¡Hola hola!

Como bien ya dije, ésta historia la tengo tan fresca y tan reciente, que ya tienen una nueva actualización... ¡Me siento con ganas de escribirla!

Así que, sin más demora, aquí tienen un capítulo lleno de sorpresas... ¡Buena lectura!

¡Nos vemos abajo!


Pesaba... Sentía todo el peso que nunca había sostenido entre sus manos...

Dolía... Aquellas cadenas le tenían tan fuertemente aprisionado, que temía su circulación ya no fluyese de la misma forma.

No podía moverse. Se encontraba totalmente inmovilizado. Jadeaba. Trataba de abrir los ojos, pero el sudor que caía por toda su cara manchando su ropa se lo impedía. Volvía a jadear en aquel silencio voluptuoso.

"!Matadlo¡" Escuchó en el fondo de aquella habitación. Una voz emponzoñada, amarga, envuelta en rabia y sed de sangre.

- Basta...- Murmuró sin fuerzas dejando caer la cabeza contra lo que parecía estar un muro.

Notaba como si una hilera de pequeños salientes penetrasen dentro de su cabeza, justo donde la había apoyado. Gimió con fuerza. Con toda la fuerza que le quedaba, que era demasiado escasa.

- Basta...- Lloriqueó dejando que un par de lágrimas cayeran por sus mejillas, con cariño, limpiando por donde iban los restos de su propia sangre.- Por favor...

Tenía ganas de romper a llorar. Quería que acabasen con su vida ya, que dejasen de aplazar el momento en el que se encontraba.

Gritó de dolor cuando las cadenas se apretaron más sobre él mismo sin previo aviso, retorciéndose, sin poder evitar impactar contra el suelo. Dejó que todas aquellas lágrimas continuasen cayendo hacia el suelo.

- Basta... Basta... Matadme...- Imploró en un hilo de voz por fin el enano enterrando la cara en el suelo, no quería seguir viviendo si era de aquella forma.

Había llegado su fin, después de tantos años aguantando, luchando, defendiéndose... Sabía que no podría pelear contra su familia, era imposible.

Uno.

Dos.

La puerta sonó tan fuerte, pero tan lejana que si quiera alzó la cabeza para mirar quién contemplaría ahora su tortura con una malvada sonrisa. ¿Joffrey tal vez?

Un paso, dos pasos. Ahora sí que podía distinguir el ruido. Firmes, delicados, punzantes, tranquilos, cautelosos.

Sintió de pronto una mano aferrada a su brazo que lo incorporó contra la pared, parecía tan delicada, que agachó la mirada hacia el suelo compasivo, implorándole su muerte.

- Hoy no es tu día.- Murmuró aquella voz.

Levantó la mirada como si se tratase de un espejismo y allí estaba. No pudo evitar dejar que las lágrimas comenzasen a correr como grandes ríos por toda su cara, pero no apartó sus ojos de los suyos en ningún momento. Disfrutando de ellos aquellos escasos segundos en los que parecía estar mirando al mar a través de ellos, dos enormes perlas azules de un color tan vivo, y con un punto tan lascivo, que inspiraban la tranquilidad de cualquier marinero, o soldado de tierra firme.

El dolor comenzó a mitigar de pronto, embelesado por sus enormes ojos. Se atrevió a mirarla completamente, sin estar cansado ya para hacerlo. El pelo de nuevo caía como aquella noche, exuberante hacia sus pechos, cubiertos con un despampanante vestido, aún no había conseguido distinguir el color, ni tampoco lo había intentado. Sus manos rodearon de nuevo su cuello, como la noche anterior, solo que aquella noche, sabía quién era.

- Sansa...- Murmuró aún aturdido levantando las manos hacia sus caderas. Parpadeó sorprendido al ver que las cadenas habían desaparecido, y en su lugar, una hermosa joven esbozaba una incitante y sensual sonrisa mientras arañaba con fuerza su nuca, acercándolo aún más a ella.

- Ya estás a salvo... O no.- Mordió su labio inferior ante Tyrion.

- Sansa... Ésto no está bien...- Trató de retirarse de ella con tan increíble fuerza de voluntad que cerró los ojos para dejar de mirarla.

Era su esposa. Era su Sansa. De pronto cayó en la cuenta. Era su Sansa. Aquello no era real, solo un sueño. Luego no podría sostenerle la mirada.

- Tyrion... Estoy preparada.- Acercó sus labios a los suyos comenzando el beso que dejó al Lannister patidifuso.

No estaba bien... No estaba bien...

Gimió del gusto cuando notó la lengua de su esposa dentro de su propia lengua, dominándole como siempre pensó hacerlo sobre ella.

La tomó con fuerza, pegándola totalmente a él, rendido ante los encantos que ella sabía ejercía sobre él. Le bajaría la luna si hiciese falta, o convocaría a todos aquellos caballeros de la luna para que la convenciesen de bajar para su señora. Sabía, que aquello estaba mal, pero, sus labios sabían tan bien... Que al menos disfrutaría de ellos ahora que podía.

Las manos de la joven se aferraron con fuerza a su pelo. Otra vez. Ardía. Tiraba de él provocándole a Tyrion ligeros gemidos que el contrarrestaba descubriendo las partes de su mujer que aún no le había dejado investigar.

- Gracias por venir a rescatarme...- Sonrió sin poder evitarlo frente a sus labios, hundiendo sus manos en lo más profundo de su vestido.

- Siempre seré tuya... Tyrion...- Gimió en su oído suavemente, sobrepasada por el placer que el enano acababa de descubrir ser el suyo propio, solo uno de sus gemidos en su oído, arrancado de su garganta por él mismo.

De pronto, casi por arte de magia, se volvió tan lejana. Tan distante. Que Tyrion la apretó más entre sus brazos tratando de no soltarla.

- No... No... Por favor, no te vayas.- Imploró cayendo de rodillas al suelo, tratando de retenerla de alguna manera, pero se desvanecía con una última sonrisa entre sus brazos.


- No... No...- Movía la cabeza de un lado a otro.- ¡No!- Elevó la voz incorporándose de pronto en aquella vieja celda.

Jadeó sin poder evitarlo llevándose las manos a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza. ¡Joder! ¡Otra vez lo mismo! ¡Joder! ¡¿Por qué a él?! No podía venir todas las noches a sus sueños para después abandonarlo... No podía... Suspiró cansado y resignado. Fue éso, simplemente, un sueño, no tenía nada que ver con Sansa... Pero sus ojos eran tan reales... Tan cálidos y serenos...

- Mi señor... ¿Se encuentra bien?- Murmuró algo asustada la mujer con la que se encontró a su derecha, no había percatado en su presencia, por lo que dio un pequeño brinco hacia ella.

¿Qué demonios...? No, no podía ser, acababa de volver a soñar con ella y... ¿Estaba aquí? ¿Cómo iba a...? Oh, era cierto, Sansa le dijo que vendría hoy... Se encogió dentro de sí mismo, arropado en sus palabras y en su cariño. Sí, aquella era su real Sansa. Había venido... De verdad había venido... Un sentimiento de felicidad recorrió tanto su cuerpo que sonrió hacia la muchacha, dejándole ver que se encontraba perfectamente. Sonrisa que se copió en el rostro de la mujer automáticamente, aliviada.

- Buenos días Sansa.- La saludó ya tranquilo, o lo que le dejaba estar su cuerpo.

- Buenas tardes más bien.- Rió suavemente la joven teniéndole la bandeja de comida que había dejado en el suelo hacía un rato.- Llegué y estaba durmiendo, parecía cansado, así que no le desperté.- Explicó rápidamente sin entrar en mucho detalle.- ¿Tuvo una pesadilla?

Abrió los ojos sorprendido. Si nadie le despertaba sabía que podía tirarse horas y horas más durmiendo si lo hacía en malas condiciones. Pero algo allí no le cuadraba, por lo que miró pensativo la bandeja, pero sentía algo en el estómago que no estaba seguro qué era, o qué significaba.

- Sí... Una tontería.- Hizo un mohín alzando las cejas, para luego volver a su rostro normal y comenzar a comer, estaba hambriento.- ¿Has estado aquí desde que dejaste mi comida?- Preguntó sin mirarla directamente, deseando que fuese sí la respuesta.

- Eh... Sí.- Escuchó sin dejar de comer, dándole botes de alegría el corazón.- Pero... Fue solo porque estuve leyendo ésto, y quería que viese que no lo necesitaba...- Sacó el libro de dragones dejándolo junto a ella, si Tyrion hubiese alzado la mirada, hubiese visto el gran rubor que tenía la joven en sus mejillas. El cuál, gracias a los siete, se disipó antes de que la levantase.

- ¿De verdad?- Preguntó asombrado dejando la bandeja a un lado, después de comprobar que no le hubiese quedado ningún resto de comida.

- Sí.- Asintió de forma enérgica recuperando la sonrisa.- Venga, puede preguntarme lo que quiera.- Le instó preparada.

- ¿Segura?- Sonrió sin necesidad de tomar el libro para preguntarle y saber la respuesta.- ¿Según qué clasifica el libro a los dragones?

- Según el color de las escamas del dragón.- Respondió con rapidez, asintiéndose a sí misma al terminar.

- Bueno, ésa era fácil.- Sonrió con suavidad, pensando en una un poco más difícil.- ¿Qué único dragón, según la guía, no tiene dientes?

- Mmm...- Pensó detenidamente ésta vez con algo más de complejidad, pero dijo que lo haría, y lo haría.- Es el... ¿Downguard venerable?

- Vaya, veo que alguien estuvo bastante entretenida ayer, exacto.- Asintió gratamente sorprendido, sí que se lo había aprendido.- No como yo.- Habló por lo bajo rodando los ojos algo fastidiado, solo podía dormir y dormir y en sus sueños... Parpadeó rápidamente.- A ver... ¿Cuál es el dragón con aspecto más anciano?

- Ése me llamó mucho la atención...- Murmuró suavemente sin recordar el nombre del dragón. Cerró los ojos con fuerza tratando de pensar, era un nombre muy difícil.

La miró un momento, desde conmovido hasta ilusionado. No había maldad en sus gestos, mucho menos en su corazón. Al contrario, se hallaba "cuidando" de su esposo, el cuál no le agrada, pero le hacía feliz solo con su presencia. Y poniéndole tanto interés a algo tan importante para él... Era emocionante. Ojalá tuviesen más tiempo para compartirlo de aquella forma...

- ¡Paarthurnax!- Exclamó de pronto sonriente, sonrojando sus mejillas al instante.

- Veo que ya no vas a necesitar el libro...- Asintió el enano haciéndole caso a su aún esposa.- Aún así, es tuyo, yo te lo regalé.- Asintió de nuevo, complacido, un regalo era un regalo.

- Pero... Ya no lo necesito.- Se negó la joven teniéndolo entre sus manos.

- Por si algún día se te olvida.- Alzó las cejas en un gesto gracioso, arrancándole una suave risa de asentimiento a la joven.

Dichosa juventud. Dichosa inocencia. Lo que daría ahora mismo por tener un trozo de ella.

¿Sabría Sansa que hoy se suponía era su juicio? Bueno, realmente si no lo sabía, mejor, así al menos podría pasar el día tranquila. Aunque ¿por qué no iba a pasarlo? A ella le daba igual que lo juzgasen, total. Quizás sí se preocupaba, pero únicamente por la protección que le había impuesto... Lo que no tenía claro, era a qué hora sería, o cuando, ya que era un juicio privado. ¿Y por qué no había venido a avisarle Jaime? A saber qué estaba sucediendo...

- ¿Siguen los guardias escoltándote la habitación?- Preguntó al recordar el punto de la promesa de su hermano.

- Sí.- Asintió simplemente dejando el libro junto a ella.- Cada mañana hay un par de nuevos soldados escoltando mi habitación, y siempre me acompañan vaya donde vaya.- Continuó explicando, aún intrigada por saber el paradero de dichos hombres.

- Me alegra de que así sea.- Se recostó levemente contra el pilar que tenía tras la espalda.- ¿Y qué tal van las cosas en el castillo?

- ¡Aern!- Se escuchó un gran grito proveniente de fuera de la celda. El guardia que había en la puerta pareció voltearse hacia el susodicho que lo llamaba, y ambos dos, hacia él.- ¡El rey reclama nuestra ayuda!

Frunció el ceño mosqueado por aquella acción, ¿qué estaba sucediendo en el palacio? Fue a levantarse rápidamente, cuando sintió la mano de Sansa reteniéndole. Volteó la mirada confundido hacia ella, ¿por qué necesitaba el rey la ayuda de su guardia?

- Se ha divisado en el horizonte un barco de la que parece ser Daenerys Targarien.- Respondió la pregunta que no le hizo falta le formulase para saberla.

Un pequeño grito ahogado se quedó en la garganta de Tyrion que solo consiguió abrir la boca totalmente pasmado. ¿QUÉ? ¿Y NO LE HABÍAN DICHO NADA ANTES? ¿CÓMO SANSA LO SUPO ANTES QUE ÉL? Bueno, éso era normal porque él estaba encerrado en aquellas malditas 4 paredes, pero Jai... Oh, por éso no vino a visitarlo. Ahora encajaba todo.

- Jaime me confió decirte que tu juicio se pospondrá por ello a mañana...- Añadió tragando saliva algo nerviosa.- Siento no haberlo dicho antes, pero...

- No pasa nada Sansa.- Acarició su mano para tranquilizarla, aunque extrañamente aún no había apartado y asintió, notando cómo la retiró al darse cuenta de aquel hecho.- Es normal que no supieses cómo decírmelo, gracias, de verdad.- Por fin pudo agradecer sin que saliese fuera de contexto todo lo que había hecho por él, aunque ella no supiese que no solo se refería a éso.

- ¿Y qué piensa alegar en su juicio?- Preguntó la joven, parecía preocupada, no llegaba a entender del todo la razón por mucho que lo había pensado, pero también parecía curiosa.

- No pienso alegar nada.- Respondió simplemente.- Buscarán cualquier resquicio, cualquier cosa que si quiera hice, para mandarme a la muerte.- Continuó explicando sin mucho interés.- Aunque claro, si sobrevivimos de ésta noche y no es cierto que llegan barcos de Daenerys...

- Pero...- No continuó la frase, lo miró casi rogándole que se defendiese.- No quiero que mueras tú también, Tyrion...- La terminó descendiendo la mirada un momento, recibiendo la total intriga y sorpresa del enano, ¿qué acababa de decir?- Eres el único que se ha preocupado de mí desde que llegué, durante todos éstos años...- Escuchaba las palabras de Sansa, con tanta preocupación en ellas, que realmente le dolía verla así, pero no podía hacer nada... El destino ya estaba echado, no quería escucharla terminar, no quería escuchar las palabras de que quizás lo viese como su mejor amigo, o como un maldito padre.

- Sansa.- La detuvo un instante antes de que continuase, consiguiendo que alzase sus ojos hacia ella, tan vulnerable... Tan diferente a la Sansa que aparecía en sus sueños...- Éso lo hice con placer, y con gusto, además era mi obligación.- La tomó de las manos con suavidad.- Entiendo que quieras ayudarme, es más, no te imaginas cuánto lo valoro, pero ésta es la realidad, no se puede hacer nada contra la familia Lannister.- Habló calmado, eligiendo concienzudamente las palabras para no decir nada de lo que luego arrepentirse.

- Lo entiendo...- Agachó la mirada, algo entristecida, Tyrion no sabía exactamente cómo animarla, pero de pronto, algo brilló por sí solo.

- ¿Y han visto dragones con el barco?- Preguntó cambiando de conversación, fingiendo emoción.

- ¿Eh? Pues... No han dicho nada de ello.- Recordó de pronto Sansa, recuperando el brillo en sus ojos perfectamente abiertos.

- ¿Imaginas que trajo a sus dragones?- Imaginó por un momento mirando por la ventana aquel pequeño cielo azul que dejaba ver entre los barrotes.- Ojalá pudiese estar ahí fuera ayudando, y no aquí dentro.- Se quejó suavemente, totalmente resignado, siempre era un inútil por una cosa u otra.

- ¿Y si escapásemos los dos?- Propuso Sansa de pronto, tan de pronto, que Tyrion abrió los ojos lo más que pudo, totalmente atónito, mirándola fijamente, por un instante pensó que era una broma, pero después, parecía tan extremadamente decida en su propuesta, que se quedó boquiabierto sin saber qué decir.

¿Ella, su esposa por obligación, quería escaparse con él?

- ¿Estás de broma no? ¿Cómo escaparíamos acaso?- Preguntó aún sin poder dejar de estar atónito.- Además, ¿por qué escaparías conmigo?

- Ahora con todo el revuelo en palacio y la ayuda de tu hermano...- Murmuró algo avergonzada por la idea que había pensado y automáticamente había salido por su boca, no respondió a lo último, esperando no se diese cuenta, aunque realmente, deseaba escaparse con él, quizás a algún lugar lejos, quizás a Invernalia.

- Sansa, no podríamos hacer éso.- Negó suavemente recuperando la compostura, sería alguna chiquillada que había pensado de pronto al ver el rostro que lucía, prefirió no pensar más en el tema, aunque por un momento, creyó volver a tener la inocencia propia de su edad.

- Sí, fue una tontería.- Se retractó lo más rápido que pudo.- Olvidé que tengo algo que hacer, mi señor.- Se levantó suavemente, con una tenue sonrisa.- Mañana volveré antes del juicio.- Le aseguró deteniéndose un instante en la puerta.

- Está bien.- Asintió el Lannister poniéndose en pie un momento para despedirla.- Buena tarde y noche, my lady.- Le declaró dejándola ir, cerrando la puerta que le volvía a dejar en su más absoluta soledad.

De nuevo, había sentido ése enorme vacío cuando se había marchado. Era claro, no quería que se fuese, pero... No entendía por qué, sentía algo rabiando en su interior... Qué idea más absurda... Escapar con él... Rió algo cínico sentándose de nuevo contra el muro de piedra. ¿Cómo iba a querer escapar con él? Por favor, ¡ni que quisiera estar casada con él! Solo quería la seguridad que hasta día de hoy le había otorgado, incluso poniendo su vida en ello para que no la dañasen...

Pero increíblemente, algo de esperanza se quedó quieta dentro de su pequeño cuerpecito.

¿Y si fuese cierto? ¿Y si realmente quería escapar con él? ¿Cómo es que acaso querría? Parpadeó un instante, ¿por qué no quería exactamente que muriera? Recordó entonces no haberla terminado dejar de hablar.

- ¡Por los siete!- Se maldijo a sí mismo dando un certero puñetazo contra el suelo.

¿Por qué no la había dejado terminar? ¡Joder! Al menos así entendería algo y no estaría comiéndose la cabeza durante lo que restaba de tarde hasta el anochecer... ¿Pero no sería mejor para ella que muriese? Una gran fortuna, la opción de poder casarse con quien se le antojase, de escapar de allí si era lo que deseaba... De verdad, no entendía a las mujeres. Seguramente fueran fruto de algún dios superior para castigar al resto de imbéciles, y claro, hasta aquí habían llegado, para poner sus vidas patas arriba y estar, en un momento tan importante como aquel pensando en una mujer con senos que en su defensa en el juicio por su vida.

Aún, no podía dejar de pensar en que... Sansa hubiese empezado a sentir algo por él... Aunque fuese lo más mínimo, lo más remoto... No podría hacerse una idea de lo feliz, y tremendamente depresivo que se sentía por ése hecho...


Si bien el resto de tardes pasó de un lado a otro de la celda, sentado, o pensando en el más allá y cosas de su existencia, a la vez que en la preciosa Sansa, ésa tarde, no fue distinta.

Tocaron a la puerta de pronto. Se suponía que ya no podía, o tenía que tener visita, por lo que se incorporó de estar tendido en el suelo para cotillear acerca de quién era.

- No me jodas.- Murmuró con la mano en la cara al ver que se abrió la puerta y su mismo padre se alzaba tras ella.

- Gracias, mi señor.- Una voz dulce y suave que conocía perfectamente habló tras él, si ya lo dejó atónito antes con su propuesta, ahora estaba estupefacto, ¿qué había venido a hacer Sansa con su padre aquí?

La joven penetró dentro de la habitación, cerrando la puerta tras de sí, su padre, por alguna razón que aún no entendía, había venido con ella, no iba a entrar, y se quedaba en la puerta. Llevaba un trozo de papel en la mano, ¿qué estaba pasando allí?

Aguardó hasta que llegó hasta él y se detuvo en seco.

- Sansa, ¿qué está pasando?- Preguntó sin poder esperar más, con el ceño levemente fruncido, preocupado, muy preocupado.

- He estado hablando con mi consejo, y me han aconsejado que lo más acertado sería anular nuestro matrimonio antes del juicio.- Respondió directamente, sin cavilar. Causando desde incertidumbre hasta temor al enano, incrédulo de lo que estaba escuchando.- Para así no ser la viuda de nadie a la hora de volver a contraer nupcias.- Sin una pizca de dolor, de sentimiento... No encontró nada que le dijese que aquello era treta de su padre...

La miró totalmente confundido, dolido en el alma, él pensó que... Apretó el puño con cuidado, teniendo ganas de destrozar aquella celda en la que no había nada, pero donde por unos momentos creyó tenerlo todo, donde ahora mismo todos los años junto a ella iban a desaparecer así por así, y su padre seguramente habría venido para que no montase el número de circo, cómo no.

- ¿Esto es por...?- Trató de buscarle la lógica a sus palabras, quizás estaba enfadada por lo de escaparse pero... Era imposible, Sansa jamás se enfadaría por algo así, menos romper su enlace... ¡¿Pero entonces por qué lo estaba haciendo?! ¿Acaso no se desvivió lo suficiente por ella? Una enorme bala de plomo pareció atravesarle el pecho del dolor que sentía en ése momento.

- Es lo mejor.- Negó levemente tendiéndole el papel.

La miró un momento, buscando ésa calidez que había visto todos los días atrás en sus ojos, los que le habían salvado de una increíble soledad éstos días. Pero no los encontró.

Aquella, tampoco era su Sansa.

- Comprendo.- Dijo simplemente haciendo de tripas corazón. La entendía perfectamente, ¿para qué seguir casada con el enano que iba a morir mañana? ¿Quién era él para si quiera con ése privilegio? Nadie querría cargar con el título de "La viuda de Tyrion Lannister", era algo repugnante, era alguien repugnante más bien. Así podría empezar su vida desde cero con un mozo de su altura, nunca mejor dicho, ¿quién en su sano juicio iba a quererle a él? Sin duda, era lo mejor para ella.

Tomó el papel armándose de valor por no temblar, al igual que la pluma que también llevaba consigo la muchacha.

Quería poder hablar con ella, preguntarle qué había sucedido, por qué ahora quería ésto, pero su garganta no estaba por la labor de ello. Le valía una real mierda que su padre se encontrase al otro lado de la puerta, ¡una real mierda! Pero lo impasible que era Sansa... ¿Qué le habían hecho?

Su mano se movía automáticamente, y con todo el pesar y dolor del mundo, firmó aquel papel que oficialmente ahora, le separaba de su... de Lady Sansa, Stark.

Le entregó el papel lentamente, sin poder evitar descender la mirada, para levantarla con una sonrisa cínica que borró al instante cuando cogió el papel. Notando cómo algo se rompía en el aire, quizás su corazón, quizás la conexión que hubo entre ellos durante tantos años, lo que le enseñó, lo que compartieron... ¿Qué podría haber significado para ella, más que la espera de que pudiese apartarse de él? Parpadeó reprimiendo las ganas de dejar soltar un par de lágrimas por su aún más corrompido rostro.

- ¿Podría pedirle un último deseo?- Preguntó con el corazón en vilo.

- S-Sí.- Dudó notablemente contrariada.

Todo su cuerpo desde un primer momento, el por qué lo había dicho más bien, quería un beso, solo un beso, el último de despedida, el primero después de la ceremonia de la boda, sentir de verdad el roce de sus labios en contacto con los suyos propios, ser el único aliento que le quedaría para sostenerse en pie.

- Cuídese.- Pero no fue capaz de pronunciar las palabras de lo que realmente deseaba. Cada letra fue como un pequeño puñal, sacándole a trozos cada uno de sus órganos, cada uno de sus sentimientos y anhelos. Solo quería que llegase le juicio pronto, y que de una vez se fuese de aquel mundo que no era para él.

- Gracias, mi señor.- Asintió agradecida dándose la vuelta hacia la puerta.

Sin dudar, sin si quiera mirar atrás, salió por la puerta con su padre, él si quiera le miró, si quiera le saludó.

La puerta se cerró sin más demora, sus manos se sujetaron el pelo y la cabeza con inquina, esperó a no oír ni un alma en las mazmorras, y cayó al suelo sentado, totalmente desconsolado, dejando que sus lágrimas encharcaran totalmente su ropa, pero no pudiesen limpiar la sangre de la herida que acababa de ser abierta. Se hizo un ovillo, olvidó que ésa noche podían ser avasallados por la Targaryen, y sin poder evitarlo, dejó que sus ojos llorasen todo lo que quisieran, ya habían sido lo suficientemente fuertes durante aquel tiempo.

Y lo peor de aquello, era que ésa noche, su última noche en éste mundo, ya no tendría a Sansa para conseguir apaciguar sus sueños.


Chan, chan, chan... ¿Qué tal les pareció lo que sucedió?

Espero no haberlos dejado muy traumados Jaja

¡Y también quiero saberlo a través de las reviews que siempre estoy encantada de recibir! :3 Además, cuantas más reciba, más me dan ganas de escribir, yo lo dejo caer... Haha

Respuestas:

grimcs - ¡Hola amija! Bueno, a ti ya te contesté por Twitter al comentario, así que... ¡Espero que te haya gustado la actualización y reciba otra review de qué te pareció ésta actualización! ¡Un besito!

N. - ¡Hola hola! Muchas gracias, ¡en serio! Me alegro de que te haya gustado, al igual que la pareja de Tyrion y Sansa *^*/ Ojalá hubiese quedado así... Sí... Un saludito y espero verte pronto por aquí de nuevo.

Damoniaca4ever - ¡Hola hola! Jajajajajaja ¡Muchas gracias por lo del sueño! Es que estaba inspirada y fue como... A ver qué hago yo de principio... Oh dios, aparcao' Jaja bueno pues... ¡Ya se verá que sucede! Un saludito y espero verte pronto por aquí de nuevo.

¡Un saludo a todos y hasta pronto!