La voz de la rubia retumbó por toda la habitación, sorprendiendo a Hana, quien, con el corazón a mil por hora, intentaba inventar una buena explicación. La otra mujer le miró de pies a cabeza, sin duda alguna, era digna de ser una Asakura.

Hana palideció al instante. Podría jurar que esa era la voz de su esposa. Volteó, encontrándose con ella, quien, por cierto, se veía algo molesta.

-A…Alumi-el rubio tartamudeó-Pensé que estabas dormida. ¿Qué haces a…?

-Bajé por helado-interrumpió ella viendo severamente a su esposo-Además, escuché una voz de una mujer. ¿Con quién estás?

-Pues…verás…

-Conmigo-una mujer de castaño cabello rizado, ojos marrones y tez pálida apareció detrás de Hana quien tragó saliva. Había convivido con ella un par de veces, y simplemente no la soportaba. Alumi arqueó la ceja.

-¿Qué haces aquí? Pensé que estarías en aislamiento, como todas las demás aprendices de Anna-Sensei-cuestionó la joven viéndola con desprecio, la otra mujer desvió la mirada.

-Oh vamos, Niumbirch…

-Asakura-recalcó la mujer con firmeza-Recuerda que ahora soy la mujer de Hana. No olvides tu lugar, Kiku.

-Bueno, "Asakura" -la mujer le veía con odio, Alumi sonrió, orgullosa-No porque tú seas la "favorita'' de Anna-Sensei tienes derecho a presumir la libertad que tienes.

-Insisto en que no olvides tu lugar. Yo soy la nueva esposa de la familia Asakura, así que te exijo que cierres a boca. Además…recuerda la grave falta que cometiste en contra en Anna-Sensei. No me hagas repetirla frente a mi Hana.

-Espera un segundo Alumi-interrumpió Hana acercándose a su esposa, quién, sonriente y orgullosa, lo tomó de la mano-¿Ustedes dos se conocen?

-Algo así…verás. Ella era la otra candidata a ser tu esposa, o mejor dicho, estuvo a punto de serlo-dijo sin darle mucha importancia-Sin embargo, Anna-Sensei siempre tuvo preferencia hacia mí.

-Aún te enorgullece, ¿no?

-Por supuesto. Recordarás de quien soy hija… ¿o también debo recordarte eso?

La otra mujer se mordió el labio inferior intentando contener su ira. El solo hecho de ver a la rubia la hacía enfurecer ya que recordaba todos aquellos años de entrenamiento que se habían ido al carajo con la llegada de Niumbirch, ahora Asakura. La odiaba, más que a nada en el mundo, pues no solo era de verdad hermosa e increíblemente fuerte, sino que también Anna siempre la había humillado comparándola con ella, la flamante hija de uno de los diez oficiales del Shaman Fight cuando ella tan solo era una huérfana recogida. Durante los entrenamientos la superioridad de Alumi se hacía notar al sobrepasar, y por mucho, los poderes de las demás aprendices, quienes con el tiempo se volvieron sus amigas.

Al crecer sus esperanzas de convertirse en candidata a esposa de Hana se desvanecían mientras que Alumi ganaba territorio en todo, inclusive se había mudado a la residencia de la familia, un honor enorme para una aprendiz. Por supuesto, ella y la rubia habían tenido diferencias, ya que ambas estaban enamoradas de Hana, y por tanto, Alumi no perdía oportunidad de recordarle que ahora sería la nueva mujer en ingresar a la prestigiosa familia Asakura.

Sacudió su cabeza intentando sacar esos recuerdos de su mente, pero era imposible, y más teniéndola a ella cerca, que, como siempre, me miraba de forma soberbia y orgullosa mientras estrechaba con fuerza la mano de aquel a quien reclamaba suyo.

-Pero Alumi…-Hana rompió el incómodo silencio que inundaba el lugar-Mamá Anna no me había comentado que hubiera otra candi…

-No lo hizo porque no importa-interrumpió posando su dedo índice en los labios de Hana, haciéndolo callar mientras sus blancas mejillas adquirían un ligero tono rosado-Yo soy tu esposa ¿no? Así que si hubo otra que pudo ocupar mi lugar ya sale sobrando. Es parte del pasado, olvídalo.

-Bueno, pero Alu…-nuevamente fue interrumpido, pero esta vez por los labios de su esposa, que rozaban los suyos suavemente mientras que con sus brazos rodeaba su cuello provocando que Hana reaccionara colocando sus manos en la breve cintura de la joven quien desvió la miraba hacia Kiku, divirtiéndose con la reacción de esta.

-¿Y bien?-dijo la rubia tras separarse de su esposo-¿Qué haces en mi casa, Kiku?

-Anna-Sensei me envió aquí para saber si Hana-Sama ya ha tomado su decisión.

-Decisión, ¿eh? Hana no me había consultado nada al respecto-respondió Alumi viendo con seriedad a su marido, quien sonreía nervioso.

-¿Será que no confía en ti? O simplemente no le importas lo suficiente como para tomarte en cuenta.

-Por supuesto que no-Hana tomó la palabra rápidamente-Lo que ocurre es que mamá Anna me propuso que vayamos a vivir a la casa de Izumo, pero no estaba seguro de cómo decírtelo, pues sé cuánto adoras esta casa. Además…-le sonrió tiernamente mientras acariciaba una de sus suaves mejillas-te he notado extraña estos últimos días, y no quería que esto te afectara.

-Muy bien…-Alumi suspiró. Conocía perfectamente bien a Hana, y sabía que no estaba mintiendo. Sonrió para su esposo y dirigió su severa mirada hacia Kiku-Quiero que le digas a Anna-Sensei que le haremos llegar la respuesta en unos días.

-La decisión es de Hana-Sama-le devolvió el severo gesto a la rubia, quien le miraba con superioridad.

-Las decisiones que tome mi mujer son absolutas-respondió Hana rodeando con unos de sus brazos a Alumi, sorprendiéndola tanto como a Kiku-Así que dile a mamá Anna lo que mi esposa ha ordenado.

-Claro, Hana-Sama-la sonrojada mujer hizo una reverencia-Por cierto, Anna-Sensei me ha pedido que supervise también como van las cosas con Tamao y Ryu, así que me hospedaré aquí, con usted-dijo con una enorme sonrisa extendiéndole un sobre al rubio, quien lo tomó con cautela-Esa es una carta que ella le manda, explicándole la situación y ordenándole también que me permita quedarme aquí. Así que, con respecto a mi habitación…

-Prepárala tú-la firme voz de la rubia se hizo oír con fuerza-Tienes ambas manos ¿no? Ni Hana ni yo tenemos por qué encargarnos de esas cosas. Hana, ve a la cocina y tráeme un poco de helado, ¿si?

-¿Sabor?

-Quiero de fresa y vainilla, y si puedes incluir unas galletas no estaría mal. El helado está en el congelador, y las galletas en la alacena.

-Muy bien, entonces ya vuelvo-dijo dándole a la mujer un delicado beso en la frente-Me alegra que estés mejor.

Dicho eso se dirigió a la cocina. Alumi clavó su fría mirada en Kiku, quien también le miraba desafiante. La rubia descendió unos cuantos escalones para quedar a al nivel de la otra mujer. No podía evitar disfrutar verla enfurecer así, y más considerando que, de esa guerra, ella era la absoluta ganadora.

-Parece que aún no aceptas la derrota, mi querida Kiku. No sé si eres patética o muy perseverante-le dijo ella tas recargarse en la pared-Como puedes ver, mi Hana es un muy buen esposo, y también un increíble amante.

-¿Y eso a mí qué?-respondió tajantemente provocando que Alumi soltara una carcajada. Le enfurecía oír eso, y más viviendo de ella.

-Oh, nada, nada. Sé nota que aún estás enamorada de mi esposo, así que solo quería asegurarme de que sepas lo afortunada que pudiste ser. Por cierto, intentaremos no ser muy ruidosos mientras hagamos el amor, digo, para que puedas dormir…"querida"

-Eres una…-intentó abalanzarse sobre ella, pero Hana se interpuso justo a tiempo.

-Si piensas quedarte aquí, respeta a la señora de la casa-el rubio le miraba indiferente-Ella es mi esposa, así que te exijo que no vuelvas a hablarle así.

-Claro, Hana-Sama-dijo la castaña desviando la mirada.

-¿Podrías dejar eso en nuestra habitación?-suplicó la rubia mostrándole una encantadora sonrisa.

-Por supuesto, te espero ahí-respondió dándole un beso en la mejilla. Se veía realmente mejor, y eso le alegraba. Subió corriendo los escalones, adentrándose en la alcoba. Alumi y Kiku volvieron a encontrar sus miradas, ambas desafiantes.

-Ya oíste a mi Hana, guarda tus insultos si es que quieres quedarte aquí. Tú misma lo has dicho, yo soy la favorita de Anna-Sensei, así que puedo correrte y no tendré ni un solo problema con ella.

-No creas que eso te ayudará cuando seduzca a tu adorado Hana, Alumi-Chan.

-¿Seducirlo, tú? ¡Por favor! No me hagas reír. Es más probable que un cerdo volador me caiga del cielo a que tú logres algo como eso. ¿Sabes qué? Lárgate de una vez, no me siento muy bien que digamos, y tenerte aquí aumenta el malestar.

-De acuerdo, pero Anna-Sensei se enterará de esto.

-Haz lo que quieras, y dile que nosotros mismos le haremos llegar nuestra respuesta.

La mujer de cabello castaño le miró desafiante para después dar la media vuelta e irse. Alumi suspiró, vaya que tener a esa frente a frente después de tanto tiempo era de verdad un fastidio. Subió los escalones y entró a su habitación dispuesta a poder descansar de una buena vez.

O-O-O-O-O-O-O-O

-Parece que no te fue muy bien con nuestra Alumi-Chan, ¿eh, Kurama?

-Cierra la boca, Fukuda-ordenó el hombre tras sentarse en un sofá casi a la entrada del pequeño apartamento. Los otros dos le veían divertidos.

-Te advertimos que golpea duro, pero no quisiste creernos. Así que no te desquites con nosotros-el otro permanecía en la barra, bebiendo una cerveza.

-Ya sé, ya sé. Pero no pensé que de verdad doliera tanto. Incluso me sacó sangre.

-Y… ¿Cuándo irás a visitarla de nuevo?-preguntó un sujeto delgado y de largo cabello. Kurama le vio de reojo.

-Tal vez en un mes o dos…ya que esté más "avanzada" con respecto a eso. Recuerden que necesitamos su cuerpo, así que lo mejor será esperar a que el proceso termine para poder dar el siguiente paso.

-¡Pero para eso tendremos que esperar mucho! –alegó el más musculoso y alto de los tres. El robusto hombre le miraba también de reojo.

-Tranquilo Amatsu, no podemos permitir que Alumi-Chan se lleve más sustos. Queremos que esté sana y salva hasta que podamos continuar con el plan.

-¿Y qué hay de su esposo?-cuestionó Fukuda-No podemos ignorarlo.

-Tienes razón, mi amigo-suspiró, se había olvidado por completo del rubio-Supongo que a él tendremos que matarlo.