Antes de que me crucifiquéis por tardar casi medio año en actualizar...
¡Hola a todos!
¿Me echásteis de menos? Yo mucho, os lo aseguro.
Siento haber tardado tantísimo en escribir ésta continuación, pero por motivos personales no tenía mucha inspiración en aquel entonces.
Pero traigo buenas noticias.
Y es que cogí una idea que escribí en apenas una semana y escribí más de lo que debía para éste capítulo así que... ¡Tengo ya casi escrito el siguiente! Por lo que a lo sumo tendréis que esperar un par de semanas, no hay que ser codiciosos... Aunque os lo merecéis por tan larga espera...
Sin más dilación...
¡A leer!
Miraba por el pequeño ventanal el cambio de color en el cielo.
Hoy no había dormido, y estaba agotado. Sus ojos se cerraban cada poco tiempo, pero él se negaba a sucumbir al sueño. No quería tener una pesadilla como las que llevaba arrastrando hasta ahora...
El cielo estaba de un color anaranjado... Parecía que estaba amaneciendo...
Evocó el recuerdo de él junto a Sansa, viendo aquel cielo juntos, silenciosos y tranquilos, sin ningún problema de por medio que el que otros habían puesto de por medio, y ellos mismos.
Cerró los ojos añorando aquel momento.
La calidez del sol dando suavemente sobre su piel, las nubes dejando que su imaginación volase haciendo piruetas junto a la de Sansa, siendo únicamente dos entes que revoloteaban sin nada más que les precediese.
Apretó los labios en una delgada línea, totalmente derrotado.
La echaba de menos...
Tenía un hueco en el pecho que le dolía, le ardía.
No volvería a ver a Sansa... La había perdido...
¿Dónde estarás ahora, mi pequeña Sansa? ¿Te acordarás de mí?
Apretó ambos puños contra la pordiosera camiseta que vestía.
¿Recordarás que un día... dejaste de odiarme?
Y con ése pensamiento y un par de lágrimas cruzando la cicatriz de su cara, el sueño llegó a su cuerpo como el sol la mañana.
Abrió los ojos de pronto en mitad de ninguna parte. Estaba rodeado de árboles de todo tipo y un pequeño lago se abría paso en medio de todo aquello.
¿Dónde estaba?
Miró a su al rededor con curiosidad, todo era... Impresionante. Todo era verde, y no podía ver el terminar de ninguno de aquellos árboles. Se atrevió a andar, observando al suelo para no tropezarse, a la vez que iba mirando maravillado todo el paraje, pero parecía que estaba solo allí.
Siguió caminando por lo que le pareció una eternidad y nada más que follaje iba encontrándose por el camino, ¿estaría en un bosque?
De pronto, escuchó un ruido en la lejanía, se detuvo en seco, agudizando el oído. Y volvió a sentirlo.
Se agazapó junto un árbol, tratando de esconderse entre la maleza.
El ruido se hizo más fuerte, parecían pasos. Tragó saliva nervioso y totalmente indefenso desde su escondite.
Asomó la cabeza un instante por un pequeño resquicio y pudo ver a varios metros allá una melena rojiza caminando sola, como si nada.
Abrió los ojos lo más que pudo al ver aquella figura... ¿Sansa?
Salió de su sitio en seguida y se dispuso a correr hacia ella lo más rápido que pudo.
- ¡Sansa!- Gritó tratando de acercarse a ella sin asustarla.- ¡Soy yo! ¡Tyrion!- Pero a cada paso que daba, notaba que Sansa se alejaba aún más echando a correr también.
- ¡Soy yo Sansa! ¡No huyas!- Desesperado, intentó correr aún más rápido de lo que lo hacía la joven, pero sabía era casi imposible.
- ¡Por favor!- Le rogó sin comenzar a jadear a pesar de llevar un buen tiempo ya corriendo tras ella.
El paisaje nunca cambiaba, siempre era el mismo, pero Tyrion solo tenía ojos en la figura que tenía frente él.
Huyendo de él, escapando como alma que lleva el diablo.
- ¡Por favor Sansa!- Gritó de nuevo, sin darse por vencido.
Pero aquello pareció asustar aún más a la muchacha, y la perdió de vista.
- ¡No, no!- Negó suavemente abriendo los ojos lo más que pudo.- ¡Sansa, vuelve!- Continuó decidido a perseguirla.
Su ceguera le hizo seguir corriendo por lo que le pareció otra eternidad.
No sentía los pies, tampoco su cuerpo le respondía, tenía las manos magulladas de apartar ramas y todo tipo de cosas que se interponían en su camino. La cabeza le daba vueltas del cansancio, y por una mala jugada de sus reflejos, tropezó con una piedra y cayó de bruces al suelo.
- Sansa...- Murmuró suavemente, quedándose un instante allí tirado. Se estaba tan bien... Tumbado de nuevo... Cerró los ojos un momento.- Sansa...
Volvió a abrirlos lentamente, tenía que...
Se desplazó arrastrándose hasta el árbol más cercano, descansando su espalda contra el tronco. Miró sus pies desde allí sentado, estaban llenos de heridas no con muy buena pinta, probablemente se le infectarían. Dejó caer su cabeza hacia atrás, reposándola.
- Sansa...- Volvió a susurrar, y pareció más bien un silbido entre los árboles, una llamada de ángel...
Una pequeña brisa le azotó el rostro, y lo hizo sonreír tontamente.
- Sansa...- Mantuvo la sonrisa en sus labios, disfrutando de aquellas caricias sin dueño.
- Estoy aquí...- Dijo una voz en su oído.
Su voz... Era igual que la de Sansa... Sonrió aún más al escuchar el viento...
- Sansa...
- Tyrion...- Y entonces, sintió un suave beso en su mejilla.
Abrió los ojos estrepitosamente al ver a su hermosa Sansa junto a él. Aquella... No era como el resto de sus sueños... Parecía... Su Sansa...
- Yo...- Las lágrimas se agolparon en los ojos del Lannister y comenzó a derramarlas como si fuese una cascada.- Estás aquí...- Levantó sus sucias manos hasta su rostro y lo tomó entre sus manos, con suaves caricias.- Quédate, por favor.- Le rogó sin dejar de llorar ni de mirar sus profundos ojos.
Acercó su rostro hacia el suyo sin previo aviso, juntando sus labios. Había echado de menos el sabor de su beso, de su aliento entrando dentro de su boca. Sorprendido por su buen acogimiento, profundizó el beso volviéndose desesperado, ansioso, necesitado.
- Sansa...- Murmuró rompiendo un instante el beso, recuperando el aliento que ahora sí había conseguido perder.
- Tyrion...- Le correspondió acariciando su pelo rubio.- Estoy aquí.- Juntó sus labios ahora, ahogando un suave gemido de placer del Lannister en lo más profundo de su garganta, con sus manos, le retiraba las lágrimas restantes que habían quedado en su rostro.- Ahora...- Se separó de él bruscamente, mirándolo a los ojos desde algo de distancia suya.
- Te tienes que ir.- Completó el enano, aún con los recorridos de lágrimas en sus mejillas, descendió la mirada entristecido, él lo sabía, siempre se iba...
- Yo nunca me fui.- Le corrigió sonriendo de lado, y éso fue lo único que pudo ver al levantar estrepitosamente la cabeza para mirarla, pero en ése instante, desapareció.
Sonrió suavemente, acariciándose con cariño los labios. Era cierto, aunque le hubiese abandonado en su mundo... En los sueños siempre acababa viniendo a él.
Al menos... No se había ido del todo.
Abrió los ojos, muy lentamente.
Miró a su al rededor y sonrió tristemente. Estaba en la celda, como cuando se había quedado dormido...
Se incorporó del suelo, ésta vez no se quejó ni por el sueño ni en las malas condiciones que había despertado.
Se sentía... de algún modo, bien, ya que el sueño no le había perturbado.
¿Habría sido una visión de lo que podría haber sido su vida con Sansa si se hubiese escapado con ella?
Era una tontería seguir dándole vueltas pero... ¿Lo hubiese sido? Probablemente se arrepentiría hasta el día de su muerte de no haberlo hecho.
Oh, espera... ¡Pero si el día de su muerte era hoy! Rodó los ojos cansado y deseoso de que llegase ya.
Cerró los ojos tratando de descansar un poco más.
Veía imágenes de su sueño en la cabeza, como si no quisiera olvidarse ningún detalle.
Y entonces, algo le llamó en demasía la atención.
Dijo que nunca se había ido... La noche antes del juicio... Si ella no se había marchado... ¿Había sido ella la que lo había torturado y matado?
Tragó saliva, no sabía cómo tomarse aquello. Quizás solo quisiese salvarlo de seguir viviendo.
- Tú siempre fuiste mi guadaña, Sansa.- Suspiró abriendo los párpados de nuevo.
Era una tontería seguir pensando en aquello, en algo que no tenía solución, pero sin embargo, no podía hacerlo, continuaba martirizándose.
¿Dónde estaría Sansa? Suponía rumbo a algún lugar. ¿Estaría quizás ya muy lejos de Desembarco del Rey? Probablemente, estaría cuanto más lejos mejor. ¿Quizás Invernalia? Allí tenía a toda la familia... Que le quedaba, claro, aunque aún no le había quedado muy claro quienes de su familia estaban dónde. ¿Habría encontrado ya un hombre con el que estar? Si no lo había hecho ya, probablemente lo haría pronto, una mujer como ella, joven, hermosa, protuberante, lista... Cualquier hombre querría estar con ella. ¿Acaso, lo había encontrado antes de firmar el divorcio, y por éso lo había hecho? El corazón le dio un vuelco ante ésa posibilidad... Él siempre la había visto como una niña, pero realmente... Ya no lo era.
Resopló cansado, tratando de pedirle un descanso a su cabeza. No quería seguir pensando pero ésta le obligaba a ello, por lo que prefirió cambiar de tema.
¿Cuánto tiempo quedaría para su muerte? ¿Algunas horas? ¿Menos de una?
Aquello lo mantenía totalmente expectante, aunque... Estaba preparado.
¿Cómo sería su muerte?
No recordaba que Joffrey lo dijese, ¿sería doloroso? Rió cínicamente, por supuesto que lo sería, o al menos visible para el resto del pueblo. Dudaba que simplemente le cortase la cabeza, aunque... lo agradecería.
¿Y... cómo sería morir?
Toda persona a lo largo de su vida tiene ésa incógnita, y sabiendo que ella estaba cercana, las dudas sobre ello le invadían.
¿Dónde iría después de la muerte? ¿Realmente había una segunda vida? ¿Sería todo rápido? ¿Qué sentiría después? ¿Sería todo oscuridad? O... quizás fuese como su sueño... Puesto que si existe el paraíso, estaría allí de vuelta.
No temía a la muerte.
¿Por qué debería de temerle?
Sí era cierto que no había tenido mucha prisa por alcanzarla, ni tampoco la había perseguido, pero nunca nadie pudo decir que miró con miedo a sus ojos, porque no sería cierto.
Se frotó el cuello imaginándose con él en un trozo de madera, sintiendo el filo metálico del hacha erizando su piel, el instante en el que le quita de ésa carga, y el momento en el que el peso cae, y con él su cabeza, sus preocupaciones, sus amarguras, sus depresiones, ésa tiniebla que fue su vida y... Se derramaría como su sangre bañando el suelo.
¿Lloraría Sansa al enterarse de que había muerto?
Podía imaginársela de rodillas, con las manos en la cara, sus lágrimas caían entre sus dedos de porcelana, y su vestido se manchaba con ellas fundidas con la arena de la plaza. Y en el último momento, antes de que su alma fuese a parar a algún sitio, ella estaría susurrando su nombre... Quizás en algún sitio... O simplemente, le bastaría en sus sueños... Si fuese éso cierto él...
El corazón comenzó a latirle algo acelerado imaginándose la escena, y se obligó a sí mismo a respirar profundamente para tranquilizarse.
- ¡Joder! ¿Cuándo me vais a matar?- Vociferó el enano desde dentro de la celda.
Quería prepararse ya, quería que sucediese ya, sus pensamientos lo estaban atormentando.
- Tyrion.- Habló una voz al otro lado de la celda.
- ¿Jaime?- Miró hacia la puerta rápidamente, haciendo ademán de levantarse.
- Se supone que yo no debo de estar aquí, pero... Tenía que preguntarte algo...- Su tono de voz parecía... extraño.- ¿Por qué no te defendiste?
- ¿Y qué querías que dijese contra tu hijo?- Se quejó frunciendo el ceño.- Prefiero morir ya, a que me tengan como el perro en que me han convertido.
- Serás estúpido Tyrion.- Ahora, lo sabía, era enfado, y a la vez tristeza.- Pensé que algún día lo habías entendido...
Se quedó pensativo ante sus palabras, y evocó el recuerdo del cual Jaime le hablaba... aún recordaba cuando era joven...
Jaime intentaba enseñarle a usar una espada, pero obviamente, no era ni un cuarto de diestro de lo que era su hermano mayor, por comprensibles razones.
- Mira Tyrion.- Le instaba, haciendo un par de fintas.- Tienes que moverte así.
- Pero yo no puedo hacer éso.- Replicaba siempre a lo que decía después de intentarlo y fallar.
- Entonces te matarán cuando estés en batalla.- Jaime a veces era muy duro con él, pero Tyrion siempre sabía que era cierto.
- A mí no me enviarán a luchar.- Respondió observando el arma que tenía y la clavó en el suelo.
- ¿Y si lo hiciesen? ¿Y si alguien atacase a un ser querido tuyo? ¿O vieses a alguien que necesita de tu espada? ¿Te dejarías matar por no saber defenderte?- Le cuestionaba tomando la espada, y colocándosela debidamente en la mano.- Eres un Lannister, un Lannister nunca se rinde.
Miró a Jaime fijamente, al igual que éste lo miraba a él. La determinación de su hermano mayor, era admirable, también su coraje y su valentía. Quizás... Debería de luchar más por su vida.
Sonrió de nuevo, ésta vez con amargura, con tristeza.
Lo siento hermano... Pero no pude luchar más por mi vida.
Y qué gran verdad, no había podido hacer más. Simplemente, se había dado por vencido finalmente, pero su honor y su orgullo estaba por delante de la persona de Joffrey y jamás se hubiese arrodillado antes, ni lo haría.
- Jaime.- Lo llamó desde allí tras unos minutos de silencio.- Yo he asumido mi vida, la he disfrutado, he follado, he bebido lo que he querido, me he enamorado, me han abandonado, insultado, rechazado, robado, pegado y se han burlado de mí, ¿no crees que después de tanto, me merezco no ser un perro por el resto de mis días y decidir la hora de mi muerte?
Su hermano cayó al otro lado de la puerta. Por un momento no supo si su hermano mayor seguía allí, ya que tardó varios minutos en volver a hablar.
- ¿Desde cuándo me recuerdas a la Moza?- Negó con la cabeza suavemente.
- Porque ella moriría antes que postrarse ante alguien que no lo merece.- Le respondió recordando todo lo que Jaime le había contado de ésa mujer... Sin duda Jaime también se había enamorado...
- Te echaré de menos, hermano.- Habló simplemente.
- Ya nos veremos por ahí.- Respondió como si nada.
- Será en unas horas...- Le informó rápidamente.
- Allí estaré.
- Que los Dioses sean contigo.- Y escuchó como sus pasos se alejaban.
- Gracias, Jaime...- Murmuró casi para sus adentros, sentándose contra la puerta.
Incluso después de haber revelado que era su hijo, Jaime... No lo odiaba... Al contrario, se había preocupado por él... Simplemente, él era toda su familia, y toda de la que despedirse.
¿Imaginaba a Cersei allí? Comenzó a reírse por lo bajo, levantándose y caminando hacia el otro lado de la habitación, echándose sobre una especie de banco. ¿No podía pedir de último deseo una buena cama sobre la que echarse? ¿O una comida? Eh, ¿dónde estaba su comida?
- Espero que no me vayan a matar de hambre, porque entonces los mato yo antes.- Se quejó bufando, frotándose el estómago.
No supo cuánto tiempo pasó en aquella posición, pero sus ojos se habían cerrado, y se entretenía reviviendo momentos de su vida agradables, intentando calmar los nervios que poco a poco se iban agolpando en su estómago, el cuál perdió todo tipo de apetito.
Escuchó de pronto unos pasos al otro lado de la puerta, y se incorporó lentamente, hasta quedar sentado, mirando hacia ella fijamente, ahora era un ruido de llaves.
Ya había llegado el momento, estaba... preparado.
Su padre apareció nada más la puerta se abrió, y penetró dentro sin apartarle la mirada, Tyrion totalmente callado, lo seguía con los ojos.
- ¿Sabes que ha llegado tu hora no?- Preguntó Twin, totalmente serio.
- Si no fuese así, ¿cuál sería el placer de tu visita?- Respondió burlón ante su pregunta, no le iba a dar la satisfacción de agachar la cabeza en el último momento, a él no.
- Placer ninguno.- Negó simplemente.- Ni tampoco hoy será el día de tu muerte.
Tyrion abrió los ojos desorbitadamente, pensó que no había escuchado bien, ¿que hoy no sería el día de su muerte? ¿Se iba a retrasar o qué? Comenzó a contraer el rostro, frunciendo el ceño, totalmente confundido y mareado.
- ¿Qué?- Fue lo único que pudo pronunciar.
- ¿Ahora también eres sordo?- Espetó apartando su mirada de él.- Guardias.- Llamó a ambos dos que aparecieron tras ellos en un instante.
- Escóltenlo hasta su alcoba, queda en libertad.- Habló firmemente y con determinación. Acto seguido, salió de la celda sin mediar palabra y Tyrion se quedó con la boca abierta mirando hacia la puerta.
El guardia que anteriormente se había burlado de él, ahora lo miraba con algo de extrañeza. Podía entenderlo perfectamente, ¿qué había sucedido allí? ¿Había muerto Joffrey? Porque de otro modo, era imposible que se hubiese librado de tal condena contra él.
- Adelante, señor.- Habló el otro hombre, instándole a salir.
Tyrion puso un pie fuera de la celda, y fue la sensación más gratificante que había experimentado en mucho tiempo.
Era... Libre... Libre de nuevo...
Pero aquello no le hacía más que preguntarse a sí mismo, ¿por qué? ¿Por qué lo habían dejado libre? ¿Qué le tenían preparado? ¿Alguna burla? ¿Una muerte inesperada? ¿Una cacería en la que él sería la presa? ¿Ser el bufón de la corte? ¿Todavía más?
Subió las escaleras y recorrió los pasillos del palacio con sumo cuidado, mirando hacia todos lados, y a la vez maravillándose de ver aquello de nuevo, la luz a su alrededor, los cuadros, las estatuas, las armaduras... Y no aquella sobria celda que por poco lo volvía loco.
Con algo de miedo, abrió la puerta de su antigua alcoba, la que ahora había recuperado, y observó que no había nadie dentro, ni los guardias lo siguieron hasta ella. Cerró la puerta con seguro y le echó un vistazo.
Su alcoba... Por fin...
De pronto, se entristeció al ver todo aquello. El lugar estaba completamente vacío a excepción de sus propias posesiones, pero las de Sansa... Tomó aire como pudo, ¿de verdad quería haber salido de la cárcel? ¿No sería mejor morir? A saber qué iba a pasar con él ahora... Si era un perro, se pensaba tirar por ése balcón él mismo.
Cómo iba a echar de menos a Sansa...
Miró hacia fuera, melancólico, y pudo ver cual espejismo su esbelta y pulcra figura de espaldas, con la mirada perdida en el firmamento.
Salió por la puerta, atraído por aquel recuerdo, como si de sirenas cantando para él se tratasen, y se posicionó en el mismo lugar, fundiéndose con ella. La imitó, como había hecho anteriormente en su presencia, y entonces entendió la tranquilidad a su desesperación allí dentro, aquella que un día le confesó.
No supo por cuanto tiempo permaneció absorto en aquel paisaje, quizás no solo en la simple imagen que éste le regalaba, pero el azul comenzaba a tornarse anaranjado como sus cabellos, y le exigía que volviese a la realidad del lugar donde se hallaba, y la situación en la cuál estaba metido.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que estuvo allí por última vez?
¿Cuánto tiempo tendría que pasar hasta la próxima oportunidad de hacerlo?
Le entristecía aquella idea, pero debía asumir todo éso. Seguir adelante... ¿Aunque qué iba a hacer sin ella ahora?
Al menos, le quedaría en aquel balcón su recuerdo.
Suspiró resignado, necesitaba una buena y gran botella de vino y su cuerpo también le exigía su cama, de inmediato. Volteó hacia la puerta con la mirada gacha.
Esta noche iba a emborracharse como llevaba semanas o meses que no hacía... iba a...
Unos pies en la puerta, frente a él, lo hicieron detenerse, ¿y ahora qué narices...? Levantó la mirada con rapidez hasta el rostro de la susodicha dama.
Abrió la boca impactado ante aquella imagen, tanto que solo pudo retroceder un par de pasos atónito. Todo comenzó a dar vueltas a su al rededor y a no encajar en ningún sitio. ¿Qué hacía ella allí? Estuvo a punto de frotarse los ojos por si era un espejismo. El corazón le latía tan rápido que le daba miedo saliese por su garganta si hablaba en vez de las palabras.
- Siento haberlo asustado, mi señor...- Murmuró la persona frente él.
- ¿Qué...? Carraspeó como pudo, intentando tener aire suficiente para hablarle.- ¿Qué haces aquí?
Se apartó de la puerta penetrando en la habitación, dejando que Tyrion entrase tras ella.
- Yo...- Susurró sin saber exactamente qué decir, mientras veía a Tyrion darse la vuelta y apoyar las manos en una pequeña mesa.
- ¿A qué has venido?- Le preguntó a la mujer con el corazón en un puño.
Lo había dejado, ya no era su marido, no podía mirarla de la misma forma que antes... ¿Ya no...? Aunque estaba hermosa, cada uno de sus pequeños poros respiraban por ella y su dulce aroma. Se mantuvo dándole la espalda, conteniéndose, por lo que sería mejor no mirarla. Aferrado a la idea de que lo había abandonado, y que el resentimiento por ello no se borraría.
- Como verá, estoy vivo.- Siguió hablando ante el silencio de la mujer.
- No sabe cuanto me alegro de ello Tyrion...
Su nombre sonaba tan dulce en sus mentirosos y traicioneros labios... ¿Por qué lo llamaba así, ahora, en aquél preciso y turbio instante? Daría lo que fuese por retroceder el tiempo y habérsela llevado de allí cuando tuvo ocasión. A pesar de todo, le estremecía su respuesta, al igual que a ésas alturas pronunciase su nombre. ¿Qué derecho tenía? Se sentía enfadado y furioso, había traicionado su confianza y ahora... ¿Lo llamaba por su nombre? No sabía ni si quiera si se alegraba ciertamente... ¡Por mil demonios! ¡Claro que lo sabía! Algo en su pecho se dedicaba a repetírselo constantemente.
Apretó los puños sobre la mesa.
- Gracias, mi señora.- Respondió con sequedad, tratando de calmarse, llamándola como debía hacerlo. Volteó hacia ella, y allí la vio, mirándolo directamente con las mejillas rosadas y algo decepcionada, quizás por haberla llamado así... y por arte de magia, toda su furia se evaporó como agua tibia en el desierto.
¿Cómo podría pelear contra aquel par de ojos que eran un oasis en el desierto inóspito en el que se encontraba?
Aunque no fuese su esposa ya... Acababa de comprender que no la podía culpar de hacerlo... Era cierto... Él también lo hubiese hecho de ser ella...
Y por mucho que le doliese...
No podía culparla.
- ¿Qué hace aquí, mi señora?- Le preguntó con más suavidad, sin llamarla aún por su nombre, totalmente intrigado y algo confundido por su presencia.- La hacía de camino a Invernalia.
- No llegué a salir de Desembarco del Rey.- Negó levemente agachando la mirada, sin más.
¿Que no se había marchado? ¿Y qué había hecho aquí desde que solicitó y obtuvo el divorcio? ¿Estaría empacando sus cosas? No, ya lo había hecho anteriormente, puesto que cuando llegó todo estaba recogido y allí no quedaba nada suyo.
- ¿Por qué?- Alzó las cejas, aún más sorprendido si podía ser.
- Yo...- La vio parpadear rápidamente, y él sabía lo que significaba aquello. ¿Se encontraba bien? Parecía a punto de romper en llanto.
- ¿Le ha hecho algo Joffrey?- Fue lo primero que se le ocurrió, ¿la habría intentado forzar de nuevo? Porque aquel rostro... Estaba a punto de quebrarse en mil pedazos, totalmente hundido.
- No, no...- Lo miró algo confundida y lo descartó automáticamente.
-¿Por qué parece que llorará entonces, mi señora?- Se acababa de dar cuenta de que había avanzado anteriormente un par de pasos hacia ella preocupado.
- ¿Me odias?- Contestó con otra pregunta, pareciendo tratar de encontrar protección en su propio cuerpo se agarraba ambas manos.
Tyrion se quedó estático ante ésa pregunta que lo acababa de desolar, y que por supuesto, no se esperaba, lo había dejado con el culo al aire.
¿Que si la odiaba? ¿A qué venía ésa pregunta?
Por supuesto que no la odiaba, ¿cómo podría hacerlo? Se salía de sus posibilidades, epro no estaba seguro del porque de su pregunta... Estaba tna confundido...
- ¿Por qué hablaría con una persona que odio?- Cuestionó intentando reconfortarla, aunque... ¿por qué le reconfortaría? ¿Por qué si acaso le importaba?
¿Sansa... Por qué te ves tan triste, pequeña?
- Pensé... Que no volverías a hacerlo tras mi partida...- Murmuró intentando guardar la compostura y sus ideas en claro, pero a cada momento, se le hacía más difícil hablar decir lo que quería.
- No se aflija, mi señora.- Murmuró apretando la mandíbula, no podía continuar con aquella conversación en aquel instante.- Si me disculpa... ¿Podría dejarme un rato a solas? Ya sabe, ordenar un poco ésto tras mi regreso.- Le instó abriendo la puerta de su propia habitación, no quería ser brusco, pero así lo requería.
Pudo ver como Sansa abrió y cerró la boca varias veces, pero simplemente agachó la cabeza y asintió. Le siguió con la mirada cuando atravesó la puerta, cerrándola tras ella. Se quedó un instante embelesado con aquella imagen, sin quitar ojo de la puerta ya cerrada y simple. Había vuelto a ver a Sansa... No podía creerlo, realmente no podía creer que estuviese allí, pero... Aún no le quedaba claro el por qué lo había hecho, ¿se lo iba a decir? Sacudió la cabeza levemente, consternado todavía. ¿Por qué había ido a verlo? No tenía realmente ningún sentido... Joder, su corazón latía con fuerza por haberla visto. Suspiró con pesar, ¿qué podía esperar?
Pasaron los minutos, y Tyrion se vistió con un nuevo atuendo, por fin había dejado atrás lo que había llevado puesto en el calabozo, que le daba un tremendo asco, aunque en sitios peores había estado. De pronto, alguien tocó a la puerta. Tomó aire intentando también coger fuerzas, esperaba que no fuese su padre. ¿Sería Jaime?
Abrió la puerta él mismo, tenía que ir con cuidado de nuevo con toda aquella gente.
- Mi señor.- Le llamó la muchacha que apareció frente a él, dejándolo otra vez perplejo, pero ahora se veía... ¿Más indefensa?
- ¿Qué sucedió?- Avanzó, aún más y levantó la mano, dejándola en su brazo, brindándole su apoyo, ¿le había pasado algo? La condujo dentro de la habitación y cerró la puerta tras ellos.
- Yo... hice caso a... mi consejo y... pedí que... nos divorcíasemos pero...- Comenzó a temblar levemente a medida que iba hablando.
- Sansa, no te preocupes por...- Habló suavemente sin querer hablarlo, ¿por qué volvía para proseguir aquel tema? Le había dicho que no quería hacerlo, lo hecho, hecho estaba, ¿para qué seguir removiendo y cavando en la herida?
- No...- Negó cortando sus palabras, parecía haber estado ensayando aquello, tomando fuerza de dónde no las tenía.- Yo acepté porque... luego haría un trato con Tywin...- Completó sin mirarlo.
- ¿Cómo?- Fue lo único que salió de la boca entreabierta que se le había quedado al enano, al igual que unos como platos y una expresión entre de incomprensión, sorpresa o incredulidad.
¿Y bien? ¿Qué os pareció éste momento? ¿Qué trato habrá hecho Sansa con Tywin?
Espero que os haya gustado y ya sabéis, cuantas más reviews recibo con vuestras opiniones más ganas me dan de continuar el fic.
Respuestas:
Demoniaca4ever - ¡Hola hola! Siento haber estado tan desaparecida. Me gustaría decir que es la primera vez que me 'amenazan' así por no actualizar un fanfic, pero desgraciadamente... No lo es xD Espero que te haya gustado y hayas quedado satisfecha con el capítulo Haha. ¡Me alegro de que te gustase y espero verte por aquí pronto, hasta la próxima!
N. - ¡Hola! Siento de nuevo haber estado tan desaparecida. Espero que te haya gustado el capítulo y que te animase un poco más a como dejé al pobre Tyrion en el anterior Jaja. ¡Me alegro de que te gustase y espero verte por aquí pronto, hasta la próxima!
Shar0n - ¡Hola holita! Me alegra muchísimo encontrarme fans tan fuertes de ésta pareja, la verdad es que por éso me decidí a escribir sobre ellos, porque además de que me encantan como pareja, siempre quise leer lo que en mi fic y como no lo encontraba pues... Tendría que crearlo yo Haha. ¡Me alegro de que te gustase y espero verte por aquí pronto, hasta la próxima!
Kiara - ¡Hola buenas! Muchas gracias por leer el fic y me alegro de que te gustase. La verdad es que no puedo revelar qué pasará en un futuro, por motivos obvios, pero espero que todos quedéis satisfechos que es lo que siempre busco. ¡Me alegro de que te gustase y espero verte por aquí pronto, hasta la próxima!
¡Espero veros por las reviews de nuevo!
¡Un saludito y hasta pronto!
