Yugioh

Survival Combat

Kasai no se lo podía creer. Caminaba sola y sin monstruos en un lugar donde estos podían merodear por doquier, es decir, que si por algún casual se topaba con un Dragón Taquiónico de Ojos de Galaxia y este no la veía al caminar la aplastaría como a un simple insecto. Pero eso a Kasai no era lo que más la había jodido. Recordó como el chico de pelo negro y ojos azules con la linterna encendida se largaba diciendo que sin un deck no quería hacer equipo con una inútil. Eso significaba que la había abandonado a su suerte y que tendría que hacer lo imposible por encontrarse al menos cuarenta cartas antes de que alguien la retara a un duelo y se enterara de que no tenía deck. Entonces quitarla la llave sería pan comido. Pues Kasai recordó lo que le había dicho el chico de la linterna encendida tras contar lo que ocurría si perdías o no podías luchar en un duelo:

-¿Te quitan la llave?- Kasai recordó el pequeño llavín que llevaba con consigo atado a la caja donde suponía que debía guardar su deck.

-Lo que no quieren el resto de duelistas es que tu sigas compitiendo por el título de ganador, quitarte la llave es la mejor manera de que no vuelvas a usar tu deck.

-¿Y el resto de duelistas no han tenido la genial idea de quitarles las cartas directamente?- Kasai pudo observar como el chico de la linterna encendida intentaba ocultar un chasqueo de lengua girando la cara de perfil.

-En este mundo, siempre que hay un duelo, todo lo que debería ser ficticio o irreal ocurre de verdad. Si aparece un monstruo que escupe fuego por la boca y te piensas que no te vas a quemar, te equivocas. Por alguna razón, la caja que todos llevamos es como una especie de salvavidas. Dado que no se puede destruir de ninguna manera y solo tú puedes abrirla con la llave.

-¿Y no puedes crearte otro deck en caso de que no puedas volver a abrir la caja?

-Por poder puedes- El chico de la linterna encendida suspiró y volvio a mostrar su detestable sonrisa.- Aunque claro, yo me cuidaría por las noches de que nadie intentara robártelo.

Esta conversación hizo pensar a Kasai mientras seguía caminando en la zona: ruinas, del bloque: ni idea, de ella que sabía que más.

Tendría entonces que empezar a buscar cartas. ¿Pero como las encontraba? ¿Estaban tiradas por el suelo esperando a ser recogidas? No lo sabía, pero por si acaso Kasai empezó a caminar mirando al suelo. Entonces cayó en la cuenta de que el suelo que estaba pisando era demasiado blando, y se cayó por un foso. El golpe, que la había pillado desprevenida, la electrocutó los tobillos del dolor y su cara chocó contra sus rodillas, por suerte no se mordió la lengua, que la tenía muy cerca de los dientes. Pasó el tiempo y esta lo aprovechó para recuperarse de la caída. Luego se levantó débilmente y se sacudió.

-¡¿Hola?!- Gritó la chica con la esperanzad de que alguien escuchara su voz.- ¿Hay alguien ahí? Necesito ayuda.

En el foso solo había un enorme silencio acompañada de una aún más enorme oscuridad. Extrañamente se estaba haciendo de noche, pero parecía que por los lugares se encendían una especie de fogatas. Si realmente eso era así, alguien tendría que haberlo hecho y por lo tanto, también escuchado los gritos de auxilio de Kasai.

-Hola.- Dijo de repente alguien que se asomaba por el agujero del agujero.- ¿Que necesitas?

-¿Tú que crees que necesito?- Kasai estaba de mal humor, pero no podía perder los nervios. Pudo observar a una especie de hombre con un casco en pica y la boca tapada. ¿Sería un monstruo?

-Pues no sé que puedes necesitar, ¿has perdido algo?

Si el monstruo se hacía el tonto, lo hacía muy bien. Al menos eso es lo que pensaba Kasai.

-¿Y no has podido pensar que quiero que me saquen de aquí?- Contraataco esta.

-Yo pensaba que te habías metido tu sola.

-¿Para que iba a querer caerme a un agujero? Perdona que te diga pero no es la ilusión de mi vida.

-Pues no sé, supongo que para coger la carta de trampa.

Esta última respuesta sorprendió a Kasai. Miró a todos los lados del agujero, no había nada. Entonces percibió tenuemente que estaba pisando algo que no era tierra. Dirigió su mirada hacia abajo y lo vio. Cogió la carta del suelo que estaba boca abajo, la sopló, la sacudió y la limpió lo máximo que pudo. La carta tenía un estampado rosa oscuro, encima de esta se podía leer: Agujero trampa.

-Ya la he visto, la tengo.- Dijo Kasai ilusionada mientras miraba al monstruo.

El monstruo asintió y tendió una mano a la chica: ¿Quieres salir ya?- Preguntó este.

-Por favor.- Respondió Kasai mientras una cadena le era lanzada a la chica para que esta la cogiera.- Por cierto, ¿cómo te llamas?- Quiso saber mientras subía.

-A mi me conocen como el Mago Gagaga, encantado- Se presentó.

-¿Te importa si te llamo Mago solamente?- A Kasai el nombre del mago le parecía ridículo, pero por alguna razó el mago le había caído bien.- Yo me llamo Kasai.

-Bien, ahora tengo que irme Kasai, ya nos veremos.- Se despidió el mago mientras daba la espalda a la chica.

-¿Tienes prisa?- Quiso saber la chica.

-Pues ha decir verdad, mucha. Mis amigos están recolectando cartas para crear un ejército que pelee contra los invasores. Ellos nos roban las magias, las trampas e incluso se llevan a muchos de los nuestros.

-Horrible.- Comentó esta mientras acompañaba al mago que había empezado a correr.- ¿Y quienes son esos invasores?

-Si llegamos a tiempo creo que los podrás ver. Espero que tu efecto no sea muy bueno, de lo contrario te llevaran, si tienes mucho ataque o mucha defensa también te pueden llevar. ¿Eres un monstruo normal? Si es así tienes pocas probabilidades de que te lleven.

Kasai no era tonta. A lo mejor un poco despistada, pero no tonta. Sabía perfectamente de lo que el Mago Gagaga estaba hablando, o eso creía. Por que era posible, juntando las piezas en su cabeza. El chico de la linterna encendida le dijo que los duelistas tenían que encontrar sus propios monstruos de duelo, además, el Mago Gagaga hablaba de unos invasores que se llevaban cartas mágicas, de trampa y de monstruo. Todo encajaba. Los duelistas eran los invasores que raptaban monstruos para hacerse sus propios decks, seguramente muchos de ellos no pensaban en podían herir los sentimientos de los espíritus de los monstruos de duelo. Algo más, Kasai se había percatado de algo más, a lo mejor su traje estaba tan manchado de polvo y barro que el mago no se había dado cuenta. Si, ¡El Mago Gagaga la había confundido con un monstruo! Vale, sabía que había monstruos con forma humana, pero no creía que pudiera parecer uno. De hecho, los monstruos humanos solían vestir trajes extravagantes y ella no se creía extravagante.

Por otro lado, ocultos en una cueva, estaban los amigos del Mago Gagaga, peleando contra un humano acompañado de Bestia Gladiador Andal.

-Cuando por fin habíamos reunido cuarenta cartas.- Se quejó Sincrón Bri en voz baja.

-¿Que has dicho?- Preguntó el duelista. Él era de un tamaño descomunal, al igual que sus monstruos, parecía salido de un coliseo. Era calvo, de ojos rasgados y sonreía de pura enemistad.

-¡He dicho que eres un ladrón y un cruel! ¡Eres un despiadado! ¡Bienes a quitarnos lo que te conviene y luego te largas! ¡Además destruyes nuestras casas solo para raptarnos!- Gritó de impotencia Sincrón Bri.

-Si no os escondierais tanto dejaríamos de destruir vuestros escondites.- Tronó de cólera el hombre. Miró a los monstruos como los auténticos culpables.- ¡Vosotros! ¡Venid aquí!- Ordenó a Guerrero del Rayo, Caballero Gaia, la Fuerza de la Tierra y Rey de los Diablillos Salvajes, los cuales estaban siendo protegidos por Sincrón Bri y los suyos.

-¡Ellos no irán a ninguna parte!- Bramó Sincrón Bri.

-Claro que si. ¡Invoco a Bestia Gladiador Alexander y Bestia Gladiador Octavius! Venga, intentar superarlos o entregarme los monstruos que pido.

Los tres monstruos elegidos empezaron a caminar a paso lento hacia el hombre.

-¡No valláis chicos!- Sincrón Bri estaba desesperado. Se dirigió hacia el hombre de nuevo.- ¿Para qué los quieres? Tu usas gladiadores, los monstruos de sincronía no te sirven de mucho.

-Seguro que puedo sacar ventaja de eso cambiándolo a otros duelistas que estén interesados en ellos.- El hombre parecía más contento que nunca cuando los monstruos adoptaron la forma de dos cartas blancas y una negra.

-Entonces te reto a un duelo por ellas.- Dijo Sincrón Bri como última alternativa.

El hombre empezó a carcajear y a reírse sin parar. Luego habló.- ¿Desde cuando un monstruo juega duelos? ¿Tienes disco de duelo acaso? Además, con la Fuerza del Espejo que me habéis dado tu deck solo tiene treinta y ocho cartas ¿No?- El hombre siguió riendo mientras las Bestias Gladiador agachaban la cabeza en señal de arrepentimiento y humillación.- No os queda más opción que comeros los mocos y llorar.- El hombre se dirigió a sus monstruos y decretó a estos.- ¡Vayámonos!

Bri, estoy aquí!- El Mago Gagaga aparecío junto con Kasai y se acercó al nombrado. Luego miró al hombre, que le había parecido muy curioso ver a una humana entre los monstruos revolucionarios.- He traído a una amiga. No sé que efecto tendrá, pero cualquier monstruos es bueno para el duelo.- Dijo convencido el mago.

El hombre entonces cayó en la cuenta de que Mago Gagaga había confundido a la chica con un espíritu de monstruo y empezó a reírse. Todos los monstruos revolucionarios miraron a la chica asombrados.

-Rinoceronte Alado.- Dijo Sincrón Bri mirando a la chica con seriedad.- ¿Tu la has visto en algún sitio? ¿Te suena de alguna carta?

-No.- Respondió este.

-Eso quiere decir...- Continuó Abeja Blindada.

-¡Que debe de ser un monstruo muy raro!- Gritó de júbilo Sincrón Bri mientras el resto de monstruos revolucionarios se acercaban y aplaudían efusivamente ante una pasmada Kasai que no se creía que todos los monstruos la hubieran confundido con uno de ellos..- Encantado y bienvenido al equipo.- Luego se dirigió hacia el hombre.- Ya tenemos dos monstruos más, son justo cuarenta cartas. Podemos empezar nuestro duelo.

El hombre dejó de reír un momento para hablar.- Por si no os habéis dado cuenta. El último monstruo que habéis traído ¡Es una humana!

Todo el escándalo calló de una vez.