Disclaimer: Los personajes usados a continuación pertenecen a J. K. Rowling. El fic presentado a continuación está hecho únicamente con fines de entretenimiento.

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La obscuridad casi total rodeaba el ambiente, en una cama ubicada justo al centro de la habitación colocada horizontalmente una joven de alrededor de 12 años se encontraba tecleando con energía en una laptop color morado fosforecente. La obscuridad la envolvía mientras murmuraba frustrada.

—¡Oh vamos! ahora no me puedes salir con eso; no después de que te tomaste la contactar conmigo, mandarme tus ideas para la canción y esperar a la fecha de entrega— Murmuró viendo con atención las palabras que aparecían frente a ella.

"Es mucho dinero" rezaba el mensaje.

"Es un precio justo, me das quinientos mil dólares por un éxito asegurado y yo jamás te reclamaré nada porque ante la ley la canción será tuya" escribió con rapidez para después esperar unos instantes por la respuesta.

"¿Qué pasa si la canción no triunfa?"

"La canción está diseñada exclusivamente para ti, si haces las cosas exactamente como te digo hay sólo un 2% de probabilidades de que falle... en dicho caso te devolveré cuatroscientos mil dólares y te quedarás con la canción." escribió con un fastidio creciente.

"¿Cómo sé que no me estas engañando?"

"Si las cosas no fueran como te digo jamás me hubiesen recomendado contigo, transfiere el dinero a esa cuenta y en 2 minutos tendrás tu canción y las instrucciones"

"Está bien" fue la corta respuesta.

—Listo Avril Lavigne en unos instantes tendrás tu éxito titulado "Im with you"(*) y yo tendré quinientos mil dólares más—Susurró con una risita mientras miraba en su otra laptop su cuenta bancaria. —Debo agradecerle a Masen por la ayuda para mantenerme fuera del radar del FBI y la Interpool.

Un sonido le avisó que la transferencia había sido efectuada así que cerró la laptop y se enfocó en enviar los archivos a la otra artista.

"Sigue CADA PASO al pie de la letra y no tendrás problemas de ningún tipo, si tienes algún problema contáctame en un mes a la hora de siempre PD. No te olvides de recomendarme" Agregó y, después de comprobar que no tuviera ningún error, oprimió enviar.

Debido a que su habitación estaba insonorizada la joven puso música a todo volumen.

Los acordes de una guitarra acústica irrumpieron en el silencio de la madrugada para después ser acompañados por una dulce y armoniosa voz.

—Ufff esto fue cansado— Exclamó levántandose de su cama y después de dar un bostezo se encaminaba a su baño acariciando la cabeza de su mascota en el camino.

—Its a damn cold night— Cantó la pre-adolescente mientras llenaba su tina con agua fría y esparcía el jabón con aroma a Jazmín.

Mientras la tina se llenaba se dirigió hacia su armario de dónde sacó la vestimenta que se pondría ese día y después se encaminó al baño para empezar con su rutina de aseo diario.

treinta minutos, un refrescante baño de agua fría, un peinado, una vestimenta y un lavado de dientes después la pequeña estaba lista para comenzar su día.

Después de apagar la música un zumbido le llamó la atención.

—Es la hora del monstruo gruñón— murmuró con una sonrisa traviesa así que se acercó a la puerta de su habitación la cual dejó entreabierta y se preparó para lo que venía.

—Linda, ¿Qué desayunaremos hoy?—Se escuchó la voz de un hombre.

—¿Me ves cara de cocinera? No contestes y ve a despertar a Hermione.

—Nooo por piedad ¡Todo menos eso! Haré lo que quieras pero no me obligues a enfrentarme a eso—Suplicó el hombre.

—Eres un cobarde.

—Soldado que vive sirve para otra guerra— Se defendió el hombre.

—Dirás cobarde que huye surve para otra escapada.

—Ya voy— Y mientras se escuchaba eso unos pasos se acercaban a su puerta, pero antes de que pudiera siquiera tocar la puerta la niña la abrió con rapidez.

—Groaarrrr—Gruñó la niña "espantando" a su padre.

—Ahhhhhh—Lanzó un grito agudo y nada masculino para después correr a "refugiarse" detrás de su esposa.

—Cobarde ve y enfrenta al monstruo que tú creaste—Le reclamó su mujer.

—uy que malhumorada, ya veo de dónde sacó Hermione el genio— soltó sin pensar. —Me refiero a lo inteligente— Trató de arreglarlo en vano, el cabello rojo brillante de su hija y el ceño fruncido de su esposa se lo comunicaron.

Las dos féminas se miraron entre sí con idéntico gesto de maldad.

—A él— Gritaron al unísono y en pleno pasillo se lanzaron contra el desafortunado hombre.

—Piedad— fue la última palabra coherente que se escuchó del señor Granger en un buen rato pues las risas y súplicas del hombre resonaron interrumpiendo la calma de la mansión.

—Esta vez exageraron— masculló el señor Granger dando un masaje a sus costillas mientras apuñalaba a sus HotCakes. De inmediato comprendió su error al dirigir una mirada asustada hacia las féminas —Pero no es nada que no mereciera— agregó temeroso.

Las dos fie... es decir mujeres le brindaron un gesto de aprobación y cada una volvió a su desayuno.

—Recuerda que hoy es la cita.

—Ya está agendado madre, Miss Thompson estará conmigo hasta la hora de la entrevista, luego se irá exactamente diez minutos antes de que ustedes lleguen— Comunicó con serenidad.

—Debes escucharle atentamente— Aconsejó su padre. La niña asintió con tranquilidad.

—Por lo que más quieras que no se repita lo que pasó en la entrevista de Oxford.

Después de esas palabras el silencio reinó entre los integrantes de la familia Granger pero fue roto por el cabeza de familia.

—No puedo contener la curiosidad— lloriqueó el hombre.

La mujer miró a su esposo con diversión, caminó hasta el puesto que estaba a su lado y se acomodó.

—No puedo negar que yo también me siento intrigada pues he preguntado y nadie sabe quién envió la solicitud— musitó con seriedad. El hombre sonrió con dulzura, la abrazó atrayéndola hacia su pecho y le besó con ternura la frente.

La paz fue firmada con esas acciones... por ahora.

Ambos adultos se quedaron viendo a los ojos mientras se transmitían su amor sin palabras, en ese instante no existía nada más que ellos y la mirada del otro. No sabían cuánto tiempo había pasado pero para ellos había sido un eterno instante desgraciadamente el momento fue roto.

—Demasiado dulce—Exclamó la niña llamando la atención de los mayores.

La pequeña tenía una expresión de concentración al observar su plato. Los adultos dirigieron la mirada hacia ese lugar y vieron unos HotCakes nadando en miel.

La niña al darse cuenta de lo que observaban colocó un gesto inocente en su semblante.

—La cámara—Exigió la mujer. La niña hizo como si no la hubiera escuchado y continuó observando sus HotCakes.

—Hermione Jean A. B. Granger entrega esa cámara— Ordenó.

—Está bien— refunfuñó la niña. —¿Cómo se dió cuenta?— preguntó irritada.

—Serás una niña genio, pero recuerda que yo fui analista del FBI— Contestó con orgullo. Y ante la mirada inquisitiva de su esposo confesó —Ya había notado que tenía la cámara, lo único que tuve que suponer fue que al estar tan concentrada grabando todo el momento se distrajo mientras le echaba miel a sus -ya de por sí muy dulces- Hotcakes causando ese desastre.

—Sugoii— exclamó la niña emocionada.

—Realmente increíble—Alabó su esposo.

—Dejando eso de lado. Me parece que tenemos que irnos a trabajar.

—Nos veremos en la comida Herms.

Y con esas palabras ambos padres tomaron rumbo hacia sus trabajos.

—Hoy es un hermoso día— Susurró la castaña mientras acariciaba el dije que siempre tenía puesto.

—Es una lástima que el señor Ferrars sea nocturno— Habló refiriéndose a su amigo el Buho mientras comía de sus extremadamente dulces HotCakes haciendo una mueca por lo empalagoso.

—Tal vez pueda entretenerme con Hitomi en lo que llega la hora de mis lecciones de música— Murmuró felizmente mientras se acercaba el recipiente donde estaba el café y se servía una taza.

Satisfecha con esa combinación la jovencita continuó con su desayuno para después dirigirse hacia su recámara.

"¿Jugarías conmigo Hitomi?" Pidió mientras se acercaba a su mascota.

"Aquí estoy muy cómoda"

"Por favorrrr" suplico la niña.

"Está bien, jugaremos a Hitomi dice"

"Está bien" Aceptó Hermione.

"Hitomi dice... Llévale a la sala de música"

La niña lo hizo así y llevó en sus brazos a la gata.

"Ya estamos aquí" Exclamó Hermione.

"Hitomi dice que le toques su nana"

La niña caminó con su gata en brazos hacia uno de los pianos en la habitación y la acomodó con cuidado en sus piernas después de sentarse en el banquillo.

Levantó la cubierta y acarició las teclas de su piano.

Con un suspiro comenzó a tocar la canción.

"Eso es lo que necesitabas" le comunicó la gata.

Y era verdad, la pequeña, por un motivo que se escapaba a su conocimiento se encontraba nerviosa y ansiosa.

No sabía qué querrían de ella en un colegio privado, cuando ella ya estaba haciendo solicitudes para entrar en la universidad y eso le enojaba. La incertidumbre jamás había sido su amiga...

Pasaron veinte minutos así, la niña tocando el piano y su gata ronroneando por la felicidad.

—Gracias Hitomi—Susurró Hermione envuelta en la tranquilidad del ambiente.

"De nada gatita" Respondió la gata con un ronroneo.

—Eres una gran compañera— Le dijo con sinceridad.

Dejó a su gata durmiendo plácidamente y corrió al jardín. Si bien, la vista de las flores le relajaba el motivo por el que estaba ahí era muy diferente.

Tras una hora ocurrió el arribo de la instutriz de la niña.

—Hoy te tocan lecciones de flauta, guitarra, canto y bajo— Informó como si nada después de intercambiar los saludos. —La práctica hace la excelencia— Recitó al escuchar las quejas de la niña respecto a la guitarra —No siempre las cosas te serán fáciles pero no por ello debes abandonar— Compartió un poco de sabiduría con la menor.

:-:*:

Hablar con estúpidos niños y sus familias acerca de la magia y Hogwarts era, además de estúpido, cansado. Siempre las mismas preguntas y los mismos gritos, siempre teniendo que vestir según la moda muggle y tener paciencia de las estúpidas preguntas que él sabía que vendrían.

Estúpida Minerva y su vejez "Es una preparación para cuando yo me retire Severus, Tú sabes que eres el único apto para ser Subdirector" masculló una serie de maldiciones más al pensar en aquella bruja que le había metido en este embrollo.

Estúpido viejo chiflado con sus ínfulas de titiritero.

Y aún más estúpido él por dejarse convencer de ayudar a Minerva con la mitad de los nacidos de muggles.

—Estúpidas labores— Masculló por enésima vez Severus Snape mientras se dirigía en tren hacia el coche que Hogwarts le había prestado para ir a la casa de la última mocosa de padres muggle que se uniría al colegio.

"Estúpida vida" Rezongó Severus con un cada vez más grande mal humor.

Su mal humor sólo aumentó al ver que por estar en sus reflexiones casi se pasa de estación.

Cuando llegó al carro y vio junto a él a Minerva McGonagall esperando con un gesto de ligera molestia su mal humor aumentó un poco más.

—Llegas tarde— Dejó caer como si nada poniendo a Severus casi al límite de su control.

—Toda una familia se desmayó, tuve que lidiar con eso y cuando despertaron no podían parar de gritar como locos.

—Imagino que has tenido tacto al explicar esa situación.

—¿Estás insinuando que es mi culpa?— Le cuestionó mientras insertaba la llave del coche en la cerradura y abría su puerta.

—¿Lo es?— Respondió la mujer a su vez.

Severus entró al vehículo y con un gesto de desagrado abrió la puerta para su compañera.

—¿Por qué es necesario que me acompañes?— Inquirió Severus después de decidir cambiar el tema por el bien de su salud mental y la de Minerva mientras se tomaba un poco de poción para el dolor de cabeza.

—Digamos que la situación de esta joven es un poco complicada— Explicó con renuencia la bruja llamando la atención de Severus —Esta reunión en especial no será fácil— Explicó con calma.

—Hablando de reuniones, ¿Por qué me has dejado solo toda la mañana?— Preguntó Severus molesto.

—Temo que no me sentía bien Severus, con la edad me he hecho cada vez menos capaz de tolerar tales despliegues emocionales.

—Y entonces me dejas a mí lidiar con todo eso.

—Acelera o llegaremos tarde— Fue la única respuesta de la bruja.

—¿Quieres una poción?— Preguntó con cautela Snape.

Un 'accio' de la bruja fue su respuesta. La poción salió del saco de Snape y se dirigió con presteza a su convocadora.

—Gracias.

Tan sólo 5 minutos después, Snape y Minerva se hallaban en medio de un camino privado, el humor de Severus y la condición de la bruja eran ligeramente mejores pero ninguno de los dos esperaba más de las pociones.

—Gira a la derecha— Indicó la bruja.

2 minutos después se encontraban frente a una enorme reja.

—Identifíquense— Ordenó una voz proveniente de una pequeña caja negra; si alguno de los dos se sorprendió, no lo hizo notar.

—Baja la ventanilla y oprime el botón rojo— Indicó la bruja a su compañero.

—¿Cuál botón rojo?

—El de esa caja negra Severus.

—Somos del Colegio Hogwarts, tenemos una cita con la Señorita Granger— Habló, apenas su compañero siguió sus indicaciones.

Severus soltó el botón y esperaron unos segundos.

—Pueden pasar— Y con un sonido la reja empezó a deslizarse hacia un lado permitiéndoles el paso.

Severus condujo por el sendero y tras unos instantes una imponente mansión les fue revelada.

—No pareces muy sorprendida— Señaló Severus.

—Digamos que ya he estado aquí antes.

Aparcaron enfrente de la casa y un joven se les acercó.

—Entrégale las llaves— Ordenó en un susurro Minerva.

Severus, sin rechistar, hizo lo que se le mandó al salir del coche.

—Una sirvienta los llevará a donde los señores les esperan— Les guió el criado señalando hacia la entrada donde la susodicha les esperaba con una sonrisa amable.

Ambos magos caminaron hacia donde se les señaló y siguieron a la criada hacia el encuentro con los muggles.

Severus con un interés creciente además del fastidio y Minerva con una emoción que no entendía.

Mientras más se acercaban al lugar de encuentro, más relajados se sentían... olvidados estaban ya sus dolores y fatiga.

La trabajadora volteó a verles y con una sonrisa les dijo:

—Veo que lo sienten, ese es el efecto de la señorita, cuando ella está feliz la paz se respira pero cuando no...— Se interrumpió con un gesto grave y desvió la mirada al frente.

Afortunadamente no pudo ver el semblante de clara sorpresa que por un instante se plasmó en las caras de los visitantes. Ambos magos intercambiaron una mirada entre sí después de recomponerse.

"Eso es mucho poder" fue el pensamiento que ambos compartieron con esa mirada.

Unos instantes después la joven les dejó frente a un salón y abriendo la puerta indicó su llegada.

—Pasen.

Así lo hicieron y al entrar a la estancia el lujo y elegancia los impresionó, la estancia estaba llena de instrumentos pero sin duda los protagonistas eran un violín de aspecto antiguo en una vitrina y dos pianos de cola uno color blanco, elegante en su sencillez y el otro un ostentoso piano recubierto de cristales Swarovski color plateado.

Frente a un sillón una pequeña de rizados cabellos y ojos color miel expectantes y curiosos les estaba esperando de pie. Frente a la chimenea, que se encontraba a su izquierda, un hombre con gesto grave les esperaba. A un lado de la pequeña con un gesto de maternal preocupación se encontraba una mujer.

—Dime que no has hecho una de las tuyas— Pidió en un susurro la madre que ambos magos pudieron escuchar.

—No hice ninguna de las mías y Miss Steel se lo puede confirmar madre— Respondió la pequeña con voz clara. —Por aquí— Indicó la pequeña haciendo un gesto hacia el sillón que estaba frente a ella.

Minerva, que todavía se sentía un poco cansada, accedió la invitación pero Severus decidió declinarla.

Cuando Minerva se sentó sin que ocurriera nada y la pequeña lanzó una exclamación de sorpresa todos le miraron.

—Hermione— Llamó la madre con seriedad.

—Lo siento— Se disculpó la niña.

—¿Qué tenías preparado esta vez?

Por toda respuesta la niña señaló hacia arriba donde un balde pendía arriba de la cabeza de Minerva.

—¿Qué hay ahí?

—Lombrices, se suponía que al sentarse se activaría un sensor que haría que el balde se ladease y tirara su contenido encima de ella.

—Prometiste que no harías nada.

—Pero es que no me pude resistir, cuando estaba tocando la nana de Hitomi se me vino a la cabeza la idea y para cuando llegó la hora de mis lecciones ya estaba todo armado, sigo sin entender cómo falló si yo misma lo calibré y pensar que me pasé una hora buscando esos amiguitos.

La madre iba a decir algo más, cuando al parecer se dio cuenta de que tenían invitados.

—Les ruego disculpen a mi pequeña, en ocasiones le es difícil comportarse— Se dirigió a ellos la mujer pero mandando todo el tiempo una mirada severa a su hija.

—No hay ningún problema— Aseguró Minerva con una sonrisa.

Severus carraspeó para llamarle la atención y Minerva volvió a su gesto serio.

—Mi nombre es Minerva McGonagall y el caballero de pie detrás mío es Severus Snape, él es parte del personal docente de nuestra institución y el motivo por el cual estamos aquí es para, como bien dije en mi carta, hablar sobre la inscripción de su hija en nuestro colegio.

—Como ya deberían saber, mi hija ya ha concluido sus estudios y actualmente se encuentra buscando una universidad.

—Por supuesto que ya lo sabíamos, lo que sucede es que en Hogwarts no enseñamos esa clase de... cosas— Señaló la bruja con un ligero tono despectivo que ambas mujeres Granger detectaron. —Las enseñanzas en Hogwarts son de otra índole— Agregó con tacto.

—¿Cuáles son esas enseñanzas si se puede saber?— Ahí estaba una de las preguntas usuales, quizás con más filo de lo usual pero al fin y al cabo eran las mismas.

—Seré clara, su hija tiene ciertas aptitudes fuera de lo normal— Señaló Minerva y la usual pregunta brilló por su ausencia.

—Por supuesto que mi hija tiene aptitudes fuera de lo normal, es una genio— Señaló con nerviosismo el hombre caminando hacia su familia.

—Ellos no se refieren a eso padre— Señaló con simpleza la niña.

Las manos de la madre apretaban con tal fuerza el brazo del sillón que sus nudillos estaban blancos.

—¿Cómo se enteraron? Y no salgan conque se los acabo de confirmar porque claramente ustedes ya lo sabían— Interrogó con una mirada filosa.

—Gryffindor— Susurró Minerva.

—Van a contestar mi pregunta— Afirmó Hermione y con un 'clic' las puertas fueron aseguradas, las persianas cubrieron las ventanas y una tenue luz iluminó la estancia proveniente de las lámparas.

—Slytherin— Dijo a su vez Snape sólo por fastidiar, ya que claramente no quedaría en su casa, a lo que su jefa hizo un gesto desestimando sus palabras.

La falta de respuesta no pareció agradarle a la joven y el ambiente lo resintió, una bola de pelos blanca aterrizó en el regazo de la joven con un maullido aterrorizado.

—Cariño— Susurró su padre apoyando su mano en su hombro con dulzura —Estás asustando a tu madre, ya sabes que su raciocinio no puede lidiar con esto.

—Eso no es cierto— Exclamó la madre al parecer ofendida.

La niña jamás quitó su mirada de ambos magos pero sin embargo el ambiente se relajó un poco y la luz aumentó al ser abiertas las persianas.

—¿Qué cómo lo sabemos?— Siseó Snape sacando su varita. —Somos como tú— Habló con voz clara mientras con un movimiento de su varita hacía que el balde se inclinara y su contenido se virtiera sobre la bruja enfrente de él, quien a su vez convirtió en mariposas a las lombrices justo antes de llegar a ella.

Los padres lanzaron un chillido pero la niña no se inmutó.

—Qué coordinación— Dijo con simpleza. —Les escucharé— Declaró mientras acariciaba a su gata.

"Tranquila" Comunicaba mentalmente a su compañera. La gata sólo ronroneaba debido al confort que su amiga le brindaba.

—Somos magos y en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería se les enseña a los alumnos diferentes materias y asignaciones como encantamientos, transformaciones, cuidado de criaturas mágicas...— Aquí Minerva hizo una pausa para la usual pregunta de los dragones y las hadas sin embargo ni una sola palabra salió de los labios Granger.

—No entiendo, yo ya puedo hacer eso ¿Por qué debería ir a un colegio para eso?

—Ir al colegio no es obligatorio pero es altamente recomendado en tu caso. Hemos sabido de ciertos ehmmm... incidentes con tu magia. En nuestro colegio te ayudaríamos a evitar que tu magia se salga de tu control, además de que conocerás a más como tú y aprenderás acerca de las reglas de nuestro mundo— Parecía que la bruja mayor había capturado la atención de la menor con eso.

—¿Reglas?— Preguntó con curiosidad la menor.

—Para mantener el secreto de la magia, el ministerio considera fundamental el cumplimiento de ciertas normas— Explicó Snape con su característico tono de voz.

—En Hogwarts los alumnos se dividen en cuatro casas de acorde a sus cualidades y preferencias Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff.

—¿No eso es un poco clasista?

—Todos los alumnos del mismo grado toman las mismas clases con compañeros de otras casas, aunque duermen, comen y descansan con sus compañeros— Respondió Minerva.

—¿Cuántos grados son?— Preguntó la niña.

—¿Duermen?— Cuestionó con tono agudo el padre.

—El colegio Hogwarts es un internado de siete años, se empieza el primero de septiembre después de haber cumplido los 11 años y se termina -dependiendo de las capacidades del alumno- 7 años después, obviamente con descansos en las vacaciones.

—Yo ya voy a cumplir los 12 ¿Eso significa que seré mayor que mis compañeros?— Preguntó emocionada por un motivo que a los dos magos presentes se les escapaba.

—Así es— Confirmó Severus.

—Eso será genial— La sonrisa maliciosa de la niña lo indicaba todo.

—Por supuesto, en Hogwarts somos muy estrictos respecto a la disciplina y los castigos perjudican no sólo al infractor sino a toda su casa— Aclaró con severidad Minerva que pensaba en que quizá sería mejor que esa joven no quedara en Gryffindor, suficiente tenía con los gemelos Weasley.

La pequeña realmente parecía decepcionada con eso.

—Entonces ¿Entrará a Hogwarts señorita Granger?— Inquirió Severus.

La joven miró a sus padres los cuales tenían un gesto de tristeza.

—Crecen tan rápido— Exclamó con dramatismo mientras levantaba y apretaba a su hija en un abrazo de oso. La gata protestó al haber salido volando.

—Hitomi— llamó la pequeña —¿Te encuentras bien?— Preguntó mientras se salía del abrazo de su padre y se dirigía hacia su felino que salió volando y se refugió a los pies de la bruja mayor.

"Tu padre me mandó a volar pequeña, más le vale que se cuide las espaldas porque tendré mi venganza"

La subdirectora pudo entender lo que la gata dijo y lanzó una risita disimulada con una tos. Severus motivado por su curiosidad leyó la mente de la bruja mayor.

—Tranquila Hitomi, no necesitas planear una venganza— Susurró la niña sin darse cuenta de que había sido escuchada.

La gata salió cojeando de detrás de los pies de la bruja mayor y se dirigió hacia su dueña.

—Ahora siento lo que sintió mi madre— Habló la señora Granger.

—Pero mamá— Trató de protestar la niña.

—No, irás a esa escuela y harás tu mejor esfuerzo, tu padre y yo te estaremos esperando aquí y vigilaremos que todo esté en orden.

—Pero— Trató de oponerse el señor Granger.

—Pero nada— Gruñó su esposa —Sabíamos que este día llegaría, tarde o temprano nuestra hija debe salir de nuestras faldas, al parecer nos tocó temprano pero qué le vamos a hacer.

—Madre— La voz de la niña tembló al pronunciar eso.

—Tú sabes que quieres ir cariño, ¿Qué clase de padres seríamos si no te apoyásemos y te ayudáramos a conseguir tus sueños?— Replicó la madre con firmeza.

Severus aunque un poco melancólico por esa escena decidió no decir nada.

—Iré— Confirmó la niña con una sonrisa a Minerva.

—Pero— Trató de hablar un mortificado padre de familia.

—Nada de peros George, nuestra hija ya tomó una decisión y más te vale que la respetes.

—Muy bien, aquí se encuentra lo que necesitará para este curso en Hogwarts, ahí mismo viene anotado el lugar y la hora en los que un compañero se ha ofrecido a acompañarle al hacer sus compras— Explicó Minerva mientras Severus entregaba un sobre a la madre de la niña.

—Ahora que tenemos eso resuelto me parece que pasaremos a la siguiente parte, debido a su fama señorita será especialmente difícil para usted el pasar desapercibida de la población muggle.

—¿A qué se refiere?

—Pues que usted es muy conocida y un muggle podría reconocerle en las calles lo que haría difícil para usted el pasar desapercibida.

—¿Pero qué no habían dicho ustedes que eran como yo?

—No entiendo a qué se refiere— Respondió la bruja.

—A esto— Y en un parpadeo la pequeña Hermione se había convertido en una jovencita con ojos grises y cabello color morado brillante.

—Una metamorfomaga— Susurró impresionada Minerva —Jamás había escuchado que un nacido de muggles fuera metamorfomago, es difícil encontrar uno entre aquellos cuyos padres son magos.

—En realidad no sabemos quiénes son sus padres— Explicó con tacto el señor Granger —Lo único que sabemos es que la dejaron en un orfanato en el centro de londres a las horas de nacida— Relató.

—Da igual quienes sean, ellos no me quisieron y yo no los quiero— Señaló con una voz extremadamente fría la niña.

—Hija, ellos son tus padres ya hemos hablado de esto.

—Padre no es el que engendra, padre es el que cuida y protege— Declaró con firmeza. —Ellos son mis progenitores, por algún motivo que se escapa de mi conocimiento me dejaron con sólo un collar y unas iniciales. Estoy agradecida con la vida por tener un hogar lleno de amor y respeto pero sus razones para aquello son inciertas y hasta no conocerles y a sus razones no quiero ni oír de ellos.

El padre trató de decir algo pero el brazo de su esposa en su hombro le detuvo.

—Está bien hija, respetamos tus deseos— Comunicó la madre.

—Esa habilidad que tiene señorita Granger es muy poco usual en nuestro mundo pero el que usted la posea es una afortunada coincidencia— Habló Snape.

—Me parece que eso es todo, antes de que se me olvide: en el sobre también está su boleto para el expresso de Hogwarts, esperamos verla el 1° de Septiembre— Explicó Minerva. Después de aceptar una taza de té Minerva y Snape salieron con tranquilidad de la mansión y después de esperar unos instantes el coche les fue entregado.

—Eso fue...— Empezó a decir Minerva una vez atravesaron la reja de la mansión Brougham.

—Extraño, agotador y esclarecedor— Aportó Snape a quien apenas salió de la mansión le habían vuelto el fastidio, el dolor de cabeza y el malhumor pero ahora incrementados por las escenas que seguían repitiéndose en su mente.

—No sé qué fue más impresionante si lo del gato, el hecho de que es metamorfomaga o sus cambios de humor— Siseó el mago.

—Ya estoy demasiado vieja para tantas emociones en un día, ya estamos lo suficientemente lejos Severus— Le dijo Minerva.

Severus detuvo el auto, con un movimiento de varita la bruja encogió el auto y después de brindarle un asentimiento a su acompañante desapareció en un 'plop', instantes después el hombre también lo hizo.

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Después de la visita de los representantes del Colegio Hogwarts la mansión Brougham bullía en actividades.

La dueña de la casa estaba totalmente emocionada y el resto de la casa lo sentía, estaba tan emocionada que en cuanto se fueron ambos magos corrió a su habitación y se puso a gritar de felicidad mientras daba saltitos.

—Soy una bruja— Gritaba alegremente, agradecida de que su habitación estuviera insonorizada. —Voy a ir a un colegio, tendré muchos amigos y no seré molestada por ser un bicho raro— Exclamaba totalmente dichosa.

Pasaron varias horas hasta que al fin la pequeña pudo tranquilizarse.

Cuando lo logró lo primero que hizo fue abrir el gran sobre (hecho de papel pergamino) y examinar su contenido.

En el sobre que se le entregó venía un pequeño libro titulado "Guía de adaptación al mundo mágico para nacidos de muggles por Albus Dumbledore", además de un rollo de pergamino con el reglamento de Hogwarts, un sobre con su boleto del expresso del colegio, un sobre con una carta dirigida a ella y una pequeña tarjeta con los datos de la cita que tendría con el compañero que la ayudaría al comprar sus útiles escolares, al parecer tendría que ir a una cafetería en el centro a las 9 de la mañana del 10 de Agosto y se vería con una joven llamada Katie Bell.

La bruja leyó la carta dirigida a ella que en realidad era una lista de útiles escolares que decía así:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA

UNIFORME

Los alumnos de primer año necesitarán:

— Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).

— Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.

— Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).

— Una capa de invierno (negra, con broches plateados).

(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)

LIBROS

Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:

El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.

Una historia de la magia, Bathilda Bagshot.

Teoría mágica, Adalbert Waffling.

Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.

Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore.

Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.

Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble.

RESTO DEL EQUIPO

1 varita.

1 caldero (peltre, medida 2).

1 juego de redomas de vidrio o cristal.

1 telescopio.

1 balanza de latón.

Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato

o un sapo.

SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.

"¿Dónde venderán todo esto? ¿En una tienda de ocultismo?" Se preguntó la niña.

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El día de la cita llegó y nadie podía contener la felicidad de Hermione Jean A. B. Granger.

Ni bien sus padres terminaron el desayuno, los arrastró hacia la limousina.

—Vamos, no quiero llegar tarde— Les riñó.

—Tranquilízate hija, llegaremos a tiempo— Trató de tranquilizar a su hija el hombre.

—Padre— Gruñó la niña.

—Lo siento, se me olvidó— Se disculpó el hombre mientras era empujado en la limo por su hija.

Después de un trayecto de 40 minutos en el vehículo se detuvieron a unas cuadras del lugar de la cita y bajaron, diciéndole al conductor que ellos le hablarían cuando lo necesitaran.

La calle era poco transitada y dirigiéndose a un callejón Hermione cambió de forma para salir como una joven de su edad con ojos color verde, cabello castaño claro y liso, piel bronceada y rasgos más definidos.

—Vamos— Hasta la voz le había cambiado.

Los padres, que ya estaban acostumbrados a eso, siguieron a su hija con igual emoción.

Una vez llegaron a la cafetería se sentaron en una de las mesas que estaban en el exterior pero al poco tiempo Hermione vio a una chica con un letrero que rezaba "Granger" ella era Katie Bell.

—Buenos días, mi nombre es Hermione Granger— Se presentó en voz baja una vez estuvo cerca.

—Un gusto, soy Katie Bell— Se presentó también mientras hacía un gesto para que se sentaran.

—Es un gusto conocerla— Respondieron los padres de Hermione.

—Como ya sabrás yo te llevaré a comprar tu material para la escuela, ¿me permites la lista?— Culminó con una amable petición. Hermione se la entregó y esperó impaciente mientras la mayor leía la lista.

—Nada muy complicado, todo esto lo encontraremos fácilmente en el callejón Diagon— Indicó la chica.

—¿El callejón Diagon?— Preguntaron los Granger al completo.

—Sí, cualquier cosa que busques, ahí lo puedes encontrar.

—¿Dónde es?

—Prefiero que sea una sorpresa, ¿Traen dinero?

—Cinco mil libras ¿Con eso será suficiente?

—Más que suficiente— Respondió la chica con un silbido.

—Lo siento, estábamos muy nerviosos y sacamos cualquier cantidad.

—No hay nada que perdonar— Aseguró con una sonrisa —¿Desean compartir un almuerzo conmigo?

—Sí— Contestó Hermione por todos. Los padres sólo lanzaron una risita.

—Te dije que debías desayunar más— Le llamó la atención su madre.

—Lo siento madre.

Pasaron 20 minutos, los que Hermione aprovechó para preguntar todo lo que pudo. Ahora sabía que su guía era una Gryffindor, que iba a estudiar tercer año, que había un deporte llamado quidditch que era muy popular y que se jugaba en escobas, a Hermione le aterrorizó el hecho de que se jugaba a cientos de metros sobre el suelo.

Después de la comida la chica les guió a través de las calles por unos minutos hasta que se detuvo de repente.

—Es aquí —dijo Katie señalando al otro lado de la calle. Los Granger no vieron nada hasta que dijo—El Caldero Chorreante. Nuestra primera parada.

Era un bar diminuto y tenía un aspecto antiguo y descuidado.

Los Granger al completo lanzaron una exclamación de asombro y la chica formó una sonrisa satisfecha. —Sólo lo puedes ver si sabes lo que está ahí.

—Asombroso— Exclamó maravillado el señor Granger, su esposa en cambio no pudo articular palabra.

—En realidad es un hechizo muy útil, pero vamos, el tiempo apremia y todavía tenemos que cambiar su dinero muggle por el nuestro— Explicó caminando con despreocupación hacia el otro lado de la calle. Los Granger le siguieron emocionados por la expectativa.

Entraron, los ocupantes del lugar lanzaron una mirada a los Granger y luego siguieron con sus pláticas. La chica les llevó a través del bar hasta un pequeño patio cerrado, donde no había más que un cubo de basura y hierbajos.

Dio tres golpes a la pared, con la punta de su varita. El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista. —Bienvenidos al callejón Diagon.

Entraron en el pasaje, apenas había puesto un pie en el lugar y un dolor de cabeza atacó a la Granger menor pues el rechazar las conexiones llevaba un alto precio, nadie se dió cuenta de eso y la otra chica les guío rápidamente a través de las calles.

El lugar bullía en actividad, cientos de personas caminaban por ahí, los Granger destacaban debido a sus vestimentas; las cuales, si bien parecían normales hace unos minutos, eran muy diferentes de lo que usaban el resto de personas en el callejón.

—Mira a esos muggles, seguramente su hija recibió la carta— Señaló una anciana con desprecio a su amiga —No entiendo por qué aceptan a esa gente— Señaló con desprecio ésta.

—No les hagan caso— Gruñó Katie.

Los Granger siguieron a su guía a través de la multitud hasta que ella se detuvo frente a un reluciente edificio de mármol blanco.

—Segunda parada: Gringotts— Exclamó alegremente la bruja guía. —Vamos, vamos no se queden ahí— Indicó cuando avanzó y se dio cuenta que no le seguían porque admiraban impresionados el lugar.

—Gringotts está a cargo de los Gnomos— Explicó mientras señalaba con disimulo a uno con un traje rojo brillante.

Los Granger le dieron una mirada de reojo al susodicho y su hija sintió la "conexión" queriendo ser forjada entre sus mentes.

Le pareció ver que la sonrisa de la criatura aumentaba de tamaño pero descartó esa idea negando con la cabeza.

Pronto entraron al lugar y la niña sintió decenas de conexiones pujando en su mente, eran tantas que le costó un enorme aumento en su dolor de cabeza el mantenerlas a raya.

La chica seguía hablando animadamente pero la menor no podía concentrarse más que en mantener lejos de su mente a los demás.

Los padres siguieron a la guía hasta donde un encargado les esperaba para atenderles, aparentemente eran los únicos clientes ahí.

—Vienen a cambiar ¿verdad?— Preguntó al ver que miraban todo impresionados.

—Sí— Afirmaron ambos padres.

—¿Qué cantidad desean cambiar?

—5000 libras—

—Eso serían... en el tipo de cambio actual... 1000 galeones— Habló con calma el encargado calculando mientras recibía dicha suma de los Granger.

—Aquí están— Les dijo mientras iba dejando las monedas en montoncitos frente a los Granger. —Pueden contarlo si quieren— Ofreció con una sonrisa, hubo una pausa en la que los Granger no supieron qué hacer.

—Está bien así— Respondió su guía por ellos.

—Entiendo— El encargado lanzó una sonrisa satisfecha mientras les entregaba las monedas en un saco pero al mirar detrás de ellos preguntó en un tono preocupado —¿La niña se encuentra bien?

—Hermione— Exclamó más que preocupada la madre, pero su hija no podía escucharle.

La obscuridad la envolvía, se sentía débil y eso le enojaba ¿Por qué le enojaba? Ya no recordaba cuanto tiempo llevaba así. Languidecía, ella sentía que moría, NO! Esos sentimientos no eran suyos, eran los de una criatura a miles de metros debajo del suelo.

"Libérame" Pidió la criatura.

"¿Qué eres?" Preguntó la niña, perdida en la conexión.

"Soy un dragón, tu hermano dragón libérame" Respondió malhumorado, incluso a través de la conexión su voz sonaba débil y cansada.

Pero de repente todo terminó y se encontró en los brazos de su madre.

—¿Qué te pasó?— Inquirieron preocupados ambos padres.

—No... no lo sé— Mintió la niña mientras recordaba las palabras del dragón.

—Tal vez se le bajó la presión— Sugirió el padre.

—Tienes razón, deberíamos llevarla a comer algo.

—Hay una heladería cerca de aquí— Agregó la guía.

—Vamos— Exclamó el padre mientras cargaba a su hija y al saco con las monedas.

Todos salieron apresuradamente del banco de los magos dejando atrás a unos gnomos satisfechos y emocionados.

—Es ella— Señaló el que había atendido a los padres de la joven.

—¡Es ella!— Entró gritando el de la entrada.

—Tanto tiempo esperando por ella y ha aparecido al fin— Exclamó otro.

—Pero eso significa— Agregó con ánimos sombríos otro.

—La profecía va a ser cumplida Griphook— Aseguró otro sin vacilación.

—Eso espero— Dijo con reticiencia el mencionado —Y ustedes ¡Vuelvan a sus trabajos!— Exclamó riñendo a sus compañeros.

Pasó alrededor de una hora en la que la pequeña era interrogada tanto por sus padres como por su guía a lo que respondía mecánicamente.

Una vez que vieron que estaba lo suficientemente repuesta decidieron proseguir con las compras.

La primera fue la tienda de túnicas donde compraron también la capa y los guantes, luego siguieron con los libros, el caldero, los ingredientes de pociones, etc. Hasta que sólo quedaba una cosa: la varita.

—Y lo mejor para el final— Anunció Katie deteniéndose frente a una desvencijada tienda. "Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C." rezaba un cartel.

Pero en el aparador sólo había una solitaria y empolvada varita.

Los Granger ocultaron su incredulidad y Hermione tuvo a su vez que ocultar su incomodidad, pues había "algo" tratando de establecer una conexión con ella, aunque esta vez se sentía muy diferente.

La mayor los animó a entrar a la tienda, mientras parecía cada vez más emocionada.

Los Granger al completo ingresaron a la tienda con precaución, habían tantas cosas extrañas ahí que era mejor prevenir. Una campanilla resonó y ellos se prepararon para lo inesperado, pero nada sucedió y su acompañante lanzó una risita.

—Esto está— Comenzó George Granger mientras miraba alrededor.

—Vacío— Continuó su esposa después de unos segundos.

—Bienvenidos a Varitas Ollivander— Exclamó una voz espantándolos.

Un anciano estaba ante ellos; era alto y delgado, caminaba ligeramente emcorvado -como si llevara un enorme peso a sus espaldas-, tenía un cabello largo y plateado, sus ojos empañados por la edad demostraban la experiencia y sabiduría que la edad brindaba.

—Katie Bell: Veintiséis centímetros de largo, elástica, de caoba y pelos de unicornio. Una poderosa varita para transformaciones— Enunció de repente el hombre.

—Así es— confirmó la chica con un asentimiento.

—No esperaba verle tan pronto, asumo que es por una reposición— Exclamó el hombre.

—Oh no. No es para mí, traigo a una nueva alumna— Explicó con calma interrumpiendo al vendedor.

—Oh Discúlpenme por favor— Pidió el hombre con cortesía.

—No hay ningún problema señor Ollivander— Hablaron los Granger.

—Buenas tardes, mi nombre es Hermione Granger —Se presentó con voz amable la menor.

—Asumo que usted será mi cliente. veamos, ¿Con qué brazo sostendría la varita?

—Izquierdo— Respondió con seguridad la chica.

—¿Me permite?— Preguntó sacando una cinta métrica pero al parecer no esperaba una respuesta pues inmediatamente se puso a medir a la chica.

—¿Y cómo funciona esto? ¿Usted le muestra una varita y ella escoge la que le gusta?— Preguntó con curiosidad el señor Granger.

—Bueno señor, en realidad es la varita la que elige al mago.

—¿Cómo?— Preguntó cada vez más curioso.

—Es mejor que lo vean— Respondió alejándose de la cinta que siguió haciendo su trabajo tomando las medidas de la niña.

El hombre se alejó e, instantes después, volvió con una varita en la mano.

—Prueba— Instó a la menor.

La niña la tomó en sus manos pero nada pasó.

—Esta no es— murmuró simplemente el hombre quitándole esa y dándole otra mientras recitaba sus cualidades.

55 varitas después.

—Prueba esta— La niña la probó pero nada pasó. Empezaba a perder la paciencia y eso no era muy bueno.

—Esta.

Nada pasó.

—¿Qué tiene que pasar?— Cuestionó con mal humor pero sin faltarle al respeto al hombre frente a ella.

—Ya lo verás.

40 varitas más.

—¿Hay algo mal conmigo?— Preguntó la niña con la voz quebrada.

—No— Respondió simplemente el vendedor dándole una nueva varita y quitándosela instantes después.

—¿Entonces?— El tono de voz de la niña se elevó un poco más.

—Ninguna varita es igual a otra, cada varita escoge a su dueño y una vez que se haga esa conexión será muy difícil romperla, la varita se convertirá en una extensión de su portador— Le explicó con paciencia mientras iba entregándole nuevas varitas.

50 varitas más.

—Será que... puede ser, espera un minuto— El hombre se alejó y después volvió con una una caja larga de color vino, la abrió y ahí, envuelta en papel del mismo color que la caja se encontraba una varita.

—Prueba esta— Indicó.

La pequeña así lo hizo y de inmediato una corriente de aire inundó el lugar.

—Eso es interesante. Primero Potter, luego esta chica— Exclamó el hombre.

—¿Potter?— Inquirió demasiado emocionada su guía.

—Estuvo aquí hace unos días, tiene los ojos de su madre y, al parecer, está destinado a grandes cosas— Explicó el hombre.

—Pero por supuesto. Él venció al que no debe ser nombrado— Argumentó Katie.

—¿El que no debe ser nombrado?— Preguntó Hermione con interés.

—El mago más malvado de todos los tiempos— Respondió la otra chica con un escalofrío.

Los padres de la menor simplemente miraban todo el intercambio con curiosidad, las bolsas con las compras estaban en el suelo.

—La varita que está en tus manos fue obra de mi tatarabuela, lo curioso del asunto es que es la única que hizo: pasó años trabajando en ella. Es una de las varitas más raras que hay en el mundo, ella la bautizó como "la pacificadora" pero jamás dijo otra palabra al respecto.

—¿eh?— Fue todo lo que una de las mentes más privilegiadas de Inglaterra pudo formular.

—Digamos que cada varita tiene una personalidad— Explicó con paciencia el hombre. —Pero ya les he dicho demasiado, serán 7 galeones— Continuó con tono hosco.

Los padres pagaron y salieron conversando con su guía acerca de las diferencias entre sus mundos mientras la menor iba al frente examinando su varita.

—Tiempos obscuros se acercan, la hora de las profesías ha llegado— Susurró el encargado de la tienda mientras miraba a los Granger caminar hasta desaparecer de su vista.

—Sólo espero que todo salga bien...

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*I'm With You es del 2002 pero no se me ocurrió otra canción :p

Hasta la próxima!