Parejas: A lo largo de la historia se iran revelando varias... pero la principal sera "Draco Malfoy y Hermione Granger"

Genero: Romántico.

Rating: K+

Libro: Saga Harry Potter.

Autor: Ali Rohan...

Aviso: AU y con personajes un poco OCC.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de J. K. Rowlling excepto por algunos personajes de relleno creados por mí para la trama.


—Capitulo 3. Quédate.

Entró al edificio con su hijo en brazos, el viaje de regreso a Boston había sido bastante agotador, y por consiguiente había terminado con las reservas de energía del pequeño niño.

—Buenos días, señora Malfoy. —sintió una punzada de dolor atravesar su pecho, «Señora Malfoy», giró su mirada y sonrió al hombre de edad madura que hacía de portero del lugar.

—Oh señor Leroy, que gusto verle, ¿sería tan amable de encargarse de mi equipaje?. —Claro señora, se lo envío en un momento. Y por cierto, muchas felicitaciones.

Agradeció y subió al elevador presionando el botón que la dirigiría al cuarto piso, mordió el interior de su labio tratando de amortiguar un sollozo, no iba a decirle a su portero que ella seguía siendo la patética Hermione Granger, que Draco la había dejado plantada en el altar y no se habían casado. Las puertas del elevador se abrieron y caminó a paso cansado hasta el apartamento "J", recogería algunas cosas y se irían con su antigua compañera de piso en lo que buscaba algo más grande y decente para ella y su hijo.

Coló la llave por la cerradura y al abrir la puerta, se sorprendió al encontrar las luces encendidas y música en las cornetas, la tonada era vieja, estilo rock Indie, abrió los ojos de golpe, conocía la melodía, «era su canción favorita», Draco se la había mostrado unos meses atrás cuando buscaban la canción perfecta para el vals de los recién casados, trago en seco y retrocedió unos pasos hacia el pasillo, debía salir de aquel lugar, no podía verlo, no debía verlo, haló la puerta hacía ella, tratando de cerrarla lo más silencioso posible, pero al parecer, la mala suerte aún la perseguía, la música se detuvo y sintió como halaban el pomo, abriéndola de golpe.

—Te estaba esperando. — «Mierda», Draco apareció ante ella, tan perfecto como siempre, con su elegante pantalón de marca, zapatos recién boleados y la camisa pulcramente blanca y almidonada, parecía el rey del mundo, y de repente, toda esa perfección le dio asco, sintió la bilis subir por la garganta y se obligó a tragar, tratando de convertir las náuseas en coraje, en fuerza para lo que venía, porque ¿cómo era posible que siguiera viéndose tan hermoso después de lo que le había hecho? él ni siquiera era atractivo, pero para ella siempre había sido perfecto tal y como era, no importaba que su nariz estuviera ligeramente torcida, ni su ojo derecho más grande que el izquierdo, o que sus labios no fueran tan carnosos, ella siempre le había querido así.

Sintió como se acercaba a ella y trataba de tomar a Abraxas de entre sus brazos, y lo apretó más contra su pecho, no dejaría que se lo llevara, sabía que debía recostar al niño, dejarlo descansar, pero él era lo único real que le quedaba, solo lo tenía a él para aferrarse a la cordura, y si lo alejaba, aunque fuera solo un poco, sentía que se fragmentaría en mil. —Déjame tomarlo por ti. — la voz de Draco sonaba herida, como un animalillo indefenso, ¿como podía «Él» sonar así, cuando era ella la afectada?.

—No hace falta, nosotros ya nos íbamos, creí que estarías trabajando a estas horas. Le... Le diré al señor Leroy que no suba el equipaje, pediré un taxi e...

—Hermione. —lucía cansado, tenía ojeras bajo los ojos y mechones rubios caían desordenados sobre su frente, no llevaba corbata y los dos primeros botones de la camisa iban sin abrochar, vio como enrollaba las mangas por encima de los codos y soltaba un sonoro suspiro. —Por favor.

«¿Por favor? ¿él le pedía el favor a ella? ¡¿ÉL?!» Por todos los Dioses Estrella que existían, había sido él quien no se había presentado. Ella si fue, ella tuvo que dar la cara ante todos, pasó el ridículo más grande de su vida y lo seguiría pasando el resto de ella, ella no tenía porque hacerle ningún «favor».

—Yo... —Mamí, ¿ya llegamos? —Abraxas levantó el rostro de su hombro, y se tallaba sus hermosos ojos marrones con los puños, ahora que había despertado sería mucho mas difícil salir de ahí.

—Campeón. —Draco se acercó de nuevo a ella, tomando esta vez al niño entre sus brazos y este se fue sin rechistar, «era su padre después de todo».

—Papi, te extrañamos, ¿sabes? mamí estuvo muy triste, ¿podemos ir al parque? si le compramos un helado de pistache se pondrá mejor. —Hermione quedó congelada en su sitió, ahora se sentía tan patética frente a Draco, tan débil, y él no dejaba de verla con tanta lástima, como si en verdad le doliera, como si sintiera lo sucedido.

—Si, tal vez se ponga feliz, pero primero vamos a la cama, debes descansar un poco. —Pero no quiero, quiero que mamí se ponga feliz. —renegó un poco trantando en vano de contener un bostezo.

—Vamos ya. —apartó la mirada de ella y dio media vuelta caminando hacía la habitación del niño, en definitiva ahora sería más difícil escapar. Estaba segura que Abraxas le pediría un poco de leche tibia para conciliar de nuevo el sueño, así que se dirigió a la cocina, tomó el vaso entrenador del niño y sirvió hasta la mitad, seguro se quedaría dormido antes de terminársela y quería disminuir la cantidad de leche desperdiciada, agregó tres gotas de vainilla, para darle un sabor dulce y lo metió en el horno microondas.

—Creo que ya no necesitaremos eso. —la ronca y varonil voz de Draco resonó detrás de ella, «no voltees» oprimió el mesón de madera bajo sus manos, debía controlar sus nervios. —Abraxas cayó rendido, al parecer el viaje lo ha agotado.

—Si bueno, solo tiene 3 años, y ya que está dormido creo que lo mejor es que me valla, regresare después, cuando haya despertado, aún debo ir a lo de Ginny, le explicare lo sucedido y estoy segura que nos permitirá quedarnos algunos días, ella ama a Abraxas, después de todo es su madrina. —comenzó a abrir y cerrar puertas de la almacena mientras hablaba, Draco lograba descolocarla, debía salir de ahí, y él era su padre de todas formas, no pasaría nada si dejaba a Abraxas un rato a solas con él, ¿o si?

—Hermione, mírame. —se congeló en su sitió, arrodillada y con medio cuerpo dentro del frigorífico, «ni siquiera recordaba haberlo abierto», pero el frío lograba mantener despiertos sus pensamientos, cerró los ojos y aspiró con fuerza, sintió los huesos enfriarse asta calar. No podía mirarlo, no debía.

—No. No quiero hacerlo. —pudo jurar que escuchó un gemido ahogado salir de sus labios, aunque no estaba segura si había sido de los de él o de los propios. El frío comenzaba a aturdirla, pero si se levantaba no había a donde más ir.

—Hermione, yo... Yo lo sie... —No. No digas que lo sientes, no lo hagas. —siquiera notó que se había levantado del suelo, mucho menos se dio cuenta que caminó hacia él, solo cuando lo tuvo enfrente, cuando sus miradas chocaron, pudo darse cuenta de su error, pero era tarde, debía seguir, no podía parecer débil ante él.

—Basta de mentiras. Esto se término Draco, la farsa acabó, tu madre me lo ha contado todo. —fue como un golpe a alguno de sus órganos vitales. «Su madre». Bien pudo haberlo sospechado antes, ella amaba demasiado a Hermione, incluso en ocasiones creía que la quería mas que a él mismo. Pero probablemente se mereciera aquello.

—Yo puedo explicártelo todo. —No hay nada que explicar, todo queda bastante claro, ella volvió, lo único que me hubiera gustado es que me avisaras que no ibas a asistir a la boda, tuviste todo un mes para cancelar. —era verdad, Pansy tenía un mes que había regresado a su vida, pero solo fue una simple coincidencia, no fue si no hasta la misma mañana de la boda, que decidió que no se presentaría, no debía hacerlo, no podía, no era justo para Hermione.

—Las cosas no son como piensas, yo no planeaba el abandonarte, solo surgió de esa manera y... Si tan solo estuvieras furiosa, si me gritaras y dijeras lo mucho que me odias, todo sería mas fácil. —no podía comprender la actitud condescendiente de Hermione, esperaba lágrimas, gritos, golpes, reclamos, pero jamás imaginó verla tan serena, sabía que ella no lo amaba, pero no creyó que pudiera estar tan fría ante la situación.

—¿Fácil? ¿fácil para quién Draco? ¿para ti? ¿para mi? por todos los Dioses y cada una de las estrellas, intento mantener la calma, no pienso permitirme humillaciones ante ti, ¿que ganaría?, así al menos conservo la poco dignidad que me queda. —salió de la cocina y pasó juntó a él, pudo percibir su aroma, «after shave y un poco de Paco Rabanne», tiempo atrás, (y aunque le costara admitirlo, aún en la actualidad) las rodillas le aflojarían un poco con solo olerlo, pero ahora debía mantenerse firme, llegó a la sala y se detuvo junto al gran librero que ocupaba tres cuartos de pared, fingiendo que leía los títulos, organizó un poco sus pensamientos. «No te ahogues».

—Ya no importa, nada de eso tiene sentido ya, solo tomare mi bolso y me voy, vendré mas tarde, ¿puedes cuidar de Abraxas en lo que voy a lo de Ginny? aún tengo muchas cosas por hacer. —sentía un nudo enorme en la garganta, estaba por quebrarse, pero se estaba obligando a aguantar unos minutos más, «falta poco, espera».

—No hay necesidad, este es el hogar de Abraxas, no puedes llevártelo. —observó como el pequeño cuerpo de la mujer frente a él era sacudido ligeramente por la impresión, se dio cuenta que ella había malinterpretado sus palabras, aclaro su garganta, debía explicarse, estaba seguro que ya le odiaba lo suficiente por lo que le había hecho, como para que le odiara más por una mala elección de palabras.

—No, me expresé mal, yo jamás intentaría quitarte a Abraxas, eres su madre, y aunque también es mi hijo no podría hacerle eso, ni a ti tampoco. —Hermione se tranquilizo y vio como el pánico que se había instalado momentáneamente en sus ojos se iba desvaneciendo.

—¿Que quieres decir entonces? —Quédate. Quédense. —Hermione sintió una especie de deja vu, «Quédate», ¿cuando fue la última vez que habían escuchado aquélla palabra? «Quédate» fue lo que Draco le había pedido la noche en que se conocieron, era lo que siempre le pedía cuando estaba enfermo, cuando regresaba a casa después de uno de aquellos días tan estresantes en la oficina, cuando se sentía débil, cuando su padre había muerto hace dos años atrás, y ahora se lo pedía una vez más, la gran diferencia era que las veces anteriores ella guardaba la esperanza de que él se lo pidiera porque la amaba, pero ahora sabía que jamás lo haría.

—No tiene caso, ¿para que me quedaría? ¿que haría aquí? esta es tu casa, si quieres una vez que me vaya puedes traer aquí a esa mujer, seguro que le encantara. —¿porque tenía que hacer las cosas mas difíciles? él no la amaba, la había abandonado en el altar por Pansy, él siempre estuvo enamorado de ella, ¿que le costaba dejarla ir y desearle buena suerte? ¿porque la torturaba de esa manera pidiéndole que se quedara?

—Yo soy el que debe irse, nuestra separación va a ser muy difícil para Abraxas, si lo alejas del medió que conoce será peor para él, esta es su casa, y es tuya también, quédense aquí.

—No, yo... yo no puedo, Draco... —Draco regresó a la cocina y tomó su maletín de la isleta, esperaba que todo lo que había estado planeando estos días sirviera.

—«He puesto el apartamento a tu nombre».
—¿el apartamento a su nombre? ella no quería nada a su nombre, no quería su dinero, no quería nada de él, lo único que había querido era su cariño, «su amor», y ya le había demostrado que jamás lo tendría.

—No lo quiero. No quiero nada. —sintió como la voz se le quebraba y los ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, «se estaba rompiendo», apretó los puños con fuerza y trato de tragar el nudo en su garganta, no podía caerse frente a él.

—Hermione. —No me toques. —ella retrocedía por cada paso que él daba, huía de él y eso le partía el alma. Sus pecosas y sonrojadas mejillas estaban bañadas de lágrimas, y de repente tuvo la necesidad de tomarla entre sus brazos y besar cada gota salada, consolarla y tratar de curar el dolor que él mismo le había causado, pero, ¿como podría ella ser feliz a su lado? habían compartido 5 años de sus vidas y a él aún lo perseguía el recuerdo de otra mujer, al principió trato de mantener la distancia, de ser fiel a sus ideales y a la mujer que lo había salvado del vacío, pero justamente la noche antes de la boda Pansy lo sorprendió en el hotel y se le abalanzó encima, y él no había querido detenerla. Hermione no se merecía un hombre así. Él no se merecía a Hermione, «era demasiada mujer para él».

—Por favor acepta, se que esto no puede compensar todo lo que te he hecho pasar, pero me sentiría más seguro si tu y Abraxas se quedan aquí. —Hermione estaba atrapada entre el librero y el enorme cuerpo de Draco, sentía su respiración golpear su rostro y se frente recargada contra la suya, ¿porque tenía que ser tan débil cuando se trataba de él? ¿porque se había tenido que enamorar de aquel pedazo de idiota? asintió con la cabeza y Draco se alejó de ella besando su frente a modo de despedida. Lo vio caminar hacía la puerta, llevándose consigo una pequeña maleta con ropa y seguro que parte de su corazón.

—Quédate, por favor, quédate. —pidió antes de que él llegara a la puerta, si Draco se quedaba, si la elegía a ella, le perdonaría todo, jamás volvería a hablar de matrimonió, y las cosas volverían a ser exactamente igual que antes, no le exigiría que la amara y no le pediríais más de lo que él pudiera darle, pero necesitaba que él la eligiera.

Draco observo sus ojos marrones inundados en dolor, pero con una pequeña chispa de esperanza, que le pedía a gritos que respondiera lo mismo que ella hace 5 años atrás, «todo el tiempo que desees» le hubiera gustado decir, pero sabía que por el bien de ella no debía quedarse.

—No puedo, lo siento tanto. —Hermione cayó al suelo de rodillas, y las lágrimas que tanto había tratado de guardar salieron a borbotones, él intentó acercarse nuevamente. —¡Lárgate! No quiero volver a verte. —ya se había humillado lo suficiente. Escuchó como cerraba la puerta tras de si, esa sería la última vez que ella lloraba ante él, Draco había matado la única parte en ella que podía amar, porque el amor es el único veneno que el hombre bebe con la esperanza de que no nos maté, aún sabiendo que lo hará. Ahora ella solo tenía un propósito en la vida, y ese era su hijo.