¡Hola hola!

Aquí os vengo con una segunda actualización sobre estos dos, espero recibir más comentarios para saber qué tal os parece y tal... ^^

¡Disfrutad!


Pasó una de sus manos por sus enmarañados rizos que gritaban por un baño desde hacía dos días. ¿De qué servía traerle ropa limpia si le trataban como si fuese un ladrón o un asesino cualquiera? Vaya mierda de familia que tenía.

"Ésta vez no puedo ayudarte" Recordaba las palabras de su hermano con claridad, lo que lo llevó a suspirar en bajo. Seguía sin saber qué iba a hacer en el juicio.

Se había pasado todo el día anterior, cuando Jaime le desveló lo del juicio, pensando qué haría para salir invicto de allí, pero por mucho que pensase, tenía un revuelto en su mente que no conseguía poner en claro ningún tipo de plan para ello.

La oscuridad siempre lo había calmado y arropado. Desde su inocente infancia pensó que era su más fiel aliada. Cubrían sus pasos, sus actos, su rostro y cuerpo deforme y desproporcionado. En la oscuridad podía ser quién quisiera ser ya que nada ni nadie podía vislumbrar lo que era, solo escuchar su voz grave encerrada en algún tipo de cuerpo aleatorio. Le alegraba pensar en aquellos lugares, en algún confín del mundo, donde medio año era de noche, y prometió ir a buscarlo, no importaba dónde estuviese, quería ser medio año feliz.

Y ahora, la oscuridad le mareaba hasta el punto de necesitar reposar la cabeza sobre sus brazos y rodillas, sentado contra la fría pared. Esbozó una triste media sonrisa, mira a lo que había llegado... ¿Dónde habían ido todos aquellos sueños de cuándo era pequeño? Quizás se habían ido a medida que maduraba y la realidad le iba golpeando poco a poco con la cruel verdad de que jamás podría escapar, y día a día le ahogó todo tipo de ilusión.

Cruzar el muro... Solo un niño idiota tendría ésos sueños, pensó para sí mismo recordándose con su hermano Jaime. También un niño aventurero, lleno de ilusiones y limitaciones, sí, en algún tiempo, él fue así, solo con su hermano Jaime Lannister cerca, el único que podía mirarlo sin encontrar odio y repulsión en sus verdes y característicos ojos.

Su vida había sido la mayor farsa de todo Poniente. Se hizo un ovillo apretando más sus pequeñas piernas entre sus robustos brazos. ¿Quién era él? Nadie. ¿Quién sería él si no tuviese el apellido Lannister detrás de un tonto y cualquier nombre? Nadie. Y aún así, ¿quién era él incluso con tal apellido? Nadie, un simple tullido y bastardo a ojos de su propio padre. Al menos daba gracias a ello, si hubiese nacido plebeyo... Probablemente no habría superado las 3 lunas de vida, o hubiese sido vendido como entretenimiento a algún señor a cambio de dos duros. ¿Qué familia en su sano juicio querría un hijo inservible para traer el pan a su casa?

Se frotó las sienes cansado, pareciendo despertar de una especie de ensoñación.

¿Qué narices hacía pensando en ello? Se suponía que él ya se había torturado lo suficiente con aquello, ahora le tocaba torturar a su familia, no a él mismo de nuevo. Suspiró en silencio, tenía demasiado tiempo para pensar, no tenía en qué y simplemente venían imágenes de los estúpidos de Jeoffrey, Cercei y su padre condenándole a muerte. Así que, había encontrado un bonito entretenimiento, la auto compasión.

Por un momento, también pareció poner los pies en el suelo, había perdido la noción del tiempo en aquel estado pensativo. Los ojos le pesaban, tratando de cerrarse sin que él les diese permiso. Miró un segundo con éstos entreabiertos por la ventana. La noche ya era principal culpable de la falta de tiempo que le quedaba. Quiso acercarse a la ventana, pero solo se quedó desde allí mirando de frente.

Era una noche oscura, muy oscura y profunda. Solo la luna que se distinguía a lo lejos hacía acto de presencia para no dejar vacío al cielo. Pero era una noche vacía, muy vacía. Se encogió sobre sí mismo mirando aún hacia aquel gran y lejano círculo blanco. Otra gran ironía de su vida. Estaba rodeado de gente, como la luna de las estrellas, pero en el momento de la verdad, estaba solo. Igual que ella, sin ninguna de ellas coreando su resplandor.

Súbitamente, la puerta de su celda se abrió de par en par, golpeando con fuerza el muro de piedra sobre el cuál impacto. Tan impresionado como confuso, Tyrion dio un pequeño salto incorporándose, volviendo totalmente en sí, apretándose contra la pared que tenía a sus espaldas.

Una figura se mostró en el umbral de la puerta. Sus curvas definidas no eran más que sombras desde aquella posición. El pequeño vestido daba a la imaginación, tanto como a la excitación. Cada línea que conseguía distinguir era un punto ciego que se esforzaba por no mirar, ungido en total confusión.

¿Cómo había entrado y por qué de ésa forma? ¿Quién y qué demonios...?

Su último pensamiento con sentido propio.

La mujer echó un vistazo ligero a la habitación, fijando con firmeza sus ojos en los verdes de Tyrion, haciendo que se estremeciese ante su mirada. Penetró dentro de la habitación con pasos lentos, suaves, como si tuviese que apartar centenares de bombas, pero su mirada en ningún momento se despegó de la del hombre. Tragó saliva con dificultad, no pudo pensar con claridad al ver tal espectáculo frente a sus ojos. Sus caderas se movían guiadas por el vaivén que sus hombros delicados marcaban, sus piernas largas y definidas le invitaban a acercarse a ella en vez de al contrario, pero estaba paralizado mirando a la mujer. Su pelo caía exuberante hacia sus pechos, cubiertos con delicadeza bajo aquel vestido de un color indescifrable por la oscuridad. Jadeó unos segundos al ver la mirada imponente de la mujer, había perdido todo el aliento que había guardado para el día de su juicio final.

Más cerca.

Cada vez más cerca.

Pudo oler su suave aroma a escasos metros, a la vez que pudo sentir un sudor frío por toda su espalda, obligándose a sí mismo a apretar la mandíbula para guardar el poco oxígeno que se había quedado dentro de su cuerpo. Sus zapatos chascaron una vez más bajo la atenta mirada del hombre que aún no sabía la identidad de la fémina que tan provocativa como etérea había conseguido entrar dentro de la celda sin más. La miró de arriba a abajo, aunque con un cuerpo como ése, podría entrar donde quisiera. Ascendió tras ello su mirada hasta sus ojos de nuevo. Una sensual sonrisa se dibujó en unos finos pero hambrientos labios, dejando entrever parcialmente sus dientes, que parecían intentar eclipsar en brillo a la luna. Descendió hasta quedar a su altura. Un pequeño hoyuelo dio rienda suelta a los latidos de su corazón cuando la tuvo lo suficientemente cerca como para tener que descender la mirada totalmente para poder contemplarlo y jadear ante él.

- ¿Quién...?- La boca seca, totalmente seca, quiso articular otra palabra, pero la saliva se había quedado atascada en algún punto de su garganta.

Ahora, pudo distinguir unos largos y rebeldes rizos ondulados que apartó de su rostro en un gesto tan sugerente como excitante. Tenía unos largos y delineados dedos que hacían buena fama del resto de su cuerpo. Su tez era blanquecina, no le hacía falta rozar su pétrea piel para saber que era tan suave que podría tratarse de seda. Sus ojos se mantuvieron cerrados en todo momento. Anhelante. Necesitaba ver los ojos de aquella mujer. No supo en qué momento los ojos de aquella pequeña fiera podían ser tan estimulantes para su entrepierna, pero una urgencia se creó en cuanto la mujer acercó su rostro al suyo.

Su aliento cálido impactó contra sus labios, enfervorizando su sed, nublando su entendimiento. ¿Qué misterio guardaba frente a él? Entreabrió la boca de nuevo para tratar de decir una palabra, una sola palabra que le devolviese la confianza en sí mismo, pero ella imitó su gesto, entreabriendo sus labios pintados de un suave carmín que quería ser catado en ése mismo instante. Llevó su mirada hasta ellos, investigando cada pequeño resquicio de ellos, cada pequeña grieta que se escapase de su paladar.

Las manos de la mujer entraron de nuevo en escena de pronto, como si también hubiesen cobrado vida en ése preciso instante. Sintió una de sus manos rozar con suavidad su cuello, posando uno a uno cada uno de sus dedos. Su tacto ardía. Parecían dejar una marca a cada segundo que pasaban en el mismo sitio, conteniendo en lo más hondo de su ser cada gemido por cada uno de sus dedos. Jadeó ésta vez notoriamente frente a ella, el calor que había notado nada más verla había incrementado hasta formarse un fuego tan intenso que sus propio cuerpo necesitaba algo con que apagarse.

Alzó sus brazos hasta la mujer sin poder resistirse, pasando sus brazos por su espalda para pegarla a él. Encajó sus labios tan fervientemente con los suyos que el hambre que había sentido anteriormente ahora era un apetito insaciable. Sus pechos impactaron de lleno contra su propio pecho, apretándose, no le importaba si con ellos se quedaba sin aire. Movió su boca en gesto apresurados, recorriendo la espalda de la mujer en rápidas caricias. ¿Cuánto tiempo había pasado sin tocar a una mujer? Su lengua recorrió cada rincón de su cavidad, presionó su propia lengua, jugando a quién tenía más hambre que quien. Agarró su pelo con suavidad, acercando ésta vez su cabeza más a la suya, como si no quisiese que se despegase de ése beso en ningún instante, como si pudiese vivir así el resto de días sin importarle su destino cercano.

Sintió de pronto las manos de la mujer agarrándole el cabello, tirandole con inquina, acrecentando el deseo que Tyrion estaba experimentando por ella, por sentir cada parte de su ser en la suya propia. Apretó el beso contra él mismo, sin darle oportunidad a escapar de la pared que lo tenía encerrado. Que tuviese por seguro que no querría escapar ni por todo el oro del mundo. No le importaba quién fuese. Paseó sus manos de nuevo por dónde le vino en gana mientras el beso seguía creciendo e intensificándose, no le importó por dónde dejaba sus caricias ni por dónde sus fuertes y placenteros arañazos.

De pronto, tomó sus manos sin separarse y de un gesto, se las llevó detrás de su cabeza, pegadas a la pared, dejándolo totalmente expuesto ante ella. Tan pronto como ella separó del beso, Tyrion comenzó a jadear sin poder retomar todo el aire que acababa de perder en escasos segundos. Abrió los ojos de una vez, con erotismo, y aparecieron ante él como dos criaturas mitológicas echando sus maldiciones sobre él. Se quedó sin aliento, si quiera pudo tomar el aire necesario para respirar. Parpadeó frente a él sin inmutarse de la reacción del hombrecillo. Se acercó aún más, mirándole con profundidad. Su mirada le hacía daño, no estaba muy seguro exactamente de dónde, pero lo sentía. Aquellas enormes perlas... Era totalmente imposible.

Se acercó a su oído pegándose de nuevo a él. Pero Tyrion estaba tan rígido y atónito que si quiera pudo recordar que estaba bajo la merced de la mujer con las manos inutilizadas tras su nuca.

- ¿Me estabas esperando?- Su voz fue como un susurro hiriente. Tan suave, tan melodioso y conocido, que le dolió. Notó una mano rozarle el rostro, en una suave y cariñosa caricia que lo hizo desvariar de nuevo.- ¿Me estabas esperando?- Repitió con voz aterciopelada sonriendo, escuchando perfectamente su respiración acompasada, agitando la suya misma.

- Sansa...- Gimió para sí mismo al notar las uñas de la mujer clavarse en su propia carne, provocandole tal placer inusual que gimió de nuevo, teniendo que cerrar los ojos involuntariamente al levantar la cabeza.- Sansa...- Y recibió una nueva caricia, suave, cariñosa, bajando cualquier tipo de excitación.

Comenzó a diluirse.

Tenuemente.

Mientras él solo podía mirarla pidiéndole, rogándole que se quedase un poco más.

- Mi señor...- Escuchó un murmullo fuera de sí mismo que le hizo parpadear rápidamente al notar tanta claridad en toda su cara.

- Argh...- Protestó algo malhumorado ante aquel hecho. ¿Qué había pasado...?

Abrió los ojos de pronto. De par en par. Confundido. Totalmente confundido. Y vio la misma imagen que anteriormente, pero mucho más dulce, más inocente, más niña.

- ¿Sansa...?- No pudo evitar farfullar entre dientes aún sin poder poner en orden todos sus pensamientos. ¿Qué diablos había pasado...?

Miró hacia todos lados. Sí, seguía en su celda. Se pasó la mano por el cuello con cuidado, frotándoselo sin más. No le dolía. No había ninguna marca. Realmente tuvo ganas de suspirar de desilusión. Había sido un sueño. Un jodido y precioso sueño.

Parpadeó un par de veces más al darse cuenta de nuevo de ésta situación.- ¿Sansa?- Dijo convencido de ello incorporándose de el suelo dónde se había quedado dormido, totalmente avergonzado sin poder mirarla directamente a los ojos, por los siete.

- Le he traído la comida.- Murmuró la chica al notar que Tyrion seguía adormilado.

- ¿Vos?- Se extrañó tomando la bandeja que le habían preparado, ¿seguro no seguía en su sueño? Estuvo tentado de pellizcarse, pero la imagen de Sansa, tan recatada, tan pura, tan virgen, le pobló el corazón de tranquilidad y sosiego. Sí, era su Sansa. Aunque tampoco le pondría pegas si fuese la Sansa de sus sueños, claro.- No hacía falta que lo hicierais.

- Me apetecía estar un rato con vos... Si no era inconveniente.- Descendió la mirada de pronto, haciendo que Tyrion sintiese que había hecho algo mal, por lo que le sonrió.

- ¿Inconveniente? ¿Crees que aquí tengo mucha diversión?- Bromeó el pequeño, ante lo cual, Sansa levantó la mirada para ver ésa pequeña sonrisa.- Solo es que no estoy en las condiciones más apropiadas para que me...- Se cortó a sí mismo mirándola intrigado.- ¿Cómo es que os han dejado entrar?- Oh no, su sueño.

- Vuestro padre me dio permiso como vuestra esposa para hacerle una visita diaria.- Explicó con calma.

Oh, aquello era mucho más normal. Iba vestida con un vestido similar al de ayer, pero dorado, con remaches por los costados. Un bonito vestido, sin duda. Además, el pelo lo llevaba recogido en una larga cola que había dejado cayese por la parte de su espalda.

- Qué considerado.- Rodó los ojos tomando el primer bocado de su bandeja, ¿quería reírse de él dejando que su esposa viniese a verlo de tal guisa? Seguro, no le extraba.- ¿Qué tal fue el día y la noche de ayer?- Preguntó preocupándose por su bienestar, esperaba que Jaime hubiese cumplido con su promesa...

- Bien, mi señor.- Asintió tratando de quitarle la preocupación que había visto en su pregunta, consiguiéndolo totalmente.- Vuestro hermano colocó dos de sus mejores hombres en la puerta de mis aposentos, al parecer, solo siguen sus órdenes, no sé de dónde salieron, creo que vinieron con él cuando apareció de nuevo.- Añadió algo curiosa por la procedencia de dichos hombres.

- Mmm... Es bastante extraño.- Concedió el hombrecillo terminando de comer, escuchar a Sansa hablar era siempre motivo de atención y relajación.- Aún así, me alegro de que cumpliese su promesa.

Le debía una a Jaime, sin duda alguna, le debía una por cumplir con su palabra. ¿Habría cambiado? Sí, tenía que ser así.

- Gracias por preocuparse tanto por mí... Tyrion.- Le agradeció pintando un segundo sus mejillas de un color carmín similar al de sus labios en sus sueños. De nuevo, le había llamado Tyrion, dándole un suave vuelco a su estómago cuando lo escuchó.

- Sansa, ya te dije que no has de darme las gracias, es lo que he de hacer.- Le explicó con brevedad sin querer escuchar más un 'Gracias', había sido su obligación, y su gusto velar por ella.

Un pequeño silencio se creó entre ambos. La pelirroja descendió la mirada un instante. ¿Ahora qué había dicho? ¿Se habría tomado mal ésas palabras? Tragó saliva tratando de pensar en cómo arreglarlo, ¿pero cómo iba a arreglar algo sin saber qué había hecho?

- Vos al menos sí sabéis ser buen esposo...- Murmuró a media voz, haciendo que el hombrecillo abriese los ojos un poco más sorprendido. ¿Se refería acaso a...? Dejó la bandeja con su comida, ya inexistente en el suelo, asegurándose de no tener ningún resto en su boca. Y tomó su mano con delicadeza, como el día anterior.

- Yo jamás esperé nada de vos, mi señora, ni tampoco le pedí nada a cambio de tener que soportarme como marido.- Sonrió suavemente comprendiendo su situación, consiguiendo que le mirase. Era cierto, ella estaba casada con un enano. Él no iba a tener descendencia. Si fuese ella, preferiría estar casada con un hombre hecho a su medida, literalmente, y no poder tener hijos a estar con semejante personaje como compañero de vida, a la fuerza.

- Pero vos...- Trató de reivindicar sus palabras, pero Tyrion no quiso escuchar nada, no quería escuchar las palabras de lástima de Sansa.

- ¿Qué tienes ahí?- Preguntó con un tono de curiosidad interrumpiéndole sus palabras, no quería escuchar más.

- ¿Ah?...- Recordó de pronto y sostuvo entre sus manos el libro que Tyrion le había llevado el día de...- Es el libro que me dijiste...- Se lo tendió con cuidado, parecía extremadamente frágil aunque era muy grueso y denotaba muchos años de antigüedad.

De nuevo, abrió los ojos aún más sorprendido que antes. Tomó el libro por inercia, y acarició con suavidad la tapa de éste. ¿Lo había traído? La miró con curiosidad, y algo de incredulidad. La verdad, si quiera se esperaba que apareciese de nuevo por allí, que viniese con su libro... Era fascinante.

- Dijiste antes de marcharte que irías a por un libro de la biblioteca...- Comenzó a explicar al ver el silencio y la mirada del hombre, pensando que no lo recordaba, pero lo que sucedía era que estaba estupefacto.- Que era un secreto y quedó en la alcoba tirado... Tuve curiosidad de leerlo pero... Pensé que sería mejor si tú me lo enseñabas al ser tu secreto.- Terminó de hablar, y el corazón de Tyrion se desbocaba en su interior de dicha, quién lo diría dentro de aquellas cuatro paredes.

- Sansa...- Murmuró algo emocionado acariciando aún el libro, abriéndolo por una de sus primeras páginas.- Gracias.- Agradeció simplemente el enano contemplando el libro entre sus manos. No había pensado en él, pero sin duda, no podría perdonárselo si encima de todo, lo hubiese perdido, era su secreto mejor guardado...

- ¿Empezamos?- La voz impaciente de Sansa le hizo despertar de su pequeño ensimismamiento, volviendo a su viva y suave voz. Gracias, de verdad. Probablemente ella si quiera se imaginase lo que significaba para él. Tampoco se habría imaginado que le entusiasmase tanto leer con él, ahora él no podía parar de darle para sí mismo las gracias.

- Claro.- Asintió con el mismo entusiasmo, olvidando por un instante, de nuevo, dónde estaba, realmente era evidente que sí lo recordaba, pero por un instante, podía centrarse en Sansa, e imaginarse en un punto intermedio entre ella y el universo.- Verás es una guía de dragones.- Comenzó a hablar ojeandolo por encima, pasando rápido las páginas de un lado a otro.

Ambos, casi de forma autómata, se acercaron al otro para poder ver con claridad el libro. De nuevo sintió cómo la joven no hacía ningún desagrado a su tacto, a pesar de su aspecto de ahora y le animó a pelear contra lo que fuera.

- ¿Que ése dragón podía hacer que resbalases con la grasa de sus alas?- Preguntó de pronto pasmada por lo que Tyrion le explicaba acerca de uno de los dragones que salía en aquella guía tan inusual.

- Exacto. ¿Imaginas si untásemos todo el salón del Trono con la grasa de sus alas?- Le expuso su idea entre carcajadas a su pequeña Sansa, la cuál no tardó en comenzar a reír.

- Ojalá.- Asintió tan inocente como siempre, sus sueños le recordaban a los suyos con su edad, lleno de vida, pero sin las ataduras que justamente éso, su esposa, tenía.

- Mira éste otro.- Pasó de página dejando que su risa resonase por las cuatro esquinas de la celda, grabando su sonido para quizás no sentirse tan solo de noche... Tragó saliva recordando su sueño, sintiendo su roce, poniéndose nervioso de pronto. Tomó aire calmándose antes de que ella pudiese darse cuenta. Soltándolo con delicadeza al ver que no fue así, o al menos si se dio, no lo comentó, no sabía aún así que era por ella... Aunque de otra forma.

- ¿De verdad hubieron tantos tipos de dragones?- Los ojos maravillados de Sansa eran un océano con miles de criaturas, tan nítidos y resplandecientes como las aguas de Tarth.

- Según éste libro, sí.- Asintió incrementando la felicidad de la joven.- Aunque quizás si quiera pudieron documentar todos los que hubieron en aquel precioso tiempo.

- Lo que daría por volver a ver uno.- Suspiró con algo de pesadumbre.

- Al menos, siempre nos quedarán sus impresionantes cadáveres.- Sonrió algo consolado por aquel hecho, pero la mente y tristeza de Sansa parecía estar en otro lado, ¿sería por lo del otro día...?

Dos toques en la puerta. Indicaban por finalizada su visita. ¡Joder! Apenas en unas horas sería plena tarde por cómo estaba el sol... ¿Tanto había dormido aquella noche? Normal si lo miraba por el lado en que no tenía nada mejor que hacer, si no quería volverse loco de tanto pensar.

- Mira.- La llamó tratando de despejarla.- Quédate con el libro.

- ¿Cómo...?- Parpadeó rápidamente, teniendo de pronto el libro en las manos sin si quiera saber que se lo había dado.

- Yo me sé todos ésos dragones de memoria.- Le respondió con sinceridad.- Así que, tú tienes que investigarlos ahora.

- Pero es tu...- Murmuró acariciando el libro de la misma manera que él lo había hecho, esbozándose en su rostro una sonrisa complacida.- Gracias.- Agradeció con las mejillas ungidas en color. Tendría más de 18 años, pero para aquellas cosas, seguía siendo la ilusa Sansa con la que se casó. Se levantó con rapidez apretando el libro contra ella.- Mañana volveré, y ya no necesitaré el libro.- Le prometió con ésa sonrisa aún en sus mejillas, formando unos preciosos carrillos que derretían el alma de Tyrion.

- No hace...- Comenzó a decir sin poder apartar la mirada de sus ojos, no quería desilusionarla de nuevo, y al menos, ella le entretenía legalmente lo que estaba aquí.- Está bien.- Aceptó viéndola ya en la puerta, mirándole desde allí. Tan lejos, y a la vez tan cerca...- Hasta mañana entonces, mi señora, cuídese por favor.

- Igualmente, mi señor. Hasta mañana.- Copió con una suave sonrisa su despedida, y obligada, salió por la puerta. Creyó ver un deje de tristeza en sus palabras, pero lo ignoró tratando de no alentar sus ilusiones, vanas ilusiones, ¿cómo iba a estar triste? ¿porque estuviese aquí? Venga ya...

Se sentó contra la pared de nuevo rememorando la tarde que había pasado junto a ella, riendo sin importarle lo que se avecinase, ya había asimilado la idea de que no podría enfrentar el juicio, ni si quiera con un juicio por combate o una defensa pidiendo perdón, que jamás haría. Y aún en la soledad en la que ahora se encontraba, seguía teniendo el corazón cálido y acogedor por su solo recuerdo.

- Hasta mañana...- Murmuró con suavidad y la esperanza de que así fuese.

Nadie le decía que era cierto, que iba a venir, realmente no tendría por qué ir a verle, pero así por lo menos, dormiría caliente ésa noche, avivado por la ilusión de sus palabras... Hasta mañana.


¿Y bien? ¿Qué os pareció éste segundo capítulo? ^^

¡No seáis tímidos y dejadme vuestras reviews! Me encanta recibirlas y así se lo que pensáis acerca del fic.

Respuestas:

Meg: ¡Hola! Me alegra que comentases ^^ ¡Y más aún que te gustase el fic! Ya tengo pensado el final para éste fic, no puedo decir nada porque si no, ¿qué hay de intriga? Pero seguramente cuando lo termine, haré una 2º parte ^^

¡Un saludo queridos lectores y hasta pronto!