Abrió lentamente sus ojos, encontrándose con un limpio y absolutamente pulcro lugar, por lo que dedujo que se trataba de un hospital. Intentó levantarse, pero un fuerte y agudo dolor le obligó a recostarse nuevamente. Volteó a su lado derecho, donde pudo observar un monitor que mostraba sus signos vitales, que al parecer eran estables. Tardó un poco en recordar lo que había sucedido, llegando a la conclusión de que, después de todo, no había sido una herida superficial como él creía.

"Pero si al llegar hoy a casa encuentras a tu preciosa Alumi herida o incluso muerta…no digas que no te lo advertí"

Las palabras de ese repugnante sujeto se adueñaron de su mente, aterrándolo al instante. Por seguro que Alumi estaría sola y vulnerable, y en su estado le sería difícil defenderse. Luchó de nuevo por levantarse, y aunque el dolor le era insoportable, era todavía peor pensar que su esposa estaba en peligro.

-¡Hana-Kun! ¿Qué crees que estás haciendo?-el pelinegro entró rápidamente a la habitación al darse cuenta de que su amigo intentaba sacarse el suero.

-No puedo quedarme aquí…-el dolor se volvía cada vez más intenso-…así que no intentes detenerme, Yohane.

-Cálmate-ordenó Yohane sujetando por los hombros al rubio-Gakko-Kun ya le avisó al señor Fujimiya lo ocurrido, no tienes de qué preocuparte.

-¡Nuestro jefe no me importa!-se liberó del agarre de su amigo, quien le veía severamente-¡Debo saber cómo está pecho plano! ¡Carajo, Yohane! ¡Suéltame!

-Pero si Alumi-San está aquí-al oír eso, automáticamente Hana dejó de luchar. Yohane suspiró aliviado al verlo más tranquilo-Yo mismo le llamé por teléfono antes de que la ambulancia llegara por ti.

-¿Ella está bien?-cuestionó el rubio esperando una respuesta afirmativa.

-Por supuesto, Hana-Kun-el pelinegro le veía extrañado-Ahora mismo está hablando con el doctor… ¿está todo bien?

-Si, claro-el hombre suspiró. Mientras menos gente supiera lo ocurrido, mejor…y eso incluía a Alumi.

-Hana…-una voz femenina inundaba la habitación. Yohane se hizo a un lado al sentir que la mujer se acercaba.

-Pecho plano…-él le miraba, saber que ella estaba a salvo le tranquilizaba sobremanera.

-Yo…me retiro-dijo Yohane al ver que la rubia, de cuclillas a lado de la cama de su esposo, quien le tomaba de la mano mientras que él acariciaba una de sus tersas mejillas.

-Espera un segundo, cuatro-ojos-pidió Hana ahora tomando la mano de su esposa, el aludido se detuvo-¿Cómo demonios me encontraste? ¿Acaso estabas acosándome?-bromeó, pero a la rubia no le hizo mucha gracia.

-¡Para nada!…verás…-intentaba recordar-me dirigía al trabajo, pero me detuve en una tienda para comprar algo de agua y justo antes de entrar me di cuenta de que un tipo te había atacado. Corrí pero como estaba muy lejos llegué tarde. Les ofrezco una disculpa por no haber podido ayudar.

-El doctor me comentó que no fue tan grave, pero te quedarás en observación por unos días-la mujer tomó la palabra-Ten cuidado por favor…no quiero que vuelvan a asaltarte y esta vez te maten.

-Exageras-el rubio sonrió para su esposa-Solo estaba distraído, por eso pudo atacarme. Lamento darte tantas molestias, pecho plano.

-Cállate idiota-la bella dama le dio un suave golpecito en la cabeza.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

El hombre entró rápidamente al apartamento, cerrando la puerta tras de sí. Esperaba que nadie le hubiera visto antes de huir.

-Hey, Kurama-la voz de un sujeto delgado que le miraba indiferente desde la barra lo sacó de sus pensamientos-¿Todo bien?

-Por supuesto…acabo de matarlo, así que todo deberá ser más fácil.

-¿Matar? ¿A quién?-un tipo alto y musculoso aparecía por detrás de Fukuda.

-Al idiota de Hana-Kun.

-¡Imbécil!-Fukuda le miraba nervioso-Claramente te dijimos que no lo hicieras. ¡Estás poniendo en riesgo nuestro plan!

-Cálmate, cálmate-Kurama tomó asiento-Yo solo quise darle un sustito, pero él de pronto tomó el control de las cosas, así que no me quedó de otra más que matarlo. Alumi-Chan es fuerte…podrá soportarlo.

-Pero… "tú ya sabes quién" va a asesinarnos, idiota. ¿Tienes idea de lo que hiciste? Hana nos era de mucha utilidad…y más para ella.

-Cálmate ya, Fukuda veremos qué podemos inventar para que ella no piense que nosotros tuvimos algo que ver.

-Muy bien, muy bien-Fukuda intentaba conservar la calma, pero le era imposible-Solo te diré una cosa…no nos involucres a Amatsu ni a mí, este problema es solo tuyo, ¿oíste?

-Vale pues-suspiro el robusto hombre resignado-Hey, Amatsu, pásame una cerveza.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

Hana subía lentamente y con ayuda de su esposa los escalones de su casa. Para él, los días en el hospital habían sido eternos, y estar en casa le animaba muchísimo. Regresaría a trabajar en un par de semanas, así que aún podría descansar un poco más, aunque a decir verdad ya estaba mucho mejor, e incluso el insoportable dolor había desaparecido casi en su totalidad. Se recostó también siendo ayudado por Alumi, a quien atrajo hacia él con un suave jalón para después, con un ágil movimiento, dejarla debajo suyo mientras introducía una de sus manos bajo su falda.

-¿Qué intentas, eh?

-¿No es obvio?-respondió entre besos-Hace una eternidad que no te hago el amor.

-Pues vas a esperar otra eternidad para hacerlo, porque no quiero que te lastimes-lo quitó de encima, frenando la creciente pasión de su esposo, quien le veía con un puchero.

- Eres malvada, pecho plano, malvada-le miraba de forma suplicante, pero ella no iba a ceder tan fácilmente… ¿o sí?

-Solo quiero que te recuperes-ella le sonreía, definitivamente estaba mejorando muy rápidamente.

-De acuerdo, pero… ¿al menos puedo besarte?

-Mmmm me lo pensaré…-desvió la mirada, sin embargo, Hana la tomó del mentón, obligándola a verle. No podía evitar perderse en esos seductores ojos color miel que, ciertamente, la hechizaban. El rubio se acercó a ella, eliminando la casi inexistente distancia entre ellos para después rozar sus labios con delicadeza y ternura. ¡Por Dios! Había extrañado tanto esos besos, y no podía negar que también deseaba algo más.

Se dejó llevar al sentir que Hana la besaba con más pasión, recostándola lentamente mientras sus manos recorrían sus firmes muslos. La desvestía de forma gentil, cuidando cada uno de sus movimientos haciendo que ella cediera…simplemente no podía resistirse más, así que, sin más que pensar, desabotonaba la camisa de su marido con desesperación ya que, para ser sincera, ella también le deseaba, y mucho.

El irritante sonido del timbre se hizo escuchar con fuerza en toda la casa, pero ninguno de los dos le tomó importancia hasta que el maldito sonido se volvió cada vez más y más insistente obligando al rubio a detener sus caricias.

-Estúpido Yohane-bufó un muy molesto Hana, mientras Alumi reía ante su reacción.

-Yo abriré-dijo ella mientras se acomodaba la blusa. Si era el cuatro-ojos (que era lo más probable) lo mataría. Bajó con prisa los escalones, dirigiéndose a la puerta en espera de ver la estúpida cara que el pelinegro poseía. Estaba molesta… ¿para qué negarlo? Aunque ya estaba acostumbrada pues tanto él como Gakko solían ser muy inoportunos, tanto que incluso había pensado alguna que otra vez en arrojarlos por el acantilado más cercano para librarse de ellos y por fin disfrutar de su esposo en paz. Llegó a la puerta aun pensando en todas las maneras posibles en que podría torturarlo.

-¡Carajo! ¿Acaso no puedes avisar que vendrás, idiota?-preguntó la furiosa rubia tras abrir la puerta.

-¿Acaso tengo que avisar?-preguntó la mujer, bastante molesta ante la actitud de la chica.

-¡¿Anna-Sensei?!-la chica palideció al instante al sentir esa severa e imponente mirada sobre ella-¡Disculpe! ¡No volverá a pasar! ¡Lo juro! Es que…pensé que se trataba de Yohane y bueno…

-Uhhh…pero qué grosera te has vuelto, Niumbirch-una mujer de cabello castaño apareció detrás de Anna-¿Cómo te atreves a hablarle así a Anna-Sensei?

-Kiku…-bufó la molesta ojiazul al ver a la otra chica quien, por cierto, cargaba una maleta.

-Bueno, espero que no vuelva a repetirse-dijo la imponente Anna Asakura abriéndose paso frente a Alumi-recuerda que eres tú mi alumna favorita. Y tú, Kiku…-dirigió su severa mirada hacia la castaña-dirígete a ella con más respeto. No olvides que no solo es mi sucesora…también es la mujer de Hana, y por tanto, es una Asakura. Tenlo presente ahora que vivirás aquí.

-¡¿Qué?!-Alumi no podía creerlo mientras Kiku dibujaba una gran sonrisa en su rostro-Pero… ¿por qué?

-Porque ahora que Hana está en recuperación necesitarás ayuda en algunas cosas. Además, ya me enteré de que tu salud no ha estado muy bien, así que Kiku les será de mucha ayuda.

-Pero, Anna-Sensei…

-Hey, Alumi-interrumpió Hana, quien bajaba los escalones con la camisa desabotonada y dejando al descubierto su perfecto abdomen en el cual se apreciaban ligeramente sus músculos a causa del vendaje-Me muero por tenerte… ¿tardarás mucho?

-Emmm, Hana…-la pobre chica no sabía qué decir.

-Parece que estás mejor-dijo la imponente Anna al ver que su hijo aún no notaba su presencia.

-¡Mamá Anna!-el sonrojado rubio cubrió al instante su pecho y abdomen-¿Qué hacen ustedes aquí?

-¿Acaso no es obvio, idiota? Soy tu madre, es lógico que viniera a verte.

-Bueno, sí, pero… ¿por qué Kiku está aquí?-cuestionó el hombre al ver que la aludida le miraba sonrojada.

-Kiku se quedará a vivir aquí-respondió Alumi con notoria molestia, impactando al rubio.

-Será temporal, Hana-añadió Anna-Sólo mientras te recuperas, además, Alumi debe descansar también. Sé que ha estado enferma estos últimos días, y después del asalto ha empeorado.

Él le miró sorprendido para después ver a su esposa, quien desviaba la mirada. Kiku disfrutaba la escena, sobretodo al ver que el hecho de que la rubia le hubiese ocultado algo tan serio había herido a Hana. Tal vez podría sacar ventaja de ello.

-Disculpe, Anna-Sensei…-Kiku intervino-debo arreglar unos asuntos importantes con un familiar… ¿le importa si me retiro?

-Está bien…-consintió la rubia-pero regresa pronto.

-De acuerdo-Kiku hizo una reverencia-Con permiso.

La castaña se retiró ante la mirada de Alumi, quién encontraba la actitud de esa mujer en verdad sospechosa. No podía ocultar su molestia, ya que tenerla ahí era lo último que quería, pero si eran órdenes de Anna Asakura… ¿qué más podía hacer?

-Bien-Alumi tomó la palabra-Pasen los dos a la sala, por favor…por lo pronto yo prepararé algo de comer-les sugirió amablemente, pero Hana le veía severamente-No te preocupes Hana, hoy me siento muy bien.

-¿Segura?-cuestionó el hombre, su esposa solo asintió, mostrándole una bella sonrisa.

-Muy bien-Anna sonrió y tomó a Hana del brazo, ayudándole a caminar mientras Alumi se dirigía a la cocina.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

-Fukuda…pásame otra cerveza ¿no?

-Por supuesto que no…ya has bebido demasiado Amatsu-el hombre de cabello largo se negaba.

-¿Y yo qué?-cuestionó un muy molesto Kurama.

-Para ti tampoco hay…a menos que quieras emborracharte como la otra vez.

-Pásame una a mí también-ordenó una mujer que abría bruscamente la puerta, asustando a los tres hombres.

-¡¿Ah?! ¿Qué estás haciendo aquí tan pronto?-el nerviosismo se apoderaba de Kurama., la castaña les veía severamente.

-Vengo a preguntarles una cosa, trío de imbéciles-ella de verdad estaba furiosa, lo tres asintieron-¿Quién de ustedes, bola de idiotas, hirió a mi Hana?

Kurama tragó saliva mientras que tanto Amatsu como Fukuda se hacían los desentendidos. La mujer arqueó una ceja en espera de una buena respuesta.

-¿De qué estás hablando?-cuestionó Kurama, fingiendo, por supuesto-Nosotros ni siquiera nos hemos acercado a él, ni a Alumi-Chan.

-Mmmm, entonces lo que Niumbirch dijo es cierto-dedujo ella cruzándose de brazos.

-¿Se puede saber qué ocurrió?-preguntó Amatsu.

-Según ella, lo asaltaron justo cuando iba a su trabajo. Pero bueno, lo importante es que él está fuera de peligro y podemos continuar con el plan. Recuerden que una vez que todo haya terminado, yo tendré a Hana solo para mí y ustedes pueden quedarse con Niumbirch…ella no me importa. No quiero fallas… ¿entendieron?

-No te preocupes, no habrá ninguna falla…-Kurama le miraba sonriente-…Kiku-Chan