Parejas: A lo largo de la historia se iran revelando varias... pero la principal sera "Draco Malfoy y Hermione Granger"
Genero: Romántico.
Rating: K+
Libro: Saga Harry Potter.
Autor: Ali Rohan...
Aviso: AU y con personajes un poco OCC.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de J. K. Rowlling excepto por algunos personajes de relleno creados por mí para la trama.
—Capitulo 2. Tenía que admitirlo.
Tenía que admitirlo, ella siempre lo supo, lo había sabido desde el mismo momento en que decidió quedarse, pero no había hecho nada para evitarlo, quería disfrutar de aquello mientras durara, «bueno, aquello ya había terminado».
Ahora, casi cinco años después, sentada en la playa, con lo que se suponía fuera su vestido de bodas sucio y cubierto de arena, con su largo cabello castaño despeinado y alborotado por la brisa marina, y el rostro surcado de lágrimas ya secas, se preguntaba si aquello dejaría de doler algún día. Claro que sabía que todo había sido un error, «un error muy hermoso», pero no podía arrepentirse, «¿cómo arrepentirse de algo que en su momento le había causado tanto placer?», ella nunca había sido tan feliz como en el tiempo que pasara al lado de Draco, y cada día a su lado, cada minuto, mes y año que estuvieron juntos, valía la pena, valía el sufrimiento que estaba sintiendo en aquél momento.
Levantó su vista hacia el horizonte descubriendo el atardecer, soltó un largo y profundo suspiro, había sido un largo día, tal vez el más largo de toda su vida, desde su despertar, ella había presentido que algo no iría bien, y para su pesar, resultó no estar equivocada. «Draco no asistió a su boda».
Cerró los ojos y dejo que los últimos rayos de sol bañaran su rostro, tratando así de absorber toda la energía que pudieran brindarle. No podía culpar a Draco, ella siempre supo que su unión nunca funcionaría, y había sido egoísta de su parte hablarle de matrimonió, y él, como el caballero que era, se lo había propuesto, estuvo presente en todos y cada uno de los preparativos de boda, fue un novio dedicado y meticuloso, pero en el gran día, había cometido su único error.
«Ellos de verdad habían tratado», pero, ¿cómo puedes esperar que alguien llegue a amarte solo por un buen sexo?, él había aprendido a quererla, estaba segura de eso, cinco años al lado de una persona no pasan en vano, pero aún en las noches, cuando compartían la cama, cuando era su piel la que acariciaba y su vientre el que penetraba, sabía que no era en ella en quien pensaba, sabía que no era su nombre el que deseaba gritar cuando llegaba al éxtasis. «Él aún soñaba con aquélla mujer», y la sombra de Pansy los había perseguido todo el tiempo.
«Ahora, solo rezaba a los Dioses Estrella, que los recuerdos le fueran suficientes para vivir toda una vida».
Dejó que sus memorias la embriagaran, desde su primera noche juntos, hasta su primer "Te quiero", ambos habían tratado, ella abandonó su ofició de forma inmediata, y casi de la misma manera iniciaron su vida juntos. Tomó una carrera técnica, quería conseguir un empleo decente, y Draco había sido muy comprensivo con respecto a su turbio pasado, así como ella lo era con su exceso de trabajo y horarios inflexibles. Ellos se presentaron amistades, salieron a pasear, a cenar, al cine, hicieron todo lo que las parejas normales hacen, y sobre todo, pasaron mucho tiempo en la cama, tratando, de forma inconsciente, de llenar el vacío que existía entre ellos, eran dos desconocidos, dos almas distintas e incompatibles, pero con un corazón igual de solitario. Ellos trataron, se enfrentaron a todo pronóstico, lucharon contra aquéllos que les decían que se separarían, pero tal y como estaba predicho, ambos fallaron, nunca pudieron amarse, «o al menos, Draco no pudo».
Porque ahora lo sabía, mientras caminaba hacía el altar vacío lo había sabido, «le amaba», no sabía cuándo comenzó a hacerlo, pero estaba segura que era verdad, y eso dolía, hacía más difíciles las cosas, «el tragarse las lágrimas», pero se paró al frente de todos los invitados, dio las gracias por su presencia, y se disculpó con todos, «esa tarde no habría boda».
Esperó pacientemente hasta que el último invitado se hubo marchado, tomó con buena cara todas y cada una de las frases de animó y consuelo que recibía, y mantuvo la boca cerrada y los puños apretados al escuchar los comentarios incomodos y crueles, no les daría el lujo de verla débil, y cuándo todos se fueron, cuando quedo sola en aquél lugar que suponía sería testigo de su unión con el que fuera uno de los hombres más importantes de su vida, se permitió envolverse en su dolor, corrió la única calle que la separaba de la bahía, tan rápido como los tacones le permitieron, y al llegar a la playa los arrojó fuera para poder sentir la arena bajo sus pies, soltó el moño alto en el que había atado su cabello y este cayó pesado sobre su espalda, lleno de pequeñas flores blancas, y al fin lloró, como si el mañana no existiera, y como si las lágrimas pudieran llevarse el dolor, como si de aquella forma pudiese olvidar, no, «ella no quería olvidar», eso sería demasiado cobarde, ella quería seguir recordándole por el resto de su vida, recordarlo pero sin que doliera.
El cielo ya estaba oscurecido y la marea comenzaba a subir, soltó un último suspiro y se puso en pie, ya no sentía ni frío ni calor, ya ni siquiera le dolía, mucho menos estaba feliz, solo sentía esa presión en el pecho, «volvía a sentirse vacía otra vez».
Pero ella era una adulta, debía afrontar el presente y lo que venía para el futuro, «y tendría que hacerlo sola», observó el anillo que llevaba en el dedo anular, Draco se lo había dado al pedirle matrimonio, sonrió nostálgicamente al recordar aquella cena, nada romántica y planeada minuciosamente, él, tan serio como siempre y elegante con su traje hecho a medida, el anillo no estaba en una copa de champaña, tampoco lo colocaron en la tenaza de una langosta, ni había sido puesto dentro de la tarta, Draco solo había puesto la cajita aterciopelada a un lado de su plato y le ordenó que la abriera, quedo estática al ver el hermoso anillo, muy convencional «justó como él», sencillo pero elegante, con un pulcro diamante al centro, y se sorprendió al observar una pequeña grabación en el interior "14/02/10" «la fecha en que se habían conocido», el único detalle que le demostraba que la quería, aunque fuera solo un poco. Tal vez, si estuviera en una película, tomaría el anillo y lo arrojaría al mar, gritándole lo mucho que lo odiaba y deseaba olvidarlo, pero estaba en la vida real, había cuentas que pagar y un hogar que mantener, regresaría a casa y lo vendería, no le darían lo que Draco había pagado por él, que conociendo había sido una pequeña fortuna, pero al menos sería suficiente para ayudarla a cuidar de...
—«¡Mamá!» —giró la cabeza para observar al dueño de aquél grito, un pequeño niño de ojos marrones y rubio cabello, corría hacía ella. — ¡Abraxas! —qué mala madre había sido, se había concentrado en su dolor, y en ningún momento pensó en lo que Abraxas estaría a punto de pasar, su pequeño hijo de tres años acababa de perder a su padre, o por lo menos, su tiempo con él se limitaría aún más de lo que ya estaba.
Se inclinó sobre sus rodillas y extendió los brazos para recibir al pequeño, lo estrechó en un fuerte abrazo y peino con los dedos su cabello alborotado, el cual le llegaba por los hombros, besó su frente y le sonrió como solo una madre puede sonreírle a su hijo en un duro momento. — ¿Dónde estabas cariño? —ahora que recordaba todo, se sentía avergonzada, no presto atención al pequeño en todo el día, ni había pensado en su paradero hasta ahora.
—Con la abuela, mamí, ¿estás bien? tus ojos están rojos, ¿te has hecho daño? —lo pegó más a su pecho, tan pequeño como era, ya buscaba protegerla, si tal solo ella pudiera evitarle todo lo que estaba por pasar, protegerlo, guardarlo en una burbuja de cristal.
—Estoy bien. Pero mira que guapo te han puesto, ¿quién te ha arreglado? —estaba siendo cobarde, lo sabía, pero quería olvidar por un momento lo sucedido y disfrutar de su hijo.
Abraxas había llegado cuando tenía un año viviendo con Draco. Estaba por terminar su carrera como educadora y entre el servició, las pruebas y su relación, había tenido los nervios a flor de piel, y había adjudicado al estrés, el retraso en su periodo, pero después del tercer desmayo, las incontables náuseas y repetidos antojos, supo que algo no estaba bien. Había tenido miedo de decírselo a Draco, no sabía cómo podría reaccionar, y si bien no lo amaba, no quería que su relación terminara. Pero él había tomado con alegría la noticia, y de inmediato se había ocupado de su salud y cuidado, lloró de emoción al saber que esperaban un niño y pronto decoró y llenó una habitación para él, escogió el nombre con mucho entusiasmo, y siempre estaba al pendiente de los antojos y necesidades de Hermione, incluso cuando estos lo levantaban de la cama a las tres de la mañana.
—La abuela dijo que tenía que verme elegante, ¿te gusta? —preguntó el niño mostrando con orgullo el esmoquin, que llevaba puesto. —Pero claro, te vez guapísimo.
—Hija. —la voz de su madre llamó su atención, se escuchaba apenada y de cierto modo culpable. —Lo siento tanto.
—No te preocupes Narcissa, tú no tienes la culpa. —Observó cómo sus ojos hielo se aguaban un poco, ella era la madre de Draco, pero la había tratado como a una hija, incluso cuando le había contado su pasado como prostituta, ella nunca la juzgó. —Quiero que sepas que no le odio, y mucho menos a ti.
Narcissa, tan bella como siempre, con esa aura de sofisticación que la rodeaba a cada momento del día, se dejó vencer, se arrodillo junto a ellos y entre lágrimas los abrazó, se sentía mal, culpable de que su hijo hiciera sufrir a aquélla mujer y a su nieto, Hermione era fuerte, lo sabía, cuidaría de Abraxas lo mejor que pudiera, pero el dolor de la traición la iría consumiendo de a poco, y no lo merecía. Amaba a su hijo, pero había sido un estúpido al dejar a Hermione por perseguir la ilusión de recuperar a Pansy. Aún no entendía porque aquélla maldita mujer había decidido regresar.
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