¡Hola a todos!

Muchas gracias por pasarse por aquí, sin duda, es mi primer fic sobre la pareja ya que no he visto muchos de ellos escritos y... ¡Espero que sea de vuestro agrado!

Decidí hacerlo en 3º persona pero narrándolo desde el punto de vista más de Tyrion, ya que en muchos que leí solo se ve el punto de vista de Sansa.

Nos vemos abajo.

¡A disfrutar!


Un silencio abrumador y sordo inundaba la estancia. Un par de gotas eran las únicas que se atrevían a hablar al impactar contra el suelo frío y áspero sobre el que se hallaba sentado.

Miraba de un lado a otro. Pero lo único que podía ver, dentro de lo que la pequeña claridad le otorgaba, era lo mismo, cuatros grandes muros de piedra. Aunque comparados con él todo era grande, por supuesto. Una densa oscuridad le ayudaba a cerrar los ojos rendido y cansado. Demasiado cansado para seguir peleando por algo que desde luego, no había tenido remedio.

Sin embargo, por primera, y la que parecía última vez, lo habían encerrado en los calabozos por defender lo que era suyo. De nuevo, el grande prevalecía sobre el pequeño, y claro, él siempre era el que saldría perdiendo. Ya no habría más veces, empezaba a tener claro aquello, en unos días sería su juicio. En unos días sería condenado a muerte y su padre no haría nada. Sonrió desquiciado pegando la cabeza al muro mientras miraba a algún punto del techo. Aún después de que él también perdió a su madre, su familia le seguía echando la culpa de ello, como si no tuviese suficiente ya con ése hecho. Si lo querían muerto, en unos días estarían satisfecho, aunque no sabía por qué habían esperado 3 años desde la maldita boda de Joeffrey con Margaery.

¿Querían regodearse en el poder que tenían y lo que podían hacerle?

Pues bien, ahí lo tenían para que lo hiciesen, pero por favor, que sucediese de una vez y dejasen de marear la perdiz como si de verdad fuese su mascota.

Un sonido tras la puerta de llaves le hizo volver en sí y mirar quién era el susodicho que lo molestaría ahora. Llevaba ya un día allí dentro y tenía tanto tiempo para pensar que no hacía más que torturarse por culpa de su estúpida familia. Todos eran una panda de estúpidos. Su padre con que pidiese perdón. Cercei con que le iba a matar. Joeffrey con que iba a morir torturado. ¿No se cansaban de joder?

La figura que aún no había aparecido por la puerta, hizo acto de presencia.

- Mi señor...- Murmuró la joven pelirroja en el umbral de la puerta, justo detrás estaba su hermano, Jaime Lannister. El único de su familia que valía la pena sin duda.

- Sansa.- Respondió incorporándose de la pared, algo avergonzado porque su mujer lo viese así, cuanto tiempo había pasado ya desde su boda.- No era necesario que vinieses, tampoco que me vieses así, encadenado como una mascota.

- Dense prisa, no tiene mucho tiempo.- Habló Jaime desde la puerta cerrándola con llave para no levantar sospechas.

- ¿Te ha sucedido algo más?- Preguntó el pequeño Lannister caminando hacia ella para observar cómo tenía aún lágrimas en los ojos, el corazón se le hizo un puño imaginándose lo peor.

- No.- Negó enterrando la cabeza en sus manos, tratando de contener las lágrimas.- Es solo que... Gracias, Tyrion.- Agradeció en un hilo de voz casi inaudible, dejando que lágrimas cayesen a través de sus dedos.

La miró sorprendido por su reacción. El que estaba en el calabozo era él, no ella para que llorase. ¿Se preocupaba por él? Por un instante se sintió enternecido. Sansa Stark era su esposa. Hacía más de 4 años se casaron por obligación, y a día de hoy, por ser el caballero que todo marido ha de ser, aún no la había tocado, aunque era toda una mujer de más de 18 años, tampoco había tenido ninguna muestra de afecto hacia él, siempre lo llamó "Mi señor", y que ahora lo llamase por su nombre, después de tanto tiempo desde la primera y única vez que lo hizo, era algo que lo conmovía y alentaba.

Tyrion había conseguido cogerle un cariño especial, una increíble protección que no osaría que nadie derribase. Casi rió para sí mismo, por éso mismo estaba él allí. Desde luego después de Shae, no había podido seleccionar otra mejor, no, pero todo el reino lo debería de saber, más que él incluso. Se enamoraba fácilmente, y aún habiendo aprendido la lección con la prostituta, la inocencia de Sansa le hizo no poderse resistir a ello.

- Mi señora.- Le tomó de una de las manos para que dejase de llorar, no podía verla así.- Le juré por mi nombre y mi apellido, que la protegería, y así lo hice y haré.- Recordó haciendo que le mirase a los ojos directamente, sabía que serían unas palabras preciosas mirando a algo horrendo, pero a ver, no tenía otra cara. Sonrió tratando de darle seguridad a Sansa.

A pesar de ello, sabía que no podría protegerla durante más tiempo debido a lo que sucedería en unos días. Pero ella seguía siendo una inocente muchacha a pesar del gran carácter que había desarrollado tras la muerte de sus padres y su hermano, y no intuía lo que iba a suceder cuando el juicio se llevase a cabo, daba igual que fuese un Lannister si todos los Lannister lo querían muerto.

- Pero... está aquí por mi culpa y... y...- Las palabras quedaban ahogadas en su garganta delicada, realmente afectada por lo sucedido.

- No se aflija más, mi señora.- Acarició con cariño la mano que le había tomado tratando de tranquilizarla.- Es lo que todo esposo debe de hacer por su mujer.- Añadió asintiendo con delicadeza.

- Le agradezco que me...- Agradeció a medias, siendo cortada por la impulsividad que la invadió al agacharse hasta él y rodearle con sus brazos en un asustado abrazo.

El pequeño hombrecito abrió los ojos aún más estupefacto. El corazón comenzó a latirle desbocado. En qué buen momento, no pudo evitar pensar al tratar de tranquilizarse primero a sí mismo. Sansa sí era cierto que desde hacía varios años, ya no era reacia a tomarle del brazo para caminar junto a él, o al menos no botaba cuando se rozaban sin querer, al contrario, comenzaban a reírse. Lo que no podía hacerle evitar pensar que se había convertido en un amigo para ella. Al menos, aquel abrazo le aseguró algo, ya no le tenía miedo, y qué suerte que asco tampoco. Correspondió al abrazo pasando sus manos por la espalda de la joven, con suaves caricias para tratar de relajarla, aunque en brazos de un enano sería bastante difícil. Tenía un vestido rosa claro, con parte de la espalda al aire. Nunca había tocado su piel tan directamente como ahora, era suave y delicada, sin ninguna imperfección en el camino que sus manos recorrían, y su cuerpo se destensó bajo su tacto. No sabía qué buscaba con aquel abrazo, si calmar su alma, o calmar la de Tyrion, ya que encontró una paz entre ellos que hacía muchos años no había sentido. Dejó reposar su cabeza unos segundos contra su hombro, aspirando su aroma como una nana de cuna. Sus lágrimas dejaron de manchar la ropa que le habían traído para al menos estar aseado, pero no le importó, había dejado de llorar. Acarició un momento su pelo, con cuidado.

- Escúchame Sansa.- Se separó del abrazo de su mujer con cuidado y a regañadientes consigo mismo, parecía ahora más relajada.- Quiero que tengas ochenta ojos mirando hacia todos lados, le pediré a Jaime que vele por tu bienestar, así que, no has de temer nada.- Le pidió junto a una promesa que iba a poner en camino en cuanto la joven saliese por la puerta.

- Daros prisa.- Habló la voz de su hermano mayor en la puerta de la mazmorra.

- De acuerdo...- Titubeó un momento y asintió, ahora con más fuerza que antes, sorprendiendo gratamente al enano por verla sacar la fuerza interior que ella albergaba.

- Ahora marchaos, nadie puede saber que vinisteis a verme sin el consentimiento del rey.- La apremió acercándose a la puerta junto a ella.- Yo estaré bien.- Sonrió de soslayo.

La chica, asintió con otro "Gracias" ligeramente ruborizada, pero tan sincera, que llenó de dicha a Tyrion, el cuál ahora maldecía estar entre esas cuatro paredes, pero sin embargo, mereció la pena.

No pudo evitar mirarla con algo de tristeza, que ella no vio, cuando salió por la puerta. Parecía una cruel metáfora de lo que iba a pasar en su vida, ella se iba a marchar, porque él se quedaría en un lugar más oscuro condenado de por vida.

Su sorpresa fue, cuando Jaime reemplazó el lugar de Sansa tras cruzar un par de palabras con su mano derecha para que se la llevase a su alcoba y la escudase.

- No iba a dejar que Sansa se llevase todo el protagonismo de ésta visita, hermanito.- Le saludó el mayor con una media sonrisa cerrando la puerta tras de sí.

- No esperaba menos de ti, hermano.- Sonrió suavemente, alegre aún por la visita de la fémina, pero el golpe de la realidad le pegó tan fuerte, que se dejó caer un poste mirándole.

- Tampoco yo esperaba que Sansa Stark viniese a visitarte.- Reconoció sin estar seguro de cómo decirle aquello a su hermano, se sentó en una pequeña caja mugrienta que servía de banco.

- Ni yo...- Murmuró también descendiendo la mirada un segundo, a pesar de aquél abrazo, no quería que lo viese de aquella guisa, como si fuese un asesino.

- Tyrion, cuéntame lo que sucedió, por favor.- Le pidió su hermano confundido y nervioso. Jaime había llegado hacía relativamente poco, perdonado por sus actos y por su familia según tenía entendido, y no sabía qué había sucedido, bueno, sí, de boca del imbécil de su sobrino. Muchas veces se había preguntado qué hubiese pasado si él hubiese hecho lo que él, si lo perdonarían, pero en seguida se echaba a reír sabiendo absolutamente la respuesta. De cualquier manera, su hermano había regresado a Desembarco del Rey, probablemente sólo lo dejaban quedarse por la guerra que se avecinaba contra Daenerys, era imposible que lo perdonasen por otra cosa.

- No creo que tenga que ver nada con lo que te han contado.- Rodó los ojos entre enfadado y resignado al recordar el por qué estaba aquí con exactitud.

"No era de extrañar que en un día de diario, él comiese con su mujer. Hacía un tiempo que su relación se había estrechado un poco más, quizás fuese su curiosidad por aprender más y preguntarle sobre su trabajo a Tyrion o por su adicción insana a los libros de fantasía lo que instaba a Tyrion a pasar sus tiempos libres con ella, hablando sobre cualquier historia que él había leído, que él le gustaba contarle ya que le miraba embobada, como si fuese una niña a la que le están hablando sobre criaturas fantásticas. También había encontrado gratificante su compañía fuera de sus miradas de pena y tristes que antaño recibía, haciéndose sentir peor aún cuando si quiera la miraba, ahora, sabía que solo tenía que hacer un par de chistes ingeniosos para que estallase en risa y él se quedase contemplándola hechizado, como si los sonidos que salían de su garganta fuesen terriblemente excitantes. Sí, se había convertido en todo regla en su amigo, cruelmente para él, pero suficiente también, se había ganado su confianza, y éso ya de por sí, le pareció imposible desde un inicio.

- Espérame aquí, hay un pergamino en la biblioteca que te puede interesar.- Dijo con gran entusiasmo sentado junto a su mujer.

- ¿En la biblioteca? Mi señor, ¿hace falta que le recuerde que ya he leído los libros de la biblioteca?- Preguntó con un cierto tono de burla, parecía que creía que no se acordaba de ello.

- Sí, pero éste estaba escondido.- Levantó las cejas un par de veces viendo el brillo que se creó en los ojos de la joven, recordaba haberse obligado a sí mismo a apartar la mirada y salir de allí casi que corriendo.

Con un brillo de felicidad en sus propios ojos, bajó estrepitosamente hasta dar con el gran libro que se hallaba oculto tras una de las hileras bajas de la biblioteca, obviamente colocado ahí por él cuando lo descubrió para poder acceder a él con facilidad. Estaba alegre de poder compartir tales cosas con su esposa. Era una guía sobre apuntes de dragones, solo él la había visto, y pensó que era hora de que su mujer también la disfrutase. Sin duda, había encontrado la felicidad quizás no de la manera que él quería, pero sí la que necesitaba.

Volvió apresurado a su alcoba, donde allí siempre tenían más intimidad para leer y poder hacer comentarios acerca de los libros que ambos leían, que curiosamente eran los mismos.

Para su extrañeza, encontró a lo lejos la puerta abierta, cuando había recordado perfectamente haberla cerrado tras su paso para que no fuese molestada.

Un primer grito ahogado salió de su interior. La sangre de Tyrion se había helado al escucharlo quedándose un segundo petrificado, ¿Sansa...? Salió corriendo en el mismo instante. Cegado por lo que le pudiese estar ocurriendo a su esposa. Sus piernas eran cortas, pero hizo el esfuerzo de correr aún más deprisa agitado y temeroso. ¿Por qué había gritado? ¿Se habría caído?

Recordaba perfectamente lo siguiente que sucedió. Cómo llegó al umbral y descubrió a Joeffrey encima de Sansa levantándole el vestido, sobándola con sus manos mientras ella se resistía, tratando de violar a la fuerza. Cómo un torrente de ira comenzó a recorrer todo su cuerpo. Si en algún momento se hubo contenido con el rey idiota, en aquel instante se desató. Se había pasado más de 4 años sin ser capaz de tocar a Sansa por lo que significaba, y ahora ése estúpido trataba de... Se quedó impactado en el sitio un instante, el necesario para que el joven levantase la cabeza y lo viese allí en el umbral.

Sansa estaba llorando desconsoladamente. Tirada en el suelo con el vestido hecho agasajos, por suerte aún lo tenía puesto. Acogió su mirada en un segundo. Aún no podía si quiera explicar todo lo que vio en sus ojos.

Algo se encendió en su interior, cuando Joeffrey esbozó una sonrisa cínica y trató de abrir la boca, pero Tyrion se abalanzó contra él apartándolo de un puñetazo en la mandíbula. Pensaba quitarle ésa sonrisa a puñetazos. El rey comenzó a gemir de dolor y a retroceder asustado, lleno de miedo, trató de defenderse asestándole un puñetazo en la cara al pequeño, pero éste que se había situado encima no vaciló, lo agarró tirado en el suelo del pecho y lo zarandeó como si el enano allí fuese él mientras comenzaba a decirle lo miserable que era, que no se volviese a acercar a Sansa. La ira cegó todos sus actos.

La sangre comenzó a emanar de la nariz del joven rey y en cuanto Tyrion lo soltó, salió despavorido por la puerta. Recordó se quedó parado limpiándose con una mano la sangre que había brotado por su labio inferior. ¿Qué había hecho? Se volteó hacia Sansa con miedo a lo que encontrase en su mirada, ahora sí que parecía un auténtico monstruo, pero la encontró atónita y azorada.

- ¿Se encuentra bien, mi señora?- Preguntó algo titubeante, si le había llegado a...

Solamente asintió, dejando que lágrimas cayeran por sus mejillas. Recompuso su vestido como pudo y Tyrion la miró con la mayor de las tristezas. Tendió su mano hacia ella para ayudarla a levantarse.

- Gracias a usted, mi señor...- Murmuró incorporándose de su mano, la acompañó a que se sentase en la cama, aparentaba estar muerta de miedo y su tono era abrupto y en un pequeño hilo de voz, estaba apunto de romper a llorar de nuevo, pero parecía tratar de contenerse, ¿por qué?.- ¿Está bien?- Preguntó pillándolo por sorpresa aquella vez, viendo cómo sangraba su labio.

- ¿Gracias? Mi señora, es lo menos que ése malnacido se merecía.- Parecieron que ahora sus palabras asombraron a Sansa, que le miró aún más miedosa, probablemente pensando en qué hubiese pasado si él no hubiese aparecido, y éso mismo pensó.- Joder, tuve que venir antes... ¿Seguro que está bien?- Se repitió mirando hacia otro lado, viendo lo avergonzada que estaba de que la viese de ésa guisa. Tenía el vestido roto y dejaba entrever su pecho, su estómago y sus muslos, jamás la había visto así, y no fue hasta que ella se sonrojó que no se dio cuenta de ello, se había preocupado más de su bienestar, y éso le preocupaba incluso más.

- ¡Ahí está!- Se escuchó de fondo con un gran portazo en la habitación.

Tyrion se había girado lo más rápido que pudo, quiso tapar a Sansa, pero, obviamente, no daba la altura para ello. Unos 5 hombres fornidos aparecieron mágicamente allí, justo delante de Joeffrey. El malnacido del rey que tenía miedo de un enano, que se tenía que esconder de él tras 5 hombres. Sería buena forma de recordar a un rey. A pesar de que el rey había crecido, seguía siendo un enclenque aún a lo adulto que debería de ser ya, al igual que un maldito cobarde.

- ¡Apresadlo por atentado contra el rey!- Cerró los ojos suspirando, sabía que iba a suceder aquello, sabía lo que iba a acontecer que ayudase de aquella forma a su mujer, pero... ¿Qué si no podría haber hecho? Aunque había perdido la noción del sentido al verla de aquella manera a la fuerza, lo hecho... Hecho estaba.

- ¡No! ¡Esperad! ¡Él solo...!- Intentó defenderlo Sansa levantándose de la cama, tratando de impedirlo, cosa que sorprendió y alentó a Tyrion que ella le defendiese, pero no era posible.

- Sansa.- La llamó levantando una mano, cruzando una pequeña mirada de disculpa con ella. Dejándola estática y desconcertada, no le hizo falta hablar más, le dedicó una suave sonrisa triste y miró serio hacia los guardias que ya lo habían apresado como si fuese un animal.- Oh sí, cuidado, un enano os va a matar con sus corpulentas manos, ¿de verdad hace falta ser tratado así?- Comenzó a ironizar mientras se lo llevaban a patadas.

Calló nada más salir dejándose arrastrar, ya que solo pudo escuchar el llanto de la pelirroja de fondo en su habitación, dejándole el corazón más herido que el de la propia chiquilla."

Jaime escuchó la historia en silencio, parecía totalmente absorto en lo que le contaba. Creyó cada una de sus palabras, y se sorprendió a cada una de sus palabras. Sí, jamás pensó que Tyrion pudiese enamorarse de Lady Sansa, aunque era una joven bonita, nunca se lo hubiese imaginado. Claro, que ya no era la cría que había visto muerta de miedo a su padre morir, ni la que se casó con él hacía tantos años. Las circunstancias la habían hecho madurar rápido, y éso Tyrion se había dado cuenta... Su hermano, así de enamoradizo como prudente, había hecho la mayor locura que alguien podía hacer por amor. Si en aquel tiempo Jaime se hubiese encontrado a Cercei siendo violada... Le hubiese dado igual también si fuese el mismo rey, lo hubiese matado con sus propias manos.

- No puedo pedirte nada ya que tu hijo fue el causante de ello, lo sé.- Añadió con aún más pesar que antes, si solo tenía de ayuda a Jaime, estaba bien jodido.

- Tyrion.- Lo llamó frunciendo levemente el ceño.- Mi hijo es el rey más imbécil y sádico que todo el reino ha tenido.- Asumió apesadumbrado, le dolía obviamente tener que pronunciar tales palabras, pero eran ciertas.- Su versión de los hechos es muy pobre, cuenta que él y Sansa estaban a punto de encamarse cuando usted los descubrió y comenzó a asestarle puñetazos teniendo la baja guardia y el sentido nublado.

- Maldito hijo de...- Comenzó a reírse jocosamente y alzó más la risa doblándose hacia delante cuando terminó su relato, el mismo Jaime no pudo evitar ladear la mirada y echar una leve risotada para después mirarlo con melancolía.

Como no, ¡como no! Maldito mentiroso, hijo de Cercei tenía que ser. ¡Maldita mujer! Iba a ir a la horca por un maldito lunático que estaba en un trono, cómo deseaba que no fuese el hijo de Jaime y poderlo matar con sus propias manos, no le importaba, lo disfrutaría de lo lindo.

- Es imposible que aquello fuese cierto, no conozco a Sansa lo suficiente, pero está claro que ella nunca accedería a algo así.- Continuó hablando el mayor.- Sin embargo, ésta vez no puedo hacer nada, Joeffrey se supone que es mi hijo, acabo de volver y he conseguido que la familia me perdone, si voy en contra de ellos ahora...

- Lo sé.- Le interrumpió ahora Tyrion reposando de nuevo la espalda en la viga, descendiendo levemente la mirada para después mirar directamente a su hermano.

- Aunque sea mi hijo... No puedo reprocharte tu comportamiento.- Reconoció recostándose también contra una viga con cuidado.- Demonios, si alguien tocase a mi esposa... Lo hubiese matado ahí mismo.- Habló imaginándose la situación, se le notaba la rabia en cada palabra, ¿en quién estaría pensando?

- ¿Hubieses querido que matase a tu hijo?- Preguntó alzando las cejas en gesto guasón con algo de interés, a la vez que curiosidad.

Jaime solo bufó.- Claro que no, es mi hijo después de todo, y el rey además, tu situación complica las cosas Tyrion.

- Dime algo que no sepa.- Se quejó el pequeño rodando los ojos.

- Lo que no entiendo Tyrion... Sí, es tu esposa, pero... ¿A tanto tuviste que llegar para defenderla?- Estaba intrigado, totalmente intrigado de cuales eran sus sentimientos verdaderos por Lady Sansa.

Parpadeó rápidamente, ¿que si a tanto tuvo que llegar? ¡Era lo mínimo que podía haber hecho! El honor de su dama era el que estaba en juego, quizás incluso más importante que el suyo en aquel momento... ¿Pero más que su vida? Acaso...

- Pudiste haber cogido a Jeoffrey y separarlo...- Propuso por encima aún el mayor dejándole pensar. Suspiró al ver la confusión en el rostro de su hermano pequeño.- ¿Tanto te has enamorado de la pequeña Stark?

Aquellas palabras lo pillaron de sorpresa. Abrió la boca para tratar de contestar pero no lo hizo, solamente se quedó en aquella postura pensando en qué iba a decirle. Aquellos ojos verdes idénticos a los suyos parecían saber toda la verdad que él también conocía. Imitó su suspiro y se sentó directamente en el suelo, mirando hacia otro lado. Estuvo a punto de ruborizar sus mejillas pero no dejó que sucediese.

Realmente, no sabía en qué momento se había enamorado de Lady Sansa, quizás gradualmente había descubierto que aquel pequeño diamante, era aún más puro y radiante de lo que otros podían ver. Sí... ¿Podría volver a verla? Cayó en la cuenta de que quizás aquel momento fuese el último en que la hubiese visto y el corazón se oprimió dentro de su pecho ante tal pensamiento. Su último encuentro y tan poco tiempo... Joder.

- No podía dejar las cosas así, simplemente.- Respondió sin dar su brazo a torcer, su hermano sabía bien que no era de hablar de sus sentimientos, le costaba ya mucho asumirlos para sí mismo, como para contarlos así por así.

- Pues sí que es cierto...- Exhaló mirando hacia arriba. Tyrion le envió una mirada con los ojos entrecerrados, sería posible... ¿Cómo es que su hermano lo conocía tanto que sabía aquellas cosas? Bueno, él era el único que lo conocía realmente... Además de Sansa... Y sin duda alguna, él sabía también que era incapaz de hacer aquello a no ser que fuese por un motivo de aquel calibre.- ¿Encamaste ya con ella?

- ¡JAIME!- Alzó la voz el pequeño con ganas de golpearlo, sí, que irónico todo. El mayor solo comenzó a reír suavemente, como de antaño cuando ambos jugaban a picar al otro.

- Bueno, bueno...- Divagó tratando de defenderse.- En cualquier caso, ¿qué piensas hacer? Querrás volver con ella digo yo, o al menos no morir en la horca, ya sabemos como es mi hijo.- Resopló ante tal hecho.

- ¿Se sabe cuándo es mi juicio? Si es que voy a tener uno, claro.- Respondió con otra pregunta. Tenía que hacer algo, de algún modo tendría que poder librarse maldita fuese. No iba a morir por el estúpido de Joeffrey, éso lo tenía seguro.

- En tres días, será un juicio privado.- Respondió rápidamente, ésa era la primera información por la que había venido a verle.

- Como no.- Negó resignado. Era evidente que no quedaría bien si todo el pueblo se enteraba de aquello, de que un enano había salido ganando contra el mismísimo rey.- Bueno, disfrutaré mientras en ésta dulce estancia.- Ironizó levantando las manos señalando toda la celda.

- Por favor Tyrion, ten cuidado en el juicio, va a ir a por ti para que no salgas con vida.- Le advirtió el mayor ahora con cara de preocupación.

- No lo sabía.- Rodó de nuevo los ojos ante tal advertencia, ¿se creía que no lo sabía? Era algo demasiado evidente.

El mayor suspiró tan resignado como él de que fuese así de terco y cabeza dura, si perdía en el juicio... Se estaba jugando su vida y parecía si quiera importarle. ¿Sabría Sansa lo que iba a suceder? Quizás... No, no era buena idea meterla a ella en todo ésto, era asunto de Tyrion.

- He de irme hermano.- Se levantó con tranquilidad dirigiéndose a la puerta.- Ten cuidado, y po...

- Jaime.- Lo llamó levantándose rápidamente, cortando sus palabras de despedida, haciendo que se voltease hacia él.- Gracias por creer en mí.- Agradeció de todo corazón mirándolo un instante, recibiendo una suave sonrisa de su hermano.- Quiero pedirte una única cosa.- Añadió sin apartar la mirada de él.

- Sabes que no puedo hacer nada en contr...- Comenzó a decir agitado por no poder ayudar a su propio hermano ésta vez.

- No se trata de éso.- Negó rápidamente.- Prométeme que cuidarás a Sansa hasta que todo ésto pase, por favor.- Le pidió con la preocupación presente en su rostro, no quiso dejarlo ver, pero todo se le acumulaba encima.- No me extrañaría que Jeoffrey volviese a tratar de tomar venganza y...- Cortó el habla creyendo innecesario seguir hablando.

Recibió una mirada curiosa, intrigada, como quien quiere descubrir a ciencia cierta algo, pero no termina de saberlo, ni el por qué de tanta insistencia. Precedida de una de entendimiento.

No podía dejar a Sansa desprotegida mientras él estaba aquí de ése increíble bastardo. Y solo esperaba que Jaime lo entendiese y le brindase su ayuda sólo en esta ocasión, sin pedir ayuda sobre él mismo.

- Te prometo que Sansa estará protegida Tyrion.- Asintió dejando que su corazón respirase por fin una bocanada de aire tranquilo entre el tumulto que tenía formado en su interior.- Me sorprende de qué forma has cambiado...- Murmuró suavemente saliendo por la puerta.- Adiós hermano.

- Te lo devolveré en la otra vida.- Se despidió de él viéndolo salir por la puerta.

Se dejó caer sentado contra la viga de nuevo. En ése instante casi pudo jurar que una suave brisa acarició sus rizos dorados y estuvo a punto de sonreír. Por un lado se sentía tan tremendamente aliviado que dejó que tal sentimiento se expandiese por todo su pequeño cuerpo desterrando la angustia y el nerviosismo. Más de una vez se formuló la misma pregunta una y otra vez, ¿preferiría su vida o el honor y la confianza de Sansa? Desde luego, su vida era por mucho más valiosa y precedía frente a cualquier cosa o persona, pero sin duda, jamás se hubiese permitido perder tampoco lo que la había hecho vida realmente.


Bueno, es mi primer Tyrion y Sansa, así que, ¿qué tal os pareció? ^^

¡Espero os gustase y no sean muy duros!

Os espero también en las reviews ya que quiero saber vuestro punto de vista de cómo inició, qué tal les pareció y tal ya que soy nueva en ésta pareja...

¡Un saludo y hasta pronto lectores!