Permanecía recostado, comiendo lo que, se suponía, era para su esposa. Alumi se comportaba de forma muy extraña esos últimos días, en ocasiones comía más de lo normal y estaba de excelente humor, otras apenas tocaba su comida y sus ánimos estaban por los suelos. Suspiró. Tenía un mal presentimiento.
-Vaya, por fin se fue-dijo la mujer tirándose a la cama y colocando una almohada en su cabeza-No tienes idea de cuánto la odio.
-Vamos, pecho plano, no te lo tomes tan mal-la animó el rubio mientras rodeaba a su esposa con uno de sus brazos, haciendo que esta dejara la almohada de lado y recargara su cabeza en su pecho-Tú misma lo dijiste ¿no? Ella pudo ser mi esposa, pero no lo fue. Plana, loca y bipolar…mi esposa eres tú, y así te amo.
-Hana…-le miró sonrojada, escucharlo decir eso la hacía sentir mejor.
-Además, yo tampoco la soporto, y eso que solo he convivido con ella un par de ocasiones-le dijo para después darle un beso en la frente-Bueno, cómete esta cosa, porque si se derrite no pienso bajar por más.
-Sólo tú sabes cómo arruinar un buen momento, imbécil-sonrió tomando el tazón con helado de manos de su esposo, quien la veía divertido.
-¡Oye! No seas egoísta, yo también quiero helado-hizo un puchero, provocando que ella riera.
-Tendrás que suplicarme para que te dé-respondió haciéndose a un lado, evitando que él tomara el tazón.
-Plana egoísta, ahora ve…-una vibración proveniente del bolsillo de su pantalón lo interrumpió. Hana bufó, molesto.
-¿Quién es?
-Es el cuatro-ojos de nuevo. Dame un momento… ¿Bueno? Ya sé que eres tú Yohane, no tienes qué decírmelo. ¿Qué quieres? ¿Eh? ¿Vamos a regresar al trabajo? Pero Yohane, pecho plano está enferma y…vale pues, en seguida voy.
-¿Todo bien, Hana?-cuestionó la chica haciendo un puchero, no quería que se fuera.
-Lo siento, debo volver a la oficina-hizo una mueca mientras revisaba su cartera-No alcanzaré a hacerte comida, así que te dejo algo de efectivo para que ordenes una pizza, o lo que tú quieras ¿de acuerdo?
-De acuerdo-la mujer tomó el dinero colocándolo en el buró a lado de ella-Por favor cuídate.
-Te ves muy tensa…relájate, estaré bien, lo prometo-dijo él sonriendo para después acercarse a su esposa y depositar un beso en su frente-Púdrete, niña plana.
-Púdrete tú, idiota-le miró sonriendo al mismo tiempo que él dejaba la habitación. Se dejó caer de nuevo en la cama, cerrando sus ojos al sentir que un fuerte dolor de cabeza se apoderaba de ella. Quería que Hana regresara… ¿Por qué tenía que irse? ¿Por qué ahora que se sentía tan intranquila?
Respiró profundamente, desesperarse no la iba a llevar a ningún lado, pero no podía evitarlo. Sentía que algo malo le pasaría a Hana, y rogaba por que no fuera así.
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Caminaba lentamente rumbo al edificio en el que trabaja, maldiciendo a los electricistas ya que, según palabras de su buen amigo el cuatro-ojos, el corto circuito había sido reparado en su totalidad y ahora podían regresar a trabajar sin ningún problema. ¡Maldita sea! Alumi enferma y él sin poder cuidarla… ¿acaso había algo peor?
Sacó su celular para cerciorarse de no ir tan tarde, pero en ese preciso momento sintió un fuerte jalón que lo llevaba a un callejón.
-Vaya…no sabía que las ratas salían tan temprano-dijo el rubio al sentir la punta de una pistola en su sien. ¿Ladrones? Después de todo si había algo peor.
-No me digas que no tienes miedo, Hana-Kun.
-¿Quién te dijo mi nombre, imbécil?-cuestionó desviando la mirada hacia su agresor, quien mostraba una sonrisa socarrona en su feo rostro.
-Tengo un poco de información, pero no te pongas en esa actitud conmigo. A fin de cuentas…soy tu amigo ¿no?
-¿Qué quieres, idiota? ¿Mi reloj? ¿Mi celular? ¿Mi cartera?-le miraba desafiante-Y por cierto…no soy tu amigo.
-No quiero nada de eso, yo solo vengo a darte una advertencia.
-¿Advertencia?
-Así es...tienes una esposa muy atractiva, no te recomendaría dejarla sola, y menos ahora que la pobre se encuentra enferma. Conozco a unas personas a quienes les encantaría divertirse con ella, incluyéndome.
-¡No te atrevas a tocar a Alumi! ¿Oíste, bastardo?-en un rápido movimiento Hana le golpeó, permitiendo liberarse y tomar el control de las cosas, acorralando al sujeto.
-Oye, oye, tranquilo amigo-el hombre le veía aterrado.
-No soy tu amigo-le miró enfurecido, arrebatándole el arma para después apuntar al cuello del tipo-Ahora soy yo quien te advierte…aléjate de mi esposa o no responderé de mis actos.
-Interesante…el típico esposo que daría lo que fuera por proteger a su mujer-le dijo en tono irónico, Hana enfurecía cada vez más-No sé por qué no te creo.
-No importa si no me crees, pero te lo diré una vez más, aléjate de mi esposa, porque si te atreves a tocar uno solo de sus cabellos…-se acercó al sujeto, intimidándolo con su severa mirada-…me encargaré de que te arrepientas.
-¿En serio?-Kurama aprovechó un momento de distracción por parte de Hana para sacar una navaja y apuñalarlo en el estómago, dejándolo en el suelo-De acuerdo, pero si al llegar hoy a casa encuentras a tu preciosa Alumi herida o incluso muerta…no digas que no te lo advertí.
El sujeto desapareció ante los ojos de un muy atónito y furioso Hana quien, aún escupiendo sangre, luchaba por ponerse de pie, sin embargo el dolor no se lo permitía.
-¡Hana-Kun!-un hombre de cabello negro se acercó corriendo hacia él, ayudándole a levantarse.
-Yoh… ¿Yohane?-le miraba confundido, no entendía por qué estaba precisamente él ahí.
-No hables…Vi todo lo que pasó, pero parece que no llegué a tiempo. ¿Quién era ese tipo?
-Ese idiota…-el rubio intentaba hablar, pero cada que abría la boca, un borbotón de sangre salía de ella. Su visión se volvió borrosa al mismo tiempo que el dolor se intensificaba, haciéndolo caer nuevamente al suelo, esta vez inconsciente.
-Hana-Kun… ¡Hana-Kun!
