la puerta y Asuma y Urahara entraron en la sala. La sala estaba llena de soldados que controlaban los ordenadores que allí había, aunque había dos haciendo guardia a ambos lados de la sala, todos ellos supervisados por Kaname Tousen, uno de los socios de el ministro Aizen. Sin embargo no había rastro del ministro ni de su otro ayudante, Gin. Tousen se sorprendió al ver el tamaño del paquete que portaban. Urahara y Asuma dejaron el paquete en el suelo.

-¿Qué este paquete, soldados? – preguntó seriamente Tousen.

-Señor , es un encargo del gobierno – dijo Asuma – debemos entregárselo directamente al ministro Aizen y a sus ayudantes.

-El ministro Aizen y Gin se han marchado al embarcadero al norte de la isla, debían de ocuparse de ciertos asuntos – dijo Tousen.

-Es igual, ya hemos hecho la entrega del paquete – dijo Asuma – el objetivo está conseguido.

-Ahora que lo pienso¿por qué no se nos notificó a ninguno la llegada de este paquete? – preguntó Tousen.

-Oh, ya lo creo que se le notificó, señor – dijo Urahara en un tono perverso – además¿no le gustan las sorpresas?

-¿ De que habla, soldado? – dijo extrañado Tousen.

Asuma metió la mano en uno de sus bolsillos y de él sacó un pequeño panel con un enorme botón. Todos los soldados abandonaron sus puestos para apuntar con sus armas a Asuma y a Urahara. Estos dos sonreían diabólicamente mientras Tousen se empezaba a poner nervioso.

-La verdad, esto no es del gobierno – dijo Urahara- es un regalo de parte de La Sociedad. Es una pena que Aizen y Gin no estén aquí para disfrutarlo con ustedes.

-¡¡¿Qué demonios??!! – exclamó Tousen, que ya se había dado cuenta de la situación.

-¡¡POR LA LIBERTAD!! – gritaron a la vez Asuma y Urahara.

Antes de que los soldados pudieran reaccionar, Asuma apretó el botón. El paquete hizo una gran explosión, borrando cualquier rastro de la escuela y de los que había allí dentro. La bomba tuvo mucha más potencia que la que hizo explotar el almacén, emitiendo un fuerte sonido que se oyó en todo rincón de la isla , haciendo temblar todo el suelo y agitando los árboles. Dejó una gran humareda negra que se veía desde cualquier parte de la isla. En aquel lugar solo quedaron restos del edificio envueltos en llamas y cadáveres carbonizados por la explosión.

Los miembros de La Sociedad habían jugado su carta para ayudar a escapar a los alumnos de la isla. Ahora solo era cuestión de ellos escapar de allí con éxito...o morir en el intento.