Capítulo 2 Primeras noches
Esperaba que el olor a humedad no se impregnará al uniforme, su departamento, o mejor dicho el cuarto que habitaba era una muy modesta habitación con una cama individual con una mesilla de noche que apenas se mantenía en pie, una mesa de metal barata con dos destartaladas sillas y una cocineta con una hornilla eléctrica. El baño parecía de broma por lo pequeño e incómodo que era. Aún así era lo único que tenía y sin el nuevo trabajo sería difícil mantenerse, con el poco dinero que tenía solo alcanzaba para una actividad, pagar la renta o alimentarse. Tomó su cepillo para peinar su corta cabellera en una acicalada coleta baja, sujetando aquellos cabellos rebeldes con pasadores.
Revisó el reloj de la mesa, debía darse prisa para tomar el subterráneo. No podía darse el lujo de llegar tarde a su nuevo trabajo y con las actitudes del Dr. McPhee y de Badel no quería arriesgarse. Aún con sus otros dos trabajos podría darse un poco de tiempo para descansar antes de la guardia, esperaba durar al menos una semana y decidir si renunciaba a uno de sus otros trabajos. Renunciar al trabajo en la comida china sería la mejor idea, no tenía ni idea de lo que hablaban los jefes y siempre dudaba de la procedencia de los ingredientes. No quería volver a ver en su vida un pollo a la naranja.
Dio un último toque al cuello de su uniforme, estaba lista. Tomó su vieja chaqueta y salió del departamento no sin antes darle un beso a una fotografía a un lado de la cama.
"Deseame suerte papá"-
Logró tomar el tren sin mucho problema, la afluencia de gente aún era mucha. Se colocó en una esquina del vagón observando la gente que entraba y salía, las palabras del señor Daley aún estaban en su cabeza . ¿Su vida sería más emocionante? Lo dudaba, esa mirada no era de alguien que disfrutará mucho su vida, ciertamente ella no disfrutaba su propia vida, tenía que luchar para poder mantenerse en un estilo demasiado…Patético.
Suspiró, golpeando ligeramente su cabeza contra la pared del vagón. Su vida apestaba, aunque debía agradecer que todavía tenía un techo y un poco de comida para sobrevivir, algunas de sus compañeras de trabajo le decían que sólo debía encontrar a su príncipe azul, alguien que la "mantuviera". Río por lo bajo, como si eso fuera fácil, como si por arte de magia todo cambiaría, eso le recordó el extraño comentario de chasquidos mágicos de Debbie, ¿Se habrá referido a lo mismo que sus compañeras de trabajo?. Consiguió un asiento a tres estaciones antes de la suya. Tal vez era tímida pero conservaba un poco de orgullo, prefería ser independiente, no causar problemas a nadie, si ella se metía en algo, ella misma tendría que salir.
No quería que su vida fuera más emocionante, quería que fuera estable. Tal vez conseguir algo mejor y regresar a la universidad, tenía que mantener ese trabajo, el paquete de servicio médico tal vez pudiera mejorar con un poco de antigüedad, y ayudarla con esos ataques de ansiedad que no lograba controlar.
Estaba a punto de llegar a la estación correcta, se levantó sacudiendo un poco su uniforme nuevo, el sol estaba a punto de esconderse y era hora de trabajar.
La noche había caído y el silencio del museo no la estaba emocionando para nada, al contrario le estaba dando miedo, encendió algunas luces para observar por donde iba y para no toparse con Badel que apenas verla salió corriendo al sótano antes que el sol se ocultará. ¿Cómo hacia la guardia nocturna si estaba encerrado en el sótano? Fue revisando cada exhibición comprobando que todo estuviera cerrado, al ir comprobando cada puerta se sentía más segura y aburrida, muchas exhibiciones estaban guardadas en cajas de madera y los aparatos de realidad virtual estaban desconectados. No había nada interesante que ver más que las placas de descripciones de exhibiciones vacías.
"¡Sé lo que están intentando!"- el grito de Badel resonó por todo el museo, Nora decidió dejar para después la revisión de la exhibición egipcia para averiguar que sucedía. ¿Alguien habría entrado? No tenía idea de que hacer, tomó la linterna para usarla como arma y corrió hasta el lobby en donde se encontró a Badel caminando erráticamente de un lado a otro, mordiéndose las uñas en desesperación.
"¡Señor Badel! ¿Qué sucede?"- preguntó Nora ignorando el hecho de sentir sudor en su espalda como conato de ansiedad.
"¡Ellos pasan!"- gritó señalando con esa huesuda mano a la figura de Teddy Roosevelt y al esqueleto de dinosaurio. –"Se están burlando de mí" –continuó riendo un poco –"Ahora están quietos para espantarme apenas me distraiga. ¡Lo sé! ¿Lo escuchas? ¡Sé lo que planeas!" - volvió a gritar señalando rabiosamente al presidente. Nora comenzó a realmente tenerle miedo.
"Son..sólo figuras de cera" - intervinó ella, cuando Badel corrió a esconderse detrás del escritorio sujetando una silla como protección. Si la situación no hubiera sido tan incómoda, Nora se hubiera reído de lo ridículo que se veía el hombre con la silla como si fuera un domador de leones ante el gigantesco esqueleto de tiranosaurio.
"No por la noche, no lo son, ¡Yo sé lo que son! ¡Monstruos!"- gritó lanzando la silla al esqueleto, Nora sintió la garganta seca de miedo, Badel tomó algunos pisapapeles y se los lanzó al presidente.
"¡Hey! Eso no es respetuoso"- habló Nora al ver como le tumbaba el sombrero a Teddy –"Señor Badel, deje de hacer eso, el Dr. McPhee podría enojarse"- Badel giró a verla con los saltones ojos llenos de furia.
"¿El Dr. McPhee? ¡Ese idiota no sabe nada! Cree que son travesuras por las horas de ocio que tenemos aquí pero no. ¡Ese, ese faraón tiene la culpa!"- vociferó con los brazos al aire completamente desquiciado -"¡Ya dejen de jugar a los inocentes! ¡Sé que están vivos!"- volvió a gritar –"Este trabajo no vale la pena, no lo vale"- murmuró olvidando a la mujer que estaba a su lado.
Por un instante nadie hizo movimientos, Nora esperaba alguna reacción de él y al parecer él esperaba una reacción del dinosaurio. ¿A esto se refería Debbie por trabajo pesado? El tiempo confinado en un lugar cerrado y sin nadie con quien hablar podría volver loco a cualquiera y al parecer Badel ya había perdido la cordura. El rechinido de los dientes del hombre sonaron más tétricos con el vacío del lobby.
"¡AAAH no lo soporto más!"- gritó Badel corriendo de vuelta al sótano pasando al lado de Nora.
"Eso.. si fue muy raro"- logró decir la mujer al sentirse sola, después de ese suceso sintió que el lugar no era tan tétrico. Si el hombre se quedaba toda la noche en el sótano ella no tendría que lidiar con él, seguro sería algo aburrido estar allí sola toda la noche sin embargo lo aguantaría, el trabajo no parecía realmente tan malo. Coloco su lámpara en el cinturón, con el nuevo silencio había logrado mantenerse calmada y olvidar su ansiedad. Siguió en su recorrido a cerrar las puertas del museo, la exhibición egipcia le provocó un poco de miedo por la oscuridad. Prefirió encender la luz, una vez hecho notó que una lámpara alumbraba un lugar vacío. –"Que extraño"- se dijo acercandose a la pared, no había nada allí pero parecía que era el lugar de algo importante. Buscó con la mirada algo que pudiera guiarla hasta que logró encontrar una placa de descripción. Al terminar de leerla sintió que todo el color de su cuerpo se había ido.
La tabla de oro de Ahkmenrah había desaparecido.
- / - / - / - / - / - / - / - /
Debía haber una explicación para esto. Tal vez era una broma para los novatos, siempre hay algo para los novatos en cada trabajo, tal vez la actuación de Badel era parte del truco, salir a burlarse de ella y esconder la tabla del faraón. Es decir, es el objeto más valioso del todo el museo, sería la broma perfecta para los novatos.
¿Pero qué tal si no era una broma? Badel realmente estaba loco y alguien se había robado la tableta de oro. Nora ya había pasado más de media hora llorando en el lobby sin idea de que hacer. ¿Llamaría a la policía o al Doctor McPhee? Ninguna le gustaba y el ataque de miedo no disminuía para nada, sólo podía seguir llorando frente a la figura de Teddy Roosevelt, tenía entre sus manos el sombrero estirandolo cada que sollozaba.
-"¿Por qué?" -pensaba entre lágrimas, sin poder moverse, no podía creer su suerte. Debía existir algo allá arriba que realmente la odiaba. El sonido del teléfono la hizo saltar soltando el sombrero de Teddy, parecía que resonaba por todo el museo, logró moverse al quinto timbre.
-"¿Si?"- contestó ahogando otro sollozo.
-"¿Dora? ¿Tu nombre era Dora verdad?"- esa voz se le hacía conocida pero no la logró ubicar porque hablaba demasiado de prisa –"¡Ah no! ¡Nora! Si, ese era tu nombre, soy Larry, Larry Daley"-
-"El hombre de ayer"- habló Nora recordando al hombre vestido tan elegante.
-"Si, ese mismo. Mira, no puedo explicarte todo ahora mismo pero necesito que tengas confianza en mí ¿Está bien?"- Nora sollozó un poco.
-"Está bien"- contestó sintiéndose peor al saber que el hombre al otro lado de la línea la estaba escuchando llorar.
-"Sé que la tabla de Ahkmenrah no está en el museo, se fue por error en el cargamento hacia Washington" – Nora sentía que las piernas se le convertían en gelatina –"Voy a regresarla lo más pronto posible pero necesito que me cubras, que Mcphee no se cuenta"-
-"Pero, y..yo"- comenzó a titubear la mujer.
-"¡Por favor!"- gritó Larry, se escuchaba mucho ruido de fondo, parecía que el hombre estaba en un lugar lleno de mucha gente. –"La voy a regresar, solo necesito tu ayuda"-
-"El señor Badel está en el sótano, tal vez podría ayu.."-
-"Olvida a ese hombre, Jed lo odia, por esta noche cubreme, regresare mañana en la noche"- interrumpió Larry.
-"Esta bien"- habló Nora, allí iba otra vez su buena voluntad, aceptando cosas que no tenía idea.
"Excelente, muchas gracias"- contestó más tranquilo Larry –"Oh y Nora.."
-"¿Si?"-
-"Cuando regrese con tabla, no tengas miedo. Teddy te ayudará en caso que no me veas de inmediato"-
-"¿Teddy?"- recordó el sombrero de la figura de cera, estaba en el suelo manchado por sus propias lágrimas.
-"Por favor, cuida de todos en el museo, hasta que yo regrese"- finalizó Larry colgando la llamada.
-"Ah, si e..esta bien"- dijo Nora a la línea muerta, por fin se dejó caer al suelo. ¿Qué había pasado? ¿Por qué seguía siendo tan buena? Esto ya no entraba en la desesperada sección de mantener un empleo, sino en una nueva, en la desesperada sección de evitar la prisión. ¿Por qué tendría que hacerle caso a un completo desconocido que había sido el guardia años atrás? Era cierto que el Dr. McPhee le tenía un cierto respeto al hombre llamado Larry Daley pero eso no quería decir que ella le tuviera confianza y le cubriera las espaldas ¿O si?
Le había dicho que devolvería la tabla, que sólo necesitaba que el Dr. McPhee no se enterará, el verdadero problema era pensar en como llevar a cabo tal pedido. Badel seguía gritando cosas de un lado a otro del museo, vociferando entre groserías y amenazas entre cada exhibición, enfocándose más en la sección de mamíferos del África, no tenía idea del porque odiaba tanto a los primates. Tampoco comprendía porque gritaba tan alegre por la ausencia de los monos capuchinos.
El señor Daley había mencionado que olvidara a Badel, que no la ayudaría. ¿Quién sería Teddy o Jed? Cuando logró calmarse tomó el sombrero de Teddy Roosevelt e intentó arreglarlo. El pobre sombrero estaba irreconocible, entre sus lágrimas y el estrujarlo entre sus manos lo habían deformado.
-"¿Tú eres el Teddy del que habló el señor Daley?"- preguntó vagamente a la figura de cera del antiguo presidente. Se sintió tonta al no recibir una respuesta, era obvio, era una figura de cera, no podía contestarle.
-"¿Qué voy a hacer?"- se preguntó a si misma dejando el sombrero a un lado del caballo. Estaba en un gran aprieto, perder el trabajo e ir a prisión por la desaparición de una tabla de oro macizo de años de antigüedad y mucho valor historico. –"Sólo me queda confiar en el señor Daley"-
Era la única salida que tenía, y para llevarla a cabo necesitaba mentir o engañar al Dr. McPhee sin olvidar que todavía tenía que lidiar con Badel. Fue al baño a limpiarse la cara, estaba toda sucia por las lagrimas y por destruir el sombrero de la figura de Roosevelt. ¿Cómo se le puede engañar a un hombre tan obsesionado con los detalles como al Dr. McPhee?
Se paralizo al ver su reflejo, acababa de tener una idea.
- / - / - / - / - / - / - / - /
-"¿Pero qué es todo esto?"- gritó McPhee al entrar a la sala de miniaturas, o lo que era, las últimas cajas que iban a ir a la bodega federal estaban abiertas. Virutas de plásticos repartidas por toda la sala incluso sobre las bancas. -"¡No, no no! Las figuras aztecas están con los mayas y las construcciones mayas están con los edificios del viejo oeste. ¡No son ni lo más remotamente cercanos!"-
Nora sonrió forzadamente, hacer todo eso le costó un buen rato, aunque Badel había ayudado de cierta forma. Antes del amanecer se había acercado a gritarle a las miniaturas prehispánicas, retándolas a que le dispararan sus flechas mortales, lanzo varias bolsas de virutas de plástico sin sentido y luego volvió a esconderse al sótano.
-"Dr. McPhee, tengo que ser sincera con usted"- comenzó Nora esperando ser convincente –"El señor Badel estuvo gritándole a todas las exhibiciones toda la noche y bueno"– dijo encogiéndose de hombros señalando todo el caos. –"La verdad me dio mucho miedo"- Un poco de verdad entre mentiras, esperaba que McPhee le creyera, el hombre suspiró enojado.
-"Badel otra vez, no me sorprende"- dijo McPhee –"Ese hombre siempre con su sentido del humor pero es el único que se ha logrado quedarse por tanto tiempo después de que el señor Daley se fuera"- la mujer terció la boca intranquila, todo iba bien por el momento.
-"Cerré muchas exhibiciones pero bueno.. Él también tiene llaves y…"- siguió Nora sin dirigirle la mirada. Estaba nerviosa, sentía que si lo veía por mucho tiempo a los ojos descubriría todas sus mentiras.
-"Típico de él, tampoco duran los segundos guardias nocturnos gracias a él pero al parecer usted ha durado la noche completa señorita Parks"-
-"¿En serio?"- preguntó Nora sorprendida.
-"Para esta hora todos me han entregado sus papeles de renuncia, ni siquiera el señuelo del plan médico los convence"- contestó McPhee moviendo despectivamente las virutas de plástico con sus zapatos –"Que se puede hacer, entonces la veré hoy en la noche"- y sin más se despidió de ella. Nora tragó saliva asustada, había hecho algunos desórdenes en varias exhibiciones, nada destructivo, solo desordenar todo, McPhee era un amante del orden, incluso el más pequeño detalle fuera de lugar lo volvía loco.
Esperaba que eso lo distrajera todo el día hasta que Larry pudiera llegar con la tabla.
- / - / - / - / - / - / - /
Con suerte había logrado dormir, tuvo que trabajar horas extras en la comida china porque una compañera se había enfermado, durante el transcurso de su turno se vio forzada varias veces a aguantar la respiración entre la ansiedad de lo que sucedería en el museo y la dudosa procedencia de la comida que servía. No podía dejar de pensar en varias preguntas ¿Llegaría el señor Daley a tiempo? ¿Se habría dado cuenta el Dr. McPhee de la falta de la tabla? Cada que un policía pasaba por la tienda sentía un sudor por su espalda, esperando que dijeran su nombre en voz alta para arrestarla.
Nunca sucedió, así que cuando regresó al museo esa tarde sintió un gran alivio al ver que McPhee se iba del museo furioso y cansado porque no había terminado de ordenar. Ni hablar de mandar las restantes cajas a Washington, tendrían que esperar.
Al sentir el silencio del museo parecía que la noche anterior había sido un mal sueño, corrió hacia la exhibición egipcia, seguía igual como la dejo. Cerrada y sin señales de que alguien hubiera entrado. Suspiró un poco aliviada, la tabla aún no estaba allí, solo le quedaba esperar.
Mientras iba camino a la oficina de seguridad escuchó nuevamente un grito Badel, seguido de un fuerte ruido de algo rompiéndose, corrió una vez más hacia el lobby y se topó con algo que no esperaba. Badel estaba lanzando cosas de una lado a otro, rompiendo vitrinas y esforzándose en tirarle la cabeza al esqueleto del dinosaurio.
Badel realmente se había vuelto loco y planeaba destruir las exhibiciones. Nora gritó asustada antes de salir a detenerlo, rogaba dentro de sí que Larry Daley pudiera llegar a tiempo o de lo contrario no quedaría un lugar en donde exhibir la tabla dorada de Ahknmerah.
