-¡Canasta!
-Gakko-kun, por favor guarda silencio- el hombre de gafas observó a su escandaloso amigo, quien celebraba su hazaña, bueno, si es que se le puede llamar así al hecho de que arrojó una bolita de papel al cesto de basura.
-No seas amargado Yohane-respondió dando vueltas en la cómoda silla con rueditas que tenía- Estamos en nuestra propia oficina, así que no hay problema. No querrás que seamos tan serios como Hana… ¿o si?
-Es cierto-él reflexionó las palabras dichas por su amigo, así que dirigió su mirada hacia el rubio- ¿Todo bien Hana-Kun? Te ves muy… preocupado.
-¿Eh?- el aludido apenas reaccionó, pues no había podido dormir bien- Si, todo bien. Es solo que "pecho plano" está un poco rara.
-¿Algo le ocurrió a Alumi-San?- cuestionó el pelinegro con preocupación, Gakko permanecía atento.
-No sé. Le pregunté si estaba bien, pero como te imaginarás, no me respondió.
-¿Han tenido suficiente sexo?-preguntó Gakko despreocupadamente, provocando que tanto Hana como Yohane escupieran el café que bebían en ese momento.
-Gakko-kun…por favor, no digas esas cosas en la oficina- pidió un muy sonrojado Yohane mientras el pecoso reía a carcajadas.
-O vamos, no te pongas así…no seas princesa. Seguro que reaccionas así por que aún eres virgen, ¿no?
-Gakko, tú también eres virgen- replicó Hana tranquilamente dándole un sorbo a su café mientras que el aludido sentía su ego disminuir.
-Pero… ¿Qué notas de raro en ella?- cuestionó Yohane una vez repuesto de semejante comentario.
-Desde ayer pareciera que está ida, preocupada. Además no ha querido comer tanto como debería, y miren que ella suele comer mucho.
-Seguro que está en sus días- dedujo Gakko haciendo sonrojar nuevamente al pobre Yohane- Así son las mujeres de lunáticas. Ya se le pasará, no te preocupes. Cuando menos te lo esperes, ella estará como si nada hubiese ocurrido.
-Eso espero-Hana soltó un suspiro mientras firmaba algunos papeles- ¿Ya está listo el contrato que debemos entregar hoy?
-¡Listo!- afirmó Yohane entregándole una carpeta a Hana, quien la revisó para después dejarla de lado.
-Oigan…muero de hambre. ¿Cuánto falta para el almuerzo? –preguntó Gakko dejando caer su cabeza sobre una montaña de papeles que estaba sobre su escritorio.
-Diez minutos- respondieron los otros dos al unísono.
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-¡Nooooo!- gritaron ambas, abrazadas frente al televisor. Alumi había rentado unas cuantas series de anime para verlas junto a Namaha, y ahora las dos, como dignas mujeres, lloraban desconsoladas al ver una de las escenas finales de cierto anime que la rubia había recomendado*. Sin embargo, Alumi estaba mucho más sensible de lo normal, cosa que no pasó desapercibida por su amiga.
-Alumi-San…- susurró la pequeña Namaha un tanto insegura, la rubia volteó al instante- ¿Te encuentras bien?
-¡Pero por supuesto!- la mujer intentó sonreír lo más naturalmente que pudo- Es solo que ese anime siempre me hace llorar…pero estoy bien.
-¿Le dijiste a Hana lo qué ocurrió anoche?- preguntó el espíritu, provocando que su amiga se estremeciera.
-No, no quiero hacerlo- negó con su cabeza, comenzaba a sudar mientras sus manos se volvían temblorosas- No quiero que algo le ocurra. Recuerda que esos tipos están tras de mí…no quiero que él se vea involucrado en todo esto.
-Pero Alumi-San…-replicó Namaha, siendo silenciada por una sonrisa de la rubia. Se veía confiada, y con eso le bastaba.
-Estaré bien, yo puedo encargarme de esto- la miró a los ojos intentando transmitirle un poco de confianza- Confía en mí.
Namaha tan solo asintió, si Alumi lo decía, así sería. Ambas terminaron de recoger todo el desastre que habían dejado cuando de pronto un fuerte malestar invadió a la rubia, quien se dirigió rápidamente al baño ante la mirada atónita de su amiga.
Salió unos minutos después…por seguro que habían sido esos estúpidos camarones que había desayunado. Se llevó una mano a la boca mientras se recargaba en la pared para evitar perder el equilibrio. El espíritu llegó rápidamente a su lado, sin embargo, la rubia mostró nuevamente su sonrisa.
-Alumi-San… -Suspiró. Odiaba ver a su amiga así.
-Estoy bien, Namaha-chan- insistió la rubia. A Namaha no le quedó más opción que darse por vencida- ¿Qué te parece si salimos a tomar un poco de aire fresco? Podemos aprovechar para comprar unas cosas que necesito.
-De acuerdo…-respondió ella a duras penas. Las sonrisas de Alumi eran en verdad convincentes.
Ambas se dirigieron a la habitación de la rubia en busca de la tarjeta de crédito que Hana solía dejar al alcance de su esposa para que comprara lo que se le diera la gana. Gracias a que su madre había intervenido en su favor, él tenía un buen empleo con un excelente sueldo que le permitía darle a Alumi la vida que toda mujer perteneciente a la familia Asakura debe tener.
-¿Nos vamos?- cuestionó la rubia, Namaha simplemente asintió para después seguir a Alumi.
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Se dejó caer en la cama totalmente cansada siendo imitada por su amante, quien, sonriente, jugueteaba con un mechón de su largo cabello mientras la rubia se abrazaba con fuerza a él. Adoraba esos momentos con su esposo, pues la hacía olvidarse de todo lo que pudiera preocuparle.
-Sigues sonrojada…-le dijo sin borrar esa seductora sonrisa de su rostro levemente enrojecido.
-Tú también lo estás, idiota- respondió riéndose un poco.
-Vaya…no han pasado ni tres minutos desde que hicimos el amor y ya me estás insultando, eres una mala esposa.
-¿Qué intentas hacer?- preguntó Alumi al notar que él la acercaba más a su cuerpo, estremeciéndola.
-¿Tú qué crees?- rozó delicadamente con sus labios los de ella, quien, gustosa, respondió sin pensarlo a ese beso. Hana podría ser un hombre brusco y agresivo, pero tratándose de ella era muy dulce, por más extraño que eso le pareciera. Se dejó envolver por esos fuertes brazos que la reclamaban suya, permitiéndole besarla más apasionadamente. Se separaron un par de segundos para tomar aire y después volverse a besar con cada vez más ímpetu mientras las manos de ella recorrían la espalda de su esposo, quien hacía lo propio en la breve cintura de la mujer.
-Ha…Hana…- susurró entre suspiros al sentir los labios de su esposo saborear su cuello. Él sonrió, acariciando un poco más el perfecto cuerpo que tenía debajo suyo mientras su esposa lo rodeaba con sus brazos, incitándolo a continuar.
-Te quiero, pecho plano- le dijo entre besos mientras sus manos recorrían esas perfectamente bien torneadas piernas, ascendiendo por su cadera, su cintura, sus pechos y finalmente regresando a sus mejillas. No podía encontrarle defectos, era tan perfecta.
-También te quiero, imbécil-respondió al mismo tiempo que sus manos acariciaban los pectorales de su esposo, quien se limitaba a seguir acariciado y besando su tersa piel, preparándola para el final.
Ella gimió un par de veces al sentir las caricias cada vez más atrevidas que él le daba, además que sus labios ahora recorrían un poco más, haciéndola sentir un enorme placer. Abrió sus ojos, encontrándose con esos seductores ojos color miel que la observaban, perdiéndose en esas preciosas gemas azules que ella tenía por ojos. Hana sonrió dulcemente, como casi nunca lo había visto. Se veía terriblemente atractivo, y ese leve sonrojo en sus blancas mejillas solo lo hacía ver mil veces mejor. Se sintió afortunada de tener un hombre como él, tan dulce y tierno en la intimidad…eso le encantaba de su esposo.
Habían llegado sin problemas al clímax, y ahora permanecían abrazados, sumamente tranquilos. Él seguía sonriente, acariciando la espalda de esa bella mujer a la que solía reclamar suya, en toda la extensión de la palabra. Ella, en cambio, se limitó a recargarse en él, acariciando con su dedo el pecho de su esposo. Sintió los ojos ligeramente pesados, pues el sueño comenzaba a atacarla. No pudo evitarlo, se abrazó con fuerza a él quedándose dormida sobre su pecho. Hana sonrió, se miraba tan adorable que simplemente era imposible no abrazarla.
-Gracias por todo…descansa.-susurró el rubio viéndola dormir. Le dio un delicado beso en la frente y cedió también ante el sueño que se apoderaba de él.
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(*) El anime que veían Alumi y Namaha es "H2O Footprints in the sand"
