Sentía las manos temblorosas y la garganta seca. Estar frente a su imponente madre le ponía sumamente nervioso. La rubia le miraba sin decir una sola palabra mientras le daba uno que otro sorbo al té que Alumi había traído minutos antes. Era difícil para ambos el siquiera iniciar una conversación, ya que, por lo regular, era la joven esposa de Hana quien tomaba la iniciativa.
-Mis disculpas, Anna-Sensei-apareció la sonriente Alumi con una charola en manos-Les he hecho esperar demasiado, pero aquí está mi especialidad. Espero que la disfruten.
-¿Pasta con salsa de tres quesos?-cuestionó Anna al mismo tiempo que su alumna servía los platos con comida-Me alegra saber que mi hijo esté bien alimentado.
-¿De verdad?-Alumi comenzaba a sonrojarse. Anna Asakura no solía dar elogios como ese.
-Si, debo admitir que es delicioso-respondió la rubia tras probar el primer bocado.
-Mil gracias-la joven hizo una reverencia en muestra de agradecimiento.
-Y…-Hana tomó la palabra al mismo tiempo que su esposa se sentaba a lado suyo-¿A qué has venido, mamá Anna?
-¿No es obvio? Vine a verte, idiota. A fin de cuentas soy tu madre, y es lógico que después del asalto viniera, ¿no?
-Supongo-Hana se encogió de hombros.
-Parece que…-Anna les vio directamente-…interrumpí algo importante.
-¿A qué se refiere con eso, Sensei?-cuestionó Alumi.
-"Hey, Alumi…me muero por tenerte. ¿Tardarás mucho?"-repitió las palabras de su hijo, haciendo que ambos se sonrojaran por completo-Además, aún no te abotonas la camisa, Hana.
-Lo siento-el enrojecido rubio abotonaba rápidamente su camisa.
-No importa, eso quiere decir que ya estás mejor ¿cierto?-dedujo la mujer, el joven asintió-Y, díganme. ¿Ya tienen su respuesta?
-¿Respuesta?-Hana arqueó una ceja.
-Si, Hana, respuesta. ¿Irán conmigo a Izumo?-cuestionó dándole un sorbo a su té.
-Pues verás…-el rubio acarició la mano de su esposa, haciéndola sonrojar levemente-…Alumi no se ha sentido bien últimamente, y pensamos que un viaje tan largo podría afectarle.
-Muy bien-Anna se puso de pie-Entonces no tengo nada más qué hacer aquí.
-¿Ya se va? ¿Tan rápido?-Alumi se puso de pie, pero un fuerte mareo la obligó a sentarse de nuevo.
-Así es. Tengo que arreglar unas cosas de mucha importancia con Tamao. Cualquier cosa, háganmela saber. ¿De acuerdo?-preguntó, esta vez ambos asintieron-¡Ah! Espero que pronto me den nietos, ¿eh?
La puerta se cerró tras ella, abriéndose nuevamente para dar paso a Kiku. Al darse cuenta, Hana mostró una sonrisa maléfica al mismo tiempo que le guiñaba un ojo a Alumi.
-Entonces… ¿continuamos?-la tomó por el talle mientras besaba delicadamente su cuello.
-¿Eh? ¿Aquí?-cuestionó ella al sentir las caricias cada vez más atrevidas que el rubio le daba.
-Kiku está aquí-le susurró al oído-¿No quieres molestarla un poquito?
-Por eso te amo-consintió la joven con una enorme sonrisa en su rostro.
-¡Lo sé!-también mostró una sonrisa al mismo tiempo que la recostaba en el cómodo sofá e introducía sus manos bajo la falda de ella.
-Hana-Sama, ya lle… ¡Hana-Sama!-se detuvo totalmente escandalizada, provocando que tanto Hana como Alumi voltearan a verla.
-¿Qué pasó, Kiku-Chan?-Alumi le veía con una sonrisa burlona-¿Nunca habías visto a una pareja teniendo sexo?
-Con...con permiso-ella desvió la mirada al mismo tiempo que limpiaba las lágrimas que comenzaban a desbordar de sus ojos. Hana y Alumi rieron…tal vez era un poco cruel de su parte, pero la odiaban ¿qué se le iba a hacer?
-Muy bien, galán-la rubia intentaba sacarse de encima a su esposo-Comamos antes de que se enfríe.
-Mmmm. Prefiero comer otra cosa ¿sabes?-le susurró mientras acariciaba uno de sus muslos, pero esta vez no le iba a funcionar.
-Hana…
-Está bien, está bien. Ya entendí-se dio por vencido ante la mirada divertida de la joven-Oye, pecho plano.
-¿Mmm?
-¿Te sientes bien?-le miraba con evidente preocupación.
-Si, por supuesto-mentía-¿Por qué?
-Estás algo pálida. Déjame verte un poco más de cerca-respondió acortando la distancia entre ambos. Alumi cerró sus ojos al igual que él para después sentir ese suave roce de labios que tanto disfrutaba. Se dejó llevar por el momento pues, ciertamente, algo más fuerte que la razón la controlaba, y más cuando las manos de su esposo recorrían lentamente su breve cintura, ascendiendo para retirarle la blusa. El rubio descendió sus labios, saboreando su fino cuello para llegar a sus pechos, haciéndola gemir. Él no pudo evitar sonreír, los gemidos de su esposa eran música para sus oídos, y quería oír más.
Cuando Alumi abrió los ojos pudo darse cuenta de que era muy tarde para intentar detenerlo pues ambos estaban completamente desnudos, sonrojándose al sentir la seductora mirada de Hana sobre ella. Colocó sus manos sobre las mejillas de él, acariciándolas para después atraerlo un poco más cerca y besarlo con pasión. Con sus manos recorrió su ancha espalda, incitándolo a que la acariciara también.
-¡Sorpresa!-la puerta se abrió de par en par, dejando ver a Yohane, Gakko y Namaha con pasteles, globos y tirando serpentina al mismo tiempo que Gakko grababa todo con su celular. Los rubios se detuvieron al instante, desviando sus miradas hacia sus amigos quienes, sonrojados y sin saber qué decir, observaban la incómoda escena. Hana seguía sobre Alumi, con una mano en su muslo izquierdo y con la otra oprimiendo suavemente uno de sus pechos mientras ella mantenía sus manos en la espalda baja de su esposo.
-Ha…Hana-Kun, Alumi-San…dis… ¡discúlpenme!-suplicó un extremadamente sonrojado Yohane cubriéndose el rostro con ambas manos al mismo tiempo que daba la media vuelta.
-Alumi… ¿San?-Namaha les veía con los ojos vidriosos, llevándose ambas manos a la boca, por supuesto, totalmente sonrojada también.
-Oh ¡Genial!-exclamó Gakko con un hilito de sangre saliendo de su nariz mientras hacía zoom en dirección a ellos-Cosas como esta no se ven todos los días. ¡Qué bueno que lo grabé todo!
-¡Suelta eso, imbécil!-Alumi le dio una patada voladora, y de las buenas, en el rostro mientras se cubría los pechos con su brazo derecho para después atrapar el celular en el aire.
-Hey…pecho plano…-Hana intentaba llamar su atención, cubriendo sus…sus…sus "miserias" con un cojín del sofá.
-Ahora no, idiota, estoy ocupada-respondió la rubia colocando una mano en su cintura al mismo tiempo que buscaba el dichoso video, olvidándose de un pequeño detalle.
-Gakko-Kun… ¿te encuentras bien?-preguntó inocentemente Yohane quien, creyendo que el peligro ya había pasado, dio la vuelta descubriéndose los ojos. Sin embargo, lo que vio lo dejó inmóvil…y con una inminente hemorragia nasal-Este… Alumi-San…
-¿Qué quieres?-cuestionó la joven con varias venitas saltadas en el lado izquierdo de su frente.
-Sigues desnuda-le dijo un despreocupado Hana, haciéndola reaccionar en menos de un segundo, pateando al pelinegro, al pecoso…y también al rubio. Tomó un par de cojines que usó para cubrirse ella también mientras los tres hombres sangraban en el suelo.
-¿Por qué están aquí?-se apresuró a cerrar la puerta pues podría jurar que, al menos dos o tres tipos habían visto la "peculiar" escena desde la calle.
-Como hoy dieron de alta a Hana, queríamos darle la bienvenida-Namaha desviaba la mirada con las mejillas levemente enrojecidas-Era…una sorpresa.
-Pues parece que la sorpresa se la llevaron ustedes-suspiró, mostrándole una afable sonrisa a su amiga-Me disculpo por eso, Namaha-Chan.
-No te preocupes, Alumi-San-el espíritu también le sonreía, aun con un leve sonrojo.
-Muy bien, será mejor que me vista de una buena vez-dejó los cojines en su lugar mientras tomaba a Hana de un pie y comenzaba a arrastrarlo-No tardaremos mucho.
-¡No hay problema!-la pequeña pelinegra continuaba sonriendo con una gota de sudor en su sien. Si seguía tratando así a Hana, por seguro que no se recuperaría.
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La fiesta "sorpresa" de bienvenida para Hana había transcurrido en santa paz, a excepción, claro, de las típicas peleas entre Hana y Gakko que Yohane intentaba detener sin éxito alguno mientras Alumi y Namaha conversaban o veían televisión, por supuesto, lo más lejos que se pudiera de esos tres. Ahora estaban nuevamente solos, bueno, Kiku también estaba ahí, pero no había bajado desde la tarde, cosa de tanto Hana como Alumi agradecían.
Una vez en su alcoba, Alumi cambiaba los vendajes de Hana para después limpiar la herida, que ya comenzaba a cicatrizar. Cuidaba cada movimiento para evitar lastimarlo, pero algo no le permitía concentrarse.
-¿Alumi?-la voz de su esposo la sacó de sus pensamientos, haciéndola levantar la mirada.
-¿Qué?-apenas volteó a verlo.
-Me da la impresión de que ocultas algo… ¿está todo bien?-le miraba seriamente, ella tragó saliva al mismo tiempo que agachaba la mirada, Hana encontraba la actitud de la rubia muy sospechosa.
-Por supuesto-musitó ella mientras comenzaba a colocar el nuevo vendaje tras secar la herida, pero eso no lo convencería.
-¿Confías en mí?-cuestionó sin quitar su imponente mirada sobre ella, Alumi se mordió el labio inferior, a punto de tirarse entre sus brazos y decirle absolutamente todo, pero su orgullo era más fuerte…mucho más.
-Estoy bien-respondió de mala gana, el hombre frunció el ceño.
-¿Sabes qué?-se puso de pie, impidiendo que ella terminara de colocar el vendaje-Haz lo que se te dé la maldita gana. Si no quieres decirme, está bien… ¡Me vale un carajo!
-¡Perfecto!-Alumi intentaba mostrarse fuerte.
-Dormiré en la sala-tomó una almohada y un cobertor del armario mientras su esposa luchaba por contener las lágrimas que comenzaban a desbordar de sus ojos-Y ni te atrevas a pedirme que regrese ¿Oíste?
-No te preocupes cariño, créeme que lo último que quiero es verte. ¿Qué estás esperando? ¡Lárgate de una buena vez!-le dio la espalda para evitar que él notara que estaba a punto de llorar para después dar la vuelta al sentir que él abandonaba la habitación. Se sentó en la cama al mismo tiempo que limpiaba sus lágrimas. Sabía que estaba siendo estúpida, y mucho. Su salud empeoraba cada vez más y temía que esos sujetos pudieran aprovechar eso para atacarla. Instintivamente se puso de pie, dirigiéndose a la puerta, dispuesta a decirle todo a Hana, pero un segundo antes de que ella diera el último paso, la puerta se abrió, dejando ver a un serio Hana que la observaba muy atentamente. La rubia se detuvo en seco, mirándole también. De pronto, todo ese valor se esfumaba, dando paso a una enorme inseguridad. El hombre tampoco sabía qué decir, pues por mero impulso se había adentrado a la habitación y ahora la tenía a ella justo en frente. Sostuvieron la mirada por algunos segundos hasta que Hana, rompiendo la tensión, se acercó a su esposa para después tomarla de la cintura y besarla apasionadamente, sorprendiéndola. Alumi retrocedió, siendo acorralada contra la pared, donde ahora era presa de la creciente pasión de Hana, quien, sin liberarla, ahora recorría con sus labios el cuello y pecho de ella.
-Lo… lo siento, lo siento-repetía entre suspiros al sentirse despojada de su camisón.
-No te disculpes…soy yo quien debe hacerlo-susurraba al oído de la mujer mientras acariciaba sus muslos. Esta vez se aseguraría de que nadie los interrumpiera, así que, con muy poca delicadeza, terminó de desvestirla. Estaba tan harto de ser interrumpido… ¿dos veces en un día? ¡Eso era un fastidio! Y más porque el deseo y las ansias lo consumían, y tenerla entre sus brazos solo incrementaba su desesperación. Ella, por su parte, también se encargaba de retirarle la ropa restante a su esposo, besando su cuello con cada vez más ímpetu. Era imposible resistirse, y menos cuando él se mostraba así, brusco y amable al mismo tiempo…era en verdad excitante. El rubio la alejó de la pared, guiándola hasta la cama donde la recostó delicadamente aún sin dejar de besarla. Se separaron por un segundo para tomar aire, sosteniendo las miradas nuevamente. Un penetrante color azul contra seductores ojos color miel, no podían evitar sonrojarse cuando sus miradas se encontraban. Hana sonrió con una mezcla de lujuria y ternura…tenía una hermosísima esposa, a la cual no quería perder por nada del mundo, y por tanto, le hería que no confiara en él. Alumi colocó sus manos en las mejillas de su esposo, atrayéndolo hacia ella para atrapar con sus labios la boca de este. También estaba desesperada por sentirlo suyo nuevamente, estaba dispuesta a ceder, y lo haría, esperando que esta vez no hubiera interrupciones. En un rápido movimiento, ambos cambiaron de posición, quedando ella sobre su esposo, así que, tomando el control, besó su cuello para después recorrer con sus labios esos tonificados pectorales, haciéndole soltar un suspiro. Él la abrazó con fuerza, llenando de besos su frente y mejillas mientras sus manos descendían hasta llegar a la parte baja de su delicada espalda. La joven dio un respingo al sentir que las caricias que Hana le daba se volvían cada vez más atrevidas.
-Lo siento-se detuvo, sentándose mientras acomodaba un mechón de su rubio cabello detrás de su oreja.
-Te disculpas demasiado-el hombre también tomó asiento frente a su esposa. No pudo evitar recorrerla con su mirada. Era tan…exquisita-¿Está todo bien?
-Si, es solo que…-desvió la mirada al sentir que él la observaba-…no quiero…lastimarte.
-¿Lastimarme?-el rubio soltó una pequeña carcajada, colocando la mano de la mujer sobre la herida en su abdomen, provocando que ella le viera-Eres la medicina que necesito ¿sabes?
-Hana…-le miraba con un leve sonrojo al darse cuenta de que su esposo le dedicaba una afable y tierna sonrisa. Le pareció extraño oírle decir eso, pues no solía hablar de esa forma tan… ¿romántica?
-Y ahora mismo…-continuó, tomándola delicadamente de la cintura para acercarla nuevamente a él, quien la observaba de una manera en que jamás lo había hecho-…necesito mi dosis.
Alumi intentó hablar, pero fue rápidamente silenciada por un beso de su esposo. Ambos se abrazaron, permaneciendo sentados mientras sus labios continuaban con ese adictivo roce. Ella comenzaba a perder el control de su cuerpo, que ahora era dominado por el enorme placer que le producía estar con él, así que, sin más que pensar, se dejó llevar por el momento.
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Desde hacía unos minutos le daba la espalda a su amante. De pronto se sentía tan…avergonzada, pero ¿de qué? Él era su esposo, no estaban haciendo nada indebido, sin embargo, ese sentimiento se apoderaba de ella, impidiéndole dirigir siquiera la mirada para con el rubio.
-Quiero dejarte algo muy en claro…-el Asakura acariciaba con su dedo índice la espalda descubierta de la mujer, haciéndola sobresaltarse-Sé que no te lo digo muy a menudo, pero sabes como soy-le sonrió. Para él era muy difícil hablar de esa forma con ella, así que, tomando el suficiente valor, aclaró su garganta-Te amo…y me duele que no confíes en mí ¿sabes? Pero sé que algo te pasa. Te conozco como a la palma de mi mano, y sé que eres orgullosa, pero quiero protegerte.
Alumi se sorprendió de oír tales palabras salir de labios de su frío esposo. Ahora entendía lo que sentía en ese momento…una enorme inseguridad. Por primera vez se sentía vulnerable, y no quería que Hana la viese así. Cerró sus ojos al sentir que él depositaba un fugaz pero tierno beso en su mejilla, haciéndola sonreír al instante.
-Esperaré a que me lo digas…a que aprendas a confiar en mí-suspiró, alejándose de ella para darle la espalda también-Descansa.
Ella guardó silencio y cerró sus ojos al sentir que una tibia lágrima rodaba por su mejilla, pero esta vez era diferente...esta vez lloraba de felicidad.
