¡Nueva actualización!
Siento la demora, pero tenía demasiadas cosas en mente y fui escribiéndolo poquito a poquito ^^
¡Espero os guste!
-¡No!- Gritó como si fuese su último aliento, incorporándose de pronto.
Jadeó con fuerza, con necesidad, queriendo retomar todo el aire que acababa de perder.
Mantenía la mirada fija en ningún sitio en concreto, con la mente en cualquier parte menos allí, dejando que el sudor corriese a sus anchas por todo su cuerpo y su rostro.,
Joder... Se pasó una mano por la cabeza, removiéndose el pelo sucio y grasiento, le habían quitado el derecho a asearse, probablemente como ya no sería un juicio público, ¿para qué dejarle que se lavase si nadie lo vería? Emitió un gruñido cuando se frotó la frente, ¿por qué le dolía tanto? Ah... ¿Fue donde se golpeó en su sueño?
"Totalmente destrozado.
Sentía golpes tanto en un costado como en otro, totalmente tirado en el suelo.
Todo a su alrededor estaba oscuro.
Sus pequeños gritos quedaban ahogados en aquel lugar, donde no llegaban a nadie.
Quiso volver a rendirse.
Pidió clemencia, por su propia muerte.
Un fuerte golpe en la cabeza lo hizo caer de bruces al suelo. ¿Cuándo había estado de pie?
El tiempo y el espacio a su alrededor había quedado reducido a cenizas en su subconsciente.
Levantó las manos cubriéndose la cabeza con miedo.
Ya no sentía a nadie cerca, nadie le golpeaba.
Tenía terrible pánico de que regresasen.
Uno...
Dos...
Tres...
Nada, no había nadie allí.
Comenzó a llorar de pronto, sin saber por qué, solo escuchaba su llanto volviendo a él en un amargo eco que le helaba el corazón.
Estaba solo.
Y no veía nada.
Se incorporó ésta vez consciente de ello.
¿Hay alguien? Quiso preguntar aterrorizado.
Le daba miedo la oscuridad, ¿desde cuándo?
No quería volver a ser golpeado.
Comenzó a correr por toda la habitación.
A pesar de no poder ver, sabía que tras de sí iba dejando un rastro de sangre.
Pero no le importó, aunque pudiese ser la pista para seguirlo, continuó corriendo tratando de encontrar desesperadamente la salida.
Sus manos en alto tratando de tocar algo quedaron vacías por una eternidad.
Por mucho que corriese, no encontraba nada. ¿Dónde estaba? ¿Estaría corriendo en círculo? ¿Dónde habría un lugar cerrado tan grande? ¿Por qué...?
Jadeó sin tener más respiración, se detuvo totalmente cansado, no sentía su cuerpo. Tampoco podía ver si realmente estaba allí.
Algo golpeó sus rodillas por detrás. Sin fuerza, cayó hincado de rodillas.
¿ Qué era aquello...? Sin oponer resistencia, no pudo pensar más, estaba exhausto... Los músculos no le respondían...
Sintió ahora otro fuerte golpe en el estómago, doblándolo hacia delante, de bruces contra el suelo.
Empezó a pedir clemencia de nuevo, que acabasen con él ya.
¿Dónde estaba Sansa para salvarlo como cada noche? ¿Dónde estaba aquella mujer que le calmaba los sueños?
Un último golpe lo derribó de bruces contra el suelo.
Sus ojos se cerraron, dejando que un par de lágrimas furtivas cayeran por sus lacrimales.
La sangre brotaba de todo su cuerpo... La podía sentir... Escapándose de él a borbotones...
Aún seguía consciente.
No sentía dolor... Solo frío... Mucho frío...
Sonrió entre lágrimas.
- Gracias.- Susurró en un sollozo saludando a la muerte desde allí."
Se frotó el cuello con cansancio. Joder, vaya sueñecito que había vuelto a tener... ¿Por qué tenía que soñar noche tras noche con aquellas horribles situaciones? Al menos desde que lo habían metido allí dentro no podía evitar ver aquellas cosas cuando dormía. Quizás fuese un augurio de lo que iba a suceder...
Parpadeó repetidamente volviendo a la realidad. Desfrunció el ceño relajando todos sus músculos, sus ojos se abrieron tranquilamente, algo más de lo normal, ya acostumbrados a la claridad.
Hoy... Era... Era el día de su juicio... Más bien, el día de su último juicio.
¿Qué habría pasado allí fuera? ¿De verdad habría llegado Daenerys Targaryen? ¿Habría sobrevivido el castillo? ¿O su familia? ¿Sería el último de los Lannister? ¿Qué tal estaría su...? Miles de preguntas se agolpaban en su mente, todas sin respuesta. Dentro de unas horas, tendría respuesta para lo que había sucedido aquella noche. Ojalá, la mayoría fueran ciertas.
Descendió la mirada viendo una bandeja de comida. Esta vez no habría sido Sansa la doncella que se la había traído, tampoco la que esperase a que despertase de sus sueños...
Ahora sí que estaba solo. Lo había perdido todo. Su todo se había convertido en Sansa, única y exclusivamente, cuando nunca tuvo nada. Ya había decidido no alegar nada en su defensa si el juicio se celebraba aquella tarde, o cualquier otro día, ni si quiera sugerir un juicio por compate, ¿para qué iba a salir ileso? ¿Para seguir siendo humillado?
A lo largo de todos sus años, le habían deseado la muerte, le habían obligado a verla cara a cara, y aún así, por sus cojones que salió adelante, apretando los dientes y levantando la cabeza todo lo que su pequeño cuerpo le permitía, altanero y orgulloso de lo que era.
Pero, hasta allí había llegado.
Estaba cansado, en una asquerosa celda por defender a su mujer, ¡por hacer el bien!
Todo era un continuo bucle, resignado.
Cada paso que daba se encontraba una nueva persona que lo quería matar, añadida a las que ya estaban a la cola esperando su momento, o contratada por éstos para ello...
Quizás debía haberse marchado con Sansa cuando tuvo momento, cuando ella le propuso, tan loca y soñadora, escapar juntos... Habría sido una locura pero... ya no sabría qué hubiese sido de intentarlo... Aunque aún no entendía ni si quiera por qué narices quería salvarlo, escapar con él, ¡con él! y ahora encima se marchaba sin una explicación...
¿Qué podía esperar de una niña de 18 años tan ganas de vivir el mundo?
¿Madurez? ¿Seriedad? ¿Compromiso? ¿Ataduras a alguien que ella no quiso?
Por favor, ni él era tan ingenuo.
Debió haberlo supuesto, una vez ella se encontrase a salvo, se marcharía, le dejaría solo. Había cuidado de él unos días en la cárcel, habría pensado que ya le habría devuelto el favor. A saber qué trato le habría ofrecido a su padre... O éste mismo a ella para hundirlo más si fuese posible...
Tenía que dejar de echarle la culpa a todos ellos.
Él ya sabía como era su padre, como era Sansa, como eran los Lannister...
Y aún así tuvo durante ésos días la esperanza de que algo cambiase para bien, al menos con Sansa.
"La primera vez que la vio en Desembarco del Rey, tan entusiasmada, tan feliz, por Joffrey y el futuro que tendría a su lado, le causó real tristeza, ninguno de los Stark sabía dónde se metía, pero mantuvo la boca cerrada.
Una muchacha tan joven, condenada a la vida de un Lannister... Era lo que rondaba por su cabeza cada vez que alguien hacia alusión al tema.
Meses más tarde, lo supo.
Cuando la vio en un balcón, sola, con el vestido de ayer, sintió un pequeño hueco en su pecho, aquella tristeza, se había hecho más grande, le recordó tanto a él, que se acercó hasta la joven.
Únicamente se situó junto a ella, mirando hacia el horizonte que ella divisaba, las vistas desde los balcones de Desembarco del Rey debía admitir todo el reino, que eran majestuosas en todos sus puntos.
- Aquí será desgraciada Lady Sansa.- Le reconoció con tono tranquilo.
Su matrimonio con Joffrey había sido cancelado por aquel entonces, pero aún peor era, no ser una Lannister, y estar rodeada de ellos.
- Así que, disfrute cada instante que pueda, no agrave su sufrimiento, lo sé de buena mano.- Le aconsejó terminando con una pequeña sonrisa amarga, pero natural, entrecerrando los ojos un instante al incidir un rayo de luz con fuerza en sus ojos.
Esa era su filosofía para haber aguantado a su familia toda su vida.
Bueno, ésa y beber, por supuesto.
Lady Sansa no se inmutó, si quiera lo miró, tampoco quiso una respuesta.
Semanas más tarde... Se casaron.
Quizás pensase que la había traicionado, quizás por ello, hizo aquella promesa de protegerla, para enmendar el error de su familia con la muchacha.
Solía sentarse a leer un libro en su alcoba, mientras ella se entretenía en cualquier cosa, menos en estar cerca de él. Pero algunas veces, ella se encontraba mirando hacia el cielo en el mismo balcón de la habitación, sin reparar en su presencia.
La primera vez que la notó haciéndolo, totalmente extrañado. ¿Qué hacía allí, y no en otro balcón? Tras horas sin inmutarse, la miró con curiosidad, ¿qué habría en el cielo que la tenía tan entretenida y ensimismada?
La segunda vez, era de noche, parecía tan frágil, que cualquier haz de luz podría quebrarla sin que opusiese resistencia. La estuvo observando como si fuese una de esas estrellas, aún sin saber por qué lo hacía durante horas, ¿no era aburrido?
La tercera vez, volvió a ser de día. A pesar de que el sol estaba en todo su auge, los ojos de Sansa no se inmutaban, al contrario, seguían tan abiertos como siempre. Pasó tanto tiempo observándola que ni si quiera consiguió leer más de 50 páginas.
La cuarta vez, la luz lunas estaba muy tenue, el cielo anaranjado, y ella seguía en el mismo sitio de siempre, sin moverse ni un ápice del hueco que se había labrado. Aquel día, estuvo tentado de levantarse e ir a preguntar, peor no lo hizo, igual que ella había comenzado a pasar el tiempo mirando hacia el cielo, él lo hacía mirándola a ella.
Aquella vigésimo-quinta vez, Sansa llevaba un precioso vestido azul. Nunca se había dado cuenta de que la miraba, nunca había reparado en él. En cambio, Tyrion ya a penas leía en ésos momentos, no podía leer más de 2 páginas seguidas sin pasar unos minutos observándola. Quizás por ello, comenzó a enamorarse de ella.
Comido por la curiosidad, sin poder aguantar, se incorporó de su asiento por primera vez acercándose al umbral del balcón, sin hacer ruido, para no perturbar su tranquilidad. ¿Pero qué había de tranquilo en el cielo? No lo entendía, siempre era el mismo, vale, podía reconocer que habían tonos de cualquier color imaginable, y que las nubes de pequeño, eran figuras con su imaginación, entonces recordó mirándola desde allí, que a pesar de casi un año de casados, Sansa seguía siendo una niña, como él a su edad.
Levantó un pie para entrar y preguntarle directamente, peor un pequeño suspiro le hizo retroceder. Desde allí podía ver sus ojos. Tan iluminados y melancólicos como esperanzados, tranquilos... Cerró el puño, quizás se entrase, le arrebataría ése momento, tan suyo, el único en que parecía estar bien consigo misma. Retrocedió volteándose, no le quitaría aquello que por fin había encontrado allí.
- Mi señor.- Lo llamó Sansa dándose cuenta de que estaba allí, haciendo que se detuviese.
Mierda, la había cagado. Se volvió hacia ella de nuevo, la luna le iluminaba un pequeño trozo de rostro, seguía en la misma posición, como si no fuese a huir de su presencia.
La miró con ternura desde allí, se atrevió a dar un par de pasos, entrando en el balcón, aún sin saber si sería lo mejor. Sus ojos brillaban mirándola, intensificados por un pequeño destello que la luz de luna le otorgaba. En aquel momento, Tyrion ya sabía lo profundamente prendado que había caído de la mujer.
- Mi señora...- La saludó avisándole de su llegada con cuidado, sin querer asustarla o incomodarla. Se situó junto a ella, a una distancia prudencial.
Hacía mucho tiempo que no hablaban, más, que ella dejaba estuviese a su lado de aquella forma.
- Me llevo preguntando desde hace un tiempo, ¿por qué pasáis horas mirando al cielo, mi señora?- Le preguntó directamente, sin mirarla a ella, observando el mar que se extendía en un lateral, sabía que ella tampoco lo miraría, estaría concentrada en el cielo, como siempre.
- Me gusta mirar a los pájaros volando... Lejos de aquí, libres, sin unas cadenas que llevar... Al igual que la luna y las estrellas... Me aporta mucha tranquilidad.- Murmuró tras unos segundos de silencio, totalmente convencida de sus palabras.
Entonces Tyrion, se sintió profundamente culpable, y no entendía el por qué. Él no había decidido ni mucho menos su matrimonio, ni que se quedase aquí en Desembarco del Rey, pero sí era ese lastre que la atrapaba, y éso le dolía.
- Lo siento, mi señora.- Se disculpó un momento, tras otro largo y tendido silencio, algo nervioso y cabizbajo.- Siento que tengáis que permanecer aquí, y más conmigo, claramente ninguna doncella lo desearía, sino a su soñado caballero, y no la culpo Sansa, si yo fuera vos, tampoco me desearía.- Dejó escapar un par de sonrisas amargas, subió los brazos por encima de la pequeña valla de piedra que los separaba del vacío, justo a su altura.- Pero.- Prosiguió ya acomodado, con la cabeza sobre sus pequeños brazitos.- Al menos puedes estar segura aquí conmigo, y puedo ofreceros todo lo que sé, no soy un hombre de buen ver, pero sí de inteligencia, aunque no sea lo que vos esperaseis.- Le ofreció mirándola ahora, para su sorpresa, ella ya lo miraba desde que había comenzado a hablar.
La oscuridad ahora no era total, sino que ambos rostros estaban iluminados por una pequeña luz blanca, así que, ella seguiría viéndole como Tyrion, el enano desfigurado, por mucho que le pesase.
- Gracias mi señor...- Agradeció, pero fue cortada.
- Puedes llamarme Tyrion siempre que quieras, Sansa.- Sonrió suavemente.- Creo que he esperado demasiado para tener esta pequeña charla contigo.- Rió mirando hacia el cielo de nuevo, escuchando una leve risa de la muchacha, éso era lo que él quería, hacerla feliz.
- Mi señor.- Lo llamó de nuevo formalmente, pero estaba bien, no le importaba que lo llamase así. Giró la cabeza hacia ella.- ¿Cree que podría enseñarme la biblioteca por sus secciones?- Preguntó con algo de timidez, descendiendo la mirada.- He leído muchos libros allí, pero no sé donde encontrar los que quiero...
- Claro, mi señora.- Asintió con ganas, recibiendo automáticamente una mirada de ilusión, que luego, avergonzada, dirigió de nuevo a la luna.
- Gracias mi señor.- Le agradeció de nuevo.
Estaba tan feliz... Que sin darse cuenta estaba mirando al cielo, igual que Sansa, dejándose estar maravillado por aquella belleza y la felicidad que corría avivada por todo su cuerpo. Era la primera vez que estaba tan cerca de ella desde su enlace, y había reído con él, le había pedido que le enseñase la biblioteca... Si bien ella iba a estar atada a él, lo menos que podía hacer, era convertirse en su... amigo. Realmente no sabía por qué lo odiaba a él. Bueno, sí, era horroroso de mirar, y solo pensar que era su marido, vomitivo, pero fuera de ello, ambos estaban allí, se habían casado juntos, y estaban atrapados fuera de su voluntad, ¿éso no los convertía en aliados? Exhaló con tranquilidad, ahora todo podía cambiar... Sentía algo en el estómago, tan completo en aquel momento... Que olvidó que aquel era el momento de Sansa, su momento de tranquilidad.
- Gracias por quejarme estar aquí, mi señora, regreso dentro.- Reaccionó tras un largo trato, separándose de la valla con los brazos algo dormidos, ahora casi dentro de sus aposentos.
- Aquí será desgraciada, así que, disfrute cada instante que pueda.- Recitó al dedillo la pequeña Sansa, dejando petrificado al hombrecillo.- Gracias.- Volvió a decir.
¿Recordaba aquella conversación? Ni si quiera le contesto a aquellas palabras... Fue la primera vez que ella miró el cielo desde allí, con él. Un extraño sentimiento explotó en su interior, tratando de coger aire para respirar a fuertes bocanadas. Aquello no estaba bien, ella era muy pequeña, no podía permitirse sentir así. Un pequeño pinchazo en el pecho lo hizo parpadear con fuerza.
Pero no podía evitarlo.
- Un día, prometo que la llevaré lejos de aquí, donde vos quiera.- Le prometió con la voz más ronca, mirándola de soslayo.
Sin esperar ni un segundo a si recibía respuesta, pues no quería escucharla, entró dentro. Los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas, ¿qué le estaba pasando? Se tapó la boca rápidamente, de espaldas a la puerta del balcón, mientras sus hombros convulsionaban suavemente y lágrimas caían por sus mejillas. No sabía si era tristeza, felicidad, miedo o lo profundamente enamorado que estaba... Quizás una mezcla de todas que acababa de explotar."
Había sido culpa suya, él era el único culpable de ése sufrimiento.
Era culpa suya, por enamorarse de ella.
¿Pero quién no lo haría? Teniendo a semejante muchacha, tan dulce, buena y delicada... Por muy monstruo que él mismo pareciese, incluso si lo fuera, habría quedado prendado de ella.
Sabía muy bien el por qué había caído a sus pies, y a la vez no.
¿Por qué ella? Una chica triste, solitaria, miedosa, llena de heridas, desconfiada... Sonrió apesadumbrado.
Quizás le gustaban las cosas rotas, las cosas que necesitan reparación.
Terminó la comida sin mucha hambre, era la misma mierda de siempre, ¿ni en su última comida podría disfrutar de algo mejor? Por favor...
En aquel momento, recordó algo, ¿por qué aún no habían venido a decirle cuándo se sería su juicio? ¿Acaso Daenerys de verdad había conseguido la Fortaleza Roja? ¿Entonces no se habría enterado ya?
Un escalofrío le recorrió la espalda, ¿qué sería de él en cualquier caso? Trató de serenarse como pudo, era una tontería alterarse por qué le podrían deparar, si su vida ya estaba decidida, de una forma u de otra.
Cerró los ojos apoyando la cabeza hacia atrás con la mente en blanco, tarareando la última canción que llegó a sus oídos.
- Eh tú.- Una voz ruda habló al otro lado de la puerta, haciéndolo abrir los ojos para mirar hacia ésta.
- ¿Sí?- Contestó con una ceja alzada, sin incorporar su cabeza de la pared.
- ¿Estás cantando pudiendo estar muerto en unas horas? ¿Eres un desquiciado?- Lo escuchó escupir al suelo. Sería un nuevo guardia, un nuevo peón al que si quiera le hubiesen dicho quién era él y qué hacía allí dentro.
- No me jodas.- Rió convulsionando sus hombros.
- Vale, eres un loco.- Dijo simplemente, ¿loco, él? Por favor... Ojalá.
- Un loco encerrado por hacer el bien.- Susurró entre dientes, ya no le importaba, no le servía de nada enfadarse.
- Puto loco, ¿qué bien hiciste? ¿Robar? ¿No pagarle a una puta? ¿Matar?- Ahora las carcajadas vinieron de aquel hombre, burlándose de él.
- Pues sí.- Asintió para sí mismo.- Creo que lo hice todo...- Prosiguió pensativo, totalmente tranquilo, dejando callado a su guardia.- Pero no estoy aquí por éso.
- Eres un miserable entonces.- Rechinó los dientes, ¿éso había sido un gruñido?
- Peor.- Se encogió de hombros divertido, había encontrado con quién jugar un rato.
- ¿Un traidor?- Parecía que sí que era un juego, pero aquella vez sí gruñó, estaba seguro.
- Éso sería ser benevolente conmigo.- Dejó escapar una risa quebrada.
- No hay nada peor que ambas cosas.- Ahora sonaba confundido.
- Sí que lo hay.- "Ser un Lannister" Se dijo para sí mismo.- ¿Y por qué te interesa tanto el historial delictivo de un prisionero?
- No me interesa, únicamente es aburrido hace las guardias solo.- Respondió quitándole peso a sus palabras, la verdad era que custodiar una celda debía de ser peor incluso que estar ahí dentro, pudiendo estar con su familia o fuera de allí, lo compadecía.- Si no te encerraron por nada de éso, ¿qué fue lo que hiciste?
- Salvar a mi esposa de ser violada.- Respondió finalmente cansado, aquel tipo había acabado siendo aburrido, ¿si quiera quiso burlarse de él? Pues vaya.
- Sí, y yo soy dueño de toda Roca Casterly.- Comenzó a reír lo más alto que pudo.
- En verdad no, mi padre es su verdadero dueño.- Cortó su risa de pronto, diría que su respiración y sus pensamientos también.- ¿Qué?¿Se te han pasado las ganas de reírte?- Rompió aquel silencio victorioso tras unos minutos.
- Deja de joder.- Carraspeó.- Su fuera su hijo, ¿cómo te permitiría que estuvieses ahí?
- Eres más idiota de lo que te había tomado.- Se llevó una mano a la sien, éste hombre le estaba empezando a dar dolor de cabeza.
- ¡A callar piojoso! Seguro eres un estúpido bastardo.- Rechinó los dientes de nuevo.
- Pues éso, un idiota.- Suspiró ya sin importarle, solo quería que se callase de una puta vez.
- Jaime Lannister está con Tywin en la sala del trono, junto a su hermana Cersei Lannister, y el enano, Tyrion Lannis...- Calló de pronto, mientras las palmas de Tyrion resonaban desde dentro de la celda.
- Bravo, ¿te ha costado eh? Te voy a dar la medalla a la sabiduría.- Se burló de él continuando con aquel aplauso.
- Eres... El enano, Tyrion Lannister.- Murmuró algo más bajo.
- Oh, me ofendes.- Rodó los ojos.- ¿No había quedado claro ya?- Resopló cansado.
- Pero... ¿Cómo puede estar... aquí por proteger a su esposa?- Habló tras un gran y delicioso silencio para Tyrion.
- Agrediendo al violador.- Su voz sonó un poco más ronca, dejando su guasa.
- Nadie podría ser más importante y con más poder que tu padre y la familia Lannister, para no poder ayudarlo a salir de aquí.- Ahora sí que estaba confundido, pobre idiota, ¿no veía que su padre no movería un dedo por él?
- Sí, el Rey.- Despreocupado. Tuvo que haberlo matado en ése mismo instante, ser otro Matareyes Lannister.- Y volvería a hacerlo.
El guardia se quedó sin aliento, sin ser capaz de abrir la boca para responderle, y el enano lo agradeció. Cerró los ojos y suspiró, no le importaba quién fuese aquel Guardia, qué pensase de él, pero por alguna razón, sintió un escalofrío que no le hizo ninguna gracia al escuchar pasos.
- Tyrion Lannister.- Se abrió la puerta de pronto, llamándolo. Se incorporó con desgana, rechistando.
- Que sí, os acompañaré, no hace falta me vaya empujando.- Rodó los ojos sin dejarlo continuar, acercándose a él.
Aquel sonido de pasos, era su pesadilla hecha realidad, el comienzo de la misma.
- ¿Cómo se declara?- Preguntó la aguda y cínica voz de Joffrey, mirando desde el trono a su tío.
- Inocente.- Habló con claridad.- Aunque de lo que me vale...- Murmuró agachando la mirada mientras negaba levemente, para volver a mirarlo.
Junto al trono, Tywin Lannister, la mano derecha del rey, a su izquierda se situaba Cersei Lannister, la madre del "rey" Joffrey, y un poco más abajo, Jaime Lannister, real padre de Joffrey, jefe de la Guardia Real y su hermano.
Era el único al que consideraba parte de su familia, o únicamente de ella. El resto si quiera se merecía que los mirase un instante.
- ¿Cómo puedes declararte inocente después de haberme agredido?- Se levantó irritado, con esa cara de loco.
Hizo caso omiso a sus palabras, buscando desesperadamente con la mirada a la muchacha que no había vuelto a ver pero... No estaba.
- Si lo que buscas es a esa...- Carraspeó Cersei.- Sansa.- Se corrigió ante la mirada de advertencia que le dirigió su padre.- Se marchó ayer mismo.
¿Se había marchado?
¿Si quiera se había despedido de él?
Otro inmenso hueco en su pecho fue abierto. Toda esperanza se había desvanecido en aquel instante, incluso cuando no había cabida para ninguna, pareció que realmente aún alguna parte de su cuerpo esperaba que regresase. Pero no iba a regresar. La sonrisa de autosatisfacción que tenía Cersei le hirvió la sangre, ¿querían burlarse de él? Ahora le tocaba a él, su último momento.
- ¿Puta no? ¿Éso es lo que querías llamarla? En cambio la que se acostó con su hermano y tuvo a Joffrey, haciéndolo pasar por hijo del rey, fuiste tú, hermanita.- Habló claramente, con autosuficiencia, ni una sola pizca de miedo en las palabras, solo escupía flechas certeras que se clavaron de lleno en el cuerpo de todos los presentes.
No era nada nuevo, todos en el reino lo sabían ya, y que su familia no lo hiciese, era querer tener los ojos cerrados a ello. Y él se había encargado de abrírselos antes de marcharse al otro mundo.
Las miradas que recibió le hizo sonreír de oreja a oreja.
- ¡Cómo osas dirigirte a mí de ésa manera, maldito bastardo embustero!- Cersei se levantó de su asiento, enfundada en furia e ira, parecía que sus ojos se saldrían de las órbitas.
- ¿Embustero?- Escuchó la voz de su padre diciendo que dejase de decir tonterías, pero solo sonrió.
- ¡Basta!- Vociferó su padre dando por zanjada aquella conversación. Pero él ya había dicho lo que tenía que decirle a su querida hermana, ya estaba en paz.
- Es decir, que un bastardo, que realmente no es rey, ¿tiene más derecho que yo a decidir sobre mi propia vida?- Sugirió alzando las cejas.
Sabía que Joffrey lo había escuchado hace mucho tiempo, pero sólo habladurías, nunca nadie le había dicho la verdad directamente, ni su propia madre, ahora, parecía que el enfado de que le hubiesen mentido por tantos años, fuese de Tyrion, porque lo miraba de una forma... Bueno, podía despedirse de una buena y bonita forma de morir. Al menos, su cara más pálida de lo normal, y muerta de miedo, había merecido la pena. Si quiera reparó en la mirada de espanto de Jaime, a él también lo había metido en el saco sin darse cuenta, pero realmente, ya no le importaba.
- Te comerás tus propias palabras.- Gruñó entre dientes apretando el puño sobre la empuñadura de su espalda, enfundada en el cinto.
- Alteza.- Tywin habló de nuevo.- Mi hijo Tyrion estaría borracho como siempre, al igual que ahora, habrá sobornado a algún guardia para que le de vino, y no sabría lo que hacía, al igual que ahora, es más, si quiera supo aquel día que erais vos, lo lamenta mucho, ¿verdad Ty...?
- No.- Negó con el ceño fruncido, alzando la voz, ¿cómo cojones osaba a si quiera ahora tratar de defenderlo? Su hermana era una puta, y aún así, su padre la tenía en más estima que a él, todo aquello apestaba.- No estaba borracho, ni tampoco lo estoy ahora, sí supe quien erais y no lo lamento ni una mota de polvo.- Su padre lo miraba incrédulo, resignado, y Joffrey aún levantado, estaba colérico.- Y volvería a hacerlo si lo viese de nuevo sobre mi mujer forzándola.
- ¡Guardias!- Chilló ungido de rabia, totalmente rojo.- ¡Apresadlo de nuevo!
No opuso resistencia, solo quiso que aquel juicio terminase rápido, que su vida acabase en ése mismo instante, no le importaba de qué manera. Su mirada se cruzó con los ojos verdes de su padre, destilando ira, igual que los de Joffrey, de tal palo, tal astilla. Ahora fue con la de Cersei, que lo miraba sonriente, podía ver en sus ojos que estaba feliz, casi radiante, nunca la había visto así, sabía que su muerte sería su única salvación. Y por última, la mirada de Jaime.
Era la única mirada triste, probablemente ésa incredulidad se debía a su ninguna alegación ni defensa, si quiera se mantuvo callado o pidió perdón como le sugirió. Estaba decepcionado tal vez, pero aquella tristeza tan profunda le sirvió por toda su familia.
Quiso decirle que su vida ya no tenía más sentido, aunque él no lo supiese, ambos ya no tenían un lugar allí, Tyrion al menos en ningún sitio. Morir era la forma menos indolora y gratificante que seguir con vida de aquella manera.
- ¿Veredicto?- Habló en un susurro el enano.
- Póstrate ante mí, y te perdonaré la vida, tío.- Respondió con asco, con ganas de humillarlo, de hacerle tragar sus palabras.
- ¿Ante ti?- Le habló como un igual, echándose a reír sin responder sus palabras.
Jamás. Por encima de su cadáver, se postraría ante Joffrey. Jamás... Jamás...
- ¡Culpable!- Chilló de nuevo sentándose en el trono desquiciado.- Mañana será.
Cerró los ojos dejándose arrastrar, prefería morir con la cabeza en alto, ya que dijo que jamás lo haría...
Y jamás será.
Mil disculpas de nuevo, por la tardanza.
Espero que al menos os haya gustado y ya sabéis... me encanta dejaros con la intriga para el siguiente jaja
¡Espero vuestras reviews también :3! Cuantas más recibo, antes lo tengo terminado... Yo lo dejo caer.
Respuestas:
Demoniaca4ever: Hola a ti también JAJA. Bueno, decirte que no puedo adelantar nada... Así que te tendré que dejar sufriendo y yo con la soga al cuello hasta que se vea el final Jaja Siento la tardanza, de veras ^^ ¡Un saludito y espero verte por aquí de nuevo!
N. : ¡Hola hola! Jaja no importa, no te preocupes. Muchas gracias ¡Jajaja! Espero que sea de tu agrado! ¡Un saludito y espero verte por aquí de nuevo!
¡Un saludito y hasta pronto!
